Capitulo XII

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Miro con pesar las luces que a lo lejos formaban la isla de Arabasta, le dolió por un instante haberse idos sin despedirse, pero al parecer había sido lo mejor, minutos antes de salir del palacio un grupo de marines irrumpió la paz de aquel recito casi sagrado para muchos de los nativos. Fue mejor irse con la sombra de la noche ocultando sus rostros y su destino.

-"Créeme si te hubieras quedado habrías empeorado las cosas"- Law dijo a sus espaldas mientras ella se negaba a enterar.

-"Solo déjame sola unos minutos ¿quieres?"-.

Su mente procesaba las cosas a velocidad de caracol, tratando de comprender por qué había terminado de nuevo en la nave de la persona que más despreciaba por el momento. Bueno en verdad no, solo se quería engañar a sí misma, tratar de encubrir aquel beso apasionado que casi termina con una buena noche de cama. Solo quería un pretexto para saltar al mar y evitar salir hasta que su último suspiro fuese arrebatado por el mismo dios de los océanos.

-"Regresaste"- Bepo se paró solo a unos pasos detrás de ella, esperando verla feliz, y convencida de lo que era más que obvio.

-"Tenias razón"- Nami apenas aparto la vista de la isla –"tal vez solo quería a Luffy por la seguridad que él me brindaba, tal vez si mi apego hubiera sido a Franky o a Zoro lo mismo hubiese pasado"- sus dedos tamborilearon el fio metal del barandal –"el me salvo ¿sabes? El me ayudo y me brindo su amistad cuando menos la merecía, cuando vio mi lado vil, mi lado traicionero"- se giró a ver al osos con sus ojos llenos de lágrimas –"tenías razón"-.

Bepo se quedó ahí quieto con sus ojos fijos en la chica que corrió hacia el para abrazarlo, mientras que su mono se majaba por las lágrimas y el cielo comenzaba a nublarse. No tardo en llover, ni que el cielo fuese iluminado por los rayos que ocultaban los sonoros quejidos de la pelirroja.

-"Ya, ya"- dijo el oso acariciando su cabeza –"todo saldrá bien".

Con sumo cuidado la tomo en brazos, y la cargo hasta su cuarto, sería mejor mantenerla vigilada hasta que su mente se despejara. Tal vez su estado se debía a la fuerte cantidad de alcohol que había consumido, o a la poca ingesta de alimentos en esos días, inclusive los dulces de peyote que admitió haber comido mientras la llevaba cargada. Fuese cualquiera de las razones no parecía estar de lo más cabal en esos momentos.

-"Ella será una buena reina"- dijo entre sollozos –"es tan linda y recatada, que la única mancha en su historia es que peleo en el Coliseo"-.

-"No te aflijas"- articulo Bepo maniobrando para abrir la puerta.

La chica tembló entre sus patas, intentando no llorar más, no había sido una buena decisión comer aquellos dulces, ni ingerir casi dos cajas de vino. Pero en su momento lo vio razonable, inclusive bien hecho, aunque al pasar los minutos, se dio cuenta que fue la peor idea de su vida.

-"¿Soy bonita?"- dijo cuando sintió su cuerpo aterrizar sobre la cama.

-"Si"- respondió una grabe voz que se perdió en su inconciencia.

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La mañana siguiente no inicio con el cantar de las ballenas y el sonido de las corrientes cocando contra el casco, sino más bien con un repulsivo ruido en el área de los baños. Nami jamás se sintió tan avergonzada en toda su vida. La resaca, o la cruda, eran algo que solo había experimentado a los trece años, cuando Arlong la obligaba a beber exageradas dosis del alcohol más barato del mundo, solo por diversión.

-"No vuelvo"- repetía mientras inútilmente trataba de ponerse de pie.

Había terminado dormitando sobre la pansa de un osito rechoncho, que al parecer había bautizado por ahí de las tres de la madrugada y después se había ido a refugiar a los baños. Su pelo estaba pegado en su frente e inútilmente lo sujetaba una pinza.

-"Por lo general disfruto de la tortura"- la voz del capitán resonó en sus tímpanos –"pero esta vez simplemente me da pena"-.

-"Largo de aquí Trafalgar"- la pelirroja suspiro evitando volver a vomitar –"¿o quieres que te de un nuevo nombre menos difícil de pronunciar?"-.

-"Me gusta el mío gracias"- respondió desde afuera del compartimento que la chica ocupaba -"¿Qué nunca te dijeron que si mesclas licor y drogas puedes morir?"- tenía un deje de burla en su voz.

-"Vete"- apenas dijo eso y el reflujo volvió con más fuerza.

La puerta se abrió de golpe, Nami se limpiaba con papel la comisura de los labios, se veía un tanto patética pero aun así no perdía su encanto. Apenas estaba con su ropa interior, su pijama se encontraba cubriendo el rededor de la taza del baño para evitar tocarlo, una toalla la cubría como si de un babero se tratase por si las dudas.

-"Un baño te caería de maravilla"- Law le ofreció ayuda para levantarse.

-"No"- negó la chica un tanto incomoda –"prefiero jurarle amor eterno al escusado"- jalo la cadena y trataba de controlar su respiración.

-"No fue una sugerencia Nami-ya"- la jalo para reincorporarla –"te digo que un baño te hará sentir mejor"-.

El la jaloneo, todo el camino a su camarote, ahí la esperaba una tina con agua caliente y unas cuantas velas con un olor agradable que comenzaron a menguar su asco. Law no se preocupó si tendría represaría con un simple movimiento la desnudo y la metió a la tina llena de burbujas.

-"Esto te costara"- dijo la navegante dejándose hundiéndose poco a poco en el agua.

-"Soy doctor Nami-ya, mi deber es tener a todos sanos, así que más bien tú me debes a mi"-.

-"Ok estamos a mano"- susurro antes de dejarse hundir por completo en la tina.

Salió solo cuando sus pulmones pidieron oxígeno, Law estaba sentando en el borde de la bañera, con un vaso de alguna extraña infusión de color lavanda. Parecía perdido mirando su cuerpo por debajo de las burbujas, y solo reacciono cuando Nami tocio para llamar su atención.

-"Bebe"- le extendió el vaso, y después acerco un balde de metal –"y escupe"-.

La navegante dio un buen sorbo, para después hacer gárgaras y escupir en el balde, lo repitió hasta que no quedo nada de la infusión lavanda del vaso. Sintió que el sabor del vomito desapareció por completo y el olor a rayos de su boca también se esfumo con aquella bebida.

-"¿Enjuague bucal?"- cuestiono cuando dio la última escupida.

-"Casero"- respondió dejando las cosas en el piso –"ahora toma esto"- agarro un vaso con un líquido que parecía agua sucia.

Nami no protesto simplemente tomo en baso y se lo bebió de inmediato, su sabor fue agradable, mucho mejor que el enjuague bucal. Aunque se detectó el sabor de las pastillas para las náuseas que le habían disuelto.

-"Gracias"- articulo la pelirroja antes de soltar un bostezo.

Trafalgar no respondió, tomo los vasos y el balde y salió del cuarto; ere un tipo raro, pero muy agradable de vez en cuando. Eso sin contar que era un pirata extremadamente sexi, con una voz grabe que mmmmmmmmmmmmm.

-"Maldición"-.

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Su apetito se incrementó gracias a los incidentes de la mañana, así que en el almuerzo, un plato de cereal, un jugo de mandarina, un plato de fruta fresca y un sándwich no fueron suficientes para llenar su estómago vacío. Se sintió como Luffy cuando tomo su segundo plato de fruta y trataba de desatorárselo con un par de golpes en el pecho.

-"Ten"- Torao le extendió una taza con café.

Nami no lo pensó dos bese y le dio un buen trago, era amargo, no había ni un grano de azúcar en ese café, ni un poco de crema que suavizara la amargura de la bebida. Era como él. Así que en el segundo trago lo saboreo lentamente, como si bebiera la misma escancia de Law.

-"Amargo"- dijo regresando la taza a su dueño –"un poco de azúcar o crema le caería bien"-.

-"No"- corto el capitán mirando con desdén su falta de café.

-"Puedo hacerte uno"- sonrió levantándose de su asiento –"es lo menos que puedo hacer"-.

Corrió a la cocina, después de todo no había nadie ya, todos estaban haciendo sus deberes de la mañana. Nami tomo una tetera de metal y agrego agua para dejarla sobre el fuego. La navegante estaba tan absorta mientras molía el café con un mortero de madera, que cuando sintió el aliento del capitán en su oído dejo caer lo que traía en las manos.

-"Yo…yo…yo este….es….te…."- balbuceaba intentando encontrar algo para recoger el café.

-"Déjalo"-.

Ella se giró para perderse en esos ojos fríos, en esos ojos que la hacían temblar de un tiempo acá, en esos ojos que la estaban mirando como queriéndosela comer. Sus piernas temblaban y no tenía a donde huir estaba entre él y la barra.

-"Pero"-.

-"Me besaste en Arabasta ¿Por qué?"- exiguo estampando una de sus manos en la barra.

-"No….no se…..no sé cómo explicarlo"-.

-"No me digas que es complicado y que de un momento a otro te gusto Nami-ya, ese es un cuanto viejo"- le dijo soplando en su oreja.

-"Estas….. Estas en un error yo"- sus ojos se llenaron de lágrimas por no saber que decir.

-"Responde"- se pegó más a ella –"dime que pretendes con esto"-.

La sujeto de la barbilla y la beso, esperando que ella se alejara, que huyera, que inclusive lo golpeara, pero no, le echo los brazos al cuello y lo pego más a ella. El dulce sabor a mandarinas había regresado, y estaba seguro que no había sabor más excitante.

-"Detenme"- susurro pegado a sus labios, antes de volverla a besar.

La subió a la barra para poder gozar de aquel rose indiscreto, que se daba entre sus más íntimas partes. Mientras ella enredaba sus dedos en su melena negra, para guiar su boca a su cuello. Law beso su clavícula y chupo la piel descubierta de sus hombros

-"Detenme"- gimió antes de volver a devorar sus labios.

Nami lo abrazo con las piernas negándose a detener aquel momento, su mente estaba embriagada por el éxtasis, por cada rose, por cada beso, por cada segundo que pasaba enredada con él.

-"Basta"- el capitán pego su frente con la de ella –"basta"- sentía una enorme opresión en sus pantalones –"que acaso no sabes detenerte"- trago duro apartándose de golpe –"pude hacerte mía y tu ni siquiera pusiste resistencia"-.

-"No quería"- suspiro –"no quería que pararas"-.

-"Estas igual de loca que tu capitán"- dijo dándole la espala –"corren hacia el peligro, sin importarles nada"-.

Con eso salió de la cocina, dejando a Nami desconcertada y excitada; se tapó la cara con las manos y rezo porque todo eso solo hubiera sido un mal sueño. Pero al parecer todo era tan real que el único consuelo que tuvo fue levantar el mortero que aun tenia todos los granos de café.

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Se enteró por Bepo y por algunos de los tripulantes que ella se había negado a salir de su alcoba a menos que fuese por alguna golosina o al baño. Se sintió un poco mal por lo de la mañana, pero es que eso había sido un error. No podía ir besándola o pensando en ella por todo el submarino ¿o sí? Se negó a ni siquiera considerarlo. Él era un pirata, con amantes en cada puerto, con mujeres deseosas de estar en su cama, y a él le gustaba, más de lo que pudiese admitir ¿ella que era? Al igual una pirata, con tal vez un hombre por puerto, o con un amante fijo en la tripulación. Dudaba que fuese de las mujeres recatadas que se guardaban para darle todo al hombre que las llevase al altar.

Pero como siempre existe esa espinita que no deja de molestar, y realmente le fastidio la idea de ver a Nami como la típica mujer pirata que goza de los placeres carnales cada que haya una oportunidad. No ella no era así, ella era una mujer fuerte, y valiente, con un amor intenso al dinero.

-"¿Capitán?"- la voz del oso irrumpió en su exhausto pensar.

-"¿Qué?"- dijo molesto.

-"Ella no fue a cenar, creo que ni siquiera se dio cuenta de la pequeña fiesta que hicimos para usted"- Bepo parecía triste y cargaba un pasten para una sola persona.

-"¿Y?"- Law se negó a parecer comprensivo, si ella se quería morir de hambre lo podía hacer.

-"Lo decidimos todos"- el animal parecía ponerse nervioso –"y usted le llevara esto"- dejo al plato y salió corriendo.

Trafalgar parpadeo un par de veces antes de ponerse de pie y estar entado a tirar la torta a la basura, pero realmente sería un desperdicio. Así que más de a fuerzas que dé a ganas comenzara a caminar por los pasillos en dirección al camarote de la chica.

Cuando llego se dio cuenta que no estaba ahí, pero no dejo el pastel en el cuarto, de hecho comenzó a vagar por todo el submarino en busca de la navegante. Fue a la cocina, y después a su propio camerino, a los cuartos de los chicos y a la sala de control. Pero al parecer había desaparecido.

Una sonrisa se dibujó en su rosto, a lo mejor se había ido por el escusado, o más bien su sonrisa se fue al escusado al ver que ella estaba en la gran sala. Ahí contemplando el basto océano con la simple compañía de una buena botella de ron y una libreta de dibujo.

Se veía hermosa, con su pelo recogido en un moño, y con un pijama en amarillo y negro; parecía perdida viendo a los peces nadar de un lado a otro a través del gran cristal. Ella no se dio cuenta de su presencia ni cuando el tomo asiento a un lado.

-"Es hermoso"- dijo Law tratando de llamar su atención.

-"Si"- dijo secamente cerrando su libreta.

-"¿Pastel?"- dejo el plato en el piso y lo acerco hacia ella.

-"¿A qué se debe?"- cuestiono robándose una fresa de la decoración.

-"Mi cumpleaños"- confeso apartando la vista de sus sensuales piernas.

-"Oh"- sus ojos cafés lo miraron con sorpresa –"bueno….yo…yo la verdad no sabía"-.

-"Descuida solo cómelo"- estaba a punto de levantarse cuando ella lo detuvo.

-"Cómelo con migo"- dijo tirando de su mano.

-"No, he comido lo suficiente" admitió regresando a su lugar.

-"Solo espera"- se levantó de golpe y corrió a la pequeña cantina que estaba a sus espaldas de lado derecho –"vi unas cucharas la otra vez"-.

El ruido del metal siendo movido sin ni un cuidado hizo eco en la sala, también resonó el abrir y cerrar de los cajones y el tintinar de un par de vasos de vidrio. En menos de tres minutos Nami regreso con una nueva botella y todo para tener un rato de paz en compañía del frio capitán.

-"No es necesario"- admitió Law observando el mar.

-"Tal vez, pero no tengo nada que darte, así que mi mejor regalo será portarme cordial por lo que resta del día"- sonrió la pelirroja sirviendo ron en los vasos.

-"¿Dos horas? No crees que es muy poco tiempo Nami-ya"-.

-"Aun así, solo hablemos de cualquier cosa con pastel y unos tragos"- Nami le paso su bebida y después una cuchara –"Gracias por la comida"- dijo a nadie en especial tomando el primer bocado.

Law no comía, solo la miraba atreves del reflejo del cristal, recordando su desnudes y lo caliente de sus labios. El olor a mandarinas había regresado, y no estuvo más a guasto de oírla hablar aunque fuese de cualquier banalidad.

Se detuvo el tiempo, y un enorme tiburón paso frente a ellos, recordó los dichos de su madre, y las historias de su padre, todo acerca de ese sentimiento inútil, del cual no fue muy fan después de su perdida. Para el después de eso fue matar para vivir y vivir para matar.

-"Abre la boca"- Nami sostenía una cucharada de pastel frente de él.

-"Ya comí gracias"- dijo regresando a la realidad.

-"No pregunte, solo dije que abrieras la boca"-.

El obedeció a pesar de estar satisfecho, la pelirroja sonrió y volvió a tomar otro trozo de pastel, esta vez para ella. Había comido casi la mitad del postre y parecía que disfrutaba pegarse la cuchara sola a la boca mientras reconocía las corrientes oceánicas.

Nami estaba tan concentrada que no notaba las migajas en sus mejillas, o el betún en su dedo índice. Pero Law si, fue un impulso tomar su mano y quitarle el dulce del dedo que solo se dio cuenta cuando los murmurios de la navegante habían cesado.

Por segunda vez en el día esos ojos lo miraban con sorpresa, por segunda vez en el día sus labios estaba entre abiertos, y por segunda vez en el día deseo tener más autocontrol antes de abalanzarse a ella para devorar sus labios.

-"Esta vez"- dijo jadeante cuando se separó para respirar –"Esta vez no me detengas"-.

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¡Buuuuuuuuuuuuuuu!

Estoy de vuelta con este corto capitulo que me he tardado un montón en subir.
Confieso que es porque realmente me ha dado por hacer más cosas que escribir.
(Leer fics de DRAMIONE)

Y por eso y unos cuantos problemas familiares, no me he puesto al corriente,
pero ahora quien sabe, acabo de terminar este cap. con más de tres tazas de café encima,
así que me iré a dormir y no se ni a qué horas lo subo.

En fin.

LOS AMO UN MONTON POR AGUANTARME Y LEER TODO LO QUE SALE DE ESTA RETORSIDA CABEZA