Capitulo XV

-"Nanami"-.

Una dulce voz la llamaba a lo lejos, un camino de sábanas blancas la recibía, y la luz del sol le cegaba ocasionalmente su camino. Sabía de antemano que el nombre que se oía a lo lejos no era el suyo, pero era tan familiar la voz que la invitaba a caminar entre toda aquella luz que no le dejaba ver más allá de sus narices.

-"Repite conmigo Na-na-mi"-.

Las olas del mar chocaban con la arena y la brisa salina hizo que su vestido se elevara; podía oír las gaviotas y el respirar de las ballenas, risas de niños, y el cantar de las cigarras. Todo era tan familiar, tan suyo, y tan real, que cuando por fin estuvo en la playa sintió cada grano de arena que se aferraba a sus pies descalzos.

-"Apenas tiene unas pocas semanas"- la voz de un hombre entro en escena –"cuando comience hablar lo único que vas a querer es que se mantenga con la boca cerrada por lo menos un minuto"-.

-"Eres cruel Tsuna"- la mujer llevaba en brazos un pequeño bulto cubierto por una frazada delgada de color rosa –"ella no será habladora como su madre"- aseguró –"ella es lista como su padre, solo ayer me ha robado un pendiente sin yo darme cuenta"-.

-"Entre ella, y tu famosa colaboración con los forasteros, no has dormido lo suficiente, tal vez por eso no notas la mayor parte de las cosas"-

La pareja se besó, y con una unas pequeñas risitas siguieron hablándole al bebe, aunque este no tuviera ni el mes de nacido. Parecían felices, el hombre sonreía abiertamente a todo el mundo que se le cruzara en frente, mientras que la mujer, a pesar de lucir cansada, no dejaba de tener ese brillo de alegría en sus ojos.

Fue así como por arte de magia el paisaje se oscureció, ante ella; la playa ya no lucia como antes, ahora los niños que habían estado jugando en la orilla estaban flotando boca abajo en el mar, o siendo revolcados por las olas que enojadas se estrellaban fuertemente contra la arena. Una hermosa ballena se desangraba en la costa, y a su espalda un fuerte calor la invadía.

-"¡Corran!"-.

-"¡Auxilio!"-.

Gritos, gritos, y más gritos, venían del lugar a sus espaldas, unos corrían, otros de arrastraban, y muchos más dejaban de respirar. Marines, gente común, y uno que otro pirata hacían un camino de muerte hacia lo que parecía ser un castillo en llamas. Ella simplemente decidió seguir los gritos para ver lo que realmente pasaba.

No era diferente a una escena sacada de un libro de terror, lo único que era diferente era que se sentía más vivo, más real. Sus pasos indecisos, y torpes la llevaron hasta una pila de cadáveres, el hombre que anteriormente había visto con su mujer estaba muerto. Sintió que se le hundía el corazón, pero aun así no se detuvo, siguió caminando encontrando niños asesinados de las peores formas posibles.

-"Mama"- una niña de cabellos azules camino a su lado –"mama"-.

El llanto de un bebe sonó no muy lejos, la pequeña niña corrió en su ayuda, Nami la siguió de cerca. Él bebe que no paraba de llorar, estaba en una choza en ruinas, tenía varios lugares aun en llamas, aunque estas ya estaban a poco de extinguirse.

-"Eres tú"- la voz de aquella mujer sonó tan aliviada –"por favor protéjala"- sus ropas estaban repletas de sangre –"solo cuídala ¿quieres?"-.

Todo se desvaneció, como el humo del cigarrillo de Sanji, o el sake entre las manos de Zoro, todo callo en penumbras y el dolor se hizo latente. No pudo hacer nada, todo se había ido, y lo único que pudo decir fue:

-"Nojiko"-.

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Despertó adolorida, y con una sed terrible, pero aun así no dijo nada, a sus pies Shachi, Pinguin, y Bepo yacían dormidos con flores en las manos. Globos, osos de peliche y dulces, estaban a los pies de su cama; vendas ensangrentadas en una cubeta cerca de la puerta y el olor a loción desinféctate era más que molesto. Sus ojos chocolates se movieron con precaución, reteniendo en su mente cada cuadro que la escena le pudiese dar, aunque lo único que quería ver era el rostro de alguien en especial.

La puerta se abrió, Nami volvió a cerrar los ojos para aparentar estar dormida, no se molestó en entre abrir sus orbes pues bien sabia de quien se trataba. Pudo oír a la perfección como el corría sin tiento a sus tres subordinados para estar a solas con ella.

"Purupurupuru"

El sonido del pequeño caracol duro por lo menos cinco minutos; sintió como su lado izquierdo de la cama se hundió ante el peso de Law, y el comenzó a tomar el pulso simplemente con sus dedos.

"Hey Torao" la potente voz de Luffy sonó tan real y tan cerca.

-"Mugiwara-ya"- saludo Law dejando que sus largos dedos se enredaron a los rizos rojos de Nami.

"¡Hey estúpido doctor de mierda si mi Nami-chan está herida yo me asegurare de castrarlo!" Sanji grito a lo lejos.

-"Ella está bien"- dijo el moreno acariciando el rostro de la falsa durmiente.

"Eso está bien" Luffy tomo el control del caracol "nos enteremos por el periódico lo que paso hace cuatro días".

-"Las cosas se salieron de control el almirante Remus entro en la escena"- el cirujano de la muerte suspiro derrotado –"ni siquiera intento llevársela, simplemente herirla"-.

"Es un tipo raro" aseguro Mugiwara "¿pero ralamente que paso?".

-"Una emboscada, salimos a la superficie a recargar energía y a que Bepo tomara algo de aire, todo ocurrió mientras desayunábamos"-.

"Hablando de desayuno ¡Sanji carne!" grito el capitán más joven.

-"Lo que usaron para lastimarla fue una daga para ser exacto"- dijo sin prestar atención a las demandas de su aliado –"una realmente muy extraña"-.

"¿Ya despertó?" pregunto Luffy dejando de lado sus gritos.

-"No del todo"-.

"Bien, estaremos en contacto, para saber cómo sigue Nami" Luffy tenía ese tono de voz más maduro, y sobretodo más consiente de las cosas.

No se dijo más el caracol volvió a dormir, y Law al fin podía ponerle toda la atención del mundo a la chica que se hacia la dormida. El simplemente se inclinó para besarla, y ella respondió rodeando su cuello con sus delgadas manos.

-"Buenos días"- dijo el cirujano a solo centímetros de sus labios.

-"Hola"- la pelirroja dijo con una voz aguardentosa por la falta de uso.

-"¿Cómo te sientes?"-

-"Bien, solo con un poco de sed"-

Law se levantó de la cama y tomo un vaso de agua que estaba en una mesa a los pies de la cama de Nami. Se tomó su tiempo para mirarla ya consiente en la cama su piel de por si blanca ahora la hacía lucir como un vil fantasma por la pérdida de sangre, pero aun así lucia linda.

-"Estuviste dormida por casi cuatro días, despertabas gritando incoherencias y después te desvanecías"- dijo acercándole el vaso y volviendo a sentarse a su lado –"la espada con la que él te atravesó tiene grabado tu nombre"- agrego peinando hacia atrás sus risos traviesos.

-"No quiero hablar de eso"- la pelirroja se limpió las gotas de agua que escurrían por su babilla.

-"Bueno"- dijo el capitán.

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La escasa luz que llegaba al fondo marino la tranquilizaba un poco, las pesadillas que había tenido esa noche la había hecho levantarse de golpe sudorosa y con el ritmo cardiaco al mil; así que sin pedir permiso se deshizo de la intravenosa y se encamino hasta la biblioteca. Ahora estaba sentada con el nuevo diario en las manos sentada en el piso disfrutando la bella escena del fondo del mar.

Se recostó en la alfombra de la biblioteca mirando como los peces nadaban de un lado al otro y los tiburones iban tras de ellos; no había más que hacer se sentía algo extraña. Se sentía sola aunque no lo estuviera, aburrida, cansada y de mil maneras más que no podía explicar. Simplemente se sentía con un hueco enorme en su pecho, que tal vez se debía a su herida cerrándose o algo más sentimental.

Las ballenas comenzaron a cantar, Nami fijo su mirada a la enorme manada de orcas que curiosas se asomaban por el vidrio, una inclusive lamio el cristal para satisfacer su instinto curioso. Eran creaturas de increíble inteligencia y humor juguetón que le recordaban a sus nakamas.

-"Chicos"- susurro incorporándose.

Camino hasta la enorme ventana que dejaba ver con claridad lo hermoso que puede ser el fondo marino, y sin pensarlo pego sus manos y su frente al cristal, cerrando los ojos deseando que aquel grupo de ocho orcas se convirtieran en sus amigos. Estuvo así hasta que una por una se alejó para darle chance a la más vieja de las ballenas acercase.

Era como la de su sueño, una orca alvina mucho más grande que las demás, la miraba con aquellos diminutos ojos azules, parecía que la conocía de algún lado, parecía que quería decirle algo pero lo único que hizo fue darle una reverencia y seguir al resto del grupo que la había dejado atrás.

-"Deberías de estar dormida"-.

Nami salto del susto y su mano instintivamente se posó en su corazón, Law había entrado sin ser escuchado y estaba recargado en el marco de la puerta observando con mirada seria a la pelirroja que había desobedecido las indicaciones médicas.

-"Me asustaste"- recrimino la navegante recargándose en el enorme vidrio.

-"Creo que te ordene reposo absoluto por lo menos dos días más"- dijo Law caminando hacia ella.

-"Tuve una pesadilla ¿ok? Simplemente no me puedes pedir que me quede en esa habitación después de soñar con cosas que ni te imaginas"- dijo sentándose en el piso.

-"Te comprendo"- dijo el capitán tomando asiento enfrente de ella –"pero eso no implica que salgas de la enfermería sin compañía"-.

El acuno su rostro con sus tatuadas manos y ella se lanzó sobre él, para besarlo; no le importaba si se lastimaba simplemente lo besaba con vehemencia y trataba de deshacerse de la estorbosa ropa de ambos. Ella intentaba sacarle la sudadera y desabrochar el botón de su pantalón, mientras se replegaba con lujuria. Nami se desprendió de la parte baja de su pijama y estaba a punto de quitarse la blusa cuando Law la detuvo.

-"¡Estás loca!"- dijo el moreno.

La herida de Nami había comenzado a sangrar de nuevo y ella ni siquiera se había dado cuenta, así que cuando vio la sangre de nuevo se comenzó a hiperventilar. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus labios balbuceaban incoherencias.

-"Law"- dijo con el rostro inundado por el terror.

El solo la levanto y corrió a la enfermería, intentando inútilmente tranquilizarla; estaban dejando un camino de grandes gotas de sangre a su paso, y Nami lloraba en silencio aferrada al cuello de su amante.

El recorrido fue largo, aunque en si solo hicieron cuatro minutos a habitación, pero al verla como aquel día, un poco de pánico lo invadió. Así que cuando entraron a la enfermería cortó con unas tijeras las vendas y se puso a ver con lujo de detalle que era lo que había hecho sangrar la herida.

-"Se abrieron unos puntos"- dijo tomando una toalla para presionar contra la herida –"recuéstate"- ordeno.

-¿Usaras anestesia local?"- Nami intento sonar calmada.

-"No"- respondió el moreno acercado un carrito de metal con varios instrumentos –"solo relájate"-.

Los ojos de la pelirroja se abrieron ante la respuesta y estuvo a punto de salir corriendo cuando Law le embutió una pastilla de sabor horrible por la garganta. Nami dejo salir un suspiro largo y su cuerpo se comenzó a relajar. Todo se volvió un tanto borroso, pero aún seguía consiente, el dolor era simple punzadas y Law era como un ente que irradiaba luz con su cubre bocas y sus guantes de látex.

-"Lo siento"- dijo la navegante fijando su mirada al techo.

-"Fue solo un susto pero deberías de estar en reposo"- explico atento en su trabajo –"te atravesaron el pecho, y no tocaron nada muy importante, pero aun así no implica que puedas moverte libremente hasta que todo esté cerrado"-.

-"¿Quedara cicatriz?"-.

-"Lo dudo me estoy asegurando que no se arruine tu cremosa piel"-.

Nami sonrió e intento en vano aclarar su mente, las punzadas se hicieron más ligeras y después sintió que el cirujano le daba vuelta para checar su herida de la espalda, y como sus manos vagaron por ella un buen rato. Los segundos se le hicieron horas y el efecto de la píldora aún no se pasaba.

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Tenía ya casi una semana de haber tenido ese pequeño accidente, y había tenido que seguir las instrucciones al pie de la letra ya que muchos de los piratas Hearts estaban demasiado pendientes de ella. La dejaban raramente sola, y cuando la dejaban se vivían paseando de un lado al otro cerca del lugar donde estaba. Realmente se sentía como niña pequeña con gripe. Pero esa no la detendría a seguir con lo suyo.

"Nami intenta con el gancho pequeño y con el gancho que parece un tornillo" la caracola hablo con la vos de Usopp.

-"Lo he intentado mil veces de todas las forma posibles y la cerradura no cede"- Nami estaba sentada en el piso de su vieja habitación buscando un gancho que había pedido –"tal vez esta es la única cerradura que no podre abrir"-.

"Clara que tu podrás Nami" el caracol imito los gestos del narizón antes de volver a dormirse.

La pelirroja arrojo el caracol a la cama y siguió buscando en cada uno de sus bolsos el dichoso gancho, no es que estuviera enojada, pero se comenzaba a hartar de no encontrar las cosas cuando las buscaba. Así que tomo aquella bolsa que había llevado cuando estuvo en Drum y fue sacando todo lo que traía sobre la cama: un labial, perfume, un espejo, un pañuelo, una libreta de gastos, un arete sin par, delineador, mascara para pestañas y el bendito gancho enredado con una sortija.

-"Ok"- se dijo a si misma desatorando el anillo de su herramienta.

Se puso el anillo y regreso las bolsas a su lugar antes de salir de la habitación rumbo a la biblioteca; era una media tarde tranquila, el submarino no estaba tan caliente como días anteriores y se podía ver a Bepo más calmado gracias a la temperatura. Todo pintaba a ser una tarde perfecta.

La biblioteca estaba bien iluminada, y una mesa la esperaba frente al gran ventanal que dejaba ver a la perfección la fauna y la flora marina. El libro y sus herramientas para forzar cualquier cerradura estaban bien acomodados a lo largo y ancho de la mesa; Nami solo tuvo que sentarse hacer su trabajo, jugando con sus alambres y ganchos para hacer ceder aquel candado tan complejo.

Muchas veces el clic se oía tan claro, pero el libro no abría del todo, fue hasta que en un descuido uno de los ganchos, cortó su dedo anular haciendo que un par de gotas manchara el manuscrito, que la cerradura cedió sin más.

-"Auch"- se quejó la pelirroja metiéndose el dedo a la boca.

-"¡Nami-nee-san le traje un taza de te!"- canto Shachi con una bandeja en las manos.

-"She ablio"- dijo la navegante con el dedo aun en la boca.

-"¿Qué?"- el pelirrojo dijo mientras ponía la bandeja en una de las mesas libres.

-"El libro cedió"- dijo claramente.

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Se que he durado demasiado para subir los capítulos, y no ahí ni una explicación un tanto coherente para poder explicar el porque de mi falta de inspiración.
Aunque la verdad fueron muchas causas personales que no me dejaban estar al 100% en esto.

Pero bueno eso ya no va!

Así que tratare de actualizar mas seguido y no tardar mas de quince días en subir el nuevo capitulo!