Capitulo XVI

Caminaba de un lado a otro con su paso perezoso, respondía a los saludos y se divertía haciendo cualquier travesura que estuviera a su alcance; era como un día cualquiera en el Polar Tang, con las bromas de los chicos, y los quejidos de Bepo por el calor, más el dulce taconeo de una mujer que iba de un lado a otro sin prestar atención a lo que tenía adelante. Si hace casi cinco meses le hubiesen dicho que tendría a esa mujer haciendo un lio en su nave, tal vez le hubiera arrancado el corazón sin necesidad de su habilidad, a la persona que hubiera tenido aquel atrevimiento.

-"Lo siento"- dijo Nami pasando a su lado sin darse cuenta.

Había estado un poco despistada los últimos días, pero jamás iba por ahí sin ver a quien pisaba, o empujaba con su vaivén de caderas. Sus pasos eran torpes y se tropezaba con su propia sombra, se disculpaba al aire y seguía su recorrido sin apartar los ojos de su lectura. Law no se resistió a jugarle una pequeña jugarreta, después de todo, tenía que hablar con ella y pedirle una buena explicación.

Siguió con calma el camino de desastres que dejaba la dulce pelirroja a su paso, intentando descifrar que libro sería más importante que la salud de sus subordinados; era obvio que sea lo que fuera, sin duda dejaría a medio submarino en la enfermería. No intento alcanzarla cuando de la nada se detuvo, ni tampoco intento llamar su atención, simplemente con las cualidades de un buen cirujano se abrió paso a solo un par de metros detrás de ella. Podía oírla murmurar para sí misma, darse la razón y corregirse, para seguir leyendo; iba rumbo su vieja habitación, no parecía darse cuenta de que alguien la seguía, y mucho menos lo que estaba a punto de pasar.

No dio ni un paso dentro del camarote cuando una mano tatuada se enredó en su cintura, elevándola solo unos cuantos centímetros del piso, para después silenciar cualquier grito con un beso realmente demandante. La puerta se cerró tras ellos, y Law tuvo la oportunidad de soltarla como si nada hubiese pasado. Sus mejillas estaban rojas y su labio hinchado gracias a las mordidas del capitán, sus ojos brillaban mientras que su piel era recorrida por un leve escalofrió, al sentir vagar las manos del cirujano por su espalda.

-"Law"- su voz fue un simple susurro –"¡¿acaso estas demente?! ¡Por poco y me da un infarto!"- grito, apartándose de golpe de él.

-"Con un buen medico como yo, no creo que sea un problema una falla cardiaca"- dijo el capitán con autosuficiencia –"pero no he venido hasta acá a solo sorprenderla Nami-ya"-.

-"¿A no?"- la mujer se dejó caer en la cama.

-"No"- Law se sentó a su lado –"es solo que he venido a preguntarle un par de cosas"-.

-"Soy toda oídos"- rio la pelirroja.

-"Hoy como todos los días reviso mis cajones de la habitación, en busca del algo peculiar"- sus manos comenzaron a vagar por las largas piernas de la navegante –"pero aquello que buscaba o busco, de alguna manera ya no está"-.

-"Es una lástima"- dijo con pesar fingido –"pero deberías ser más ordenado"-.

-"Nami-ya"- sus dedos rosaban el borde del diminuto short –"el caracol"-.

La navegante dejo salir un suspiro, se levantó con cuidado y saco debajo de ella un pequeño den-den mushi un poco borracho por ser privado del aire por varios segundos. Law no hizo mueca alguna, su rostro aún seguía serio; observo al animalillo un par ser segundos y levanto una ceja para darle a entender a Nami que quería saber por qué aquel caracol estaba en su poder.

-"Llame a los chicos"- confeso –"la llamada la tomo Usopp no tuve oportunidad de hablar con nadie más"-.

-"¿Y?"-.

-"Quería hablar con Robín, me preocupa su estado, tiene unos meses más que Rebeca"- sus dedos instintivamente se fue a sus muñecas para sentir que aun llevaba consigo las pulseras que sus amigos le habían obsequiado –"además la alianza con las Kujas es algo sospechoso, Boa no es tipo de mujer que ayuda a la mujer del hombre del cual está enamorada"-.

-"¿Y tú qué harías?"- cuestiono Law apartando lentamente sus manos de la tersa piel de la pelirroja.

-"Yo…yo…..tal vez…"- sus ojos se clavaron con aquellos orbes grises, para después sonreír –"dudo mucho que tengas otra mujer"- y con eso se lanzó a besarlo.

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-"¿Nami?"- su voz se oyó calma ante el alborota que estaba a sus espaldas.

-"Si llamo hoy en la tarde"- comunico Usopp cargando unos cuantos trastos sucios –"mando muchos saludos, y pregunto por la mayoría de nosotros"-.

-"¿La mayoría?"- Robín se quedó pensando con la cuchara del postre aun en sus labios.

-"Si por Zoro, Sanji, Chopper, Franky, Brook, tu y yo"- el narizón sonrió –"también por Rebeca"-.

-"¡OH MI NAMI-SWAN ME EXTRAÑA!"- grito Sanji desde el fregadero.

-"¿Nami preguntando por Rebeca?"- Zoro se introdujo a la conversación sin muchos ánimos.

-"Nami-swan es una mujer cariñosa que se preocupa por todos"- el cocinero se colocó un cigarrillo en los labios pero no lo encendió.

La cocina se quedó en silencio, solo el tintinar de los trastes cuando eran lavados rompía la atención que se estaba formando. Había sido una fortuna que Luffy no estuviera esa noche ahí, pero conociéndolo estaba muy atento a todo lo que pasaba desde la cabeza del Sunny.

-"Esa bruja se fue por una razón, la separación temporal de la banda fue por lo mismo, así que no puedo creer las palabras del mentiroso de la familia"- el espadachín aun fingía dormir –"además no creo que Torao la haya dejado llamarnos, si mal no recuerdo Luffy le pidió que evitara a toda costa que ella se comunicara con nosotros"-.

-"Piensa lo que quieras Zoro al fin y al cabo yo fui quien respondí la llamada"-.

Usopp dejo otra tanda de trastes en la barra, lanzo su franela, y muy digno salió de la cocina; él decía la verdad, y Robín lo sabía, había visto una de sus orejas cerca del den-den mushi cuando él respondió. Así que prefirió que la arqueóloga pusiera en su lugar a sus amigos antes de que lo volvieran a llamar mentiroso frente a sus futuros sobrinos.

-"Él tiene razón"- la morena suspiro antes de tomar otra cucharada de pastel.

La puerta se volvió a abrir, dejando entrar a un Luffy con una sonrisa de oreja a oreja, parecía que había oído todo. No dijo mucho, estiro su mano y tomo el caracol de la mesa, para después salir hacia su lugar predilecto del barco. Todos se quedaron mirándose por un par de segundos, antes de correr despavoridos hacia la cabeza del león. Zoro y Sanji se ponían trabas para llegar primero, mientras que Franky ayudaba con delicadeza a Robín, Chopper iba a su paso sosteniendo la mano de la morena. Brook dejo salir su alma para llamar a Usopp, que no tardo salir despavorido del baño. Aquella sonrisa del capitán solo significaba algo, y ellos querían ser testigos.

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No habían salido a la superficie por casi dos semanas y media, la primera era solo para evitar que alguna nave de la marina lo fuese casando y la segunda, era por razones realmente desconocidas. Se podía ver al navegante de los piratas Hearts echado en el piso rogando algo de aire fresco, con el mono abierto y con una bolsa de hielo sobre su cabeza. La mayoría de la tripulación se podía ver más o menos igual que el oso, el mono arremangado de las piernas para simular una bermuda y la parte de arriba desabrochada para estar un pocos más frescos. Los únicos que parecían no quejase eran el capitán y la navegante de los sombreros de paja.

Nami con regularidad andaba de un lado a otro con un short y la parte de arriba de un bikini, o con unas coquetas faldas que hacían juego con sus pies descalzos, o con esas sandalias de tacón que causaban realmente mucho ruido. El capitán simplemente ignoraba el hecho de que se cocía vivo entre su ropa negra. Los días se hacían más pesados, mientras el calor aumentaba, aunque sabían que tenían que salir pronto por el hecho de recargar la batería solar, y el estado un tanto preocupante de Bepo.

Aun así las cosas seguían como siempre, los chicos cuidando la sala de controles, monitoreando los cambios en la nave, checando la despensa, y lo que se podía necesitar más adelante. Era un trabajo sencillo que se turnaba por horas entre los veinte miembros de la banda, aunque por su estado Bepo no entraba mucho en los labores del Polar Tang.

-"Es un libro de fauna y flora"- dijo la pelirroja.

-"¿De qué tipo de isla?"- el oso estaba desparramado en la biblioteca, siendo mimado por una navegante codiciosa.

-"La mayoría son islas de eterna primavera, así que son frescas, pero cálidas, con la excepción del verano que son más calientes que un desierto"-.

-"Mas aire"- exigió con la lengua de fuera.

Habían hecho un trato Bepo pagaría cualquier cosa que Nami quisiera en la síguete isla si ella accedía a abanicarlo. La chica necesitaba un guardarropa nuevo, y unos cuantos zapatos adecuados para el submarino, y también una silla para tomar el sol cuando salieran a la superficie, y algo de maquillaje.

-"Se les conoce como las siete lunas de la primavera"- Nami abanico un poco más fuerte.

-"¿En el libro ahí mapas?"-.

-"Mapas, dibujos, coordenadas y algunas firmas y fotos extrañas con los nativos de los lugares"- explico.

Ambos navegantes discutían sobre el libro, de vez en cuando Nami le mostraba al oso los mapas o las fotografías que había en él. Leía un poco, antes de conversar sobre cualquier cosa que se les vinera después; el calor se estaba poniendo un poco más fuerte, ya era hora de cambiarle la bolsa de hielo a Bepo, así que no tardaría Shachi en llegar con una rica limonada.

-"¿Cómo van las cosas con el capitán?"- el mink se atrevió a preguntar incorporándose para estar sentado.

-"Bueno…..este yo…..creo que…creo que bien"- dijo la navegante ruborizada.

-"Los he visto muy cariñosos ultima mente"- el navegante bebió de su bolsa del hielo, el agua tibia que estaba por calentarse en su frente.

-"¡Bepo!"- Nami estaba tan roja que un tomate le tendría envidia.

-"Nami-san"- entro Pinguin vistiendo unos bermudas y con una toalla en el cuello –"saldremos a la superficie"-.

La pelirroja se paró de golpe, agradeció por la información, y salió corriendo de la biblioteca; su rostro ardía de la vergüenza, y su corazón estaba acelerado. No había sido mentira que tenían días un tanto "cariñosos", pero no se podía evitar, ella solo quería pasear su índice por cada dibujo en la piel del terrible cirujano de la muerte. ¿Y él? ¡OH POR DIOS EL! Le había susurrado en el oído muchas cosas que no eran aptas para menores de edad.

Sin llamar a su habitación entro, tocándose la cara esperando que el calor se le hubiese bajado un poco, pero no se pudo. Law estaba a punto de ponerse unos jeans. Pudo salir sin ser vista pero se quedó con la mirada fija en los tatuajes que le adornaban la espalda.

-"Saldremos en unos pocos minutos"- hablo el sin mirarla –"deberías cambiarte"-.

-"Si"-.

Ella sacudió su cabeza, tomo un par de cosas de los cajones y se fue al baño; el lugar estaba inundado de su olor. Menta, y alcohol desinfectante. Un aroma poco común, siendo el que más denotaba el desinfectante que mayormente usaba, y el toque de menta en el pelo por el champú. Nami se mojó el rostro, e intento verse menos colorada, se ató una coleta alta, y se cambió de ropa; nada muy revelador, una falda de holanes con una blusa de manga corta, con unos lindos zapatos de piso.

Se escuchó el vitoreo de los piratas cuando el Polar Tang estuvo por fin en la superficie, era inconfundible la voz de Bepo gritando para que le abrieran paso; también Law toco la puerta del baño anunciando que estaban en la superficie. Ella no respondió, su boca estaba repleta de dentífrico sabor canela. No tardo mucho e salir, una mirada en el espejo y su melena rojiza estaba asomándose por la puerta.

Habían llegado a una pequeña isla formada por tres montañas, que entre ellas corría un rio, con desembocadura al mar. El submarino estaba escondido dentro de una cueva a la medida que de seguramente era obra de cierto moreno que ahora paseaba a la orilla del lugar. Parecía que habían estado ahí antes, había un par de cofres, sillas, y lo que se podía ver como una larga mesa junto con un fogón echo de piedra.

-"¡Nami-san!"- Shachi grito desde arriba de una enorme roca -¡vamos a explorar!"-.

La navegante estaba lista para eso, con cuidado de no caer al agua, bajo de la nave por una rampa de metal. Una bolsa dorada que hacia juego con su blusa, colgaba de sus hombros, mientras que una pluma adornaba su peinado.

-"¿Han estado aquí antes?"- pregunto la mujer al pelirrojo, cuando este tomo su mano para ayudarla.

-"Cuando el capitán entrego los cien corazones"- dijo Shachi –"aquí celebramos su puesto como Shichibukai"-.

La roca bajo sus pies estaba realmente lisa, así que era algo peligroso andar con tacos altos, por suerte ella no los llevaba. A poco menos de siete metros, unas escaleras con barandal, se abrían paso entre la roca, y la maleza de la isla; en la sima Bepo y Pinguin esperaban pacientes al par de pelirrojos que caminaban con dificultan gracias a la humedad del suelo.

Fue más fácil subir la escalinata gracias al barandal, y sobre todo fue as fácil andar sobre el pasto, que por la húmeda piedra de la cueva. Los arbustos escondían la entrada, y un par de árboles frutales ofrecían una alarma gracias a uno que otro mono que comía ahí. Era una isla tropical llena de animalillos pequeños que no se asustaban ante la presencia de los piratas.

-"El escondite tiene una abertura para que deje entrar bien los rayos del sol"- decía Pinguin mientras con un machete quitaba algo de maleza del camino –"el capitán la diseño si para estar ocultos por un par de días mientras creábamos un plan para llegar a la base de la marina, y también para que se recargara la batería"-.

-"¿Tomara mucho tiempo?"- Nami pregunto haciendo pausa en su andar para tomar una guayaba.

-"Un par de días"- respondió el moreno –"pero no se preocupe Nami-san este lugar está bien equipado"- se detuvo para marcar un árbol –"cuando la encontramos nos dimos cuenta que, aunque es pequeña, cuenta con mucha flora y fauna que nos puede servir, como alimento o como medicamente"-.

-"Y no olvides las aguas termales"- agrego el oso con sus brazos al aire.

-"Cierto"- el pelirrojo sonrió –"pero hay que tener cuidado, el agua no siempre está caliente"-.

-"¿Entonces?"- pregunto la mujer incrédula.

-"¡ESTA HIRVIENDO!"- gritaron los tres piratas al unísono.

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La noche callo lenta, fresca y en paz, los chicos de la banda estaban jugando cartas en la gran mesa, haciendo apuestas con algo de oro de los cofres. Otros bebían con sus pies metidos en el agua, mientras que un par había ido a recoger algo de las trampas que colocaron en la tarde. Bepo roncaba sin pesar, sobre una manta, en la cubierta del submarino; Shachi y Pinguin hacían pesca nocturna. Todos sin excepción estaban tan ajenos a los problemas que se les podrían venir, de un momento a otro, que ni las rocas que caían de un acantilado cercano, perturbaban su paz.

-"¿Te?"- Law se acercó a la navegante que estaba atenta a su libreta.

-"Si por favor"-.

Nami había tenido tiempo de sobra para recorrer la isla, y en su mente cada cosa que había visto estaba aún fresca; sus manos habilidosas trazaban líneas rectas y curvas, para darle vida a su mapa, mientras que su Log Pose le daba bien las coordenadas.

-"Pasaremos tres días en el lugar"- el capitán tomo asiento a su lado –"tienes tiempo de sobra para crear el mapa ¿no crees?"-.

-"Si lo sé"- Nami se ajustó sus gafas y acerco un poco más la linterna –"pero me quedaría menos tiempo para estar con mi nuevo pasatiempo favorito"-.

-"¿Y es?"-.

-"La lectura"- palpo el libro a su lado –"no llevo más que lo que se podría decir el primer capítulo, pero es algo realmente interesante"- pauso su trabajo para darle un sorbo a su bebida –"los mapas son realmente una cosa digna de ver, con detalles realmente precisos"-.

-"¿Precisos?"- el moreno tomo el libro para ojearlo.

-"Si"- dijo ella –"para que las corrientes marinas que se muestran en la página cinco, sean como son, la isla debe tener un tipo de relieve"- explico –"no pueden poner un acantilado, o la costa en un lugar que no es o todo sería un caos, y la isla estaría rodeada de un terrible remolino que se tragaría todo lo que pasara a su lado"-.

-"Tu eres la experta cartógrafa"- sus manos cambiaban de página, aunque sus ojos no se apartaron de ella –"¿Dónde quedan?"-.

-"Si mis cálculos no me fallan"- la pelirroja suspiro un momento –"a la misma altura que Punk Heard, en el Calm Belt"-.

Law asintió con la cabeza, y regreso su mirada las páginas del libro, leía entre párrafos, y cambiaba la página sin no llamaba su atención. Nami se disculpó para poder ir por más tinta, dejando al cirujano intentando engancharse con la lectura, pero al parecer no era un tema de su agrado. Así que con su rostro sumido en la seriedad llego al final.

-"Las siete lunas por Dana"- leyó la penúltima página donde venían un par de firmas y agradecimientos.

Cambio la hoja notando que faltaba la dedicatoria final, el agradecimiento, y el día en que el manuscrito termino de hacerse. Pero solo era una ilusión, ahí pegada entre la pasta gruesa las firmas de todos los colaboradores estaba la última página.

-"¡Chicos!"- se oyó el grito de Nami –"¡miren una un cardumen de peces fluorescentes!"-.

Law pudo ir las exclamaciones de asombro de muchos de sus compañeros, mientras el con delicadeza, despegaba con la ayuda de un cuchillo la página final. La voz de Nami se oía cerca, aunque estuviera sobre el submarino saltando y señalando al grupo de peces que rodeaba la nave. Estuvo a punto de llamarla cuando por fin logro su cometido, pero su nombre se atoro en su garganta.

Con una letra descuidada y con manchas de sangre que habían hecho que la tinta se corriese un poco, cinco renglones explicaban un escalofriante suceso. Trafalgar tuvo que releerlo un par de veces para comprender él porque estaba oculto en Arabasta, y la razón del porque se negaban a dárselo a Nami.

-"Law"- ella estaba a pocos pasos de él.

Pudo oír a Bepo llamarla, y así tuvo más tiempo para arrancar la página, era mejor que no lo supiera, era mejor que se mantuviera ignorante, y era mucho mejor verla sonreír. Se guardó la hoja en una bolsita secreta de su sombrero, y cerro como si nada hubiera pasado el libro. Ahora entendía muchas cosas, y se negaba apagar aquella sonrisa con una noticia que tal vez le desgarraría el alma.

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