Capitulo XVII
-"¡Almirante!"- un joven rubio interrumpió en el camarote.
Remus estaba recostado en su silla con los pies sobre su escritorio, el periódico le cubría el rostro y a pesar de estar murmurando incongruencias, se notaba que estaba fingiendo; aunque él solía hablar dormido más veces de lo que lo hacía despierto. El hombre tenía la mala costumbre de adularse en sueños, y por lo general insultar a su fiel mano derecha Peter, al cual tachaba de holgazán y eterno ceño fruncido, más uno que otro seudónimo que implicaba "un palo en el culo" a pesar de que el chico era todo lo contrario.
-"¡Almirante!"- repitió Pitt.
-"Estoy durmiendo"- dijo Remos quitándose el periódico de encima –"estoy soñando con mi vieja vida"-.
-"Su vieja vida puede esperar"- Peter llevaba en sus manos un den-den mushi –"el jefe de flota lo está llamando"-.
-"¿Sakasuki?"- dijo cepillándose la barba –"estoy dormido dile que llamare cuando despierte"-.
El rubio puso mala cara pero era inútil discutir con su superior, así que con voz pacifica se disculpó con Akainu y anuncio que le llamarían lo más pronto posible. El alegato que el jefe de flota armo hizo que Remus se cubriera la boca para no soltar la carcajada, aunque cuando la llamada se cortó rio lo más fuerte que pudo.
-"Espero que este feliz"- Peter dejo en el escritorio al caracol aparentemente dormido.
-"No, ya que alguien interrumpió mi sueño"- dijo bajando los pies de la mesa.
-"Es un almirante señor, así que debe cumplir con su deber, pidió ayuda a la base dela marina, y por eso perdimos varias naves a merced de Trafalgar Law"-.
-"Cuando la guerra se apodero de mi isla"- dijo con aire ausente.
-"Y ahí va de nuevo"- murmuro el rubio.
-"Piratas, marines, gente inocente, y personas de maldad pura yacieron en las fosas comunes"- de uno de los cajones de su escritorio saco un portarretratos –"todo por encontrar lo que los rumores llamaban "la voz del mar" un artefacto tan antiguo que era bien sabido que aquel que lo poseyera podría navegar en aguas peligrosas y salir ileso de ellas"-.
-"Si almirante pero usted no debe, ni quiere revivir una matanza de esa magnitud"- el chico tomo asiento en una de las sillas frente a su superior –"las guerras solo causan muerte y agonía"-.
-"El gobierno causa la mayoría de guerras Pitt"- Remus volvió a ver la foto –"Ohara y Flevance son un claro ejemplo"- suspiro –"lo que le paso a mi pueblo fue culpa de un solo hombre, uno que no mereció la muerte piadosa que le dieron los piratas que lo atacaron, ni el tiro de gracia del marín que iba disparando a diestra y siniestra"-.
-"Ese hombre está muerto, enterrado, difunto, más seco que calzón de monja de 110 años, a 3 metros bajo tierra, y olvidado inclusive por su descendencia"-.
-"Cuando un hombre te roba lo que más amas en mundo jamás lo olvidas chico"- con cuidado regreso la foto a su cajón –"cuando un ladrón mansilla a la mujer que amas y trae desgracia a tu tierra, jamás lo olvidas"- señalo la puerta de su camarote.
Ahí colgado con un cuchillo en cada esquina y con varios más alrededor, aparecía un hombre con un par de pendientes en la oreja izquierda, de pelo castaño, y sonrisa seductora. Su recompensa no era tan alta, era un simple ladrón de guante blanco que solo causo problemas en bares y lugares públicos. El cartel era viejo y estaba maltratado por los años, acepción del nombre que se leía con facilidad.
-"Tsuna"-.
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Los días que estuvieron en tierra fueron gloriosos, frescos, y sobretodo tranquilos, pero como se dice, la felicidad no dura mucho, y ahora estaban de nuevo en el Polar Tang con el pánico infundido en todo su ser. La paranoia aumentaba cuando el radar detectaba cualquier nave que cruzara sobre ellos; los sonidos fuertes estaban prohibidos, como tirar una pluma al piso, o azotar el baso en la mesa. Las risas ahogadas, y la mímica eran pan de esos tres días que llevaban sumergidos.
-"Capitán"- susurro Bepo señalando el radar –"una nave sobe nosotros"-.
-"El submarino puede pasar por un pez, o un rey del mar, y eso todos lo saben"- Law estaba jugando con su sombrero –"sino sería inútil para evitar peleas innecesarias"-.
-"Ahhhhhhhhh si"- el oso se limpió el fantasma del sudor de su frente.
Pasaban de las tres de la mañana, y ambos piratas estaban en la sala de controles, conversaban esporádicamente sobre las últimas semanas, y el accidente con la marina. Bepo trataba de no entrar en pánico después del cambio de planes, pero no era el único, la mayoría de sus compañeros habían caído en un estado de extrema cautela.
-"Shachi y Pinguin exageran"- dijo el moreno –"los únicos lugares que son custodiados por gyojin son la misma isla Gyojin y Marie Joie"-.
-"¿Marie Joie?"-.
-"Son los esclavos"- explico Law –"muchos los compran para defender la isla de sus propio hermanos, por el evento de hace algunos años"-.
Shachi había comenzado un rumor, a base de que alguien alguna vez le dijo que había hombres-pez que entraban a la marina y resguardaban sus aguas; Pinguin menciono que en los barcos iban uno que otro ser marino que vigilaba por posibles ataques de reyes del mar. Todo era falso, los gyojin odian a la marina, así que ninguno en su sano juicio entraría a servir al gobierno, y era bien sabido que los barcos de la marina tenían recubrimiento de Kairoseki, para evadir a las bestias del mar.
-"Aun así"- el mink se rasco la nuca –"la tecnología de la marina avanza a pasos forzosos, y ahora que tiene ya un buen rato de no ostentar el título de Shichibukai, estamos ciegos ante sus avances"-.
-"Ciegos sí, mi querido amigo"- Law se puso de nuevo su gorra –"pero no sordos"- agrego –"sus radares aun no pueden distinguir muy bien las cosas que ahí debajo de los barcos, en este momento no dudo que, cualquiera este babeando por un pez que jamás atraparan"-.
-"¿Pero realmente esto es necesario?"- el oso se puso a jugar con los botones del tablero –"estaremos realmente en la boca del lobo, cruzaremos entre las tres bases de marina más importante de esta mitad del Gran Line"-.
-"Desde un principio sabíamos que Nami-ya regresaría con su equipo"- dijo con seriedad.
-"Lo sé, lo sabíamos, pero usted no se ve contento"-.
Se formó un silencio realmente incomodo, Bepo intentaba no prestarle mucha atención a la cara que traía su querido capitán, gracias a su atrevimiento, pero era algo que tarde o temprano se tendría que decir, y aunque él se negara a aceptarle, el hecho de estar llevando a Nami con su tripulación parecía que lo había afectado un poco.
-"Capitán"-.
Los pasos discretos, de una pelirroja adormilada, corto el ambiente tenso, y fue el mejor momento que tubo Bepo para salir de ahí. Sus ojos estaban llorosos, y que trajera la sabana como un manto sobre la cabeza no era muy buena señal; había tenido una pesadilla y al no encontrar a nadie en la cama para tranquilizarse, se había puesto a llorar. Había regresado a esa época donde siempre estaba sola y con una carga demasiado grande para sus escasos diez años.
-"Law"- susurro antes de sentarse en sus piernas.
-"¿Qué sucede?"- dijo quitándole la sabana de los ojos.
-"Fue el mismo sueño que tengo desde hace un tiempo"- confeso limpiándose las lágrimas –"cada vez se hace más largo, más cruel, y más inhumano"-.
-"Los sueños no te lastiman"-.
La pelirroja apretó sus manos contra el pecho y negó un par de veces antes de mostrar aquello que le incomodaba. Poco a poco estiro su brazo izquierdo mostrando una rara marca que esa misma noche había aparecido.
-"Camino en una playa detrás de una pareja con un bebe, y después todo se pone borroso, para aclararse en medio de una masacre"- sus ojos se clavaron en sus manos –"mis pies me llevan frente a una choza, donde me rencuentro con la madre moribunda y la criatura, para despertar cuando una niña llega por la recién nacida"-.
Law miraba con atención la muñeca pálida de la pelirroja, no había ni motivo, ni razón, para que un moretón con ese patrón apareciera de un momento a otro; ella era cuidadosa, se quitaba todas sus joyas antes de dormir y las guardaba en una cajita de madera, así que no se pudo hacer un hematoma por sus pulseras, ni tampoco por algún cabello enredado. Pero ahí estaba la extraña marca que parecía salir de las venas de Nami y enrollar toda su muñeca.
-"Nunca había visto nada igual"- confeso el cirujano de la muerte –"parece un tentáculo, o la cola de una serpiente"-.
-"¿Es algo grave?"- el temor en la voz de Nami era razonable.
-"No"- respondió –"pero será mejor que lo revise mañana por la mañana, así que regresa a dormir".
-"Tengo miedo"- confeso abrazándolo, lo más fuerte que pudo –"no me dejes Law"-.
Trafalgar no pudo discutir con eso, sabia a la perfección que Bepo estaba escuchando todo desde afuera, y él podía continuar con la guardia el resto de la noche. Así que no le quedo de otra que cargar a la navegante estilo nupcial para salir de la sala de controles, hacia su cuarto.
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La paranoia de los chicos se había desvanecido a la semana, y después de haber tenido un par de infartos gracias a la flota de naves que el quinto día paso sobre sus cabezas. Pero ahora las cosas estaban como antes, o más bien casi como antes. A pesar de sentirse libres de reír o gritar, nadie le hacía frente al ceño fruncido de su capitán; muchos aseguraban que era porque en casi cuatro semanas se tendría que despedir de Nami, otros decían que era porque evidentemente no había dormido lo suficiente, y otros que eran más acertados comentaron que era por las pesadillas de la pelirroja. Así que cualquiera de las tres razones, era obviamente razonable, y un poco estresante para tres piratas que no hacían más que platicar de eso.
-"Grito como a las cuatro de la mañana"- dijo un pelirrojo con aire ausente.
-"¿Se estará volviendo loca?"- el oso apenas aparto su vista de la bitácora.
-"¡Como te atreves a insultar a Nami!"- reprendió Pinguin –"no tiene ni un mes que un loco la quiso matar"-.
-"Lo siento"- la voz deprimente de Bepo calmo un poco las cosas.
-"Como sea"- dijo el moreno –"ella está así desde ese día, en su inconciencia, repetía los nombres de sus nakamas y otros dos que sinceramente no ubique"-.
-"Tal vez era el de la reina pirata"- Shachi comento –"o el de su hermana, ella dijo que tenía una en el East Blue"-.
-"El de su hermana sí, creo que es Mojito ¿o Yuriko?"- Pinguin se rasco la cabeza.
-"Nojiko"- el mink susurro desde su aura deprimente.
-"Cierto"- señalo al oso –"a Rebeca si la menciono, pero decía otro nombre, que en este momento no recuerdo"-.
Los dos hombres comenzaron a decir nombres al aire, esperando dar con el correcto, pero al parecer no se acercaban ni tantito: Ellen, Leonora, Morgana, Circe, Luciel, Laice, Ana, María, Mayte. Por decir algunos, que estaban olímpicamente alejados del verdadero nombre.
-"Tal vez decía lo que tenía escrito aquella espada"- el oso interrumpió la lluvia de nombres, aun en su esquina depresiva.
-"Si tal vez decía lo único que pudo leer antes de desmallase"-.
Aquellos dos piraras se levantaron de su asiento como resortes, y salieron despavoridos de la sala de controles; sabían que aquel sable aún seguía en la nave, aunque exactamente no sabían dónde. Así que lo más sensato fue buscar en la enfermería, aunque a simple vista parecía no haber nada.
-"Tu por ahí, y yo por acá"- dijo Shachi.
Movieron todo lo que estuvo a su alcance, tiraron barias botellas bacías al cesto de basura, y voltearon al derecho y al revés la pobre enfermería. Na había nada, solo un balde con vendas con olor a ungüento, y barios frascos de pomada. Casi cuando al fin se dieron por vencidos notaron que les había faltado un armario de escobas a las afueras de la sala.
-"Que más podemos perder"- susurro el moreno antes de abrir el armario.
Escobas, trapeadores, baldes, esponjas y barias franelas ocultaban bien lo que ellos estaban buscando; la espada estaba en una funda de la marina, y su mango aún tenía manchas de sangre. Sin pensarlo dos veces la sacaron de ahí y se dieron a la fuga hacia donde habían dejado a Bepo. El camino fue corto, gracias a que corrieron hasta quedarse sin aire, por si Law los llegaba a ver, aunque eso no paso. Así que llegaron a su destino, colorados por el esfuerzo, con el "arma homicida" entre las manos. Mandaron a Bepo a vigilar, mientras ellos curioseaban.
Pinguin saco un pañuelo de su bolsillo trasero, mientras Shachi desenvainaba el sable; la sangre no solo estaba en el mango, sino en toda la hoja, así que no sería nada fácil limpiarla. Con algo de alcohol y el trapo del moreno, fueron quitando poco a poco las manchas rojas, de toda la espada.
-"Que los dioses bendigan a la luna"- leyó el pelirrojo.
Una ropera de lazo, de forjadura fina, y digna de cualquier dama de alcurnia que se defendiera por si misma; la empuñadura era plateada con ralladuras doradas, al igual que el guardanudillos, los gavilanes y las puntillas. La cazoleta estaba adornada con gemas preciosas, que poco se distinguía el color del acero, y el pomo guardaba la piedra preciosa más grande de todo el trabajo de armería. La inscripción fina iba a lo largo de la hoja, pareciendo más un adorno que una frase.
-"¿Qué están haciendo?"- Nami entro de repente al lugar.
A los chicos casi les da un infarto al verla, no por el hecho de estar jugando con la espada que casi le roba la vida. No, no era eso, el sable era tan delgado que lo podían ocultar. Era más bien el ceño de verdadero enojo que traía su capitán al verlos jugar con algo que supuestamente él había escondido.
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Las aguas de Enies Lobby estaban plagadas de barcos hundidos y corrientes marinas demasiado fuertes para cualquier nave que no fuese de la marina, o un submarino. Los chicos acaparaban las ventanas para remembrar lo sucedido hacía ya tiempo, donde los Sombreros de Paja habían liberado al demonio de Ohara Nico Robín. Había sido una hazaña épica donde los piratas habían incendiado una bandera del gobierno mundial.
-"Fue tan épica"- uno de los piratas Hearts suspiro al ver un banderín al fondo del mar.
Nami estaba con un grupo de los piratas en la biblioteca, ellos relamen estaban absortos con los restos de naves que ella y sus amigos una vez dejaron ahí. Suspiro cerrando su libro, no le apetecía responder cualquier pregunta que los chicos fueran a formular.
-"¿Te vas Nami-san?"- Pinguin pregunto a verla caminar hacia la salida.
-"Estoy cansada"- mintió –"además es tarde ya casi son las doce, y quiero ayudarle a Bepo en su turno de la mañana"-.
Todos se despidieron de ella al unísono, y Nami simplemente sonrió, mientras salía con paso sereno de la biblioteca. Todo estaba a media luz, para ahorrar energía por si algo salía mal, aunque con Jean Bart en el timón, dudaba que algo se saliera de rumbo.
Sus ojos se fijaron en su muñeca vendada, tenía un par de días aplicando una pomada que lo único que hacía era darle comezón cuando el calor del submarino aumentaba, de ahí en más, la horrenda marca que había aparecido de la nada seguía incluso más oscura que al inicio. Lo peor del asunto es que cada que Law cambiaba sus vendajes su mente divagaba y no respondía ninguna de sus preguntas. Era algo realmente estresante. Tomo el rumbo hacia la cocina, para tomar un poco de té, y así poder dormir unas cuantas horas antes de ayudar a Bepo.
El lugar estaba vacío, las luces estaban apagadas, y el estofado aún seguía en el fuego; dejo el libro en la mesa y a tientas llego al apagador. Encendió las luces y se sintió libre de vagar por la cocina mientras preparaba su bebida; puso una tetera de cristal sobre las llamas y agrego unas cuantas flores, que según Robín, no dejaban entrar a las pesadillas.
-"¿Aun sigues despierta?"-.
Nami salto de repente dejando caer la taza vacía al piso, Law estaba recargado en la entrada, llevaba solo unos pantalones que usaba como pijama, sus pies estaban descalzos y su nodachi estaba en su hombro.
-"Solo vine por algo de beber, después iba a dormir un rato"- se agacho para levantar los pedazos de porcelana del suelo.
-"¿Cómo sigues?"- pregunto.
-"Bueno"- respondió alzando los hombros –"no me puedo quejar, el pecho no me duele y las cicatrices va desapareciendo muy rápido"- agrego.
Ella seguía recogiendo los pedazos de taza del suelo, y los colocaba con cuidado de no cortarse sobre una servilleta. Law no se movió de su lugar, el seguía recargado en la entrada, observando minuciosamente cada movimiento de la navegante; sabía de antemano que la marca en su muñeca aun no desaparecía, y también que las pesadillas se hacían más frecuentes.
-"No deberías de tomar un turno en la guardia"- Law al fin decidió caminar hacia ella –"preferiría que descansaran un poco más"-.
-"Puede que sí"- suspiro –"pero sé que Bepo me ha pedido ayuda"-.
-"Y yo te ordeno que te quedes conmigo"-.
Trafalgar había llegado a su lado y se había inclinado para susurrarle al oído, Nami se puso un poco tensa y sintió que sus mejillas estallaban en rojo; sus orejas se sentían calientes, y estaba segura que Law tenía esa sonrisa socarrona en los labios.
-"Si me dulcificas tu voz"-.
El la jalo del pelo sin importarle ni un poco que la porcelana rota, volvía a caer al piso, a él solo le importo que ella respondiera el beso con la misma intensidad con la que él la daba. Ella seguía su paso, sus manos se enredaron en su cuello, y se replegó para levantarse junto con él. No se necesitaron palabras, miradas, o señas, simplemente la navegante, tomo la mano del cirujano y salieron de la cocina.
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¿Qué pensaban que iba a ver lemon?
Pues no!
Tal vez más adelante, quien sabe, solo si me siento inspirada.
Gracias por leer….
