XVIII

Ahí estaba ese cuerpo desnudo a su lado, aquel cuerpo de muerte que hacía a cualquier hombre caer, aquella piel caliente al tacto, y esa mujer con la cual todo hombre quisiera despertar; Nami sin duda era una ladrona de guante blanco, ya que sin querer le había robado a ese capitán un pedacito de su frio y muerto corazón. Claro el jamás lo admitiría, y prefería que ella, a pesar de que ya lo sabía, se fuera ignorante del vórtice de emociones que causo en el temible Cirujano de la Muerte.

Esa pelirroja de curvas deliciosas y piel cremosa, estaba recostada plácidamente boca abajo, su respiración era lenta y clara, eran indicios de su cansancio y que se encontraba profundamente dormida. La sabana color gris apenas cubría su voluptuoso trasero, mientras que su espalda descubierta mostraba con orgullo marcas de la buena noche que habían pasado.

-"Quiero más jugo"- dijo la mujer apenas cambiando de posición, cubriéndose los pechos desnudos con la sabana.

Law sostuvo una risa mientras lentamente se escurría de la cama para comenzar su día; el reloj de la mesita de noche marcaba las cinco menos diez de la mañana. A esa hora le tocaba a la navegante estar en la sala de mando junto con Bepo para vigilar el radar. Él no tenía el valor de despertarla, hacía ya cinco semanas y media que ella no dormía tan pacíficamente, que lo único que pudo hacer fue cubrirla con una manta más gruesa y vestirse.

Ella no despertó a pesar que el enciendo la luz para sacar un par de pantalones, ni tampoco cuando él le planto un beso en la frente. Nami dormiría hasta tarde ese día, y de eso él se encargaría. Salió de su habitación colgando un letrero que el mismo usaba para que nadie lo molestara, y con su paso perezoso se alejó con una sonrisa bailándole en los labios.

Bepo estaba como siempre anotando en una libreta todos los cambios que el tablero procesaba: temperatura, estado de energía, velocidad, radar, y unas cuantas cosas más. El mink no se sorprendió al ver a su capitán entando con su paso taciturno con una sonrisa ladina en su rostro, él ya la había visto, en las ocasiones que su capitán se salía con la suya, o dormía con una bella mujer.

-"Buen día capitán"- saludo el oso.

-"¿Estado?"- fue directo al grano sentándose en su silla.

-"Lo bueno es que vamos en el sentido del enorme vórtice, y no tenemos tanto en el mar"- dejo su libreta en el tablero –"a pesar de tener doce días sumergidos, la energía está casi al ochenta por ciento, el tener una velocidad media y reducir al sesenta por ciento muchas de las funciones eléctricas, nos facilita un escape más rápido de cualquier percance"-.

-"Ya salimos del territorio de Enies Lobby, y en menos de cuatro días estaremos cruzando al lado del Impel Down"- sus dedos tamborilearon su espada –"reduce en quince por ciento más la energía, para inclusive no necesitar salir a la superficie antes de llegar a Marie Joie"-.

-"¿Capitán no hubiese sido más sencillo seguir la ruta de Sabaody?"- Bepo comenzó a jugar con los controles, sabiendo a la perfección que estaba haciendo.

-"Eso era lo más sensato"- dijo el moreno.

-"¿Entonces?"-.

-"El hecho que fuese lo más sensato, no quería decir que fuese más rápido, hubiéramos durado casi dos meses, sobre o bajo el agua"- sus ojos grises se cerraron lentamente –"el ir en línea recta y salir en las aguas cercanas de la Kujas tampoco era opción, tres meses a lo mucho….."-.

-"¡Nami-san!"- Shachi entro con una enorme bandeja de desayuno para la navegante y el oso.

El pelirrojo se quedó de pie en la entrada buscando con la mirada a la navegante de cabello rizado, pero al no verla, y viendo a su capitán sentado en su silla con una ceja alzada, decidió entrar de todos modos alegando que el desayuno era para él.

-"Capitán"- dijo ofreciendo una taza de café.

-"Tres cucharadas de azúcar"- dijo cuándo le dio el primer sorbo –"¿acaso mis gustos han cambiado, o he empezado a beber cosas dulces?"-.

-"Oh por los mares"- dijo el pelirrojo –"creo que me he confundido y he tomado mi café en vez del suyo"- mintió.

Law le restó importancia volviendo a dar un sorbo, así lo bebía Nami en las mañanas, mientras caminaba alrededor de la cama buscando su ropa. Dio la orden de seguir como siempre, en protocolo de alerta, también pidió no molestar a la mujer problemática que dormía en su habitación; prefería que ella llegara ahí por su propio pie a sacudirle el mundo como siempre lo hacía.

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Despertó hasta tarde, cuando los ruidos de su estómago eran tan oíbles, que juro que una ballena la pudo confundir con un pariente cercano; Law no estaba, pero en su lugar había una bandeja con una taza de café y algunas galletas. Se levantó con la cobija puesta para cubrir su desnudes, y bebió de un solo trago el café, para tomar apenas dos galletas antes de tomar su ropa y se encerrarse en el baño. Abrió la llave del agua y dejo que la tina se llenara, para después poner algunas sales con aroma a cítricos, y encender un par de velas que ella misma había colado a la ducha.

Se miró en el espejo tocando una que otra marca de amor que había recibido a noche, sonrió cuando recordó la sensación de tenerlo dentro, y un leve cosquilleo nació en su vientre. Ella ya había tenido sexo, no muchas veces, pero ya no era virgen; lo había hecho por amor, la primera vez, aunque fuese solo una relación unilateral, aquel hombre solo se amó a sí mismo, y las demás solo por la necesidad de pagar la deuda que cargo por diez años antes de conocer a Luffy. Pero era irrelevante. Sacudió su cabeza borrando su pasado desagradable y metiéndose por fin a la tina; el agua estaba caliente, en su punto, le cubría bien el pecho y las burbujas evitaban que su desnudes se notara. Nami suspiro dejando caer la cabeza en el filo de la tina, dejando su mano derecha fuera del agua, para pasearla adelanta y atrás tarareando una canción de Soul King.

-"¿Estas en la ducha?"- la voz inconfundible de Law llego después de tres golpeas a la puerta.

-"Si"- canto la respuesta.

Trafalgar entro y cerró la puerta tras de sí, le dedico una larga mirada y después comenzó a quitarse la ropa. Dejo su sombrero en un perchero y fue desabotonando su camisa; todo lo puso en su debido lugar, sus zapatos en su caja, su ropa en el cesto.

-"Déjame entrar"- susurro cuando ni una prenda le cubría.

Nami no protesto se movió hacia adelante dejando un buen espacio para que Law pudiese entrar a la tina; un poco de agua se desbordo, y la pelirroja se recargo en el pecho tatuado de su acompañante. El habiente se llenó de un silencio cómodo, y el aroma a canela de las velas.

-"No me despertaste"- se quejó la navegante jugando con la espuma.

-"No has dormido bien"- suspiro –"merecías este descanso"-.

-"Bueno"- dijo comenzándose a tallar los brazos.

Law le quito la esponja y con cuidado fue frotando las delgadas manos de Nami, mientras ella seguía tarareando aquella boba canción; fue un momento íntimo, demasiado agradable como para buscar un tema de conversación, era mejor restregar la esponja por la nívea piel de la navegante mientras ella se acurrucaba en su pecho. El a pesar de no ser muy fan de la tina hasta el tope de agua, le resultaba gratificante ese momento.

-"¿Por qué no te deshiciste de ella?"- la pelirroja pregunto cuando la esponja pasaba por su pecho.

-"¿De qué hablas?"- Law se detuvo al oír la pregunta.

-"Bueno"- murmuro pegando sus rodillas al pecho –"claramente de la espada, de la arropera, que casi me mata"-.

-"No sabía qué hacer con ella, y tirarla por la ventana no era una opción, estábamos sumergidos, y no pensé que Shachi y Pinguin fueran tan estúpidos como para irla a buscar"-.

-"No pienses que me molesta que este aquí, es el hecho que ni siquiera me dejes verla por temor a que colapse de nuevo"- suspiro mirando su muñeca –"¿Dónde está?"-.

-"Contigo no se puede"- dijo Law volviendo a tallar su cremoso cuerpo –"está en la sala de entrenamiento, en la tercera planta"-.

Nami se giró para verlo fijamente, y depositar un casto beso en sus labios, se movió torpemente, tirando un par de litros más de agua, para quedar a horcajadas sobre Law; sus besos fueron aumentando de nivel, a medida que la excitación de ambos incrementaba, sin duda los dos querían revivir lo de anoche. Nami suspiro mientras su mano tomo aquel órgano masculino que clamaba por estar en su interior, y con solo un movimiento se dejó penetrar soltando un gemido de placer. Law cerró los ojos y dejo caer su cabeza hacia atrás, sintiendo como unas delgadas manos se enredaban en su pelo, y las caderas de la pelirroja se iban moviendo de atrás hacia adelante.

Sus risos se le pegaron en su rostro, y sus labios de rosa estaba entre abiertos dejando escapar uno que otro gemido, sus movimientos eran algo torpes cuando intentaba aumentar el ritmo, y sus senos danzaban con pequeños rebotes que lanzaban unas gotitas de agua. Trafalgar solo puso sus manos en su cadera, intentando que ella no se entorpeciera por el reducido espacio de la bañera.

-"Mmmmmmmmmmmmm"- la navegante gimió cuando el apretó más su cintura.

Law realmente se agotaba en el agua, era un vil regalo de su fruta del diablo, pero aun así no lo dejo ver, sus ojos grises se cerraron como una bóveda, para simplemente dedicarse a complacerse de los placeres más básicos del hombre. Sus labios se apretaron en una mueca de satisfacción, mientas que en su mente los gemidos y las caricias se iban guardando.

Aquel empalagoso olor a mandarinas y canela inundo el baño, el vapor empaño el espejo, y el agua seguía desbordándose de la tina; a ese paso jamás saldrían del ahí, ella llevaba un ritmo que la hacía disfrutar de cada centímetro de su ser, y al intentar acelerar el paso, se ponía nerviosa y perdía el ritmo. Fue un movimiento algo brusco, y estuvo seguro que Nami trago algo de agua, pero disfruto ver su cara enrojecida mientras el comenzaba a envestirla. De un momento a otro aquella pelirroja estaba debajo de él, sujetándose a su cuello para no beber más agua enjabonada.

-"Laaaaw"- gimió enredando sus piernas en el –"me estas ahogando"-.

-"Solo un poco más"- susurro antes de besarla.

Ella simplemente se aferró con fuerza, para que el agua no entrase por su boca o su nariz, aunque no fue impedimento para dejar de gemir ahora más cerca de la oreja perforada de Law; ambos estaban por llegar al orgasmo, así que no se limitaron al momento de soltar varias advertencias de que su clímax estaba cerca. Sus cuerpos temblaron en el momento que el éxtasis los invadió, Nami clavaba aun sus uñas en la espalda ancha de Law, mientras este intentaba no aplastarle con su peso después de terminar exhausto. La pelirroja con cuidado aparto sus garras de la piel morena, arrastrando sus manos por el cuello hasta su pelo negro, y jalarlo para que reposara sobre ella.

-"Te quiero"- susurro la mujer antes de besarle la frente.

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A pesar de no haber desayunado como se debía, no fue mucho el hueco que tenía que llenar, apenas un plato de fruta, algo de huevo, y una tostada francesa, fueron suficientes para llenar su estómago, más un taza de café sin azúcar, otorgada por su capitán sádico favorito. Eran apenas las once y media, y pocos eran los hombres que degustaban a su lado el almuerzo. Bepo, Shachi, Pinguin y Jean comían en silencio a su lado.

La plática era escasa, puesto que les había tocado vigilar en la madrugada, y a pesar del sueño, se habían levantado por culpa de sus estómagos escandalosos. Pudo ver a Bepo dormitar entre bocados, y a Shachi tirar en más de una ocasión la cuchara con comida en ella. Jean y Pinguin estaban un poco más despabilados, aunque no tanto, ambos se estaban quedando dormidos recargados en la mesa.

-"Con permiso"- susurro la pelirroja levantándose de la mesa.

Law estaba ausente después de su encuentro en la bañera, había decidido tomar una siesta, que jamás se lograría, puesto que estaba leyendo el libro que ella había traducido. Pero había ordenado no molestarlo, así que ella decidió pasear por el submarino sin su atenta mirada.

Salió de la cocina con las manos en la espalda, y con paso sereno, visito su vieja habitación y simplemente se quedó mirándola desde el lumbral ¿Qué pasaría con ese lugar ahora que se fuera? Esa era la duda que la mantenía muchas noches despierta después de sus pesadillas recurrentes, pero intentaba no dar a notar lo triste que estaba al saber que en poco estaría con su tripulación, aunque debería de sentirse feliz, había cosas que la ponían melancólica.

Entro y se recostó en la cama, en la mesita de noche estaba la bitácora de la marina, y como no queriendo lo tomo para hojearlo; se sabía casi todas las páginas de memoria, los comentarios sobre su madre, las citicas a Rocinante, y los comentarios ocurrentes del capitán sobre los piratas, que a sus ojos eran un mal necesario, en ciertas ocasiones.

Aquel mapa sin terminar callo en su pecho cuando quiso cambiar de página, ahora tenía menos sentido que antes, y aun no comprendía el porqué de esta travesía que estaba viviendo. El primer libro no tenía nada que ver con el segundo, el mapa no encajaba con ningún otro del nuevo libro; cada uno tenía su idioma, su escritura perfecta, y una historia que no encajaba en la otra.

Se levantó con calma volviendo a dejar el libro en su mesita de noche, mientras doblaba el mapa y lo guardaba donde siempre guardaba las cosas. No le apetecía inundar su mente con dudas que se resolverían a su tiempo; dejo con paso lento la habitación cerrando la puerta tras de sí, antes de soltar un suspiro y seguir su rumbo.

Anduvo de arriba abajo, de un lado a otro, aclarando sus ideas, revolviendo sus pensamientos, enredando y desenredando el hilo de su vida después de salir de aquella lata amarilla, y comprendió solo un poco que a pesar que pudo borrar sus errores del pasado no podía predecir su futuro. Por eso sin mucho más que hacer se paró frente a la sala de entrenamientos donde una vieja arropera la esperaba.

-"Hola"- dijo esperando encontrar por lo menos a un tripulante ejercitándose, pero el lugar estaba vacío.

Espadas, pistolas, dagas, cuchillos, machetes, ballestas, arcos y una infinidad de armamento de alto y bajo calibre colgaban de la pared, y el suelo tampoco estaba tan limpio, pesas, y varios artículos para ejercitarse en buen y pésimo estado se extendían por el lugar. Era tan diferente a la sala del Sunny, ahí todo estaba limpio, gracias a las amenazas que le implantaba a Zoro, sino más o menos se vería igual.

Dio unos pasos tentativos para no tropezar con varias pesas que estaban en la entrada, e intento no caer por la cantidad de basura que había en el lugar. En la pared de enfrente aun con la funda de la marina, la arropera se encontraba colgada; a cada paso que daba su corazón quería salir huyendo del lugar, poco a poco y con un tambor de batalla en su pecho llego frente a la espada que casi le roba la vida.

-"¿Cómo fue que el estando a mis espaldas pudo clavármela por el pecho?"- se preguntó parándose de puntas para bajarla de su lugar.

La adornaban rubíes, y zafiros, las manchas de sangre habían desaparecido y se podía apresar un poco más el trabajo del artesano que la había forjado hace décadas. La desenvaino dejando caer la funda al piso, sintiendo el balance de la hoja y el mango.

-"A Zoro le gustaría"- se dijo a si misma balanceándola de un lado a otro como experta espadachín –"a mí me gusta"-.

Sin pensar mucho en que esa cosa casi la mata, hizo varios movimientos que Zoro la obligaba hacer, por si la situación lo ameritaba, dio estocadas al aire, y se atrevió hacer el truco de lanzarla al aire para atraparla después de un giro. Jugo con ella hasta que una perla de sudor se deslizo hasta su barbilla, fue un claro indicio de que tenía que parar, así que tomo la funda del piso y antes de guardarla leyó la inscripción de la hoja.

-"Que los dioses bendigan a la luna"-.

Sintiéndose más curiosa que cansada regreso la espada a su lugar, y salió mucho antes de que un grupo de los piratas Hearts llegaran hacer algo de limpieza, o desorden, o lo que fuese hacer en aquella sala de ejercicios tan poco ordena. Así que retomo su rumbo, cualquier lugar del Polar Tang donde pudiese perderse en sí misma.

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Pasaron tres noches, en las cuales durmió como un bebe, desnuda, pero había dormido como nunca, aunque esa noche había despertado con una pesadilla fuera de lo normal. Por razones que no entendía, y que no quería saber, había soñado que era un herrero, que forjaba espadas a la luz de la luna, con fuego azul. Su técnica aunque no la conociera, era mencionada en el segundo libro, como "técnica ancestral de armamento usado por las mikos" según el manuscrito decía que una espada podía durar en forjarse todo un ciclo lunar, y arder por toda una noche, para permanecer en agua salada por todo el día, sin enfriarse.

-"Me estoy volviendo loca"- dijo antes de mojarse el rostro con agua.

Si bien no termino de leer ese articulo, sabia a la perfección como hacer los pasos posteriores, e inclusive el como incrustar las gemas en los mangos. Se soñó entregando una arropera de lazo a una mujer con una especia de hakama y de cabello rojizo, como el de ella, aunque sus ojos eran azules, como el cielo, y poseía un bello lunar debajo de su ojo derecho; también se vio a si misma siendo esa mujer que pasaba la misma espada a la que sería su hija, y como esa hija le pasaba la arropera a su primogénita y así sucesivamente hasta ver a la mujer de la cabaña en llamas y verse a sí misma recibiéndola.

La imagen del espejo solo complico las cosas, su cabeza se puso en marcha a buscar algún parecido entre la mujer de sus pesadillas y ella misma. A sus ojos eran realmente distintas, pero al cambiar de perspectiva pudo hallar un pequeño parecido, que ella intentaba negar. Sus ojos cafés no tenían nada que ver con los ojos de esa mujer ya que el derecho era azul, y el izquierdo gris.

-"¿Nami-ya te encuentras bien?"- Law toco la puerta pero no entro como solía hacerlo.

Nami se enjuago de nuevo la cara y respondió con un simple "si" fue ahí que noto que su venda estaba mojada. No se preocupó, y tomo una venda del botiquín del baño, junto con su ungüento; no era nada complicado vendar su muñeca por sí misma.

-"¡Laaaaw!"- grito.

Trafalgar entro de inmediato y la vio tirada en el piso, su rostro estaba cubierto por su pelo y su mano estaba extendida y temblorosa. Rápidamente se dejó caer de rodillas a su lado, esperando ver alguna cosa que la hubiese hecho gritar tan fuerte. Le reviso la cabeza, el cuello, los hombros y la espalda, todo en cuestión de segundos.

-"¿Qué te paso?"- acuno su rostro en sus manos –"¿Te caíste? ¿Estas herida?"-.

-"La marca mírala"- dijo intentando alejar su propia mano de sí misma.

Law pensó que no era nada, tal vez salpullido por el ungüento o algo parecido, pero no, aquella marca que había aparecido de la nada, ahora se había vuelto más negra, y pareciera que ahora "la cola de la serpiente" como la llamaba Nami, le había dado otra vuelta s su delgada muñeca.

-"No estaba así en la tarde"- sus ojos estaba acuosos, y estaba a punto de soltar el llanto.

-"Estarás bien"- la abrazo, dejando que ella escuchase su corazón –"solo es una alergia, tal vez a las cobijas o incluso al material de las vendas"- mintió.

-"Si eso puede ser"- dijo limpiándose las lágrimas que se habían escapado.

-"No te preocupes en una semana y media tal vez los ungüentos milagrosos de Tony-ya podrán desaparecerla"- a pesar de lo doloroso que fue decirlo, vio que se calmó un poco.

La tomo en brazos y la cargo hasta la cama, propuso no ponerle la venda esperando que mejorase por la mañana. Ella no se opuso y decidió intentar volver a dormir, aunque sabía que serían pocas horas puesta que el reloj marcaban las cinco de la mañana; aun así a los pocos minutos de haber tocado la cama, sus ojos se cerraron completamente, sin darse cuenta que ella le había espantado el sueño a su amante.

Law estaba preocupado, no dejaba de darle vueltas a la nota que había al final del libro, las manchas de sangre, la advertencia, y la creciente marca en la mano de Nami, eran las cosas que le habían robado su placido sueño. Así que un poco molesto se levantó y salió de la habitación sería mejor estar de guardia, que mirar al techo el resto de la madrugada.

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Feliz navidad!

Feliz año!
(Claro con un poco de atraso)

Quiero explicar que el anterior capitulo creo que si lo hice un poco enredijoso, pero es por algo que más adelante y en este capítulo se van ir aclarando.
Este cap. no es tan largo, como me hubiese gustado, pero si lo hubiera ha completado con el otro cap., tal vez se haría otro enredo que tardaría más en entenderse.

El capítulo diecinueve está a casi la mitad de su proceso, así que no desesperen, estaré subiéndolo más tardar a la otra semana.

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Otra cosa
Tengo por lo menos tres borradores de un nuevo fic, así que me gustaría sabes si quieren otra historia echa por mí.