Capitulo XIX

Nami estaba limpiando la sala de ejercicios, era su desesteres para no revisar cada cinco segundos su muñeca. Law le había aconsejado hacer cualquier cosa con su tiempo, para así evitar otra vuelta de "la cola de la serpiente" o un salpullido nervioso, que de seguro le daría por su estrés; pero realmente no podía evitarlo, sentía que le sudaban las manos, y en esa área la comezón aumentaba cada que le ponía atención. Ahora envidiaba a Boggy que podía separarse a conciencia y volverse armar.

-"Nami-san"- Bepo estaba con ella prestándole ayuda –"¿creo que esto es todo?"- el oso tenía varias bolsas de basura listas para llevarlas al depósito.

-"Creo que si"- admitió la pelirroja limpiándose el sudor de la frente.

El lugar estaba impecable, las armas acomodadas por tipo y tamaño, las pesas por color, forma y peso; los aparatos estaba relucientes, y en el piso no había ni una mota de polvo. Había comenzado tan solo hace tres horas más o menos, Bepo se le había unido media hora después, y pudo saber la razón por la cual ese lugar era un verdadero desastre. Los piratas solían esconderse ahí para emborracharse sin que Law los supiera, o más o menos eso pensaba.

-"Espero que los chicos no vuelvan a beber aquí"- Bepo se cargó las bolsas en los hombros y salió sin más.

-"Si los chicos"- soltó al aire dejándose caer de sentón en el piso.

Había oído hablar a Law con Luffy a la hora del almuerzo, claro, fue muy poco lo que escucho, pero se sentía a gusto con eso. Robín a pesar de su avanzado embarazo estaba ralamente bien, se suponía que entraría en labor de parto más tardar a mediados de diciembre; por su parte a Rebeca le faltaban casi tres meses de gestación aun, y estaba sana. Eso fue de lo último y lo único que pudo oír de la charla, pero lo que no pasó desapercibido fue la alegría con la que Luffy hablaba de la actual reina pirata.

-"Ahhhh- soltó un suspiro recostándose en el piso.

Se preguntó si algún día con Law, o con otra persona, ella podría formar una familia como la que nunca tuvo, o recurriría al mismo método de Belle-meré. Por supuesto que la ilusión de ser madre entusiasmaba a cualquier mujer, fuese cual fuese el cómo se daban los hijos, naturales o adoptados, admitía que ambas formas le causaban miedo.

-"Ace"- dijo poniendo su mano en su vientre.

No era un secreto, ni mucho menos un dato que pocos conocían, pero Ace había sido el hijo del famoso Gold D. Roger y todo el mundo supo cómo termino. Al nacer bajo la sombra de un padre que comenzó una revolución le trajo la muerte, y aunque logró escapar, no dudo en sacrificarse por su hermano menor. Temía por los hijos de Luffy, al igual que los hijos de Robín, Zoro, Sanji y el resto de su tripulación.

Se tallo los ojos para que los malos pensamientos no invadieran por completo su pensamiento, y a pesar de no quererlo una lágrima se deslizo por su mejilla. No supo si Luffy la había causado, o si el recuerdo de su madre broto sin permiso, pero de un momento a otro las lágrimas salieron sin control. Sus manos permanecieron apretando sus ojos, e intentaba recobrar la compostura antes de que alguien la viese llorar.

Tardo casi diez minutos tirada en el piso llorando sin razón alguna, y otros cinco para decidir salir del lugar en busca de cualquiera que le otorgara un minuto de su tiempo. Pero las cosas no fueron como ella planeo, al salir del lugar noto que la mayoría de la tripulación hacia limpieza excesiva, y no le quede de otro que huir hacia la biblioteca.

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Law la encontró dormida con un libro sobre su pecho, su posición incómoda parecía no ser un problema, y la bandeja de galletas a medio comer era un indicio que no tenía tanto tiempo dormida. Sin muchos ánimos levanto las galletas y las puso en la mesita cerca del sofá, para después tomar el libro y poner lo en el mismo lugar, aunque fue tal su sorpresa al el que no era el manuscrito que hayo en Arabasta, sino otro con un tema demasiado incómodo para él.

-"¿Maternidad?"- dijo un poco alto, cosa que causo que Nami despertara.

-"Law"- dijo soñolienta seguido de un bostezo.

Ella se estiro cual gato en el sillón, y dejo que varios huesos tronaran a causa de aquel acto, y su mala posición. Sus ojos chocolate viajaron hacia el libro que había leía hace una media hora antes de quedarse dormida; sus mejillas se pintaron de un lindo tono rosado, y aunque sus labios se abrieron no pudo decir palabra.

-"Buena lectura"- dijo el moreno dejando el libro en la mesa.

-"Este…. Yo…."- balbuceo sentándose correctamente en el sillón.

-"No me mal entiendas, pero creo que a pesar de que comenzamos a tener relaciones no deberías de presionar las cosas"-.

-"No… yo…. Es que…. Ahhhhhhhhh"- Nami se pasó las manos por el pelo por no poder decir nada.

Law rio sentándose en un sillón frente a ella, haciendo que el rostro de Nami ya pintado de rosa, estallara en carmín que opacaría a cualquier rosa de invierno. Ella temblaba mientras se intentaba peinar el pelo desesperadamente en una transa, sus labios se abrían y cerraban buscando las palabras adecuadas para aclarar ese malentendido.

-"¿Entonces?"- dijo Trafalgar al parar de reír.

-"Yo…."- suspiro profundo para tranquilizarse un poco –"he leído ese libro, no por las razones obvias"- sus manos aún seguían jugueteando con su melena –"debes de saber que Robín va ser madre, y cuando me encuentre con ella quisiera ser de ayuda, y claro también para Rebeca"-.

-"Así que lees para ser una buena niñera"-.

-"Si lo dices así se oye muy feo"- se quejó la navegante –"pero sí, estoy tratando de ser de ayuda para mis dos amigas"-.

-"Serás de ayuda te lo puedo asegurar"- Law se puso de pie extendiéndole la mano –"pero creo que no es momento de pensar en eso, mejor vallamos a dormir un poco"-.

Nami tomo su mano y se puso de pie sin problema, pero aun así no la soltó, cerro el espacio entre ellos, con solo dos pasos, y beso su mejilla, para después apartarse con un leve empujón; salió con su típico meneo de caderas de la biblioteca, despeinado su trenza aun sin terminar.

-"Dios esa mujer"- agacho la cabeza y negó un par de veces antes de seguirla por el pasillo.

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Ella simplemente no se resistió a tomar una foto de su amante en tal estado, y no por el hecho de un chantaje futuro, sino por la simple razón de que lo quería recordar de esa manera. Dormido, con su respiración pausada y lenta, con su boca media abierta, y sus brazos extendidos por la cama; con la sabana apenas cubriéndole su virilidad aun despierta, y su pelo negro como la noche despeinado sobre la almohada. Sin duda esa fotografía seria su mayor consuelo ahora que ella se fuera del Polar Tang, y a pesar que eso la ponía feliz, ya que vería a sus nakamas, también la ponía algo triste por ya no ver a sus "sádicos piratas Hearts" y sobre todo a su capitán.

El apenas se movió al sentir el flash y el ruido de la cámara; Nami espero paciente a que la foto fuese revelada para después ocultarla entre el cajón de sus ropas, y regresar la cámara robada a su lugar. Ya era hora de regresar a la cama junto con él; acomodo las cobijas y se acurruco lo más cerca de Law para recibir calor extra, las noches por extraño que sonase se habían vuelto más frías de lo normar.

La razón del porque la temperatura bajaba considerablemente en la noche, y por qué en el día el Polar Tang no se volvía una lata de atún caliente, era simple, o si lo había explicado Trafalgar D. Walter Law, según el capitán de la nave había explicado que al utilizar en apenas cuarenta y cinco por ciento de su energía para navegar, y proveerlos de una luz no dañina, garantizaba que no se calentarían en exceso las maquinas. Eso claro sin contar que había destinado una batería para el consumo de electricidad de lo que era el sistema de ventilación de la nave; cosa que rara vez hacían ya que subían a la superficie cada tercer día, o cada que Bepo lo necesitase.

-"Law"- dijo la navegante al ver el reloj en el buro.

Eran las cuatro menos quince, y a pesar de que el sueño se había ido pacíficamente, sus necesidades primarias habían brotado al ver la tienda, que se formó en la entrepierna de su amante. Lo movió un poco esperando respuesta, y aunque la obtuvo no fue realmente de su agrado; el simplemente la abrazo, para poder seguir durmiendo y que ella no interviniera en el acto.

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Tres días fueron los que tardaron en salir de las aguas llenas de naufragios del Impel Down, que a pesar de no tener un ecosistema marítimo muy basto, la cantidad de depredadores acuáticos que se podían ver atreves de las ventanas era ridícula. Más de un cardumen de tiburones de tres especies custodiaban las coladeras, donde más de un reo se fugaba, y encontraba una muerte segura. Huesos, ropa, prótesis, y varios artilugios usados por los presos adornaban el lecho marino de la terrible isla.

-"¿Si van a ser comida de pescado no sería mejor quedarse ahí?"- la navegante de cabello rojizo soltó la pregunta al aire, sin apartar la vista de su lectura.

-"Ese lugar me da escalofríos"- admitió Bepo recostado en el piso.

-"Tal vez un viejo amigo siga ahí"- Nami susurro cambiando de página y reacomodándose en la panza del oso.

-"¿Acaso no salió cuando fue la gran huida?"- el mink pareció interesarse en el tema.

-"Creo que no"- suspiro –"solo sé que les ayudo a salir ilesos, a Luffy y a los demás"-.

La charla fue dada por terminada, el día estaba más que aburrido, y eso era a nivel de todos los tripulantes: se les podía ver con un aura de fastidio que alertaba que a cualquier rose habría problemas. Por eso muchos, estaban encerrados en sus respectivos camarotes, o haciendo ejercicio, o ya muy probablemente disecando sapos en la enfermería.

Bepo se había tirado en la biblioteca en busca de paz interior, después de una leve pelea con Shachi por el menú de esa tarde, aunque su deseo de estar solo no fue cumplido por una caprichosa pelirroja, que en ese momento lo usaba como almohada.

-"¿Y cómo va tu muñeca?"- el oso trato de hacer platica mientras llegaba la hora de comer.

-"Bien, ya no tengo comezón"- Nami no parecía estar muy vivas como de costumbre.

La pelirroja había tenido un mal día, o eso ella quería dar a notar, si bien todo comenzó bien, el hecho de que no le dejaran llamar a Robín para saber cómo iba todo, desato su mal humor por el resto de la tarde. Así que estaba ignorando olímpicamente a su querido cirujano de la muerte, en modo de venganza.

-"Bepo puedo mostrarte algo"- la pelirroja bajo el libro y tomo una libreta con su nombre grabado.

-"Si"- el oso se incorporó para sentarse a su lado.

-"Mira esto"- saco un dibujo muy bien echo de una mujer con un lunar debajo del ojo –"¿a quién se te parece?"-.

El mink se quedó mirando por un largo rato el dibujo, después tomo la hoja para mirarlo más de cerca. Su pata instintivamente se fue a su barbilla y sus ojos viajaban de Nami al dibujo, del dibujo a Nami.

-"Es obvio que eres tú"- dijo después de unos largos minutos –"solo que con un lunar aquí"- dijo señalando el lugar en su propia cara.

-"¿Y este?"- saco otro dibujo y se lo paso.

-"No te ofendas Nami-san, pero aunque me encantan estos estilos, no creo que se te vería bien el lunar a ti"- Bepo le regreso la primera hoja para dedicarse e ver la segunda.

-"Es claro que no soy yo"- renegó la mujer regresando su dibujo a la carpeta.

-"Claro que si"- dijo Bepo –"la misma nariz"- señalo con su garra –"la misma boca, las mismas orejas, los mismos ojos aunque difieran en color"-.

-"Son las mujeres de mis pesadillas"- confeso desviando la mirada de nuevo al océano.

-"Oh"- el mink simplemente le regreso el segundo dibujo.

-"En estos días las he vuelto a soñar"- Nami pego sus rodillas a su pecho –"claro no me he despertado gritando y llorando, pero si cada vez que las veo, sobre todo a la última, siento un vacío en mi"-.

-"No soy un psicóloga Nami-san, ni tampoco conozco a tu hermana, ni a tu madre"- dijo rascándose la cabeza –"pero si me hubieses mostrado eso, sin saber yo que tu madre no es tu madre, y tu hermana, no lo es, diría yo que esos retratos son ellas"-.

-"Lo dudo, mi progenitora me abandono en medio de una batalla, yo no tenía ni siquiera tres meses de haber nacido, así que no sé cómo era su cara"- sus manos instintivamente se fueron a sus oídos –"Genzo me conto todo el día que mi madre murió"-.

-"Te lo repito Nami-san, no soy psicólogo, pero sí sé que la mente es poderosa, y puede que tengas esas pesadillas, por el simple hecho que has recordado a la mujer que te dio la vida"-.

-"Puede ser"- susurro la pelirroja, relajándose un poco –"¿pero explica esto?"-.

De su carpeta fue sacando varios dibujos más, uno tras otro, haciendo una pila de por lo menos diez dibujos, incluyendo los que le había mostrado a Bepo. Cada uno con una mujer, que en teoría era diferente, aunque los mismos rasgos prevalecían. Las diferencias eran tan poco notorias, que si se las borraban o corregían, todas formaban un rosto en común.

-"Dios Nami-san"- el oso miraba con algo de terror los dibujos.

-"Puede que tengas razón, que he recordado a mi madre biológica"- dijo señalando sus dibujos –"¿pero y las otras nueve?"-.

-"¿Desde cuándo comenzó esto?"-.

Nami se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro frente al pobre de Bepo que estaba consternado. Ella sin duda recordaba el día, la hora, y el motivo por los cuales esas pesadillas habían violado su privacidad, hundiéndose en los más profundo de su ser, causándole terror el simple rostro de una mujer promedio con cierto parecido a sí misma.

-"Después del encuentro con la marina"- confeso –"¿Crees que ese Rómulo haya tenido algo que ver?-.

-"No"- Bepo dejo los dibujos en el piso –"el salto al mar después de apuñalarte, y creo que es Remus"-.

-"Tubo la oportunidad de matarme y la dejó ir"- la navegante aun no detenía su peregrinaje.

-"Tal vez no quiera matarte ¿qué tal si solo buscaba hacerte sufrir un rato?"-.

Nami miro su brazo, y una idea tan loca como su capitán surgió ¿qué tal si la culpable de todo fuese la arropera? Si tuviese un veneno, o una sustancia que la hiciera alucinar para perder los cabales y terminar entregándose por cuenta propia a los marines. Sonaba estúpido, ella lo sabía, pero no tenía mucho que perder.

Sin pedir opinión, ni decir agua va, la fuerte navegante de cabellos rojizos, tomo a Bepo del cuello de su mono, y lo saco arrastrando de la biblioteca. El pobre oso no tuvo remedio que intentar inútilmente ponerse de pie, y agradeció ampliamente que la fuerza de la chica solo hubiera durado unos cuantos metros, para reincorporarse y acomodarse su uniforme.

-"Sígueme"- ordeno la mujer sacudiendo sus brazos por el esfuerzo.

No se dijo más, aquel par se apresuró al gimnasio con algo de prisa, no respondieron a los saludos, ni a las preguntas por su apuro, simplemente se concentraron en llegar, esperando que nadie estuviese dentro.

-"Nami-ya"- Law saludo a su mujer cuando esta entro a la sala –"Bepo"-.

-"Law"- dijo la pelirroja molesta-"¿Qué haces aquí?"-.

-"Limpiando a Kikoku"- dijo apuntándola con su espada.

-"¿La arropera donde esta?"- pregunto Bepo sin pasar al gimnasio.

-"Aquí"- dijo la pelirroja.

Nami pasó sin prestar atención a Law, que seguía atento a su propia espada, ella se entretendría con otra. Busco con la vista la desgastada funda de la marina, estante por estante, y la encontró en los primeros lugares, ya que era una espada bastante pequeña.

-"Bepo"- el moreno alzo una ceja, y el oso comprendió de inmediato.

-"Nami quiere saber si la espada tenía algún tipo de toxina alucinógena, o venenosa, que causara sus pesadillas"- canto jugueteando con las manos.

-"La analice después del incidente"- confeso el capitán regresando su atención a Kikoku –"no tenía nada"-.

-"Puede que no haya revisado bien, si mal no recuerdo Usopp y Chopper pueden hacer venenos casi indetectables"-.

-"¿Se queja de mi profesionalismo Nami-ya?"- Law detuvo la limpieza de su nodachi –"si bien en este momento está molesta, no me tache de incompetente en mi área, la espada no tiene nada"- repitió –"las alucinaciones son normales después de un evento traumático, sobre todo cuando está apunto de la muerte lo único que hizo fue ver su reflejo en el mango de la espada"-.

-"¿Así que ahora es mi culpa, por ver mi reflejo?"- puso las manos en su cintura.

-"Solo digo que su mente pudo alterar su propio rostro"- explico –"si se mira en el mango de la espada, vera como un diamante queda debajo de su ojo, como otros quedan al par con ellos, o distorsionan la boca, haciéndola más ancha o más carnosa"- enfundo su fiel Kikoku y se puso de pie –"o ha comenzado a recuperar los recuerdos de su madre biológica"-.

-"Ella me abandono cuando solo era una bebe"- Nami tomo la espada y se encamino a la salida –"no creo poder recordar a una mujer que deja a su propia hija en un infierno para salvarse a sí misma"-.

La navegante salió de ahí echando chispas, refunfuñando y matando con la mirada a quien se le atravesara. Bepo en cambio se quedó de pie en la puerta sin saber, si ir tas ella o pedir una explicación a su capitán, del porque había mentido sobre el análisis de la arropera.

-"No debió de ser tan cruel con ella, ni tampoco mentirle"- dijo el mink después de unos largos segundos.

-"No fui cruel, fui razonable, no le hace nada bien preocuparse por algo sin sentido"- respondió el capitán sacándose su sombrero –"la espada estaba libre de cualquier sustancia nociva para ella, las alucinaciones son por el hecho de que su subconsciente comenzó a enviar la imagen de su madre biológica a sus sueños"-.

-"¿Y cómo lo sabe?"- Bepo apenas se movió para darle el paso.

-"Cuando termines de leerla a solas, me la regresas"-.

En su pata peluda, y blanca una hoja doblada con manchas de sangre tenía varias respuestas a lo que sucedía con Nami. Vio que su capitán se retiró para dejarlo solo, así que poco a poco fue desdoblando el papel para encontrarse con cinco renglones que cambiarían la forma en la que ve a su querida Nami-san.

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¡SUSPENSO!

¿QUÉ PASARA CON NAMI?

¿QUÉ DIRA LA HOJA?

¿QUIÉN SERAN ESAS MUJERES?

¿HABRA ESCENAS SUBIDAS DE TONO EN EL SIGUIENTE CAPITULO?

Ni yo lo se así que sigan leyendo esta historia que aún no llega a su fin, pero está en la curva final.

(Si leyeron esas preguntas con voz de doblaje de telenovela se ganaran proponerme un tema para mi siguiente fic, o un triángulo amoroso, no sé ustedes digan)

GRACIAS POR LEER!