Capitulo XX
Isla Yue
(Hace 22 años aproximadamente)
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Sus ojos chocolates estaban fijos en el mar, contemplando las grandes ballenas que jugueteaban a lo lejos; el sonido de los pájaros la hacía voltear en su dirección, cada que oía un graznido diferente que los anteriores, y sus ropas se levantaban cada que una ola rompía en la playa. Unas manos delgadas y blancas la sujetaban con dulzura, mientras le cantaban una dulce nana, para que por fin durmiese un poco.
-"Tsuna"- bostezo la mujer con él bebé en los brazos.
-"Nana"- dijo un hombre castaño a las espaldas de la mujer.
-"La bebe no quiere dormir"- se quejó reacomodando a su hija para que dejase de ver el mar –"es una niña demasiado imperativa"-.
-"Se llama Nanami"- dijo su marido –"al igual que tú, así que deja de llamarla bebé"- dijo con una enorme sonrisa.
-"En mi isla eso es de mala suerte"-.
-"¿Qué ponerle el nombre de su madre?"- Tsuna dejo sus tareas para ver mejor a su esposa.
Era hermosa, de un cabello rizado color de atardecer, con ojos que reflejaban un día soleado y un día nublado, su piel era tan blanca que podía confundirse con alguna estatua de mármol, y su voz era el vil canto de las sirenas que podían arrastras a cualquiera a su perdición.
-"No"- dijo Nanami jugando con su hija –"ponerle un nombre antes de lo debido"- agrego –"eso según los ancianos puede traer desgracia a las islas"-.
-"Es estúpido"- dijo Tsuna regresando a su labor.
-"¡No es estúpido niño tonto!"- una anciana de melena plateada llego en el preciso momento, para azotarle el bastón a su nieto en ley –"es una tradición que nosotras como protectoras de las islas seamos nombradas hasta después de los tres meses"-.
-"Abuela Nai"- se quejó la reciente madre en un tono bajo para no despertar a su hija que apenas se había quedado dormida.
-"Aun no entiendo Nana cómo pudiste escoger un hombre tan incompetente"- la vieja siguió su camino hasta estar en frente de su nieta –"aunque debo de admitir que tiene buena tinta"- sus manos arrugadas acariciaban la tersa piel de la pequeña bebé –"idéntica a mi abuela, hasta en los ojos"-.
-"Sus ojos son como los míos"- se quejó el joven –"cafés, como la dulce tierra fértil de mi ciudad natal"-.
-"¿Cafés?"- la anciana lo miro dudosa –"Tus ojos son como el fango que acaban de pisar mis sandalias, es obvio que la niña tiene ojos chocolate como yo, y como mi abuela"-.
Nanami los miro cansada, era un riña de nunca acabar, entre su quería abuela y su querido esposo las cosas no eran muy amigables. Por eso Nai aprovechaba cualquier cosa para provocar la ira de Tsuna, y después quejarse de que era un rufián sin corazón, y un hombre cruel con las viejas cansadas de ayudar al prójimo; aunque el único o la única, rufián era la abuela Nai que se aprovechaba de su vejez para sacar provecho de cualquiera que se dejara. Su pequeña niña se movió incomoda ante el escándalo, y sin hacer ni un solo ruido, se alejó del alegato que sus dos seres amados estaban causando; camino hasta la orilla del mar, dejo que sus pies se mojaran, y que su vestido fuese y viniese a voluntad del viento.
El Calm Belt era uno de los lugares más pacíficos de todo el mundo, ni una sola corriente de aire en el océano, ni para empujar un barco de papel, aunque en sus islas eran otro tema. Cada una con su propio norte y sur, sus corrientes de aire, sus climas inclementes, y sus peligros mortales.
-"Existen islas que pueden producir más de seis tipos de climas en un solo día"- Nanami platicaba con su hija ya dormida –"hoy es un día calmo, solo ha llovido en la mañana"-.
-"Lloverá en un par de horas"- interrumpió Nai como de costumbre –"no seas boba hija, el que seas una mujer fuerte no tiene nada que ver que andes de un lado a otro como si no hubieses parido hace tan solo un mes"- su voz había perdido su vivacidad –"debes de estar en cama, como cualquier mujer, las consecuencias de no procurarse pueden ser demasiado riesgosas para ti"-.
-"Solo son mitos abuela"- Nana jugueteaba con la arena suelta a causa de las diminutas olas que llegaban a la orilla –"mi madre murió cuando yo aún estaba en su vientre, no fue por un descuido en la dieta"-.
Nai le acomodo un mechón de pelo tras la oreja, así como en los viejos tiempos como cuando era pequeña y preguntaba por su difunta madre. La abuela Nai siempre estaba ahí, con su sonrisa melancólica, y sus miles de túnicas blancas, regalando bastonazos y consejos a las personas que a veces no los pedían.
-"Llegaron antes"- Tsuna las alcanzo luciendo tres chichones en la cabeza.
A lo lejos un navío de la marina se encontraba en alto total, para que así los infantes pudiesen hacer descender un par de botes con varias personas dentro; tres botes en total, con unos cuantos marines, y unas personas vestidas de civil. Se suponía que llegarían dentro de unas cuantas semanas, pero al parecer, tenían prisa de llegar a la isla.
-"Escóndete muchacho"- la abuela Nai golpeo la arena con su bastón –"si te encuentran no solo iras a prisión, sino que dejaran a mi nieta sin padre"-.
Tsuna beso la cabeza plateada de su abuela en ley, para después besar como se debía a su querida mujer y a su pequeña hija. Con una sonrisa nerviosa se despidió de las tres mujeres y salió corriendo.
-"Es un amor"- Nanami sonrió enamorada.
-"Te has casado demasiado joven"- Nai miraba con rencor a los marines –"con tan solo dieciséis años no sabes nada del amor, niña tonta, aparte de romper un pacto nupcial, te has casado con un delincuente buscado por la marina"- la vieja le dio la espalda al mar lista para irse –"espero que esa hija tuya no sea una malandrín como su padre, y aprenda a ser una mujer de bien como lo hemos hecho nosotras desde los inicios de esta isla"-.
-"No abuela, ni como el, ni como yo, ella será única"-.
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Su pelo estaba atado en una coleta alta, alejando barios mechones de su rostro, su vestido verde estaba adornado con un simple corsé negro que acentuaba bien sus encantos, llevaba un chal color gris tapando su espalda, y zapatillas cómodas. Su día como otros más, había comenzado desde temprano: amamanto a su hija, preparo el desayuno para su familia, y había comenzado a ayudar a los marines para sacar un mapa de la isla. Aunque eso ultimo era más de a fuerzas que dé a ganas.
-"Señorita"- dijo una mujer de pelo azul y lentes de fondo de botella –"a ver si puedo entender"- iba anotando cada cosa que escuchaba en una libreta gruesa -"¿no todas las islas tienen templo?"-.
-"No"- dijo Nanami caminando de un lugar a otro –"las islas consagradas a nuestra diosa Lunar son habitadas por hombres y mujeres que vienen de otras islas, solo en Yue pueden habitar las personas que se consideran dignas, o con derecho de nacimiento"-.
-"¿Entonces si yo tuviese un hijo en este lugar, él puede vivir aquí?"-.
-"No"- repitió la pelirroja –"necesitarías que el hijo que tu pudieses parir fuera de uno de los hombres de la isla"- explico.
Kagome se ajustó sus lentes y siguió escribiendo, era una mujer bonita, y realmente lista, la habían reclutado los marines para incrementar los libros de las bibliotecas de los DRAGONES CELESTIALES; era una historiadora, que intentaba escribir la historia desconocida del Calm Belt. Tenía viajando con la marina medio año, escribiendo sobre todo tipos de islas, para los reyes del mundo, junto a su pequeña hija Nojiko.
-"Ya veo, ya veo"- su lápiz jamás se detenía, a pesar de que ya no estuviera mirando la libreta.
Hacía casi dos años que la primera embarcación de la marina había llegado a sus aguas con bandera de paz y con un embajador de los Dragones Celestiales; el lugar fue de su agrado que paso medio año viviendo ahí al modo de un nativo, pero sin quitarse su típico traje que evitaba ser considerado normal. Fue ahí cuando se dio cuenta que su estirpe conocía poco de sus terrenos en el Calm Belt y sin pedir opinión comenzó a buscas a los que fuesen capases de hacer un libro para cada isla.
-"El templo lo maneja la mujer más antigua de la isla"- Nanami tomo asiento en una silla al lado de su compañera –"en este caso es mi tatarabuela Nai"- abrió uno de los libros y le mostro una página es especial –"para que la "voz" funcione solo aquella que lleve la sangre de Nai puede intervenir, el día que ella falte seré yo o mi descendencia"-.
-"En este caso"- dijo Kagome dejando de escribir –"creo que no mencionare la famosa Voz del Mar, ya que no tengo permitido verla, ni hablar del tema, así que dime ¿aparte de ustedes quienes son las familias más importantes de las isla?"-.
-"Moon"- dijo Nai a sus espaldas haciéndolas saltar del susto.
La anciana tenía la mala costumbre no solo de interrumpir, sino sacar unos sustos de muerte, que a más de uno habían llevado al matasanos. La gente no se explicaba el como una vieja de tal edad podía moverse por las calles sin hacer ni un ruido, y el como tal mujer podía ser tan desconsiderada con su propio pueblo. Por suerte era bien querida por todos, y respetada, solo ella podía leer las inclemencias del cielo y pronosticar la buena dicha e las islas.
-"¿Moon?"- dijo la chica de pelo azul ajustándose los lentes.
-"Una familia de adinerados, con la cual pensaba casar a mi única nieta"- dijo la anciana entrando a la sala –"son de dinero, y los que gobiernan las islas, son como nuestros reyes"-.
-"Pero nadie los quiere"- agrego Nana siguiendo su lectura.
-"¿Y eso qué?"- la vieja lucia molesta –"el joven que yo esperaba fuese el padre de tus hijos, pudo haber sido un buen partido"- su bastón no dejaba de golpear el piso.
-"Soy mucho mayor que el abuela, y además, mi unión con Tsuna fue bendecida por la misma deidad de la isla"-.
-"¿Hablas con los dioses?"- la historiadora se sorprendió ante la plática, no tan privada de las dos nativas.
-"Niña tonta"- Nai decía esa frase a diestra y siniestra –"está más que claro que los dioses no existen"- la vieja se dejó caer en un sillón que estaba cerca –"nuestra deidad la luna"- su bastón señalo el cielo –"es lo más cercano a un dios de verdad, y esta nos manda sus bendiciones por medio de las ballenas Ying"-.
Nana sonrió divertida, su abuela por fin podría participar en esa loca cruzada que los dueños del mundo querían implementar; sus historias disparatadas sobre lo grande que era la diosa Yue por fin quedarían plasmadas para la posteridad.
-"Voy a ver a las niñas"- dijo la pelirroja en un susurro que nadie oyó.
-"Cada que nace una ballena Ying en una manada de Yang se considera una bendición o un permiso otorgado por Yue la diosa de la luna"- la sacerdotisa fijo sus ojos en su raro bastón y siguió hablando –"cuando mi nieta pidió romper el compromiso con aquel niño, del cenote sagrado salió una cría Ying que le permitió contraer nupcias con un imbécil"- eso ultimo lo grito –"así que hemos caído de la gracia de los ricos de las islas, por la idiotez de mi querida nieta"-.
-"Pero el amor es el amor"- dijo Kagome deteniendo su escritura –"además ahora tiene una nueva nieta"-.
-"Si de eso no puedo renegar, es muy bonita mi pequeña nieta"- la abuela cero los ojos y suspiro –"pero hubiese querido que mi hija pariera un niño, para que nosotras ya descansemos en paz, y la voz del mar vuelva al agua donde pertenece"-.
La anciana se quedó mirando fijamente su bastón tan peculiar, a simple vista podía ser confundido con una espada, por el mango tan extraño que portaba, pero al ver el resto, que era de madera y poseía uno que otro hoyuelo que permitía ver atreves de él, uno daba por sentado que el bastón era inofensivo, claro antes de que Nai los golpease en la cabeza.
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Su paseo por la playa había sido perfecto, de hecho esos días habían sido demasiados perfectos; la marina se había marchado, y un buque había llegado a sus costas con mil y un artilugios que muchos en la isla no conocían. El cómo gran experto había explicado el uso de muchos, he inventado la función para otros, después de todo tenía casi dos años de no ponerse al corriente con nueva tecnología que podía robar.
-"Saliste de tu agujero rata"- dijo un joven de no más de catorce años, con una mirada tan azul que el mismo mar sentiría envidia.
-"Oh señorito Moon"- Tsuna intento no sonar pedante, no quería problemas, llevaba a su hija en brazos –"es un placer, y un agasajo a la vista tenerlo de vuelta en Yue"-.
-"Es mi isla son mis tierras"- dijo jugando con un palo de buen tamaño.
-"De eso no hay duda"- el castaño le reverencio como era de costumbre antes de seguir su camino.
Mini Nana estaba inquieta, se remolineaba como pez fuera del agua, tal vez tenía hambre, o solo necesitaba los brazos de su madre. Tsuna debía apresurarse si no quería que la pequeña llorara, pues había descubierto que cuando comenzaba a llorar, no había poder humano que la parase.
-"Dicen que tu engendro es la viva imagen de Namie"- el joven dijo con descaro –"inclusive los ancianos dicen que ella seguirá los pasos de Nai si esta por fin se muere"-.
-"No sé qué es un engendro"- el padre primerizo suprimió las ganas de golpear al chiquillo –"pero mi hija es hermosa"- agrego.
-"Déjame verla"- dijo el niño lanzando su palo lejos de el –"déjame verla Tsunayoshi te lo ordeno"-.
El pobre padre no tuvo opción, una orden dada por alguien con el apellido Moon era algo que se debía hacer, aunque realmente no quisiera. Sin muchas ganas se giró y destapo el rostro redondo de su hija. Sus ojitos estaban acuosos y sus mejillas rosadas, su cabecita llena de pelo rojizo estaba despeinado por la manta que le cubría.
-"Déjame cargarla"- dijo el chico –"es de buena suerte que el jefe de la isla cargue a los bebes"-.
-"No"- una voz angelical interrumpió el momento.
El heredero de la dinastía Moon no era mucho de fiar, era un joven malcriado que siempre obtenía todo por el respaldo de su simple casa; joyas, oro, mujeres, y playas estaban a su disposición cuando él quisiera. Todo tenía menos a ella. A la sacerdotisa del templo de Yue, a la mujer de rizos de fuego, la chica con el clima en sus ojos, a la dulce, dulce Nanami.
-"¿No?"- el futuro heredero se irguió prepotente.
-"Es hora de que le de pecho"- se excusó la mujer antes de besar la mejilla de su hombre –"es de mala educación que un caballero que no es mi esposo mire tal acto tan sagrado"-.
-"No pensaba mirar"- el chico explico –"solo tomar a la que sería después de todo la última de la dinastía Na"-.
-"¿Porque el termino señorito Moon?"- Tsuna pregunto pasándole a su hija a su mujer.
-"Está claro que cuando un lazo nupcial se rompe, la siguiente generación toma su lugar"- dijo fijando sus ojos azules a la pequeña niña –"y en mi familia todos los vástagos son barones"-.
El joven hizo una reverencia en modo de despedida, y como vino se fue, en silencio total por el camino de piedra que llevaba directo a su gran casa en una de las colinas. La pareja suspiro aliviada, ya no les molestaría otra vez.
-"Tardaste mucho"- dijo el castaño comenzando a caminar.
-"Los marines solo duraron una semana"- dijo la pelirroja –"pero estos forasteros no me dan buena espina, se han alojado todos en las playas cercanas a su navío"- su mirada se fue al cielo intentando leer las nubes –"por lo menos antes con los marines podíamos sentirnos seguros, pero ahora que se han ido no me siento capaz de seguir ayudando a la señorita Kagome con el manuscrito"-.
-"Supersticiones tuyas cariño"- Tsuna pego su frente con la de ella –"tu sigue con tu labor, aquellos neandertales nunca sabrán del tesoro que ofrece esta paradisiaca isla"-.
Pero alguien si los oyó, alguien fuera del círculo de los elegidos los había oído, y estaba ansioso de ver aquel tesoro.
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Se había cumplido un año desde que Yue la madre de todo lo puro, y todo lo negro había bendecido la unión de la joven sacerdotisa Nanami, con el ladrón de guante blanco Tsunayoshi, y era hora de devolver a la pequeña, pero no tan pequeña ballena Ying al agua como dictaba la tradición. Todos y cada uno de los habitantes de la isla vestía de blanco con algún detalle negó, para los adultos, y un detalle dorado para los niños.
Se podía ver a Kagome con su hija siguiendo aquella tradición que tal vez jamás volverían a ver, y a la abuela Nai bendiciendo el camino por donde pasaba la enorme ballena. Los niños jugaban a las orillas del mar, mientras que los chicos más grandes nadaban en las aguas poco profundas; inclusive los forasteros fueron invitados a unirse a tal evento religioso, que para muchos era realmente magnifico.
-"Señorita Nanami esto es tan hermoso"- dijo la mujer de pelo azul con su hija entre los brazos –"ni con sus dibujos yo pude imaginarme tal rito"-.
-"Es solo una tradición de gente isleña"- la pelirroja lanzaba flores al camino para despedir al enorme mamífero.
-"Aun así es hermoso"- imito lo que hacía su compañera y le mostro a su hija como –"¿pero no entiendo porque la llaman ballena ying si son simples orcas?"- le pregunta salió en un tono bajo, para que solo la sacerdotisa oyera.
-"Cuando la luna lucho en el agua con ella misma, por equivocación tocaron un pez"- dijo agachando la cabeza en señal de respeto al animal que pasaba enfrente –"este creció grande y fuerte, dominado por la oscura mascara de Yue"- su voz era suave y casi no se oía por los tambores –"fue asesinando a diestra y siniestra a cualquiera que se le pusiera en frente"-.
-"Mami"- dijo Nojiko lanzando flores.
-"Yue se sintió triste al ver que sus bellas creaciones eran matadas por el error de querer convertirse en un ser puro"- Nana beso su mano para después tocar a la orca –"así que la maldijo para que tuviera que tomar aire y llevaría el recordatorio de su inútil lucha por separarse de su lado oscuro"-.
-"El Ying y el Yang"- dijo Kagome en apenas un susurro.
-"Cuando nace una ballena en su totalidad blanca, se dice que su madre le perdonó la vida a una presa, por eso le mando una cría pura"-.
La pequeña niña comenzó a llorar, y no le quedo de otra a Nanami que salirse del ritual para calmar un poco a su hija, que lloraba con tal enjundia, que podía espantar a la manada de ballenas que estaba a lo lejos. Tsuna la siguió de cerca, en esa semana y media había comprendido la intranquilidad de su mujer por los forasteros.
-"¿Estas bien amor?"- dijo el castaño cuando estuvo a su lado.
-"Si, solo me falta algo de sueño"- bostezo.
No se alejaron mucho, solo lo suficiente para que el ruido de los tambores no ensordeciera a la pequeña nena que intentaba dormir la siesta de la tarde. Ella le hablaba con dulzura sin importar que no entendía aun las cosas, mientras su marido intentaba dejar en claro que aún no cumplía ni siquiera el tiempo de vida reglamentado para recibir un nombre.
Un disparo se escuchó por toda la isla.
Tsuna se puso a la defensiva abrazando a sus dos amores en busca del tirador, pero a pesar de mirar los árboles y los riscos no vio nada, no hasta que se giró hacia la procesión. Habían matado a la ballena que estaban regresando al mar.
-"Corre"- dijo Tsuna sacando una pistola.
-"¿A dónde?"-.
-"Al templo, nadie sabe bien su ubicación así que vete"- la miro por última vez -"corre"-.
-"¡Nanami!"- una asustada Kagome corría hacia ellos con su hija aun en brazos.
-"La llevo conmigo"- dijo la pelirroja estirando la mano para hacerle saber a su amiga que la esperaba.
Tsuna le beso antes de que la peliazul llegara con ellos, tal vez sería su último beso, o solo el primero antes de la batalla. Le susurro un "te amo" más un par de cosas más para que se tranquilizara.
-"Iremos al templo vida mía"- dijo Nana sujetando la mano de su amiga –"por favor no tardes"-.
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La noche cayo en la isla manchada de sangre, los cadáveres se apilaban en hogueras que se extendían varios metros hacia arriba. Los pocos que sobrevivieron estaban siendo torturados, y todo por nada. Habían matado a Nai que era una de las pocas que sabía dónde estaba el templo y el tesoro de la isla.
-"¿La anciana?"- dijo uno de los bandidos después de darle el tiro de gracia a su rehén.
-"Si, si la anciana sabia, también la chica de los lentes, y la sacerdotisa del pelo rojo"-.
-"¿Según cuando vendrían por la mujer de los lentes la marina?"- el bandido había sacado una espada del fuego para seguir torturando a sus presas.
-"Hoy, se suponía que hoy"- el chico cantaba cual ave en primavera.
Aun así eso no lo salvo, aquel hombre salvaje con la espada al rojo vivo lo apuñalo directamente en el corazón. No le servía un soplón en sus filas, ni tampoco un ser tan débil que se orinaba encima cuando la situación se ponía algo riesgosa.
-"¡Quiero que busquen por toda la isla a esas perras y me las traigan hasta aquí!"- grito el bárbaro levantando su espada –"¡también busquen al último del clan de los Moon!"- volvió a gritar ahora enterrando su espada –"quiero a ese bastardo de Remus ante mi"- se tocó el pecho vendado –"pagara por herir al futuro señor de la isla lunar"-.
Todos estallaron rizas, mientras otros gritaban y gemina por piedad, sin saber que sus suplicas eran escuchadas por dos madres escondidas entre la maleza de la selva, sin poder hacer nada.
Las dos mujeres habían recurrido a un método cruel, e inhumano, para que sus hijas no llorasen por unas horas, con hojas de varias flores habían creado un somnífero que duraría por lo menos toda la noche. Pero aun así ellas no tenían ese tiempo, tenían que llegar al templo cuanto antes.
-"Nana"- Kagome temblaba de miedo mientras cuidaba cada paso que daba.
-"Solo unos cuantos metros"- dijo la aludida cortando la maleza con el bastón de la abuela.
La cueva no estaba lejos, de echo era muy fácil de encontrar, claro si se metían al cenote y nadaban por las cuevas que conectaban al templo. Se oía fácil, pero era difícil para dos niñas que no sabían aguantar la respiración, y estaban drogadas.
-"Escondámonos entre la selva, los marines no tardaran en llegar"- la peliazul lloraba sin descanso, no quería morir, no quería que su hija muriese, mucho menos su nueva amiga –"estaremos a salvo unas cuantas horas"-.
-"No, no estaremos bien"- Nanami siguió caminando –"si una de las niñas llora en nuestro fin, necesitamos llegar al templo, necesitamos refugiarnos"-.
A unos metros una luz azul iluminaba el agua clara del cenote, parecía que tenía reflectores en el fondo, su agua era tan cristalina que los peses de colores se miraban perfectamente. Nanami salto al agua sin pensarlo, animando a su amiga que la imitara por el bien de las cuatro.
-"¿Y las niñas? ¿No pueden aguantar la respiración tanto tiempo?"- Kagome entro lentamente al cenote, notando que el agua no era fría.
-"Esto"- dijo la sacerdotisa mostrándole un coral –"creara una burbuja de aire alrededor de las niñas, así que no te preocupes"-.
No tenían muchas opciones, era meterse al agua o esperar a la marina con el riesgo de que los bandidos las encontraran primero. Sin pensarlo dos veces y con la burbuja alrededor de ambas niñas, la madres se sumergieron en el cenote para llegar al templo. Fueron los cuatro minutos más largos de su vida. Pero valieron la pena, aisladas y a salvo pudieron soltarse al llanto.
El cansancio las venció cuando tenían por lo menos media hora de sacar todo el estrés de ellas en forma de llanto, no sintieron cuando la noche se desvaneció para dar paso al sol, ni cuando sus hijas hambrientas despertaron en busca de alimento. Solo cuando los quejidos de la pequeña pelirroja fueron suficientemente fuertes ambas mujeres regresaron en sí.
-"¿Amamantas aun?"- la más joven de las dos madres pregunto con algo de asombro.
-"Si"- respondió acariciando la melena peculiar de su hija –"pensé que era un bastón"-.
-"Nai decía que esto"- tomo la espada por el mango y apunto hacia el cielo –"se armó de un meteorito que cayó a la tierra hace muchos siglos, y que en ella están los recuerdos de las guardianas pasadas"-.
-"Ella no me hablo de eso, a pesar que me conto la mayoría de cosas que se deben de saber de la isla"- Kagome sonrió melancólica –"lo siento Nana"-.
Ella pudo ver como su abuela había muerto al tratar de evitar que los bandidos siguieran disparando a la ballena, también con había visto con rabia y dolor el cómo su marido era fusilado. Quería matar a todos aquellos barbaron que entraron en su isla con promesas nobles y artilugios baratos.
-"Podría decir que no me queda nada"- su blanca mano fue al filo de la arropera y sin pensar lo apretó –"podría decir que estoy bien, que nada ha pasado"- su sangre corrió lentamente por el filo y su muñeca –"pero aún me queda algo, por lo cual vivir, por lo cual luchar"-.
Kagome la miraba espantada, los ojos de Nanami habían perdido ese brillo que la caracterizaba, su piel era más pálida de lo normal, y lo que estaba diciendo, le estaba causando más miedo que los barbaros que había por toda la isla.
-"Quiero que me prometas una cosa Kagome"- Nanami había dejado en el piso la espada y se encontraba mirando su pálida muñeca –"no importa que pase, o lo que me pueda pasar"- como por arte de hechicería en su muñeca se pintó la cola de una serpiente –"tu cuidaras de mi hija"-.
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Nami despertó de su pesadilla, de sus ojos las lágrimas brotaban sin permiso, por suerte sus gafas de sol las ocultaban. Sentía un vacío en el pecho, sus manos temblaban, y las ganas de gritar eran demasiado fuertes para contenerlas.
-"Nami-san"- Bepo la miro desde la barandilla del Polar Tang.
Apenas se puso de pie y se notó el temblor por todo su cuerpo, no podía sostener, no quiera sostenerse, se quería ahogar en su propia llanto. Callo de rodillas y miro sus manos heridas, se había cortado con la estúpida arropera, mientras verificaba que no tuviese ninguna toxina dañina, dándose cuenta que Law tenía razón, no había nada.
-"Shachi trae al capitán"- ordeno el oso al ver a la navegante en el suelo.
Nami miro sus sombra había esto dormida desde que salieron de la superficie, tres horas, tres horas en las que nadie noto que ella sufría mientras algo extraño pasaba por su mente ¿Qué eran? ¿Recuerdos o simples fantasías? Aquel nombre retumbaba en sus oídos, y le causaban escalofríos, las alucinaciones invadían su mente, como si la vida que había vivido no fuese suya, no le perteneciera, y algo más fuerte que ella la arrastrara a esa isla que ni siquiera conocía.
-"Nami-san"- la voz de Bepo se oía muy a lo lejos.
De su escote saco con las manos temblorosas un labial color carmín, su mente se perdió en el momento que le quito la tapa y comenzó a trazar un par de líneas. Las voces de los piratas Hearts se oían a lo lejos, las suplicas para que parara, fueron simples susurros al viento que ella ni siquiera alcanzaba a oír. Ante la mirada atónita de sus nuevos amigos Nami había completado el mapa incompleto que venía con el primer libro.
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Hola
¿Les gusto?
¿Tienen alguna duda?
Bueno, aclarare unas cosas, que pueden no ser tan importante, pero lo son.
Kagome, Nanami, Tsunayoshi, Nai y claro Remus son de mi loca imaginación.
Los nombres tal vez suenen a otros animes o sagas (HP) por el hecho de que tengo la mala costumbre de escribir mientras veo tv.
Otra cosa los nombres que les di no fue solo porque estaba viendo Inuyasha, Kamisama Hajimemashita, Katekyo Hitman Reborn y Harry Potter, sino que tienen significado y un porque.
-Nojiko es el nombre de un pájaro en japonés, y Kagome es ave enjaulada.
-Nanami significa siete mares y Nami ola.
Nai es el diminutivo de ambos nombres.
-Tsuna significa atún, y me inspire en un meme que vi en una pág. de One Piece
Tsuna + Nami = tsunami
Jajajajajajajajajajajaja
ok mal chiste, soy pésima para esto.
-Remus es como la mayoría sabe el profesor hombre lobo del tercer libro de Harry Potter, y sinceramente cuando murió llore mucho; así que este nombre no hay razón, ni porque pude estar aquí, es el simple hecho de que tenga una ligadura con la Luna,
¿y qué mejor nombre que ese?
Como no explican de donde viene Nami, ni Nojiko yo decidí darles el Calm Belt como "hogar" y como no hay un mapa que te diga el nombre de todas las islas (y si lo ahí no lo busque bien) yo decidí sacármela de la manga y hacer una isla llamada Yue.
También estoy poniendo que la edad aprox de Nami en ese tiempo es cerca de los 23 años, para que luego me digas que hago mal las cuentas.
(Que siempre las hago mal)
ASI QUE GRACIAS POR LEER!
