Capitulo XXIII
Ella estaba paralizada en un abrazo que no sabía si era real o un simple sueño, pero sin duda era algo perturbarte; la mujer que se aferraba a ella estaba llorando a mares, y susurraba incoherencias de que era su madre. Su corazón y su mente entraron en guerra, por un lado, quería abrazarla y consolarla, pero por el otro simplemente quería empujarla e irse de inmediato de esa maldita isla.
Sus ojos se abrieron como platos al sentir el escozor de las lágrimas a punto de salir, se puso de pie sin importarle poco aquella mujer. Quería gritarle, decirle mil y una cosas que le partieran el corazón en más de un millón de fragmentos, quería verla llorar de tristeza, no de felicidad como ahora lo hacía, quería hacerla pagar por esos veintitrés años de abandono.
- "Tú no eres mi madre"- dijo apretando los puños con fuerza –"¡mi madre fue un marine que dejo todo por sus hijas!"- grito –"mi madre murió por darnos la vida"- sus ojos sin previo aviso comenzaron a soltar lagrimas gruesas –"tu simplemente me dejaste a mi suerte al sentirte moribunda"-.
Nami se giró y salió corriendo sin mirar atrás, sin ni siquiera notar que sus amigos aún estaban atrapados en aquellos montículos de tierra, ella solo quería salir de ahí lo antes posible para hacer de cuenta que eso nunca sucedió.
-"Lo siento"- Nana dijo antes de deshacer la prisión de los chicos –"cuando la vi solo quería poder abrazarla, y creo que he arruinado las cosas"-.
Nanami se puso de pie y sonrió amable, antes de hacer una pequeña reverencia en forma de disculpa. Sus años en soledad la había hecho un poco paranoica, y el tiempo sin una conversación decente le hacían más difícil comunicarse con los viajeros que por error llegaban a esa isla, eso sin contar que, al dejar de oír voces humanas, los pocos dialectos que sabía se le confundía a tal grado de poder hablar todos a la vez, o no entender ni pio de una simple palabra.
- "No tiene de que disculparse"- Sanji encendió un cigarro y miro con empatía a la pobre mujer –"una dama jamás debe bajar la cabeza, aunque se esté excusando de algo"-.
-"Aun así"- agrego Zoro –"¿Qué fue todo eso?"- exiguo respuesta sin aparta la vista de aquella mujer, y las manos de sus espadas.
-"¡Ah!"- soltó de repente la mujer como si todo se aclarara de repente –"Mi nombre es Nanami y soy la protectora de las siete islas de la luna"- dijo limpiándose el rostro con su caperuza –"de nuevo ofrezco mis disculpas a todos"- de nueva cuenta hizo una reverencia, pero esta vez más pronunciada.
Los chicos la miraron un tanto sorprendidos, ahí frente a ellos la imagen de una Nami solo unos años más madura, se inclinaba con culpa ante ellos. Su melena rojiza apenas era opacada por un grueso mechón de pelo cano, y sus ojos era víctima de un defecto bastante raro; su cuerpo era un poco más menudo, sobre todo en el área del pecho, aunque sus caderas eran realmente amplias. Era mirar en un espejo lo que los años harían con su navegante, y la verdad no estaba tan mal.
-"Señora Nami"- dijo Luffy de repente –"¿Qué son esas marcas?"- pregunto siendo el único que noto unas feas cicatrices en todo lo lago de sus brazos.
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Nami llego sin aliento a la playa, sus piernas le jugaron chueco, y no soportaron su peso tirándola de rodillas en la arena; sus ojos no paraban de gotear y su cuerpo se estremecía como si acabara de recibir una paliza. Estaba teniendo un ataque de pánico. Tenía años que su cuerpo no se estremecía de tal forma que se le olvidaba el simple hecho de respirar, pero ahí estaba, abanicándose el rostro para recibir un poco de aire mientras que todo el mundo estaba atorado en su garganta. Su pálido rostro se puso rojo ante la falta de oxígeno y las lágrimas cada vez salían más grandes, se dobló en busca de alivio hasta ser solo una bola de carne tirada en la arena esperando morir por aquel dolor que la desgarraba por dentro.
-"Respira"- unas manos bronceadas le sujetaron el rostro incrementando el dolor.
Era como si quisieran sacar todos sus órganos vitales por la garganta, todos de un solo tirón, mientras vertían lava por su tráquea y golpeaban su estómago con bates de acero recién sacado de la hoguera.
-"Respira"- volvió a decir y por fin un sonido salió de su garganta.
Fue como un rechinido, un quejido ahogado, que fue creciendo hasta que aquel chillido de ratón se convirtió en un grito cargado de dolor. Sus lágrimas le nublaron la vista, pero eso no impido lanzarse a los brazos de Robín que intentaba menguar su sufrimiento con mimos.
- "Ya, ya"- dijo la morena mientras le acariciaba el pelo –"yo estoy aquí"- susurro.
Franky que estaba a sus espaldas aun con la cuerda del mini Mery en las manos lloraba en silencio, mientras inútilmente intentaba clavar una estaca para amarrar el bote. Culpando mentalmente a las hormonas por volverlo un llorón empedernido.
-"¡Quiero irme!"- lloro la pelirroja pegada al pecho de su amiga –"¡Quiero irme ya!"-.
Usopp se fue de largo, sin ayudarle a Rebeca a bajar para arrodillarse junto a sus compañeras y tratar de tranquilizar a Nami. Ella no lloraba de esa manera desde la vez que estuvieron todos juntos en Kokoyashi, y ella pedía a gritos que le ayudaran a salvar su pueblo.
-"¿Qué le paso?"- Usopp pregunto en un susurro a Robín.
La mujer negó con la cabeza, no sabía que había pasado, pero de seguro en el momento que los demás regresaran a la playa les contarían con lujo de detalle lo que había pasado en la selva. Tenía que ser algo muy grabe para ponerla en ese estado, y evitar que los chicos fueran tras ella de inmediato.
- "Tranquila"- dijo Robín fijando su mirada hacia la selva.
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-"¿Has estado todo este tiempo sola?"- Sanji dejo caer su cigarrillo de la sorpresa.
- "Serán veinticuatro años en unos cuantos meses"- respondió lo mujer con un tono triste.
Nanami les había contado gran parte de su historia, la nostalgia se asomaba por sus ojos, y se le escapaba en su voz quebrada. No había sido fácil despertar una mañana siendo la única superviviente de una masacre que no se detuvo solo en esa isla. Las siete islas fueron profanadas por el simple hecho de que no se les entrego lo que pedían; los niños y los ancianos que no podían luchar fueron quemados vivos frente a sus seres amados para doblegar un poco su espíritu, pero nadie les pudo dar razón de "la voz del mar" ya que nadie había oído de ella.
- "¿Y dónde está el ruido del océano?"- dijo Luffy hurgándose la nariz.
-"En el mar"- Nana detuvo su andar y se giró a ver a los cuatros muchachos que la seguían de cerca –"después que comí aquella futa me fue imposible volver a nadar, así que ahí sigue, y seguirá hasta el final de los tiempos"-.
Estaban caminando hacia lo más profundo de la isla, los arboles les habría paso puesto que la sacerdotisa iba en frente de ellos. Todos fueron conscientes que solo las aves y uno que otro animal rastrero le hacían compañía a esa mujer y era obvio que le temían por algo. Zoro no aparto las manos de sus espadas, y Law estaba listo para lo que pudiese pasar, los únicos que no desconfiaban de la rara mujer eran como siempre el cocinero pervertido y Luffy, que no era de extrañar.
-"Las siete islas terminaron deshabitadas, y me di la tarea de protegerlas de cualquier extraño"- Nanami suspiro agotada –"no es fácil estar en este tipo de islas errantes, o impedir que los náufragos, exploradores o piratas lleguen a sus aguas"-.
-"¿Errantes?"- dijo Luffy deteniendo su andar.
-"Oh creo que se me olvido"- dijo distraídamente la mujer –"esta cordillera es una codillera errante, aparece y desaparece según las estaciones"-.
Llegaron a un claro, donde una laguna en forma de luna en fase creciente brillaba como su tuviese reflectores en el fondo; a su alrededor, se podían ver árboles frutales y bancas echas con las raíces de los mismos, mesas echas de piedra, y un reloj de arena de unos dos metros de alto. La mujer sonrió satisfecha y se deshizo de su estorbosa caperuza, tirándola al suelo, para después ser recogida por la rama de un árbol.
-"¿Su casa?"- dijo Zoro al ver a la sacerdotisa caminar a una de las bancas.
-"Si"- respondió Nana palmeando un lugar vacío a su lado –"mi choza de invierno"- aplaudió un par de veces y el follaje de los arboles se extendió por todo el claro –"aunque aquí y en todas las islas parece primavera"- sonrió.
-"Bonita"- alago Sanji encendiendo su segundo cigarro de la tarde –"pero aún tiene cosas que contarnos Señora"-.
-"!Oh sí!"- palmeo su mejilla –"se me había olvidado"- confeso algo alarmada –"pero díganme muchachos ¿Qué es lo que quieren saber de mí, o de mi humilde hogar?"-.
-"Primero que nada"- Luffy se despojó de su sombrero de paja para mirar las costuras que en algún momento su navegante la había hecho –"¿Por qué abandono a Nami?"-.
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Despertó adolorida, por la mala posición en la que había caído dormida, pero después de un par de estiramientos eso paso solo a ser un simple malestar que con los minutos desaparecería. Sus ojos chocolate viajaron por la habitación del Sunny en donde se encontraba completamente sola y a oscuras; sus pies tocaron el piso y sintió su adorada alfombra de peluche que tanto le gustaba.
-"Por fin en casa"- dijo para sí mima antes de ponerse de pie.
Aplaudió un par de veces y las luces se encendieron, el cuarto seguía igual a como lo había dejado meses atrás, solo con un par de regalos que las chicas habían recibido; dos cunas preciosas y cobijas de muchos colores, al igual que tres sillas altas y varias cajas que aún no estaban abiertas.
-"Despertaste"- la dulce voz de Robín hizo eco en el cuarto.
-"Recién"- dijo la pelirroja tomando entre sus manos una frazada con un nombre bordado –"¿Cómo estás?"- pregunto sin voltear a verla.
-"Enorme"- dijo la morena tomando asiento en una de las camas –"más que ayer y menos que dentro de un par de días"-.
-"Chopper perderá la cabeza"- rio del mal chiste –"no quiero ser ave de mal agüero, pero él no es el indicado para atenderte"-.
-"Lo sé"- suspiro –"por eso he aceptado la invitación de los Hearts para viajar unas semanas con ellos"- agrego –"podre parir en un ambiente estéril y fuera de los gritos de admiración de Luffy"-.
-"Cruel"- Nami se giró para verla, su amiga estaba ojerosa y a pesar de su bronceado, lucía un poco amarillenta.
-"Es bueno"- Robín se acostó en la cama e hizo que su habilidad comenzara a empacar –"no me mal entiendas, pero, a mi edad esto es algo complicado, y necesito más que un excelente doctor para cuidarme"-.
-"¿Él se ira?"- pregunto por inercia.
-"¿Law?"- la morena volvió a sentarse –"no él se quedará aquí unos días como el resto"-.
-"Iré contigo"- aseguro Nami tomando asiento al lado de su amiga.
-"Creo que unos días aquí te harán bien"- Robín sonrió –"aún no me preguntas el porque te envié ese libro"-.
-"Tienes tus razones"-.
Hubo in silencio cómodo, las manos extras de Robín tenían ya dos bolsos empacados, no debía de perder tiempo, zarparían al caer el sol. Pero aun así ahí estaba esperando una pregunta jamás hecha y sintiéndose la culpable, del llanto que amenazaba con salir de los ojos de su mejor amiga. No había escusas fue tonta e irresponsable y lo peor aún había puesto la vida de Nami y la suya misma en peligro.
-"Ayude a una viejecilla con sus compras en una isla de camino a casa, y ella me lo dio por agradecimiento"- sus manos comenzaron a sobar su vientre –"creí que necesitabas una aventura para que dejaras de sentirte mal por lo que había pasado en Raftel, y también algo para alejarte de nosotros un tiempo, mientras alejábamos de ti a las hordas de marines que van tras tu cabeza"- sus ojos azules se llenaron de lágrimas –"pero después descubrí que todo fue una trampa"- unas lágrimas gruesas se escaparon sin previo aviso –"aquella mujer era una marine, nos atacó días después de que salimos en busca del tal Remus"- sus sollozos cortaron su voz y no pudo silenciarlos pesar de cubrirse la boca –"¡Por mi culpa casi mueres!"-.
No había querido meter a Nami en tal embrollo, pero si era sincera, desde el momento que descubrió que estaba embarazada, su sentido de la perspicacia disminuyo ¿Quién se atrevería a lastimar a una futura madre? Era una pregunta que se contestaba sola al pasar de los días, al ver que inclusive los más sádicos villanos, o los más desalmados marines, no se atrevían ni siquiera a mirarle con odio.
-"Bueno, ya que"- Nami alzo los hombros restándole importancia al asunto, no culparía a su amiga de nada.
-"Pero"- Robín quería lanzarse desde el acantilado más alto gracias a la culpa que sentía en ese momento.
-"Puede que tú me mandaras el libro"- la pelirroja, pego sus rodillas contra su pecho –"pero yo fui la que quiso saber más del lugar de donde nací, de mi madre Belle-meré y su vida de marin"- su frente pego contra sus rodillas y sonrió tristemente –"¿acaso sabias de que trataban los libros?"-.
-"Solo el primero"- respondió mirando su vientre que comenzaba a moverse.
-"No ha sido tu culpa"-.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de culpa de Robín, y no le importo aplastar un poco a su pequeña Astoria para abrazar fuertemente a la que sería la madrina de su hija. Todo estaría bien, sin importar que.
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Al caer la noche una pira ardía en la playa, y la carne de un rey marino se asaba lentamente, a lo lejos se podía ver al Polar Tang sumergiéndose poco a poco. Poniendo a salvo a la futura madre, al carpintero y por supuesto al hermano menor de la tripulación que no se había querido separar de su madre putativa.
-"Debiste ir con ellos"- ella ni siquiera se giró para ver quien le hacía compañía.
-"El lugar de una esposa en al lado de su marido"- Rebecca dijo orgullosa.
-"Estarías más segura ahí"- suspiro palmeando la arena de su lado, para que se sentara.
-"¿Mas segura en una lata de sardinas?"- dijo con tono de broma –"creo que olvidas quien es el padre de mis hijos"- sonrió.
-"Jamás lo hago"- aquello salió con un toque de reproche, tal vez por el alcohol o simplemente por lo amargo que aún se sentía.
-"¿Aun lo amas?"-.
-"¿Aun lo amo?"- volvió a preguntarse dejando la botella de ron en la arena –"tal vez los primeros meses, mientras lloraba en la huerta de mi madre convenciéndome que las lágrimas eran de felicidad por regresar a mi tierra"- sus dedos peinaron su cabello antes de recostarse –"pero mientras los días pasaban en aquella lata de sardinas"- rio por el ridículo nombre que se le dio al submarino –"me fui dando cuenta que no era amor, sino algo más familiar, como cuando una hermana celosa ve que su hermano estúpido está saliendo con una chica bien"-.
-"Así que ¿soy una chica bien?"- la gladiadora pregunto con una sonrisa boba en los labios.
-"Si"- respondió la navegante –"y no"- cerro los ojos –"una chica bien no pelea en un coliseo"-.
Ambas mujeres rieron, dejando al lado una rivalidad inexistente, pues como lo decía Nami, lo que ella sintió, sentía y sentirá por Luffy no era más que un amor sobre protector hacia un hermano, y era ese sentimiento reciproco, que inundaba a cada integrante de la banda, el mundo podía querer hundirlos mil veces, pero ellos siempre se ayudaban mutuamente. Por eso no podía estar molesta con Robín, porque a pesar de que ese libro la metió en tantos embrollos, pudo descubrir más sobre su madre a través de las páginas de un libro.
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¿Aun después de tanto tiempo?
Siento el gran retraso, y para simplificarlo lo hare con los 5 puntos más importantes de porque no he actualizado.
A pesar de tener varios capítulos escritos, ninguno me complementaba la historia tal y como yo quería.
Este fue uno de los capítulos que más me costó escribir, no sé si pude expresar la angustia que Nami sentía, o si no dio la talla.
Mi vieja computadora no corregía las faltas ortográficas, por eso luego hay varios errores que jamás desaparecían
(acentos, mayúsculas por minúsculas, y la terrible come letras)
Yo era dueña de una laptop Acer 2001 que lamentablemente murió por causas naturales, que involucran a un pug imperativo y un cable suelto, también de una HP de escritorio que sigue en casa de mis padres que por la imprudencia de la familia está enferma con un virus, y ahora después de un largo tiempo de escribir todo en la tableta por fin tengo laptop nueva.
Tengo una imaginación realmente imperativa, tengo dos fic más de esta pareja en proceso, y uno dramione que he querido subir desde hace bastante tiempo, pero que, a pesar de estar casi listo, no lo hago porque no sé si va a gustar.
En fin, no son motivos de causa mayor, ni tampoco minucias, pero para mí son impedimentos para darles una buena lectura.
GRACIAS POR LEER
