Capitulo XXVI

Estaba recostada en la cabeza del Sunny desde hace varias horas, el sueño se le había espantado cuando recibió una llamada del Polar Tang; la llamada duro menos de treinta segundos, y solo se oyeron gritos, llantos y suplicas. Las cosas no andaban bien, pero no había forma de constatarlo, pues al parecer, su caracol estaba desconectado, y aunque llamo hasta dejar cansado a su propio animalillo, no hubo una respuesta. Así que salió de su habitación, sin rumbo fijo, orando porque su mejor amiga estuviera bien, y que los ruidos que escucho, fueran simplemente quejas por el apuro de ver parir a una mujer y no a una ballena.

-"Diablos"- dijo en un suspiro reincorporándose para ver el amanecer.

Ese era su momento favorito del día, el sol naciente, el mar en calma, el escalofrió por lo fresco de la mañana, era como una promesa, de que todo podría estar bien. Suspiro cogiendo una de las flores que había arrancado hace rato, por eso del apuro y los nervios; sabía que Robin se molestaría cuando viera su jardín mancillado, pero fue un arranque de nervios que la hizo cortar media docena de margaritas y tres rosas, para su indecisión de que hacer, o no hacer en ese momento. Los pétalos la rodeaban y solo quedaba aquella rosa, la cual no quería destruir.

-"Madrugaste"-.

No necesito voltear para ver quién era, por alguna extraña razón después de su plática con Rebecca estaba más tranquila respecto a Nanami, no podía huir de ella para toda la vida, en algún momento tendría que pedirle más de una explicación, aunque en ese momento solo quería gozar de la vista.

-"Si, un poco"- respondió pegando sus rodillas al pecho, queriendo ver más de lo que la niebla les permitía.

Su madre se sentó a su lado, vacilando un poco para colocarle un chal de color rosa, y después tomarle la mano; llevaba consigo un ungüento que olía a romero y comenzó a ponérselo por toda la marca de su muñeca, para después vendarlo. Nami le sonrió, y sin pensarlo le entrego la última flor que tenía, como una ofrenda de paz, por lo que durara el viaje, o tal vez por lo que duraran sus vidas, aun no estaba segura. Nanami peino los cabellos de su hija y antes de que pudiese decir algo un tambor se oyó en las lejanías.

Era como un latido, que las invitaba a nadar en aquellas aguas infestadas de monstruos con la garantía que no sería atacadas, y con la seguridad de que tocarían tierra sanas y salvas. El aire se volvió dulce y la idea de saltar al mar no sonaba tan descabellada.

-"Hija"- Nana tomo la mano de su primogénita al ver que esta se iba a poner de pie –"disfruta el momento"- sonrió, jalándola de nuevo para que permaneciera sentada.

-"Me paso lo mismo en la otra isla"- confeso –"es como si me rogara saltar y nadar y correr por la arena"-

-"Cuando el sol y la luna se unieron para siempre, esta dejo regalos para sus amantes"- comenzó a narrar una vieja leyenda de su isla –"pero prometió al mar, que fue su amante más fiel, entregarle a una hija, para que hiciera con ella lo que quisiera, y así lo hizo, después de poblar el cielo con millones de estrellas, la diosa de la luna pario una hija mortal"- tomo entre sus manos el regalo de Nami y la olisqueo –"era la viva imagen de su madre, con el fuego de su padre impregnado en su pelo"-.

-"Una pelirroja"- la navegante tomo un mechón de su propio pelo y miro las puntas con desagrado, tal vez después de esa aventura se volvería a cortar el pelo.

-"El mar que siempre le fue fiel a la luna, a pesar de que escogió a otro como esposo, prometió cuidar y velar por la niña, hasta que tuviera edad suficiente para decidir con quien emparejarse"- miro a la lejanía, viendo como poco a poco la niebla se dispersaba –"la niña fue educada por cuatro seres divinos, el mar obviamente, el cielo, el viento y la tierra, y la llevaban de isla en isla, para que entablara amistad con los humanos. Sus cuidadores también le enseñaron que el océano embravecido no era obstáculo, que inclusive la nueve más tenebrosa traería algo nuevo, que el viento salvaje llevaba a buenos lugares, y que la tierra no solo era plana"- suspiro, cuantas veces Nai le había contado ese cuento –"cuando el momento llego, sus cuatro cuidadores les ofrecieron como esposos a sus primogénitos, a sus medios hermanos, pues al igual que ella, nacieron del vientre de Yue"-.

-"Eso es enfermo"- interrumpió Nami haciendo una mueca de asco.

-"Déjame terminar la historia Nami"- sonrió y le palmeo las mejillas –"la hija de la luna rechazo con un beso a cada uno de los pretendientes, y estos a pesar del deshonor le otorgaron dones, siendo así que toda su descendencia tendría desde el nacimiento los conocimientos que los divinos seres impartieron sobre ella. Claro todos estaba desilusionados, pero al mismo tiempo contentos, pues ella prometió honrar sus hazañas hasta que sus hijos lo hicieran por ella"- uno de sus dedos se pinchó con una de las espinas de la rosa, y se lo llevo a la boca para chupárselo –"la joven agradeció todo, y sin pensarlo presento al mortal que sería su pareja por el resto de su vida, las deidades estallaron en rabia, después de todo lo que habían hecho por ella, los cambiaba por un simple humano desgarbado y feo, así que sus cuidadores la maldijeron, cada uno con algo más cruel y retorcido. El cielo, le prometió que no vería todos los amaneceres deseados al lado de su hombre, el viento prometió que su vientre jamás procrearía un varón, ni tendría la dicha de parir más que a una hija, la tierra dijo que ella no sería buena madre, y el mar desolado juro que algún día uno de sus tantos hijos devoraría su estirpe, si se llegaban a ir de aquella isla"- tomo las manos de su hija y sonrió con melancolía –"Yue vio con dolor, como sus amantes maldecían a su hija y prometió que sus crías jamás saldrían de aquella cordillera, y si se alejaban llegarían por el latir de la tierra, también rogo que una niña fuese más que suficiente para cumplir la promesa de honrar a los dioses, y que a pesar de todo su descendencia jamás carecería amor maternal"-.

-"¿Porque me cuentas esto?"- dijo la joven mirando a su madre.

-"Porque quiero que sepas que desciendo de una larga línea de hijas abandonadas"- respondió –"mi madre murió en el parto, mi abuela de peste, mi bisabuela se suicidó porque la violaron"- confeso –"y yo te abandone a tu suerte cuando eras una beba"-.

-"Nanami"- dijo la navegante.

-"No tengo cara para rogar tu perdón, y sé que esta leyenda no es una excusa para lo que paso"- se arrodillo frente a su hija –"pero quiero que me permitas ganarme tu perdón, quiero pasar lo que me quede de vida a tu lado, como una buena madre, velar por ti y por tus hijos, cuidarte cuando estés enferma, y apoyarte en cada una de tus decisiones"-.

-"No te tienes que disculpar"- dijo la navegante abrazando a su mamá –"ya te he perdonado"- susurro apretándola fuerte.

No era una mentira, no podía odiarla el resto de su vida, y sin duda en un punto la comprendía ¿en dónde buscaría? ¿a quién acudiría? Mil preguntas se formaban en su cabeza cada que pensaba por qué no fue en su búsqueda. Años de soledad, y de arrepentimiento salían en aquellas gruesas lagrimas que empapaban su chal favorito, pero eso no importaba, ahora volvía a tener una madre, y todas las respuestas a sus preguntas. Se abrazaron por casi diez minutos, y después el típico grito para desayunar rompió la calma; Nanami se adelantó para lavarse el rostro, pues se le había hinchado de tanto llorar, y Nami, se quedó ahí sentada en la cabeza del león viendo la isla que la vio nacer hacerse más grande y más clara, pues la bruma había desaparecido casi por completo.

-"Por los dioses nuevos y antiguos"- susurro poniéndose de pie –"hoy será un buen día"-.

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Luffy se tiro en la arena dejando salir un bostezo sonoro, mientas Sanji le regañaba por ser un futuro padre despreocupado, ya que Rebecca cargaba una diminuta bolsa con golosinas, y eso podía representar un enorme esfuerzo para su salud; Usopp se había arranado en la playa para dibujar una extraña tortuga que caminaba lentamente hacia el mar, y Brook sin perder el tiempo comenzó hacer bromas sobre su falta de órganos, y las cosas que podían hacer en su tiempo.

-"Podrían quedarse dentro de este círculo"- Nanami había trazado un circulo alrededor de los piratas mientras ellos holgazaneaban en la playa –"es por su seguridad"- sonrió.

-"Dudo que un circulo de arena nos proteja de algo"- Usopp dejo de ver a su musa y miro a la sacerdotisa con escepticismo.

-"De hecho no sirve de mucho"- confeso la pelirroja mayor –"pero para mí habilidad es una pared para no lastimar a nadie"-.

-"¿Tu habilidad?"- pregunto Sanji pateando una roca que estaba "en su parte de la playa".

-"Si"- respondió dándoles la espalda –"soy una mujer de las mil islas"-.

No dijo más se dejó caer de espaldas, pero a centímetros de que chocara con la arena, su cuerpo se desintegró, y todo a su alrededor pareció perecer; los arboles se secaron en instantes, al igual que la hierba que limitaba la playa con la selva, los escandalosos pájaros dejaron de cantar y después emitieron un chillido horrible que obligó a todos a taparse los oídos. Todo eso no duro más que unos cuantos segundos, pues después las aves callaron y todo volvió a la vida, pero sin el trinar de los pajarracos.

-"¿Qué fue eso?"- Rebecca estaba un poco espantada, estaba arrodillada al lado de Luffy que se rascaba con insistencia las orejas.

-"El circulo es para no lastimar a los que están dentro"- una forma de arena apareció adentro del supuesto refugio y tomo la forma de la sacerdotisa –"me alimento de las plantas, de los frutos, y de los animales que habitan el lugar, no tengo miramientos al ingerir todo lo que este a mi alcance"- explico.

Nanami se miraba inclusive más joven, con una enorme sonrisa, y vestía con ropas extrañas; comenzó a caminar sin rumbo y sin esperar que nadie la siguiera, aunque fue obvio que tenían que ir tras de ella, cuando se detuvo y les hizo un ademan con la mano. A su paso un camino de piedras se iba formando, mientras que algunos de los arboles acrecentaban su follaje y dejaban caer la fruta de madura que estaba. No tenían planes de explicar nada, ni responder las incógnitas de sus nuevos inquilinos, solo quería llevarlos lejos de la playa, para poder descansar del largo y aburrido viaje.

-"¿Se comió a las aves?"- dijo Brook señalando una crisálida del tamaño de un balón en la sima de un árbol.

-"Es una mariposa"- dijo Sanji encendiendo un cigarro –"¿Verdad? ¿Es una mariposa enorme?"- pregunto a su guía, que ni siquiera se dignó a mirarlo.

Caminaron por unos veinte minutos, hasta que se pudo oír el sonido de una pequeña cascada a lo lejos, Luffy fue el primero en salir corriendo para ver lo que la basta maleza escondía a unos metros, encontrándose con un acantilado que daba una caída a un cenote, y por el cual casi cae si no fuese por su habilidad de estirar todas sus extremidades.

-"Es una larga caída"- dijo el hombre de goma aun colgado –"unos 25 o 30 metros"- como un resorte regreso a la orilla del acantilado para ver desde ahí.

-"Es una caída de cuarenta metros, más unos diez kilómetros de profundidad"- anuncio Nanami con una radiante sonrisa –"no te caigas o jamás podremos sacarte"-.

-"¿A dónde vamos exactamente?"- pregunto Nami acercándose para mirar el agua cristalina.

-Nosotros a ninguna parte"- dijo colocando una mano en la espalda de su hija –"Tu por otro lado, deberías de aguantar la respiración"- la empujo sin miramientos, antes de desaparecer del lugar.

-"¡Nami!"- gritaron toso al unísono.

Zoro sin pensarlo dos veces se dispuso a saltar para ir detrás de su amiga, al igual que Luffy y Sanji, pero una raíz les impidió el clavado, dejándolos colgados de nueva cuenta en el borde de la tierra. Nami salió segundos más tarde del agua, refunfuñando y exprimiéndose la ropa, Law la esperaba sobre una roca ofreciéndole su camisa negra, como era costumbre.

-"¡Me empujo!"- grito arrebatándole la prenda –"Me empujo"- repitió.

-"No fue nada"- Nanami apareció con una toalla de color rojo, y algo de ropa.

-"Me tiraste sin advertencia"- recrimino, sacándose los shorts de mezclilla con algo de dificultad.

-"Dije que tomaras aire, que respiraras"- se defendió la mujer, con una radiante sonrisa.

-"¡¿Pero por qué?!"- grito Nami, pateando su ropa en dirección a su madre.

-"Cuándo entraste al agua ¿a qué te supo?"-.

-"Esta loca ¿Cómo que a que me supo?"- estaba tan molesta que no se dio cuenta que uno a uno, sus amigos fueron apareciendo –"A agua"- respondió.

-"¿Salada a dulce?"- cuestiono Nanami pasándole todo lo que tenía en las manos.

-"No se"- espeto dejando todo en una roca, para tomar la toalla y secarse el pelo –"salada, tal vez"-.

-"Sanji puedes probar el agua"- ordeno, la pelirroja mayor.

El rubio acuclillo al borde del agua, y sumergió las manos para sacar un sorbo, el agua era dulce, bastante dulce y fresca que volvió a beber, se lavó el rostro, y se mojó el pelo, para aminorar el calor.

-"Es tan dulce que podría agregar limones y hacer limonada"- dijo el cocinero.

-"Mira tu mano"- ordeno a su hija.

La fea marca había desaparecido por arte de magia, no quedaba ni siquiera una mancha que delatara que "la cola de la serpiente" hubiera estado ahí antes. Nanami le sonrió complacida, le pellizco las mejillas y se apartó de ella para guiar a los demás a las cabañas. Nami sonrió sobándose la mejilla, por lo menos había seguido su consejo, de tomar aire, sino tal vez si estaría un poco más cabreada.

-"¿Sigues molesta?"- pregunto Law, lo suficientemente fuerte para que ella escuchara.

-"Ni yo misma lo sé"- respondió poniéndose la camisa.

Ella sonrió de medio lado, para acercarse al pirata y ponerse de puntitas, bacilo un poco, pero, aun así, le dio dos palmadas en la mejilla y después lo beso. No lo estaba exonerando de lo que fuera que la haya echo enojar, pero se podría decir que ahora estaban mejor, aunque si lo pensaba bien, aun no sabía porque se había enojado con él.

-"¿Entonces?"-.

-"No tientes a la suerte Trafalgar"- volvió a besarlo, y se fue detrás de su tripulación meneando las caderas.

-"Esa mujer"- dijo el moreno, siguiendo los pasos de la pelirroja.

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La podía ver desde donde estaba sentado, estaba teniendo un momento madre e hija a la orilla del cenote, ambas reían y se acariciaban con cariño, como si nada hubiera pasado, como si siempre fuera así. Él se dedicaba a mirarlas cada en cuando, enumerando las similitudes óseas de ambas, al igual que las diferencias, mientras le hacia un chequeo exhaustivo a su esquelético amigo, para entender más sobre él; desde que lo conocía lo había revisado más de una docena de veces, intentando saber cómo un ser sin órganos, ni piel, podía alimentarse y hacer sus necesidades fisiológicas, como tirarse un gas.

-"¿Qué desayunaste?"- pregunto Law, inspeccionando su columna vertebral.

-"Pan con mantequilla, una taza de té negro, algo de fruta, y un vaso de leche"- respondió Brook.

-"¿Lo has evacuado?"- volvió a cuestionar, con su típico tono de aburrimiento.

-"No"-.

Eran preguntas de rutina, quería comprender como era que aquel ser comía, sin que una borona saliera por el orificio de su mandíbula, y como era que todo eso se procesaba para poder evacuar; eso sin contar el enigma de que le sangrara "la nariz" cuando veía a una mujer en poca ropa, o el rubor que aparecía en un momento incómodo.

-"Nami- san se ve muy feliz"- el esqueleto dijo girando su cabeza, para ver el trabajo del doctor -"el tiempo que estuvo bajo el mar, la ha dejado un poco pálida, pero se ve muy sana"-.

-"Se ha bronceado lo suficiente para que recuperara su color"- Trafalgar evito voltear a ver a la mencionada, incapaz de agregar que realmente pocas veces salía de la habitación para tomar el sol.

-"Yo tuve una hermosa chica cuando estaba vivo"- alego Brook -"de piernas largas y trasero firme yohohohoho me levantaba el ánimo, claro cuando pene"- volvió a reír y a girar su cabeza para tomar algo de su taza de té -"claro que mi amor al mar fue más grande y jamás volví a ver a Minerva"-

-"No hay amor más grande que el de un pirata hacia el mar"- el moreno respondió esperando que la charla no siguiera.

-"Murió hace uno años, tuve la chance de ir a verla"- sorbió la nariz y volvió a voltear para ver a su aliado -"yo tenía esa misma mirada que tú tienes cuando la miras"-.

-"No sé de qué hablas"-.

El esqueleto se puso de pie, giro su cuerpo, para poder volverse a sentar de frente a Trafalgar, tendría la misma charla que tuvo con Luffy cuando le hizo ver que Rebe- san no solo era una muy buena amiga, aunque claro con él olvido ciertos temas que pensó que no le llamarían la atención, dándose cuenta de su error un poco tarde, cuando ambos anunciaron su embarazo de dos meses.

-" Hablo que Nami-san le ha robado el corazón ¿y a quien no? Bueno a mí, pero yo no tengo corazón"- rio ante la insípida broma y después volvió a ponerse serio -"Es una chica linda aunque algo enojona, codiciosa pero generosa, de buen cuerpo aunque mal carácter, perfecta navegante, puede ir por el mundo sin brújula, y orientarse con las estrellas"- le dio un sorbo a su bebida -"puedo enumerar todas la cualidades de Nami-san, puesto que es como la nieta que jamás llegue a tener, también se todas sus manías y arrebatos"-.

-"¿Qué quieres decir con esto?"- el moreno estaba algo molesto, no le interesaba contarle a un ser sin vida, algo que no le concernía.

-"Solo que morí hace tanto tiempo que la última vez que me recuerdo entre los placeres carnales, aún era un grumete, sin vicios ni beneficios, prometiendo a mi querida Minerva que regresaría"- suspiro y volvió a ponerse de pie -"yo sé lo que es vivir en soledad, por un largo tiempo, y también como le reitero se cómo la miras, y como te mira a ti"- sorbio la última gota de su bebida -"yo ya estoy muerto, no me atraen los problemas de estar vivo, pero esto, que ambos negaran tener es algo que añoro, algo que me despierta en las noche y me obliga a tocar las notas más bella y desgarradoras que tengo"-.

-"Somos de tripulaciones diferentes"- dijo recogiendo todo su material de estudio, que siempre llevaba consigo.

-"¿Y?"- cuestiono tomando su bastón –"deberías de plantéatelo bien, esta aventura está terminando, tal vez semana y media, o un poco menos, y volveremos a altamar, tú te iras con tu tripulación, y lo que pudo pasar se quedara estancado, sin futuro, y en unos años cuando la vuelvas a ver la duda te matara"-.

Sin esperar una respuesta, o algún comentario Brook se fue silbando una melodía pegajosa, que solía tocar con el chelo a la luz de la luna. Trafalgar volvió a mirar a Nami, estaba dentro del cenote representando lo que podía parecer como un oleaje salvaje, y lluvia torrencial, de alguna aventura vivida; el agua le salpicaba el rostro, y su sonrisa estaba más radiante, aun traía su camisa negra, y podía jurar que a pesar de que le quedaba grande y era obvio que era de hombre, a ella se le veía bien, bastante bien.

-"Mierda"- mascullo tomando sus cosas, para encaminarse a una de las casas que Nana les había dado.

Él no era un hombre bohemio, de hecho, podía recordar como simulaba vomitar cuando sus padres tenían alguna muestra de afecto, inclusive Corazón fue el blanco de sus arcadas fingidas y una profunda mueca de asco, acompañadas de comentarios mordaces de lo débil que era "encariñarse" con alguien del sexo opuesto, o del mismo. El claramente no le tomaría la mano en un lugar público, o le regalaría rosas por su aniversario, mucho menos un enorme diamante con el cual pueda demostrar que lo ha atrapado, pero esa maldita sonrisa, y ese cuerpo podían obligarlo a entrar a una partida de azar que era claro que perdería. Bufo exasperado, y negó con la cabeza, no era un tema que quisiera tocar ese día, mucho menos en un par, así que, volviendo a su mueca estoica de siempre, le dedico la última mirada a Nami y se fue a recostar.

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¿Después de tanto tiempo? bueno no tengo perdón de Dios, y creo que menos de ustedes.

A pesar de que la mayoría de capítulos están escritos, tardo demasiado corrigiéndolos, para que queden como a mi me gusta, por lo general tengo dos borradores de cada cap., para ver cual me gusta mas y cual va tomando el rumbo que yo quiero, así que ténganme paciencia, y aunque este cap. esta algo flojo, espero que el siguiente cumpla sus expectativas.

GRACIAS POR LEER!