Capitulo XXIX

Sus ojos se clavaron en la mano que estaba debajo de su zapato, blanca, delgada, y pequeña, similar a la de Nami, tenia unas puntadas de sutura que cruzaban la palma, y un lunar bástate típico en la muñeca; para ojos expertos como los suyos, podía adivinar que estaba sufriendo de una osteoporosis temprana, al igual que una severa adicción al cigarrillo, que dejaba sus uñas amarillentas y frágiles. Suspiro cansado, eso no debió de pasar; apenas hace unos minutos intento negociar con la mujer para que le dejara irse, con la condición que no le pasaría nada, pero terca como una mula, prefirió pelear a dejarse doblegar por un ruin pirata. Ahora su mano cercenada sostenía las llaves de sus esposas, entre el pulgar y el índice, mientras que su dueña gritaba de dolor a los cuatro vientos, maldiciendo su suerte y todo aquel que navegara con banderas negras.

-"¡Que los dioses descarguen la ira sobre ustedes!"- bramo de rodillas, pegando su cara al piso –"¡Que los que amas no vuelvan a ver la luz del sol!"- con su chaqueta blanca intentaba hacer un torniquete, pero fallaba cada vez que lo intentaba –"¡Te maldigo, oírlo bien te maldigo!"-.

La mayoría de los tripulantes o estaban desmayados, o con heridas graves, pero no mortales, pocos eran los que realmente estaban sin vida, como el cocinero que estaba empalado en la verga. Sus esposas cayeron con un ruido sordo en la cubierta de aquel navío, y con su típico caminar parsimonioso se adentro en los camarotes en busca de su espada, para encontrarla dentro del la oficina del capitán en una repisa de cristal.

-"Bonita la costumbre de adueñarse de lo que no es de ellos"- dijo con ironía.

Rompió el vidrio con un adorno inútil que había en el escritorio, liberando a Kikoku, notando que tenia una nota amarrada en el mango. Bufo molesto, no le importaba si la querían usar como trofeo, pero ¿Cómo regalo? En aquel insulso papel con buena caligrafía decía "De tu padre, que jamás se olvida de ti" claro era una mentira, tal vez hace años que no veía a su hijo, y ahora le mandaba una espada maldita, que no cualquiera se atrevía a desfundar, negó con la cabeza y rompió sin miramientos el papel.

Había mil cosas mas importantes que la relación entre un padre negligente, y un mocoso de edad desconocida; con la poca energía que iba recuperando creo una esfera de tamaño considerable, que rosaba por solo unos centímetros a la otra nave, su concentración estaba en que un marine pasara cerca para hacer el cambio, y como si las deidades le oyeran un grumete entro a su "Room" e hizo el cambio.

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Cuando Nami salió a tomar aire, noto que todo estaba distinto, no había cascada, ni relieve alguno, era una extensa planicie cubierta de árboles; la piscina en donde había estado bañándose, ahora era parte de la enorme laguna que estaba al centro de la isla. Ella había terminado unos seis metros dentro de la laguna, así que nado con calma hacia la orilla, donde Nana la esperaba.

-"¿Te asuste?"- pregunto la pelirroja mayor al ver a pocos metros a su hija.

-"Entre a la dimensión desconocida"- confeso.

-"Así era hace años, antes de la llegada de los marines, antes de mi nacimiento"- explico, tomando una toalla que estaba a su lado –"después alguien uso la misma fruta que comí para darle otro aspecto"- le lanzo la prenda para que saliera del agua –"realmente nadie recuerda cuando fue, pero si agradecieron la renovación del paisaje"-.

La navegante fue saliendo poco a poco, cubriéndose con la toalla, evitando mostrar mas piel de lo que ya había mostrado minutos antes. La burbuja donde estaban aun estaba sobre sus cabezas, mientras que los marines estaban fuera, observando con detenimiento.

-"Creo que me gusta más así"- la pelirroja llego a la orilla y exprimió su pelo, para comenzarlo a peinar con los dedos –"aunque la marea pudo llegar casi hasta aquí, cuando era tiempo"-.

-"El mar y la laguna se juntaban"- suspiro –"decían la gente vieja que era un ritual de disculpa de Yue hacia el mar"-.

Ambas se quedaron viendo con detenimiento como el astro de la noche se iba posicionando al centro de la laguna. Hacia ya bastante rato que el sol se había escondido, y ahora la Luna reinaba sobre el cielo; se miraba redonda, y bastante grande, una super luna blanca que iluminaba gustosa el tétrico bosque a sus espaldas.

-"La marea comenzara a subir"-.

-"Nami"- la sacerdotisa se acercó a ella, con un pedazo de tela en las manos –"nos tendrán en esta burbuja un rato"- desdoblo la prenda para mostrar un vestido de tirantes blanco con pequeñas flores rosas –"lo que pasara cuando el domo se rompa no es de tu incumbencia, encuentra un hueco y corre al mar"- la vistió como si de una niña se tratara, acariciando su rosto cada que pudo –"no mires atrás, nada hacia donde puedas, los monstros marinos no irán por ti"-.

-"¿Pero y tú?"- dijo algo alarmada.

-"Prométeme que te iras"- dijo sujetándola de los hombros –"nadaras hasta tu barco y te iras de aquí"-.

-"Pero"- sus palabras se quedaron atoradas en su garganta, pues Nana la abrazo.

-"No hay día que me lamente haberte dejado, pero al ver en lo que te convertiste"- suspiro tragándose las ganas de llorar –"repetiría todo por ver en la mujer que has llegado a ser"-.

-"No te dejare"- regreso el abrazo.

-"Ok"- sorbió la nariz, y le volvió a acariciar la mejilla –"saldremos juntas de esto"- la tomo de la mano y la hizo salir de la laguna –"mientras la burbuja se rompe, quisiera oír como terminaste en una banda pirata"- la guio hacia un camastro de colores que estaba a solo unos pasos.

-"Es una historia larga"- ambas se sentaron y vieron el firmamento juntas –"¿esta nevando?"- estiro su mano para sentir la nieve caer, pero en su lugar eran pequeños brillos blancos los que descendían del cielo.

-"Creo que el chico de pelo azul puede crear esferas de nieve"- Nana se recostó, y después acomodo a Nami para que ella usara su hombro como almohada –"una habilidad inútil, si me permites decirlo"-.

-"Es algo ridícula"- rio dejándose ser –"pero me he topado con peores"-.

Como si jamás en la vida se hubieran separada, ambas mujeres conversaron, contaron anécdotas y chistes malos, miedos y virtudes, fantasías y hechos, todo bajo la atenta mirada azul de un hombre con pocos escrúpulos, que no cumpliría su parte del trato.

-"¿Esta seguro de lo que hace?"- dijo Peter.

-"Mas seguro de que algún día he de morir"-.

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-"Con cuidado"- decía el cocinero mientras ayudaba a subir a Rebecca.

-"No soy una flor apunto de deshojarse"- se quejó, estaba un poco irritada y lo que menos quería, era sentirse inútil.

-"Lo sé"- dijo Sanji –"pero no es bueno que sufras tanto estrés, ni que te fuerces más de lo debido"-.

-"No debí de haber venido"- se sobo la panza y camino con lentitud sobre la hierba –"mi tía me lo dijo, seria una carga para todos en estas condiciones, pero como acostumbro no hice caso"-.

-"No sabíamos que esto pasaría"-.

El mecanismo para elevar anclas rompía el silencio de la noche, Usopp hacia el trabajo de fijar el rumbo mientras desanclaban; no habían encendido las linternas y a lo lejos se podía ver perfectamente los navíos de la marina navegar en dirección contraria; podían llegar con un ataque sorpresa, pero les superaban en número, y en personal, pues un cocinero, un artillero y una mujer embarazada no podrían hacer mucho contra seis naves de la marina bien equipadas.

-"Pero lo principal era mantenerme a salvo, y yo no contribuí a eso"- se sujeto del barandal de las escaleras –"fija el rumbo a casa"- subió el primer escalón, con el llanto aun en sus ojos –"solo nos queda orara para que Luffy haga como siempre un escape milagroso"-.

-"Y nos regrese a Nami a salvo"- dijo Usopp maniobrando el timón.

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Cuando despertó, Nana ya no estaba a su lado, en su lugar Peter le acompañaba en silencio, la observaba de pies a cabeza juzgándola en silencio, haciendo notas mentales, de cualquier observación desfavorecedora de la navegante aun recostada en el camastro. Nami quiso gritar, pero el solo le cubrió la boca y le hizo un ademan para que no lo intentara.

-"Siendo sincero eres una mujer bastante peculiar"- dijo con diversión –"tal vez si fueras menos vulgar, estarías en mi rango de aceptable"- retiro su mano, y se puso de pie –"es una lástima"-.

-"¿Dónde esta Nana?"- pregunto.

-"Creo que Remus le sacará el corazón y se lo dará de comer a un pez"- explico con simpleza –"por otro lado, tu ya no deberías de estar aquí"- la tomo del brazo y la obligo a levantarse –"tu madre fue muy gentil al negociar tu salida, aunque claro solo te daremos ventaja por un rato"-.

Cuando Nami dio los primeros pasos hacia la playa, noto que la marea ya casi estaba en su punto máximo, un par de minutos más y el océano se haría uno con la laguna. Desesperadamente busco a Nana, no seria tan fuerte como para luchar con ellos, pero se había librado de peores y con un buen botín, así que si su suerte estaba a su favor nada le costaría salirse con la suya y llevarse a Nanami de ese lugar. Forcejeo un poco, midiendo la fuerza de su rival, pero antes de decir si era una buena o mala idea, su mundo creció diez veces su tamaño.

-"Mi habilidad, aunque inútil, es conveniente para capturara presas"- Peter sostenía con orgullo una esfera de nieve con una linda chica dentro.

El paisaje no cambio mucho, era una isla, con una palmera y un camastro; la navegante no se había puesto a pensar en ese punto, ahora estaba atrapada, sin salida y sin su madre. Grito de rabia pateando la arena mientras purpurina blanca caía sobre su cabeza.

El marin de pelo azul seguía con su alegata, era consiente de que ella no lo oía, pero era mejor contar sus planes siniestros a alguien, aunque este no oyera ni una palabra. Bufo exasperado, tomaría un bote dejaría a la chica navegar antes de quitar su hechizo, y el subiría a lo alto de una palmera para no seguir mojándose los pies.

-"El plan de conquista del mundo mas patético de la historia"- sonto una risita dejando la bola de nieve sobre el bote –"en fin"- empujo la balsa –"si algo sale mal yo tomare su lugar, o tal vez muera ¿Quién sabe? La vida está llena de misterios"-.

El bote se mecía lento en dirección contraria a la tierra, Peter subió de un salto al árbol más cercano, y espero unos diez minutos mientas aquella barca se mecía lentamente alejándose de la isla para tronar lo dedos; el sonido del cristal rompiéndose hizo eco en la noche, una pelirroja con brillantina en el pelo apareció de la nada.

- "¡Regresare!"- grito.

- "¡Y yo te montare de nuevo en ese bote!"- respondió el marin sentado en una rama.

- "! ¡Iré por ayuda!"- volvió a vociferar.

- "¡Sera demasiado tarde!"-.

A lo lejos una explosión silencio el alegato, y a esta le siguieron otras cuatro, los barcos de la marina se incendiaban a lo lejos; parecían pequeños botes de papel encendidos con una cerilla, sus prisioneros se habían liberado, y lo que se venia era tal vez una lucha sin refuerzo.

-"Law les pateara el trasero"- dijo poniéndose de pie, en aquel bote.

-"Creo que Remus a perdido la apuesta"- dijo el marine, sacando de su chaqueta dos piezas de plata y lanzándolas al mar –"el peaje esta pagado ¿quién tomara la canoa hacia el otro mundo?"-.

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Creo que dejare esto por aquí y me iré lentamente a esconderme bajo de una roca….