Capitulo XXX

Ella miraba las llamas de los barcos, se oían algunas explosiones menores, que avivaban las llamas e iluminaban aquella noche; ella no tenía la habilidad de Usopp para ver desde lejos, pero estaba segura quien era el causante de todo, bueno más bien los causantes. Pudo ver una enorme mano estirarse hasta el cielo antes de regresar para golpear una de las naves con fuerza, vio un domo azul que hizo flotar un barco antes de que se partiera en dos. La batalla ente sus ojos, lejana y muda estaba siendo extraordinaria.

- "Tanta planeación para esto"- Pitt se quejó a sus espaldas –"y yo seré el único culpable"-.

Nami apenas giro la cabeza, quería decirle un par de palabras altisonantes a ese marin con pelos de paleta, pero antes de poder verlo, un brillo le cegó los ojos por un momento; era una pequeña lucecita, que simplemente molestaba, su mano se interpuso entre el brillo y sus ojos, solo para poder ver que a unos cinco metros estaba su arma. Los dioses la amaban, quiso dar un grito de alegría, pero eso delataría su siguiente jugada.

-"¿Eso es un bote?"- señalo a la nada, esperando que callera en su trampa.

-"Maldición"- berreo –"no tengo mis malditos lentes a la mano"-.

Era el truco más viejo de la historia, pero había funcionado a la perfección, sin meditarlo dos veces Nami se zambulló en las aguas frías, para nadar por debajo de la superficie y llegar hasta su bastón. En el momento que salió lanzo una ráfaga de viento, haciendo caer al marin del árbol; pudo dejar que se ahogara, pero no era del todo mala, así que nado hasta él, pudiese que si no lo dejaba morir fuera un ser más complaciente en el futuro.

-"Maldita perra"- dijo Pitt en tono cansado.

-"Si, si"- la pelirroja lo jalo hasta un árbol, y lo puso de pie –"Maldita perra pirata, maldita zorra, si esos pronombres y más, me los sé de memoria"- con su clima tac le congelo pegado al árbol –"si sales de esta cómprate un diccionario corazón"-.

-"¡Hey vuelve aquí sucia alimaña!"- grito al verla irse.

-"Oh también una billetera nueva"- le saco la lengua y después se fue nadando.

-"¡Regresa aquí gata ladrona!"- grito más fuerte –"¡regresa!"-.

.

.

.

Nami había nadado en casi todo tipo de lugares, ríos de nubes, ríos rosados, mares, y manglares, pero no en una isla hundiéndose; no diferenciaba a un manglar, los peces se paseaban entre las raíces de los árboles, y las hojas cubrían la superficie, pero se sentía como si la tierra la jalase para hacerla sumergirse con ella, era una sensación extraña, que alentaba su nado. A medida que iba llegando al centro de la isla, se sentía un poco más ligera, y podía ver mejor el suelo y las piedras que amenazaban con rasparle el vientre sino tenía cuidado; en un punto pudo ponerse de pie, y aunque caminar dentro del agua era sin duda cansado y lento, trato de hacerlo lo más rápido que podía, sin importarle las piedritas que se le encajaban en los pies, o las raíces que la hacían tropezar cada en cuando.

-"Mierda"- dijo cuando al fin una raíz la hizo caer.

Salió del agua, escupiendo lo que se había tragado en la caída y con una pequeña cogerá continuo su camino; su rodilla había raspado con algo y ahora sangraba, dejando un rastro rojizo a sus espaldas. Su caminata se iba hacendó menos difícil, la marea apenas le cubría la mitad de la pantorrilla, eso quería decir que no estaba lejos de la laguna.

-"¿Creíste que la dejaría vivir?"- la voz de Remus irrumpió la calma –"por favor, aunque le diera años de ventaja la encontraría"- soltó una risa casi macabra –"su destino está atado al mío, cuando yo decida morir ella me acompañara, así que dejemos de juegos y cómprale más tiempo a tu hija, dame lo que te pido"-.

-"No eres alguien bueno Remus"- Nana dijo tranquilamente –"lo que me pides no lo tengo, te mentí"-.

-"Se que tú lo tienes Nanami, no te hagas el héroe"-.

La navegante no avanzó más, se escondió detrás de uno de los grandes árboles que rodeaban la laguna, oyendo todo lo que aquellos viejos conocidos se decían; el almirante estaba sentado en una roca, afilando un cuchillo de cazador, mientras Nanami estaba amarrada frente a él. Tenía el labio roto, y un pómulo hinchado, la nariz sangrante, y su pelo enmarañado.

-"Se perdió hace tanto, nadie sabe dónde está, lo sabes, todo lo que se contaba sobre la voz del mar era una mentira"- escupió la pelirroja –"aunque pudiese dártela no serviría de nada, es una joya vieja que apenas brilla"-.

-"¡La voz del mar existe, lo sé!"- sin miramientos la abofeteo –"mi padre decía que quien la poseyera saldría ileso de la peor tempestad, y hablaría con el cielo y el mar"-.

-"Tu padre era un estúpido, esos eran cuentos"- Nana sonrió, y soltó una carcajada –"¿pensaste que obteniéndola podrías caminar sobre el agua? Aun eres un niño estúpido"-.

-"La quiero, quiero la voz del mar para terminar con la plaga que son los piratas"- la tomo de la ropa y la alzo –"quiero que cada sucio infractor de las leyes muera en el océano, que los tiburones desgarren su carne y trituren sus huesos, y después sean menos que cagada de pez"-.

-"La voz nunca existió"-.

-"Si tú no eres capaz de dármela, nada me costara ir por tu querida hija, y tomarla de ella"- Remus zarandeo a la sacerdotisa, cansado de aquel juego estúpido –"así que habla, o me veré tentado a mandarte con tus ancestros"-.

-"¿Cres que Nami lo sabe?"- le faltaba el aire, hablaba entre cortado –"ella apenas supo que su madre estaba viva, ella no sabe ni siquiera lo que realmente somos, ni para que estamos aquí"- tocio, y escupió algo de sangre –"¡por dios ella ni siquiera sabe su apellido!"-.

-"No me sirves"- la arrojo al suelo –"he sido tolerante contigo, pero ya que tu no has sido complaciente, creo que me veré en la penosa necesidad de cerrar para siempre tus bellos ojos"-.

Remus saco una pistola de entre sus ropas, y sin miramiento apunto a la cabeza de la pelirroja, sería tan sencillo, apenas una mínima de fuerza y aquella mujer que lo desprecio estaría muerta, y seria libre para por fin estar con su pequeña y nueva versión; Nami no tendría los ojos de su madre, pero lo compensaba con un mayor número de curvas. Quito el seguro, todo terminaría en un BANG.

-"¡No!"- la pequeña navegante salió de su escondite a tropezones.

-"¿Nami?"- dijo la pelirroja mayor.

-"¿Así que no estas escapando?"- bajo el arma –"eres más parecida a tu padre, de lo que realmente se ve"- se apresuró a tomar a Nanami para usarla de escudo.

-"Déjala ir"- le amenazó con su bastón –"ella te ha dicho que no sabe de lo que hablas, déjala ir"-.

-"¿Cres que con tu varita mágica podrá vencerme?"- se carcajeo –"niña, mejores lo han intentado, y con armas de mayor calibre"-.

-"Bien, no serás un juego como tu compañero"- giro entre sus manos su clima tac.

La navegante no era muy fan de la lucha directa, pero por el momento no había nadie para ayudarle, la ventaja de todo esto es que se podría regodear de plantarle cara a un almirante ella sola, claro si salía ilesa. Pequeñas burbujas la rodearon, unas rojas, otras azules, y unas con rayos dentro, sin contar las que parecían tener tornados y nubes en su interior.

-"Esto me trae recuerdos, tu abuela podía hacer lo mismo"-.

-"Eso no lo sé"- las burbujas comenzaron a crecer –"jamás tuve el placer de conocerla"-.

Las primeras bombas en explotar fueron las rojas, causando un calor inmenso que incluso seco los árboles al rededor, el agua se evaporaba y el sudor se hizo presente. El bastón azul giro de nuevo entre las delicadas manos de la navegante y unas burbujas con nubes verduscas explotaron. Se creo una neblina con olor fuerte, que ocultaba muy bien el olor de la pelirroja y de todo lo que la neblina tocara.

-"Son trucos baratos, que retrasan lo inevitable"-.

-"En efecto, son solo trucos para matar el tiempo"- sonrió, antes de desaparecer, y reaparecer en distintos lugares al mismo tiempo –"solo un poco de tiempo basta para que los verdaderos guerreros te pateen el trasero"-.

.

.

¿Qué es esto?

¡Sigo viva!

Ahora a desaparecer, de nuevo.