El Rick con mano dura no recibirá más que monedas, mientras que al Rick gentil le serán concedidos los tesoros del mundo.
- CaraSalmos 4:25
–D-disculpa, pero no puedes… d-de dónde… –balbuceó Rick Subastador, prácticamente tropezando con el podio cuando el impulso de bajar del escenario y darle una buena ostia al intruso lo empujó hacia adelante. La inesperada interrupción había destrozado su compostura, haciéndole tartamudear como un—¡un maldito Rick común! Cada segundo que pasaba fuera de carácter sólo perjudicaba aún más al funcionamiento de la Subasta de Mortys que normalmente iba sobre ruedas, y todo gracias a este presuntuoso, insignificante...
Miró con odio al intruso, un Rick delgado que llevaba un mono de manga corta de color anodino en vez de la bata de laboratorio y los pantalones típicos. El tamaño y diseño apestaban a trabajo manual y, «¿era eso una quemadura de cigarrillo en su cuello?» Rick Subastador se encontró haciendo una mueca al ver ese atuendo de clase baja. De pie justo más allá de la periferia de las luces del escenario, la figura se veía en tonos apagados, sólo un extraño resplandor de su ojo derecho brillaba a través de la oscuridad. Cuando el Rick se movió, cambiando el peso de una pierna a la otra, el resplandor desapareció como una guillotina que caía recta y limpia.
Rick Subastador reprimió sus siguientes palabras, sin confiar en que su lengua fuera capaz de no arruinar todavía más su impecable reputación con otro patético tartamudeo. Independientemente de quién fuera este imbécil, aún tenía una subasta que dirigir. Con una discreta respiración profunda, se concentró y deslizó una mano por el plano de su pecho. Si había algo que odiaba, era ser eclipsado. –Qué amabilidad por tu parte unirte a nosotros esta noche, hermano. ¿Confío en que eres miembro? –Le dedicó su sonrisa más condescendiente al nuevo Rick, entrelazando sus dedos en el podio mientras asentía ligeramente con la cabeza. En un abrir y cerrar de ojos, un puñado de Ricks Guarda rodearon al intruso, con las manos sobre sus armas dando una visión imponente.
Rick resopló con burla, pero levantó los brazos obedientemente, una mano alcanzando la cadena alrededor de su cuello. –P-por Dios, chicos. De acuerdo, ya está bien. Tomaos un calmante. Lo tengo aquí mismo –Entonces, tiró de la tarjeta negra que tenía debajo del collar, moviendo sus caderas para que quedase colgando delante del círculo de Guardas–. Mirad. ¿Lo veis? ¿Todos bien? De verdad, soy uno de—UURP—uno de vosotros capullos.
Sin dar una respuesta, Rick Subastador comprobó fríamente su tablet. Todo Rick que pusiera un pie en la Ciudadela debía ser escaneado obligatoriamente por el sistema de seguridad de la estación y registrado en la base de datos central. El origen dimensional, el historial criminal, los fondos, y cualquier información notable de cualquier Rick que hiciera negocios dentro de las murallas de la Ciudadela se contabilizaban rápidamente. Ningún Rick clandestino llegaría muy lejos sin activar las alarmas.
Sólo unas pocas salas estaban aisladas del sistema—principalmente espacios reservados para los asuntos del Consejo, que siempre se mantenían con un nivel de confidencialidad muy elevado—pero el Façade Lounge no era una de ellas. En todo caso, los perfiles de los Ricks Élite interesaban especialmente al Consejo, ya que mantenían un registro sistemático de las actividades de sus sujetos y, lo que es más importante, de sus cuentas.
Sin embargo, cuando Rick Subastador tocó la pantalla para mostrar la entrada de registro, un perfil tachado apareció en la pantalla, lleno de píxeles temblorosos y espasmódicos que lo hacían ilegible. «Malditos bugs. Creí que habían arreglado esto». Le dio un golpecito a la esquina del dispositivo contra su podio, y cuando volvió a comprobar la pantalla, estaba viendo un perfil nuevo. «¿X-280?» Eso estaba tan abajo en la escala que no podía recordar la última vez que había visto a un Rick de esa dimensión. «¿Un X-Rick causando todo este alboroto? ¿Qué está intentando demostrar?»
Resopló ante los tres guiones que sustituían a la habitual cifra monetaria en la esquina del perfil, indicando que los fondos eran demasiado bajos incluso para registrarse en el sistema. Su consternación anterior fue rápidamente reemplazada por la promesa de entretenimiento barato, y Rick Subastador sonrió de nuevo con verdadero placer. –De acuerdo, muchachos –dijo, retirando a sus perros –dejadle jugar.
Cuando los Guardas retrocedieron, Rick de la Dimensión X-280 se ajustó el cuello con movimientos bruscos, claramente descolocado pero aliviado de todos modos. –Ya era jodida... esto está mejor. –Cruzó los brazos poniendo mala cara, las piernas abiertas de par en par en una postura desafiante–. ¿Es esa forma de tratar a un cliente que paga?
–¿Y con qué está pagando exactamente, señor? –Rick Subastador contraatacó–. La oferta es de 675 mil, y no veo cómo espera...
–700.
Un alegre pitido sonó desde la tablet. Rick Subastador volvió a mirar a la pantalla, comprobando de nuevo el marcador de fondos insuficientes—sí, seguía ahí, inamovible—pero por razones que no podía entender, la cantidad había sido aprobada. Sin embargo, antes de que pudiera comprender cómo podía estar sucediendo, un zumbido de protestas llenó el aire.
–¿Qu-quién diablos se creAURGHe que es este tipo?
–¡No puedes dejar entrar a este imbécil ahora! ¿No hay un límite de tiempo o algo así?
–¡Oye, gilipollas! ¡La Subasta se ha acabado! ¡Lárgate! –Un Rick puso sus manos alrededor de su boca y abucheó en voz alta, incitando a más a unirse, y pronto la mitad de la sala estaba cacareando y burlándose de él.
A pesar de que ya no estaban en la competición, muchos de los miembros de la Élite no estaban muy entusiasmados con la idea de que un recién llegado los humillara. Habían trabajado duro para ganar su preciado estatus con el Consejo, ¡y este Rick estaba agitando su tarjeta en una cadena como si fuera un maldito pase de autobús! Con los egos todavía más heridos por ese insulto desvergonzado, los Ricks que estaban más cerca del desconocido se dirigieron hacia él en un signo muy claro de amenaza.
Rick se mantuvo firme, moviéndose entre los rivales y sus bolsas antes de levantar los puños. Sus ojos lanzaban dagas mientras miraba a su alrededor listo para empezar la pelea inminente.
–Dejadle en paz, hermanos –una suave voz rompió la tensión, haciendo que la multitud de Ricks furiosos se olvidaran de su sed de sangre al girar sus cabezas buscando la fuente de la voz. Las espuelas de un Rick con botas de vaquero y sombrero rojos sonaban a cada paso mientras se acercaba para colocarse entre los ansiosos alborotadores. Sacando la lengua para mover el palillo de dientes que tenía en la comisura de los labios, metió los dedos en las presillas de su pantalón antes de darle a Rick X-280 un repaso apreciativo. No pudo evitar fijarse en cómo la mirada del Rick se detuvo en la hebilla ornamentada del cinturón en sus caderas antes de mirarle directamente a la cara.
–¿Y quién coño se supone que eres tú? ¿La caballería? –Los puños de Rick permanecieron donde estaban, los músculos todavía tensos y listos para lanzar golpes de un momento a otro. Sólo porque lo superaran en número no significaba que fuera a rendirse fácilmente.
Rick de la Dimensión C-165 levantó su sombrero con un movimiento de su pulgar antes de darle un pequeño saludo a Rick. –Vamos, vamos, socio. Estoy de tu lado, no te olvides –Sonrió con una sonrisa juguetona y Rick captó un toque de picardía en sus ojos ensombrecidos. C-165 se enderezó para dirigirse a la multitud con voz firme–. Vale, entiendo que algunos de vosotros no apreciáis mucho a nuestro pequeño visitante. Pero eso no os da derecho a prohibirle pujar. –Los Ricks que habían estado a punto de arrancarle los dientes al novato hacía un momento vacilaron, todas las ganas de pelea desvaneciéndose al mirar al Rick vaquero con algo que rozaba el respeto–. Y si no os importa que os lo diga –continuó con su acento rítmico–, apostaría a que todos estamos de acuerdo en que un cierto individuo se está haciendo demasiado grande, ¿me seguís? –Se inclinó hacia atrás y sacó su vientre para acariciarlo con ambas manos, una burda imitación del corpulento Rick sentado tras él, ajeno a sus payasadas–. La mejor manera de revolucionar las cosas es traer sangre nueva.
Las protestas de los Ricks descontentos se disiparon a medida que se daban cuenta de que era verdad. La última oferta había sido de ψ-531, lo que haría que fuese su enésima victoria en la Subasta de Mortys. C-165 tenía razón. Ya era hora de un cambio, de que alguien derribara a ese gordo de mierda, y pronto comenzaron a dirigir sus demandas a Rick Subastador para que la subasta siguiera adelante. Un canto rítmico comenzó y Rick Subastador tuvo que golpear su mazo contra el podio para recuperar el orden.
En medio del ajetreo que los rodeaba, C-165 se deslizó al lado de Rick, sus intenciones implícitas en la forma en que se rozó sugestivamente contra él. Podía sentir la reacción de Rick, obviamente incómodo con la repentina invasión de su espacio personal. –De nada –dijo simplemente, disfrutando de la forma en que Rick se sobresaltó sorprendido. Bajando la cabeza para ver mejor, sonrió y dio un pequeño tarareo de aprobación.
–Esos ojitos que tienes son muy bonitos. Socio.
Rick balbuceó, pero antes de que pudiera decir algo, C-165 ya se había puesto en marcha, y se dirigía de vuelta a su cabina. Dio un saludo a medias sin darse la vuelta y dijo por encima de su hombro:
–Espero que sepas en lo que te estás metiendo.
Después de finalmente poner a los clientes rebeldes en su debido sitio, Rick Subastador se pasó una mano por el pelo, despeinado de golpear el mazo con tanta fuerza y con matas de pelo rizado formadas por todo el sudor. Como si esta noche pudiese empeorar. Primero, la subasta pública había fracasado, y ahora este X-Rick estaba amenazando con arruinar el delicado sistema que había pasado tanto tiempo perfeccionando. Casi prefería que la multitud de Ricks hubiera estrangulado al X-Rick. Eso sin duda le habría ahorrado el dolor de cabeza. Ahora, sin embargo, parecía que el pequeño y misterioso alborotador ya se había ganado los corazones del público, y de hecho lo estaban apoyando. «Qué conmovedor».
Se aclaró la garganta y se preparó para sus próximas palabras. –La subasta continuará. La última oferta de Rick ψ-531 de 675.000 fue superada por la de 700 de Rick X-280. ¿Oigo 725?
–725 –contestó ψ-531, levantando su tarjeta entre dos dedos. Parecía estar entretenido, como si el inesperado competidor fuera sólo un inofensivo retraso en su inevitable victoria. En realidad, tenía curiosidad por ver lo mucho que podía humillar al insolente Rick. ¿Irrumpir en su territorio y pujar más que él? No lo creía.
–750 –soltó Rick, robando una copa abandonada de una mesa cercana y bebiendo su contenido. El resto de los asistentes, contentos de que el entretenimiento de la noche volviera a estar en pleno apogeo, se acomodaron en sus asientos o asaltaron el bar. Un Rick particularmente generoso pidió una ronda para todos los de su mesa y la de al lado. El aire estaba electrificado, una nueva energía rejuveneciendo la habitación mientras los clientes miraban el espectáculo con alegría.
–800.
–800 jodidos 50 –contestó Rick X-280. Rick Subastador hizo una mueca confusa cuando la tablet no pudo registrar la cantidad incomprensible, y le levantó las cejas–. Vale, vale. Quería decir 850. Cielos.
–875.
Todos los ojos de la sala estaban pegados a la guerra de pujas que estaban teniendo los dos Ricks en la que los números eran lanzados de un lado a otro como una pelota de tenis en un partido. No estaban seguros de qué era más inquietante: el hecho de que se estuvieran arrojando enormes sumas de dinero por un Morty—por muy especial que fuera—o que ambos competidores parecieran igual de despreocupados sobre el tema.
–900 –Rick X-280 se sentó encima de las bolsas de lona a sus pies, sin mirar ni una sola vez a su rival de la puja. Su mirada se mantuvo fija en El Elegido, que todavía vacilaba en el escenario. Los párpados del niño estaban ahora luchando por mantenerse abiertos como si estuviera combatiendo contra el cansancio, y parecía que estaba a punto de caerse más de un par de veces.
–925 –ψ-531 prácticamente bostezó, ignorando el sudor que empezaba a brillar en las frentes de sus dos cómplices mientras intercambiaban miradas preocupadas. Los Ricks de ψ-530 y ψ-532 no se sentían tan cómodos con la confrontación como ψ-531, y se preocuparon abiertamente por la racha competitiva de su querido hermano. El más manso de los dos, ψ-530, apoyó una cautelosa mano en el brazo de su cabecilla y se inclinó cerca para poder susurrar.
–H-hermano, n-n-no has hecho una oferta tan alta d-desde… desde esa vez con C-165. ¿Estás s-seguro de que este R-Rick se lo m-m-merece? –Le dedicó una mirada significativa al Rick en cuestión, que ahora estaba casualmente desenterrando la suciedad de debajo de sus uñas con la esquina de su tarjeta de miembro.
Las papadas de ψ-531 se agitaron al reírse y susurrar, –Relájate. Sólo me estoy divirtiendo un poco con él. –Una sonrisa satisfecha formó hoyuelos en sus mejillas mientras se acomodaba en su silla y hacía un gesto para que el 530 y el 532 hicieran lo mismo–. Además –añadió–, el imbécil parece que pertenezca a un taller de mecánicos. No hay manera de que ese capullo me supere en esta puja. Está delirando si cree que—
–Ya vale con este calentamiento de mierda –la voz de Rick resonó, interrumpiendo los pensamientos de ψ-531. Le guiñó el ojo al círculo de espectadores que lo miraban–. Que sea un milloncito justo de una vez. –De nuevo, Rick Subastador le echó una mirada y Rick puso los ojos en blanco–. Un millón.
Una sola gota de sudor caía por el lado de la cara de ψ-531 mientras mantenía forzadamente su sonrisa. –Un millón cien mil –respondió.
–Un millón dos.
La nuez del postor veterano vibró, y sólo los dos Ricks que estaban a su lado pudieron ver los temblores casi imperceptibles que sacudieron su cuerpo. –Un millón tres.
–Millón cuatro –Rick de X-280 estaba ahora estirando sus brazos por detrás de su cabeza. Se estiró de lado a lado, haciendo algún tipo de rutina de calistenia. Estaban lidiando con lo que para muchos de los Ricks de la sala era suficiente dinero para una vida entera, pero a él no se le veía afectado en lo más mínimo.
El vaivén continuó, sin que ningún competidor se rindiera y, evidentemente, sin final a la vista. Algunos Ricks se movían sin parar, sus bebidas llevaban mucho tiempo acabadas, e incluso la paciencia de Rick Subastador empezaba a flaquear.
–Un millón... novecientos –Después de secarse delicadamente la frente con un pañuelo de seda, ψ-531 extendió sus manos sobre la superficie de la mesa, dejando un rastro de humedad donde la piel húmeda la tocó, y se levantó poco a poco para ponerse de pie. El cinturón de diamantes se tensó contra su barriga, y tiró del rígido cuello de su traje de lujo, tratando de refrescarse del repentino rubor del calor que se extendió por su garganta.
–Y otra vez lo mismo, caballeros –dijo Rick–. Dos millones justos.
–Dos. Millones. Cien. Mil –ψ-531 enunció cada palabra como si las estuviera apuñalando contra el odioso Rick que estaba a pocos metros de él.
–Dos millones doscientos –Rick X-280 devolvió la pelota.
–¡Dos millones quinientos! –ψ-531 tenía las mejillas rojas al exclamar la oferta.
–Dos millones quinientos mil…y uno –Rick sonrió descaradamente.
Los espectadores silbaron, golpeándose las costillas unos a otros mientras miraban con aprobación.
ψ-531 rechinó los dientes, con la mente demasiado nublada por la rabia como para pensar con claridad. Abrió la boca, listo para lanzar otra puja, cuando un frenético tirón de mangas le devolvió el aliento. Bajó los ojos. ψ-530 agitaba la cabeza con ojos suplicantes, mientras que ψ-532 sólo le daba una mirada severa que decía mucho: Déjalo.
Todas sus células se rebelaban mientras su orgullo se destruía, pero ψ-531 permitió que lo arrastraran de vuelta a su asiento. Dejó que sus súbditos se ocuparan de él, acariciándolo y arropándolo hasta que no hubo evidencia de su estado alborotado anterior, mientras miraba con ira a Rick Subastador, como si el Maestro de Ceremonias pudiera rectificar esta injusticia. Pero el subastador estaba demasiado distraído como para mirarle a los ojos, revisando su informe con un detalle inigualable. Cuando ψ-531 lo vio girarse para susurrar al oído de un Rick Guarda cercano, frunció el ceño, intrigado por la tensión que irradiaba palpablemente el subastador, normalmente sereno.
Rick Subastador restregó una mano por su cara, mirando a ψ-531 quien dio un rápido tirón de cabeza a un lado, indicando su resignación. Con el único competidor oficialmente fuera de la carrera, la oferta de Rick X-280 quedó incontestable. Agarró el mango de su mazo, levantándolo solemnemente sobre su cabeza.
–2.500.001 a la una... a las dos... –Su voz titubeó ante la increíble cantidad, y toda la sala contuvo la respiración con anticipación.
Sólo se pudo oír el golpe de mazo contra el podio por encima del estruendo que ensordecía la sala. El comunicado de Rick Subastador fue absorbido por el clamor que surgió de la multitud en una gran ovación y movimiento. Parecía como si cada uno de los Ricks presentes se abriera paso hacia adelante, tratando de llegar al ganador para darle una palmada de felicitación en la espalda o estrecharle la mano. «No lo creerás», se dirían más tarde uno a otro. «¡Un novato pujando más que el viejo ψ-531!»
Pero Rick ignoró su euforia, en gran medida, limitándose a sonrisas y asentimientos obligatorios mientras mantenía su atención en el Morty que acababa de ganar. Mirándolo por encima del grupo de Ricks que lo apiñaban, Rick se sorprendió al ver que los ojos del Morty estaban clavados en los suyos propios, su estupor sedado reemplazado por un enfoque inquisitivo. El Elegido inclinó un poco la cabeza mientras miraba al Rick con una curiosidad desvergonzada, y Rick tragó al notar que su corazón comenzaba a latir con fuerza.
Rick Subastador dejó escapar un suspiro tembloroso, dejando que sus hombros se relajaran por primera vez esa noche. Sin duda se merecía un masaje después de esto. Echó un vistazo al mazo que tenía en la mano, notando una nueva astilla en su esquina, donde el impacto con el podio lo había roto. «2,500,001». Su mente aún se estremecía por la cantidad. Era con diferencia la oferta más alta que la Subasta de Mortys había conseguido. Normalmente, tendría buenas razones para celebrar. Al fin y al cabo, parte de su sueldo dependía de la comisión de las pujas. Pero una preocupación aún mayor le hacía nudos el estómago: ¿Cómo iba a explicarle esto al Consejo?
Ya odiaban suficiente las sorpresas, así que, ¿cómo reaccionarían si se enteraran de que no sólo había entrado un Rick desconocido ganándose al Elegido, sino que lo había hecho sin ninguna indicación clara de fondos disponibles? O bien el sistema había fallado de verdad, dejando que un Rick se colara—«uf»—con crédito prestado, o...
En ese momento, un ruido de monedas resonó frente al escenario, acompañado por una ola de oohs y aahs. Asomándose al borde del escenario, Rick Subastador vio al ganador arrogantemente de pie, con una mano en la cadera y la otra, con los dedos abiertos de par en par, por encima de la bolsa de lona abierta que había arrojado a sus pies. El interior estaba repleto de uzoms, y el impacto con el suelo hizo que los medallones de oro saltasen y rodasen en círculos sesgados. Un medallón se estrelló contra la pared del escenario y se cayó de lado.
Un escalofrío comenzó en la parte posterior del cuello de Rick Subastador y se deslizó por su columna vertebral al darse cuenta horrorizado de que el sistema no había estado funcionando mal en absoluto. No es que los fondos de Rick X-280 fueran demasiado bajos para registrarse.
Eran demasiado altos.
–Entonceeees, ¿aceptáis efectivo?
...
La caminata por el pasillo estéril había sido una tortura para Rick, ya que el par de escoltas de la Guarda habían proporcionado una conversación poco mejor que la de una planta. Después del ajetreo de la Subasta de Mortys, la falta de estímulo se notaba. Ahora, en la habitación privada del Elegido, Rick cogió una esfera de plata decorativa de uno de los estantes y se puso a juguetear con ella entre las manos mientras observaba al Rick Guarda terminar de colocar las "herramientas" designadas en un rincón de la habitación. Mientras el Guarda estaba ocupado lidiando con el sistema de cuerdas y poleas, Rick aprovechó la oportunidad para examinar la que sería su habitación durante la próxima hora.
A diferencia del pasillo anodino por el que acababa de pasar, la habitación era cálida y acogedora, con una cama redonda y mullida, un chaise longue y un elegante cuarto de baño a plena vista. Su estética reflejaba la del Façade: El suelo y las estanterías estaban hechas de mármol negro y pulido, y el familiar color carmesí coloreaba las sedosas paredes y sabanas. La porcelana blanca impoluta de la moderna bañera y lavamanos del cuarto de baño acentuaba la suave iluminación del resto de la habitación y hacía que el espacio se viera resplandeciente, lujoso y tranquilo.
Rick había visto hoteles por horas más impresionantes en el Cuadrante Theta, y casi descartó la habitación como algo nada único si no fuera por la extraña esquina de azulejos que contrastaba con la decoración, por lo demás sensual. Artilugios de cuero y metal, cada uno de ellos pulido y brillante, colgados en filas impecables a lo largo de las paredes o colocados sobre telas de terciopelo. Resplandecían bajo el áspero foco de una lampara de techo alrededor de una mesa quirúrgica colocada en el centro. Baldosas blancas cubrían el suelo de la esquina con un siniestro desagüe en su centro.
Una vez terminado su trabajo, el Guarda se unió a su gemelo en la única entrada, haciéndose a un lado para enmarcar la puerta y dejar entrar a un tercer Rick. El Rick Enunco, o Eun-Rick, estaba completamente afeitado, calvo y vestido con una túnica blanca, similar a la del Elegido. Con una reverencia tan profunda que su nariz casi tocó el suelo, se dirigió a Rick. –Si necesitas algo, solo tienes que llamarnos –Giró un brazo hacia afuera y hacia un lado, señalando un intercomunicador incrustado en la pared junto a la puerta. Estaba encima de una estrecha consola sobre la que sólo había un bol de frutas maduras.
Rick se quedó dónde estaba, perturbado por el ostentoso decoro. Cambiando el objet d'art de plata por una delicia más apetitosa parecida a un melocotón, le dio un apretón a la pieza de fruta antes de responder despectivamente: –Sí, sí. Vale. Ya me las arreglaré –Forzó una sonrisa cuando el Eun-Rick asintió en señal de reconocimiento y empezó a salir de la habitación sin levantar la cabeza. Los Guardas le siguieron poco después, y por fin Rick estaba a solas con su Morty.
«Por fin».
Mirando a la cama contra la pared más lejana, vio que el Morty estaba sentado en el borde. Sus manos estaban acunadas en su falda, y a pesar del suave colchón debajo de él, estaba rígido, la tensión visible en la línea de sus hombros y espalda. Dios, el chico parecía que estaba lo suficientemente tenso como para que le diese un tirón muscular. Incluso desde el otro lado de la habitación, Rick podía darse cuenta de que el Morty estaba observando cada uno de sus movimientos por el rabillo del ojo. Puede que su cabeza estuviera inclinada en una muestra de sumisión, pero Rick podía sentir que se estaba preparando para el dolor que tan obviamente estaba anticipando.
Rick le dio un mordisco a la fruta que tenía en la mano y se movió por el perímetro de la habitación, tomando una actitud de total desinterés y manteniendo toda la distancia que podía entre él y El Elegido. Sólo tenía una hora, y no iba a llegar a ninguna parte hasta que pudiera hacer que el niño se relajara. Se recostó contra la mesa quirúrgica, apoyando un codo en su elegante superficie como si fuera una barra de bar en lugar de un dispositivo de tortura. «¿Lo ves?», decía su postura. «Todo está bien. No voy a hacerte daño». Ante su peso, la mesa retrocedió bruscamente sobre sus ruedas, y Rick intentó no caerse torpemente antes de recuperar el equilibrio. Se aclaró la garganta.
–Pues... –empezó–, un sitio muy… es muy burgués este sitio –Se hinchó las mejillas y dejó que sus labios rebosaran sobre la palabra burgués. Las palabras sonaban muy amaneradas en la cámara de tortura en la que estaba en ese momento, y podía ver al Morty retorcerse en su lugar, como si le preocupase la trivialidad de la declaración. Ignorando su estremecimiento, Rick mantuvo su expresión impasible y continuó– ¿T-te, eh, te gusta estar aquí?
Rick miró al Morty para medir su reacción. Estaba jugueteando distraídamente con la cola de su trenza, la inquietud de sus dedos clara incluso en la luz tenue.
–No, supongo que no, ¿eh? –Rick se echó a reír, respondiendo a su propia pregunta y recogiendo con indiferencia una varilla metálica lisa del estante de exposición–. No cuando tienes a Jigsaw como decorador personal, ¿verdad? –Pulsando un botoncito en el lado de la varilla, el orbe de la punta parpadeó con chispas azul-blancas. «Asqueroso». Dejó caer el dispositivo sobre la superficie de terciopelo con un gruñido apenas oculto.
Rick de la Dimensión X-280 era muchas cosas, pero no era un sádico. Herir a otros era sólo un subproducto inconveniente de conseguir lo que quería; nunca derivó ningún placer de ello. Pero por el aspecto de esta sala, con su perversa forma de teatro, era evidente que sus típicos huéspedes opinaban de otra manera.
Súbitamente, se apartó de las filas de látigos y abrazaderas, presentados como una grotesca colección de mariposas, para ponerse delante de Morty. Cruzó los brazos sobre el pecho. –¿Así que el Rick ganador usa esta—esta mierda contigo? ¿Es esa la única forma en que puede conseguir la chispa? ¿El momento de ahá? E-el— ¿Cómo lo llaman? –Se golpeó un dedo contra la frente–. ¿Epifanía?
Cuando el Morty no respondió, Rick se maldijo en silencio. «Te estás pasando de la raya, Ricky. Tienes que tomártelo con calma». No había llegado tan lejos, atravesando el infierno, sólo para toparse con un muro porque no sabía cómo hablarle a un maldito niño.
Exhalando por la nariz, se recompuso. «No te olvides de por qué estás aquí». El Elegido era su boleto para saldar cuentas con el Consejo de Ricks y, si ya había esperado años para este momento, entonces podía esperar un poco más.
Intentando por todo lo alto sonreír de manera sincera y dejar que la tensión de alrededor de sus ojos se suavizara, se dirigió a la cama y se sentó, fingiendo no darse cuenta de la mirada de fuga inminente en la cara del Morty. Con un suspiro, cayó de espaldas a su lado, su peso haciendo rebotar al niño pequeño.
Colocando una mano detrás de su cabeza, continuó en un tono tan neutro como pudo. –¿Cómo funciona, por cierto? ¿Tienes la idea tú mismo y luego se lo dices? ¿O qué? T-tu… no sé –movió su otra mano, todavía sosteniendo la fruta en el aire, como si tratara de evocar la imagen correcta– ¿les disparas rayos inteligentes? ¿Algo así?
Hubo una larga pausa, y justo cuando Rick estaba contemplando la posibilidad de repetirlo, se dio cuenta de que el Morty no estaba mirando al suelo, ni siquiera a él, sino a la fruta que tenía en la mano. Sacó su lengua para mojarse los labios, y se parecía tanto a uno de los muchos perros callejeros que Rick había visto en su vida, que una parte de su corazón se estremeció al verlo.
«Bingo». Rick le dio un empujoncito en el brazo. –A-aprovecha, chico. Hay un montón. Apuesto a que tienes hambre después de todo eso... –Se cortó a sí mismo, sabiendo que no debía terminar la frase. En vez de eso, tosió y volvió a darle un toque al Morty hasta que lentamente tomó la fruta, sus pequeños dedos rozando los de Rick.
El primer mordisco tímido del Morty fue seguido por uno más seguro, y en el tercer mordisco, estaba hundiendo sus dientes en la carne dulce como si tuviera miedo de que pudiera desaparecer. «Mierda, debe haber estado hambriento», pensó Rick, divertido y aliviado al ver al niño haciendo otra cosa que no sea saltar a cada movimiento como un ratón asustado.
–Yo... no lo sé. Cómo funciona. –Las pequeñas palabras salieron débiles y ásperas por el desuso. El Morty lamió una gota de jugo que le caía por la muñeca. Entonces pareció detenerse y rápidamente añadió–: A-amo.
A Rick se le arruinó la cara al oír el título mandatorio, pero a pesar de ello se sintió alentado por su progreso. No es que esperara mucho de la respuesta, pero al menos había obtenido una contestación de su parte. Olvidando por completo su breve intercambio, el Morty estaba ahora diligentemente lamiéndose las manos para limpiarse el líquido pegajoso, una pequeña lengua rosa escurriéndose entre sus dedos para llegar a los trozos de fruta que se habían extraviado.
–Bueno, ¿cómo es cuando haces, ya sabes, lo que haces? –preguntó Rick, levantándose y caminando hacia el fregadero para hacer correr un poco de agua caliente. Mantuvo la espalda girada mientras se tomaba su tiempo con la simple tarea de mojar una de las toallas de mano disponibles, mirando discretamente al Elegido a través del espejo de vanidad–. ¿Cuando consiguen esta Epifanía?
Su distancia y el ruido de fondo del agua corriente parecían ayudar, porque El Elegido respondió más fácilmente esta vez, con las manos todavía suspendidas en el aire para no ensuciarse la ropa. Su cara se contorsionó como si estuviera esforzándose por juntar palabras que ni siquiera se le permitía pronunciar. Finalmente dijo:
–Les gusta mucho. A veces parecen felices - más felices - pero también se vuelven más brutos y—
–N-no, chico –Rick le cortó, volviendo a la cama con la toalla y agachándose frente al Morty. Forzó una sonrisa para ocultar su mueca al pensar en lo que el niño estaba a punto de decir. Rick entonces lo miró fijamente y suavemente envolvió sus manos en la toalla caliente–. Me refería a ti. ¿Qué sientes tú?
Mirando al Morty desde donde estaba arrodillado, Rick pudo ver el extraño halo amarillo que brillaba alrededor de sus pupilas oscuras. Era a la vez extraño y seductor, haciendo que su garganta se contrajera sin poder tragar. El obturador de su ojo derecho tembló, de repente sin saber dónde enfocar, y parpadeó rápidamente para aliviar la incomodidad. Al darse cuenta de que estaba mirándole fijamente, se dedicó a frotar el paño humedecido por las manos del niño y el espacio entre sus dedos. Trabajó con cuidado y se dio cuenta de que los hombros del Morty se relajaban cuanto más tiempo apretaba y masajeaba. A pesar del calor de la tela en sus manos, a Rick se le puso la piel de gallina en la nuca, y sintió una oleada injustificada de confort irradiar a través de su mente, que entraba en conflicto con sus articulaciones doloridas.
–Yo...yo siento... –Una mirada confusa apareció en la cara juvenil de Morty, y el sentimiento de satisfacción que había invadido a Rick hace unos momentos desapareció–. Duele. Siempre sólo duele.
La repugnancia hizo que los pelos de los brazos de Rick se erizaran, y su boca se secó con la triste confesión. El Morty empezó a sacar sus manos de las de Rick como si el contacto entre ellos fuera de todo menos platónico.
«Joder. ¿Que esperaba?» Se quería morir, intentando encontrar algún tema que los sacara del de la tortura que parecía ocupar todas las facetas de la existencia del Morty. Aunque era más fácil decirlo que hacerlo, considerando que al otro lado de la sala había un set de una película de terror.
Rick ya sabía que infligir dolor al pobre niño era la manera de recibir Epifanías. La premisa parecía bastante sencilla y, de hecho, no era muy diferente de cómo funcionaba normalmente: La presencia de un Morty camuflaba las ondas cerebrales de Rick. Aplica dolor a ese Morty, y amplificará el efecto. Cualquier Rick con medio cerebro sabía lo básico. Rick había oído hablar de innumerables experimentos no supervisados con baterías de coche que terminaban con diferentes grados de éxito.
Pero con este Morty, El Elegido, algún cable importante debió haberse cruzado en su línea temporal para producir estos efectos.
–¿Bueno, de dónde eres? ¿Hay alguien como tú en tu dimensión? –preguntó Rick, dándole un último apretón a las manos del Morty antes de volver a sentarse en la cama y tirar la toalla manchada de jugo a un lado. Se recostó sobre sus manos, y fue entonces cuando se dio cuenta con un estremecimiento de que el rincón de tortura estaba convenientemente situado para permitir que cualquiera que se recostara en la cama o disfrutara de un baño de burbujas pudiera observar el espectáculo con una vista despejada.
En lugar de darle una respuesta, el Morty se giró para mirar a Rick de frente por primera vez desde la subasta. Arrugó las cejas con duda sospechosa mientras reflexionaba sobre lo que quería decir. –¿Q-quién eres? –preguntó finalmente. Rick retrocedió, preguntándose si el chico ya lo había averiguado, si su tapadera había sido descubierta. Pero el Morty continuó con su voz plana, desprovista de acusaciones–. Tú no eres... –Miró hacia abajo, hacia el cubrecama, eligiendo sus siguientes palabras con cuidado, mientras un rubor teñía sus pómulos–. No eres como los otros R-R-Ricks.
Rick sonrió torpemente y puso una mano sobre la parte baja de la espalda del Elegido. El Morty se puso rígido al tacto, el tira y afloja entre la cautela y la confianza claro en sus expresiones, hasta que Rick comenzó a acariciarlo a través de la bata, dejando claro que sus intenciones no eran una amenaza. Un minuto, entonces dos, y el niño se relajó visiblemente bajo las caricias de Rick. Incluso dio un tembloroso suspiro de satisfacción, y Rick sintió un destello en su cerebro como un incendio forestal a través de una maleza seca: «Nadie lo había tocado así antes. No desde…» Pero antes de que pudiera llegar al final del pensamiento, ya se había evaporado y desaparecido, y le faltaba el enfoque para recuperarlo.
–Bueno, en eso tienes razón –Rick continuó moviendo su pulgar en un pequeño círculo, tirando de la tela blanca como un pincel en la pintura–. No soy como esos tarados –dijo, señalando con la cabeza hacia la puerta–. Ven aquí –añadió bruscamente, deslizándose hacia la multitud de almohadas que llenaban la cama justo debajo de la cabecera de cuero–. ¿Por qué no nos ponemos, ejem, más cómodos? –Mantuvo su mano en la espalda del Morty, con la más mínima presión guiando al niño para que se arrastrase tras él. Los pequeños huesos bajo los dedos de Rick le hacían estremecerse, y en su lugar centró su atención en el par de muslos delgados que se asomaban entre los pliegues de la tela.
«¿Qué estás haciendo, Ricky?» Una vocecilla le pinchaba. «No te rebajes a su nivel. No te escapaste de una prisión FG sólo para tirarte a un niño al que apenas le han caído las pelotas». La parte científica de su cerebro rápidamente tomó el control, haciendo callar sus pensamientos persistentes. «Sólo estoy experimentando un poco», se aseguró. Si simplemente abordaba este problema como cualquier otro, resolviéndolo a través de la lógica y de un proceso metódico, descubriría qué era lo que motivaba al Elegido, y eso le daría la ventaja sobre el Consejo que necesitaba. Como mínimo, todo el proceso no sería tan vergonzoso.
No podía negar que algo eléctrico transcurría entre ellos, inexplicable por cualquier ciencia que conociera y, sin embargo, tan real como la ley de la gravedad. Los habían separado galaxias antes de que Rick viese por primera vez al Elegido en la subasta, pero en el momento que cruzaron miradas lo había sentido: un vínculo intangible que le atraía hacia ese Morty misterioso con un propósito mas grande que el de las Epifanías, mas grande todavía que su sed de venganza. Ahora, en la privacidad de la habitación, envuelto en sus seductores lujos, ese vínculo le exigía que tomara medidas físicas. Le ardían los nervios, urgiéndole a coger al niño, y - ¿y qué? Ni siquiera estaba seguro, pero fuese lo que fuese, hacía que le temblase la mano al rodearle la parte superior del brazo al Morty y arrastrarlo hacia adelante hasta que estuvo medio estirado encima de su pecho.
Podía sentir el corazón del Elegido latiendo fuertemente contra el suyo. «AsustadoHeridoEsperaSeguroCorreQuedate.» Los pensamientos se amontonaban uno encima del otro en un cúmulo desordenado que parecía un ruido borroso sin sentido, pero Rick pudo captar un pensamiento que resonaba simple y claro por encima de ellos: «Más».
Envalentonado por la respuesta que había obtenido, usó la información y continuó acariciando la espalda del Morty con caricias más largas y lánguidas, aplicando justo la presión suficiente con las yemas de los dedos, de modo que el movimiento se convertía en un masaje.
–Entonces... –Rick tosió al oír que su voz era más grave de lo que pretendía, y volvió a empezar–. ¿C-cómo te llamo? Quiero decir, joder, El Elegido es un poco demasiado presuntuoso, ¿no crees? –Rick arrugó su nariz y se encogió de hombros, la cabeza del Morty moviéndose hacia arriba y abajo sobre su pecho con el gesto–. Y obviamente tampoco eres u-un Morty normal –La otra mano de Rick se acercó para acariciarle la cabeza, inclinando los dedos para pasarlos por su cabello y soltando las largas hebras de la trenza. Sabía que le gustaría y, casi de inmediato, sintió cómo el Morty se relajaba un poco más. «Así de fácil. Sigue haciendo eso», se dijo Rick mientras se pavoneaba internamente, registrando sólo parcialmente que el pensamiento surgió como un eco, sus orígenes confusos.
Pero Rick estaba demasiado ocupado hablando como para prestarle mucha atención. –¿Qué tal... Mmmortimer? ¿Mort? No, no tienes pinta de Mort –Sus dedos mantuvieron el masaje constante, derritiendo al Morty. Rick miró al niño que yacía con una mejilla contra su pecho, sus pequeñas manos agarrando el mono de trabajo de Rick y sus ojos revoloteando cerrados mientras prácticamente temblaba bajo las caricias de Rick.
–Mouse.
–¿Eh? ¿Qué? –preguntó Rick.
–Mouse –repitió el Morty, moviéndose para mirar a los ojos de Rick–. Es lo que mi madre solía llamarme.
–Mouse, ¿eh? –Saboreó el nombre en su lengua. Era tan pequeño y frágil como su significado, y se encontró sonriendo sobre la simple palabra. Era perfecto–. Mouse, entonces.
Mouse apartó la mirada rápidamente como avergonzado por el apodo, y Rick apreció el rubor que floreció sobre sus mejillas. Incluso podía ver el indicio de lo que podría haber sido una sonrisa. «Ahora estamos llegando a alguna parte, Ricky», se felicitó mentalmente y sintió un calor que se extendió a través de su pecho y que trató de negar que fuese algo más que el peso de Mouse sobre él.
–Así que, Mouse, aquí hay… desde luego hay mucho espacio para un chiquillo como tú. Demonios, no muchos niños de tu edad pueden decir que tienen su propio baño privado. Y, joder, ¿esa cosa tiene chorros? –Rick esperaba conseguir una risa de Mouse, pero en vez de eso vio una sombra de angustia en su rostro. En un momento de pánico, se apresuró a encontrar algo que aliviara el ambiente–. Quiero decir, por Dios, probablemente puedas cascártela 50 putas veces antes de la hora de comer. –Se rio, recordando sus propios días de la pubertad.
Mouse solo le miró con una mirada inquisitiva. –¿Cascar qué?
Rick se detuvo, sus manos paralizándose en su viaje entre la cabeza y la espalda de Mouse. –Estás... estás bromeando, ¿verdad?
Pero Mouse parecía más preocupado por el hecho de que Rick hubiese detenido el masaje que por su pregunta. Poniéndose de rodillas sobre las caderas de Rick, Mouse tomó la mano de Rick y la colocó una vez más sobre su cabeza, su petición clara. –¿Qué podría cascar 50 veces? –preguntó de nuevo.
–Oh, cielos. Mira, Mouse, yo-yo-yo no quería decirlo literalmente. Es... –«Joder. ¿Ahora tengo que darle una lección sobre masturbación al Niño Maravilla?» Un incómodo bochorno se abrió camino en la garganta de Rick, y de repente tenía demasiado calor. Mientras acariciaba distraídamente la cabeza de Mouse, apartó la mirada de los ágiles muslos que le cubrían la entrepierna, ignorando la forma en que la tela se elevaba para revelar una piel pálida con finas líneas de color blanco más pálido. Tragó y apretó los labios antes de explicárselo–. Es, ya sabes, es cuando usas las manos. Para sentirte bien –terminó torpemente.
Mouse se animó al oír eso. –¿Manos? Me gustan tus manos. ¿Puedo usar tus manos en vez de las mías? –Se inclinó hacia adelante y apoyó las palmas de las manos en los hombros de Rick antes de añadir–: ¿Para cascarla? –Mouse dio un pequeño meneo complacido, rozándose involuntariamente contra la entrepierna de Rick mientras se deleitaba en las caricias de los dedos sobre su cuero cabelludo, ajeno a la palpitación que pulsaba en la polla de Rick cuando se movía.
«Mierda, el niño es un provocador nato cuando no está temblando de miedo», pensó a medias, el resto de su mente repentinamente ocupada por una avalancha de impulsos desenfrenados, pequeños avisos sobre cómo podía arrimarse tan fácilmente para hacer que el niño se retorciese aún más, dónde podía poner las manos para desenredarlo. Podía ver las imágenes en su mente como si alguien estuviera dirigiendo la escena. Los pensamientos lo impulsaron a moverse, y lentamente bajó sus manos de la cabeza de Mouse para pasar por encima de su cuello y pecho antes de apoyarlas sobre sus muslos. Otro escalofrío de pensamientos obscenos—joder, no había estado tan cachondo desde hacía mucho tiempo—lo atravesaron mientras deslizaba sus pulgares bajo la túnica, a sólo unos centímetros de las partes más íntimas de Mouse. Rick sólo se sorprendió parcialmente al descubrir que el niño no llevaba ropa interior. La piel de esa zona estaba rellenita y suave como un pétalo, sólo las cicatrices ligeramente levantadas interrumpiendo su superficie.
–Oh. –El simple jadeo dejó los ojos de Mouse con los párpados pesados, sus extremidades repentinamente aflojándose. Se estremeció en las manos de Rick y se cayó hacia adelante para apoyar su frente contra el costado del cuello de Rick. «Sigue».
–Si eso es lo que quieres, Mouse –dijo Rick, su corazón latiendo en sus oídos mientras se acercaban sus manos. En el momento en que las puntas de sus dedos rozaron ese pedacito de carne calurosa, exhaló bruscamente y sus manos se acercaron a Mouse precipitadamente. Una se hundió para sostener sus huevos con la mano ahuecada mientras la otra envolvía suavemente su polla semidura. Latía ávidamente en su mano, pero Rick mantuvo su lucidez, siguiendo su propia rutina: Con el pulgar esparció la perla de líquido preseminal que le mojaba la punta, trazando círculos alrededor del glande húmedo y tirando hacia atrás el prepucio.
Las caderas de Mouse saltaron, y dio un grito ahogado, agarrándose más fuertemente a los hombros de Rick. Rick podía sentir el ardor de su mejilla donde estaba presionada contra su cuello y las cortas bocanadas de aliento que calentaban su piel.
Como un entrenador instruyendo a su alumno, Rick continuó en un tono ronco: –Quieres empezar despacio, hacer un calentamiento. –Acarició la totalidad del miembro de Mouse, con la mano suelta alrededor del prepucio y dándole un firme apretón al final. Su propia polla estaba ahora dura como una roca, e inconscientemente inclinó sus caderas para frotarla contra el interior del muslo de Mouse mientras continuaba–. Y no olvides que también tienes otras cosas con las—las que trabajar –A modo de explicación, Rick deslizó dos dedos hacia detrás de los huevos de Mouse para masajear la piel desnuda de su perineo con movimientos firmes. Trabajando con ambas manos en tándem, Mouse pronto se abalanzó fervientemente sobre las garras de Rick, gimiendo cosas incoherentes, medio asfixiadas contra el cuello de Rick.
A pesar de su habitual control, a Rick se lo llevó el momento, absorto en cada sonido escandaloso que salía de entre las piernas y los labios de Mouse. Su mente estaba inundada de mensajes reafirmantes de «Increíble, oh dios, lo necesito más fuerte, más rápido, más rápido, más RÁPIDO». Pero justo cuando estaba saboreando la acumulación de excitación que prácticamente podía sentir de Mouse, otros pensamientos no deseados comenzaron a filtrarse.
«—no autorizado—pararlo—»
Rick agitó la cabeza como si quisiera despejar los intrusivos pensamientos de su mente y se concentró en estimular a Mouse hasta que el niño jadeaba con la respiración entrecortada. Mouse se alejó, primero mirando con asombro la mano de Rick alrededor de su pene que goteaba y luego a Rick. El brillo alrededor de sus ojos parecía más pronunciado en la sofocante oscuridad de la habitación, proyectando un brillo amarillo sobre sus mejillas sonrojadas.
«—entra ahí—el sospechoso debe ser retirado—no nos pagan lo suficiente para esto—»
Las manos de Rick vacilaron, y salió corriendo para mirar por encima del hombro de Mouse, escudriñando la habitación en busca de los intrusos que no estaban allí.
«—a la cuenta de tres. Vale, aquí va».
La voz—no, las voces—se dio cuenta Rick, eran claramente distintas de su propio diálogo interno, y con cada segundo que pasaba, se volvían más claras como una frecuencia de radio que irrumpía a través de la estática.
«Uno...»
–¿R-Rick? –Mouse suspiró su nombre, al borde del orgasmo, pero Rick apenas lo registró mientras apartaba a Mouse con un brazo, haciendo que el niño saliera de su regazo y se cayera sobre el cubrecama mientras se movía hasta el pie de la cama.
«Dos...»
Rick movió sus piernas hacia un lado y se sentó congelado, parte de él gritando que debía salir corriendo, mientras que la otra parte se esforzaba en clasificar la avalancha de pensamientos ajenos que le atormentaban el cerebro. –Mouse –Su boca se había secado debido a la mezcla de miedo y asombro que se apoderó de él, con los ojos muy abiertos. Miró al chico que yacía desarreglado y ajeno a lo que estaba pasando–. Están vin...
–¡Tres! –Una multitud de Ricks Guarda armados irrumpió a través de la puerta, llenando la habitación en formación cerrada, con sus armas levantadas y listas. Con precisión militar, hicieron un barrido preliminar de la estancia antes de formar un círculo estrecho alrededor de la parte delantera de la cama.
Rick no había hecho ningún movimiento desde que entraron, paralizado por el asombro mientras las piezas del rompecabezas caían en su sitio, poniendo en evidencia la situación en su conjunto. Una sonrisa irónica se clavó en sus labios, y se inclinó hacia delante, sus codos descansando sobre sus rodillas. Rick movió lentamente la cabeza con incredulidad.
–No. Puede. Ser.
