Una grieta apareció en el caparazón del Morty Elegido y de ella surgió una gran efusión de alegría.
- Cantar de Mortys 10:11
A fin de cuentas, el plan de Rick iba mejor de lo que esperaba.
Había llegado a la Ciudadela después de un casi impecable atraco bancario, se había infiltrado en el grupo de pujadores de la Élite con facilidad, e incluso había ganado la Subasta de Mortys nocturna en su primer intento. Menos mal que al final había decidido hackear la segunda caja fuerte de Va'ghnoot. La cantidad extra de Uzom le había dado suficiente reserva para ganar al Sr. Doble-Papada y dejarlo con más que suficiente para al menos otra subasta. Puede que dos, si jugaba bien sus cartas.
Rick tiró de la pesada cadena que unía sus muñecas al suelo.
Sí. Las cosas definitivamente tenían buena pinta.
Había pasado una hora desde que los Guardas lo habían dejado atado y solo en el centro de la Cámara del Consejo, y la monotonía comenzaba a rallarle. Miró a su alrededor con su ojo hinchado, pero ya había asimilado todo lo que el sitio tenía para ofrecer. Las brillantes superficies doradas, las ventanas abovedadas que emitían una luz cálida y nebulosa, e incluso los arbustos alienígenas estaban diseñados para dar a los visitantes una sensación de asombro y grandeza.
«Obviamente, alguien estaba sobrecompensando». pensó Rick.
Se movió, intentando que la sangre fluyera a través de sus rígidas piernas, pero inmediatamente se arrepintió cuando su costilla fracturada se hizo evidente con otro golpe de dolor punzante. Aguantando el aliento, volvió a su posición original para aliviar la tensión del torso. Esto le hizo ponerse de pie ligeramente encorvado, y se estremeció, sabiendo que le haría parecer aún más patético desde el punto de vista del Consejo en su plataforma elevada.
Probablemente era exactamente lo que tenían en mente. Rick era muy consciente de que hacerlo esperar así era simplemente otro de sus juegos mentales, una táctica turbia para hacer que su audiencia se sintiera aprensiva e impotente en los minutos previos a la gran entrada del Consejo. Aunque nunca antes había conocido al Consejo, había visto sus retratos en vallas publicitarias por toda la Ciudadela y en la parafernalia hortera de las tiendas de Rick Vendedor—tazas y camisetas, incluso cartas de coleccionista. Aquí eran tratados como famosos de primera categoría, pero para Rick, eran poco más que unos ladrones.
A pesar de estar ansioso por conocer a su juez y jurado y conseguir que su arresto de mierda fuera resuelto, al menos la tranquilidad le dejaba tiempo de sobras para pensar. Ignorando los dolores que acribillaban su cuerpo apaleado, Rick se centró en la letanía de acontecimientos complejos que le habían estado reclamando su atención en las últimas dos horas. Y qué par de horas habían sido.
No había pasado ni un día entero desde que llegó a la Ciudadela, y aun así todo su mundo se había puesto patas arriba después de la Subasta de Mortys. Después de conocer a Mouse. La preocupación le hizo un nudo el estómago cuando pensó en Mouse, preguntándose qué le habría pasado al chico después de que el Capitán y sus compinches sacaran a Rick de la habitación. Mouse se mostró angustiado, frenético incluso, cuando los Guardas golpearon a Rick sin piedad, y el corazón de Rick se encogió, recordando la mirada de pura angustia en la cara del chico. Sin embargo, en los últimos momentos que compartieron, aquel Morty tan modesto había asumido una ferocidad que le impresionó. Arriesgando su propio bienestar para proteger a Rick y luego enfrentándose al Capitán de esa manera...
Rick sonrió para sí mismo. «Es como dicen. Las cosas grandes vienen en paquetes pequeños».
Pero no fue sólo el inesperado desafío de Mouse lo que lo sorprendió. Rick ahora sabía que El Elegido tenía un poder aún mayor que las codiciadas Epifanías por las que los Ricks Élite pujaban tan extravagantemente. Mientras que una Epifanía ponía al genio de Rick en sexta marcha, acortando distancias en la lógica y acelerando el proceso de razonamiento, esta otra habilidad -¿clarividencia? ¿Telepatía? A Rick le seguía pareciendo una locura usar palabras de las que una vez se había burlado. Pero fuera lo que fuera, le había permitido entrar en el terreno más secreto conocido por el hombre: la mente.
La experiencia lo había dejado desconcertado y más que un poco confuso cuando intentaba comprender por qué había actuado de esa manera con Mouse. Con los pensamientos de Mouse impregnando su mente como tinta húmeda sangrando a través del papel, era difícil distinguir dónde terminaban sus propios deseos y dónde comenzaban los de Mouse. ¿El latido del corazón del chico contra su pecho lo había excitado tanto que lo impulsó a hacer sus avances, o simplemente se había dejado llevar por los ensueños de Mouse proyectados sobre él? Esa era la parte complicada de que los pensamientos de los demás resonaran dentro de tu cabeza: Nada estaba claro. ¿Cómo discernir algo tan intangible y fluido como el pensamiento?
Cerró los ojos, sin prestar atención al entorno estridente, mientras intentaba recordar cómo le había sentado la Resonancia con Mouse.
Al principio, sólo había sido capaz de captar las emociones de Mouse—inclinaciones aleatorias que en ese momento había interpretado incorrectamente como propias—antes de eventualmente "escuchar" palabras completas que eran claramente dispares a las suyas. Diablos, teniendo en cuenta el tiempo que había tardado en darse cuenta de lo que estaba pasando, Rick no podía estar seguro de cuándo habían comenzado las Resonancias. ¿Qué fue exactamente lo que las desencadenó?
Revisó los eventos de esa noche, repasando cada palabra, cada toque—
Una vibración repentina cobró vida bajo los pies de Rick, y levantó la mirada, perdiendo el hilo de pensamiento abruptamente. Desde el majestuoso mirador situado frente a él, seis tronos dorados se elevaron lentamente, un Rick sentado rígidamente en cada uno de ellos.
Por fin, el Consejo de Ricks había decidido honrarlo con su presencia. Vestidos con ropajes de idénticos abrigos blancos y collares angulares bañados en oro, la imagen del Consejo era a la vez regia y beata, con la clara intención de invocar reverencia entre sus electores.
Justo cuando los asientos se encajaban, un Rick con barba y bigote se paró solemnemente y le señaló con un dedo.
–¡Eh! ¡Muestra algo 'e respeto, huevón! ¡No me haga' bajar ahí y en'erezarte, man!
Rick retrocedió unos metros, físicamente repelido por el asalto verbal, antes de agarrarse al final de la cadena y caer torpemente de culo.
–¡Eso 'tá mejó! –El miembro del consejo cruzó sus brazos, con sus dedos extendidos haciendo signos pandilleros–. 'Tá aquí po' cometé crímene' bien grave', brother. ¡Qué mamada! 'Tonce el Consejo te va poné en la vaina de Máquina del Horro' Innombrable. De verdá. Te va' convertí la mente consiente en mente inconsiente –El Rick iba de un lado a otro como si estuviera en el escenario en un concierto mientras deliraba–. ¿Y toda' esa' fantasía' que tiene'? No, man, volaron. To' lo que cree' sabé también, ya se fué.
Mientras Rick luchaba por encontrarle sentido a lo que el miembro del Consejo decía, su mente se tambaleaba ante la extraña primera impresión. Los gestos salvajes del Rick en la plataforma no encajaban con la imagen que él tenía del Consejo. Esperaba algo más sereno, más refinado, del Rick sentado en la cúspide de la jerarquía de Ricks y con un poder aparentemente ilimitado. No...
–Y cada die' segundo', te hinca lo' huevo.
Rick parpadeó.
–Para el caARGHRrro, Hermano Ricktiminus –el Rick a su derecha dijo, hojeando un montón de papeles en sus manos. Tenía una mata de pelo arremolinada atada precariamente en lo alto de su cabeza, que se tambaleaba ligeramente cuando se movía–. Puede ser que esto no te guste nada, pero en realidad estás apuntando fuera del tiesto.
–Zeta Alfa tiene razón. Lo explicaré, si se me permite. –Un tercer miembro en el extremo izquierdo de la plataforma con un copete caído señaló algo en la hoja superior de su montón mientras rimó al estilo de Dr. Seuss–. Según el itinerario, solamente mañana será necesario. Parece que los ha confundido, como anteriormente ha sucedido.
–Aaah, la huevá –gritó Ricktiminus, encorvándose en su asiento– ¡La chucha, Prime, no eh que puea 'tar parando bola de tó esto' gringo', man!
–Le dijo la sartén al cazo –bromeó Zeta Alfa arqueando sus cejas.
Ricktiminus se enfurruñó en respuesta y se ruborizó con un rojo intenso bajo sus pálidas mejillas.
–En cualquier caso, tal vez si te pararas a mirar antes de saltar. Ese siempre ha sido tu talón de Aquiles.
–Aaaurgh-braacgh-urrp.
Rick frunció el ceño ante el miembro del consejo con afro que se limitó a dar una serie de eructos. Curiosamente, los otros Ricks se lo tomaron en serio, algunos incluso asintieron con la cabeza.
–Me has quitado las palabras de la boca, Quantum.
El cotorreo continuó durante otro minuto, cada miembro del consejo hablando o eructando en voz alta con poco respeto por su compañero. Le recordaban a Rick más a una multitud de niños de colegio insoportables que al grupo más poderoso de Ricks en el multiverso. ¿Eran realmente los mismos que le habían enviado a la FG en bandeja de plata hace tantos años? Rick miró furtivamente a su alrededor, medio esperando encontrar a alguien grabando la broma en cámara oculta.
Cuando el Capitán de la Guarda le había puesto la orden de arresto en la cara, hablando de "fondos defectuosos," Rick estaba seguro de que sólo era una táctica cutre del Consejo para arrastrarlo hasta aquí y terminar lo que habían empezado hace diez años. Seguramente, habían descubierto quién era. Su etiqueta dimensional tenía que haberles llamado la atención. Era Rick de X-280, la víctima inocente de una conspiración política arreglada por el Consejo que lo había mantenido encarcelado la mayor parte de la década. Después de haberse abierto camino hasta aquí a toda costa, iba a vengarse del Consejo que lo había arruinado. Se iba a derramar sangre, iban a volar las acusaciones y lo iban a pagar caro.
Sin embargo, esta no era la confrontación que él había imaginado.
–Uh, ¿eh? ¿Hola? –Rick reclamó desde el suelo. Su afán inicial de enfrentarse finalmente al Consejo hacía que la adrenalina le pusiese de los nervios, y ahora ya sólo tenía ganas de acabar con el tema–. Sigo aquí, ¿sabéis? ¿Seguimos—seguimos con el tema o qué? –Pero el Consejo estaba demasiado ocupado con su clamor como para prestarle atención a Rick. Finalmente, el miembro del consejo que estaba en medio con pelo hasta los hombros se levantó y extendió los brazos a sus compañeros para tranquilizarlos.
–Camaradas, compatriotas, por favor. Abstengámonos de perder más tiempo valioso, y supliquemos a nuestro venerado líder, Riq IV, que inste a este tribunal. –Extendió su mano, con la palma hacia arriba, hacia el Rick en el extremo derecho de la plataforma, que había permanecido en silencio durante el transcurso del debate. El líder del consejo llevaba una perilla y su pelo en peinado en tres mechones afilados encima de su cabeza; su expresión era imposible de leer mientras observaba a Rick con una mirada penetrante.
Riq se inclinó hacia atrás, cruzando su tobillo sobre una rodilla mientras colocaba delicadamente su barbilla en dos dedos. –Gracias, Maximums Rickimus, por esa elocuente introducción. Ha sido...demasiado verbosa, como de costumbre –dijo, sin tomar la molestia de girarse y dirigirse directamente a su compañero de consejo. Suspiró por la nariz y se dio un golpecito con un dedo largo en la mejilla como si sopesara sus palabras antes de hablar–. Rick de X-280, he oído que... –se detuvo, frunciendo el ceño–. Oh, leváAUGHntate de una vez. Estás ridículo.
Con sus muñecas todavía esposadas, a Rick le costó bastante esfuerzo ponerse de rodillas y finalmente de pie. Sus músculos doloridos tampoco ayudaban. Sin embargo, a pesar de sus heridas, se puso tan recto como pudo, con el más mínimo temblor en la comisura de la boca demostrando el dolor que sentía. Estaba más que dispuesto a soportarlo si eso significaba enfrentarse a sus captores como un hombre, a diferencia de la última vez, cuando el Consejo no se presentó ni siquiera a la sentencia de su propio hermano.
–Eso está mejor –continuó Riq–. Como estaba diciendo, la verdad es que has causado bastante escándalo en la Subasta de Mortys de esta noche. Rick Subastador apenas pudo decir el valor de tu oferta ganadora. ¿Cuánto era, Zeta Alfa?
–Digamos que le costó un brazo y una pierna –respondió Zeta Alfa con una sonrisa come-mierda, mirando al cuerpo magullado de Rick con un placer perverso. Rick frunció el ceño, sin que se le escapara el doble sentido. Los malditos juegos de palabras estaban empezando a ponerle de los nervios.
–Aun así, imagina nuestra sorpresa cuando descubrimos que uno de los tuyos era el ganador de la subasta. Tu numerito fue difícil de ignorar, sobre todo teniendo en cuenta que no todos los días vemos—la Ciudadela recibe la visita de un X-Rick. –El labio de Riq se arrugó despectivamente ante la palabra.
Rick no pudo evitar ver las miradas de desdén que resonaban en las caras de los otros miembros del consejo al mencionar el insulto dimensional, y le recordaron dolorosamente que no importaba a donde fuera, la reputación de su dimensión lo precedía entre los Ricks. Lo marcaba como un paria, condenándolo a ser excluido y odiado por sus hermanos para el resto de sus días.
De todas las dimensiones que habían sido meticulosamente etiquetadas y catalogadas por el Consejo de Ricks, la Dimensión X se encontraba en la parte inferior de la lista jerárquica, y su designación titular era una descarada mofa de todos los Ricks que caían a lo largo de esa línea temporal en particular. Mientras que la mayoría de los Ricks en la curva central finita concibieron a una Beth que quedó embarazada de un Jerry y que dio a luz a una Summer y eventualmente a un Morty, un cruel giro del destino había puesto a la línea temporal de la Dimensión X en un camino divergente. Beth se quedó embarazada de un Jerry y luego dio a luz a una Summer, pero en cada iteración de la Dimensión X, su Morty siempre nació muerto.
–Venir aquí requiere mucha valentía, con una reputación tan sombría –Rick Prime estaba prácticamente saltando en su asiento, obviamente satisfecho con su pequeña rima. La referencia se clavó en Rick como una púa.
Aunque la muerte del infante Morty no era culpa del Rick, la noción era tan repulsiva para los Ricks del multiverso, que los de la Dimensión X eran estigmatizados. Les llamaban bichos raros. Perdedores. Desgraciados. Fracasados. Asesinos de Mortys. Muchos Ricks incluso llegaron a considerarlos como gatos negros, símbolos de mala suerte y algo que evitar por miedo a que de algún modo sus propios Mortys también tuvieran un final prematuro. Rick podía recordar innumerables veces en las que un Rick había mirado en su dirección y había protegido a su Morty de él cuando se cruzaban.
La superstición era tan prevalente que muchos Ricks de la Dimensión X optaban por no asociarse con otros Ricks, prefiriendo aislarse de los suyos e incluso condenar al Consejo de Ricks en su conjunto. Hacerlo, por supuesto, significaba renunciar a la seguridad y al reemplazo de Mortys que el Consejo podía proporcionar, pero aun así se consideraba una mejor alternativa a tener que soportar el ridículo constante.
–Así que dinos. ¿Cómo llegó un X-Rick a tener tanto—una fortuna tan grande y vasta?
En lugar de responder a Riq inmediatamente, Rick se giró para escupir, la saliva teñida de sangre manchando el prístino suelo. –Mi querida tía Bertha me la dejó. –Su tono rebosaba de sarcasmo descarado. Si iban a jugar con él, él podía jugar con ellos también.
La ceja de Riq se movió, su expresión vacía.
–Me cuesta recordar a esa pariente en concreto –musitó Maximums Rickimus en voz alta, frotándose la barbilla–. No obstante, puede que no esté tan versado en la plétora de relaciones genealógicas potenciales a lo largo del abanico de Ricks. –Se detuvo para tomar un respiro–. Dada la naturaleza intrínsecamente caprichosa de los planos dimensionales, no está fuera de la posibilidad de que tal benefactor pueda, de hecho, existir.
Como el autoproclamado intelectual de la asamblea, Maximums parecía tener cierta influencia sobre sus compañeros. Asintieron con entusiasmo y emitieron sonidos típicos de comprensión, cuando era obvio que la declaración había pasado por encima de sus cabezas. Los dos a la derecha de Maximums incluso reflejaron su gesto, frotándose sus propios mentones, como si la mímica por sí sola pudiera convencer a todos de su inteligencia. Aparentemente, nadie más en el Consejo compartía los recelos de Riq.
Pero en vez de disfrutar de la facilidad con la que el Consejo se había tragado su ridícula explicación, Rick sólo tenía una sensación de inquietud. ¿Cómo podía ser éste el mismo Consejo que había planeado su encarcelamiento la última vez? Tenía un conocimiento bastante sólido del arte del suspense, pero esto se estaba volviendo ridículo. Al principio pensó que simplemente se estaban tomando su tiempo, disfrutando de unas risas a su costa antes de dejar las apariencias y ponerse manos a la obra. Pero cada minuto que pasaba le hacía sospechar que a lo mejor realmente no sabían quién era.
Por lo que había podido averiguar sobre las circunstancias de su último arresto, el Consejo había dado sus coordenadas a la Federación Galáctica. Durante su detención y sentencia, la Federación Galáctica había actuado para todo el mundo como si hubiera orquestado la redada por su cuenta, pero Rick nunca se lo creyó. Había sido demasiado astuto, demasiado inteligente, siempre un paso por delante de ellos durante demasiado tiempo. No tenía sentido que su impecable historial se esfumara tan repentinamente. Se había comido el coco caminando por su celda, intentando determinar el momento en el que había cometido un error, en el que había bajado la guardia, pero no podía encontrar ninguna explicación plausible para ello. La redada de la Federación había sido hermética, todos los planes de Rick se desmoronaban antes de que tuviera la oportunidad de ejecutarlos.
No fue hasta unos años después de su condena cuando el carcelero de su bloque de celdas acabó por dar voz a las sospechas de Rick:
«Te traicionaron».
Esas fueron sus palabras exactas. Pero en cuanto a por qué el Consejo lo había traicionado, esa información nunca llegó. Ahora estando en la Cámara del Consejo ante este panel de payasos, Rick se dio cuenta con una asquerosa sensación de déjà vu que era la segunda vez que se encontraba a merced del Consejo sin entender claramente el por qué. Rick odiaba que lo mantuvieran en la oscuridad, y la creciente sensación de temor en su estómago comenzaba a hacer que le sudaran las palmas de las manos.
–E-espera un segundo. ¿Vosotros...? –Rick comenzó, deteniéndose sólo para mojarse los labios que de repente se le habían secado. Miró con recelo al Consejo mientras tartamudeaba–, ¿Vosotros ni siquiera…?
Se encontró con una serie de caras en blanco. Incluso Riq parecía ligeramente molesto por su lamentable tartamudeo. Sin embargo, antes de que pudiera sacar el resto de su pregunta, Quantum Rick irrumpió con un ruidoso monólogo de eructos.
–Urrpa-bburrrp-braaak-hurragh. Aurrup-graagh.
–Por favor, tened un poco de compasión. El pobre no comprende la ocasión –dijo Rick Prime, limpiando una mancha de saliva de Quantum que había caído en su mejilla. Le echó un ojo altivo a Rick–. Nunca hemos tratado con un X-Rick en el pasado, y como puedes imaginar, el tema es bastante delicado. Pero ahora que estás con nos, por favor, explícanos. Anda, tienes la palabra.
–¿Nunca...habéis tratado? –Rick repitió parte de la estrofa. Miró de miembro del consejo a miembro del consejo, pero ellos se limitaban a mirarlo expectantes, como si el tema de la tía Bertha hubiera resuelto cualquier preocupación, y ahora sólo esperaban pasar al siguiente, presumiblemente más interesante, tema.
Rick sintió como si su estómago se le hubiera caído al suelo.
Todas sus hipótesis, que habían hecho de su arresto la clave de algún gran plan, se derrumbaron en ese momento como un endeble castillo de naipes. En vez de sentirse indignado—no, eso vendría después, cuando la realidad se asentara—fue la humillación lo que hizo que sus articulaciones se sintieran flojas y sus hombros se hundieran. Había llegado preparado para un momento de revelación que cambiaría su vida. Ahora se sentía como el blanco de una broma muy mala.
Una pequeña parte de él siempre había temido que esto fuera una posibilidad, por mucho que intentara negarlo. Esos oscuros y pequeños susurros solían atormentarlo en su celda todas las noches, burlándose de que la verdad era mucho más simple de lo que él quería que fuera: Su encarcelamiento no significaba una mierda. Estaba claro que el Consejo no sólo no recordaba haber hecho que lo arrestaran, sino que ni siquiera lo recordaban. Hasta donde sabía Rick, diez años de su vida se habían borrado de un plumazo arbitrario.
Sin embargo, tras su remordimiento, Rick se dio cuenta de que a lo mejor el ser olvidado por el Consejo jugaría a su favor. Si descubrían ahora que era un convicto de la FG, lo más probable es que lo devolvieran al lugar de donde venía. Y era demasiado pronto para que Rick perdiera su tan duramente ganada libertad. No había planeado su venganza durante tanto tiempo sólo para tirarlo todo por la borda por un berrinche.
Su plan original siempre había sido robar a la preciosa mascota del Consejo, pero ahora que las cosas se habían complicado un poco más con El Elegido, Rick se dio cuenta de que su plan necesitaba más tiempo. Si algo era cierto sobre Rick, era que no le molestaba dar marcha atrás para salir de una situación difícil.
–Y-yo quería decir, iba a preguntar— ¿qué clase de tribunal es este? Pensaba que me habíais traído aquí porque había un problema con mi dinero. –Hinchó el pecho, ocultando el hecho de que su realidad estaba actualmente en pedazos a su alrededor–. ¿Y bien? ¿Qué problema hay?
–Oh, eso. –Riq sacó una pelusa de su manga–. Sólo un problemita que tuvimos con el cambio de moneda. Es una putada convertir los Uzom en créditos, como puedes imaginar, al ser tan raros y tal. Pero tu dinero está perfectamente bien.
–Entonces, ¿por qué narices estoy detenido? ¿Por qué coño me habéis hecho esto? –Acercó un hombro a su ojo herido, incapaz de levantar sus manos atadas–. ¡Vuestros malditos Guardas me han apaleado como si fuera el número uno de la lista de terroRickstas!
–¡Relájese, huevón! El Capitán disho que 'taba saliéndose de verga. Y ese brother no se arriesga pó ná. Su gente dise la' cosa' como son. Si habla mierda, le pegan, ¿entiende?
Rick simplemente se quedó mirando, completamente perdido, antes de recurrir a uno de los otros miembros del consejo para que le ayudara.
–Como Ricktiminus decía tan pintorescamente –explicó Riq–, el Capitán presentó un informe diciendo que exhibiste un comportamiento agresivo durante tu detención, que él simplemente respondió con la misma fuerza –Riq le dio un repaso con la mirada a Rick, y Rick se encontró incapaz de reprimir un escalofrío ante la inquietante intensidad de esos ojos. Se sentía como si lo estuviera desnudando con la mirada–. Me pregunto qué hizo para que le levantaras el puño al Capitán de la Guarda. –La mofa no era explícita, pero Rick la escuchó de todas formas.
–Estaba… –Rick se mordió rápidamente la lengua. «Estaba haciéndole daño a Mouse». Aún podía ver al Capitán levantando a Mouse del suelo por el pelo, recordó el brillo de sus dientes sobre la piel desnuda de Mouse. Un estallido de rabia atravesó a Rick, pero lo reprimió antes de que pudiera llegar a verse en su cara. Obviamente el Consejo no entendería que dijera que fue por la forma en la que el Capitán torturaba a Mouse. Al fin y al cabo, eso era exactamente lo que un Rick debía hacer con El Elegido.
Había leído el panfleto cursi que la Élite recibía como parte de su invitación formal a las tropas. Después de la introducción llena de florituras, enumeraba métodos de tortura probados y comprobados que "garantizaban resultados," incluso señalando partes clave de la anatomía de Morty que provocarían el mayor dolor con el menor esfuerzo. Le sorprendió que no lo llamaran simplemente Tortura de Morty para Principiantes. Sin embargo, el estatus del Consejo exigía que mantuvieran su imagen pública de elegancia.
Pero Rick de X-280 no podía ni imaginar hacerle daño voluntariamente a Mouse—o a cualquier Morty, de hecho. Como le habían arrebatado al Morty de su dimensión prematuramente, se le había negado el vínculo especial que compartían Ricks y Mortys. Mientras que la mayoría de los Ricks abusaban abiertamente de sus Mortys a la menor ofensa, Rick veía a todos los Mortys con cierta curiosidad e incluso compasión.
–Estaba… –repitió Rick, mirando a un lado mientras se encogía de hombros–. Simplemente me ha caído mal.
Rick Quantum resopló y dio un poderoso eructo.
–Sí que tiene ese efecto –coincidió Prime–, pero como dicen, nadie es perfecto. Otra ola de murmullos de aprobación retumbó en el panel de miembros del consejo.
–En fin. –Rick estaba ansioso por cambiar el tema de lo que había sucedido en la suite del ganador–. Y ahora que estoy aquí, ¿qué sentido tiene todo esto? ¿Una puta bienvenida?
Zeta Alfa puso el puño en su mano. –Has dado en el clavo.
–Sí, algo así –respondió Riq con frialdad–. Queríamos darle personalmente la bienvenida a nuestro nuevo miembro de la Élite, especialmente a uno con tanto talento como tú.
«Si por talento os referís a estar forrado, codiciosos hijos de puta».
Riq continuó, ajeno a las reflexiones de Rick. –Tu desempeño en la Subasta de Mortys nos demuestra que tienes el potencial que nos gusta ver en la Élite. Creemos que podríamos tener un futuro muy lucrativo juntos.
–Eh, eso suena un poco a basura, sabéis. Quiero decir, viniendo de los tíos que me tienen encadenado como un maldito convicto –Rick agitó las cadenas alrededor de sus muñecas para demostrar su argumento, haciendo un ejem molesto.
–Perdón por el error. La costumbre –dijo simplemente Maximums Rickimus, por una vez sin abusar de su impresionante vocabulario. Con una palmada doble firme de sus manos, un Guarda apareció al lado de Rick para quitarle las esposas. Mientras Rick se frotaba donde los candados pesados habían dañado su piel, jugó con la idea de quitarle la pistola que el Guarda tenía atada a su muslo, pero otra oleada de dolor lo convenció rápidamente de que lo olvidara. Por ahora.
Juntando sus dedos, Riq inclinó su barbilla mientras miraba a Rick. –¿Mejor? Ahora, para compensar, primero nos gustaría extender nuestras más sinceras disculpas. –Algunos de sus compañeros del consejo se enfadaron al oír la palabra, y Ricktiminus dio un gemido audible–. Nuestras más sinceras disculpas –anunció Riq de nuevo, dando a los demás una sucia mirada antes de continuar–. Para compensar cualquier inconveniente que te hayamos causado, hemos preparado un alojamiento especial en la Ciudadela, donde estás invitado a quedarte hasta... –inclinó la cabeza– ¿Cuánto tiempo has dicho que te quedarías con nosotros?
–No lo he dicho –Rick respondió. Hizo una pausa para pensarlo, haciendo rápidamente los números en su cabeza–. Calculo que unas pocas semanas, si me apetece.
–Demasiado pocas, seguro. –Riq sonrió, pero a Rick le recordó más a un animal con los dientes al descubierto–. Todas tus necesidades se cubrirán: ropa, comida, entretenimiento. Por favor, considérate nuestro invitado especial durante tu estancia. Esperamos ansiosos conocer tus próximas ofertas. Estoy seguro de que no nos decepcionarás. –En ese momento Riq levantó su mano y dio un pequeño saludo.
Ajustando su cuello con un tirón impertinente, Rick se giró y comenzó a caminar, o mejor dicho, a cojear por el suelo de la cámara, con el Guarda a su lado. Había llegado a mitad del camino hacia la salida cuando Rick Prime, que había estado leyendo el resumen del caso, exclamó de repente detrás de él.
–2,500,001? ¡Es la oferta más alta de la historia, mejor que ninguno! –Le dio al papel con el dorso de la mano–. A pesar de que la habilidad de El Elegido no tenga comparación, sigo sorprendido por esta cantidad sin igualación.
–¿En serio 'tá echando buena' lucas sobre ese chivolo? ¿'Ta mamao? –Ricktiminus se unió–. Brother, me trae de la verga que bacán sea la Epifanía, e' una locura.
–Estoy obligado a coincidir con mis compatriotas en este asunto. Asignar una porción tan sustancial de divisa cuando uno está relativamente poco acostumbrado a la subasta sería naturalmente considerado como una malversación de su capital—
–Vale, Maximums. Lo pillamos. No estás haciendo un puto examen. –Riq suspiró cansado–. Un momento, Rick de X-280, por favor. –Su voz resonó en los altos muros mientras llamaba a Rick desde el otro lado de la cámara.
El Guarda bajó suavemente su arma en el camino de Rick, deteniéndolo sin tener que decir una palabra. Resoplando, Rick se giró bruscamente para enfrentarse al Consejo.
–Lo que el Consejo intenta preguntar es por qué un nuevo miembro de la Élite –Riq miró de cerca el informe que tenía en sus manos–, que nunca antes había entrado en la Ciudadela, pagaría una suma tan alta en su primera noche en las subastas.
–Eh, ¿la misma razón que cualquier otro Élite? Obviamente. Una Epifanía –Rick se encogió de hombros–. ¿Qué crees que—
–¿Y en qué estás trabajando para que necesites una Epifanía?
Rick había venido preparado para esto. –La cura para el patrón masculino de calvicie –mintió sin pestañear.
Los miembros del consejo murmuraron en apreciación a su respuesta, sin duda haciendo cálculos mentales de cuánto aportaría un descubrimiento como ese, sin mencionar lo que haría por sus propias entradas. Rick vio a Zeta Alfa meterse un dedo debajo de su peluca gigante para rascarse.
Sin embargo, Riq permaneció indiferente. –Qué raro –continuó, su tono rebosaba de sorpresa fingida–. Verás, según el examen médico realizado tras tu detención, parece que no había signos de lesión en El Elegido. Ni un rasguño, golpe o moretón. ¿Cómo esperabas conseguir una Epifanía si no le infligías dolor a El Elegido? –Colocó el informe en su regazo y cruzó las manos limpiamente delante de él mientras atravesaba a Rick con su mirada–. Dinos, Rick de X-280. ¿Qué estuviste haciendo exactamente ahí dentro durante esos 38 minutos y medio?
Rick se congeló, su corazón de repente martilleando en su pecho.
Pasó un segundo de silencio agobiante, y luego otro. Era difícil encontrar una explicación que valiera la pena cuando su mente ya estaba reproduciendo imágenes de su tiempo con Mouse. Prácticamente podía oír los gemidos desesperados de Mouse en sus oídos, sentir la humedad de su excitación en sus dedos.
–Yo...
Algunos de los miembros del consejo se movían incómodos en sus asientos, obviamente desconcertados por el silencio de Rick. Mientras sus ojos comenzaban a estrecharse con sospecha, Riq parecía casi entretenido, como un depredador esperando pacientemente a que su presa se cansara antes de hundir sus colmillos. Una sonrisa siniestra se dibujó en sus labios, y vio una demencia detrás de esos ojos que dejó frío a Rick.
El juego mental del gato y el ratón estaba agotando a Rick y...de repente tuvo su respuesta.
–¿Y bien, Rick de X-280? Estamos esperando.
–¡Que sí, que vale! Ya os había oído a la cuarta vez –dijo Rick–. Simplemente estaba tomando la ruta de tortura psicológica. Ya sabes, destrozarlo por dentro. Todo...todo eso. –Sus ojos se movieron de Rick a Rick, midiendo ansiosamente su respuesta.
La asamblea se relajó notablemente, sus cejas se relajaron. Maximums y Quantum intercambiaron un signo de aprobación mientras Zeta Alfa hablaba en voz alta. –Por un momento, X-Rick, pensé que nos estabas tomando el pelo. Pero supongo que hay más de una manera de despellejar a un gato.
–¿Tortura mental? Tal vez sea una herramienta más funcional. Puede no ser la más popular, pero la que prefieras emplear –canturreaba Rick Prime.
Sin decir nada más, Riq le hizo un gesto a Rick para que se despidiera, esa sonrisa omnisciente aún dibujada en su cara. Le dio escalofríos a Rick, y estaba más que feliz de salir finalmente de la Cámara del Consejo, lejos de Riq y su banda de compañeros del Consejo locos.
...
Un gemido agrietado salió de los labios de Mouse, su garganta demasiado ronca por haber gritado horas antes para sacar cualquier sonido remotamente humano. Su boca hacía tiempo que se había secado, y jadeaba débilmente, incapaz de conseguir mucho más que un sorbo de aire con cada inhalación.
El ligero movimiento hizo que la cuerda que lo sostenía oscilara, y se encontró volteando lentamente de derecha a izquierda mientras sus piernas colgaban inútilmente debajo de él. Mouse estaba suspendido a un metro del suelo de baldosas, desnudo y magullado. Una cuerda gruesa le ataba los brazos fuertemente a la espalda y hacia arriba, forzando su cabeza hacia abajo mientras todo su peso colgaba precariamente de sus delicados hombros.
Estrapada, lo había llamado ψ-531.
Gimió de nuevo cuando sus hombros se recolocaron otra fracción de pulgada, la tensión en sus músculos y tendones se hizo aún más insoportable. Esta vez sus quejas no pasaron desapercibidas y ψ-531 se movió en la cama donde estaba durmiendo.
Después de azotar a Mouse sin piedad a su llegada y luego colgarlo en el dispositivo de tortura, ψ-531 lo había dejado allí, llorando y rogando misericordia, mientras él se había echado una pequeña siesta energética en la cama. Eso había sido hace casi dos horas, y ahora ψ-531 bostezó ampliamente, finalmente despertando de su sueño. Se agachó para meter una mano bajo su bata y rascarse distraídamente la entrepierna antes de abrir un ojo y sonreír a Mouse como si saludara a un amante.
Apoyando su barbilla en una mano, ψ-531 parpadeó perezosamente hacia Mouse mientras admiraba su trabajo. Sus ojos brillantes, llenos de satisfacción, se posaron sobre el cuerpo desnudo de Mouse. –Estás precioso en estrrrapada, ¿lo sabías? –dijo, pronunciando la "r" con mucho estilo–. Creo que debería dejarte así más a menudo. –Se tomó un momento para estirar tranquilamente–. Mmmm. Es como digo siempre: No hay nada mejor que una Epifanía en sueños. Hay algo mucho más intuitivo en ellas. ¿No estás de acuerdo?
Mouse sólo podía mirar al suelo, demasiado cansado y asustado para levantar la cabeza. En este ángulo antinatural, el movimiento podría fácilmente dislocarle ambos brazos. Sin preocuparse por la ausencia de respuesta a su pregunta retórica, ψ-531 se levantó de la cama, se puso unas zapatillas de felpa y se dirigió a Mouse. Las cadenas de oro gruesas que colgaban alrededor del cuello de ψ-531 tintinearon ligeramente con cada uno de sus pasos.
–Muchísimas gracias por darme los esquemas de la nano-armadura, por cierto. Es tan maravilloso haberlo descubierto finalmente. –Le pellizcó la mejilla a Mouse–. Qué chico tan inteligente eres.
A pesar de lo fanfarrón que era ψ-531 en público, era sorprendentemente cariñoso y afectuoso con Mouse durante sus sesiones privadas. Por lo menos tan cariñoso como un sádico podría ser. De entre todos los visitantes de Mouse, ψ-531 disfrutaba añadiendo un cierto toque de creatividad a su elección de tortura, que variaba de un momento a otro. Aprovechaba al máximo el material disponible, casi usando la tortura como una salida creativa, una forma de expresar su marca particular de brutalidad que Mouse estaba obligado a aguantar.
Reclinándose, ψ-531 observó el azul pálido enfermizo que se deslizaba por los brazos de Mouse y se puso de morros. –Me temo que ya es hora de que te bajemos de ahí, mi pequeño Elegido. No puedo tener al Consejo detrás de mí porque tengan que amputarte los brazos –dijo entre risas–. Pero primero...
Colocó un dedo en el centro de la espalda de Mouse entre sus omóplatos y presionó hacia abajo. Mouse chilló de nuevo, su garganta forzando a salir los últimos pedazos de voz que le quedaban. Estaba seguro de que sus hombros iban a ser finalmente sacados de sus cavidades a medida que la presión crecía, pero en el último momento ψ-531 aflojó con un suspiro de satisfacción. Parecía un hombre que acababa de terminar una comida satisfactoria. Para entonces, Mouse estaba sacando aire como podía, lágrimas calientes cayendo por sus mejillas y hasta el suelo.
–Ah, por supuesto. ¡La administración de defensa de los Gromflomites! Sí que sería el mejor lugar para aplicar mi nuevo invento. –ψ-531 le dio una palmadita en la cabeza antes de alcanzar a deshacer las ataduras. Mouse sólo gimoteó, sabiendo que su liberación del artilugio no sería el final de su tormento.
Con unos pocos movimientos ensayados, ψ-531 fue deshaciendo gradualmente la cuerda hasta que Mouse cayó exhausto en sus brazos. La repentina pérdida de presión en sus hombros destrozados envió una sacudida de dolor insoportable por los brazos de Mouse, y el exceso de adrenalina lo dejó retorciéndose y con espasmos incontrolables contra el pecho de ψ-531.
–P-p-por favor, Amo. No m-más. Por favor... –Incapaz de levantar la cabeza, Mouse murmuró desesperadamente en el cuello de la bata de seda.
–Shh, shh. Ya está. Estás bien –ψ-531 murmuró, pasando una mano por el pelo de Mouse e ignorando sus débiles súplicas. Llevó el cuerpo del niño fácilmente al baño para quedarse de pie frente al jacuzzi. La bañera ya estaba llena, los chorros de agua caliente formaban remolinos espumosos mientras zumbaba rítmicamente. Los vapores translúcidos emergían de la superficie simulando el bailoteo de una serpiente encantada.
–Venga va. Levántate. –Colocó a Mouse sobre sus pies, dándole el apoyo justo necesario para que se orientara. Ya había recuperado algo de sensibilidad en sus piernas, pero aun así se apoyó fuertemente en el lateral de la bañera para mantenerse erguido.
Mouse observó con una mirada desenfocada como ψ-531 aflojaba la faja alrededor de su cintura y dejaba caer la túnica de seda en un montoncito a sus pies. Su arrugada erección se erguía rígida desde la ingle, los pliegues de grasa del vientre escondían su base de modo que sólo la punta era visible. Entrando con cautela en la bañera, ψ-531 se sumergió lentamente en el agua espumosa con un suspiro de apreciación, la circunferencia de su vientre y sus pectorales carnosos se balanceaban en el agua como un archipiélago de islas.
–Sencillamente espléndido –suspiró, cerrando los ojos. Apoyó su cabeza en el borde del jacuzzi, con los brazos abiertos a ambos lados. Los chorros de agua golpearon agradablemente su espalda, añadiendo un diminuto vibrato a su voz. –Todas esas Epifanías pueden ser agotadoras, en realidad. Sé un buen chico, mi pequeño Elegido, y lávame, ¿quieres?
Un escalofrío recorrió la piel de Mouse a pesar del aire caliente y húmedo que emanaba del jacuzzi. Aunque ψ-531 raramente repetía el mismo método de tortura, sus baños posteriores a la sesión eran un elemento fijo en su rutina. Mouse sabía exactamente qué esperar, y con el corazón pesado se subió sin gracia a la bañera para unirse a su amo. Hizo un gesto de dolor cuando el agua le quemó las heridas de la piel donde el cinturón de ψ-531 le había cortado.
Con sus brazos aun completamente adormecidos, Mouse se agarró a tientas a la toalla de mano doblada que había en una esquina de la bañera. Mojarla y después enjabonarla con el gel de baño fue una tarea aún más difícil, que sólo fue posible poniendo la tela entre sus muñecas. Después de mucho esfuerzo, finalmente se las arregló para presionarla débilmente contra el cuello y el pecho de ψ-531. Sus esfuerzos fueron recibidos con un sonido de aprobación por su amo.
Un desagradable escozor había comenzado a irradiar desde las puntas de los dedos de Mouse, la sensación volviendo a sus extremidades de una manera que hacía de cada movimiento otra forma de tortura en sí misma. Mouse mordió el interior de su mejilla para no gritar mientras trabajaba, arrastrando temblorosamente el paño mojado por la piel de ψ-531. Se mantuvo concentrado en la tarea, con cuidado de mantener un ritmo constante. Que ψ-531 estuviera de buen humor no significaba necesariamente que Mouse se librara de más torturas, pero cuando estaba de mal humor, el hombre podía ser francamente demoníaco.
El Rick ganador suspiró sensualmente mientras Mouse trabajaba, dando pequeños apuntes sobre dónde debía frotar más o cuándo volver a humedecer la tela. El trabajo era lento, y los hombros y el cuello de Mouse aún le dolían tremendamente del estrapada. No quería nada más que dejarse caer y dormir allí mismo, pero en vez de eso se vio obligado a mimar a su torturador, que ya había disfrutado de un lujoso descanso y que ahora se deleitaba en una piscina de chorros con Mouse atendiéndole como un sirviente personal.
En cualquier otro momento, Mouse no lo habría pensado dos veces. Hacía tiempo que se había resignado a su destino como una herramienta de Ricks ganadores para ser usado a su antojo. Era una realidad desoladora y preocupante, pero que aceptó, a pesar de todo, tan fácilmente como respirar aire. Ahora, sin embargo, una pequeña semilla de resentimiento echó raíces en el corazón de Mouse.
«Odio esto. Odio esto. Odio todo esto».
Su corazón temblaba bajo el peso de sus propios pensamientos escandalosos. Estos eran pensamientos que podían hacer que fuera castigado duramente por Mamá Eun-Rick o, peor aún, por el mismo Consejo si alguna vez les daba voz.
«Odio a Rick ψ-531».
De repente, el blanco del odio de Mouse le agarró la muñeca con una mano y lo acercó hasta que Mouse estaba a pocos centímetros de la cara de ψ-531. Su corazón latía con fuerza mientras ψ-531 clavaba la mirada en sus ojos como si fuera capaz de leer los pensamientos que Mouse intentaba desesperadamente reprimir.
–Tus manos están temblando, mi pequeño Elegido. Ansioso por empezar ¿no? –ronroneó con una sonrisa lasciva. Pero no, ψ-531 sólo había malinterpretado la rabia poco disimulada de Mouse por impaciencia, y antes de que Mouse pudiera responder, había metido su mano bajo el agua revuelta para sujetarla contra su erección palpitante.
Mouse se estremeció, dándose cuenta de lo que ψ-531 le estaba ordenando hacer. Era una adición relativamente nueva a la rutina de ψ-531, y Mouse tenía la esperanza de librarse de ella esta noche. Los recuerdos de su tiempo con Rick eran todavía demasiado frescos, demasiado puros para ensuciarlos con una asociación tan vil.
–Ahora continúa. Ya sabes qué hacer –ψ-531 casi jadeó, mojándose los labios con un ávido lametazo mientras miraba intensamente a Mouse–. Hazlo como—como papá te enseñó.
–S-sí, Amo –respondió Mouse, sin ninguna emoción. Desprenderse mental y emocionalmente de la situación era su única opción, y con la facilidad que viene con la práctica, sistemáticamente apagó todos los sentimientos, uno tras otro. La repugnancia, la humillación, la amargura, el miedo, incluso ese peculiar tono de envidia que sentía cada vez que veía a Ricks deleitarse en su placer carnal—los sacaba de su corazón como uno corta los hilos de la tela.
Mouse puso sus manos medio entumecidas alrededor del pene de ψ-531, los dedos de su mano derecha se curvaron sobre la izquierda para apretar el agarre. La boca de ψ-531 se abrió en una "o" indulgente, y apoyó la cabeza hacia atrás, arqueándose ligeramente para bombear hacia las manos de Mouse. –Bien. Buen chico. Justo así.
No era la primera vez que Mouse tocaba a un Rick así. Muchos de sus visitantes lo solicitaban, y más, durante sus sesiones. Era un medio para la gratificación sexual de un Rick, Mouse lo sabía, pero eso era todo. Como frotar la espalda de ψ-531, era simplemente una tarea a realizar. Mientras que antes Mouse era bastante ignorante en respecto a lo que el acto realmente consistía, esta vez tomó un nuevo significado. Gracias a Rick, ahora estaba más familiarizado con lo que "cascártela"—si así es como todos los Ricks lo llamaban—te hacía sentir. Era consciente de que tocar a un Rick de esta manera era placentero, pero siempre fue una noción lejana para él, como si hubiera estado viendo algo a través de un cristal empañado.
Ahora lo veía con la mayor claridad posible.
Bajo el agua jabonosa, Mouse podía ver como sus manos desaparecían bajo la gran extensión del estómago de ψ-531. Pero si cerraba los ojos, podía casi, casi imaginar que era otra persona a la que estaba satisfaciendo. Tal vez incluso su Rick.
Era curioso pensar en el anterior Rick ganador como "suyo," pero no podía verlo de otra manera. De todos los Ricks que llegaron a Mouse, él era el único al que Mouse no detestaba. De hecho, había pensado en su Rick con un intenso anhelo en las horas desde su separación. Su Rick significaba seguridad y un deseo puro, como nunca antes había sentido Mouse.
Mouse cerró los ojos, bloqueando la nauseabunda imagen de ψ-531 con sus lujuriosos gemidos de elogio, y lo reemplazó en su lugar con su Rick. Ahora podía ver la delgada cara, canosa pero con una sonrisa encantadora. Mientras que su Rick era físicamente idéntico a muchos otros, tenía un aura inconfundible que le hacía destacar como un trozo de ónice pulido entre pedazos de carbón. Rick tenía una especie de curiosidad desesperada cuando miraba a Mouse, mirándolo tan profundamente que hacía que su corazón se agitase al pensarlo.
En la seguridad de su mente, Mouse pensó en los ojos de Rick, esos brillantes y penetrantes ojos. Habían mirado a Mouse como si tuviera algo más que Epifanías para ofrecer, como si quisieran ver dentro de él. Mientras Mouse pasaba sus dedos por el pene de ψ-531, pensó en cómo se había visto reflejado en esos ojos cuando Rick se arrodilló frente a él. Lo había visto de nuevo mientras estaba a horcajadas sobre las caderas de Rick, agarrado por sensaciones embriagadoras mientras Rick le daba placer.
El sentido del tacto había vuelto casi completamente a las manos de Mouse, y apretó firmemente, enfocándose ahora más intensamente en la forma y el tacto de la polla de lo que nunca antes lo había hecho. Normalmente, a Mouse no le interesaba mucho el miembro, registrando ese aspecto de la anatomía de Rick sólo en la medida en que se aseguraba que daba el placer adecuado que el Rick ganador deseaba. Era un deber que estaba obligado a cumplir, pero ahora lo veía como lo que podía llegar a ser: un regalo.
Se imaginó que la polla en su mano pertenecía a su Rick, dura como el acero, el prepucio envuelto fuertemente alrededor de su considerable circunferencia. Incluso en el agua hirviendo, la polla de ψ-531 ardía en sus manos, latiendo como un tambor que hacía eco del ritmo cardíaco creciente de Mouse. Acarició y apretó a ψ-531 con vigor, imaginando que las expresiones y gruñidos lascivos del hombre eran los de su Rick.
El agua salpicaba contra sus cuerpos desnudos mientras Mouse lo manejaba suntuosamente. Trató de evocar lo que Rick le había hecho, y reflejó lo mejor que pudo las técnicas que lo habían deshecho tan completamente. Pasó su pulgar por la raja de la punta en círculos rápidos, torció su muñeca mientras subía su mano a lo largo de la gruesa longitud. ψ-531 respondió ardientemente bajo la atención de Mouse. Los gemidos salían libremente de sus labios y extendía sus piernas más ampliamente, arqueándose en las manos de Mouse para obtener más.
–¡O-oh! ¡Oh, sí! Sí, mi pequeño Elegido. ¡Dios, me vas a matar!
Mouse cerró los ojos. La voz de su amo interrumpió su fantasía, amenazando con romper el ritmo. Pero pronto ψ-531 sólo estaba jadeando fuertemente de nuevo, y en ese momento podría haber sonado como cualquier otro Rick, realmente.
Pensar que Mouse podía darle tanto placer a su Rick con un gesto tan simple, el concepto era embriagador. Era lo más cercano que Mouse se había sentido a controlar, inquebrantablemente poderoso y benevolente al mismo tiempo. Algún día le daría este regalo a su Rick. Sí, le daría justo lo que le había dado a Mouse.
Perdido en su ensueño, Mouse quitó una mano de la polla de ψ-531 para deslizarla hacia atrás y debajo de sus testículos. Apenas se dio cuenta de que los muslos del hombre se ponían rígidos mientras pasaba las yemas de los dedos sobre la piel, tal como su Rick le había hecho. Era sorprendentemente suave y un poco peludo, y había...
De repente, la mano de ψ-531 estaba alrededor de la garganta de Mouse y estaba bajo el agua. El sobresalto de la agresión lo aturdió por un momento, y el agua jabonosa logró filtrarse en sus ojos antes de que pudiera cerrarlos. Sus manos volaron automáticamente hacia arriba para agarrar los gruesos dedos que se agarraban a su garganta, pero entonces sus lecciones en el tono de la voz de Mamá Eun-Rick sonaron en su cabeza «¡Es tu amo, y debes hacer todo lo que él diga!» En contra de los instintos que le venían, Mouse reprimió el impulso de arañar a su captor, y se quedó quieto.
Justo cuando sus pulmones empezaron a arder de la necesidad de aire, ψ-531 le sacó del agua con fuerza. Mouse escupía mientras el agua goteaba por su cara. A través de un ojo entrecerrado, pudo ver a ψ-531 con toda su furia. Sus mejillas estaban rojas y ardientes, sus ojos brillaban. Respiraba con fuerza por la nariz mientras temblaba ligeramente de rabia.
–¡Perra asquerosa! ¡¿Dónde coño has aprendido eso?! –ψ-531 gritó en la cara de Mouse, sus dedos apretando su garganta gradualmente. Sacudía a Mouse bruscamente mientras gritaba.
Mouse estaba demasiado débil por la falta de oxígeno para producir una respuesta adecuada. Sólo podía abrir y cerrar la boca como un pez fuera del agua. Incluso el esfuerzo por mantener sus ojos abiertos era demasiado.
–¡Te he hecho una pregunta, estúpido!
–Amo... P-por favor, no puedo... –Las palabras eran muy débiles y se quebraban cuando Mouse luchaba por sacarlas. Pasó sus manos por las muñecas de ψ-531 e intentó arrancarlas, pero no se movieron. La sangre comenzaba a golpear en sus oídos a medida que la presión aumentaba.
–Fue un Rick, ¿verdad? –ψ-531 recriminó, respondiendo a su propia pregunta cuando la Epifanía dio impulso a su razonamiento–. Al fin y al cabo, los Eun-Ricks no sabrían decirte cómo complacer a un Rick de verdad, malditas criaturas sin polla. –Le aflojó el agarre a la garganta de Mouse por un milímetro, lo suficiente para dejar entrar el aire vital a los pulmones doloridos de Mouse–. Dime. ¿Quién te ha enseñado un truco tan perverso?
–Él... sólo me lo ha enseñado. Me ha enseñado...c-cómo puede s-sentir...bien –dijo Mouse, sus años de acondicionamiento obligándole a confesar sin importar la fuerza de la voz de dentro de él que le decía que no delatara a su Rick–. Para...mí.
Los ojos de ψ-531 se abrieron de par en par y su cara se contorsionó como si Mouse fuese un perro que de repente había empezado a hablar. Entonces la tormenta de emociones se desvaneció hasta que ψ-531 lo miraba inexpresivamente, sus ojos estrechándose.
–¿Disfrutaste de tu tiempo con este Rick?
Su respuesta fue apenas un susurro. –S-sí...
–Vaya. Mi pequeño Elegido está colgado de un Rick.
Instantes después, Mouse volvía a estar bajo el agua, esta vez con ψ-531 agarrando su pelo, sujetándolo con fuerza. Mouse extendió sus manos para hacer presión, sintiendo los muslos peludos a cada lado de él. A través de la cortina de burbujas, pudo ver la polla de ψ-531 frente a su cara. Todavía estaba tiesa y de color púrpura turbio por la necesidad de descargar. La otra mano de ψ-531 se deslizó alrededor de su propio falo robusto y comenzó a bombear.
Mouse se echó hacia atrás. El rugido de los chorros era más fuerte que nunca, penetrante y omnipresente a su alrededor. Palpitaban rítmicamente en los oídos de Mouse, sofocando sus sentidos hasta que se quedó aturdido y desorientado. ¿O era el martilleo de su propio corazón en su cabeza? Mouse ya no sabía qué pensar. Expulsó la última reserva de aire que le quedaba en los pulmones y comenzó a agitarse, moviendo el agua en olas que golpeaban contra los lados de la bañera. Pateó inútilmente contra el suelo, las paredes. El agarre de ψ-531, sin embargo, fue implacable, asfixiándolo mientras se deleitaba con lánguidas caricias. Estaba sujetándolo tan cerca que la mejilla de Mouse estaba presionada contra su polla, hasta que sus labios fueron aplastados contra ella incluso cuando intentaba apartar la cabeza.
Sus pulmones clamaban por aire. Sentían como si estuvieran siendo arrancados de adentro hacia afuera. Su garganta se contrajo involuntariamente, reclamando que Mouse abriera la boca y tomara algo, cualquier cosa, aunque sólo fuera agua. «¡Realmente me va a ahogar!» Mouse entró en pánico. Destellos rojos y blancos estallaron ante sus ojos mientras se abrían en contra de su voluntad. Su pecho ardía. Su diafragma tenía espasmos. Sus extremidades se sacudían en movimientos bruscos y descoordinados. Y el rugido se hizo cada vez más fuerte.
Entonces ψ-531 se corrió, gruesos chorros de eyaculación se desprendían de la punta frente a la cara de Mouse, antes de ser arrastrados por el agua agitada.
Mouse apenas registró que había emergido cuando sus pulmones se activaron, y estaba ingiriendo grandes bocanadas de aire tan rápido que se tambaleó. Estaba tumbado en la suave superficie debajo de su mejilla, con el pecho acelerado, y el rugido ensordecedor todavía le tapaba los oídos. Con el tiempo se desvaneció, y eventualmente pudo escuchar a ψ-531 hablando justo encima de él.
–Sí. Enviad a uno. –Se oyó el chasquido de un receptor.
Una mano le acariciaba el pelo y la espalda, y lentamente Mouse se dio cuenta de que estaba atrapado entre el brazo carnoso y el pecho de ψ-531. La "almohada" de debajo de él era el pecho peludo de ψ-531, subiendo y bajando con cada respiración. Los chorros de la piscina debían haberse apagado hace algún tiempo, porque el agua tibia ahora rodeaba suavemente a Mouse, llevándolo a una neblina de ensueño.
En menos de un minuto, se oyó el lejano sonido de la apertura de la puerta y el golpeteo de los pies descalzos en el suelo. Mouse intentó abrir los ojos, pero el mensaje se perdió por el camino. Y, además, estaba demasiado cansado para preocuparse realmente de quién era el visitante. Un Eun-Rick, lo más probable. No se permitía entrar a nadie más que al Rick ganador y al equipo de Eun-Ricks de Mamá.
–Sí, señor Rick. ¿En qué podemos servirle?
–Comunícame con el Consejo.
–Muy bien, señor –Hubo un breve movimiento de tela, luego Mouse sintió que ψ-531 se inclinaba hacia adelante para coger algo del Eun-Rick. Mouse no pudo parar el pequeño quejido que se le escapó cuando el hombre se acomodó en su lugar. Los dedos carnosos sobre su hombro se apretaron ligeramente en respuesta.
–¿Y bien? ¿A qué estás esperando, Eun-Rick? No he pedido una audiencia.
–S-sí, señor. Por supuesto, señor. Mil perdones –dijo temblorosamente. Entonces el Eun-Rick se fue, y ψ-531 se deslizó de nuevo a su ilusoria apariencia de gobernante gentil.
–Sí. Riq estará muy interesado en escuchar esto. –El tono de ψ-531 era suave mientras continuaba hablando para sí mismo, su mano no dejó de acariciar rítmicamente la espalda de Mouse en ningún momento. En su otra mano, el tono de una llamada sonaba en el aire–. Al fin y al cabo, eres nuestro dulce niño y tenemos el deber de mantenerte a salvo. A salvo de él.
El sueño arrastraba a Mouse hacia abajo, la oscura telaraña de la fatiga tejiendo sobre su mente y oscureciendo su habilidad para entender lo que su amo decía. Si pudiera descansar, entonces podría entenderlo. Si pudiera descansar, pensaba débilmente.
–Cuando Riq termine con él, no volverás a ver a ese diabólico X-Rick.
Detrás de la cortina de sueño que se asentaba sobre Mouse, una pequeña voz se alzó en protesta desde el interior: «¡No!» Sus párpados temblaban con la fuerza de esa negación, pero aun así no se abrían, y entonces la conciencia se escurría y se alejaba como las lágrimas que goteaban por su cara.
