A lo largo de Sus muchas adversidades, nunca estuvo solo, porque tenía a Su lado un maestro siempre presente para guiar a El..." [El resto del pasaje está perdido.]
- 1 Mortabeos 3:28-?
Placas de mármol dorado impolutas dieron paso a un yeso barato y finalmente a un hormigón sucio a los pies de Rick. Las paredes, que habían sido pintadas de blanco en algún momento, estaban ahora manchadas de gris por innumerables cuerpos que se habían frotado contra ellas, y huellas dactilares grasosas llenaban las superficies como estrellas oscuras. Incluso a simple vista, las pequeñas espirales le eran familiares a Rick porque, naturalmente, eran todas suyas.
Extendió la mano más allá de la barandilla de goma de la escalera mecánica para pasarla por encima de un grafiti mientras la escalera móvil continuaba su camino hacia abajo. La pintura del mensaje aún estaba fresca, y la mano de Rick quedó con un tono magenta en la punta de sus dedos.
QUE LE DEN AL CONSEJO, decía el grafiti.
Mientras Rick descendía más profundamente en la Ciudadela, los sonidos animados del atrio principal desaparecían, reemplazados por un constante movimiento mecánico que venía de algún lugar de las entrañas de la enorme estación espacial. Su entorno se volvía más lúgubre con cada nivel que pasaba, la energía bulliciosa de los entretenimientos comerciales de los niveles anteriores se evaporaban rápidamente de la memoria. Al acercarse al subnivel 6, el silencio opresivo se posaba sobre sus oídos, y el aire estaba cargado de un calor rancio.
La escalera mecánica se tambaleó por un pliegue en sus engranajes, casi haciendo que Rick se cayese por el borde, y se agarró al pasamanos para mantener el equilibrio.
–Tecnología punta, m-mis cojones. ¿A que sí?
Su pregunta sólo fue respondida por otro chirrido molesto de los engranajes viejos debajo de él.
No se había encontrado con otro pasajero desde el subnivel 4, y ese Rick había sido un borracho asqueroso, arrojándose sobre Rick y susurrándole todo tipo de cosas sucias al oído. Casi había pensado en empujar al desgraciado por la borda para que muriera rápido y desastrosamente, y lo habría hecho si la plataforma del siguiente nivel no hubiera subido cuando lo hizo. Rick se alegró mucho de dejar al borracho allí antes de que se pusiese demasiado chulo manoseando a Rick a través de sus pantalones.
En realidad, la soledad fue un bienvenido descanso después de la cacofonía que había soportado cuando entró en el inmenso vestíbulo de la Ciudadela. Había sido un shock para los sentidos. Todo el ruido y la energía de los incontables Ricks y Mortys en constante movimiento le dejaron sintiéndose agotado por el bombardeo de estímulos.
–¿Fiebre de Mortys? S-sin duda. –Rick dijo riéndose amargamente.
Multitudes de Ricks y Mortys habían cruzado el vestíbulo tan apretados, que era como un mar ondulante de azul y marrón. Como nunca había tenido un Morty propio, ver uno era todavía algo novedoso para Rick, pero ver docenas y docenas de ellos en el mismo espacio era un fenómeno completamente nuevo en sí mismo.
Cada centímetro del atrio principal de la Ciudadela estaba cubierto de coloridos carteles que presumían de servicios para coleccionar a Mortys, combinar a Mortys, entrenar a Mortys e incluso acicalar a Mortys. Había tintorerías de Morty con nada más que camisetas amarillas y vaqueros recién planchados colgando de sus percheros giratorios. Una peluquería de Morty afirmaba que podía convertir a un Morty Roñoso en un Morty Empresario mientras su Rick disfrutaba de una copa en el bar de al lado. Una tienda se anunciaba como un servicio para los gustos sofisticados de Ricks Élite y exhibía un hierro de marcar personalizado en el escaparate junto a una línea de collares y correas de cuero de alta gama que se vendían a juego - ¡Mantén a tus Mortys seguros y con estilo por sólo 400C!
Hileras de Mortys que llevaban Chips Manipuladores se arrastraban detrás de sus Ricks, agarrándose fuertemente de las manos para evitar que separarse. Mientras que la mayoría de los Ricks avanzaban con propósito como si tuvieran que estar en algún lugar, otros paseaban a paso lento. Ricks en trajes caros llevaban sus propios grupos de Mortys con correas plagadas de joyas como si fueran perros de exhibición.
La comparación no estaba muy lejos de la realidad, supuso Rick. La Fiebre de Mortys había incitado otro medio para alimentar la vena competitiva de Ricks, y no tardó en descifrar el código de esta nueva jerarquía social que se había materializado a su alrededor. Los Ricks que sólo tenían a su Morty original estaban en el último eslabón. Tratados como idiotas, anticuados o simplemente aburridos, a menudo se perdían entre la multitud. Por encima de ellos estaban los que merodeaban por las dimensiones más salvajes como robustos cazadores en un safari para luchar y conquistar a la infinidad de Mortys. En la cima se encontraban los Ricks que tenían tanto cantidad como calidad. Adornaban a sus Mortys con lo mejor en bienes materiales.
Con la aparición de la Fiebre de Mortys, los Mortys eran ahora considerados como símbolos del estatus social de un Rick. Como un reloj de marca, eran pulidos y puestos en exhibición simplemente para el placer del ojo público.
Rick pensó en la enorme pancarta que se había extendido desde un extremo del espacio abierto hasta el otro. Las letras amarillas de JUEGOS DE MORTY tenían a un Morty haciendo la pose de Rosie la Remachadora a un lado. Estaba sonriendo triunfalmente al espectador, con una mano sobre su brazo lánguido.
Rick había visto la pancarta ondear suavemente en sus rígidos cables, haciendo que la sonrisa de Morty se convirtiera en una mueca temblorosa.
Aunque al principio Rick se había quedado fascinado por el espectáculo de la Fiebre de Mortys, la exhibición ostentosa de explotación le dejó mal sabor de boca. Incluso ahora, Rick intentaba disipar la repugnancia que se pegaba como una capa resistente de jarabe para la tos en su paladar.
Rick sacudió su cabeza para librarse del recuerdo y devolvió la mirada al trozo de papel que tenía en sus manos. Antro, había anotado apresuradamente. ¿O era Amo? El sudor de sus manos había hecho que la tinta se corriese, desdibujando el ya descuidado texto. Tiró del cuello rígido de su camisa de vestir, deseando que el aire acondicionado de la Ciudadela llegara a los niveles inferiores.
En la parte de arriba se iluminó un cartel con un ding débil. Esta era su parada. Al bajar de la escalera mecánica, un directorio digital lo saludó, su pantalla parpadeante mostraba una simple sección transversal de la Ciudadela, cada sector codificado con un color por categoría.
Los niveles superiores estaban reservados para los negocios del Consejo y los servicios comerciales. A continuación estaba el atrio principal que servía como punto de entrada principal y corazón del entretenimiento de la Ciudadela. Los niveles inferiores albergaban los campus militares y el mantenimiento. Los bloques residenciales estaban esparcidos por todas partes, con nombres como Desembarco de Nubes y El Ricktz que alojaban a los ricos, mientras que los más bajos de la sociedad vivían en edificios de protección oficial estrechos marcados vagamente del 1 al 12.
Sus ojos se asomaron a los encabezados de la leyenda: Bares, Entretenimiento, Pubs, Servicios generales, Cantinas, Alojamientos, Izakaya, Restaurantes... Pasando el dedo por la columna de establecimientos de comida, Rick encontró el nombre que buscaba entre el Aberrante Rickstaurante y el Apeztoso.
El resto del subnivel 6 demostró estar en un estado de deterioro igual al del directorio digital. Mientras Rick avanzaba por el laberinto de pasillos hacia Antro, pasó por tiendas decrépitas y residencias apretujadas, con sus fachadas caídas como la piel vieja de una cara canosa. Ventanas rotas enmarcaban sus sonrisas melladas. Ricks sosteniendo carteles con mensajes como «¿Pa que mentir? Necesito créditos pa beber» estaban sentados debajo de las farolas mientras otros se inyectaban k-lax con torniquetes hechos con su cinturón. En un callejón, Rick pudo distinguir un par de Ricks follando desesperadamente en las sombras. Aceleró el paso cuando empezaron a llamarlo para que se uniera a la diversión.
Al doblar una esquina con prisa, su pie se deslizó repentinamente hacia adelante y Rick apoyó su mano contra la pared para agarrarse. Inmediatamente sintió una punzada familiar en la parte baja de su espalda.
–Como me rompa el cuello en este puto basurero... –murmuró. Frotando el músculo pinzado, miró el papel con el que se había resbalado. Una foto de un Morty le sonrió desde debajo de su zapato de cuero Berluti, y Rick se agachó para inspeccionar el panfleto desechado.
Un Morty genérico estaba sonriendo a la cámara, un Chip Manipulador grapado a su oreja como si fuera un animal identificado. Detrás de él, un orgulloso Rick agarraba el hombro del Morty mientras levantaba el pulgar de su otra mano. Un Morty con Chip es un Morty Feliz, decía el Anuncio de Servicio Público.
Rick apretó los labios. Le ardía el estómago de ansiedad al mirar los ojos marrones del Morty del póster. No podía ser el único Rick que veía a través del descarado engaño, ¿no? Todos los demás Ricks podían haberse tragado la campaña de mierda del Consejo, pero Rick era más listo. Había visto lo suficiente como para saber que detrás de cada sonrisa retocada había un Morty asustado y abusado.
«Los ojos de Mouse eran más claros», pensó distraídamente. No pudo evitar hacer la comparación a pesar de la inquietante verdad que había detrás de ellos. Sacudió la cabeza rápidamente, maldiciéndose a sí mismo. «¡Concéntrate, imbécil!»¿Qué coño importaba eso, cuando Mouse estaba sufriendo? ¿Qué importaba todo esto? Mortys estaba sufriendo por toda la Ciudadela. Era asqueroso y malvado y—pero no podía salvarlos a todos, ¿verdad? Rick ya tenía suficiente con Mouse, y ni siquiera sabía cómo iba a conseguirlo.
El pensamiento en Mouse hizo que su corazón palpitara, la repentina subida de adrenalina le obligó a moverse. Ya había perdido bastante tiempo, y su informante probablemente se preguntaba qué lo retenía. Pero si todavía era el genio que Rick recordaba, estaba seguro de que juntos serían capaces de encontrar alguna forma de salvar a Mouse.
Rick puso el folleto bajo su talón, aplastando la cara del Rick hasta que pudo ver el hormigón húmedo que había debajo.
...
Antro hacía honor a su nombre.
Era un restaurante ordinario de comida rápida situado junto a otros locales que formaban el comedor central del subnivel 6. El menú pringoso anunciaba que se especializaba en cocina Biziwog-California, una fusión de la que Rick nunca había oído hablar. Era otro recordatorio de todo lo que se había perdido durante su encarcelamiento. Mini pizzas cubiertas con gusanos marrones retorciéndose, estaban junto a sándwiches fritos Au Jus rebozados en cristales verdes afilados, y el especial del día parecía incluir una guarnición gratis de paté morado servido en pequeños vasos de papel.
Una línea de Ricks en monos manchados, similares al de Rick - «Nota mental: Contacta con la lavandería» - se arrastraba hacia delante por detrás de las barreras de seguridad, sus expresiones desgastadas y con mala cara permanente. Un Rick tosió violentamente, escupiendo un moco en el zapato de su vecino. La cola le lanzó a Rick extrañas miradas cuando se plantó en la cola detrás de ellos, sin duda su traje planchado le hacía destacar como una mosca en leche.
Ignorando sus miradas, Rick agarró su bandeja y una ración de agua turbia. Intentó no pensar demasiado en la misteriosa sustancia pegada en el fondo del vaso.
Cuando Rick llegó al camarero, se encontró cara a cara con un Rick de aspecto desaliñado que estaba encorvado detrás del mostrador. De la comisura de su boca colgaba un cigarrillo gastado y llevaba un uniforme y un delantal roñoso que anulaba su demacrado cuerpo. Apenas miró a Rick mientras golpeaba sistemáticamente su cucharón de metal contra el mostrador, aplastando a las cucarachas que corrían por ahí. Rick hizo una mueca cuando vio dos pequeños escarabajos negros escabulléndose en la muñeca del camarero.
Decidiendo que era una batalla perdida, el camarero usó el cucharón para recoger un montón de arroz con curry crujiente y le preguntó bruscamente, –¿Qué será?
De repente, sin estar seguro de si este era realmente el Rick que buscaba, Rick comenzó lentamente, –Diez exiliados exprés con salsa extra. –Se estremeció internamente al ver lo patética que le sonaba la contraseña secreta.
–¿Eh? –El camarero puso cara de confundido, su cigarrillo colgando peligrosamente de su boca floja. Las cenizas consumidas caían a una bandeja de puré de patatas negras.
–Diez exiliados exprés. Con. Salsa. Extra. –lo intentó de nuevo, observando de cerca la expresión del camarero para ver una chispa de reconocimiento detrás de esos graciosos bifocales espesos.
Después de otro momento de perplejidad, lentamente, muy lentamente, el ceño fruncido del camarero se fundió en una sonrisa.
–Muy mono –dijo finalmente.
El Rick mordió la punta de su cigarro antes de pellizcarlo entre dos dedos y apagarlo en las patatas. –Exquisita elección –respondió, su voz convirtiéndose en sedosa. Entonces gritó a la cocina, manteniendo la mirada fija en Rick–, ¡Jefe! ¡Es hora de que—me tomo mi descanso para comer!
–¡Que sea corto, Tick! ¡No olvides que estás en un Plan de Mejora de Rendimiento!
–¿Tick? –Rick preguntó en voz alta.
El camarero puso los ojos en blanco y se apartó del mostrador, quitándose la redecilla de pelo de la cabeza y murmurando, –Saldré en cinco –sin mirar atrás.
Abandonando su bandeja en el mostrador, Rick se abrió paso entre la multitud de clientes hasta la pequeña zona de comedor exterior. La mayoría de las mesas ya estaban ocupadas por Ricks obreros encorvados sobre sus bandejas y refunfuñando con sus compañeros de aspecto cansado.
En un rincón había una pequeña mesa con dos sillas vacías. No era exactamente privada, pero Rick la cogió, permitiéndole una vista despejada de la salida trasera de Antro. Mientras esperaba, tocándose distraídamente su manga Royal Oxford, no pudo evitar escuchar la conversación de una mesa cercana.
–Te lo digo, va a haber otro aumento en el alquiler. Acuérdate de mis palabras.
–¡Pero el Consejo acaba de reducir nuestra paga! ¡Cabrones!
–Si me devolvieran—si tuviera mi pistola de portales, me largaría de aquí –suspiró un tercero.
–Sí, sí. Tú y yo, ambos.
–No es justo joder.
–¡Tienes razón! Nosotros aquí esclavizados mientras esos chupapollas de la Élite viven como reyes. ¡Apuesto a que no tienen ninguna preocupación en el mundo!
Rick despachó a un vagabundo con una pancarta alrededor de su cuello que decía «SIDA Espacial. Mantente alejado de los Mortys» antes de volver a escuchar disimuladamente.
La primera voz había empezado a hablar de nuevo. –No. Esos idiotas tienen tantas razones para estar cabreados como el resto de nosotros. El Consejo los tiene a todos a raya. ¿Alguna vez los has visto? –Tomó un trago y chasqueó sus labios–. Ostia, mira a ese de ahí.
Su compañero silbó bajo. –Este sí que está en el barrio equivocado.
–Con esas pintas, tiene que estarlo.
Una vez Rick se dio cuenta de que estaban hablando de él, sus orejas comenzaron a arder. ¿Pensaban que era de la Élite? La mera idea era nauseabunda, pero pensó que era mejor ser confundido con un Élite que ser descubierto como un Rick de la Dimensión X. Pasó un pulgar sobre los gemelos de ónix en su muñeca mientras fingía no oír, meditando para sí mismo cómo su nuevo atuendo era un disfraz convincente.
Rick nunca fue de los que se ponían trajes, nunca entendió el atractivo de pavonearse por ahí como un capullo. Su vestimenta siempre había favorecido el utilitarismo por encima de la estética, un reflejo de su pragmatismo inquebrantable. Como sus días solían terminar con él manchado de Cloruro de Titanio(III) o cubierto de las vísceras de algún extraterrestre, no tenía sentido darle mucho valor a la ropa.
Pero ni siquiera él podía negar que el traje que había elegido del armario de la suite le quedaba como un guante. Hecho a la perfección, se reposaba cómodamente sobre sus hombros, a lo largo del pecho, y en todos los lugares que importaban, haciendo evidente su artesanía avanzada. El Consejo sabía cómo tratar bien a sus invitados, y claramente no escatimaron en gastos usando sólo materiales de la más alta calidad. Nunca supo que un traje pudiera sentar tan bien. La suavidad satinada de su camisa era tan extraña para Rick que no podía evitar moverse, ajustando constantemente la manga sólo como excusa para tocarla.
–El pobre imbécil apenas puede quedarse quieto. Está nervioso, porque el Consejo siempre los vigila –continuó el Rick obrero–. Oh, sí, los vigilan. Vigilan a su Élite como un ganadero mira a sus cerdos engordando en el matadero. –Hubo un crujido cuando el Rick se acomodó en su silla de metal–. No es de extrañar que haya venido aquí. Es para conseguir algo que no puede encontrar allí arriba.
–Probablemente tenga suficientes Mortys propios en su castillo. Y no hay casi ninguno de esos por aquí. ¿Qué podría estar buscando?
Hubo una risa débil. –¿Qué va a ser? Perspectiva.
En ese momento, la puerta trasera de Antro se abrió y el Rick camarero de antes salió. Inmediatamente Rick se sentó más recto.
El camarero se había quitado el uniforme y se había puesto un par de pantalones y un cuello alto negro simple que abrazaba su cuerpo. Cuando se acercó, Rick notó que en lugar de las gafas de culo de botella, llevaba un par de gafas sin marco en la nariz. Rick podría jurar que el hombre había crecido otros cuatro centímetros desde la última vez que lo había visto, pero se dio cuenta de que era su postura recta lo que explicaba el cambio repentino. Ahora parecía un hombre con un propósito, y la transformación de un pobre descuidado a un literato pulido fue nada menos que increíble.
Tan pronto como el Rick se sentó frente a él, cruzó las manos sobre la mesa y preguntó: –Entonces, ¿lo has matado?
Rick se quedó en blanco, perdiendo el hilo mental por la repentina pregunta. Había estado esperando una reunión un poco más conmovedora. Después de todo, habían pasado años desde la última vez que había visto a su contacto. Por otra parte, Rick de X-010 podía llegar a ser más pragmático incluso que él. Sin mencionar que era un poco fanático. Cuando se le metía una idea en la cabeza a X-010, solía ser difícil disuadirlo. El pavor ya empezaba a carcomer a Rick mientras pensaba en cómo tendría que darle la noticia del cambio de planes a su mentor.
No era que hubiera olvidado el plan original. Demonios, probablemente nunca lo olvidaría. Había hecho un montón de cosas terribles en su vida, pero aceptar los términos de la misión seguía siendo la primera de la lista. A cambio de toda la ayuda de X-010, sin embargo, la concesión parecía valer la pena. Rick se dijo a sí mismo que si significaba conseguir la venganza que tanto deseaba, haría lo que fuera necesario.
Pero ahora... No sabía si la punzada de culpabilidad que le atravesaba era por traicionar a X-010 o por lo que casi había estado dispuesto a hacerle a Mouse.
–Mira, X-010, sobre… –Pero su gemelo le puso una mano en la boca, cortándole con una mirada asesina. El Rick sacudió la cabeza con fuerza, dirigiendo sus ojos a los otros clientes, pero éstos ya habían concentrado su atención en su lucha con los gusanos de la pizza. Arrastrando su silla para poder sentarse más cerca de Rick, siseó.
–No me llaman así por aquí.
–¿Qué? –Rick dijo demasiado alto antes de agachar la cabeza–. Quieres decir—quieres decir que no saben que eres de—
–No. Y prefiero mantenerlo así.
–¿Entonces cómo se supone que tengo que llamarte? –Rick pensó en lo que el cocinero de línea había dicho–. ¿Tick?
El Rick frunció el ceño. –Por supuesto que no. Eso es sólo lo que esos imbéciles—da igual. No importa. –Pasando una mano por su pelo, miró alrededor del comedor con un ojo agudo. Le hizo un guiño amistoso a alguien, un habitual muy probablemente, mientras continuaba en un tono bajo a Rick–. Nombres clave. ¿Recuerdas?
Rick se dio una patada mental por el error y levantó la mano en señal de espera mientras escaneaba rápidamente la base de datos de ORA detrás de sus párpados cerrados. Había planos, notas, mapas, instrucciones, algunos esbozos rápidos de un espectro lleno de letras. La cantidad de información que había recibido de X-010 en los últimos años era abrumadora, y le llevó a Rick un momento encontrar lo que estaba buscando. Finalmente, se topó con un pequeño archivo de imagen escondido bajo la categoría de Misceláneos: una X con una pequeña escritura encima. ¿Qué ponía?
–Eh, ¿Chi...? –ofreció.
Eso le costó una colleja en la nuca mientras el otro Rick le corregía: –No chi, imbécil. Se pronuncia 'kai'. Chi. ¿Como en "guay"? Y, por cierto, –Chi se inclinó hacia adelante, sacando la corbata de seda de la chaqueta de Rick y frotándola pensativamente entre sus dedos–, ahora pareces uno de ellos. –De repente agarró la corbata en su puño y tiró, acercando a Rick hasta que estuvo a menos de una pulgada de su cara.
Rick se puso nervioso del susto pero mantuvo la boca cerrada. Chi era tan excéntrico como brillante, y Rick sabía que no debía interrumpir a su mentor cuando estaba de mal humor. Además, considerando todo lo que Chi había hecho por él, lo mínimo que podía hacer Rick era soportar sus pequeñas rarezas sin quejarse. Así que simplemente esperó mientras Chi cerraba los ojos y olfateaba con curiosidad el cuello de Rick, siguiendo la línea de olor hasta su oído.
El cosquilleo del aliento de Chi en el lóbulo de su oreja despertó recuerdos que habían permanecido latentes durante años. Le hizo recordar cuando se conocieron por primera vez hace ya casi toda una vida. De hecho Chi fue el primer Rick de una dimensión alternativa que había visto, y cuando Chi entró en su laboratorio esa noche para susurrarle al oído Bu, Rick casi se cagó encima, literalmente. Chi no le dejó olvidar eso en años.
Rick siempre se las había arreglado lo suficientemente bien, con o sin un Morty, pero ni siquiera él era tan terco como para negar que se lo debía todo a Chi. Chi había ayudado a Rick a diseñar su primera nave espacial, le enseñó los mejores bares de la Tierra a Uazz, e incluso le ayudó en la construcción de ORA después de que perdiera el ojo en Sid-7.
No era de extrañar que Rick, que nunca había conocido a un Rick que le cayera bien, bajara sus defensas habituales cuando estaba con Chi. Habían sido un dúo imparable en la cúspide de su carrera. Lo único que lamentaba Rick era que nunca sería el tipo de compañero que Chi realmente deseaba.
Aunque Chi nunca lo dijo en voz alta, estaba implícito en la forma en que sus roces se prolongaban más de lo necesario, la forma en que ponía cualquier excusa—«Ven aquí. T-tienes que oír esto»—sólo para inclinarse cerca. ¿Cuántas veces había pillado Rick a Chi mirándole con una mezcla de tristeza y deseo en sus ojos? ¿Cuántas noches había dejado que Chi bebiera hasta el olvido para finalmente ceder a sus impulsos, tomando a Rick con besos desesperados y pajas que siempre se olvidaban a la mañana siguiente? Al menos, por Chi.
Chi inhaló profundamente una última vez y luego abrió los ojos de nuevo. –También hueles como uno de ellos. –Soltó la corbata–. Casi ni te reconocía 280. Qué mono.
En cuanto Chi lo liberó, Rick se alejó y se pasó las manos por la corbata para alisarla y ponerla en su sitio. Balbuceó réplicas a medias, mientras Chi volvía a su papel de experto estratega.
–Tengo que decir, 280. Puede que me haya superado a mí mismo. Parece que ese pequeño código tan mono que te di funcionó. –Chi asintió al pecho de Rick como si pudiera ver la tarjeta negra guardada en el bolsillo de su pecho–. Ahora que puedes pasar por un Élite, supongo que tu misión...¿tuvo éxito? –Sacó una caja de cigarrillos de su bolsillo tranquilamente y encendió uno. A pesar del calmado exterior de Chi, Rick podía sentir la energía salvaje zumbando justo debajo de la superficie. La intensidad de su mirada, cargada de expectativas, era demasiado para él.
–Yo...no lo hice –dijo Rick en voz baja, desviando su mirada.
Durante un instante ninguno de los dos Ricks se movió, dejando que la declaración se asentase. La expresión de Chi oscilaba entre confusión y frustración, y se pasó una mano por el pelo, agarrando un puñado y tirando ligeramente de él. Sacudió la cabeza, murmurando en voz baja: –Tienes que estar de coña.
–Chi, vamos. No es que... –Rick empezó.
–Una cosa. Tenías una puta cosa que hacer. –Chi escupió, con la mirada fija en Rick mientras hablaba con los dientes apretados.
–¡T-tú no sabes cómo es! No podía simplemente... –Rick se lamió los labios. –Y tú tampoco lo habrías hecho. –Se reprochó a sí mismo por asumir que Chi haría la vista gorda tan fácilmente y seguiría adelante con la propuesta de Rick, sin hacer preguntas.
–¿De qué estás hablando, 280? –Chi se mofó, poniendo los ojos en blanco–. No me importa si es un Morty. Sé lo que sientes por ellos, pero… –Le dio una calada a su cigarrillo, con una mirada breve de dolor en su cara–. Pero yo no soy como tú. Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para la causa, cueste lo que cueste.
–Y yo también. La misión sigue en pie, Chi. Simplemente no tiene que suceder de la manera que crees.
–¿Sí? ¿Y cómo será, eh? –La rodilla de Chi se movía de arriba a abajo por debajo de la mesa–. Ese Morty, con su maravillosa Epifanía o lo que sea, es el eje del poder del Consejo. Tú lo sabes y yo lo sé. Eliminarlo es la única opción. No tienes ni idea de cómo han sido las cosas por aquí, 280, desde que apareció ese maldito Morty.
–¿Cuánto tiempo?
–¿Qué?
–¿Cuánto tiempo hace que tienen al—a El Elegido?
–El Elegido. Qué mono. Casi olvido que lo llaman así. –Chi suspiró–. No lo sé. Unos cuantos años. Tal vez cinco. Desde luego, estabas demasiado ocupado con la FG para prestar mucha atención a los poli-Ricks.
–Sí, sí. M-muy gracioso –dijo Rick.
–De todos modos, creo que el Consejo se quedó con él un tiempo antes de que empezaran a hacerlo circular. Ahí entra la Élite. Por supuesto, las cosas nunca fueron perfectas, pero al menos el Consejo no estaba completamente loco. Entonces apareció este Morty, y de la noche a la mañana empezaron a gobernar con mano de hierro. Y no sólo con la FG, sino también aquí. Ahora... –Chi dio un golpecito a su cigarrillo en el borde de la mesa–. Bueno, tienes ojos.
Rick no necesitaba mirar para recordar la pobreza de su entorno; podía olerlo. Saturaba el aire, se arrastraba por el suelo junto con las cucarachas y se aferraba a la ropa de los otros Ricks - el inconfundible olor de la desesperación. Incluso después de la transformación superficial de Chi, todavía quedaba la delatadora línea de suciedad bajo sus uñas. A Rick le dolió ver a su mentor reducido a esto, una víctima de la dictadura del Consejo.
–En cualquier caso, ¿cómo terminaste aquí, con el –señaló a Chi y al restaurante en ruinas detrás de él–, ya sabes, con el trabajo de mesero? Pensaba que habías dicho que estarías en seguridad. Realmente me hubiera venido bien.
–La culpa de eso, amigo mío –dijo Chi, sentándose–, la tiene algo llamado error ID-10-TA. Prácticamente tenía asegurado un puesto muy mono en la Guarda, pero todo se fue al garete cuando un imbécil del Departamento de Asignaciones se equivocó de trabajo. Ahora estoy atrapado aquí, sirviéndole hamburguesas Biziwog a estos desgraciados.
Se sentaron en silencio unos minutos, Chi fumando su cigarrillo y Rick meditando sobre lo que había escuchado, antes de que Chi volviera a hablar, mirando al otro lado del patio. –Las cosas están mal, 280, y sólo van a empeorar. Por eso necesitamos deshacernos de ese Morty. El Elegido. Como quieras llamarlo.
–Mouse.
¿Qué? –Chi volvió a mirar a Rick desconcertado.
–Se llama Mouse.
Su compañero se detuvo, con el ceño fruncido. Resopló. –Vaaale. ¿Qué? ¿Así que ahora tiene un apodo?
–No. Chi, no es—
–Espera. ¿Aprendiste eso de una de esas jodidas epifanías o algo?
–Chi, escucha. Él es diferente.
–Y yo aquí pensando que supuestamente te hacían inteligente. ¿No podrías haber aprendido algo útil? ¿Por ejemplo cómo construir una máquina del tiempo para que nada de esto hubiera ocurrido en primer lugar? ¿O un pequeño y mono dispositivo de control mental? O - no sé - cómo hacer tu maldito trabajo...
–¡Escucha! –Rick golpeó la mesa con el puño, su arrebato cortó el murmullo de las conversaciones a su alrededor. Protegiendo su cara de los curiosos, Rick se agachó para susurrar–, No se trata sólo de las Epifanías. Mouse puede hacer más que eso. Tiene... otras habilidades.
En todos los años que se habían conocido, Rick rara vez le contestaba a Chi, y mucho menos levantaba la voz, y podía ver la sorpresa en la cara de Chi mientras lo miraba fijamente. Por fin, como un profesor complaciendo a su estudiante problemático, Chi suspiró, suavizando su mirada. –Vale, 280. De acuerdo. Dime exactamente qué pasó.
Rick respiró hondo, colocando las palmas de sus manos sobre la mesa. «¿Por dónde empezar?» –Cuando gané la subasta—
–¿Cuánto te dejaste?
–¿Eh? Dos... Dos punto cinco. Millones.
–Oooh, me cago en la puta –murmuró Chi, agarrándose su propio pelo otra vez.
–Mira, has dicho que ibas a escuchar, así que escucha.
Chi levantó sus manos en señal de rendición y se encogió de hombros. –Vale, vale. Continúa.
–Cuando ganas la subasta, te llevan a su habitación. Todo el mundo actúa como si fuera la habitación de El Elegido o algo así, pero no creo que lo sea. No creo que Mouse se quede allí. En cualquier caso, sé lo que acordamos, pero yo - nosotros - hay algo más importante de Mouse de lo que creo que incluso el Consejo conoce.
Esto despertó el interés de Chi, y su enfado despectivo se convirtió en algo más atento.
–La Élite, el Consejo, creen que sólo puede conceder Epifanías - las cuales, por cierto, son una comida de cabeza. Hacen que parezca que tu cerebro esté colocado en Wixilan mientras pasa por un dispositivo de refracción. –Se rascó la parte de atrás de la cabeza como si aún pudiera sentir el extraño frío de antes–. Pero también puede—algo pasa y hace que puedas… –Sacudió la cabeza–. Suena tan jodidamente ridículo que ni siquiera puedo decirlo. –Pero Chi esperó pacientemente hasta que continuó–. Creo que puede hacerte leer la mente.
–¿Estás diciendo telepatía? –Chi preguntó.
–Sí. Es como la telepatía. Pero es como si simplemente te sucediese, una Resonancia. Creo que no tuve el control en ningún momento cuando sucedió, así que todavía no estoy seguro de cómo funciona. No es realmente el Morty más hablador, pero te juro que podía oír sus pensamientos. –Rick pensó que era mejor no mencionar bajo qué circunstancias exactamente se desencadenó el efecto. –¡Y no sólo el suyo! Escuché los pensamientos de los Guardas antes de verlos. Todavía estaban afuera, y creo que tiene algo que ver con la proximidad - algo - no sé. Pero lo que estoy intentando decir, Chi, es que podemos usar esto. –Le sostuvo la mirada a Chi–. Es por esto que lo mantenemos con vida.
Chi parecía absorto en sus pensamientos, luchando claramente con la sobrecarga de información que le acababan de dar. No le había dado una calada a su cigarrillo desde que Rick empezó a hablar, y ahora se había quemado hasta el filtro.
–Bueno... ¿Qué te...? –Rick fue interrumpido de nuevo por una palma aplastada contra su cara. Gruñó con frustración, pero Chi lo silenció con un rígido, –Silencio.
Rick se hubiese cabreado un poco más, pero entonces lo oyó: el triple timbre del sistema de megafonía de la Ciudadela. Lo había oído sonar dentro del atrio principal, y cada vez que lo hacía, todos los Rick se paraban a mitad de camino para escuchar el mensaje. Los anuncios parecían titulares de periódicos, normalmente algo acerca de las actividades en el frente de guerra o la última orden judicial impuesta por el Consejo de Ricks.
Las tres notas musicales resonaban siniestramente desde las vigas de soporte ocultas en las sombras, deteniendo toda la actividad hasta que el único ruido era la grasa que saltaba de las freidoras. Desde los altavoces en lo alto de la sala, se oyó una voz femenina sintetizada.
–Código Amarillo, Alerta de Captura. Código Amarillo, Alerta de Captura.
Rick echó un vistazo entre los dedos de Chi para ver cómo los Ricks de alrededor se ponían pálidos. Hubo un murmullo de voces silenciosas mientras se susurraban entre ellos.
–¡Ostia puta! ¿Un Código Amarillo?
–Hace tiempo que no oigo uno de esos.
–¡Pensaba que esas furcias galácticas estaban perdiendo fuerza! ¿Cómo han podido—
–¡Cállate! ¡Todavía está encendido!
El anuncio se distorsionó un poco antes de continuar. –Los siguientes Ricks han sido detenidos por la Federación Galáctica: Rick de la Dimensión G-803 y Rick de la Dimensión K-247. Como precaución, todos los Ricks deben obtener visas antes de viajar fuera de la Ciudadela. –Hubo una breve pausa antes de un conciso–, Eso es todo.
Luego emitió el mismo fragmento de audio que se reproducía después de cada anuncio: Una fanfarria de trompetas, seguida de: –Este mensaje ha sido presentado por el Consejo de Ricks, proporcionando paz, protección y prosperidad a Ricks en todas partes.
El sistema de megafonía dio un último chirrido y luego se apagó. Era como si un hechizo se hubiese roto cuando la gente del comedor inmediatamente reanudó sus quejas previas, aunque había una prisa evidente en sus movimientos. En unos pocos minutos, el lugar se había despejado, dejando a Rick y a Chi en soledad.
Cuando Chi retiró su mano, Rick vio que estaba temblando.
Rick quiso preguntar sobre el anuncio, pero justo entonces alguien les llamó repentinamente.
–¡Bueno, bueno, bueno! Si no es nuestro buen amigo, Tick.
Miraron a la fuente de la voz. Un par de Ricks elegantemente vestidos se acercaron casualmente a su mesa. Con sus trajes a medida y la arrogancia que rezumaba de sus ojos, Rick se dio cuenta rápidamente de que eran de la Élite. Chi y Rick no fueron los únicos que se fijaron en ellos. La atmósfera en el patio se volvió sombría mientras los pocos comerciantes que quedaban miraban a los nuevos visitantes con aprensión.
–Oh, genial –Rick escuchó a Chi murmurar–. Grecos.
Cuando la Élite llegó a su mesa, uno de ellos puso sus manos en la superficie, tomándose su tiempo para dirigir su mirada de Chi a Rick y viceversa. Hizo un sonido de desaprobación.
–Tick, ¿qué te hemos dicho sobre mezclarte con la Élite? Ambos sabemos que no se te permite estar cerca de ellos. No querrás que pillen tus pulgas, ¿recuerdas? –Golpeó a Chi en la frente con su dedo.
Chi intentó ponerse de pie, pero el otro Élite a sus espaldas lo sujetó firmemente por los hombros. Hizo un intento a medias de liberarse, pero pronto se conformó con mirar con furia.
–Sabes, θ-669 –Chi dijo con desprecio–, a pesar de decir siempre que no quieres pillar pulgas, vienes mucho por aquí. ¿Estas esperando que finalmente te chupe la polla?
Alisando una mano sobre su impecable pelo engominado, θ-669 se rió, –Oh, Tick. Tick, Tick, Tick, Tick, Tick. –Sacudió la cabeza, su tono bajó a profundidades inquietantes–. No estás en condiciones de dar insultos insignificantes. Esto es exactamente por lo que nos necesitas, a la sabia y benevolente Élite, –clavó su dedo en la nariz de Chi enfatizando–, para venir aquí y poner en orden a la escoria. Deberíais darnos las gracias por hacerle un servicio público a la Ciudadela.
–¿Servicio público? –Rick se encontró diciendo que antes de que pudiera parar–. ¿Es así como lo llaman hoy en día?
θ-669 dirigió su atención a Rick, a quien apenas había mirado desde que los interrumpió. Ahora sus ojos se estrecharon en señal de sospecha mientras miraba a Rick, con la mirada fija en su cuello desabrochado. Rick captó la mirada penetrante de Chi desde el otro lado de la mesa, el mensaje era claro: «No. La. Líes».
La mera presencia de la Élite hacía que el estómago de Rick se retorciera y sus dedos se apretaran en puños debajo de la mesa, pero consiguió que su furia se convirtiera en una especie de mirada imparcial. Se estaba cansando de todo este autocontrol, honestamente, y empezaba a pensar que sería necesario tomarse una copa o hacerse una paja cuando volviera a su suite.
Como si estuviera satisfecho con lo que vio, θ-669 chasqueó los dedos y dijo con una sonrisa, –λ, asiento. –Inmediatamente, su compañero empujó a Chi al suelo y puso un pañuelo en la silla para que θ-669 se sentara. El Rick Élite se desabrochó la chaqueta y apoyó los codos en la mesa, sus dientes blancos brillando mientras le sonreía a Rick como si fueran viejos amigos de copas.
–Bien, apostaría que eres nuevo en el círculo, Hermano, –θ-669 comenzó–, así que entiendo que no sepas exactamente cómo funcionan las cosas por aquí. Pero realmente debes ser más cuidadoso con estos Ricks comunes. No son como nosotros. No son... Élite. –Su mirada se convirtió en seductora cuando deslizó una mano por el muslo de Rick.
Rick se tensó ante el contacto indeseado, pero luchó contra el impulso de pegarle al Élite ahí mismo. La ceja de θ-669 se arqueó más alto, malinterpretando la tensión de Rick por interés recíproco. Tarareó.
–No creo que hayamos tenido el placer de conocernos. Y me aseguro de conocer a cada Élite. Considéralo como un hobby mío.
–Eso significa que se folla a todos los que puede –dijo Chi, limpiándose la suciedad de sus manos. Siseó cuando λ lo puso bruscamente de pie y le dio un fuerte zarandeo.
–Más vale que cuides tus modales, gilipollas –gruñó el soldado.
θ-669 puso los ojos en blanco. –Como decía, no son como nosotros. –Volvió a mirar a Rick, suspirando–: Prefieren cortarte la garganta que darte la mano. Realmente necesitan a alguien que los ponga en su lugar. Animales. –Acto seguido, se inclinó más hacia el espacio personal de Rick, su voz adquiriendo un tono conspirativo–. Hay un verdadero problema de k-lax por aquí. Y del de calidad de mierda. –Abriendo su chaqueta para revelar una bolsa de polvo magenta a Rick, añadió–: Por otro lado, si buscas algo de calidad, siempre estoy dispuesto a ayudar a un hermano necesitado.
–L-l-lo pensaré –dijo Rick, buscando en su mente una estrategia de salida.
–Pero bueno, qué mono eres. Dime, Tartamudo, ¿tienes una dimensión que acompañe a esa moralidad de Boy Scout?
Rick se quedó pálido, su mente a toda velocidad. –Mejor que no me meta—
–¿Beta? –Los ojos de θ-669 brillaban con intriga–. Ooh, me gusta el sonido de eso. –Miró a su compañero Élite con una sonrisa de complicidad–. Bueno, β, espero que tu sangre no sea demasiado pura para permitirte un poco de juego, hm? ¿Qué posibilidades hay de que te vea en la próxima Subasta de Mortys? –Su mano se deslizó aún más alto, la punta de sus dedos rozando la flácida polla de Rick a través de sus pantalones.
Rick dio un salto tan alto que sus rodillas se golpearon contra la parte inferior de la mesa.
–Mm. Peleón. Será muy divertido tenerte en la subasta.– θ-669 puso mala cara–. Y ayudará a quitarme el mal sabor de boca que dejó ese asqueroso X-Rick.
–¿X-Rick? –Rick apenas podía respirar.
–En serio. ¿Te lo puedes creer? No sé en qué pensaba el Consejo al dejarlo entrar. El cabrón incluso terminó ganando. Lo atribuyo a la suerte del principiante. –Dándole un ligero apretón en el muslo a Rick, añadió–, Pero no te preocupes. Según me dijeron, el Consejo le dio un buen repaso. Pero, ¿por qué hablar de un sucio X-Rick cuando podríamos estar hablando de nosotros?
Rick vio a Chi enrojecerse visiblemente al ver al Élite acercarse a él. Había un inconfundible matiz de celos detrás de su mirada, y Rick sintió una punzada de angustia por hacer pasar a Chi por esto. Sus puños se apretaron más fuerte.
Dando un fuerte resoplido, Chi cruzó sus brazos y puso una mirada de odio. –Cielos, θ, ¿qué pasa? ¿Te asusta el X-Rick feroz? ¿Crees que va a echarte una maldición y a cocinar a tus Mortys en su caldero o algo así?
θ-669 se giró en dirección a Chi. –Casi me olvido de que eres un simpatizante de los X, Tick. Eres una verdadera combinación de problemas, ¿lo sabías? Cosas realmente jodidas. Y te diré lo que tienen de malo esos malditos X-Ricks. –El Rick Élite se puso de pie, su lacayo poniéndose visiblemente tenso al percibir que la tensión aumentaba. Dijo con desdén–, Son el eslabón muerto de nuestra especie. Que no haya Mortys significa que no hay camuflaje, significa que no pasan por la salida, que no recogen cien dólares. Su línea temporal es la forma en que el universo dijo que los X-Ricks no están hechos para tener éxito. Son una abominación, simple y llanamente. -Abotonando su chaqueta de nuevo, asintió con la cabeza a λ que inmediatamente soltó a Chi y se unió a su lado.
–Felicidades, Tick, oficialmente me has hecho perder el apetito.
–Claro. Como si hubieras venido aquí a comer. Seguro. –Chi ni siquiera lo miró, eligiendo en cambio mirar fijamente al suelo.
–Como si me fuera a comer la mierda que tú sirves. Ni siquiera es digna de tus amiguitas cucarachas. –θ-669 se giró para mirar cariñosamente a Rick una vez más–. Espero con ansias nuestra cita, β. Cuídate hasta entonces. Ya sabes lo que dicen. El que se acuesta con perros...
Los dos Élite empujaron con el hombro a Chi cuando pasaron por su lado, riéndose a carcajadas mientras se iban. Una vez el eco de sus risas se disipó, Rick habló primero.
–Menudo gilipollas de primera clase.
Chi no dijo nada mientras quitaba el pañuelo y volvía a su asiento como si estuviera completamente agotado. Silenciosamente, se quitó las gafas que se habían doblado y dio un gruñido evasivo en respuesta mientras las limpiaba con la esquina de su camiseta. Rick se puso nervioso al ver a Chi tan desanimado y reservado después de su casi frenética energía previa. Por fin, Chi comenzó a hablar, con la voz cansada.
–¿Sabes por qué estaba tan interesado en ti?
Rick palideció. –¿Qu-quién? ¿Te refieres a ese imbécil? Chi, en serio n-no estaba siquiera considerando...
–Lo sé. No me importa eso. ¿Sabes por qué te deseaba tanto? repitió.
–Eh, p-porque pensó que yo era de la Élite, ¿no? Y como dijiste, siente atracción por ellos. Si los de la Élite son como los famosos, entonces e-es simplemente un cazafortunas que busca un polvo rápido.
Chi suspiró. –Es porque pensó que eras de la Dimensión β. Hay una diferencia. Odio decir esto, 280, pero tenía razón. No sabes cómo funcionan las cosas por aquí. –Separó sus manos en la mesa, con las palmas hacia adentro, como si tuviera algo entre ellas–. Las dimensiones siempre han sido clasificadas por letras. Hasta tú lo sabes, ¿verdad?
–Vaaale –dijo Rick lentamente.
–Alfa a omega, A a Z. Las etiquetas eran secundarias en realidad, sólo un método de organización. Nada más. Pero algunos Ricks comenzaron a verlo de manera diferente. Comenzaron a tratar las etiquetas como una especie de clasificación. Y los Grecos, –Chi juntó sus manos a un lado de su espectro invisible–, se consideran a sí mismos en la cima.
Rick resopló. –Es la cosa más ridícula que he escuchado.
–Sin duda alguna. Pero te sorprenderían las de excusas que la gente pone para sentirse superior. Los Grecos honestamente piensan que son mejores que el resto de nosotros en todos los sentidos, incluso genéticamente. Y lo triste es que esa escuela de pensamiento se cumple a sí misma. Cuanto más abajo en la lista vas, peores son los Ricks.
–Sí. Esa parte es bastante obvia. –Rick siempre supo que no lo había tenido fácil, pero sólo se hizo evidente la disparidad cuando empezó a interactuar con otros Ricks. Mientras que él había pasado su vida subsistiendo, escondiéndose, prescindiendo de cosas y luchando sólo para sobrevivir, las cosas parecían venirle fácilmente a otros Ricks. Lo achacó simplemente a la suerte, sin atribuir su situación en la vida exclusivamente a su designación dimensional. Pero tal vez Chi tenía razón. Tal vez toda la jerarquía tácita perpetuada por Ricks tenía más alcance de lo que él pensaba.
–¿Nunca te has preguntado por qué nos odian tanto? ¿Realmente crees que es porque nuestros Mortys nacieron muertos? ¿En serio? Quiero decir, por Dios. El multiverso es un lugar grande. Estoy seguro de que hay un montón de mierda que sucede en otras dimensiones. –Se acercó más–. Piensa en ello. ¿Qué hace que la gente quiera joder a los demás todo el rato?
–¿Que la gente es gilipollas?
–Miedo, 280. Lo hacen por miedo.
–Chi, ¿qué tiene que ver esto con—
–Escúchame. Tengo una teoría sobre esto. ¡Odian a todos los Ricks de la Dimensión X porque nos tienen miedo! –Sus manos se movían en serio ahora, revoloteando tan rápido como sus palabras–. Todo el mundo puede pensar que somos el último mono, pero no creo que siempre haya sido así. ¿Y si no somos de la Dimensión X en absoluto?
–Ostia. Chi, amigo, me estás perdiendo.
–¿Y si nunca hubiésemos sido X? ¿Y si somos χ? ¡Chi! –Chi miraba directamente a Rick como si necesitara que él lo entendiera.
Rick frunció el ceño, pero esperó a que Chi le explicara.
–¿No lo entiendes, 280? Creo que alguien nos robó el rango de nuestra dimensión. Puede que sea todo esto sea una sopa de letras sin fundamento, pero significa algo. Solíamos estar ahí arriba con el resto de los Grecos, pero ahora ser una X es el puto beso de la muerte. Si alguien se tomó la molestia de mover nuestra designación dimensional fuera de los Grecos para mandarnos al final de la lista debe haber tenido una muy buena razón. Necesitaban mantenernos abajo porque pensaban que éramos una amenaza.
–¿Pero una amenaza a qué?
–Eso es lo que no sé –dijo Chi, pasando una mano temblorosa por su pelo–. Pero obviamente lo hicieron para que fuera más fácil evitar que hiciéramos—hiciéramos algo. Esa es la parte que no puedo entender. –Entonces se rió un poco–. Pero, desgraciadamente para ellos, somos mucho más duros de lo que creen.
Por lo menos Rick podía estar de acuerdo con eso. Sonrió a su mentor, entretenido pero impresionado por su firme orgullo por los Ricks de la Dimensión X.
– Vale, 280. Cuenta conmigo.
–¿Eh? E-espera. ¿Sí?
–Sé que es una locura, pero si significa arreglar las cosas y poner fin a esta mierda de jerarquía, entonces te creeré. –Se inclinó hacia adelante–. Así que tenemos a un posible Morty lector de mentes en nuestras manos. ¿Qué hacemos primero?
El pecho de Rick se llenó de orgullo al saber que Chi estaba de su lado. Le recordaba a cuando habían hecho equipo en el pasado, una maldita fuerza a tener en cuenta. –Ahí es donde entras tú, Chi. Conoces este lugar mejor que yo. Necesito que seas mis ojos, que me ayudes a conocer el terreno.
–Será fácil. ¿Crees que me he pasado mis años dorados delante de una freidora? Me he mantenido ocupado.
–¿Sí? ¿Al final perfeccionaste tu receta de explosivos basados en el durito?
Chi se rió. –Y mucho más que eso.
–Bien. Primero quiero cubrir los niveles inferiores. Específicamente, el Façade Lounge y las áreas circundantes.
Una sombra de preocupación cruzó el rostro de Chi. –Difícil, pero factible. Hay mierda muy bien protegida ahí abajo, pero he visto una buena parte de los subniveles 8 y 9. Me imagino que querrás empezar por ahí, buscando a—
–Mouse. Exactamente. Con la forma en que los Guardas estaban estacionados alrededor del Façade y la suite del ganador, no puede estar muy lejos. Necesito volver a él y resolver todo este asunto de las Resonancia. Es un comienzo, pero podría ser la clave para sacarlo de ahí. –Fue difícil para Rick ocultar su entusiasmo. Sólo expresar su plan en voz alta hizo que todo pareciera más real, y saber que estaba al menos un paso más cerca de salvar a Mouse hizo que su corazón se llenara de esperanza.
Chi lo miró con una sonrisa críptica. –Qué mono –dijo en voz baja, y luego continuó–. El subnivel 10, sin embargo, es un asunto completamente distinto. Han cerrado ese sitio con más fuerza que el ano de un Shnixtic.
–Tal vez razón de más para llevar algunos ojos ahí abajo.
–¡Oh! Eso me hace recordar. Toma. –Chi le extendió la mano a Rick. Cuando Rick sólo la miró con curiosidad, Chi puso los ojos en blanco y le arrebató la mano, entrelazando rápidamente los dedos.
–¡Eh! ¿Q-qué estás haciendo? –gritó, ruborizándose ante la precipitada muestra de intimidad. Entonces gradualmente sintió un leve cosquilleo extendiéndose desde donde Chi lo sostenía y, mirando hacia abajo, vio un rastro de puntos negros marchando obedientemente desde debajo del puño de Chi hasta el suyo propio.
–¡Qué coño! –Entró en pánico, trató de librarse del agarre de Chi, pero Chi se mantuvo firme.
–Relájate. Son un regalo. –Una vez terminada la pequeña procesión, Chi se llevó la mano a la cara, mirando de cerca a un pequeño insecto negro posado en su nudillo–. Monos, ¿eh? Son nanos. Los construí yo mismo. Estos pequeños bichos son perfectos para el reconocimiento, la recolección de datos, incluso la demolición. –Le guiñó un ojo a Rick–. No te preocupes. Ya he programado los tuyos para interactuar con ORA. En una hora se sincronizarán a través de su intranet para aceptar comandos a distancia. Sólo da la orden, y ellos la llevarán a cabo.
–¿Y estos bichos se supone que... me ayudarán? –Rick se estremeció al sentir que sus nuevos habitantes trepaban por su muñeca hasta que formaron una cadena de puntos alrededor de su antebrazo.
–Hombre de poca fe. ¿Te has olvidado de con quién estás lidiando? Te conozco desde hace mucho tiempo y te he enseñado todo lo que sabes. No creas que te dejaría ir sin unos cuantos trucos bajo la manga. –Chi encendió otro cigarrillo, sonriendo a su propio juego de palabras. Se podía ver la misma serenidad de antes en sus facciones mientras se fumaba satisfecho el cigarro–. ¿Qué me dices, San Valentín?
–¿Qu-qu-qué? –Rick tartamudeó, la sangre inmediatamente se le subió a la cara–. Qu-quién-quién ha dicho nada sobre—no lo sé—quiero decir, fue sólo una—
Chi suspiró, expulsando dos chorros de humo por su nariz. –Como decía, 280. Te conozco desde hace mucho tiempo. –Dejó caer su cigarrillo y lo apagó bajo su talón antes de levantarse–. De acuerdo. Tengo mis órdenes. Te daré una actualización en una semana. Tú mantén la frecuencia de ORA abierta al canal XXN44.
Rick se puso de pie para despedirlo. –Chi…
–Ha sido bueno volver a verte, 280. Realmente bueno. –La misma mirada de dolor de antes atravesó la mirada de Chi de nuevo–. Ten cuidado por ahí. –Extendió su brazo, dobló el codo, y cerró el puño.
–Cielos, ¿realmente tenemos que hacer esto? –Rick se puso en su sitio. «¿Contraseñas, nombres en clave, y ahora saludos secretos?» Sin embargo, cuando Chi levantó la ceja expectante, Rick reflejó el gesto, y chocaron la parte posterior de sus antebrazos, creando una X.
Justo cuando Chi se giró para irse, Rick miró al altavoz silencioso montado en el techo. Pensó en silencio unos instantes, haciendo los cálculos en su cabeza, antes de llamar a Chi. –Chi, una última cosa. Consígueme una lista completa de todos los Ricks de Código Amarillo de los últimos 15 años.
...
La luz LED parpadeaba en su contenedor de cera falsa, y aunque no desprendía ningún calor real, proyectaba sombras en las paredes tan artísticamente como cualquier vela real podría. Mamá Eun-Rick hubiera preferido la cosa real, pero por razones de seguridad no se permitían llamas abiertas dentro de las residencias personales.
Estaba convencida de que las llamas danzantes resaltaban sus mejores rasgos, dando a los demás un atisbo de sus labios pintados y sus impresionantes ojos, mientras ocultaba las arrugas que se estaban convirtiendo cada vez más en un fastidio para ella. Las luces estériles que se encontraban por toda la Ciudadela no le hacían ningún favor a su aspecto, y aborrecía cómo no dejaban nada a la imaginación. Tan reveladoras, tan implacables.
Mamá Eun-Rick se miraba en el espejo del tocador de su dormitorio, girando su cara de un lado a otro, intentando encontrar su mejor ángulo que parecía eludirla cada año más y más. Los bordes del tocador estaban llenos de un pequeño arsenal de velas sin llama que desprendían un agradable aroma y se mezclaban perfectamente con su crema corporal para después de la ducha. Atardecer de Coco era su fragancia favorita últimamente, el aroma le recordaba a sus últimas vacaciones en las playas de Kurtu en la Galaxia Peleo.
–Y, por el amor de Morty, me merezco otra –le dijo de morros al espejo, tocándose las bolsas que se acumulaban bajo sus ojos. Sus deberes como cuidadora personal de El Elegido estaban empezando a pasarle factura. Atrás quedaron los días en los que apenas tenía que mover un dedo para mantener a El Elegido a raya. Unos pocos castigos con mano dura y palabras severas y el mocoso se quedaba en silencio, haciendo exactamente lo que le decían como una buena muñequita.
Ahora, sin embargo, el enano se estaba convirtiendo en un pincho que se le metía en el culo. Primero el alboroto en la Subasta de Mortys nocturna, luego la sesión fallida con el Rick ganador, luego esa—esa pataleta que tuvo antes de que llegara su segundo cliente.
Le gustaría poder decir que no sabía qué le había pasado al chico, pero la racha de rebeldía repentina no fue precisamente una sorpresa.
Suspirando profundamente, Mamá Eun-Rick abrió el enorme tomo que descansaba entre sus codos y comenzó a pasar páginas hasta llegar a un punto de libro con borla. Marcadores de páginas de colores brillantes sobresalían a lo largo de los bordes del papel amarillento y quebradizo, marcando pasajes seleccionados que requerían atención adicional, y sus anotaciones manuscritas cubrían cada centímetro de los márgenes. Pasó un dedo largo por la página, su uña acrílica arañando desagradablemente el pergamino, antes de finalmente dar un golpecito en el último pasaje que había estado descifrando.
Le pequeña letra del libro era increíblemente clara y se hubiera confundido con texto impreso si no fuera por las sutiles fluctuaciones en el tono de la tinta, que variaba del negro al rosa. En los sitios donde la humedad se había filtrado en el papel, las letras se habían salido de su contorno para formar destellos rojos a lo largo de la página.
Mamá Eun-Rick frunció la nariz al hojear la página empapada de agua, intentando y fracasando reprimir la ola de náuseas que la golpeaba cada vez que miraba esas manchas rojas. Hacía lo que podía por evitar las páginas donde aparecían, odiando que le recordaran la inquietante realidad que se escondía detrás de su autor. Mientras intentaba centrarse en las escrituras que figuraban bajo el Cantar de Mortys - sin duda el capítulo más difícil de leer a causa de las muchas metáforas retorcidas - la mente de Mamá Eun-Rick divagó hasta el día en que encontró el libro por primera vez.
En aquel entonces, no se la conocía como Mamá Eun-Rick, sino por su nombre artístico, Rebotarick. Después de una noche particularmente tranquila en el club, se había ido a casa con un cliente, esperando ganar unos créditos extra de la manera más fácil, y había terminado sola en su sala de estar, admirando unas vistas impresionantes del atrio de la Ciudadela mientras él yacía borracho e inconsciente en el baño. Como no era una persona que le hiciera ascos a las cosas más refinadas de la vida, se había dado el gusto de dar una vuelta por su piso, sirviéndose de su bodega personal y utilizando su televisión por cable interdimensional hasta que llegó a la habitación al final del pasillo.
Mamá Eun-Rick todavía podía recordar el asqueroso olor a putrefacción y a heces humanas que le golpeó cuando abrió la puerta. Estaba convencida de que algo había muerto allí, y estaba a punto de huir en busca de ayuda cuando vio la pequeña figura acurrucada en la esquina.
Era un Morty. Pero no como ningún Morty que hubiese visto. El chico parecía medio muerto, demacrado e inmóvil mientras yacía en el suelo en su propia mierda. Tenía el libro agarrado en sus manos delgadas, y Mamá Eun-Rick recordó su horror al darse cuenta de que se había roído la punta del dedo hasta el hueso para escribir las letras pequeñas con su propia sangre.
Los eventos del resto de la noche pasaron rápidamente. Su cliente fue arrestado por dañar la propiedad de la Ciudadela, el Morty recibió atención médica pero murió en el transporte, y Mamá Eun-Rick se encontró de repente siendo la dueña del misterioso libro.
El Libro de Morty.
Al principio, no le dio mucha importancia. Era una impresionante pieza de artesanía, y cómo un niño de esa edad se las había arreglado para montarlo, y mucho menos llenar sus más de 400 páginas con el tipo de lenguaje que tenía, aún desconcertaba a Mamá Eun-Rick.
A primera vista, el libro parecía bastante sencillo. En la misma línea de muchos textos religiosos, era un conglomerado de lecciones, a menudo contadas como parábolas, para otros Mortys sobre lo que se consideraba la "verdadera y adecuada" manera de vivir. Cosas como el recreo, el amor propio - que Mamá Eun-Rick finalmente descubrió que se refería exclusivamente a la masturbación - y el fantasear se promocionaban como pasatiempos saludables que debían cumplirse para que un Morty lograra la autorrealización.
Describía a todos los Mortys de todas las dimensiones como unidos en su pureza innata, una pureza que estaba constantemente bajo la amenaza de ser mancillada por Ricks. Los Ricks, de acuerdo con el Libro de Morty, eran criaturas desviadas que se alimentaban de la corrupción y la destrucción, y que necesitaban un salvador para alcanzar su propia iluminación. Pero en cuanto a cómo exactamente, Mamá Eun-Rick no estaba todavía más cerca de entender esa parte.
Sin embargo la magnitud de su importancia solamente salió a la luz cuando empezó a leerlo en su totalidad. Entre las lecciones y advertencias, el libro también contaba la historia de un Morty en particular. El Morty Elegido.
Este Morty Elegido, que fue sacado de su casa y forzado a soportar una vida de dolor y sufrimiento a manos de Ricks, fue descrito como una figura de proporciones épicas. Fragmentos pintorescos describían sus ondas cerebrales como «un sol que se extiende más allá del cosmos», y a él mismo como alguien con habilidades que eran tanto «una bendición como una maldición». Continuaba diciendo que El Morty Elegido eventualmente llevaría a todos los Mortys a la salvación en lo que se llamaba el Gran Éxodo de Mortys.
Pero ahí fue donde Mamá Eun-Rick dejó de leer. La historia, aunque algo interesante, era demasiado exagerada para darle un mérito real, y no importaba lo extravagante que fuera, no pagaba las facturas.
Además, los Ricks no eran tan malos, ¿no?
Sin pensarlo más, había dejado el libro para que cogiera polvo en su estantería, y allí permaneció relativamente intacto durante años antes de reclamar de nuevo la atención de Mamá Eun-Rick.
Por aquel entonces, Mamá Eun-Rick tenía el hábito de visitar los niveles superiores de la Ciudadela para acostarse con un Guarda de alto rango. Era un hijo de puta pervertido, pero trataba bien a Mamá Eun-Rick e incluso la malcriaba en ocasiones con lujosas joyas. También era muy hablador y tendía a hablarle de trabajo, tanto si ella le escuchaba como si no.
Cuando habló del programa de vigilancia de largo alcance del Consejo, Mamá Eun-Rick estaba más interesada en admirar sus nuevos pendientes en el reflejo del consolador cromado de su amante. Pero en cuanto habló de sus últimas lecturas, se quedó congelada.
«No te creerías el tamaño de las ondas cerebrales que aparecieron. ¡Ninguno de los técnicos había visto algo así antes! Honestamente, fue tan potente que pensaron que podía haber sido una erupción solar. Simplemente no podían imaginar qué podría llegar tan lejos en el medio del espacio.»
Mamá Eun-Rick tenía que reírse al pensar en lo difícil que había sido para ella interpretar el Libro de Morty correctamente, ver todos los mensajes proféticos que se hacían realidad a su alrededor. Ahora era algo natural para ella leer las señales.
El secuestro, el acuerdo con la FG, la Subasta de Mortys, incluso la más reciente interrupción con el X-Rick y el repentino cambio de comportamiento de El Elegido... Todo había estado allí. Sólo tenía que descifrarlo.
Cuando llegó al Consejo con el libro en el pecho, casi perdió los nervios en la puerta. Pero si había algo que Rebotarick sabía hacer, era convencer a la gente para que creyera lo increíble. Afortunadamente para ella, su lectura de la llegada de El Elegido dio en el blanco.
Siguiendo su recomendación, el Consejo capturó a El Elegido y explotó sus "talentos" al ritmo de un éxito desenfrenado, mientras que Mamá Eun-Rick, por su parte, hacía lo mismo.
Cuidadora personal. El título había sido su propia idea, y con él, se aseguró ser un componente indispensable del cautiverio de El Elegido. Tenía seguridad financiera, acceso ilimitado a toda la Ciudadela, y un rango más alto que el del Capitán de la Guarda. Ella y su selecto equipo de Eun-Ricks - otro truco que había ideado para construir el misticismo de El Elegido - vivían cómodamente bajo la gracia del Consejo, un estilo de vida al que se había acostumbrado.
Pero todo podría ser arrebatado en un abrir y cerrar de ojos si no mantenía el control sobre El Elegido.
En ese momento, Mamá Eun-Rick estaba estudiando una serie de pasajes que habían tomado un nuevo significado con la introducción del X-Rick. Relataban fragmentos de eventos que tenían lugar entre El Elegido y su llamada Contraparte, y mientras el lenguaje todavía arrojaba alguna ambigüedad a su significado, Mamá Eun-Rick sentía que en este punto era seguro asumir que el libro se refería, de hecho, a Rick de X-280.
Nacido de la desgracia, nacido de la mentira; dos se convierten en uno a los ojos de todos los Ricks que inspira.
Mirad al octavo número compuesto del árbol alícuota del número 43 y encontrarán al Morty Elegido. Mirad al quinario 2110, y encontraran... –Aquí, el resto del texto estaba otra vez arruinado hasta el punto de ser incomprensible.
Lo que se le había negado a Él sería su propia perdición a mano de Su Contraparte. Como un gran maremoto, limpiaría la tierra.
Como la sombra trae la luz y el fuego la vida, su Contraparte incitará las maravillas indecibles de El Elegido.
La última escritura era de lejos la más difícil de entender. Se mordisqueó la uña del pulgar, reflexionando sobre sus opciones. Hasta ahora, había hecho todo lo posible para evitar que los eventos del Libro de Morty se hicieran realidad. Cada decisión que tomaba sobre cómo criar a El Elegido había sido diseñada con la intención de contradecir directamente las enseñanzas del libro.
Cuando el libro describió a Morty como «rodeado por el amor de su propia especie», ordenó que El Elegido fuese aislado de todos los demás Mortys. Cuando decía que estaba «libre de vanidad», ordenó que se le acicalara regularmente y que se le dejara el pelo largo. Donde se celebraba el amor propio, prohibió a El Elegido tocarse a sí mismo.
Pero parecía que sin importar qué medida adoptara, las profecías inevitablemente tomaban forma, y cada vez era más difícil contrarrestarlas. Y ahora comenzaba a preguntarse si realmente debía negar el mensaje de esa última lectura.
Gruñó sólo de pensar en cómo reaccionaría Riq IV ante la noticia. Sus órdenes para ella habían sido concisas: Comunicarle cualquier información relevante del libro sobre El Elegido. Y, a su favor, Mamá Eun-Rick había sido diligente en este sentido. Puede que Riq no siempre se lo creyera todo, pero aún así tenía el deber de informarle.
Si su interpretación de la lectura era correcta, entonces esencialmente decía que el X-Rick necesitaba continuar lo que había empezado con El Elegido para que obtuvieran sus «maravillas indecibles», lo que sea que eso significara. A pesar de la obsesión enfermiza de Riq con respecto a El Elegido, Mamá Eun-Rick sabía que Riq estaría dispuesto a hacer cualquier cosa si eso significaba que su precioso juguete convirtiera más paja en oro.
Masajeándose la cabeza en preparación al inminente dolor de cabeza, se levantó de la mesa del tocador y caminó hacia el video comunicador colocado al lado de su cama. Ni siquiera consideró la hora. Riq siempre parecía estar despierto, sin importar a qué hora se comunicaba con él, así que hizo una llamada a su línea directa y deseó a medias que no contestara.
En el segundo timbre, el monitor de vídeo cobró vida. Sólo la cara de Riq estaba débilmente iluminada por la luz del monitor, el resto de su habitación estaba cubierta por la oscuridad. Mamá Eun-Rick podía ver que estaba sin camiseta y con el pelo despeinado, pero su voz era tan clara y aguda como siempre.
–¿Qué pasa?
–Señor Riq, milord, he consultado el libro. –Así es como siempre empezaba cualquier comunicación relacionada con el Libro de Morty, una forma de medir la disposición de Riq antes de continuar.
–Prosigue. –Su tono con toques de irritación.
Puso sus manos en la falda, fuera de la vista del monitor, y continuó con voz temblorosa. –Bajo el consejo del libro, creo que—es decir, parecería que se le podría permitir a El Elegido—d-debe continuar asociándose con el X-Rick. –Se detuvo, observando la cara de Riq mientras se transformaba en algo inhumano.
–Si estás sugiriendo que dejemos que un ladrón X-Rick...
Ella se apresuró a seguir adelante. –M-milord, si desea desbloquear las maravillas indecibles de El Elegido, debe permitir que esto suceda. El libro no dice lo que debe ocurrir entre ellos, pero me temo que el X-Rick es la clave para alcanzar el verdadero potencial de El Elegido. –Esas palabras siempre llamaron la atención de Riq. Desde el momento en que insinuó por primera vez que existía algo más en El Elegido que las Epifanías, Riq se obsesionó con ello. Ella continuó–. N-no olvidemos, milord, que el libro promete mayores regalos de El Elegido que los que ya ha visto. Puede que sólo estemos rascando la superficie con las Epifanías. Sólo imagine qué más podría yacer dentro. –Sabía elegir sus palabras con cuidado, seguro que el doble sentido despertaría los intereses más básicos de Riq.
Riq se dio la vuelta momentáneamente, dándole a Mamá Eun-Rick una visión clara de lo que sólo podía ser sangre en su cuello. Parecía estar ordenando sus pensamientos antes de girarse hacia ella. –Tu consejo será tomado en consideración. –Ésta también era una respuesta estándar, pero Mamá Eun-Rick se relajó internamente, sintiendo que acababa de esquivar la guillotina.
–Gracias, milord. –Puso una mano dramáticamente sobre su pecho–. Vivo sólo para servir—
Pero Riq ya había cortado la conexión, la pantalla se volvió negra, y se quedó mirando su reflejo en el monitor muerto.
–Capullo.
