Y Él se deleitó en El Morty Elegido, en cuerpo, mente y alma.
- Mortintios 6:9

–Whisky. Solo. –Rick se inclinó profundamente sobre la barra del bar para que se le oyera por encima del bullicio del salón–. Que sea doble –añadió mientras sacaba su tarjeta de socio de Élite del bolsillo del pecho de su mono.

–Tenemos Escocés, Xaqar, Irlandés—

–¿Tienes Tennessee? –Con el asentimiento seco del camarero, Rick continuó–, Tomaré uno de esos. –Sin embargo, cuando ofreció su tarjeta para hacer la compra, el camarero sólo sacudió la cabeza.

–No hay cargo, señor –dijo, deslizando la bebida hacia Rick.

Rick levantó su vaso en señal de agradecimiento antes de tragarse la mitad de su contenido. Removió el licor ámbar restante en su vaso mientras miraba por encima de su hombro para observar a los clientes del salón, sintiendo como el líquido calmaba sus nervios.

Ricks elegantemente vestidos se reunían en las pequeñas mesas y cabinas, con sus risas escandalosas acompañadas por los suntuosos acordes de piano que fluían de los altavoces. Sólo un puñado de los asistentes de la sala participaban en la subasta en curso, con el resto - claramente de la Élite, por la forma en que alardeaban de sus tarjetas negras - ignorando descaradamente las proclamaciones del subastador en el escenario. Entre brindis afables, echaban rápidos vistazos a sus vecinos, midiéndolos como oponentes en el ring.

No había duda de lo que tenían en mente: la Subasta de Morty nocturna.

Ya había pasado una semana desde que Rick pisó por primera vez el Façade, siete días en los que había esperado y vigilado y desperdiciado su tiempo en preparación para esta noche, para su oportunidad de ver a Mouse de nuevo. Ahora que por fin estaba aquí, su entusiasmo sólo era superado por su preocupación por la subasta en sí. Era lo único que se interponía entre él y Mouse, y esa anticipación le ponía al límite. Después de verter más de la mitad de sus reservas de dinero en la última subasta, Rick no sabía si podría soportar otra estúpida confrontación con un rival de alto nivel que quería marcar territorio.

No podía arriesgarse a perder. A la mierda con esperar otra semana.

«Todo se reducirá a esto», pensó Rick, golpeando distraídamente la tarjeta negra contra su labio inferior.

Era una locura cómo un simple pedazo de plástico podía dictar tanto de su libertad personal. Simultáneamente le daba rienda suelta para disfrutar de las comodidades de la Ciudadela, pero también, sin duda alguna, lo vinculaba a los caprichos del Consejo.

Durante el transcurso de la semana pasada había disfrutado de muchas de las ventajas ofrecidas por su falso estatus de Élite - alojamiento de lujo, servicios con descuento o a veces gratuitos - pero también supuso tener que soportar una cantidad insufrible de escrutinio por parte de los lameculos del Consejo. Como camareros demasiado atentos, visitaban a Rick con una frecuencia irritante, entregando lujosas cestas de regalo con delicias de Serpa Capella - siempre con una bolsa de Glazoxx del mercado negro escondida en la parte inferior - asientos en primera fila para los Juegos de Morty, e incluso la ocasional Morty prostituta.

Sin excepción, dejaba todos los "regalos" intactos fuera de la puerta de su suite.

Rick sabía que las visitas de los oficiales no eran tanto para hacer que se sintiera valorado como un Élite, sino más bien una excusa para vigilarlo. Los informes diarios de sus fondos siempre iban acompañados de invitaciones a las Subastas de Morty públicas, aunque no le interesaba gastar ni un solo crédito en ellas - un hecho que les molestaba mucho - y Rick siempre podía ver cómo le seguían en la distancia allá donde iba. Aunque no eran los mejores detectives privados, eran muy persistentes. Aparte del primer día en que se las arregló para bajar al subnivel 6 para ver a Chi, Rick no tuvo ni un minuto para sí mismo. Estaba constantemente bajo vigilancia, tanto dentro como fuera de su suite personal.

La mayor parte del tiempo la cuerda que sujetaba la tarjeta alrededor de su cuello parecía más bien una cadena.

–¿Dónde tiene que ir un Rick para tener algo de privacidad? –Rick refunfuñó en su vaso antes de tomar otro trago.

–A mí se me ocurre algún que otro sitio, socio –una voz ronca dijo baja y sensualmente en su oído, mientras una mano se acomodaba en la parte baja de la espalda de Rick. Rick se sobresaltó, ahogándose con su bebida y escupiéndosela encima al desprevenido camarero. Dándosela la vuelta, cogió la camisa del desconocido en una mano mientras le clavaba el borde de la tarjeta Elite - la única arma disponible - en el cuello.

–Oye, tío. ¿Quién te crees...? –Se detuvo en seco, parpadeando rápidamente–. ¿Tú otra vez?

Era el Rick vaquero de antes. El mismo sombrero rojo, las mismas botas con espuelas, incluso la misma hebilla pesada de cinturón que resplandecía en rojo vivo bajo las luces carmesíes del Façade. Rick lo miró con desprecio mientras se limpiaba el dorso de la mano en su húmedo mentón. –¿Qué coAUGHño quieres ?

–Eh, eh. ¿Por qué tan irascible? –preguntó el Rick, levantando las manos. Arrancó delicadamente los dedos de Rick de su pecho, donde estaban enrollados en su corbata de bolo y añadió con una risita–, Parece que cada vez que nos encontramos, quieres darme una paliza.

–Sí, bueno, cuando te acercas sigilosamente a alguien, tiendes a provocar ese tipo de reacción, –dijo Rick, dejando finalmente de presionar la yugular del vaquero y dándose la vuelta enfadado.

–Espera un momento, socio. –Pasó un brazo alrededor de Rick, acorralándolo hacia el mostrador antes de que pudiera escapar. Rick se puso tenso al sentir los gruesos músculos escondidos bajo camisa–. Sólo he venido a presentarme adecuadamente. –Golpeó su tarjeta en la barra para llamar la atención del camarero–. El nombre es Rick - «sí, no me digas» - y la dimensión es C-165.

Con un suspiro evidentemente exasperado, Rick miró los asientos libres a lo largo de la barra. A regañadientes, dijo sus siguientes palabras: –Mira, Rick Rogers. No me malinterpretes. Agradezco lo que hiciste por mí la última vez, pero no estoy aquí para—no estoy interesado en hacer amigos, así que haznos un favor a ambos y piérdete.

C-165 levantó su ceja, una sonrisa ladeada en sus labios. –¡Pero bueno, menuda sorpresa! ¿Rick Rogers? ¡No te tomaba por un tío vacilón! –Se rió a carcajadas antes de dirigirse al camarero–. Disculpa, camarero. Pero en cuanto acabes de arreglarte, te importaría traerle otro, vamos a ver... –olió con delicadeza la mejilla de Rick, haciendo que se estremeciera de nuevo–. ¿Tennessee? Mejor aún, que sean dos.

El camarero le echó a Rick una mirada desagradable pero cumplió la orden sin quejarse. Esta vez, aceptó la tarjeta negra que le entregó C-165.

–Nosotros—pensé que la Élite bebía gratis –murmuró Rick, tomando la bebida con cierta vacilación.

C-165 sonrió, sin mirar a Rick mientras recuperaba su tarjeta después de haberla deslizado. –Algunos pagan. Algunos no. Algunos… –Dejó la frase sin terminar y se limitó a levantar su vaso para chocarlo con el de Rick en un brindis.

Rick frunció el ceño, sin saber qué pensar de la respuesta. Lo miró con cautela mientras tomaba un trago de whisky, preguntándose por un momento si le habían dado un sedante.

Como si se diera cuenta de sus sospechas, C-165 se rió a carcajadas. –No tienes por qué preocuparte por mí, socio. Amigo o no, estoy de tu lado. –Apoyó la espalda en la barra y señaló con la barbilla al escenario donde Rick Subastador estaba cerrando otra puja baja por un Morty Sombra–. ¿Pretendes jugar?

Rick se encogió de hombros. –Tal vez. ¿A ti qué te importa?

C-165 sonrió sobre su bebida. –Imaginé que no estabas listo para dejarlo estar después de la última vez. Después de... –Se detuvo, frunciendo el ceño–. Bueno, seré el primero que lo diga, es lo más irritante que le pueda pasar a un Rick.

Cuando Rick lo miró con recelo, C-165 se explayó.

–Oh, diablos. El Consejo, por muy buenas que sean sus intenciones, no fue muy gentil al cortarte el tiempo con El Elegido. Especialmente después de haber ganado, lo justo es justo.

Rick casi escupe su bebida de nuevo. –E-espera. ¿Cómo—cómo te enteraste de eso?

–¡Ostia! –C-165 le dio una fuerte palmada en la espalda a Rick–. ¿Lo dices en serio? Todo el mundo se ha enterado, socio. Las noticias vuelan más rápido que el viento con la Élite. Después del espectáculo que nos montaste la última vez, puedes apostar tu último shmékel a que tienes la atención de cada Élite aquí. Y no es sólo por tus calzones, por muy sencillos que sean. –Inclinó la cabeza hacia el pecho de Rick, indicando al gastado mono que finalmente había recuperado de la lavandería–. Sí. Esta noche hay unos cuantos buenos tipos que te apoyan. Pero más vale que estés preparado para que otros estén aún muy doloridos.

–¿Ah—ah sí? –Rick respondió, intentando parecer despreocupado, incluso cuando se le clavó una pizca de inquietud.

–En cualquier caso, algo me dice que esta noche va a ser tu noche.

Con un guiño amable y un golpe de sus vasos, C-165 salió del bar y fue tragado por la multitud. En el momento en que se fue, los hombros de Rick se hundieron. Sus músculos se habían tensado durante el corto intercambio y Rick se dio cuenta con una sonrisa irónica de que a menudo se sentía tan nervioso en la Ciudadela como en la prisión. ¿Había cambiado unas barras por otras?

Antes de poder seguir reflexionando sobre la metáfora sombría, un doble aplauso sonoro atrajo la atención de Rick hacia el escenario donde Rick Subastador anunciaba el final de la subasta pública.

«Ahí vamos».

Hubo un clamor de quejas por toda la sala y Rick observó con recelo como una manada de Ricks Guarda empezó a rastrear a los clientes no Élite y arrearlos a la puerta. Por primera vez, Rick estaba agradecido por su tarjeta de miembro, mientras la sostenía en su pecho como un escudo y miraba furioso por encima de su copa al éxodo forzoso. Cuando un Guarda merodeaba demasiado cerca para su gusto, se puso tenso, instintivamente repasando una lista de posibles escenarios de combate. Pero el Guarda pasó por delante de él sin apenas mirarlo para expulsar a un Rick común del final de la barra.

En cuanto el Façade quedó en manos de la Élite, la atmósfera se llenó de tensión, y Rick tembló involuntariamente cuando las luces se atenuaron y un silencio sofocante se apoderó de la sala. Rick Subastador se situó en el centro del escenario, con un solo foco iluminándole y una mano levantada como si pudiera mitigar o castigar a su congregación. Sus movimientos eran hipnotizantes y parecía tener tanto control que Rick quedó momentáneamente asombrado por el excéntrico MC. Se había perdido el comienzo de la subasta la última vez y rápidamente se encontró hechizado cuando Rick Subastador inició su elegante introducción desde detrás del podio.

Rick se consideraba bastante familiarizado con las apariencias señoriales que rodeaban a la Élite, pero ahora escuchar esos mismos elogios diferenciales dirigidos a él lo convertía en algo totalmente distinto. La delicadeza de las palabras de Rick Subastador era fascinante de una manera que era extrañamente reconfortante e insidiosamente adictiva, y Rick se sintió arrullado más y más profundamente hacia el mundo en el que sólo había paseado como visitante.

«Un Rick podía acostumbrarse a esto», reflexionó, desestimando la sombra de culpa detrás de ese pensamiento.

Su ensoñación se interrumpió, sin embargo, cuando dos pares de manos lo agarraron bruscamente por los brazos.

–Pero qué... –Empezó a gritar, pero fue rápidamente silenciado por una palma sobre su boca. Alguien se abalanzó para arrancarle la bebida de su mano mientras era arrastrado abruptamente fuera del bar. Intentó clavar sus talones en la alfombra, pero los secuestradores invisibles sólo lo alzaron más alto, indiferentes a su lucha. Casi se congeló cuando voces gemelas le susurraron a los oídos a coro.

–Con cuidadito, Xsss-Rick.

–C-c-con c-c-uidadito.

Rick giró la cabeza a ambos lados para encontrar un par de Ricks Élite idénticos haciéndole caminar hacia adelante. Aunque todos los Ricks eran intrínsecamente similares, estaba asombrado por la extraña semejanza de este dúo, desde su pelo recortado - partido a lados opuestos y reluciente de pomada perfumada - hasta sus trajes de piel de tiburón de color gris claro a juego, y sus cinturones llenos de diamantes. Pero ahí es donde terminaban las similitudes. El rostro de uno estaba retorcido en un ceño fruncido amargo; el del otro, oprimido por la preocupación que parecía estar permanentemente grabada en su frente.

–Después del fiasssco de la última vez, nuestro querido hermano insssistió... –el de la izquierda le siseó en la oreja.

–...que t-te s-s-sientes en primera fila –terminó el otro.

De repente, lo colocaron en una mesa junto al escenario, deslizándose en sus propios asientos para encajonarlo. A pesar de su estructura enjuta, los gemelos eran sorprendentemente fuertes y clavaron sus dedos en los hombros de Rick como ganchos, anclándolo al lugar.

–Sssí. No querrás perderte esto, Xsss-Rick.

La mesa estaba situada justo fuera del círculo de luz del escenario, escondiéndola en la sombra y dándoles una visión sin obstáculos de los acontecimientos en el escenario. Rick Subastador estaba en medio de la descripción de los términos contractuales de la subasta en ese momento y aunque Rick encontró la legalidad en sí misma reveladora, tenía la sensación de que esto no era lo que los gemelos querían que viera. Incluso cuando la mano fue retirada de su boca, Rick mantuvo su tono bajo.

–Mirad, sea cual sea el juego al que estáis jugando, asquerosos...

–Ningún j-j-juego, X-Rick. Tu primer error f-fue superar la o-o-oferta de nuestro querido hermano. Y ahora tienes que p-p-pagar el precio. –Las manos del gemelo más tímido temblaban donde agarraban a Rick.

«Mierda. Si no son los secuaces del Sr. Doble-Papada». Apenas les había prestado atención cuando estaba metido en la guerra de pujas con ψ-531, pero ahora la advertencia de C-165 se filtró por su mente.

«Más vale que estés preparado para que otros estén aún muy doloridos».

–Muy bien, Jekyll y Hyde –Rick resopló suavemente–. Dejadme adivinar. ¿Vosotros dos vais a pujar en su lugar y recuperar el honor de ese gordo?

ψ-532 se inclinó cerca, y sus carcajadas parecían más bien un gruñido junto al lóbulo de la oreja de Rick. –Oh, por favor. ¿Por qué deberíamosssss molestarnos en ganar...

–...c-c-cuando nuestro querido hermano ya tuvo su t-t-tiempo con El Elegido?

Una pequeña grieta atravesó la compostura de Rick. –¿D-d-de qué—de qué estáis hablando? En caso de que lo hayáis olvidado, la oferta ganadora fue...

–¿Pero de verdad pensaste que malgastarían una sesión en un asssqueroso X-Rick? –ψ-532 pellizcó la parte trasera del cuello de Rick, obligándolo a mirarlo a los ojos–. No pasó ni una hora antes de que arrastraran tu lamentable cuerpo de la ssssuite del ganador. –Sonrió cuando una expresión de duda apareció en la cara de Rick–. Te descartaron como poco más que un error administrativo, sssssi la memoria no me falla.

–Y una mierda –respondió Rick–. El Consejo, ellos—y-yo mismo hablé con ellos. Solucionamos todo el asunto.

–Pero, ¿e-e-en algún momento pensaste en qué le p-p-pasó a El Elegido?

Rick se puso tieso, inconsciente de la sonrisa diabólica que los gemelos compartían detrás de él.

ψ-530 continuó, su voz untuosa se filtraba en Rick como un frío invernal a través de una piedra astillada, forzándole a abrir sus miedos pulgada a pulgada. –Estúpido X-Rick. Es-s-stúpido, estúpido X-Rick. Al C-Consejo le gusta mantener a sus favoritos f-felices. Lógicamente, le concedieron a H-hermano una sesión completa esa noche.

–¿Por qué crees que nuestro hermano no essstá aquí? Está fuera de la estación negociando con los Gromflomites sobre su último invento mientras hablamossss, –ψ-532 susurró–. Parece que consiguió unas cuantas Epifaníassss que valían la pena.

Antes de que Rick pudiera pensar en una respuesta, la voz de Rick Subastador retumbó del escenario, su dictado seco fue reemplazado por un repentino entusiasmo. –Y ahora, CaballeRicks, ¡El Elegido al que todos habéis estado esperando! –Extendió una mano dramáticamente hacia la parte trasera del escenario, llamando la atención de los espectadores. Todos los Ricks de la sala respiraron a la vez mientras se levantaba el telón y El Elegido salía fatigosamente a la luz.

Los gemelos lo soltaron y Rick se puso de pie temblorosamente, atraído hacia Mouse como una estrella que cae víctima de la atracción gravitatoria de un agujero negro.

Mouse parecía incluso más pequeño de lo que Rick recordaba. Sus ojos estaban desenfocados y desanimados, y estaba jadeando como si sus pulmones fueran demasiado débiles para respirar correctamente. Fue escoltado al frente del escenario por un Rick Guarda y un Eun-Rick con tacones rojos y grandes aros de oro. Rick la reconoció inmediatamente como la agotada Mamá Eun-Rick que lo había abordado en el pasillo poco después de su arresto. Cada uno de ellos tenía una mano sobre los hombros de Mouse y Rick se dio cuenta con una puñalada de terror que era lo único que mantenía a Mouse en pie.

Alrededor de Rick, otros Élites comenzaron a abrirse camino hacia el frente, murmurando su asombro por la extraordinaria reacción provocada por la presencia de Mouse. Rick no podía distinguir si era una Epifanía invasora o el alivio de ver a Mouse de nuevo lo que hacía que le lagrimearan los ojos.

Los gemelos ψ también se pusieron de pie para seguir a Rick, rodeándolo en un tejido serpentino mientras lo incitaban.

–Eso es, Xsss-Rick.

–Ahí está t-tu precioso y pequeño M-M-Morty.

En el escenario, Rick Subastador estaba llamando a Mamá Eun-Rick a su lado. Hizo un espectáculo de tomar su mano e inclinarse para besarla, pero ella sólo puso los ojos en blanco antes de retirarla y cruzar los brazos. Tras la señal de Rick Subastador, el Rick Guarda se movió detrás de Mouse, sujetando uno de los brazos flácidos del chico a su espalda.

–Ssssólo imagina lo que nuestro hermano debe haber hecho...

–...p-p-para conseguir esas Epifanías.

De repente, el Guarda levantó brutalmente el brazo de Mouse. Todo el cuerpo de Mouse tuvo un espasmo y gritó fuertemente, pero su voz fue ahogada por el torrente de suspiros gratificantes que se extendieron por toda la asamblea.

Colocados tan cerca del escenario, Rick y sus captores fueron golpeados con toda su fuerza por la Epifanía, y Rick apretó los dientes mientras su cerebro se inundaba de ideas que antes se le habían escapado. «Dispositivos de grabación de sueños, cuádruple pensamiento, gas nervioso selectivo, autocorrección auditiva». Fórmulas que antes estaban en la oscuridad ahora eran bañadas por la luz como si una cortina se hubiera corrido a un lado. Estaba aturdido por cómo su mente se sentía tan aguda, tan limpia. Resplandeciente.

–Otro más.

Rick apenas escuchó la orden de Rick Subastador, pero sintió su efecto cuando el Rick Guarda levantó la pequeña forma del Mouse aún más por su brazo torcido, amenazando con romperlo.

Por un momento, Rick sólo pudo mirar fijamente hacia la distancia media, aturdido por la fuerza de la segunda ola. Aún rodeándolo, los gemelos no se dejaron perturbar por la sacudida a su propia inteligencia, la Epifanía causando sólo un pequeño temblor sobre sus cuerpos antes de quitársela de encima. En cambio, estaban mucho más afectados por el estado comprometido de Rick.

–Así es. Ssssienta bien, ¿verdad?

–Imagina q-qué más podrías tener. R-reclámalo como tu premio. Haz q-que te sirva.

La Epifanía, aunque intensa, se desvaneció rápidamente como un fuego que engulle un suministro demasiado pequeño de leña, y Rick casi gimió, sobrepasado por el impulso de prolongarla. Su primera Epifanía le había golpeado durante el ataque de los Guardas pero la había vivido, inexperto y patoso como era, a trompicones. Esta noche, sin embargo, su mente se sintió totalmente en sintonía con el efecto, lista para agarrarse y devorarlo. Y ahora que había probado el sabor, tenía hambre de más.

Si así podían ser las Epifanías, no era de extrañar que la Élite pagara a manos llenas por ellas. Imagina si fueran invocadas por su propia mano...

–Otra vez –dijo Rick Subastador, ignorando las exhalaciones lujuriosas que salían de la audiencia. El Rick Guarda lo miró con sorpresa, dubitativo, como si estuvieran rompiendo alguna rutina establecida. Entonces pareció recuperarse y levantó su mano enguantada para golpear a Mouse, cuando Rick gritó desde su lugar en el suelo.

–¡Ya basta! –Los puños de Rick temblaban a sus lados, delatando su furia hirviente.

No acostumbrado a lidiar con interrupciones durante su demostración, Rick Subastador miró rápidamente a Mamá Eun-Rick antes de dirigirse a la Élite. –CaballeRicks. –Extendió sus brazos, alejando su atención del inoportuno arrebato de Rick y guiándolos de vuelta a su canto de sirena–. CaballeRicks, parece que uno de nosotros está demasiado ansioso por empezar. Supongo que ese alguien nunca ha oído que 'las cosas buenas llegan a los que esperan', ¿eh? –Su risa forzada provocó unas cuantas risas tensas en la habitación pero no sirvió para calmar su mal humor por haber sido despertados de sus resplandores post-Epifanía.

Aferrándose a los bordes del podio, Rick Subastador asomó su nariz. –Muy bien, señor. ¿Empezamos la puja en cien mil—?

Rick subió al escenario y sacó su tarjeta de la cuerda para mantenerla en alto. –¡Un millón! –Un soplido incrédulo, lleno de blasfemias, recorrió la multitud, pero Rick permaneció impasible mientras sus ojos se quedaban fijos en Rick Subastador, retándolo a desafiar la oferta–. Ofrezco un millón por El Elegido –dijo de nuevo, cada palabra lo suficientemente afilada para cortar.

Ricks Élite emitieron gruñidos viscerales, tirando sus bebidas al suelo y lanzando insultos a la espalda de Rick mientras le abucheaban. La puja estaba muy por encima de lo que cualquiera de ellos podía permitirse, eliminándolos automáticamente de la subasta antes de que ésta comenzara. Los que habían venido en busca de la emoción de la persecución se sintieron engañados, y se unieron contra Rick Subastador, acusándolo de cometer una estafa.

Con elegancia ofidiana, los gemelos de ψ se deslizaron a ambos lados de Rick, sus burlas serpenteando en su oído bajo el estruendo de la multitud furiosa.

–Ha-hablando como un v-v-verdadero Élite, X-Rick.

–Eres prácticamente uno de nosotrosssss. –Fue lo último que Rick escuchó antes de que se escabulleran.

Rick Subastador miró a Mamá Eun-Rick buscando ayuda, pero ella sólo sacudió la cabeza. Con un suspiro de cansancio, Rick Subastador comprobó la cantidad registrada en su tablet y comenzó la cuenta atrás. –Un millón a la una...

–Un millón y medio. –El ruido de las espuelas sonó detrás de Rick mientras C-165 se acercaba tranquilamente a su lado. Rick lo miró horrorizado, pero C-165 sólo le devolvió una sonrisa alegre, golpeándose la barbilla con su tarjeta.

–¡D-dos millones! –Rick gritó, decidido a no ser vencido. Miró apresuradamente entre C-165 y Mouse, cuya débil forma estaba siendo sostenida en los brazos del Guarda. «Esta noche no. ¡Esta noche no! A la mierda con lo que pase en la próxima subasta, ¡por favor, esta noche no!»

C-165 dio un largo y bajo silbido. Enganchando sus pulgares sobre su cinturón, golpeó tímidamente el suelo con el talón de su bota. La Élite, ahora dividida entre su profundo respeto por C-165 y su consternación por el estado de la subasta, se apaciguó anticipando cuál sería la siguiente jugada del vaquero.

Finalmente, después de sonreír amistosamente a la mirada asesina de Mamá Eun-Rick, C-165 se encogió de hombros y agitó las manos. –Demonios... ¿A quién pretendo engañar? Se me va de presupuesto.

El mazo golpeó el podio antes de que nadie pudiera reaccionar. Rick Subastador dio la cuenta atrás a una velocidad récord mientras un rugido de indignación brotaba de la audiencia. –¡Dos millones a la una, a las dos, vendido a Rick de la Dimensión X-280! Con esto concluye la subasta de esta noche, CaballeRicks. Gracias y buenas noches! –Girando su dedo en signo de "recojamos", los Ricks Guarda avanzaron rápidamente hacia la tumultuosa rebelión, formando un muro humano entre Rick y la Élite que parecía muy ansioso por hacerlo pedazos.

Acercándose a Rick, C-165 le dio una palmada amistosa en el hombro. –Te dije que esta iba a ser tu noche, socio –dijo, antes de inclinar su sombrero una vez más y desaparecer en la pelea.

A solas en el ojo de la tormenta, Rick mantuvo la mirada en el escenario donde Mouse había estado momentos antes. En el lapso de tiempo que le tomó a Rick Subastador cerrar la subasta, Mouse fue llevado rápidamente tras el escenario de nuevo, dejando a Rick con los nervios a flor de piel.

¿Qué narices le había pasado? No tenía la intención de gastar el resto de sus fondos de esa manera. Se suponía que tenía que seguir el plan: tantear a sus competidores, hacer sus ofertas sabiamente y guardar su as bajo la manga para el último momento. En cambio, había echado a perder su plan con sus prisas desesperadas. Ahora no tenía ninguna duda de que otra victoria sería más que imposible.

En el fondo, sin embargo, un rayo de esperanza llamó la atención de Rick. Había ganado. Por segunda vez consecutiva, había ganado la Subasta de Morty y tenía el resto de la noche para pasarla ininterrumpidamente con Mouse. La mera idea envolvió a Rick como un protector, y su corazón latía con fuerza ante la sensación de invencibilidad que lo recorría.

Se sentía como un hombre sin nada que perder.

–Tienes mucho valor para mostrar tu jeta por aquí otra vez, X-Rick. –La provocación de θ-669 rompió su consuelo. Mirando por encima de su hombro, Rick vio al engreído Élite, junto con su lacayo habitual, dirigiéndose hacia él. Habían logrado colarse por la línea de defensa de los Guardas y la forma en que se acercaban a Rick dejó claro que sus intenciones eran cualquier cosa menos inocentes.

Rick dio un profundo suspiro, sin girarse para encararlo. –Aléjate ahora, θ.

θ-669 tropezó ligeramente al oír la mención de su dimensión, pero se recuperó rápidamente. –Así que alguien te ha hablado de mí. Deberías haberlo tomado como una advertencia. –Sonrió con suficiencia.

–Lo digo en serio –dijo Rick, su voz sin emociones–. Te irás ahora mismo, si sabes lo que te conviene.

El Élite se burló. –¿Es eso una amenaza? –Se detuvo para quedarse con su compañero, λ, que ya estaba chasqueando sus nudillos, ansioso de dar una paliza. Cruzando sus brazos, continuó, –Esas son unas palabras bastante duras viniendo de un patético X-Rick. La Subasta de Mortys debe haberse subido a tu cabeza si crees que puedes hablarme de esa manera. Pues bien, tengo noticias para ti. Soy uno de los favoritos del Consejo. Y no les gusta que los criminales se metan con sus favoritos.

Rick giró la cabeza para mirar al Élite por el rabillo del ojo.

–Eso es. Sólo eres un criminal. Un criminal mentiroso y tramposo –continuó θ-669, agitando su mano por el aire–. ¿Cómo si no podrías haber puesto tus manos en esa cantidad de créditos? Es la única explicación plausible. Y en cuanto se lo cuente al Consejo, anularán tu puja ganadora. –θ-669 sonrió más cuando Rick finalmente se enfrentó a él–. Y adivina qué pasará entonces. El Elegido será pujado otra vez, y ¿quién sabe? Tal vez sea generoso con mis propios fondos. Realmente darle una buena—

Su discurso fue abruptamente cortado cuando el puño de Rick se estrelló contra su cara. Piel partida, dientes destrozados y θ-669 fue derribado al suelo de una forma desmañada.

λ miró horrorizado, incapaz o simplemente no dispuesto a dar un paso adelante mientras Rick se agachaba y tiraba de θ-669 por las solapas. Agachado sobre su cintura, Rick tiró su puño hacia atrás y comenzó a golpearlo una y otra vez.

–¿En serio. Crees. Que al Consejo. Le importas. Una mierda? –Rick escupió entre puñetazos. Cada golpe le proporcionaba un satisfactorio puñetazo de carne ensangrentada y hueso fracturado mientras reventaba el arco cigomático de θ-669 y golpeaba su ojo hasta dejarlo irreconocible.

No podía recordar la última vez que se había sentido tan libre, toda la frustración acumulada de tener que jugar según las reglas de los demás finalmente se liberaba como un animal desatado de sus cadenas. Cualquier respeto que pensara que había tenido por la Élite, por fugaz que fuera, se desvanecía con cada golpe, hasta que los vio como lo que realmente eran: Ricks egoístas que se escondían detrás de su privilegio dimensional.

La sangre brotaba a borbotones de la nariz aplastada de θ-669, manchando su traje de rojo, y el Élite hacía gárgaras patéticas mientras intentaba defenderse de los ataques de Rick con sus manos descoordinadas.

–λ! λ! –aulló, escupiendo saliva ensangrentada–. ¡No te quedes ahí parado! ¡Ayúdame, maldita sea! –Su voz se quebró.

Rick lanzó una mirada amenazadora a λ, pero era evidente que el lacayo ya había renunciado a toda posibilidad de intervenir. Atacar a un Rick común de pacotilla era una cosa, pero no estaba preparado para tratar con uno que realmente se defendiera. Se había acostumbrado a su cómodo estatus de Élite y ahora estaba fuera de su zona de confort.

–No sirve de nada pedir ayuda, θ –dijo Rick, dándole palmaditas en la mejilla y haciendo que se estremeciera–. Esto es entre tú y yo. –Se tomó un momento para ponerse de pie y estirar la espalda por estar agachado durante tanto tiempo. θ-669 inmediatamente rodó sobre su estómago y comenzó a arrastrarse, desesperado por poner un poco de espacio entre él y su atacante. La sangre goteaba por su mandíbula dejando un rastro de migas de pan rojas.

–No tan rápido, amigo –dijo Rick, dando vueltas al lado de θ-669 y dándole una rápida patada en las costillas. θ-669 se retorció cuando su diafragma se contrajo y arañó inútilmente el suelo.

–Por qué... –se quejó–. ¿Por qué haces esto? ¡E-estás mal de la cabeza!

–¿Qué pasa? Creí que te gustaba que fuera peleón.

Un destello de amarga comprensión apareció en la cara maltrecha de θ-669. –N-no. No puedes ser—

Rick le puso un pie en la espalda antes de que pudiera terminar, sujetándolo con un gruñido. Cuando θ-669 resolló, Rick pasó sus manos por su chaqueta, encontrando rápidamente su tarjeta de miembro escondida en el bolsillo de su pecho. La agitó en su cara antes de dar un paso atrás.

–¡Eh! –θ-669 se giró para ver a Rick, su único ojo bueno clavado en la tarjeta que tenía en la mano–. ¡No toques eso, joder! ¡Es mío!

–¿Qué, esto? –Rick partió el plástico fino por la mitad y arrojó los fragmentos en la cara de θ-669–. Uups.

Un sonrojo furioso subió por la garganta y las mejillas del Élite. –¡Tú! ¡Tú no eres— no eres más que un—!

Rick sólo le sonrió, con una mirada de acero.

–Así es. Soy una maldita abominación.

...

La mente de Mouse daba vueltas, un caleidoscopio de imágenes fracturadas y sonidos distorsionados asaltaba sus sentidos mientras yacía en el centro, sin llegar a soñar y aún así lejos de estar completamente despierto. Su cuerpo se sentía envuelto en una neblina, registrando el mundo a medias como a través de una malla de gasa.

Su último recuerdo sólido era el de Mamá Eun-Rick yendo a su habitación y ordenándole que tomara el doble de su dosis regular. Se resistió pero finalmente se tragó las píldoras amargas. Después de eso, sólo existía la sensación de ser levantado, llevado y finalmente, misericordiosamente acostado. Algo—algo horrible había sucedido entre entonces y ahora, pero no podía evocar exactamente lo que era. Todo lo que podía recordar eran luces cegadoras y un animal intentando arrancarle el brazo.

Gimió inconscientemente ante el débil recuerdo y se acurrucó más profundamente en la almohada, el satén fresco contra su piel sobrecalentada. Satén, olores dulces, calor. Estaba en la suite del ganador, eso lo pudo descifrar, y el reconocimiento envió un escalofrío de terror por su columna vertebral.

Ahora voces incorpóreas entraban y salían de su periferia.

–¿Por qué está así?

–Señor, le aseguro que los efectos son sólo temporales. El Elegido estaba inusualmente agitado esta noche. Esto garantiza que estará más cooperativo en su sesión. –Incluso en su estado de sedación intensa, podía reconocer el tono afectado de Mamá Eun-Rick.

–¿O sea que lo has drogado?

Quienquiera que estuviera con ella sonaba enfadado. Hubo más palabras, luego un portazo, los ruidos difuminándose en un tumulto que raspaba a Mouse como un vidrio roto. Pero en el minuto siguiente, la habitación se silenció y sintió que la cama se hundía mientras alguien se sentaba a su lado.

«Está aquí para hacerme daño», pensó Mouse débilmente. Su cuerpo se puso tenso e intentó, intentó con tanta fuerza despertarse para escapar, pero sólo logró soltar un gemido.

Le pusieron una mano en la frente a Mouse y alguien dijo, –¿Cuánto le habrán dado joder? –Luego, más suavemente–, No te preocupes, Mouse. Estarás bien. Estoy aquí.

«Rick».

Forzó sus ojos a abrirse lo suficiente para ver a Rick observándolo de cerca. Los bordes de su cara estaban nublados por la luz tenue, pero Mouse podía ver la pequeña sonrisa curvada en sus labios y su frente arrugada por la preocupación. Debió haber dicho algo porque Rick se rió y dijo: –Te dije que lo haría.

Rick desapareció de la vista, pero antes de que Mouse pudiera protestar, volvió y sus labios estaban pegados a los de Mouse.

Estaban frescos y húmedos, y Mouse se encontró a sí mismo separando sus labios sin pensar, deseoso de beber a Rick. La lengua de Rick se deslizó dentro y Mouse gimió mientras un chorro de líquido goteaba en su boca expectante. Tenía un sabor sorprendentemente ácido, si no un poco cítrico, y frunció la cara ante el sabor.

–Traga.

Mouse bebió el líquido con sabor extraño, sintiendo un peculiar escalofrío que se extendió por su pecho mientras bajaba hasta su estómago. Allí, envió una explosión radiante a lo largo de sus nervios que se extendió hasta la punta de sus dedos. Parpadeó rápidamente, sintiéndose mucho más despierto que hace un momento, e inmediatamente intentó sentarse erguido. Sólo había logrado unos pocos centímetros antes de volver a bajar la cabeza, mareado.

Rick se rió suavemente por encima de él. –No tan rápido, campeón. Dale un minuto. Te han llenado de esa mierda sedante. El antídoto va a tardar un poco.

–C-cómo has—pero dónde… –Se puso una mano temblorosa en la cabeza, sintiendo que la nube de somnolencia se despejaba con cada momento que pasaba.

–Sé que tienes muchas preguntas, Mouse. –Rick volvió de lo que había estado haciendo fuera de su vista y le puso las manos al rededor de la cara de Mouse–. Pero no te preocupes—

Antes de que pudiera decir otra palabra, Mouse se arrojó al pecho de Rick, agarrando la parte delantera de su mono como si fuera un salvavidas. «Mouse». Había tenido tanto miedo de no volver a oír a nadie llamarlo por ese nombre.

–E-eres... eres realmente mi Rick, ¿v-v-verdad? –dijo, con la voz entrecortada. Los Guardas eran despiadados cuando se trataba de castigar a los se enfrentaban al Consejo y después de que Rick fuera arrestado esa noche, parte de Mouse estaba seguro de que lo había perdido para siempre. Ahora, tenerlo aquí de nuevo...

Rick respiró con dificultad al poner su mano en la espalda de Mouse. Instantáneamente extendió una ola de calor a través de él. –Sí, Mouse. Soy yo –Rick acarició el largo de la columna de Mouse y se rió un poco–. No aceptes sustitutos.

Con una media risa, medio sollozo, Mouse se agarró con más fuerza, su mejilla contra el pecho de Rick. Podía oír el corazón de Rick latiendo fuertemente debajo de su oído, el latido atenuado sacando a relucir la vida de Rick en un código secreto. Al oír el sonido, la emoción que rebosaba en su corazón era tan extraña, que Mouse tardó un momento en poner en palabras exactamente lo que era. Llegó a lo profundo, desenredando la sensación de nudo en su núcleo y se sacudió el polvo después de años de desuso.

–T-te he echado de menos, Rick –consiguió decir.

–Sí... Yo también, Mouse –dijo Rick, con un toque de indecisión en sus palabras, y Mouse se preguntó si Rick también había pasado mucho tiempo sin decirlas. Su corazón latía al mismo ritmo que el de Rick, fuerte y alerta, y los recuerdos calmados de la última vez que estuvieron juntos empezaron a fluir por su mente.

Ahora sí que protestó en voz alta cuando Rick puso sus manos sobre los hombros de Mouse y se apartó abruptamente para ponerse de pie. Dio media vuelta y comenzó a caminar a lo largo de la habitación, divagando casi cesar. –Sabes, la química es algo hermoso, especialmente cuando tienes un montón de cosas con las que trabajar –dijo, haciendo un gesto a la mesa que estaba en la pared opuesta con su reserva de bebidas alcohólicas y licores en la estantería de abajo–. Extrae los compuestos necesarios, mézclalos con una gota de bourbon Alfa II añejo y tienes un—un bloqueador de adenosina bastante efectivo.

Durante unos minutos, Mouse se permitió simplemente mirar a Rick revolotear por la habitación mientras continuaba hablando deprisa. La forma en la que Rick no podía quedarse quieto le decía a Mouse que estaba realmente nervioso y ese hecho, aunque sorprendente, era enormemente tranquilizador. A diferencia de sus visitantes habituales que venían con un propósito particular en mente, Rick parecía estar fuera de su elemento y Mouse se sintió instantáneamente a gusto, un sentimiento de ternura calentando su corazón.

–Rick –La suave voz de Mouse sacó a Rick de su serpenteante disertación sobre soporíferos e hidroxilos. Se quedó paralizado en medio de la explicación y echó una mirada avergonzada a Mouse, como si le diera reparo buscar su aprobación. Mouse asintió, y cuando Rick se sentó en la cama otra vez, empezó–, Rick, ¿por qué...? –Estaba adentrándose en terreno desconocido, pero la necesidad de comprensión superó su inquietud–. ¿Por qué has vuelto?

La pregunta de Mouse quedó en el aire mientras Rick miraba fijamente a lo lejos, con sus labios apretados. Después de unas cuantas salidas en falso, se giró para mirar a Mouse de frente y respondió, –Por ti, Mouse. He vuelto por ti.

Esperanza cobró vida en el pecho de Mouse, pero él sabía que no debía creérselo. –¿Es porque q-quieres... –Se enroscó sobre sí mismo, incapaz de terminar su frase. «Claro que eso es lo que quiere. Es lo que todos los Ricks vienen a buscar».

–¡No! No se trata de querer esas... ¡unas estúpidas Epifanías! No esas. –Rick sacudió la cabeza, la preocupación evidente en su labio inferior. –Mouse, he dicho que . Tú eres por lo que he vuelto. –Levantó su mano con vacilación antes de colocarla en el brazo de Mouse–. Siento haberte dejado, Mouse. Ojalá hubiera podido hacer algo, pero el Consejo, son unos malditos loc—o-oye, Mouse, ¿qué pasa?

Lágrimas gruesas habían brotado en los ojos de Mouse, desdibujando la cara de Rick como una acuarela empapada, antes de caer por sus mejillas. Su voz vacilaba mientras agitaba la cabeza. –¿C-cómo puedes decir eso, después—después de todo lo que pasó? Si no f-f-fuera por mí—

–Ssh, Mouse. Mouse, está bien. No hiciste nada malo.

«No puede decirlo en serio. No puede. Después de lo que pasó con los Guardas... ¡Casi lo matan! Entonces, ¿por qué volvería? No tiene sentido. No soy nadie. No soy nada. Sólo la estúpida mascota del Consejo, como dice Mamá. Solo sirvo para Epifanías».

– ¡Mouse! –Rick agarró el brazo de Mouse con más fuerza–. ¡Eres mucho más que eso! –Agitó su mano como si estuviera haciendo un gesto a una masa invisible–. Ni siquiera me conocías y me protegiste. Demonios, ¿crees que cualquiera puede enfrentarse así al Capitán de la Guarda?

Mouse dejó salir una débil risa por el recuerdo.

–Mouse, eres más—más de lo que crees. Vas a hacer cosas importantes, Mouse. Cosas realmente importantes. Pero no mientras estés atrapado en este lugar. Por eso he vuelto por ti. Quiero llevarte lejos de aquí.

–¿Lejos? –Mouse parpadeó. ¿Qué era "lejos"? Durante mucho tiempo, siempre había existido la Ciudadela y dentro de ella sólo unas pocas habitaciones familiares: la suite del ganador, su propia habitación, la subasta y el Cuarto Oscuro. Algunos de sus clientes mencionaban los planetas en los que habían estado, pero los nombres eran a menudo imposibles de pronunciar y mucho menos de imaginar. Frunció el ceño, la idea de dejar el único lugar que conocía de repente una propuesta aterradora.

Rick agarró las manos de Mouse donde yacían flácidas en su regazo. –Sé lo que estás pensando. El universo es un lugar grande y aterrador, no voy a mentir sobre eso. Pero, Mouse, también puede ser asombroso. Joder, ¡los mundos a los que podría llevarte! ¿Sabes que hay un planeta donde nieva helado? ¡No estoy bromeando! Bueno, vale. Técnicamente es un híbrido de caseína vegetal, pero díselo a tus papilas gustativas. Puedes salir y sacar la lengua. ¡Y hay todos los sabores que puedas imaginar!

«¿Helado?» Un destello de un recuerdo floreció en la mente de Mouse y justo entonces pudo saborear el cremoso y fresco helado mientras se derretía en su mano y caía en la acera. Recordó el tintineo de una canción, alguien limpiándole las mejillas antes de darle un golpecito en la nariz. El flashback era más una colección de imágenes desarticuladas que cualquier otra cosa mientras pasaba por su mente, pintado en colores pastel como...

–¿Como el napolitano?

–¡S-si! ¡Eso es! –Rick le despeinó el pelo a Mouse–. Me alegra saber que no eres de los de o chocolate o nada.

–Bueno, ha... ha pasado mucho tiempo, no lo recuerdo bien. –Mouse sonreía juguetonamente–. T-tal vez soy de los de fresa.

–Pero bueno, pequeño granuja –se rió Rick, pasando su brazo alrededor de Mouse y rascándole la cabeza en broma–. Creo que ya es hora de que alguien te ponga al día. Hay un montón de sabores para probar ahí fuera.

Mouse chilló de emoción, retorciéndose en las garras de Rick antes de finalmente liberarse. Se sentó allí, resoplando y con las mejillas enrojecidas por la pelea juguetona, y mientras miraba a Rick, pudo imaginarlos de repente disfrutando de un helado juntos en un planeta distante, de pie bajo un cielo alienígena, con las lenguas colgando y Rick a su lado. Se saciarían, y entonces habría otras estrellas que ver, muchas otras incontables. Podía imaginarse viajando a todas ellas... juntos.

Rick le devolvió la sonrisa. –Así es, Mouse. Puede ser así. Hay tantas otras cosas que puedes ver. ¡Puedo mostrártelo todo! Tú no... –Rick vaciló, su voz se convirtió en un susurro mientras apretaba las manos de Mouse–. Tú no tienes que quedarte aquí y aguantar más esto. Nadie merece pasar por algo tan jodido, Mouse, especialmente . Eres demasiado bueno para este tipo de vida.

Las palabras de Rick despertaron en Mouse un pensamiento que había dejado latente desde la semana anterior. De alguna manera siempre supo que Rick lo sacaría de aquí. Antes sólo era una idea vaga, pero ahora, con las palabras de Rick detrás, Mouse sintió que su futuro tomaba forma rápidamente delante de él. Era un futuro que quería sin duda alguna, un futuro aún mejor al pensar que Rick formaría parte de él.

Mouse bajó los ojos a las manos de Rick y de repente una ola de preocupación apagó la llama de felicidad de unos momentos antes. Se sentó más recto, alarmado.

–¡R-Rick! ¿Qué le ha pasado a tus manos? –gritó, levantando una para mirar los nudillos ensangrentados y desgarrados. Sus dedos acariciaban tiernamente la carne maltratada, y no pudo evitar la avalancha de sonidos preocupantes que salían de él. «¡Sus manos! ¿Quién le había hecho esto a sus manos?» no dejaba de pensar. Estas eran las manos que le habían mostrado tanta bondad, cada caricia le dejaba sintiéndose seguro y amado. Estas eran las manos que le hacían temblar con algo triunfante en lugar de con el miedo.

–No—no es nada. Sólo tuve—tuve un encontronazo con—

Mouse no esperó a oír el resto de lo que Rick tenía que decir para llevarse la mano de Rick a los labios y darle un suave beso en el nudillo del medio. Sus amos le habían exigido este gesto antes, pero esta vez lo hizo por su propia voluntad, y en ese pequeño beso, Mouse derramó todo su corazón.

Miró a Rick, cautivado por el rubor que ahora coloreaba sus mejillas normalmente pálidas. Mouse podía reconocer instantáneamente la mirada de fascinación de un Rick - la había visto innumerables veces - pero por primera vez se dirigía a él y sólo a él, no a las Epifanías o al sádico atractivo del dolor. Con el corazón latiendo en sus oídos, algo dentro de él exigía que se moviera, que respondiera a la llamada de Rick.

Lenta y cuidadosamente pasó una mano por el brazo de Rick, alcanzando su cara. Se inclinó hacia adelante, con la cabeza inclinada y los ojos cerrados.

–¡Espera!

Mouse abrió los ojos cuando Rick lo agarró por la muñeca, deteniéndolo fuera de su alcance. –Mouse, no quiero que te sientas como... –Alejó la mirada–. No creas que tienes que hacer esto. No he venido aquí esperando algo. No—no soy como ellos. –Suspiró, sonando derrotado–. No tienes que hacer nada que no quieras hacer.

«¿Querer?»

¿Era eso lo que sentía? ¿Querer? A Mouse nunca se le había dado permiso para decir, y mucho menos para hacer, lo que quería estando bajo el control del Consejo y de Mamá Eun-Rick. Ahora se había quedado sin palabras. Los Ricks siempre tomaban lo que querían mientras que Mouse siempre daba. Era el orden natural de las cosas.

«¿Pero qué quería él

Mouse levantó sus ojos marrones para mirar el magnífico azul de Rick donde la respuesta había estado todo el tiempo.

–Quiero... –Cogió la cara de Rick con ambas manos y lo acercó, su boca temblaba justo debajo de la de Rick cuando se detuvo a probar su aliento. Todavía olía a la bebida cítrica de antes–. Quiero... –Una lágrima caliente se liberó mientras cerraba los ojos y la voz temblaba.

–Quiero… que seas mío.

Las palabras funcionaron como una llave que encajaba en una cerradura, facilitando la apertura del cerrojo de su corazón. Durante mucho tiempo, todo en su vida le había sido negado. Ahora, por fin, tenía algo sólido en sus manos, algo que podía coger simplemente porque lo quería.

En cuanto se les dio voz, las palabras exigían que se dijeran de nuevo. –Quiero que seas mío. Quiero que seas mío –repitió, su voz adquiriendo fuerza. Nunca había estado tan seguro de nada en su vida, y la determinación se asentó firmemente en su vientre como una plataforma desde la que estaba preparado para alzar el vuelo.

No existía un sentimiento más grande que éste.

Esta vez, Mouse no encontró resistencia, y sus labios cosquillearon cuando los presionó contra los de Rick, la electricidad del tacto atrayéndolo a más. Rick se mantuvo complaciente bajo su beso vacilante, y Mouse se dio cuenta con gran asombro que Rick le estaba dejando marcar el ritmo, esperando responder a lo que Mouse quisiera. Sus mejillas ardían al dejarse caer lentamente hacia atrás, arrastrando a Rick hacia abajo con él hasta que volvió a estar acunado sobre la suave almohada. Brazos largos sostenían su cabeza mientras Rick se apoyaba en sus codos, y Mouse dejó que sus brazos se enlazasen libremente detrás del cuello de Rick, un tierno recordatorio para que se quedase.

Al detenerse para saborear el beso, Mouse se sorprendió cuando Rick reflejó el movimiento, su lengua rozando vacilantemente los labios de Mouse, suplicándole que entrara. El recuerdo nebuloso de la lengua gruesa de Rick en su boca se enfocó claramente, y un cosquilleo palpitó en su ingle mientras Mouse jadeaba y movía su lengua a través de la de Rick, persuadiéndolo para que entrara. Rick le respondió generosamente, y en segundos, Mouse estaba estremeciéndose y jadeando a través de la nueva niebla de deseo lascivo que empañaba su mente.

Pasando sus labios por la comisura de los labios de Mouse antes de romper el beso, Rick se echó atrás. Su aliento se hizo pesado y apoyó su frente en la de Mouse, mirándolo con ojos cargados de lujuria.

–¿Qué—qué quieres ahora, Mouse?

Mouse no creía que pudiera suceder, pero sus mejillas empezaron a arder aún más. Hasta hace una semana, le hubiera parecido imposible que un Rick le hablara así, pero ahora, en el transcurso de unos minutos, se le había pedido que dijera lo que quería no una vez sino dos veces. Mouse pensó inmediatamente en la última vez que estuvieron juntos, en cómo Rick le había puesto las manos encima tan dulcemente, en cómo había despertado esa extraña sensación de ardor en la boca del estómago.

Fuera lo que fuera, él quería eso.

Sin embargo, antes de abrir la boca para responder, Rick ladeó la cabeza, y una sonrisa se extendió lentamente por sus labios. "Por supuesto", murmulló. Se inclinó para susurrar al oído de Mouse. "Haré lo que quieras, pero primero déjame oír—quiero oírte decirlo."

–Yo-Yo-Yo... –La combinación de vergüenza y excitación abrumadora hizo que Mouse tartamudeara–. Quiero que me—que me toques.

–Dónde? –Rick ronroneó.

«¡En algún sitio, en cualquier sitio, en todas partes!»

Con un sonido de frustración, Mouse se dirigió rápidamente hacia la cabecera hasta que se sentó en posición vertical. Tomó la mano de Rick y la sostuvo contra su palpitante pene.

–A-aquí –respiró.

–Dios, Mouse... –los ojos de Rick estaban oscuros de deseo y atrajo a Mouse para darle otro beso mientras deslizaba su mano bajo la bata de Mouse y envolvía sus dedos alrededor de su pene que goteaba.

El gemido de Mouse fue inmediatamente tragado por la boca de Rick cuando el placer se disparó a través de él. Al igual que antes, Mouse sintió un fuego que lo abarcaba todo y que se desplegaba en su interior, sus estelas enroscándose alrededor de su corazón y serpenteando por sus extremidades. Rick lo acarició sensualmente, su lengua hundiéndose en su boca, y Mouse sintió humedad goteando por el interior de su muslo a medida que su excitación aumentaba.

Cuando se agarró a los hombros vestidos de Rick para tomar control, se quejó, ahora desesperado por tocar a Rick tan cerca como lo estaba tocando. Quería—necesitaba sentir la piel de Rick, necesitaba verlo en su totalidad.

–R-Rick –jadeó, con los dedos perdidos en el pelo de Rick mientras Rick besaba un sendero a un lado de su cuello–. Rick, por favor...

–Lo sé. Lo sé, Mouse –murmuró Rick justo por encima de su pulso acelerado. Parecía luchar con su propio deseo de continuar, pero finalmente retiró sus manos de entre los muslos de Mouse y comenzó a bajar la cremallera de su mono.

–¡N-no! ¡Espera! Espera –Mouse se puso de rodillas–. Yo sólo... –¿Cómo podía decir que quería desnudar a Rick él mismo?

Como si leyera su mente, Rick sonrió y asintió con la cabeza. –¿Estás seguro? –dijo, besando suavemente los párpados de Mouse. Cuando Mouse tarareó afirmativamente, se acostó en la cama, con un brazo bajo la cabeza y el otro enrollado en el pelo de Mouse para acariciarle la nuca.

Mouse tragó y sus dedos temblaron al alcanzar la cremallera del cuello de Rick. No es que no hubiese visto ya una buena cantidad de Ricks desnudos, pero su desnudez siempre le había sido forzada, no era algo de lo que pudiese establecer el ritmo o el grado. Incluso esta pequeña medida de control era emocionante y el latido del corazón de Mouse palpitaba en su cabeza, haciéndole sentir mareado e inquieto. Mientras bajaba la cremallera, revelando la piel de Rick pulgada a pulgada, el aliento de Mouse se enganchó en su garganta.

El pecho de Rick estaba lleno de cicatrices.

Impulsado por la curiosidad, Mouse apartó la tela para pasar su mano por el plano del torso de Rick. Pequeño y ligero, dentado y profundo, trazó el entrecruzamiento de piel desfigurada con la punta de sus dedos como si estuviera siguiendo las estrellas en una constelación. A medida que crecía su osadía, Mouse le quitó el mono de los hombros a Rick para examinar inquisitivamente el nudo levantado de un omóplato y un curioso anillo de puntos negros alrededor de un antebrazo antes de ayudar a Rick a liberar sus brazos de las mangas. La extensión de piel dañada cautivó a Mouse; era como si viera a un Rick por primera vez. Los Ricks Élite que lo visitaban no tenían esas cicatrices, su piel sin marcas era una indicación de la vida cómoda que llevaban. Para Mouse, los Ricks estaban en la cima de la cadena alimenticia, sin rivales e indestructibles. O eso es lo que había pensado. Con cada cicatriz, cada roncha, lentamente se dio cuenta de que los Ricks también podían, de hecho, estar a merced de otros.

Pero si los Ricks eran los superpredadores, entonces ¿quién cazaba a los depredadores?

Mouse levantó los ojos para ver a Rick yaciendo con el pecho desnudo, su respiración era rápida a pesar de su postura relajada. Su erección evidentemente tensa dentro de la mitad inferior del mono, aunque no hizo ningún movimiento para liberarla.

Sin embargo, cuando Mouse intentó ver sus ojos, se sorprendió al ver que Rick había desviado la mirada, su boca puesta en una línea severa casi como si estuviera... ¿avergonzado? Rick dio una risa seca. –Nada del otro mundo, ¿eh? Espero que no estuvieras esperando algo más agradable a la vista.

En lugar de responder, Mouse se puso de rodillas y comenzó a desenredar la tela blanca que lo envolvía. Esto llamó la atención de Rick y Mouse lo vio tragarse un nudo en la garganta mientras seguía sus movimientos de cerca. Cuando Mouse se soltó la tela de sus hombros y cintura, la dejó caer, dejando que se acumulara debajo de él. Intentó mantener su voz firme mientras su corazón latía salvajemente en su pecho.

–¿V-ves, Rick? Soy igual que tú.

Manteniéndose totalmente quieto, dejó que Rick viera el desastre que era. Dejó que absorbiera las líneas destrozadas que decoraban sus costillas, las manchas oscuras de la piel que nunca recuperarían su color original. Incluso su polla, que aún estaba rígida, se inclinaba hacia la izquierda donde un nudo retorcido de tejido cicatrizado deformaba su base. Mouse se sonrojó abiertamente pero no se escondió, incluso cuando sus manos se movieron con el impulso de cubrirse.

–Eres tan jodidamente hermoso. –El tono de la voz de Rick era muy grave.

Mouse volvió a prestarle atención, aturdido al ver a Rick mirándolo con una adoración descarada. La mirada de devoción en sus ojos no se parecía a nada que Mouse hubiera visto antes. Estaba inundada de asombro genuino y Mouse sintió que su corazón se encogía al pensar que podía ser objeto de tal asombro. Sin romper el contacto visual, Rick cerró el espacio entre ellos y atrajo a Mouse a un fuerte abrazo. Era cálido y apasionante y excitante de una manera que no tenía nada que ver con el miedo y absolutamente todo que ver con el éxtasis. Sus corazones martillaban en tándem y mientras Rick reclamaba su boca de nuevo, Mouse se apresuró a bajar el mono y finalmente quitárselo, la mera idea de tener algo entre ellos repentinamente repulsiva.

«Mío. Eres mío».

La polla liberada de Rick ardía como un hierro candente donde chocaba con el muslo de Mouse antes de asentarse entre las mejillas de su culo. Mouse se estremeció ante el contacto íntimo y jadeó en la boca de Rick. Mientras Rick acariciaba su pene con una mano, movía suavemente sus caderas, deslizando su polla hacia atrás y adelante sobre el orificio de Mouse. «Sí... Sigue haciendo eso». Mouse gemía mientras la dulce fricción le hacía sentir otra descarga de excitación. Apenas se dio cuenta de que Rick movía sus dedos para acariciarle las pelotas cuando se congeló de repente.

–¿Mouse? –Rick preguntó con delicadeza.

Mouse tarareó, sin querer desprenderse de las sensaciones embriagadoras que lo invadían. El estímulo simultáneo de placer abrumador estaba convirtiendo su conciencia en papilla.

–¿Qué es esto?

Mouse abrió los ojos para ver a Rick sosteniendo dos dedos frente a su cara. Brillaban pringosos y Mouse se ruborizó, acariciando el cuello de Rick mientras se reía.

–Vamos, Rick. Es... ya sabes –dijo tímidamente. La tonta rima escolar que sus compañeros de clase solían cantar, sonó en su cabeza sin querer:

«El Pequeño Fred moja la cama cuando mea con su pito».
«El Pequeño Fred moja la cama cuando juega con su culito».

Frunció el ceño. «A menos que... ¿Los Ricks no se pongan así?» Trató de recordar si alguna vez había visto a un Rick mojarse por detrás también, pero no pudo recordarlo. Quizás nunca lo enseñaron. Quizás se lo había perdido. Quizás Rick pensaba que era asqueroso. –¿Hay—hay algo de malo en ello?

El pecho de Rick comenzó a temblar y cuando Mouse levantó la vista, preocupado, se dio cuenta de que Rick estaba intentando contener una risa. Se detuvo, su sonrojo extendiéndose hasta sus oídos.

–¡Oye! ¿Qué es tan gracioso? –«¿Ahora se ríe de mí?»

–¡No! No, no, no. No estoy... –Rick soltó una risita antes de morderse el interior de la mejilla–. Está bien. Todo está bien. –Rápidamente levantó a Mouse en un abrazo de oso, haciendo que Mouse jadease mientras el aire era exprimido de sus pulmones.

«¿Qué mosca le ha picado?»

–Lo siento. Lo siento. No me estaba riendo de ti. Es sólo que... –Rick le dio un rápido beso en los labios–. Realmente eres hermoso. –Lo besó de nuevo–. Asombroso. –Otro beso–. Increíble. –Y otro.

Mouse se escurrió del abrazo y apartó la cara de Rick. –Basta, Rick. Te estás comportando como—como un loco. –Intentó parecer enfadado, pero no pudo luchar contra la sonrisa que se le dibujó en los labios. «¿Asombroso? ¿Increíble?» Nadie lo había llamado así antes. Estaba más acostumbrado a palabras como "imbécil" o "puta", y el inesperado ataque de elogios lo hizo brillar con orgullo.

Entonces Rick besó sus palmas de la mano, sus muñecas, sus brazos, mientras lentamente bajaba a Mouse para que se acostara a ras de su pecho. Mouse se acercó voluntariamente, hundiéndose en el abrazo como si estuviera encontrando su hogar, y en ese momento, Mouse supo que seguiría a Rick a cualquier parte. Las reverberaciones atravesaron la caja torácica de Mouse mientras Rick hablaba, con su voz baja y áspera por la necesidad. –Entonces –dijo, sus dedos rodeando el agujero de Mouse mientras continuaba acariciando su polla–. ¿Alguna vez "juegas con tu trasero" en la cama, Mouse?

Un gemido se escapó de Mouse mientras se retorcía de nuevo en las garras de Rick. La necesidad y la excitación estaban en combate al frente de su atención, mientras que el lado más lúcido de su cerebro procesaba lentamente la pregunta. –¿Q-qué? Espera, ¿cómo—?

–¿Lo haces mientras piensas en mí?

No, nunca se tocaba de esa manera. Era algo que había aprendido a controlar hace años; las enseñanzas de Mamá Eun-Rick se encargaron de eso. Pero eso no significaba que no fuera libre de pensar en Rick cuando estaba solo por la noche.

–Yo... no debería... ¡ah!

Rick le había metido un dedo hasta el segundo nudillo y ahora lo estaba metiendo y sacando a tiempo con la mano en su pene. Mouse se estremeció contra el duro pecho de Rick, capaz de hacer poco más que agitar y retorcer su culo, sin estar seguro de si debía avanzar hacia la mano de Rick o hacia su dedo.

Era el mejor tipo de dilema en el que estar.

–Pero que piensas en mí. ¿Piensas en mí en tu cama?

Por supuesto, todas las noches de la semana pasada, había fantaseado con que Rick fuera a su habitación por la noche. Se imaginaba a Rick entrando, alto y sin miedo, bañado en una luz reconfortante. Imaginó la voz de Rick llegando suave a través de la oscuridad, sus palabras gentiles consolándolo, sus manos fuertes acariciándolo. Pero como un buen niño, Mouse había permanecido acostado con sus manos fijas a los lados mientras la humedad empapaba las sábanas. ¿Cuántas veces había llorado allí solo en su oscuro cuarto, silencioso salvo por sus lloriqueos frustrados y el constante alboroto y zumbido de las máquinas justo al otro lado de la pared?

–Eso es, Mouse. Dime dónde duermes por la noche –entonó Rick, pasando su pulgar por la húmeda ranura de Mouse.

Mouse sacudió su cabeza con vehemencia, cerrando los ojos con fuerza, el ataque a sus nervios luchando con los pensamientos que salieron a la superficie a petición de Rick. Los Ricks jamás debían saber dónde estaba su verdadera habitación. Los Guardas, nunca dejaban que nadie se acercase. Además, no podía decirle a Rick que siempre hacía mucho frío allí, que lo dejaban solo durante días entre las subastas. No podía decirle cómo contaba cada campanada del ascensor con temor. «3...2...1...»

–Mouse—

–No puedo. ¡No puedo! ¡No me dejan! –gritó. Una bola de calor crecía rápidamente en el estómago de Mouse mientras un inexplicable temblor arrastraba sus brazos y piernas hasta su ingle. Sentía como si corriera hacia el borde de algo que ya se precipitaba hacia él demasiado rápido, ¡demasiado rápido!

–Córrete para mí, cariño.

El sonido de la voz de Rick en su oído fue lo que lo empujó al precipicio. Su boca se abrió, aunque no respiró, ya que su cuerpo fue atrapado por un placer como nada que jamás hubiese conocido.

Salió de su núcleo, provocando espasmos en sus músculos y liberando cualquier resto de autonomía que tuviera hasta que se vio reducido a un amasijo tembloroso y lloroso. Las lágrimas salieron de sus ojos y un líquido caliente salpicó su estómago mientras se lanzaba frenéticamente a la mano de Rick. Se sentía como si algo se estuviera liberando de su interior.

Gemido tras gemido ahogado goteaba de sus labios con cada oleada del orgasmo y, cuando finalmente no quedó nada a lo que dar voz y los espasmos se disiparon en temblores puntuales, Mouse descendió al bendito vacío.