"En el dolor, Él provoca ideas;
En el placer, Él extiende el amor;
En el miedo, Él sirve a ciegas;
Y en la ira, Él desata el horror."
-A Bebe-días 4:16

Rick nunca imaginó que se sentiría así.

Mientras miraba al techo, su respiración rápida y fatigada, sus ojos vidriosos, sintió que su mente comenzaba a enderezarse como un árbol volviendo a su postura después de un despiadado vendaval. El torrente de emociones e imágenes que le habían asaltado momentos antes desapareció junto con los fugaces retazos de palabras que resonaban en los ahora desocupados rincones de su cerebro. Una vez los últimos vestigios de la Resonancia se silenciaron, Rick aspiró un último aliento y exhaló lentamente.

–Qué puta pasada. –Las palabras, sonando endebles a sus propios oídos, quedaron suspendidas en el silencio de la suite del ganador.

Ansioso por interpretar el impacto de la Resonancia como algo más tangible, su mente se esforzó por encontrar una analogía: un concierto en el que cada miembro del público gritaba en su propio micrófono; un cuadro de mil colores mezclados; un libro en el que 20 historias diferentes se superponían en la misma página.

Si Rick había pensado que la Ciudadela era demasiado ruidosa con su constante actividad y anuncios, la Resonancia lo había hecho cien veces peor cuando pudo incluso escuchar los pensamientos de cada Rick dentro de ella. La avalancha de estímulos dejó a sus oídos zumbando y su cabeza tambaleándose como si hubiera sido arrastrado por un tornado.

Y en el centro de ese tornado estaba Mouse.

La mano de Rick se detuvo en su camino por la espalda de Mouse, donde lo acariciaba con movimientos lentos y tranquilizantes. Mientras miraba al pequeño niño que seguía desparramado en su pecho - con la respiración entrando y saliendo de manera constante, los hombros pegajosos de sudor seco - se maravilló de cómo un niño tan pequeño y sumiso podía ser el portal de un poder tan enorme.

Algunos Ricks pasaban toda su vida intentando acceder a la mente humana. Al fin y al cabo, almacenaba toda la información que hacía del universo lo que era y lo que podía ser, y acceder a esa fuente casi ilimitada de datos significaba un poder casi ilimitado. Por supuesto, había sueros de la verdad y rigurosos métodos de tortura para extraer la información deseada del cerebro de otro, pero la tecnología y el trabajo que requerían los convertían en tareas difíciles y que requerían mucho tiempo.

Pero esto... Esto era diferente.

Infiltrarse en la mente de otro sin que se diera cuenta, era lo que todo hombre en posición de poder anhelaba. ¿Por qué amenazar o coaccionar a tu enemigo para que te dé lo que quieres cuando puedes simplemente entrar y cogerlo? Era la forma suprema de espionaje - encubierta, instantánea e indetectable. Y considerando lo retorcidos que eran la mayoría de los Ricks, Rick podía pensar en unos cuantos que estarían muy, muy contentos hacerse con ella.

Una imagen inoportuna de Riq apareció inmediatamente en su mente y el malestar se cuajó en su estómago al recordar la mirada de despedida del concejal principal. Era como si Riq sólo pudiese pensar en despellejar vivo a Rick y hacer punteo con sus tendones como un músico sádico.

Si un hombre como él consiguiese controlar las Resonancias, Rick no quería pensar en las consecuencias.

Sus brazos se tensaron alrededor de Mouse reflexivamente mientras eliminaba la idea de Riq estando en su posición, aquí con Mouse en su momento más vulnerable. Sólo imaginar las manos de otro Rick en Mouse hizo que su estómago se llenara de ácido, sus celos entrelazados con un deseo abrumador de proteger a su nuevo amante.

Mouse emitió un gemido agudo al ser apretado demasiado firmemente y Rick se sobresaltó, soltando inmediatamente su agarre. Respiró hondo y se regañó mentalmente por permitir que la Resonancia lo distrajera de un descubrimiento aún mayor - el que actualmente yacía dormido en sus brazos en felicidad postcoital. El simple recuerdo ayudó a enfriar la adrenalina que corría por su cuerpo ante el desagradable pensamiento de un intruso, y se concentró en la calma que siempre le cubría cuando estaba con Mouse.

Con los ojos cerrados, visualizó los pensamientos de Mouse en la Resonancia. Se habían disipado hasta el nada con el sueño de Mouse, pero en los arrebatos de pasión, se habían tejido alrededor de Rick como un capullo de seda. Cada hilo acariciaba a Rick con un toque de satén tierno e inocente.

A pesar de su sutil transparencia, había una profundidad inconmensurable en los pensamientos de Mouse, capa tras capa haciendo eco de ese mismo cántico inquebrantable: amor. El mensaje, aunque simple, era innegable, inundando a Rick como una marea constante que llenaba sus fosas nasales con su toque salino pero purificante.

Una parte de Rick - la parte hastiada y desconfiada - se negó a creerlo al principio, decidida a encontrar alguna sombra de engaño en ese paisaje mental puro. Subversión, segundas intenciones, mentiras - estas eran cosas que Rick entendía y esperaba después de años de lucha por su vida. Había aprendido hacía mucho tiempo a quemar puentes antes de llegar a ellos. Pero cuando se adentró en el espacio mental de Mouse, levantando velos figurativos a un lado en busca de algo que señalar y acusar, nunca apareció.

Con Mouse, no había nada más que honestidad en sus pensamientos. Su mente era un libro abierto para Rick, y cada página sólo galvanizaba sus crecientes sentimientos hacia Mouse. Decir que estaba simplemente intrigado por Mouse ya no era suficiente. ¿Fascinado? Por supuesto. ¿Obsesionado? Tal vez. ¿Enamorado?

«¿Qué me dices, San Valentín?» La burla de Chi se le metió en la cabeza.

Rick la había descartado rápidamente, incluso negándose a aceptar la idea en un principio, pero ahora lo atormentaba hasta darse cuenta de que llevaba las de perder. Hacía tanto tiempo que Rick no se sentía así por alguien. ¿Pero amor? Demonios, ya era suficientemente difícil incluso amarse a sí mismo a veces. Y aún así Mouse evocaba en él una profundidad de emociones que no se habían manifestado en años. ¿O eran décadas?

Presionó la palma de su mano sobre su ojo derecho, el metal de su sintóptico frío bajo el calor de su piel. Zumbaba silenciosamente, almacenando el último lote de video que había recolectado y - por Dios, hablaba de su vida en décadas, múltiples décadas, mientras que Mouse no podía estar lejos de su primera. ¿Cuántos años tenía el chico realmente? Reuniendo lo que había deducido de Chi y la evidente falta de experiencia en la vida de Mouse, no podía ni intentar adivinarlo.

Con cualquier otro niño, Rick nunca habría siquiera considerado una pizca de atracción. Por el amor de Dios, no era un—«asaltacunas, manoseador de niños, pedófilo». Se alejó rápidamente de los insultos acusadores. Al no haber tenido nunca un Morty propio, Rick no estaba acostumbrado a tratar con niños en general. Cuando se habían cruzado en su camino en el pasado, mantenía una tolerancia civil hacia ellos, tal vez una leve diversión, pero poco más.

Pero donde normalmente sólo veía a un niño como un dolor de cabeza y un peso muerto, Rick veía a Mouse como una fuente de posibilidades ilimitadas que le hablaba a su alma.

«¿Alma?» Rick arrugó la nariz ante su propio sentimentalismo. Se consideraba un hombre de ciencia, maldita sea. Palabras como "alma" y "destino" no formaban parte de su vocabulario y sin embargo se encontraban cada vez más a gusto en su lengua.

Al fin y al cabo, sólo el destino podía dictar que dos nopersonas como ellos, que habían sido hechos paria por los mismos crueles amos, se reunieran. Y con su unión, Rick sintió un sentido innato de conexión y plenitud que le había sido desconocido durante gran parte de su vida. La idea de que podría tener un amante después de tantos años de soledad aún le parecía un idioma desconocido, incómodo en las consonantes y francamente blasfemo en el acento. Pero con Mouse, sabía que pronto lo dominaría.

Hasta el momento, Mouse estaba demostrando ser un tutor muy alentador.

Nada había sido tan seductor como ver a Mouse atrapado en el agarre despiadado del éxtasis, desnudo y tembloroso, y el corazón de Rick comenzó a acelerarse al revisitar los recuerdos de antes. Apoyando sus manos en las esferas del culo de Mouse, las reflexiones de Rick pronto fueron eclipsadas por la creciente excitación que le suplicaba su atención.

Provenía, en parte, del olor particular que se mezclaba con el almizcle de la juventud de Mouse. Desde que lo notó, Rick se encontró desconcertado y embelesado por él, aunque no podía identificar el aroma. Lo más cercano a lo que podía compararlo era un cruce entre una manzana ácida y un vino blanco suave... ¿o era vermut? Brotaba de Mouse, incluso mientras dormía, y Rick notó que provenía más intensamente del brillo que cubría el interior de sus muslos.

Separando suavemente las mejillas de Mouse, metió un dedo en la grieta para deslizarlo por la humedad.

Mouse se movió bajo su roce, murmurando suavemente.

Aunque la rareza biológica de Mouse había pillado a Rick por sorpresa, no podía decir que estaba totalmente extrañado. Los orificios auto-lubricantes eran una característica sexual común que había visto - y personalmente apreciado - en innumerables especies alienígenas. Verlo en Mouse, que había asumido que era de una Tierra muy similar a la suya, sólo destacaba el hecho de que él y Mouse eran realmente de mundos diferentes. Pero si el chico ya tenía la capacidad de encender el genio de Rick a través del dolor - y ahora a través del placer, como se había confirmado recientemente - entonces ¿por qué no podía la dimensión de Mouse contener algunas sorpresas más?

Rick se llevó los dedos a la lengua para lamer el residuo. «Sip. Definitivamente vermut dulce». Salivó al recordar la cara de Mouse en el momento en que el orgasmo lo reclamó. Aún atrapada entre sus estómagos, la polla de Rick comenzó a moverse, anhelando la liberación que había estado acumulando desde antes de llevar a Mouse al clímax.

Incluso si significaba quedarse con el calentón, Rick no podía negarle a Mouse su primer resplandor postcoital. Así que cuando Mouse quedó deshuesado y temblando en los brazos de Rick, se contentó con sostenerlo mientras disfrutaba de las últimas sacudidas de la Resonancia.

Dio un zumbido frustrado. El hecho de que su primera noche juntos tuviera que ir mano a mano con algo tan trascendental como la Resonancia, dejó a Rick sintiéndose fracturado, dividido entre dos rompecabezas rivales que exigían que los resolviera.

Todavía había mucho que aprender sobre Mouse, su pasado, sus habilidades, su potencial. Las Epifanías habían sido increíbles de por sí, pero ahora las Resonancias hacía que parecieran trucos de magia baratos en comparación. Si este último poder había permanecido oculto bajo la superficie todo este tiempo, ¿qué otras maravillas poseía Mouse? Rick sintió que estaba a punto de ser testigo de un cambio significativo dentro de Mouse, uno que no sólo sacaría a Mouse de su cautiverio, sino que también transformaría la vida de Rick para siempre. Jugó distraídamente con un tirabuzón en la punta de la trenza de Mouse mientras se preguntaba cómo sucedería.

Después estaban las Resonancias para resolver. En ese momento, eran todavía como una sobrecarga sensorial inducida por las drogas, nada como los románticos cuentos de telepatía que Rick había escuchado toda su vida. Se sentía como si hubiera sido arrojado descuidadamente en una vorágine de pensamientos, el bombardeo haciendo casi imposible elegir una voz individual. Sin la capacidad de localizar un objetivo específico y descifrar la información, las Resonancias eran más como migrañas a esas alturas. Aprender a navegar por ellas llevaría tiempo y concentración.

Afortunadamente para Rick, nunca fue alguien que se alejara de un desafío.

Con un brazo envuelto alrededor de Mouse, Rick se deslizó con cuidado para liberarse de su cuerpo flácido, haciéndolo rodar suavemente sobre su espalda. Los restos de semen seco se desprendieron del estómago de Rick mientras se movía y se los quitó con una ligera molestia cuando se engancharon en su caminito a la felicidad.

Mouse dio un pequeño murmullo y metió un puño bajo su barbilla mientras dejaba que el otro brazo cayera libremente sobre su cabeza para aterrizar en una almohada. Sentado sobre sus talones, Rick se detuvo para contemplar el cuerpo dormido de Mouse. Apreció la forma en la que su pelo se pegaba con el sudor a sus sienes, la subida y bajada constante de su pecho, el rubor natural de su miembro flácido. Esa misma explosión de posesividad se apoderó de Rick cuando sus ojos se posaron en la cicatriz de la base de la polla de Mouse y recordó la acusación equivocada de Mamá Eun-Rick en su primer encuentro en el pasillo:

«Bueno, ¿qué ha hecho éste? ¿Ha intentado cortarle el pito al chico otra vez?»

Su siguiente exhalación albergó un insulto al jurar que haría lo que fuera necesario para evitar que Mouse fuera herido de nuevo. El impulso que originalmente había alimentado su venganza ahora se vertió en la protección de Mouse. Si bien no podía deshacer lo que se le había hecho en el pasado, podía esforzarse en demostrarle a Mouse que la vida podía ser más que sólo dolor. Podría ser mucho más que eso.

Inclinándose para rozar sus labios sobre el suave estómago de Mouse, Rick se deslizó más abajo en la cama hasta que estuvo acurrucado entre los muslos de Mouse. Cuando empezó a plantar besos en el interior de las piernas de Mouse, alternando de lado a lado, Mouse se retorció de nuevo, despertándose lentamente.

–¿Rick...?

–¿Mm? –Rick murmuró contra su muslo izquierdo, deslizando sus manos bajo Mouse para agarrar su culo.

–E-e-eso—hace cosquillas –balbuceó Mouse, riéndose mientras se frotaba el sueño de sus ojos.

–Oh, no hará cosquillas por mucho tiempo –ronroneó Rick, ya escuchando una Resonancia empezar a susurrar en su cabeza–. Confía en mí.

Los pensamientos de Mouse siempre eran los primeros en manifestarse, un flujo constante de «que bien sienta», «más» y otras expresiones castas que, para Rick, habrían salido simplemente como «joder, sí». Impresiones más abstractas pintaban el telón de fondo de los elogios de Mouse. Fragmentos de la anterior paja de Rick se repetían en su memoria y una acogedora serenidad calentaba sus huesos. Con una especie de orgullo egoísta, Rick sonrió en torno a otro beso con la boca abierta para saber que la lujuria de Mouse estaba totalmente incitada por él.

Mientras su nariz rozaba el escaso vello púbico de Mouse, el aroma fresco de los fluidos de Mouse asediaba los sentidos de Rick y se lamía los labios con un hambre depravada.

–¿Qué estás haciendo ahí abaj—oooh? –Mouse soltó un grito estrangulado, levantándose. Sus manos inmediatamente se agarraron al pelo de Rick mientras éste pasaba la lengua firme y lentamente por el ano de Mouse.

«No puedes hacer eso! ¿O puedes? ¿Realmente está haciendo eso? DiosmíoDiosmíoDiosmío». Mouse empujó a Rick a medias, pero tan pronto como el placer superó su sorpresa, estaba enredando sus dedos en la melena de Rick para sujetarlo en su lugar.

Como si Rick tuviera alguna intención de irse.

Cuando Rick soltó una risita, el agujero de Mouse se agitó bajo su cálido aliento y más pensamientos se abalanzaron sobre Rick uno sobre otro en una oleada feroz.

Esta vez Rick se mantuvo firme contra la corriente. «Concéntrate, Ricky. Puedes hacerlo. Es como coser y cantar». Con ansias engulló un trago lleno de saliva y néctar de Mouse. «Vale. Es más como comer culos y leer mentes, pero ¿cuál es la diferencia?»

El sabor de Mouse era igual que su olor, sólo que más espeso y definido. El líquido cubría su lengua como si fuera jarabe y en cuanto terminó de lamer lo que se aferraba a las mejillas de Mouse, una nueva ola rezumó desde su entrada. Con un gruñido impaciente, Rick se puso de rodillas, llevando el cuerpo de Mouse hacia arriba con él, con los brazos apretados firmemente en el centro de Mouse. El chico dio un grito desgarbado mientras estaba suspendido boca abajo, sus piernas pataleando inútilmente en el aire por encima de los hombros de Rick.

Rick apuntó con su lengua y la metió en el agujero de Mouse, sumergiéndose más profundamente cada vez que el anillo de músculos daba espasmos a su alrededor, alternando entre tirar a Rick hacia dentro y apretarlo hacia fuera. Cuando dio un giro particularmente travieso de su lengua, Mouse soltó un angustioso gemido que Rick hizo eco con el suyo.

Las compuertas se habían abierto y Rick se enfrentaba una vez más al diluvio de la Resonancia. Decidido a no ser abrumado esta vez, se aferró a una cadena de pensamientos en particular, enroscándola alrededor de sus dedos metafóricos antes de que pudiera escaparse. Tenía su propia especie de crudeza, tan distinta del sedoso abrazo de Mouse, y Rick fue capaz de deslizarse por su superficie plana y aburrida con relativa facilidad. No fue sin cierta vacilación que Rick dejó atrás los pensamientos líricos de Mouse mientras buscaba y finalmente encontraba la fuente del hilo en el plano mental.

«Dios, lo que no haría por una copa».

«Nunca habría aceptado este trabajo si significaba tener que dejar la bebida».

Una sed intensa secó repentinamente la garganta de Rick mientras sintonizaba con los pensamientos incorpóreos. Rebosaban de descontento, de paciencia desgastada, y de los grilletes del orden y la disciplina sofocantes.

«Ricks Guarda».

Rick extendió su rango, recogiendo más presencias afines que encajaban como un enrejado. Mientras revoloteaba de un Guarda a otro, encontró que cada uno compartía la misma cansada insipidez. Los años de trabajo bajo el gobierno del Consejo habían exprimido cualquier espíritu que estos Ricks tuvieran, dejándolos como meros caparazones en uniformes.

Era una idea inquietante y Rick sólo se quedó el tiempo suficiente para escuchar unas cuantas quejas más de los descontentos antes de soltarse y agarrarse a otro hilo de pensamiento que le llevó a otra parte de la Ciudadela.

Afortunadamente, Rick descubrió que mientras una parte de él se adentraba en los caminos invisibles de la Resonancia, su conciencia nunca estaba lejos de la suite del ganador. Aún podía concentrarse totalmente en la tarea que tenía entre manos - como demostraban los gemidos desenfrenados de Mouse - y con algunas pruebas intencionadas, descubrió que podía ocupar simultáneamente varios espacios. Cada hilo que exploraba tenía sus propias características y, como si pasara sus dedos por las cuerdas de una guitarra, podía discernir diferentes Ricks simplemente por el tenor de sus pensamientos.

La sensación abrasiva de los Ricks Guarda dio paso a una aspereza que Rick atribuyó a otro grupo de Ricks trabajadores descontentos. Apestaban a resentimiento y críticas mordazes por el sistema que los oprimía. Ricks Élite tenían una acidez grasienta con un flujo casi constante de auto-afirmaciones reforzadas por el desdén por sus compañeros Ricks. Una suave ligereza de una pequeña colección de conciencias le dio a Rick un bienvenido respiro y pasó unos momentos ininterrumpidos disfrutando de la calma que venía de nada menos que Eun-Ricks.

Era difícil para Rick medir el tiempo y el espacio mientras estaba en una Resonancia. Con su mente consciente aún interactuando con el mundo real a su alrededor, los segundos parecían pasar como horas mientras volaba sin esfuerzo a través de lo que debían ser kilómetros de distancia invisible. Cosas como niveles y habitaciones se volvieron obsoletas mientras Rick atravesaba mentes que existían en un plano completamente separado. Ninguna pared podía mantenerlo fuera y mientras perseguía un hilo de pensamiento notablemente vibrante, se dio cuenta de que incluso había conseguido acceso a las habitaciones privadas del Capitán de la Guarda. Un breve recorrido por los oscuros secretos del Capitán que se escondían bajo su tranquilo exterior hizo que Rick chasqueara su proverbial lengua. «Cuánto asunto no resuelto».

Mientras tanto, en la suite de los ganadores, Mouse aullaba en éxtasis, rasgando sus uñas desafiladas por los muslos de Rick mientras se retorcía incontrolablemente, su trenza se movía de un lado a otro como una cola impaciente. Se liberó de su cinta, extendiéndose a través de las sábanas y captando la luz de la lámpara de la cama para resplandecer de un marrón dorado. Mouse había recurrido a envolver sus delgadas piernas detrás del cuello de Rick para sujetarlo mientras Rick lo comía con gusto. Su completa inexperiencia con el anilingus significaba que cada lametazo y mordisco de Rick lo tenía en vilo.

Rick acurrucó su cara entre las mejillas del culo de Mouse para chupar su suave culito. Pasó su lengua por su agujero, a través de su perineo, y dio largos lengüetazos a la parte inferior de las pelotas de Mouse, dónde estaban apretadas contra su cuerpo. Inclinándose para acunar la cabeza de Mouse sobre su regazo, Rick extendió la mano para deslizarla por debajo de su pene erecto, apretándolo ligeramente entre la V de dos largos dedos. Mouse se agitó bruscamente al contacto, arrojando a Rick aún más lejos a través del paisaje mental de la Ciudadela.

Como un cometa que se precipita a través de un cúmulo de estrellas, Rick giró patas arriba hacia el éter antes de agarrarse a un pensamiento arbitrario de entre las masas. Enseguida lo atrapó y Rick se estremeció internamente ante el dolor fantasma.

El hilo en el que se había enganchado era más afilado que cualquier otro, cáustico al tacto. Sólo con seguirlo a través de la red de ruido cerebral dejó la mente de Rick irritada, ansiosa de extraerse a sí misma en un acto de auto-preservación. Pero Rick continuó. Ya estaba demasiado metido, decidido a ver qué más podía encontrar en el dominio oculto de los habitantes de la Ciudadela. Sólo cuando se acercó a la fuente se dio cuenta de que los pensamientos de este Rick no eran como los de los demás.

Mientras la mayoría de los hilos se cruzaban en intervalos extraños, mostrando un vínculo de simpatía entre sus anfitriones, este colgaba remoto y solo. No había puntos de intersección, no se superponía con ningún otro ya que flotaba solitario en la inmensidad del espacio intelectual.

Dejando que su curiosidad se apoderara de él, Rick pasó sus manos sobre la corriente de pensamiento externa, permitiendo que el hilo se enrollara alrededor de sus dedos y brazos como mercurio frío. A estas alturas, ya debería haber captado una letanía de pensamientos, pero sólo fue recibido con silencio. ¿Era uno defectuoso? ¿Alguien inconsciente? No, aún quedaba el plano del subconsciente por explorar. Dejando de lado cualquier preocupación, Rick se sumergió aún más profundamente.

En una avalancha inesperada, el hilo envolvió sus brazos y hombros, cubriendo su pecho hasta que se cerró sobre su corazón en un agarre asfixiante. Al final escuchó algo. Comenzó como un eco distante que se convirtió en un rugido y el primer pensamiento tangible que surgió de las profundidades hizo que la sangre de Rick se congelara:

«C A O S»

Las letras se garabatearon frenéticamente en la pizarra de la mente de Rick. Rick se deslizó mentalmente hacia atrás, intentando desenredarse de los pensamientos que se aferraban a él como una insidiosa telaraña, pero era demasiado tarde. Su mente se incendió abruptamente en rojos brillantes y negro punzante mientras el hilo vomitaba imágenes de carnicería y sufrimiento demasiado grotescas incluso para el estómago de Rick:

Un niño pequeño colgaba de unos viciosos ganchos mientras sus entrañas enroscaban en un espeto de metal debajo de él. Viento arenoso soplaba a través de un campo, estéril excepto por un solitario árbol en llamas y un círculo de lápidas chirriantes en su base. Un cráneo le lanzó una sonrisa dentada mientras un falo se lo follaba por una cavidad ocular, corrida goteando por su cara como lágrimas perladas. Cuerpos sin extremidades que eran poco más que muñones sangrientos se retorcían en el suelo de hormigón y en las sábanas andrajosas como gusanos gigantes.

Incluso mientras la mente de Rick se tambaleaba con repugnancia por las escenas que se le pasaban por la cabeza, el retorcido deleite del anfitrión se anidaba en su corazón como una serpiente satisfecha. Por mucho que Rick intentara liberarse del hilo, éste arrojaba púas para atraparlo como si fuera un pez capturado, acercando a Rick para susurrarle amenazadoramente al oído.

«Todo mío».

No era tanto una frase como un estado de ser que lo abarcaba todo. El anhelo de control de este Rick sólo era paralelo a su sadismo, los dos incuestionablemente unidos. El clamor por la posesión triunfaba sobre todas las demás emociones, una sedienta voluntad de hacer cualquier cosa para lograr el control total. Permeaba cada faceta de la mente de este Rick, la obsesión resumida en la inquietante imagen de un cuerpo sin cabeza suspendido por largas tiras de piel - una marioneta sin vida sobre cuerdas ensangrentadas.

«Quien sea que es este tío», pensó Rick, «es un sociópata con complejo de dios».

Sin que Rick lo quisiera, el hilo dio un giro abrupto y una nueva escena inundó su mente: filas sobre filas de Ricks con el uniforme de la Federación Galáctica. Como si la incongruencia de las alianzas militares no fuera suficientemente confusa, la piel turgente de los soldados tenía ese inconfundible tono de muerte, y dos fosas negras se encontraban donde sus ojos habían estado. Pasaron a ciegas por delante de Rick mientras la procesión avanzaba obedientemente a través de una ciudad devastada por la guerra - no, la Ciudadela. Rick reconoció los altos edificios y las estatuas exuberantes del atrio principal, sólo que ahora los estandartes verticales velaban cada cara, los emblemas de la FG en ellos tachados con una X andrajosa.

De entre las filas de soldados nítidamente formadas, Rick vio una pequeña figura de pie en medio de la espantosa marcha de la muerte. Se podía ver entrecortadamente, pero a medida que Rick se acercaba, toda su atención se centró en ese único punto familiar de pelo largo y túnica blanca ahora salpicada de rojo.

«Oh, Dios».

Mouse estaba de pie con la cabeza inclinada, sin prestar atención a los soldados que marchaban a su lado. Como una puñalada en sus entrañas, le recordó a Rick a la manera en que Mouse había aparecido en el escenario de la Subasta de Morty, la definición exacta de indefenso. Un par de manos, inquietantemente similares a las de Rick, se deslizaron sobre los delgados hombros de Mouse para atarse alrededor de su garganta. Mientras Mouse era silenciosamente levantado del suelo y estrangulado por las manos sin cuerpo, Rick gritó, su voz silenciada e impotente dentro de la proyección mental. Más allá de Mouse, la túnica blanca se extendió hacia arriba y hacia fuera hasta que se unió a una de las enormes banderas rojas que colgaban de un monumento imponente. Entonces empezó a caer, descendiendo lentamente en cascada como un torrente de sangre para revelar la figura dorada que estaba debajo.

«Riq».

Mientras Rick miraba la estatua, su cuerpo se congeló de miedo. Cualquier otro hilo que el subconsciente de Rick había estado rastreando se rompió rápidamente y Rick se sintió profundamente solo. La misma agitación que le revolvió el estómago a Rick durante su último encuentro con el líder del consejo volvió con ganas.

Delante de él, los ojos de Mouse estaban abiertos de par en par, su boca se movía mientras gritaba silenciosamente una sílaba una y otra vez.

«Rick... Rick...»

–¡Rick! R-Rick! Por favor no pares! –Mouse estaba gritando su nombre en un lloriqueo suplicante–. ¡Por favor! ¡Casi—mmmmh—casi llego!

Rick parpadeó, saliendo de su estupor. Tardó un momento en orientarse de nuevo. Todavía estaba arrodillado en la cama, con Mouse suspendido en sus brazos, su lengua enterrada en el culo de Mouse. Lo que habían parecido minutos haciendo de espectador de las películas de terror de Riq habían sido en realidad sólo segundos y el agujero mojado de Mouse seguía apretando con fuerza su lengua, desesperado por la atención de Rick.

Una llama de voracidad rugió dentro de Rick y atacó de nuevo el culo de Mouse, estimulándolo hasta que sus nervios sonaron. Disfrutó de los dulces gritos y el torbellino de pensamientos impulsados por la Resonancia que envolvieron a Rick en amor y ánimo mientras luchaba por bloquear las inquietantes revelaciones con las que se había tropezado.

El fantasma de los pensamientos de Riq amenazó con contaminar la mente de Rick, y en una demostración ardiente nacida tanto del miedo como del deseo desesperado de reclamar a Mouse como suyo, Rick empujó su lengua tan profundamente como podía, la base gruesa empujando contra las paredes internas de Mouse mientras gruñía en su garganta.

Las vibraciones impulsaron los nervios de Mouse al límite, y, por segunda vez esa noche, se estaba corriendo. Sus piernas se tensaron, los dedos de los pies se separaron, y se arqueó hasta salirse del regazo de Rick, las manos agarrando puñados de las sábanas donde se sostenía. Exclamaciones tartamudeadas se desprendieron de la garganta de Mouse mientras la eyaculación salía de su polla para pintar su pecho y cuello con gotas calientes.

En vez de navegar por la Resonancia hasta los rincones más alejados de la Ciudadela, Rick se volcó hacia el interior, saboreando la embriagadora sensación de Mouse y sólo Mouse en su mente. Sus pensamientos eran un santuario comparado con el paisaje infernal que había presenciado y rápidamente fue absorbido por las sensaciones de euforia que rebotaron de Mouse y en él mismo.

Después de que el orgasmo de Mouse llegara a su punto máximo, eventualmente disminuyó, saliendo de él como una niebla por la ladera de una montaña. En su estela, Mouse se quedó exhausto y delirante con el remanente de sexo, y cuando Rick relajó su agarre, se deslizó en un montón de sábanas sin fuerzas y jadeante. Sus mejillas se sonrojaron, el tenue resplandor de los ojos de Mouse brillaba bajo sus pestañas, latiendo al mismo tiempo que su corazón.

Incluso antes de que los últimos restos de Resonancia lo abandonaran, Rick ya estaba a cuatro patas, con su propia polla en la mano. Ardía a rojo vivo y a pesar de su anterior restricción, Rick sabía que no podía estar sin ser liberado por mucho más tiempo. Se abalanzó sobre Mouse, empuñando su polla con una desesperación silenciosa.

Inclinándose para lamer una gota de semen de la mejilla del Mouse, Rick le frotó el cuello con la nariz, inhalando profundamente para degustar el almizcle en su paladar y su lengua. Cuando Mouse se movió, su boca automáticamente buscando la de Rick, Rick cerró sus labios sobre los suyos en un profundo beso. Hundió la lengua, una réplica descarada de su anterior anilingus y Mouse se arqueó en ella con un gemido de necesidad.

Durante el beso, Rick se sorprendió y dio un gruñido cuando Mouse puso sus manos en su polla. Se apartó para ver a Mouse mirándole con una intensa concentración que contradecía su feliz aturdimiento.

–¿Me dejas? –La voz de Mouse era firme a pesar de sus exhalaciones respiratorias.

–Mouse –comenzó Rick, sin saber qué decir después. Ya estaba dolorosamente duro y sólo con pensar en Mouse encima de él era casi suficiente para llevarlo al límite. Pero su cuerpo eligió responder por él y se movió para reclinarse junto a Mouse, sin que sus ojos lo dejaran nunca.

Con sorprendente agilidad, Mouse se levantó rápidamente y se colocó frente a la erección de Rick, sus manos acomodándose perfectamente a su largo, apretando y acariciando ligeramente, familiarizándose con él. El resto del cuerpo de Rick estaba lleno de marcas de brutalidad de una vida difícil, pero afortunadamente su polla no había sido desfigurada y se mantenía gruesa, larga y temblorosa en las pequeñas manos de Mouse. Rick contenía la respiración mientras miraba, temiendo que la perturbación del aire lo despertara de este sueño.

Estaba a punto de pedirle a Mouse que no se forzara a sí mismo, cuando al instante siguiente Mouse abrió la boca y acogió la cabeza de la polla hinchada de Rick.

Estaba tan caliente y húmedo como había imaginado, y, Dios, ¿cuántos años habían pasado? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que había sentido por última vez una boca como esta? Lo que se suponía que debían palabras salieron como un gruñido, y se metió indecentemente en la suculenta humedad de su boca.

Mientras los labios de Mouse se cerraban completamente sobre él, su hábil lengua masajeaba a lo largo de la parte inferior del glande de Rick, la mezcla de calor y presión paradisíaca en la polla de Rick. La comía como un profesional, y aunque Rick se preguntó brevemente cómo un niño de su edad podía tener tanta experiencia, sabía que no debía insistir en esa pregunta demasiado. Un tentador aleteo de la lengua de Mouse disipó rápidamente cualquier reserva que tuviera, instándole a que se recostara y lo disfrutara.

Rick no era el único que estaba disfrutando, como demostraban los pensamientos de Mouse que rondaban en los márgenes de su mente. Sonrió, acariciando la parte de atrás de la cabeza de Mouse con aprecio, mientras Mouse comenzaba a moverse arriba y abajo de su miembro en una impresionante demostración de habilidad.

–Lo estás haciendo muy bien, Mouse. Joder –siseó Rick, con los dedos de los pies retorciéndose–. Más que bien. Sí, nene. Justo así. –La cadena de elogios fluía fácilmente de Rick y cada muestra de apoyo provocaba otra ola de Resonancia que Rick utilizaba a su vez para estimular aún más el ego de Mouse, alimentando su ciclo de afecto mutuo.

Ganando impulso y coraje, Mouse se apartó del miembro de Rick para chupar fuerte su punta, antes de sumergirse de nuevo, cubriéndolo de calor húmedo. Las caderas de Rick saltaron de la cama con otro –¡Joder! –estrangulado. No duraría mucho tiempo así, no con la forma en que Mouse lo manejaba, y deslizó su mano para agarrar a Mouse detrás del cuello, haciéndole señas para que se detuviera. Pero incluso ante la insistencia de Rick, Mouse se mantuvo firme en su propósito de darle a Rick un—«regalo... Regalo... » Extraña elección de palabras, pero la Resonancia sonaba persistentemente en el centro de sus pensamientos.

–Mierda, Mouse. Me—me voy a correr –dijo Rick con los dientes apretados, su última advertencia. Cuando la respuesta de Mouse fue sólo un decidido «puedo con ello», Rick murmuró: –De acuerdo, nene. Si puedes con ello… –antes de finalmente ceder, dejando que la brasa del orgasmo en su ingle se convirtiera en un auténtico infierno. Sus abdominales se contrajeron y clavó los talones en el colchón a ambos lados de Mouse mientras el orgasmo lo envolvía.

Pero Mouse seguía sobre él. No sólo sobre él, sino tragándoselo, su garganta envolviendo la polla pulsante de Rick, su nariz enterrada en el vello púbico de Rick. «¡Dios—!» Rick sintió que se hinchaba aún más ante la sensación de hacer un garganta profunda, y disparó carga tras carga por la garganta de Mouse. Boquiabierto, soltó una serie de maldiciones e incoherencias incomprensibles.

Una vez había vaciado lo que quedaba de su reserva y sus músculos liberaron su agarre, Rick cayó bruscamente sobre las sábanas. Convencido de que podría dormir durante un mes, se las arregló para dar sólo un ligero escalofrío cuando Mouse finalmente sacó la polla gastada de Rick de su boca. Con toda la delicadeza de una rutina muy practicada, Mouse lo lamió hasta dejarlo limpio y luego le chupó ligeramente la ranura para absorber lo que quedaba.

–Ya está. Es oficial. He muerto y me he ido a-al puto cielo –Rick resopló, frotándose una mano en la cara. Levantando ambos brazos tambaleantes, movió sus dedos en un gesto de ven aquí a Mouse, quien se detuvo momentáneamente antes de arrastrarse para acurrucarse entre el brazo y el pecho de Rick. Con un gruñido, Rick se echó hacia atrás para darle un repaso rápido a Mouse–. No te— no te he hecho daño, ¿verdad?

–No... –La respuesta de Mouse salió silenciada alrededor de una burbuja en su garganta. Tosió y lo intentó de nuevo–. No. E-estoy bien. «¿Lo he hecho bien? Dime que lo he hecho bien».

–Sí, Mouse. Lo has hecho muy bien. –Rick cerró los ojos y bostezó, las dificultades del día finalmente alcanzándolo y dejándolo agotado. Envolvió un brazo alrededor de Mouse, disfrutando de la sensación de su cálida piel contra la suya. Dormir se veía como una recompensa muy bienvenida en este momento.

–Lo has hecho otra vez, Rick.

Rick abrió un ojo. –¿Hm? ¿Hecho qué, nene?

Mouse se escapó del agarre de Rick, y Rick sintió un desagradable escalofrío donde ya no se tocaban. –Me hablas como—como si hubiera dicho algo, cuando no lo he hecho. Sucedió antes y ha sucedido ahora mismo. –Entrecerró los ojos, mirando a Rick con algo parecido a la cautela–. ¿C-c-cómo lo haces?

«Oh, vaya». Rick se puso tenso, sabiendo que tendrían que tener esta conversación eventualmente. «Sólo que no pensaba que sería tan pronto». –En realidad, Mouse, es... es... por ti. –A veces el mejor enfoque era simple y directo.

–¿Por mi? –Mouse repitió lentamente. Esperó a que Rick continuara.

Aclarando su garganta, Rick se sentó para poder hablar con Mouse ojo a ojo. –Así es. Sabes cómo—bueno, que concedes Epifanías, ¿verdad? –Mouse asintió, cambiando su mirada a las clavículas de Rick en vez de a sus ojos y alentando a Rick a dejar el tema rápidamente–. Es c-cómo eso. Excepto que cuando hago esto... –Rick se detuvo para acariciar al Mouse en la nuca, masajeando sus dedos a través del pelo del Mouse hasta que sus hombros se relajaron–. O esto... –Guió a Mouse hacia él para que sus labios se encontraran. Mouse respondió instantáneamente, inclinándose hacia el beso y cuando Rick le dio una lánguida caricia de su lengua, Mouse abrió su boca para permitirle el acceso. La Resonancia comenzó a aparecer en la mente de Rick, y se alejó lo suficiente como para susurrar–, Piensa en algo, Mouse. Cualquier cosa.

«¿Cualquier cosa?» Rick podía ver los pensamientos de Mouse vacilando ante la petición, inseguro de qué hacer, incapaz de concentrarse en una sola cosa. Finalmente, se decidió por...

¿Estrellas? –preguntó Rick, sonriendo a la imagen que se estaba desarrollando ante él–. Las estrellas que ves desde tu habitación. Es una ventana pequeña, apenas más grande que tu cabeza, pero te gusta mirar las estrellas afuera. ¿No es así?

Los ojos de Mouse se abrieron de par en par, su mandíbula cayó completamente. –T-tú—tú realmente puedes...

–Como dije, Mouse. Es gracias a ti. –Rick le dio un beso rápido en la frente–. Cuando te hago sentir bien, me haces ver pensamientos.

Tocándose la frente con la mano, Mouse frunció los labios, con un aspecto genuinamente curioso. –¿Son sólo m-mis pensamientos?

–No. También puedo oír a otros. Parece que sólo a Ricks, sin embargo algunos de ellos hasta el otro lado de la Ciudadela. Pero los tuyos –le dijo Rick tocándole juguetonamente en la nariz–, son mis favoritos.

Mouse se quedó callado un minuto, procesando lo que le acababan de decir. Vacilaba entre el regocijo y la indecisión, cosa que Rick experimentaba mientras las Resonancias se hinchaban y apagaban en rápida sucesión en su cerebro. Se quedó en silencio, sin embargo, permitiendo a Mouse llegar a sus propias conclusiones sobre cómo se sentía al respecto.

Como Rick, sabía que a nadie de su clase le gustaría la idea de que alguien se metiera en su cabeza. Cada Rick tenía su buena parte de secretos que se esforzaba por guardar, y las Resonancias fácilmente representaban una amenaza para ello. ¿Pero y un Morty? ¿Y Mouse? Rick sabía que si en algún momento Mouse decidía que no lo quería dentro de su cabeza, aceptaría esa petición, incluso si se oponía a sus propios deseos egoístas.

Pero no podía decir lo mismo de ningún otro Rick. Especialmente no de Riq.

Riq no se detendría, ni siquiera le daría a Mouse la opción. Cogería lo que quisiera de él, le gustara o no—

«¿Pero realmente eres diferente?» susurró una voz en la cabeza de Rick.

¿No acababa de tocar a Mouse para provocar una Resonancia? ¿No lo había manoseado hasta que se convirtió en un revoltijo en sus brazos mientras bailaba un vals alrededor de las cientos de mentes a las que de repente tenía acceso? No, pensó obstinadamente. No era lo mismo. Sólo intentaba entender lo que podía hacer una Resonancia. Era necesario averiguar—

«¿Y la siguiente vez?» Naturalmente, cualquier buen experimento requiere—«Así que para ti es sólo un experimento, ¿no?» No. No fue por eso—«Literalmente manipulaste la información que querías de él». Pero sólo para que—«Puedas conseguir lo que quieres». No, lo único que quiero es—«Satisfacer tu propia venganza».

–¿Cómo son las cosas ahí dentro? ¿En mis pensamientos? –La pregunta de Mouse rompió el aluvión de autoodio de Rick. Miraba a Rick con tal fascinación que lo hizo pestañear. No había ni rastro de acusación en la voz de Mouse, sólo interés. Una pequeña ráfaga de Resonancia transmitió la sinceridad de Mouse y Rick respiró aliviado.

–Es increíble –dijo Rick automáticamente–. Quiero decir, es—mierda, ¿cómo lo describo? –Se pasó los dedos por el pelo, ruborizándose por su evidente tambaleo. ¿Como podía este crío hacerle sentir como si él fuera el niño? Mouse ya había recuperado felizmente su lugar en el pecho de Rick, así que se tranquilizó, disfrutando de la paz que una vez más se estableció entre ellos. Con un brazo envuelto alrededor de Mouse, movió el otro abstractamente por el aire mientras hablaba–. Es como—como si estuvieras pensando en algo—bam—cada parte de ello es real. No hay segundas intenciones. No hay nada. Está limpio. Puro. –Sus dedos se aflojaron mientras la palabra colgaba entre ellos–. Vale. Lo admito. Ha sonado patético.

–No ha sonado patético –dijo Mouse en voz baja–. Me gusta. –Como si sus palabras no fueran lo suficientemente claras, los ecos en sus pensamientos lo confirmaban–. Pero, Rick... –Se alejaron de repente cuando Mouse levantó los hombros, su voz vacilante–. No creo que nadie me llame jamás 'puro'.

–Eh, eh, eh. No hables así, Mouse. –Rick lo apretó más fuerte–. No importa lo que te hayan hecho, n-no pueden quitarte lo que tienes, Mouse. Quien tu eres. –Levantando suavemente la barbilla de Mouse para encararlo, añadió–: ¿Te acuerdas de lo que te dije? Vas a hacer cosas increíbles, Mouse. N-nada va a cambiar eso. –Lo besó en los labios y luego presionó su frente contra la suya–. Y quiero estar ahí para ver cada minuto de ello.

–Rick –Mouse empezó, pero Rick le cortó con otro beso, este más lento, más profundo.

–Por supuesto que lo digo en serio –respondió a la pregunta silenciosa de Mouse.

Mouse bajó la mirada y golpeó con el dedo el pecho de Rick mientras formulaba su siguiente pregunta. Esta vez, Rick esperó pacientemente, dándole tiempo a Mouse para que lo dijera él mismo en vez de adelantarse con una Resonancia. Había algunas cosas que necesitaban ser dichas en voz alta.

–Pero, R-Rick. –Se estancó–. ¿Qué harás con ello? Quiero decir, ¿con ser capaz de, ya sabes, leer mentes?

Rick reajustó sus brazos alrededor de Mouse, mirando al techo mientras abordaba su respuesta con cuidado. –Creo que la pregunta no es tanto lo que yo voy a hacer con ello, sino lo que otros podrían hacer.

–¿Otros?

–Mouse. –Rick hizo una pausa para sentarse derecho, sujetando a Mouse con su brazo. Necesitaba saber que Mouse entendía lo que estaba a punto de decirle. –Mouse, no tienes ni idea de lo poderosa que es la Resonancia—quiero decir, la lectura de mentes. Ya sabes lo que están dispuestos a hacer los Ricks para conseguir Epifanías. Pero una Resonancia, es—imagínala como una Epifanía multiplicada por cien. Hay gente ahí fuera que—que mataría, Mouse. Honestamente matarían por ello. Mucha gente sufrirá si alguna vez descubren esto sobre ti, Mouse. Por eso tenemos que—

–Llevarme lejos. –Mouse ya estaba asintiendo con la cabeza, resignación arrugando su frente.

–Ese es el plan.

–¿Pero cómo?

Contra todos sus instintos, Rick siguió adelante con la cruda realidad. –Eso... no lo sé todavía. Es algo que tendremos que resolver juntos.

Rick había asumido que Mouse se alejaría de la perspectiva de lanzarse de cabeza a algo tan precario como escapar de la Ciudadela. Pero sorprendentemente, al chico le hizo crecerse. Un remolino de Resonancia solidificó sus sospechas: Mouse estaba realmente contento de que se le confiara una tarea tan importante. Le gustaba ser útil, fiable. Le hacía sentir como—

La imagen de un joven llenó repentinamente la mente de Rick. Tenía los ojos de Mouse y una sonrisa amable, pero ahora era más alto, más tonificado. No solo tonificado, musculoso. La figura tenía abdominales marcadas y hombros anchos y musculosos. Y, lo más sorprendente, llevaba una cresta impresionante.

«¿Es así como quiere verse a sí mismo?»

Rick se mordió la lengua antes de poder preguntar. Tenía la sensación de que a Mouse le avergonzaría exponer sus fantasías personales, pero no pudo reprimir una risa. Antes de que Mouse se diera cuenta, Rick redirigió rápidamente la conversación.

Bajando los ojos al torso de Mouse, tosió. –Pero, de todas formas, primero creo que a ambos nos vendría bien una ducha. ¿Qué me dices?

...

Mouse pasó su dedo por el vidrio empañado, añadiendo otra pluma al ya majestuoso plumaje del pájaro. El pájaro, que normalmente se mantenía estático con sus alas dócilmente plegadas a los lados, ahora presumía de un par más que brotaban pomposamente de su espalda. Se desplegaban, las plumas se extendían, arqueándose sobre la idílica escena del estanque que estaba esculpida en la puerta de cristal.

–Mira por dónde. Tienes un verdadero don para el arte, chico.

De espaldas a él, Mouse sonrió tímidamente ante el cumplido de Rick. –C-creo que se le ve más feliz de esta manera. –Mirando por encima del hombro, encontró los ojos de Rick sentado en el banquillo de la ducha. –He querido hacer esto desde—bueno, desde siempre.

Mouse apenas había entrado en la ducha de la suite del ganador y sólo recordaba a algún visitante ocasional que optó por usarla en vez del lujoso jacuzzi que estaba justo afuera. La ducha, con sus azulejos de tono tierra y paredes sin adornos, era mucho más modesta que el resto de la suite, la única expresión artística se encontraba en el detallado adorno de la puerta.

Fue sólo cuando los dos comenzaron a ducharse que Rick explicó que el pájaro de cuello largo del dibujo era, de hecho, una "grulla", y los palos anillados que estaban a su lado eran de "bambú". Según Rick, eran símbolos de prosperidad en algo llamado cultura As-yatika en la Tierra.

–Sí, bueno, ya va siendo hora de que se le haga una renovación a este sitio –dijo Rick, llamando a Mouse con una mano. En su otra mano sostenía una generosa porción de champú púrpura, cuyo aroma a lavanda llenaba el espacio confinado–. Y, a propósito, es hora de que te limpiemos a ti. –Echándose hacia atrás en el asiento, Rick levantó una pierna y dio una palmadita en el espacio delante de él.

Mouse abandonó su arte y obedientemente se sentó entre los muslos de Rick, permitiéndole pasar el champú por su grueso cabello. –Sabes, Rick, s-siempre me limpian después de t-todas formas.

Rick resopló y respondió rápidamente. –Sí, bueno, apuesto a que puedo hacerlo mejor que ellos. –Estaba ocupado enjabonando los mechones húmedos con sus dedos delicados y cuidadosos hasta que el champú se convirtió en una nube espumosa–. A menos que los prefieras a ellos antes que a .

–¡No! N-no, por supuesto que no lo— –Mouse dijo rápidamente, y luego se detuvo, con una sonrisa brotando lentamente en su cara–. Eeeh, ¿eso era una broma? –Golpeó juguetonamente a Rick en la rodilla, sonriendo.

–No sé. I-igual debería dejar que tus Eun-Ricks lo intenten. Ellos probablemente saben cómo lidiar con todo este pelo mejor que yo. –Como para demostrar su argumento, Rick sacó dos largos trozos de cada lado de la cabeza de Mouse y los movió–. En serio, Mouse, podrías amordazar a alguien con esto si realmente quisieras. –Hizo una imitación envolviendo los mechones alrededor de su propia garganta y asfixiándose.

Mouse captó su reflejo en el espejo de pared y se rió al ver su pelo retorciéndose como serpientes en el aire caliente.

Rick continuó. –Pero, de verdad, creo que ya has llevado el look de Rapunzel suficiente tiempo. –Golpeó un dedo en su barbilla pensativamente–. ¿Y si intentamos... esto? –Rick pasó sus manos sobre la espuma de la cabeza de Mouse, transformándolas en picos gemelos–. Y ahora mi ratoncito se convierte en un gato.

Mouse se mofó al ver al nuevo él. Se veía ridículo. –O-oh, ¿sí? «Dos pueden jugar a ese juego». –Agarrando la botella de champú y vertiendo una cantidad abundante en sus manos, se giró para placar a Rick, frotándole el pelo hasta convertirlo en un revoltijo espumoso. En segundos, lo había convertido en un afro masivo.

Esto divirtió a Rick muchísimo y se dio un golpe en el muslo mientras se reía a carcajadas de su propio reflejo. Mouse se sobresaltó ante el inesperado arrebato, pero gradualmente su timidez se disolvió bajo el sonido, y él también empezó a reírse. El jugueteo era todavía extraño para Mouse, y al principio tropezó como un potro recién nacido hasta que los dos estuvieron bromeando como si hubieran sido amigos toda su vida.

Con otro movimiento de sus manos, Rick esculpió la espuma de Mouse en un voluminoso bouffant, mientras que Mouse lo tenía con un elefante trompetista sobre su cabeza. El ridículo corte de tazón de Mouse fue contrarrestado por una tambaleante torre de espuma sobre Rick. Greñas, cardado, coletas - cada peinado provocaba una nueva carcajada hasta que se tuvieron que agarrar a sus costados, de tanto reírse.

Mouse fue el primero en recuperarse, con las mejillas ahora muy doloridas. –V-vamos, Rick. –Sacudió la cabeza, haciendo que volara un poco de espuma, luego se sentó más recto, con los brazos cruzados–. Dame algo—intenta hacerme un peinado de verdad.

Inclinando su cabeza hasta que su pelo enjabonado se deslizó, Rick pensó por un momento. –Vale. Creo que ya sé cuál es el tuyo. –Rick apartó la espuma de los lados y juntó las manos, colocando la masa de espuma teñida de púrpura en una línea recta por el centro de la cabeza de Mouse.

La cresta se tambaleó cuando Mouse giró la cabeza a ambos lados para mirarse mejor en el espejo. Sin embargo, cuando fijó la mirada en su reflejo, se quedó quieto, sin reconocer de repente al niño sonriente en el espejo. La curva ascendente de sus labios sobre los dientes blancos y rectos; la forma en que sus ojos se convirtieron en medialunas oscuras sobre sus mofletes. ¿Era realmente él? La felicidad se reflejaba tan naturalmente en su rostro que se preguntaba cómo había pasado tanto tiempo sin ella.

Rick se inclinó hacia el marco del espejo para mirar junto a Mouse. Murmuró, con una suave sonrisa en sus labios. –Sí. Yo también creo que te queda bien.

–Gracias –susurró Mouse. Una ráfaga de satisfacción total lo atravesó y dio un suspiro de felicidad mientras se relajaba con el tacto de Rick. Sin decir una palabra, Rick apoyó suavemente a Mouse contra su pecho, su corazón latiendo tranquilizadoramente a través de las costillas de Mouse. Movió el cabezal de la ducha para lavar la espuma, pasando sus dedos por las sienes de Mouse para liberar cualquier resto de champú.

Mientras Rick ponía su mano sobre la ceja de Mouse para evitar que la espuma le llegara a los ojos, Mouse hundió la barbilla, viendo cómo el chorro de jabón fluía por su pecho, alrededor de su vientre y entre sus muslos. El agua se desviaba alrededor de las irregularidades de su piel y se arremolinaba en la carne deformada donde la cuchilla de C-165 había intentado castrarlo hace más de un año.

Cerró los ojos.

Cada Rick - cada uno de los Ricks que lo visitó, sin falta, había dejado su marca en él de alguna manera. Las cicatrices adornaban su piel como marcas de ganado, adjudicándoselo pulgada a pulgada.

Mouse no entendía cómo funcionaban los Ricks a veces. Por un lado, lo trataban como si fuera un tesoro. Ricks entraban en la suite del ganador con las manos juntas en plegaria, arrodillándose ante él y hablando de las maravillas de las Epifanías. Pero inevitablemente esas mismas manos se convertirían en zarpas, desgarrando ansiosamente a Mouse como si fuera un trozo de carne.

«Menos Rick». Mouse sacudió su cabeza, frustrado por la falta de nombres para elegir. «Quiero decir, mi Rick». Rick - el mismo Rick que actualmente se estaba poniendo un suavizante con aroma a rosa en el pelo - nunca había levantado un dedo para hacerle daño.

«Por ti, Mouse. He vuelto por ti».

Esa había sido su respuesta a la pregunta anterior de Mouse, pero otro asunto seguía sin resolverse, llenando a Mouse de preocupación.

–¿Rick?

–¿Sí, Mouse?

–¿Por qué viniste a v-verme?

–Ya te lo dije, Mouse. Por—

–¡N-no! Eso ya lo sé. –Presionó sus manos contra el banco para no retorcerlas e inclinó la cabeza–. Quiero decir... la primera vez.

Las manos de Rick se detuvieron donde estaban enjuagando el acondicionador. Pasó un segundo de silencio antes de que Rick reanudara su tarea, estrujando con cuidado las puntas del pelo de Mouse hasta que el agua se aclarara. Justo cuando Mouse se planteaba volver a preguntar, Rick habló.

–¿Confías en mí, Mouse?

Ahora le tocaba dudar a Mouse. Lo que debería haber salido como una simple respuesta quedó atrapado en la garganta de Mouse, enredado en sus propias perspectivas conflictivas. La experiencia había moldeado la visión del mundo de Mouse de manera que no había espacio para la confianza. Eso se le había arrebatado, dejando sólo una constante aprensión en su lugar. «¿Pero para Rick?»

–Sí –se encontró diciendo.

–Entonces confía en mí cuando digo que nunca te haría daño, Mouse. Jamás. –Terminó de enjuagar el pelo de Mouse, Rick puso ambas manos en los hombros de Mouse, sus ojos mirando fijamente a los suyos a través del espejo. Una mirada de severidad reemplazó su anterior alegría–. Se suponía que debía matarte esa primera noche.

Mouse parpadeó, sin saber cómo tomarse la confesión de Rick. Una ráfaga de preguntas se disparó a través de su mente, cada una abriendo caminos cada vez más lúgubres. La mano de Rick en la suya lo sacó de su nube oscura y el creciente nudo de terror se desenredó mientras los dedos de Rick se entrelazaban con los suyos.

–Supongo que puedes darte cuenta de que esa parte no salió según lo planeado.

Mouse tragó, asustado pero decidido a seguir adelante. –¿P-por qué debías matarme, Rick?

–Porque quería derrocar al Consejo, y tú eras la única manera que se me ocurrió de hacerlo. –Rick se rió amargamente–. Puede que no lo creas, pero es probable que el Consejo sólo sea lo que es hoy en día gracias a ti. Antes de ti, no eran más que burócratas, pero ahora con las Epifanías y sus fanáticos Élite, no creo que sepas lo que son capaces de hacer—

–Creo que sí –Mouse intervino–. Si es algo parecido a lo que me hicieron a mí, entonces lo sé.

Rick ladeó la cabeza como si estuviera esperando escuchar algo. Al no escuchar nada, preguntó en voz baja: –¿Qué te hicieron, Mouse?

Mouse levantó sus hombros y los dejó caer, más un gesto de derrota que un encogimiento de hombros. –No – no puedo hablar de ello.

Hubo una pausa de unos segundos y luego Rick le dio a Mouse un estrujón rápido. –No pasa nada. No tienes que hacerlo. –Con un largo suspiro por la nariz, Rick añadió con humor sombrío–: En cualquier caso, entonces probablemente no me culparías por querer derribarlos.

–¿No quiere todo el mundo? –Su propio rencor lo sorprendió, pero Rick sólo dio un silbido impresionado.

–Así que este ratoncito tiene dientes.

–Pero, ¿qué—quiero decir, puedes decirme qué te hicieron, Rick?

–Oh, sólo me encerraron por nada.

–¿Quieres decir que estuviste en prisión? –Mouse no pudo ocultar la sorpresa de su voz. Ya tenía una idea de lo que hacía a Rick diferente de la Élite habitual que lo visitaba, pero nunca había oído hablar de un Élite que fuera a la cárcel.

–Sí –respondió Rick–. Diez largos y apestosos años en un agujero de mierda de la FG. Creo que me dejaron allí esperando que la palmara. Pero gracias a un amigo mío, me escapé hace unos meses.

Mouse escuchó atentamente mientras Rick relataba los principales acontecimientos de su pasado: la inesperada redada de la Federación Galáctica, su detención y encarcelamiento fraudulentos. La prisión sonaba como si hubiera sido una lucha diaria por la supervivencia, pero Mouse no pudo evitar notar las extrañas similitudes entre el encarcelamiento de Rick y el suyo propio. Le negaron la libertad, lo torturaron regularmente, lo trataron como menos que un humano. Mouse se sorprendió al enterarse de que un Rick podía vivir tal vida.

Sin embargo, sólo cuando Rick comenzó a retroceder aún más en el tiempo, se le abrieron los ojos a Mouse. Mouse no se había parado a pensar que Rick también tenía una familia, la misma familia que él, de hecho, y era extraño oírle hablar de sus padres y su hermana de una manera que no era del todo correcta. Era como si estuviera nombrando personajes en una obra que ambos habían visto, pero en la que el director había escrito historias diferentes.

El concepto del multiverso le era familiar a Mouse y había oído a menudo de Ricks que había aparentemente infinitas "copias" de él caminando dentro de la misma Ciudadela en la que vivía. Nunca había tenido la oportunidad de conocerlos, así que la idea permaneció como una lejana abstracción, como intentar imaginar un color que nunca había visto antes.

Mouse se enteró de que Rick había estado ausente durante la mayor parte de la vida de su hija, sólo para reaparecer después de que su hijo muriera en el parto. En contraste, Mouse recordaba haber crecido en un hogar lleno de relatos cariñosos del abuelo Rick - aunque en realidad nunca había conocido al hombre. Eso era porque el abuelo Rick había fallecido el mismo día que Mouse había nacido.

–Joder. Si eso no es ironía poética, no sé qué lo es.

–Sí. Supongo que sí es bastante raro –coincidió Mouse, con la voz apagada.

–Pero, eh, oye. –Rick le dio un golpecito en las costillas, sacándolo de su letargo–. ¡Al menos nunca tuviste un abuelo Rick que te volviera loco! Hablando sin parar sobre los "buenos tiempos", avergonzándote delante de tus amigos, queriendo arrastrarte a locas aventuras espaciales...

–Oh, ¿y como si tú no lo hicieras?

Rick sonrió, con la lengua entre los dientes. –Culpable. Y no te olvides de las clases obligatorias de lucha libre. –Enrolló una mano bajo el brazo de Mouse, agarrándolo por detrás del cuello en un medio nelson. Con la otra mano, deslizó sus dedos por sus costados, sacando carcajadas de Mouse.

Mouse chillaba, retorciéndose en su agarre. –¡E-eh! ¡Tramposo! ¡Al menos avísame!

–¿Oh? No estás en posición de hacer demandas, amigo, especialmente cuando soy yo el que tengo los dedos enjabonados. –Movió sus dedos como una amenaza, y después atacó las costillas de Mouse, haciéndole cosquillas sin piedad.

–¡V-vale! ¡Vale! –Mouse gimió en medio de ataques de risa–. ¡No es justo! –aulló–. ¡Mis mejillas me están matando! –En un último y desesperado intento, Mouse se las arregló para liberarse del control de Rick. Se giró y agarró las muñecas de Rick, usando todo su peso para sujetarlas al asiento de la ducha. Cuando levantó la vista para mirar a Rick con toda la ira que pudo reunir, Rick sólo sonrió y lo picoteó en los labios. Mouse se encrespó de la sorpresa.

Aprovechando el estado comprometido de Mouse, Rick se acercó para darle otro beso. Luego otro, cada beso se hizo más lento y más suave. Disminuyeron la falsa ira de Mouse hasta que éste liberó su agarre de las manos de Rick para poner sus brazos alrededor de su cuello.

La forma en la que Rick siempre se las arreglaba para calmarlo así asombraba a Mouse. –No es justo, Rick.

–¿Qué no es justo? –Rick preguntó inocentemente.

–Que me hagas sentir así. –Los ojos de Mouse estaban llenos de deseo cuando puso sus rodillas a ambos lados de los muslos de Rick. Su erección se clavaba el estómago de Rick, y Mouse no estaba seguro de si era el vapor del agua caliente o la sangre que se acumulaba en su ingle lo que lo mareaba.

–Si eso es ser injusto, entonces ya somos dos –Rick prácticamente gruñó. Agarró a Mouse por la parte de atrás de la cabeza y lo sostuvo mientras besaba su camino hacia la acogedora boca de Mouse.

Había mucho más que Mouse habría dicho, si hubiera podido hablar. Le habría agradecido a Rick por abrirse a él, por estar con él así, aquí, amoroso y maravilloso. En cambio, dejó que su corriente de gemidos se perdiera en la boca de Rick.

Con sus muslos repentinamente débiles por el deseo, Mouse se sentó en el regazo de Rick. Cuando su polla chocó con el miembro rugiente de Rick, se lanzó impulsivamente hacia delante, deseando repentinamente mucho más.

–Rick –le habló a la comisura de los labios de Rick, su corazón a mil–. Rick.

–Estoy escuchando –dijo Rick. Deslizó sus manos sobre la espalda de Mouse y alrededor de su pecho, acariciando sus pezones bajo sus pulgares. Esto envió fuertes sacudidas de corriente eléctrica a la ingle de Mouse.

Mouse dio un lloriqueo frustrado, moviendo su culo. –P-pero ya sabes lo que quiero! No me hagas—

–Pero quiero oírlo.

Apretó los dientes, intimidando a su lengua para formar las palabras que lo frustraban. –Yo… –Se atragantó con otro grito de excitación–. –Yo quiero... –Sus manos se flexionaron mientras intentaba sacar las palabras–. Yo quiero tenerte d-dent—

Se oyó un fuerte golpeteo de nudillos en la puerta de la ducha.

Mouse chilló sorprendido y reflexivamente se alejó de Rick, sobresaltado.

–¿Señor Rick? –Una voz estridente se escuchó a través del sonido del agua–. Señor Rick, lamento informarle que su sesión ya ha terminado.

«¡Mamá Eun-Rick!» Mouse miró rápidamente a la puerta, un sudor frío de alivio recorrió su nuca cuando vio que estaba empañada por el vapor. La figura de Mamá Eun-Rick era una masa oscura detrás del cristal.

Cuando se giró hacia Rick, Rick tenía un dedo presionado en sus labios. Su mirada estaba enfocada en la puerta, y después de darle una reconfortante mirada a Mouse, aclaró su garganta y respondió, –S-sí. Salimos… –Se estremeció ante las palabras que había elegido–. Salgo ya.

La sombra se movió, y Mouse pudo ver que Mamá Eun-Rick estaba de perfil como si hubiera presionado una oreja contra la puerta. –Señor, por favor permítame sacar a El Elegido para que pueda arreglarse a su gusto. Me encargaré de que lo atiendan antes de su salida.

–Rick, por favor no... –le susurró Mouse a Rick–. ¡No me hagas ir!

–Todo irá bien, Mouse –le susurró. Apretó los brazos de Mouse de forma tranquilizadora–. No podemos permitir que nadie sepa lo que... lo que pasa cuando estamos juntos. Actúa como si todo fuera normal. ¿Puedes hacer eso por mí?

Sus cejas se arrugaron de preocupación, pero Mouse obedeció, asintiendo temblorosamente. Sólo cuando se bajó del banco recordó su estado de excitación.

–Lo estoy sacando ahora –dijo la voz de Rick. Mouse inclinó sus hombros y cubrió su erección con ambas manos, lanzando a Rick una mirada suplicante–. Pero, eh, dale una toalla primero, ¿quieres?

Mamá Eun-Rick chasqueó sus dedos, y una segunda figura apareció. La puerta abrió una grieta, y una toalla blanca fue empujada a través de ella. –Ven ya, querido. –Su voz era tan acogedora como una fosa de víboras y Mouse se acobardó mientras tomaba la toalla de sus nudosos y enjoyados dedos.

Envolviendo la toalla alrededor de su cintura, miró el diseño del cristal, observando hoscamente como la condensación se acumulaba en un punto y caía en una lágrima gorda por el elegante pico de la grulla. El repentino cambio de alegre y excitado a agobiado y aprensivo hizo que el estómago de Mouse diera vueltas, y respiró con dificultad antes de ponerse firme.

Apenas había salido de la caseta cuando Mamá Eun-Rick lo agarró bruscamente por el brazo y lo arrastró hasta el dormitorio. Sus uñas se clavaron en su piel rosada de la ducha, y se tropezó con sus propias piernas a su paso rápido.

Con la cara retorcida de desprecio, gritó: –Contigo sólo es una maldita cosa tras otra. Me estoy rompiendo la espalda intentando que este circo funcione bien, y aquí estás tú, ignorando el límite de tiempo como si no importara? ¡¿Cómo puedes ser tan irresponsable?!

«¿Límite de tiempo?» Mouse se había olvidado por completo de ello y de todas las reglas que normalmente seguía con un cliente. El límite de cuatro horas estaba tan profundamente arraigado en su psique que normalmente podía sentir que se acercaba como un reloj, iniciando el ritual de despedida mucho antes de la llegada de Mamá Eun-Rick.

Cuando llegaron a la cama, Mamá Eun-Rick agarró a Mouse para arrojarlo sobre ella. Él se esforzó por mantener la toalla en su sitio cuando casi se deslizó, y luego la miró rápidamente, listo para otra reprimenda. En cambio, Mamá Eun-Rick lo miraba expectante como si estuviera esperando que él hiciera—bueno, algo, pero por más que lo intentara, Mouse no podía adivinar qué era. Su mirada recorría su cara, su torso e incluso sus caderas como si esperara encontrar algún tipo de transformación física. Cuando su exploración resultó ser infructuosa, el desprecio se asentó una vez más en sus rasgos.

–¿Crees que toda la Ciudadela gira a tu alrededor? ¿Hm? –Se elevó sobre Mouse, mirándolo como si fuera una mancha de mierda en sus preciadas bragas. Dirigió su mirada hacia el otro Eun-Rick que estaba cerca–. Coge al otro y empieza a limpiar este lugar. Huele a... –Sus fosas nasales se abrieron cuando olfateó el aire e hizo una mueca–. Simplemente límpialo. Y llévale al Rick su ropa. –Chasqueó la lengua ante el mono arrugado en las sábanas.

–Mamá, p-por favor no te enfades. S-siento haberme olvidado. –Las disculpas salieron de Mouse en automático. Estaba acostumbrado a menospreciarse a sí mismo para calmar el mal genio de Mamá Eun-Rick, incluso cuando una pequeña voz susurraba dentro de él, «no lo siento».

Volviendo a Mouse, Mamá Eun-Rick siseó, –No eres más que un patético mocoso. No vales mi tiempo, ni el del Consejo, y mucho menos el de ese apestoso Rick. –Clavó un dedo en dirección al baño donde la ducha estaba escondida.

–Eso no es verdad. –La voz de Mouse salió como un susurro cubierto de hierro.

Mamá Eun-Rick retrocedió y entrecerró los ojos. –¿Qué acabas de decir?

Mouse tragó. –E-eso no es verdad. Sí que lo valgo. Y él no apesta. apestas. –Se levantó para sentarse más recto, con los brazos apoyados detrás de él.

–Pero, menudo desagradecido... –Mamá Eun-Rick se detuvo de repente, echando una mirada al baño antes de echar el brazo hacia atrás y darle una bofetada a Mouse en la cara con el dorso de la mano. La bofetada reverberó por la habitación, y el dolor explotó en la mejilla de Mouse, haciéndole retroceder.

Le quemaban los nervios donde Mamá Eun-Rick le había golpeado, el dolor se filtraba profundamente bajo su piel hasta que cubría su corazón.

«¿Cómo se atreve?»

Un destello de algo brillante y agudo comenzó a pulsar en su interior.

«No tiene derecho».

Como un fuego serpenteando por el lado de un edificio en llamas, el odio ardía y crepitaba dentro de Mouse.

«Pagará por esto».

Mouse se giró lentamente y dirigió su mirada a Mamá Eun-Rick para verla—verla de verdad por primera vez. Donde normalmente había visto una figura dominante e imponente, ahora veía una anciana desgraciada en su lugar. Las arrugas de la edad alrededor de sus ojos de repente se resaltaron bruscamente en la luz acentuada; sus labios rojos, dolorosamente agrietados y delgados. Como si leyera líneas de un guión, Mouse sintió que se sumergía en una piscina de las mayores inseguridades de Mamá Eun-Rick y las proyectaba inconscientemente de nuevo sobre ella.

«ERES SÓLO UNA VIEJA Y ARRUGADA SOMBRA DE LO QUE FUISTE».

Mamá Eun-Rick se congeló de repente, una línea de consternación recorriendo su frente. Abrió la boca sólo para cerrarla de nuevo sin decir nada.

«NINGUNA CANTIDAD DE MAQUILLAJE O JOYAS PUEDE OCULTARLO».

Incapaz de moverse, sus ojos se dirigieron a su mano que estaba en el aire. Tembló ligeramente. Una satisfacción cruda llenó a Mouse mientras la miraba con ojos insensibles. A la vuelta de la esquina, Rick salió repentinamente del baño, una nube de vapor le seguía. Su pelo estaba cubierto de agua y su mono todavía estaba mojado en algunos sitios. Se agarró al borde de la pared mientras contemplaba la escena.

–¿Qué coño está pasando aquí? –Rick gritó, su mirada saltando entre la mano levantada de Mamá Eun-Rick y la mancha de piel roja que florecía sobre la mejilla de Mouse.

«ESTÁS SOLA Y SIEMPRE LO ESTARÁS».

Retrocediendo como si la hubieran golpeado físicamente, Mamá Eun-Rick sacudió la cabeza, primero mirando brevemente a Mouse, luego al suelo, y luego a Rick. –Yo... –empezó, su voz temblorosa–. Yo tengo que—perdone, Señor. Ha surgido algo. Yo... –Se estaba alejando, con las manos agarradas a la cara, levantando desesperadamente la piel flácida de sus mejillas–. Haré que los otros Eun-Ricks se ocupen de... ¡Tengo que irme!

Tropezando con sus tacones altos, prácticamente se lanzó a la puerta, pasando por delante de un Eun-Rick alarmado en el proceso. Rick lanzó una última mirada en su dirección antes de arrodillarse frente a Mouse. Lo agarró de la mano, cubriendo su mejilla herida con la otra. Uno de los anillos de Mamá Eun-Rick había dejado un corte superficial y una salpicadura de moretones ya se estaban volviendo morados debajo de la marca roja.

Mouse podía oír a Rick hablándole, pero llegaba distorsionado como si lo escuchara bajo el agua. El latido de su corazón impulsado por la rabia aún llenaba sus oídos, pero cuando miró a los preocupados ojos de Rick, comenzó a desvanecerse como una marea menguante.

–¿Estás bien? –Rick estaba preguntando–. ¿Qué ha pasado? Sentí una Epifanía y luego...

A Mouse le llevó un momento conseguir que su boca se moviera correctamente. –No sé qué ha pasado –dijo con voz ronca. Era la verdad. –Simplemente... me enfadé con ella. –Lo que sea que hubiese transcurrido se evaporó como un sueño, escurriéndose entre sus dedos hasta que no pudo aferrarse a nada, y Mouse quedó sólo con un agotamiento abrumador. Se arrojó hacia adelante a los brazos de Rick, apoyando su cabeza en el hombro de Rick–. Me siento enfermo –susurró.

–Todo va a ir bien, Mouse. Te traeré... –Rick fue interrumpido de repente por una mano en su hombro. Giró su cabeza, en estado de alerta máxima. El Eun-Rick, sin embargo, sólo le sonrió suavemente, mirando consternadamente a Mouse antes de hablar.

–Señor Rick, El Elegido requiere atención médica. Por favor. Permítanos –dijo suavemente, sosteniendo un pequeño contenedor de vendas translúcidas a modo de explicación. Rick parecía estar listo para protestar, pero accedió cuando Mouse asintió con la cabeza. Mouse dejó que el Eun-Rick aplicara dos vendas cuidadosamente sobre la piel dañada, haciendo un pequeño gesto de dolor. Consiguió decir un pequeño "gracias" mientras el Eun-Rick trabajaba.

Cuando terminó, el Eun-Rick se despidió gentilmente, retirándose a la puerta sin decir una palabra más. Allí, otro Eun-Rick se encontró con él, y los dos tuvieron una breve pero acalorada discusión antes de que el primer Eun-Rick finalmente sacara al segundo con él al pasillo. Solos otra vez, Mouse y Rick dieron suspiros de alivio a la vez antes de mirarse a los ojos y sonreír.

–A-a veces pueden ser realmente agradables. Los otros Eun-Ricks, quiero decir –ofreció Mouse, disponiéndose a trenzar su pelo aún húmedo. La familiaridad del movimiento siempre calmaba sus nervios crispados.

–Comparado con esa perra, seguro. –Rick se puso de pie y se sentó al lado de Mouse. Se acarició la parte posterior de su cabeza y añadió: –Ella es sólo una razón de más para sacarte de aquí.

–Si alguna vez salgo de aquí, nunca miraré atrás. Nunca.

–Quieres decir cuando salgas de aquí.

–¿Pero cuándo es cuándo? –La voz de Mouse se quebró de cansancio, y aunque sabía que no era justo preguntarle esto a Rick, también pensó que quizás no sobreviviría a esto por mucho más tiempo. Estaban sucediendo tantas cosas nuevas que lo asustaban, y no sabía qué quedaría de él cuando todo terminara.

Rick se pasó la lengua por los dientes mientras pensaba. –Encontraré una manera, Mouse. Pronto.

Mouse había llegado al final de su trenza y miraba los pelos sueltos con desgana. Sin decir nada, Rick extendió su mano delante de él, un trozo de tela oscura andrajosa pellizcada en sus dedos. Combinaba con su mono.

–Para recordarme –dijo Rick con una sonrisa torcida. Cuando Mouse le ofreció su trenza, Rick enlazó el trozo alrededor del extremo y lo ató con un doble nudo. –Listo. –Era tosco comparado con la cinta que adornaba su pelo normalmente, pero para Mouse era tan bonito como seda hilada.

En ese momento, se oyó una tos amable desde la puerta. El Eun-Rick de antes entró rápidamente e inclinó la cabeza. –Señor Rick, es la hora –dijo desde su pose postrada.

Rick asintió con la cabeza antes de inclinarse para susurrar al oído de Mouse: –Vendré a buscarte en cuanto pueda. Pero hasta entonces, imagina que estoy contigo, y no tendrás motivos para tener miedo. –Comprobando que la mirada del Eun-Rick seguía fija en el suelo, Rick robó un beso rápido que hizo que el corazón de Mouse cantara una nota alta y temblorosa.

Mientras miraba a Rick salir de la habitación, con la cabeza en alto y caminando confiado, Mouse sintió algo de ese coraje fluir en él también, y agarró la tela alrededor de su trenza en un puño tembloroso.