Aunque los Ricks puedan tener el don del conocimiento para entender todos los misterios, y aunque puedan tener tal poder que sean capaces de mover las mismas estrellas, sin amor, no son nada.
- Mortilonicenses 2:23

Rick rebañó el fondo de la caja de papel con sus palillos, cogiendo los últimos granos de arroz glutinoso teñido de marrón con salsa de soja sintética. Se los metió en la boca, masticando pensativamente mientras miraba el repartidor que flotaba al pie de su cama. La parte delantera del recipiente de polímero blanco abollado proyectaba un pequeño holograma de un Morty vestido de camarero de autocine - con pantalones de cuadros cortos, un gorro de papel y una bandeja. En ese momento estaba patinando en una perezosa figura de ocho mientras el letrero de neón "¡Disfrute de su comida!" estaba iluminado en brillantes letras amarillas sobre él.

Piernas increíblemente largas se apoyaban en el escritorio de madera de cerezo, Rick inclinó su silla hacia atrás y dio un inquieto suspiro. Alejó su atención del Morty camarero, sacudió su pie con impaciencia y rebobinó el mensaje de su mentor por decimosexta vez esa noche.

–El ascensor de carga llega al subnivel 10 a las 2300, 0200 y 0500 horas –transmitió la voz grabada de Chi a través de la alimentación de audio interna de ORA.

–23, 2, 5 –repitió Rick, murmurando en torno a los granos de arroz.

–Allí, los ingenieros tardan aproximadamente de 9 a 12 minutos en descargar las carretillas de tefrag.

–¡9 a—¡urrp!—12 minutos.

Imágenes correspondientes aparecían sobre su retina, fotogramas capturados por un nano de reconocimiento. La imagen era de baja resolución y se distorsionaba a través de la lente de ojo de pez, pero mostraba una imagen aceptable de un set de puertas de ascensor de acero imponentes. Un par de ingenieros fueron captados mientras se movían, conduciendo múltiples carretillas con montones de esquirlas negras.

–Mi información dice que el turno de las 0500 es chapucero. Son los típicos yonquis de K-Lax. No acaban su ronda en por lo menos 15 minutos - tiempo más que suficiente para llegar y entrar sin ser visto. Esa será tu mejor opción.

«Quieres decir única opción», pensó Rick. Si se perdía ese turno por alguna razón, significaría otro día entero de espera hasta su próxima oportunidad. Un vistazo rápido al reloj de la habitación le dijo que aún le quedaban horas. Volvió a mover su pie.

–Desde allí, es un paseo rápido hasta Materiales y Distribución.

Una fotografía borrosa reveló un extenso almacén lleno de maquinaria industrial. Depósitos masivos vertían metal líquido a las líneas de trabajo mientras Ricks con máscaras de soldadura se agachaban detrás de duchas de chispas congeladas en el tiempo. Hileras de estantes imponentes se erguían como centinelas en el centro de la planta, desapareciendo en la distancia. Y en el extremo izquierdo de ellas—

–El muelle de carga –dijo Rick en un susurro silencioso, casi reverencial.

–Y entonces es un camino directo al muelle de carga –continuó la voz de Chi, esbozando el plan de escape con una precisión estoica–. Te harás pasar por un comprador de Cedrita, revisando el envío de la semana. En cuanto a la tapadera del Morty, te dejo eso a ti. Simplemente mantenlo sencillo. Tu disfraz te ayudará a integrarte, pero está lejos de ser perfecto. Si te piden una identificación, sólo muéstrales tu pase de seguridad. Para cuando sus sistemas noten que ha caducado, ya estarás muy lejos. Recuerda, el carguero que quieres se encuentra en el hangar número 5. El Carguero Estrella Fugaz.

–Hangar 5. Estrella Fugaz. –Rick estudió los esquemas de la nave mientras metía un triple en la basura con la caja vacía.

Morty Camarero inmediatamente cobró vida, abandonando la animación de patinaje para gritar: –¡Esperamos que haya disfrutado del Pollo del General Klak Bau, señor! –El Morty hizo un gesto tan alegre con su mano holográfica que Rick no pudo evitar devolverle el saludo.

–Y eso es todo, 280 –decía Chi–. Después de eso, eres libre. Solo espero... –Aquí es donde la grabación siempre se cortaba y Rick se preguntaba si era un error en el archivo de audio. Sin embargo, el tono sombrío de la voz de Chi cuando volvía a oírse, le daba motivos para pensar que podría ser algo más–. Buena suerte allá afuera –decía Chi simplemente antes de que la grabación se detuviera.

¿REPRODUCIR EL ARCHIVO DE NUEVO?

SÍ NO

Rick infló sus mejillas y exhaló lentamente mientras preparaba su selección. Ya tenía el plan memorizado, se recordó a sí mismo. Reproducirlo otra vez a estas alturas no serviría de nada, en realidad. Se detuvo, con los cheurones aún parpadeando ante las dos letras. Borrar el archivo era una necesidad si querían garantizar la seguridad de su mentor en caso de ser capturado. Pero aún así le dolía borrar la voz de Chi tan fácilmente.

Al fin y al cabo, podría ser la última vez que la escuchara.

Cualquier parte del plan podía salir mal - un cambio en el personal del turno, una avería en el equipamiento o incluso un simple malestar estomacal. Rick sacudió rápidamente el aluvión de "qué pasaría si" de su mente mientras se frotaba distraídamente la barriga.

–Si me da cagalera, te culparé a ti –le dijo al Morty Camarero. El holograma, al ser un holograma, siguió saludando en un bucle sin fin. Un segundo después, una pantalla que le pedía que evaluara su comida apareció sobre la pequeña figura. Rick suspiró.

«Por Dios, ¿cómo puedes sentirte tan solo? ¿Tanto echas de menos a tu mancebo?» Le regañó su lado auto-despectivo. Pero, joder, era verdad. Apenas dos días más tarde y Rick se estaba volviendo loco en su habitación, los recuerdos de esa noche en la suite del ganador eran un compañero casi constante que siempre lo dejaba acalorado y tenso en los pantalones.

Tampoco es que hubiese tenido tiempo de cascársela desde entonces. Él y Chi habían trabajado incansablemente para elaborar el plan de esta noche con la ayuda de las pistas que Rick había obtenido de la Resonancia. Chi había desplegado cada uno de sus nanos y sobornado a más que unas pocas personas para localizar la habitación de Mouse, hasta que finalmente la ubicación se reveló por sí misma.

Una portilla, un pesado engranaje de maquinaria, tres timbres de ascensor entre la habitación de Mouse y el Façade - la combinación de Resonancias finalmente los llevó a un pequeño almacén orientado hacia el exterior, escondido en una esquina del subnivel 10.

Las cosas avanzaron rápidamente después de eso. Se tenían que investigar las vías de salida, comparar los horarios de seguridad y mantenimiento y reunir los materiales. El plazo de tiempo fue corto, pero él y Chi revisaron la logística con lupa, sin dejar ningún escenario sin considerar y teniendo en cuenta todas las contingencias posibles. Si todo iba según lo planeado, para mañana por la mañana, tendría a Mouse en sus brazos de nuevo mientras huían de la Ciudadela. Dejarían atrás este manicomio dejado de la mano de Dios para empezar en un nuevo lugar.

Rick se permitió una sonrisa tierna, que ahora le venía fácilmente desde que Mouse había entrado en su vida. Se sentía ligero, fresco, joven. Rick se sorprendió por la transformación involuntaria que había experimentado en el lapso de poco más de una semana.

Cuando llegó a la Ciudadela, sólo tenía la venganza en mente, pero ahora su misión giraba en torno a la seguridad de Mouse. Mentiría si dijera que no le guardaría siempre rencor al Consejo. Si hubiera tenido tiempo, le hubiera encantado hacerles sufrir por el infierno que les hicieron pasar a ambos, pero tal y como estaban las cosas ahora, escapar era su máxima prioridad.

Con un silencioso "gracias", Rick borró los archivos del almacén de ORA. Se puso de pie y se limpió las manos en sus pantalones nuevos.

No eran del material sedoso de un traje de Élite ni tan mugrientos como su mono personal, pero aún así le resultaban familiares al tacto. En un espejo al otro lado de la habitación, se tomó un momento para admirar su disfraz. Los sencillos pantalones marrones y el suéter azul eran el estándar entre los Ricks, disponibles en innumerables armarios a lo largo del multiverso con toda seguridad. Para completar su apariencia, Rick cogió la bata blanca de la cama y se la puso sobre los hombros. Dándole unos tirones a las solapas, las costuras de los hombros cayeron limpiamente a lo largo de su marco.

Con el plan tan cerca de realizarse, Rick estuvo tentado de celebrar con un trago en el bar. ¿Pero a esta hora sería más apropiado prepararse una mimosa o una ginebra? Demonios, cualquiera de los dos serviría, considerando que la mañana y la noche eran conceptos poco definidos en la Ciudadela. Sus niveles funcionaban en zonas de tiempo escalonadas de manera que alguna parte de la estación espacial estaba despierta a cualquier hora.

El eslogan "¡Es happy hour en alguna parte!" adquiría un significado muy literal aquí.

Claro, hacía que viajar entre niveles fuera un poco desorientador, pero eso también era en parte lo que hacía que el sistema de seguridad fuera tan sofisticado y casi imposible de frustrar. Se podían enviar Guardas a todas horas, monitoreando las actividades de los clientes de la Ciudadela sin interrupción. Y la seguridad aumentaba cuanto más se acercaba uno al subnivel 10. Si Rick intentaba llegar a pie a la habitación de Mouse, lo pillarían antes de que pudiera decir "estado policial".

Por suerte para él, Chi era un cabrón muy ingenioso.

–¡Aún le queda una comida, señor! –Morty Camarero canturreó con una voz digital demasiado entusiasta. Luces LED atravesaban una línea cerca de la base del contenedor, indicando el último compartimento que Rick aún no había vaciado–. ¡Disfrute de su comida antes de que se enfríe! –El que había animado el holograma se había esforzado al máximo con Morty Camarero, porque terminó su frase dando una vuelta y soplando un beso.

–Sí, sí. Cierto. ¿Cómo iba a olvidarlo? –Rick preguntó retóricamente, ya deslizando sus manos por los lados del contenedor de entrega. Presionó un botón y el cajón inferior se abrió para revelar un pequeño paquete envuelto en un sucio paño blanco. Con la única excepción del Pollo del General Klak Bau - Chi siempre había hecho un adobo excelente - en su pedido de tamaño Rick Glotón, los compartimentos del repartidor habían sido llenados con piezas de contrabando para ayudar en la fuga de Rick.

Sólo con ver la forma familiar del paquete, el dedo del gatillo de Rick tembló con anticipación y sonrió.

Nadie iba a esperar que entrara por un portal.

El uso de pistolas de portales estaba estrictamente prohibido dentro de la Ciudadela. De hecho, cada arma personal de los Rick - incluida la suya - era confiscada al entrar como medida de seguridad. Los visitantes pasaban por un riguroso proceso para simplemente recuperar las suyas al salir, pero el personal de la Ciudadela estaba condenado a quedarse sin las suyas mientras durara su empleo. Y una vez que un Rick se instalaba en la Ciudadela, las posibilidades de recuperarla eran nulas.

Chi se había negado a decirle a Rick cómo había llegado a sus manos ésta. Todo lo que había compartido era que había una bóveda entera de pistolas de portales que estaban tabuladas y mantenidas bajo estricta seguridad. El acceso era casi imposible, con sólo Guardas de alto rango y otros oficiales de la Ciudadela en posesión de la llave.

Como si se tratara de una preciosa reliquia, Rick levantó suavemente el arma por el mango, con cuidado de mantener su revestimiento en su lugar.

–¡Gracias por pedir de Antro, le servimos con garbo! –Morty Camarero dijo antes de desaparecer. Una vez completada su misión, el repartidor vacío se dirigió a la puerta y esperó pacientemente hasta que Rick lo dejó salir.

Otra vez solo, se hundió de nuevo en su asiento y sacó una pequeña bandolera de debajo del escritorio. El material vulgar de arpillera no encajaba con el resto de la suntuosa decoración de la suite. Manteniendo la bandolera fuera de la vista de las cámaras, Rick deslizó la pistola de portales en su apertura para unirse al resto de sus suministros: Una muda de ropa para Mouse y para él, suficientes raciones concentradas altamente calóricas para un día, unos cuantos rollos de shmékels, y dos conmutadores PIC serían sus únicas posesiones de aquí en adelante.

Chi le había advertido que la pistola era una pieza reconstruida con sólo la suficiente potencia para dos saltos cortos, máximo. Ya había introducido las coordenadas de la habitación de Mouse para el primer salto y luego—

El timbre del teléfono repentinamente arrancó a Rick de sus pensamientos.

«¿Quién coño me llama?» Dirigió sus ojos a la mesita de noche donde un teléfono antiguo se posaba sobre unos delicados pies de garras.

Sinceramente, Rick ya tenía una buena idea de quién era - los auditores del Consejo, probablemente, llamando una vez más para ponerse al día. Desde que se enteraron de que había agotado sus fondos en la última subasta, habían sido especialmente bruscos con él, preguntándole constantemente cuándo usaría una Epifanía para desarrollar algo lucrativo.

Puso los ojos en blanco antes de coger el auricular. La retroalimentación chirrió sobre el auricular y Rick maldijo antes de gruñir: –Por última vez, no, no he hecho nada de jodiURGHdo dine—

–Ve a él. Ahora.

La voz del otro extremo estaba amortiguada por la estática, para nada como la calidad clara de la fibra óptica que normalmente oía en las llamadas entrantes.

–¿Qué coño? –Rick murmuró. Genial. Ahora estaba recibiendo llamadas de broma–. Mira, colega. Si esto es una especie de chiste, te has olvidado de la premisa –dijo Rick secamente.

–Rick de X-280, no hay tiempo. Tienes que irte. Están de camino.

–Sí. Muy original. Déjame adivinar. Ahora dirás que hay un asesino con un hacha justo detrás de mí. –Rick le hizo un corte de manga al interlocutor–. Para que lo sepas. He visto las mismas películas de terror de mierda que tú. Ahora, ¿por qué no te tomas un buen trago de "vete a la mierda"? se burló, ya moviendo el receptor para colgar.

–¡Mouse te necesita! –dijo la voz metálica.

La mano de Rick se detuvo en el aire. Lentamente, se puso el receptor de nuevo en su oreja. –¿Q-quién es?

–Debes irte ahora si ambos vais a vivir.

Cogiendo la base del teléfono con la otra mano, Rick se dirigió a la puerta y espió por la mirilla con cautela. El pasillo de fuera estaba vacío. –Te juro por Dios que si no me dices—

–No hay tiempo para explicar. Tienes dos minutos más antes de que el sistema de vigilancia vuelva a estar en línea. Sabemos que tienes la pistola de portales. Úsala.

–Vaaale. Digamos que te creo—

–Bien. Ahora vete de una vez. –Entonces la línea se cortó.

El corazón de Rick latía con fuerza mientras colgaba, su mente se tambaleaba ante el inesperado acontecimiento. ¿Era todo un timo muy elaborado... o una advertencia real? Quienquiera que fuese tenía una cantidad alarmante de información que hacía difícil que se considerase una llamada de broma normal.

El que llamó mencionó a Mouse por su nombre. Mouse dijo que sólo su madre lo había llamado así, a no ser que—una imagen de Mouse atado y torturado, su apodo secreto siendo cruelmente arrancado de él, llenó de repente la mente de Rick. Una nueva ola de sudor se desató sobre sus sienes.

«Debes irte ahora si ambos vais a vivir».

Vale, eso parecía extremo. Pero en una estación espacial llena de los mayores imbéciles del multiverso, tal vez no era demasiado exagerado. Demonios, su último encuentro con la seguridad de la Ciudadela le había dejado con una costilla rota y una amenaza a su vida.

Rick se giró obstinadamente a preparar sus suministros. No. Había pasado demasiado tiempo repasando el plan para tirarlo todo por la ventana sólo porque se había asustado. Pero sus manos temblaban y no estaban coordinadas mientras la advertencia de la persona que había llamado se repetía en su mente: «Ya vienen».

Un inexplicable picor comenzó a subir por la nuca de Rick y le echó un vistazo a la puerta, ya imaginando la atronadora marcha de las botas de los Guardas que se acercaban. Después de esperar un latido, se rió en voz alta. Estaba siendo ridículo. La sonrisa de Rick vaciló, sin embargo, mientras los golpes se hacían cada vez más fuertes. ¿O era sólo el golpeteo de la sangre en sus oídos? Por un minuto se quedó quieto, mirando a la puerta, desafiando a que pasara algo.

«Mouse te necesita».

–Oh, a la mierda –maldijo Rick, su resolución finalmente quebrándose. Lanzando toda la precaución al viento, Rick cogió la bandolera y la lanzó sobre su hombro. Se movió rápidamente para rescatar la pistola de portales oculta dentro. No tenía sentido intentar esconderla ahora.

Dando un último respiro y presionando sus labios, arrancó la tela.

El plástico blanco de la carcasa estaba raspado y manchado de gris por los años de uso; el cristal interdimensional, era de un verde musgoso donde normalmente resplandecía de esmeralda brillante. Rick sólo podía esperar que Chi tuviera razón en que tenía suficiente carga para el salto. Por su aspecto, se preguntaba si acabaría dispersando su composición atómica a los rincones más alejados del universo.

Guiándose por nada más que una llamada telefónica dudosa y una corazonada que no le abandonaba, Rick hizo un intento de santiguarse, niveló el arma contra la pared más cercana y apretó el gatillo.

...

«Un maldito segundo... dos malditos segundos... tres malditos segundos...»

Rick golpeaba su cabeza contra la pared mientras contaba, soltando una maldición. Desde la vuelta de la esquina, aún podía distinguir el chismorreo de los Ricks Guarda del final del pasillo. No podían estar a más de 20 pies de él. Dando un suspiro tembloroso, rezó para que su refugio temporal aguantara.

Se pasó una mano por la frente, limpiándose las gotas de sudor que amenazaban con llegar a sus ojos. Por Dios, qué calor hacía aquí abajo. Incluso sin su bata de laboratorio, que se había quitado inmediatamente y metido en su bandolera nada más llegar al subnivel 10, su camiseta se pegaba incómodamente a su piel, una capa de sudor atrapada entre ella y su pecho.

Albergando el extenso generador de la Ciudadela, las calderas del subnivel 10 hacían que todo el suelo ardiera como un árido desierto. La estación espacial funcionaba con tefrag, un poderoso pero inestable compuesto, y todo el nivel inferior estaba repleto de máquinas especialmente diseñadas para manipular el material adecuadamente. Los ingenieros las mantenían a toda hora para conservar el corazón metafórico de la Ciudadela latiendo.

Era extrañamente apropiado, en cierto modo, que Mouse estuviera alojado aquí también.

«Un bloqueador de portales. Un maldito bloqueador de portales». Habían hecho una lista de escenarios y, sin embargo, ¿por qué no había considerado un bloqueador? Se golpeó la cabeza de nuevo. «Porque eres un puto, maldito imbécil. Esa es la razón».

Quizás esta no era la conversación más productiva que Rick podía estar teniendo, pero estaba cabreado. Había introducido las coordenadas de la habitación correctamente, pero con el bloqueador en su sitio, había sido arrojado a un área completamente diferente del subnivel 10. Sólo la suerte y los cálculos de seguridad programados en la pistola de portales le impidieron salir al frío abrazo del espacio y, por ello, debía estar agradecido.

Sin embargo, Rick también acababa de pasar la última media hora esquivando cámaras de seguridad y el ocasional ingeniero. Ahora estaba cansado, agobiado y muy, muy irritado.

«Cuatro malditos segundos... cinco malditos segundos...»

El zumbido de la maquinaria atravesaba las paredes de metal y llegaba a la parte posterior del cráneo de Rick mientras contaba.

«Seis malditos segundos... siete malditos segundos...»

¿ACEPTAR NUEVOS DATOS?

–Justo a tiempo –murmuró Rick–. Muy bien, pequeño. ¿Qué tienes para mí? –Rick parpadeó, ejecutando el programa para traducir la última información de los nanos de reconocimiento. Una pantalla llena de información cubrió su visión.

HOSTILES INMEDIATOS ENCONTRADOS: 2

COORDENADAS: 10TDQ78903564, 10TDQ82343832

COMPUESTOS VOLÁTILES: PLASMA KOLD, TETRON, GAMMA TIPO-II

HOSTILES ENCONTRADOS FUERA: 1

COORDENADAS: 18STG83025586

COMPUESTOS VOLÁTILES: NINGUNO

–Sólo dos. Con eso puedo arreglármelas –se aseguró Rick. Al tercer Rick - probablemente un ingeniero desarmado en servicio - ni siquiera lo tuvo en cuenta en el ensayo mental de la inminente pelea. Si eliminaba a los Guardas lo suficientemente rápido, podría entrar y salir antes de tener que lidiar con él.

Un vistazo rápido a la vuelta de la esquina confirmó las posiciones de los dos Guardas. «Cinco... diez...» Probablemente podría cruzar la distancia en poco menos de una docena de zancadas. Suponiendo que los alcanzara antes de que reaccionaran. Rick cerró los ojos y reconsideró sus opciones. Atacar de cara a dos guardias armados sería un suicidio. Necesitaba algo más sutil. ¿Una distracción? Tal vez un nano de demolición. Pero tan cerca del casco—

Rick se detuvo a medio pensamiento, de repente dándose cuenta de que los Guardas se habían callado. No, espera. Alguien estaba hablando, pero la voz sonaba más refinada que la de los Guardas, casi deferente.

«¡Mierda! ¡El ingeniero!» Rick quería matarse por no haberse movido antes. Arrodillado para no ser visto, Rick espió por el pasillo.

–Buenas noches, Señores Guardas. El Morty Elegido les ofrece buenas noticias.

Los Guardas le daban la espalda mientras hablaban con—un Eun-Rick? Claro, Rick pensó. En lo que a Mouse se refiere, los Eun-Ricks nunca estaban demasiado lejos. El Eun-Rick estaba parcialmente oculto por los Guardas desde su punto de vista, pero Rick lo midió rápidamente. Físicamente, no representaba una amenaza, pero ahora tenía un cuerpo más con el que lidiar.

–Venimos con una actualización sobre el X-Rick.

«¿X-Rick?» Rick se estremeció. «¿Por qué estarían informando sobre mí?» Al fin y al cabo, había mantenido un perfil bajo después de la segunda subasta. Pero a juzgar por la reacción de los Guardas, parecían estar anticipando la noticia.

–Suéltalo, Eun-Rick. ¿Qué pasa? –preguntaron malhumoradamente.

–Hemos recibido información de que el X-Rick ha sido rastreado hasta el nivel 4, cuadrante 6. El Capitán de la Guarda pide a todas las unidades que se presenten allí inmediatamente para ayudar. Quedan relevados de su puesto, Señores Guardas.

Los Guardas se miraron con sorpresa. –¿Cómo es que no hemos oído nada de esto? –Uno de ellos ya estaba cogiendo el comunicador de su cinturón.

El Eun-Rick respondió de inmediato. –El Capitán insiste en que mantengamos silencio de radio al respecto. Encontrar al X-Rick es ahora la prioridad número uno y todas las órdenes deben ser transmitidas en persona, para evitar que las transmisiones sean interceptadas por partes desfavorables. Después de todo, no queremos molestar al público con un pánico innecesario, ¿verdad? –Hizo una pausa para dejar que los Guardas emitieran gruñidos de aceptación antes de continuar–. Ya hemos organizado un reemplazo para cubrir el resto de su turno. –El Eun-Rick se inclinó y añadió–: Nos quedaremos en el puesto hasta que lleguen.

Cuando el Eun-Rick levantó la cabeza de nuevo, miró más allá de los hombros de los Guardas—y directamente a Rick.

«¡Oh, mierda!» Rick escondió la cabeza rápidamente detrás de la esquina otra vez. ¡Le había mirado directamente a él! Rick se apoyó contra la pared, listo para huir en el momento en que el Eun-Rick diera la alarma.

–Quedáis ahora relevados de vuestros puestos, Señores Guardas. Le agradecemos amablemente su servicio. –Hubo una pausa. Luego–, Que Morty esté vosotros.

–Que M-Morty esté contigo también –refunfuñaron incómodamente en respuesta.

El sonido de los Guardas alejándose llegó a los oídos agudos de Rick, incluso por encima de los latidos de su corazón. El pasillo se quedó en silencio, pero esperó un minuto completo antes de atreverse a moverse. Agarrando la pistola de portales con una mano - un arma dudosa en el mejor de los casos - tomó un respiro y saltó a la vuelta de la esquina.

El Eun-Rick estaba de cara a la puerta del almacén, pero luego ladeó la cabeza y miró por encima del hombro a Rick.

–Ah –dijo el Eun-Rick. No fue un grito de alarma, sino simplemente el reconocimiento de una expectativa cumplida. Cuando se giró para mirar a Rick de frente, Rick vio que tenía una gasa gruesa cubriendo su mejilla derecha. Durante un largo e interminable segundo, ninguno de los dos se movió.

Rick se balanceó sobre sus pies una fracción de un grado, indeciso entre lanzarse sobre el Eun-Rick para aporrear su cabeza con la pistola de portales o huir en la dirección opuesta. El Eun-Rick tenía que saber que no debería estar allí y con la habitación de Mouse desprotegida, sin duda pediría el regreso de los Guardas.

Pero el Eun-Rick sólo lo miró tranquilamente un momento más antes de asentir con la cabeza, con sus ojos sumergidos en una calma inquebrantable que paralizaba a Rick. Sin decir una palabra más, el Eun-Rick se dio la vuelta y se fue por el pasillo, con sus pies descalzos llevándolo, silencioso como una aparición.

Rick apoyó una mano contra la pared, repentinamente jadeando. No se había dado cuenta de que había estado conteniendo la respiración. ¿Por qué lo había dejado ir el Eun-Rick? Con un grito podría haber tenido a los Guardas sobre él en un instante.

Pero por muy descabellado que pareciera, Rick tuvo la sensación de que el Eun-Rick se había sentido—realmente se había sentido aliviado al verle.

Primero la llamada anónima a su suite y ahora un aliado inesperado. Las cosas se salían peligrosamente del control de Rick y, con el plan casi arruinado, cada paso sólo lo llevaba más hacia territorio desconocido. La suerte parecía haber estado de su lado hasta ahora, pero Rick se preguntaba cuánto tiempo duraría.

«De puta madre. A caballo regalado no le mires los dientes. Al menos sigues aquí, ¿no?» Rick se recordaba a sí mismo mientras corría rápidamente hacia la puerta sin vigilancia, con la mirada pendiente de más visitantes sorpresa. Casi esperaba ver a Guardas salir de cada esquina, pero el pasillo permanecía quieto y vacío.

Rick presionó una mano temblorosa contra la puerta, emoción zumbando en sus venas. Sólo unos pocos centímetros de acero se interponían entre él y su objetivo. Estaba tan cerca, que ya podía imaginar la sensación de Mouse, prácticamente podía olerlo. Apoyó su frente contra la superficie sorprendentemente fría, agradeciendo a todas las fuerzas que lo hubieran llevado tan lejos.

Retrocediendo, miró la anodina puerta. No había nada que la distinguiera de las muchas otras que estaban en el subnivel 10, excepto el lector de tarjetas de seguridad situado encima del picaporte. Otro obstáculo que no había tenido en cuenta. Pasó una mano por la superficie del dispositivo, preguntándose cuánto tiempo le llevaría reconfigurar los conmutadores para interactuar con él.

Estaba a punto de sacar las herramientas de su bandolera cuando se percató de que había algo reflectante encima del lector negro mate. Rick lo recogió y miró atónito a la tarjeta llave translúcida. Las palabras SEGURIRED CIUDADELA estaban escritas en letras rojas encima de una Dimensión α-001 impresa con relieve.

La dimensión α-001 era la dimensión oficial de la Ciudadela, asignada a ella en su constitución. Como miembros de una familia real asumiendo el título de antepasados o la transmisión de un escudo de armas, la tradición dictaba que los miembros del consejo y los oficiales de alto rango renunciaran a su designación dimensional original en favor de la Ciudadela. Llevar la marca de la Dimensión α-001 llevaba consigo un nivel de privilegio y, sobre todo, de acceso sin igual.

Lo que Rick tenía ahora en su mano era la llave proverbial de la ciudad - o, en este caso, de la Ciudadela.

Recordó que el Eun-Rick había estado de cara a la puerta unos minutos antes. ¿Era este otro regalo de él? Demasiado extenuado por todo lo que ya había soportado y demasiado cansado para preocuparse por los cómos y porqués, Rick deslizó la tarjeta a través del lector sin pensarlo dos veces.

La gruesa cerradura se abrió de inmediato y la puerta se deslizó una pulgada hacia adentro. Desde el pequeño hueco, una ráfaga de aire fresco salió disparada, besando la piel sobrecalentada de Rick como un tierno amante. Metió la tarjeta en el bolsillo y empujó la pesada puerta hacia la habitación sin luz, sorprendido cuando no hizo ni un chirrido.

–Estrellita, ¿dónde estás...? –El corazón de Rick se estremeció con el sonido melancólico de la voz tranquila de Mouse que salía de la oscuridad–. Quiero verte titilar... –Se deslizó dentro, toda la tensión fluyendo de él como agua por un río– En el cielo, sobre el mar... –Como en un trance, Rick cerró la puerta tras él tranquilamente, sin querer asustar a Mouse e interrumpir su nana.

Mouse miraba por una pequeña portilla contra la pared lejana, su figura resaltada por su público de estrellas afuera y su túnica blanca envuelta—espera, no. No era su túnica sino una sábana, la larga y pálida tela cubriendo su cabeza y colgando por detrás de Mouse como si fueran alas rotas.

Rick se contuvo de correr por la habitación y agarrar a Mouse en ese mismo momento. Presenciar a Mouse en un estado tan inocente hizo que Rick quisiera apreciar este momento. Nunca antes había oído cantar a Mouse y se alegró al ver que su voz tartamuda formaba un suave tenor cantando.

–Un diamante de verdad...

Los dedos de Rick se movieron hacia la pared de su lado, buscando un interruptor de luz sin encontrarlo. Sonrió cuando se le ocurrió una idea. Tal vez podría proporcionar su propio espectáculo de luces para acompañar la nana de Mouse a las estrellas.

Levantó su mano derecha frente a él. A sus órdenes, el anillo de nanos dormidos alrededor de su brazo se agitó y salió lentamente de debajo de su manga hasta que se detuvieron en el centro de la palma de su mano. A continuación, parpadearon al unísono antes de levantarse con sus diminutas y metálicas alas, como un enjambre de luciérnagas en la noche. Los brillantes puntos de luz bañaban la habitación en un resplandor dorado, evocando los propios ojos luminiscentes de Mouse.

–Estrellita, ¿dónde… –Mouse se detuvo en medio del verso cuando uno de los nanos se acercó y aterrizó en su hombro. Lo miró a través del reflejo de la portilla, cautivado, y dio un silencioso sonido de asombro. Cuando intentó alcanzar la pequeña luciérnaga, ésta se alejó revoloteando. Se puso de pie para seguirla y se congeló al ver a Rick en la puerta.

Rick miró a Mouse a través de la red de luces de estrellas amarillas que rondaba por la habitación mientras dejaba caer la bandolera de su hombro al suelo. –Ya... –Su voz se tensó contra un nudo en su garganta, y tragó–. Ya estoy aquí, Mouse.

–¿Rick? –graznó Mouse, dando un paso en falso hacia él, y luego otro–. ¡Rick! –En cuatro cortos pasos, cruzó la habitación y se arrojó a los brazos de Rick–. ¡Lo has conseguido! ¡Realmente has venido por mí! –exclamó emocionado y aliviado mientras se hundía en el pecho de Rick, incapaz de acercarse lo suficiente.

–Claro que he venido por ti. Es todo lo que he... –Las palabras de Rick estaban llenas de emoción–. Mouse, siento haber tardado tanto. –Se desplomó al suelo, sujetando fuertemente a Mouse mientras frotaba su mejilla contra la parte superior de su cabeza.

La sensación de invencibilidad que Rick siempre sentía cuando estaba con Mouse le atravesaba, haciendo que sus nervios cantaran con fervor. El universo podría implosionar sobre sí mismo en este momento, y a Rick ni siquiera le importaría.

Pero Mouse estaba más impaciente que Rick, ya trepando por su pecho y aplastando sus labios contra los de Rick. Sus intenciones eran nobles pero descuidadas, impulsado por un anhelo inquieto que hacía que metiese su lengua en la boca de Rick torpemente. La ceja de Rick se levantó ante la repentina e inusual muestra de afecto. Aún así, no podía negar la excitación que rápidamente fue despertada por la sensación de los labios suaves de Mouse y su tímida lengua enredada con la suya.

Las manos de Rick estaban inquietas mientras recorrían el pequeño cuerpo de Mouse a través de la sábana, queriendo trazar y memorizar cada contorno, cada cima y valle. Apretó con una mano firme la cresta de su cadera con aprecio mientras Mouse se ponía a horcajadas sobre sus rodillas tambaleantes. Una parte distante de Rick pensó que era extraño que no hubiera sentido el susurro de una Resonancia, incluso con Mouse agarrándolo para conseguir más. Su otra mano se deslizó bajo la tela para acunar la parte posterior de la cabeza de Mouse.

Entonces frunció el ceño por la confusión. Algo faltaba cuando rozaba con sus dedos la desnuda nuca de Mouse. Donde normalmente sentía el peso de su gruesa trenza, sólo encontró aire fresco. Se apartó.

–Mouse, ¿q-qué le ha pasado a tu p… –fue todo lo que pudo soltar antes de ser asfixiado por otro apasionado ataque a sus labios. En vez de incitar los intereses carnales de Rick, lo inundó de preocupación. Agarró a Mouse firmemente por los hombros y lo retuvo a un brazo de distancia–. Mouse. ¿Qué pasa?

En lugar de responderle, Mouse sólo duplicó sus esfuerzos, gimoteando incoherentemente mientras empezaba a arrancar la camisa de Rick para tirar de su cinturón.

–¡Mouse, estoy hablando en serio! –Agarró las muñecas de Mouse–. ¡Déjame verte! –La orden concisa hizo que Mouse se quedara inerte al instante, con la cabeza inclinada y los ojos brillando débilmente. Rick levantó lentamente sus manos a la cabeza de Mouse, haciendo una breve pausa cuando Mouse se estremeció al tacto.

La larga melena de Mouse había desaparecido, reducida a un montón de trozos desparejos que caían sobre sus orejas. Rick pasó sus dedos por los cortos rizos, palpando el cuero cabelludo de Mouse por si hubiera algún indicio de lesión, pero afortunadamente el daño era sólo cosmético.

Rick juntó sus frentes, dejando que su conciencia se desplegara en busca de una Resonancia que le dijera más. «Vamos... Enséñame lo que pasó...» Pero Mouse se quedó en silencio, demasiado traumatizado para darle cualquier pista.

Rick sostuvo la cara de Mouse en las palmas de sus manos, negándose a dejar que se escondiera más tiempo. –Oh, Mouse –dijo en voz baja, dándole un beso casto en la frente. El gesto de amor destrozó la compostura de Mouse y rompió en sollozos. Sus chillidos agrietados destrozaron el corazón de Rick.

–P-pensé en ti –comenzó débilmente–, como me d-dijiste que hiciera. Me imaginé que e-estabas ahí conmigo, pero—pero no—a-aún estaba tan… –Su pequeña figura cedió bajo la fuerza de sus sollozos–. P-por favor, Rick. Sólo... haz que todo esté mejor. –Antes de que Rick pudiera responder, Mouse le agarró las manos y se las llevó a las caderas–. Por favor –suplicó de nuevo, retorciéndose en la falda de Rick hasta que se rozó con su erección.

–Mouse, no. –Rick miró hacia otro lado, confundido y aún así dolorosamente excitado. Se sentía tan sucio–. Escucha, sólo necesito que me digas—

–¡No! ¡Escucha tú! –El arrebato de Mouse dejó a Rick atónito. Sus siguientes palabras parecieron requerir toda su fuerza de voluntad para salir y lo intentó varias veces antes de decir finalmente–, Ha-hazme sentir bien y e-entonces—entonces sabrás la verdad.

Rick no podía creer lo que Mouse estaba pidiendo.

Su corazón se estremeció ante la perspectiva de aprovecharse de Mouse sólo para obtener información de él. Quería que sus caricias compartidas fueran especiales, sagradas, algo que naciera del afecto y no de la necesidad. Le dolía pensar que sus sentimientos por el otro podían reducirse a una simple ecuación de causa y efecto; su tiempo juntos, sólo un medio para un fin.

–¿Es así como—es así como crees que funciona?

Mouse se debilitó al escuchar la decepción en la voz de Rick. –Lo-lo siento. Es s-solo que no s-sé qué hacer.

–No pasa nada, Mouse. Quiero estar contigo. Pero... –Le dio un beso en la sien– ...no así.

Con algo de esfuerzo y más de unas pocas protestas de sus viejas articulaciones, Rick cogió a Mouse en sus brazos y se puso de pie. Se dirigió al colchón de la esquina.

La habitación realmente no era más grande que un cuarto de mantenimiento. Las paredes y el suelo, hechos del mismo cemento cepillado, lo mantenían antinaturalmente frío a pesar de las enormes calderas que ardían justo al lado. Un baño simple, del tipo que se encuentra en las prisiones interestelares, ocupaba una esquina. Hojas de papel y lo que parecían ser fragmentos de carbón cubrían el suelo bajo la portilla.

La ropa blanca de la cama brillaba como un faro en la oscuridad. Las sábanas estaban andrajosas y olían punzantemente a Mouse, probablemente por no haber sido lavadas en meses, y una esquina del colchón estaba muy deteriorada, con el relleno saliendo por un agujero.

Rick se arrodilló en el colchón hundido, sus resortes bostezando bajo su peso. Mouse se negó a renunciar al tenaz agarre de su camisa, aferrándose tercamente a él como una lapa, a pesar de la persuasión delicada de Rick.

–No te preocupes, Mouse. No me voy a ir a ninguna parte. –Una rápida comprobación del reloj interno de ORA confirmó que todavía estaba a horas del horario de entrega programado. Iniciar el plan pronto había demostrado ser una suerte en el fondo. Mouse estaba claramente demasiado perturbado emocionalmente para cumplir con las exigencias de una huida angustiante. No se iban a ir a ninguna parte por el momento. Rick tendría que encontrar una manera de llegar al ascensor, por supuesto, pero ahora mismo la idea de dejar la relativa seguridad de la habitación de Mouse era lo más lejano de su mente.

–¿L-lo harás—lo harás a-ahora? –Mouse preguntó tímidamente, con ojos de recelo. Una Resonancia fragmentada - todavía demasiado llena de trepidación para ser de utilidad real - pasó por el cerebro de Rick para llenar el resto de la confusa petición de Mouse.

Rick sacudió la cabeza mientras hablaba. –Sé qué crees que eso es lo que necesitas, Mouse. Pero esto... –Se detuvo para rozar la polla flácida de Mouse a través de la sábana como un comprador que inspecciona la mercancía de un vendedor ambulante, indiferente y metódico–. Tocarte no es todo lo que se necesita. Demonios, cualquiera puede hacer eso. –Había un toque de frustración en su voz cuando imaginó a todos los otros innumerables Ricks que habían tocado a Mouse tan insensiblemente. Odiaba pensar que se podía suponer que él era como ellos.

Mouse bajó la cabeza, vergüenza irradiando de él tan ferozmente que Rick no necesitó ninguna ayuda para descifrarlo.

–Lo que intento decir es que lo que tenemos tú y yo es diferente a los demás. –Se arrodilló y se sentó con las piernas cruzadas. Sentando a Mouse más cómodamente en su regazo de modo que estaba acurrucado en el codo de su brazo, continuó–. Y eso es lo que hace que las Resonancias funcionen. Nunca has podido dárselas a nadie más porque, bueno... –Rick vaciló, de repente no estaba seguro de cómo continuar.

–¿Por qué? –Mouse lo instó.

–Porque... me importas –balbuceó Rick, avergonzado por su endeble encubrimiento. «Vaya. Un hombre hecho y derecho con miedo a decir lo que siente». –Y cuando estás con alguien a quien le importas—

–¡A mí me importas! –Mouse saltó–. ¡A mí también me importas tú! –Por primera vez esa noche, su cara se iluminó con una sonrisa–. ¡Me importas más que nadie!

–Va-vale, Mouse. Lo entiendo. No hace falta que sigas... –Rick se pasó una mano por la cara, ocultando su rubor–. No lo desgastes, ¿vale? –A pesar de que sus verdaderos sentimientos por Mouse resonaban en él tan claros como una campana, todavía se negaba a darles nombre. Envidiaba a Mouse por su Resonancia en ese momento - por ser capaz de decir todo lo que quería sin abrir la boca.

–Pero lo d-digo en serio –insistió Mouse–. ¡Me importas más que… más que el helado napolitano! –Estaba plantando besos en el cuello y las mejillas de Rick, impulsado por una energía reavivada que salía de la confianza y no de una desesperación temblorosa como antes.

Rick se rió, intentando atrapar los labios de Mouse antes de que pudieran revolotear lejos. «Maldita sea, es tan mono». Su sonrisa hacía que fuera imposible besar correctamente, así que en vez de eso empujó a Mouse hacia atrás con un persistente roce de sus labios hasta que lo dejó caer sobre la almohada sobada de la cabecera del colchón.

El sutil cambio de posición despertó un instinto más básico en Rick, y sintió un deseo embriagador que le invadió mientras absorbía la pequeña figura de Mouse: Huesudo y delgado como un palo, cubierto sólo por una sábana desgastada y con la piel de gallina, su pelo hecho pedazos, parecía un niño de la calle abandonado, a mundos de distancia de la opulencia en la que Rick lo había encontrado por primera vez.

Sin embargo, libre de los adornos de su jaula dorada, era la cosa más hermosa que Rick había visto.

Rick se inclinó y presionó sus labios contra las suyos. Esta vez, compartieron un tierno beso, marcado por suaves caricias y suspiros. Con él llegó un toque de Resonancia, ese sentimiento familiar de la mente de Rick haciendo espacio para acomodar los pensamientos de los demás.

–¿Eres feliz, Mouse?

–C-contigo, siempre. –Mouse se aferró a los brazos de Rick, mirándolo con anhelo.

–Entonces seamos felices los dos –dijo Rick, reclamando los labios del Mouse en un beso ardiente.

Metió su lengua en la boca de Mouse, apagando cualquier rastro de su anterior vacilación y haciendo que una Resonancia floreciera en su lugar. Le decía en términos inequívocos que Mouse quería esto y Rick lo complació generosamente. En cuestión de segundos, Mouse estaba devolviendo el beso ardientemente, con los dedos enredándose en el pelo de Rick, cada gemido enviando rayos de electricidad directamente a su ingle.

Cansado de sus encuentros previos apresurados y de oportunidades perdidas, Rick quería completar algo entre ellos esta noche. Por primera vez desde que se encontraron, estaban en un espacio seguro, sin restricciones de tiempo y libres de intrusiones. Aquí, en el refugio de la cama de Mouse, lejos de cualquiera que amenazara con interponerse entre ellos, el cuerpo de Rick latía con la innegable verdad: finalmente tendría a Mouse, en todos los sentidos de la palabra.

Si lo que escuchaba de las Resonancias era un indicio, entonces Mouse compartía su anhelo de todo corazón. Con su habitual docilidad reemplazada por una necesidad ferviente, respondió con entusiasmo al toque de Rick.

«Hazme sentir bien. Hazme sentir bien. Haz que todo mejore».

–No te preocupes, nene. Lo haré.

Rick volvió a ponerse de rodillas el tiempo suficiente para quitarse la camisa por encima de la cabeza y liberarse de sus pantalones y calzoncillos. Luego se arrojó de nuevo a los brazos de Mouse, arrancando la endeble sábana a un lado para desnudar a Mouse y unir sus cuerpos desnudos. Las caderas delgadas de Mouse encajaban perfectamente entre las de Rick, sus pollas rígidas como astas calientes contra el estómago de cada uno.

Los nanos se habían acercado más a la cama, arrojando su suave luz sobre sus habitantes. Habían sentido la repentina elevación en las lecturas biométricas de su amo y habían venido a investigar. Flotando silenciosamente sobre la cabeza, formaron un anillo sobre los dos amantes.

–¿Es así como te imaginabas que sería, Mouse?

Mouse asintió temblorosamente, con los ojos cerrados.

–¿En tu cama, así?

Mouse sólo gimió en respuesta, pero un rotundo «sí» resonó en la cabeza de Rick.

Indagó más a fondo. –¿Me imaginabas besándote? –«Sí»–. ¿Tocándote? –«¡Sí!»

Cada afirmación hacía más fuerte la Resonancia y Rick pudo ver claramente lo que Mouse había previsto para este momento: Los vio envueltos en los brazos del otro tan fuertemente, que sus límites se desdibujaron. Se vio a sí mismo separando los muslos de Mouse mientras bajaba la cabeza para—

«Ahá».

Rick sonrió y dio un último beso a la frente de Mouse antes de escabullirse por su torso, pasando por su vientre. Deslizó sus manos detrás de la espalda de Mouse, arrastrando sus dedos por las columnas gemelas de músculos que enmarcaban su columna vertebral. Mouse no pudo evitar arquearse, dando un suspiro complaciente y convirtiéndose en una masa bajo el contacto sensual. Una vez que Rick llegó a la base de su columna vertebral, levantó el culo de Mouse en alto, viendo su pene saltar delante de él.

Besó la punta del mismo antes de apoyarla en su lengua y deslizarla en toda su longitud dentro de su boca.

–¡Rick! –Mouse dio un grito entrecortado mientras empujaba hacia arriba, buscando más de la cálida y dotada boca de Rick. Rick no tuvo problemas en meterse a Mouse hasta el final, dejando que su barbilla chocara con las pelotas de Mouse mientras agitaba su lengua en la parte inferior del eje. Pero a instancias de la Resonancia, Rick cambió de táctica con fluidez. Se echó hacia atrás para girar su lengua suntuosamente alrededor del glande enfundado, haciendo retroceder el prepucio lo suficiente como para menear la punta de su lengua contra la ranura. Rick dio un gemido gutural de aprobación mientras disfrutaba del sabor de Mouse, ácido y contundente en sus papilas gustativas.

Mouse estiró sus brazos hacia arriba, arañando el borde del colchón mientras gemía "ah, ah, ah" en un canto rítmico. Apoyó un pie en el hombro de Rick y abrió aún más sus muslos, dándole a Rick un acceso más fácil. Rick captó la indirecta y presionó un dedo en el culo resbaladizo de Mouse, provocando otro jadeo tembloroso en él.

Mientras lo trabajaba con su lengua y dedo, Rick se dejó llevar por la mente de Mouse, siguiendo la oleada de Resonancia que había en su interior. Pelando las capas de sus pensamientos más inmediatos, Rick hurgó más profundamente en busca de alguna explicación de lo que le había sucedido a Mouse en el tiempo que habían estado separados.

La conciencia dio paso a la inconsciencia, tiras de imágenes y sentimientos que se deslizaban entre sí como anguilas. Cuando Rick tocó la primera de ellas, quedó inmediatamente inundado en la memoria reciente. La escena se materializó a su alrededor, las formas y colores sugerían—¿un dormitorio?

La imagen se negó a revelarle nada más, así que Rick aceleró su paso a lo largo de la polla de Mouse mientras su dedo se metía y salía. Mouse chilló, usando su pie en el hombro de Rick como palanca para aplastar su entrepierna contra su cara. Sus piernas comenzaron a temblar mientras se precipitaba hacia el borde, con los músculos tensándose como una cuerda de guitarra.

Cuanto más fuerte era el placer de Mouse, más aguda era la imagen que se formaba en la mente de Rick. La Resonancia dio vida a los pedazos de imágenes hasta que formaron una réplica cristalina de la memoria de Mouse. Vio la escena a través de su visión, primero dirigida a la alfombra oscura antes de levantarse para mirar la cara de Riq.

Riq miraba a Mouse con una extraña mezcla de afecto y locura, su mano descansaba pesadamente en el hombro de Mouse. «Ahora creo que tienes algo para mí». El eco de las palabras de Riq surgió del olvido, ahogado y duro.

La escena se desarrolló como un disco rayado, saltando hacia adelante y parpadeando a intervalos extraños, ya que la mente de Mouse se negaba a recordar los detalles de la escena por completo. El estómago de Rick ardía al ver a Mouse siendo arrastrado a la cama, a Riq acechándolo con la clara intención de violarlo. Pero entonces Mouse estaba repentinamente peleando con él, un intento valiente, si no inútil, antes de lanzarse a por el cuchillo.

«Por favor, Rick. No dejes que me atrape. Mantenme a salvo del Cuarto Oscuro. Ojalá estuvieras aquí conmigo. Ojalá estuvieras aquí» - La súplica interna de Mouse fue abruptamente silenciada por un grito horroroso mientras Riq le cortaba el pelo. Rick sintió la rebanada del cuchillo como si estuviera contra su propio cuero cabelludo y se desprendió de la polla de Mouse para jadear ante el impactante estallido de dolor.

Mouse protestó por la repentina interrupción, un frío inoportuno asentándose en su piel expuesta donde la lengua de Rick había estado hace un segundo. –¡Por favor! –suplicó, con los brazos buscando a Rick.

Rick se levantó de entre los muslos de Mouse y lo llevó a su regazo. Acarició con la nariz la sien de Mouse, salada con sudor mientras jadeaba: –Estoy aquí. Estoy aquí, Mouse. Ya no te puede hacer daño. No se lo permitiré a él. No se lo permitiré a ellos.

Una llama de posesividad y furia se apoderó de Rick. Sabía lo que tenía que hacer ahora. Abandonar la Ciudadela ya no era una opción mientras el Consejo siguiera vivo. No descansaría hasta que esos monstruos pagaran por sus crímenes contra Mouse, hasta que fueran llevados a la justicia, con sus cabezas en jodidas picas. La rabia de Rick sería el fuego para eliminar cada ápice de ellos del multiverso.

Sus pechos estaban imposiblemente apretados mientras Rick lo sostenía, los corazones latían como tambores tribales unos contra otros. Se balanceaba sobre el colchón con las piernas cruzadas, las piernas de Mouse envueltas alrededor de la cintura de Rick.

–¡Rick, R-Rick! –Mouse lloró, su polla ardiendo fuerte y caliente contra el estómago de Rick. Tenía fiebre y frustración a partes iguales, cada movimiento de sus caderas cubriendo el falo de Rick de su néctar. El olor de Mouse flotaba en el aire y los sentidos de Rick se inundaron con él hasta que no pudo pensar en nada más que en enterrarse en ese dulce calor.

La voz de Rick era casi irreconocible cuando volvió a hablar, llevada a nuevas profundidades por su lujuria. –T-te mantendré a salvo, Mouse. Seremos sólo tú y yo a partir de ahora. No dejaré que nadie te vuelva a tocar. Eres mío.

–Por favor, Rick. Por favor... –Mouse murmuró contra la carne del hombro de Rick. Mouse movió sus caderas, dejando que la polla de Rick se clavara firmemente en su resbaladiza entrada. La pequeña espiral de carne se agitó al contacto, dando tentadores besos en la cabeza como invitación–. Quiero—

–Lo sé, Mouse –Rick dijo ahogado, con la polla preparada justo debajo de Mouse. Hacía eco de los feroces latidos de su corazón–. S-sólo necesito—déjame… –jadeó en su oído, sin estar seguro de lo que intentaba decir y sin importarle. Pero ya estaba inclinando sus caderas y guiando la cabeza hacia el agujero expectante de Mouse.

Se deslizó por el primer anillo de músculo con deliciosa satisfacción.

«Jooooder...»

Los dedos de Rick se enroscaron bajo el culo de Mouse por la repentina sensación de calor y los jugos de Mouse cayeron por su polla temblorosa. Mouse gruñó y se retorció, intentando hundirse, pero se quedó en la punta de la polla de Rick. Su agujero se apretó en frustración por estar sólo parcialmente lleno, haciendo que Rick gimiese con cada espasmo.

–Shh, shh. Mouse, no pasa nada. No te precipites –dijo, incluso cuando todo lo que quería hacer era lo contrario. Deslizó sus dedos detrás de Mouse para acariciar la tierna carne que se extendía alrededor de su circunferencia, maravillándose de lo perfectamente bien que se sentía Mouse encima de él. Era como si el nirvana mismo se hubiera reducido a este único punto y Rick cantó su gratitud al oído de Mouse. –Dios, Mouse. Es increíble, lo que me haces.

Las palabras de Rick sólo hicieron que Mouse se agarrara más fuertemente a sus hombros mientras se retorcía torpemente en su polla.

A pesar de que Mouse permaneció en silencio parado en su perca, las Resonancias que se disparaban en la cabeza de Rick relataban una historia diferente. Estaba enloquecido con peticiones no verbales, pidiendo más. Pero Mouse era tan pequeño y estrecho y—Dios, Rick estaba seguro de que no podría soportarlo todo. Sin embargo, le pedía—no, le rogaba a Rick que se lo follara contra el colchón.

Un instinto salvaje de celo latía a través de Rick y sus manos en las caderas de Mouse temblaban, luchando contra el impulso de agarrar y empujar y meter cada centímetro de sí mismo en Mouse en ese mismo momento. Si empezaba ahora, sabía que no sería capaz de parar. Después de todos esos días de querer y esperar, su autocontrol se sostenía en poco más que palillos de dientes.

Dio un empujón experimental de sus caderas, metiéndose en Mouse una fracción de pulgada. Mouse dio un suave gemido, sus extremidades poniéndose tensas alrededor del cuello de Rick. Otro empujón, esta vez inclinado hacia adentro, y Mouse aflojó su agarre y arqueó la espalda con un profundo suspiro. Rick casi se puso frenético al ver la expresión de Mouse.

Mouse parecía eufórico, toda la tensión yéndose de su cara mientras miraba a los ojos de Rick con una reverencia inquebrantable. Sus labios hinchados por el beso se separaron mientras respiraba con dificultad. Todo rastro de su anterior angustia había sido borrado, dejando sólo una soberana tranquilidad. Era un príncipe que regresaba a su trono.

–Continúa –suspiró Mouse.

Sin necesidad de más incentivos, Rick agarró las caderas de Mouse y lo presionó sobre su polla. Mouse jadeó, pateando y luchando mientras era empalado, pero Rick siguió adelante, girando sus caderas en círculos apretados para meterse entero hasta que sus pelotas rozaron el culo de Mouse. Todo indicio de racionalidad fue usurpado por el deseo de marcar a Mouse para que fuera suyo, absolutamente e indiscutiblemente.

–Rick, e-espera... –Mouse resopló, pequeñas Epifanías explotando como fuegos artificiales en el cerebro de Rick.

Rick se inclinó hacia adelante, acunándolo contra su pecho y retumbando en su oído, –Lo siento, Mouse. Lo siento. Haré que te sientas bien. Te lo prometo. –Le dijo en los labios flojos de Mouse, pidiéndole que le devolviera el beso incluso cuando empezaba a empujar, tragándose cada grito que le daba.

Las caderas de Rick se movían por sí solas, borracho por la necesidad acumulada y el olor de Mouse en su polla y su vello púbico. Una corriente de blasfemias goteaba libremente de Rick mientras se lo follaba en su regazo, anclando a Mouse en su lugar con sus dedos en las caderas. Las Epifanías gradualmente disminuyeron, reemplazadas por algo glorioso a medida que el placer de Mouse superaba el dolor.

La fuerza de la Resonancia era tan grande, que arrastró a Rick hacia fuera y lejos sin que él lo quisiera. Era un esclavo de su poder, no teniendo otra opción que seguirlo en el paisaje mental de la Ciudadela más lejos y más profundamente que nunca antes. Ahora podía navegar por el tapiz de pensamientos con una facilidad sin precedentes. Las diferencias entre Ricks eran tan evidentes, que podrían haber estado anunciando sus identidades y secretos más íntimos en carteles de neón.

Pero no estaba interesado en explorar los pensamientos de cualquiera. No, sus miras estaban puestas en los niveles más altos de la Ciudadela, ignorando las banalidades de las masas que zumbaban como moscas alrededor de un cadáver en descomposición. Escogió el objetivo de su ira al instante. Hubiera sido imposible no encontrarlos, con sus egos irradiando un aura de auto-importancia de una milla de ancho.

El Consejo había hecho tanto daño a Mouse y a sí mismo, quería encontrar una manera de diezmarlos desde dentro.

Al poco tiempo, encontró su maraña de pensamientos cacofónicos, cada hilo rebuznando tan fuerte como una mula. Increíble. Incluso en este espacio mental, cada miembro del consejo luchaba por ser escuchado por encima de sus pomposos hermanos. Para su alivio, Riq parecía estar ausente. A Rick no le interesaba arruinar su noche hurgando en la cabeza del demente por segunda vez.

Rick se dio cuenta rápidamente de que la atención del Consejo no estaba ocupada por asuntos oficiales, sino por una comida opulenta. Gozaban de toda clase de delicias gastronómicas, plato tras plato despertando de nuevo su apetito. Imágenes y olores de un banquete impregnaron los sentidos de Rick, el aroma de suculentas carnes mezclándose con el almizcle del sexo mientras se follaba a Mouse con desenfreno.

El tintineo de los cubiertos fue ahogado por los gemidos de placer de Mouse mientras Rick se estrellaba contra él, gruñendo y resoplando como un toro. Néctar chapoteaba alrededor de su polla mientras Rick la sacaba, sólo para volver a sumergirla, frotando el punto débil de Mouse una y otra vez.

Casi podía ver a los miembros del consejo reunidos alrededor de la majestuosa mesa. Las servilletas estaban metidas delicadamente en sus cuellos y la vajilla puesta con cuidado, mientras Mortys vestidos con uniforme les atendían a pié de cañón. En la chimenea de alabastro chispeaba un fuego y el vino se vertía aparentemente sin fin.

El Consejo estaba bañado en calidez y elegancia, mientras que el catalizador de su riqueza estaba encerrado en un agujero de mierda con nada más que paredes de hormigón estéril y una cama maltrecha para tumbarse. Los viejos muelles de esa misma cama crujían ahora con fuerza cuando Rick flexionaba sus muslos, haciendo rebotar rítmicamente a Mouse en su polla.

Con la Resonancia aumentada impulsándolo hacia adelante, Rick se sumergió bajo los pensamientos superficiales del Consejo, buscando alguna pista para usar en su contra. Al principio fue descorazonadoramente insípido. Monólogos internos sobre listas de cosas por hacer y quejas insignificantes sonaban en su cabeza en un quejido estridente. Rick casi consideró irse después de escuchar a Rick Prime hablar sobre el último envío de tenedores, cuando escuchó algo que le llamó la atención.

«Un regalo tan extravagante de cubertería. Como sabía la FG cuánto esto nos gustaría».

¿La FG? Ahora la cosa se estaba poniendo interesante. La apreciación de Prime fue acompañada por otros pensamientos extrañamente agradables sobre el tema. Pero no tenía ningún sentido. ¿Por qué el Consejo hablaría de su enemigo declarado tan amigablemente? Con un poco de investigación, la semilla de pensamiento se ramificó rápidamente en una red de sentimientos similares que resonaban en los compañeros de Consejo de Prime.

«Han hecho una gran labor al cumplir su parte del trato».

«Mantener tal alto grado de propincuidad con su establecimiento ha demostrado ser un esfuerzo eficiente para todas las partes involucradas».

«¿Toda la Ciudadela a nuestra merced a costa de unos pocos miserables Ricks? Es tan simple, deberíamos haber hecho esto antes».

La última voz era desconocida para Rick hasta que se dio cuenta de que era la de Quantum Rick. Por supuesto, el eructador hablaba coherentemente en su mente, pero Rick se sorprendió al oír tal acidez en sus palabras.

Cuanto más tiempo permanecía en los pensamientos profundos, mayor era el número de facetas de la mente de los pensadores a las que podía acceder. Rick descubrió que no sólo podía sumergirse más profundamente, sino también más antiguamente, explorando recuerdos que se remontaban a años atrás. Como si estuviera buscando en una base de datos, Rick escaneó docenas y docenas de entradas centradas en el tema de la Federación Galáctica.

Con un gruñido, Rick se puso de rodillas, acurrucándose sobre Mouse en el estrecho lecho y surcando como un animal. Clavó sus muñecas en el colchón por encima de su cabeza con una mano mientras la otra levantaba el pequeño culo de Mouse, con sus caderas clavándose en él rigurosamente. Sudor goteaba por su cuello por el esfuerzo, pero el dulce sonido de los gritos de Mouse en cada golpe de sus caderas lo estimulaba.

«La vida es un lecho de rosas cuando duermes con el enemigo».

«Man, 'tamoh viviendo la buena vi'a. ¡Sí, carajo!»

Rick reprodujo fragmentos de conversaciones entre miembros del consejo y oficiales de alto rango de la FG, cada intercambio confundiendo a Rick aún más. Se hablaba de compartir provisiones , repartirse nuevos territorios de forma práctica y el tema de cumplir una cierta "cuota" surgió con sorprendente frecuencia. Pero en cuanto a en qué consistía esa cuota - ¿armas?, ¿materiales?, ¿información? - todavía eludía a Rick. Fuera lo que fuera, parecía ser algo que el Consejo estaba suministrando a la FG.

Rick pensó en las noticias de la Ciudadela y la ferocidad con la hacían proselitismo de la guerra contra la FG. No podía imaginar la razón por la que el Consejo se asociaba con ellos en términos amistosos. Sin embargo, curiosamente, los pensamientos que interceptó hacían parecer que la FG era casi amiga del Consejo y no enemiga.

«Porque eso es precisamente lo que es, Rick».

Rick se sobresaltó ante la intrusión repentina. Inmediatamente se alejó de los pensamientos del Consejo, escudriñando su entorno en busca de la fuente de la voz. Sonaba mucho más tangible que las anteriores que había encontrado, casi como si alguien le hubiera susurrado las palabras al oído. Y lo más sorprendente de todo, sonaba muy parecido a un Morty.

Rick se detuvo para buscar en el rostro de Mouse alguna evidencia de que la voz incorpórea hubiese venido de él. Pero Mouse estaba demasiado ocupado jadeando su nombre, su cara sonrojada por la excitación contraída por la concentración mientras luchaba por soportar el placer que asaltaba sus sentidos.

Sacudió la cabeza. Todas estas vueltas alrededor de las mentes debían haber estado afectando a la suya. Ni siquiera podía distinguir dónde terminaban sus pensamientos y dónde empezaban los de los demás. ¿Se estaba volviendo loco?

«Apenas». Una carcajada vibró a través de la voz. «Pero me alegro de verte aquí. Te he esperado mucho tiempo. Ven. Déjame enseñarte algo, Rick de la Dimensión X-280».

Los hilos del pensamiento que había estado siguiendo se juntaron de repente, cambiando sus divagaciones desarticuladas por algo que adquirió una verdadera forma ante él. Se unieron tan fuertemente como un cable de acero y el doble de fuerte, llevando a Rick a un recuerdo particular del pasado. Prácticamente podía sentir el frío del cable bajo sus dedos mientras lo seguía hasta su punto final - y un instante después, estaba de pie dentro de una habitación, sus dedos ahora deslizándose por la superficie de una mesa de metal.

Cinco miembros del Consejo estaban sentados ante él, alrededor de una gran mesa de reuniones redonda. Una luz estéril iluminaba el espacio desde arriba, mientras el resto de la habitación se desvanecía en la oscuridad, como si no existiera nada más allá del alcance de la luz. Dada la naturaleza de la memoria y el recuerdo, ese era probablemente el caso.

Rick miró a su alrededor a la audiencia de los miembros del consejo. Notó que carecían de su vestimenta oficial y parecían tener menos arrugas y más pelo. Incluso la peluca gruesa de Zeta Alpha estaba ausente. «Esto debe haber sido hace años», racionalizó. Quizás incluso antes de que el régimen tiránico del Consejo hubiera empezado.

Miraban a Rick expectantes, como si esperaran que continuara diciendo algo que ya había empezado a decir. Rick intentó apartarse de la escena y de sus penetrantes ojos, pero estaba arraigado en el lugar. Abrió la boca para decir que había habido un error, cuando—

–CaballeRicks, a partir de hoy, la amenaza de la Federación Galáctica ya no existe –se encontró diciendo de repente.

Un estruendo de felicitaciones resonó alrededor de la mesa mientras el Consejo se daba palmadas en la espalda y gritaban hurras y vivas. Ricktiminus y Zeta Alpha chocaron las manos como si acabaran de escuchar el resultado ganador de su equipo deportivo favorito.

Rick levantó las manos para callarlos, con la voz grave saliendo de entre sus labios como si siempre hubiera estado ahí. –Como todos hemos discutido, sin embargo, esta noticia será considerada estrictamente confidencial. En lo que respecta al Rick medio, seguimos en guerra con la Federación Galáctica. Las actualizaciones del frente de guerra continuarán siendo emitidas como antes, con nuevas campañas diseñadas por nuestro departamento de relaciones públicas cada dos o tres meses.

Los miembros del consejo asentían con la cabeza, completamente a gusto con la escandalosa noticia que Rick estaba dando.

–Según nuestro acuerdo con el general Mollar, la Federación podrá llevar a cabo sus funciones como de costumbre. Seguirán unificando planetas bajo el nombre de la Federación Galáctica, batallando contra los disidentes—y cualquier otro proyecto insignificante con el que les guste perder el tiempo. Sin embargo, nosotros seguiremos teniendo la última palabra en todas las órdenes ejecutivas.

–¡La huevada, brother! ¡Eso no' convierte n'el comandante general del barrio!

–Absolutamente. –Rick se encontró sonriendo–. Ahora el único asunto que queda por resolver es la cuota.

Prime abrió la boca antes de que pudiera continuar. –¿No lo estábamos llamando la lotería? "Cuota" suena tan a trapería.

–Urrp braaaugh augh.

Zeta Alpha apuntó con sus dedos a Quantum Rick. –Ves, eso tendría mi voto cualquier día de la semana!

–¡Basta! –Rick golpeó las palmas de las manos en la mesa, haciendo que el vaso de whisky de cada miembro del consejo retumbara–. Lo que lo llamemos es irrelevante. Lo que importa es seleccionar las dimensiones para cumplir con el pedido. Un suministro regular asegurará que la población de Ricks permanezca sumisa y en deuda con nosotros, mientras también mantenemos a esos cerdos de la FG satisfechos. Incluso en la derrota, tienen que alimentar a sus egos hambrientos. –El insulto provocó otra ronda de murmullos. Continuó–. Las piezas ya han sido colocadas en su lugar, y nuestro primer simulacro de detención está programado para mañana.

–¿Cómo se elegirán a los candidatos afortunados - o, mejor dicho, desafortunados - Riq?

Rick miró hacia abajo a la superficie cromada de la mesa donde la cara de Riq le sonreía.

–Dejadme los Códigos Amarillos a mí.

La escena se detuvo como un proyector de cine que se queda sin película, dejando a Rick en la oscuridad total. Ningún pensamiento, ningún recuerdo, ninguna aportación de ningún tipo lo acompañó durante unos pocos segundos maravillosos. La calma era tanto aterradora como tranquilizadora. A pesar de que su cuerpo físico estaba encerrado en los arrebatos de hacer el amor, el ser astral de Rick yacía supino en el vacío, sintiendo un eco en su interior. Lo que acababa de presenciar era demasiado trascendental para ponerlo en palabras y se sentía como un niño pequeño encargado de preparar una disertación sobre el entrelazamiento cuántico.

«El Consejo», comenzó lentamente, «está trabajando con la FG. Están intercambiando Ricks para—para—»

«Muy cerca, Rick». La misma voz de Morty de antes apareció justo a su lado.

Rick repasó los hechos de nuevo, sin que le gustara la conclusión que tenía delante. «Ellos... son la FG».

«Precisamente». La voz irradiaba aprobación. «¿Y?»

«Nunca hubo ningún arresto. Es—han estado vendiendo a Ricks a la Federación».

«Sí. Tus hermanos han sido sacrificados en nombre de la explotación».

Ahora Rick no tenía ninguna duda de que no estaba accediendo a un pensamiento al azar. La voz era en realidad alguien que le hablaba.

«¿Quién eres?»

«Quién soy no es importante. Ahora que sabes la verdad, debes actuar».

¿La verdad? La verdad, resultaba ser, era más siniestra de lo que él había imaginado; el Consejo, más corrupto de lo que él creía capaz. La mera magnitud de la estafa era abrumadora. Pero con ello, se dio cuenta, de que se le había dado la clave de la propia destrucción del Consejo. La única pregunta era cómo lo lograría.

La voz tintineaba como una campana de cristal en la brisa. «La respuesta llegará con el tiempo, Rick. Ve con tu maestro, y luego ven a buscarme. Tienes planes mucho más grandes que cumplir». Y con eso, la voz se fue.

Jadeando fuertemente, Rick parpadeó de vuelta a la realidad. Le llevó un momento orientarse, pero lo primero que notó fue que estaba acostado de espaldas, con la cabeza apoyada en la almohada gastada. El anillo de nanos seguía dando vueltas lentamente por encima de sus cabezas, iluminando a Mouse mientras continuaba montando a Rick. Estaba sudoroso y sonrojado, su polla golpeando la barriga de Rick; sus pequeñas manos, apoyadas en sus abdominales.

Las conclusiones trascendentales de la Resonancia habían sacudido a Rick hasta la médula. Pero, como un sueño que corría entre sus dedos, se disiparon rápidamente del primer plano de su mente. Incluso el extraño intercambio que había tenido con la voz, poco a poco se introdujo en sus propios pensamientos hasta que estaba convencido de que había tenido la conversación consigo mismo en todo momento. El conocimiento de la conspiración del Consejo se mantenía justo en la periferia de la conciencia de Rick, relegándose a sí misma para ser resuelta en un momento posterior.

En ese momento, la niebla del deseo aún llenaba la cabeza de Rick, su atención momentáneamente dividida no había conseguido adormecer su libido en lo más mínimo. Su polla seguía estando dura como el acero cuando entraba y salía de su amante. Escuchó su nombre pronunciado como un mantra en la lengua de Mouse y se agarró de nuevo a sus caderas mientras lo miraba con asombro.

Mouse estaba hecho un desastre encima de Rick, con cualquier remanente de su comportamiento servil reemplazado por algo libertino y lascivo. Su nido de pelo, ahora bañado en sudor, se ajustaba a su estado consumido, y su piel relucía con un brillo de sudor.

–Eso es, Mouse –canturreó Rick, con la siguiente Resonancia mostrándole lo que Mouse necesitaba y exactamente donde lo necesitaba–. Te lo daré tal y como lo quieres, nene.

Rick podía ver la excitación de Mouse dispuesta como un mapa de carreteras a través de la Resonancia, un diagrama mental que revelaba sus más profundas devociones. Lo que Mouse mantenía en la seguridad de su mente era suficiente para hacer que incluso Rick se sonrojara. Cada vez le resultaba más difícil creer que en algún momento no hubiese sabido que Mouse podía ser tan desvergonzado.

Rick agarró a Mouse por las muñecas, sujetándolas mientras inclinaba sus caderas y lo follaba como un martillo neumático. Mouse se agitó y se retorció, tirando inútilmente de las garras de Rick, queriendo escapar pero también claramente queriendo más. Casi se desploma bajo el asalto, derramando baba de sus labios flojos, pero Rick no le concedió el lujo de descansar.

Finalmente liberándose del control de Rick, Mouse se agarró a sus propios hombros como para evitar desmoronarse. Su respiración se hizo más errática; sus movimientos, más desesperados, sintiendo el orgasmo dentro de él empezando a alcanzar la cima. Mouse estaba cerca, y Rick quería ver cada maravilloso momento de ello.

Mouse era como un ángel caído sobre él. Su tez pálida irradiaba pasión, un halo de luz dorada iluminaba sus rizos, sus brazos haciendo una X en su pecho.

–Mouse... –Rick jadeó. Luego fue arrastrado por su clímax, sus oídos amortiguados por el sonido de su corazón palpitante—¿o era el de Mouse? Semen bombeaba espeso y abundante de su polla para llenar el agujero de Mouse hasta que rebosaba.

Las extremidades de Mouse se tensaron y se inmovilizó cuando su propio orgasmo finalmente lo superó. Se elevó como una marea constante dentro de él, avanzando con toda la fuerza de un mar ancestral hasta que todo el cuerpo de Mouse se llenó de su energía. Rick pudo verla irradiar de él tan claramente como el brillo dorado de sus ojos que iluminaban la habitación.

Por fin, el oleaje de placer había llegado a su punto máximo y exigía una salida, saliendo a chorros calientes para cubrir los abdominales y el pecho de Rick. A Mouse se le echó la cabeza hacia atrás, dando una larga y silenciosa exhalación que fue llevada en alto por toda la Ciudadela.

...

Lo que sucedió después nunca se entendería del todo. No había ningún registro de que hubiera tenido lugar, ninguna prueba de que hubiera sucedido. Pero por un momento inconfundible, cada ser de la Ciudadela estaba inundado de un amor tan puro, que pocos lo creían posible.

Mama Eun-Rick dejó su maquillaje mientras se sentaba frente a su tocador, súbitamente abrumada por un sentimiento de satisfacción que calentó su frío corazón. Cuando se miró al espejo, vio la belleza de su propio rostro desnudo, sin necesidad de maquillaje para ocultarlo - un rostro de alguien increíble. Un rostro que merecía ser amado.

Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos.

–Riri...

El Capitán de la Guarda debería haber estado escuchando una actualización sobre el paradero de su objetivo desaparecido, pero su atención se desviaba al altavoz. I-006 estaba simplemente transmitiendo el informe con su voz nítida y libre de tartamudeo, pero para el Capitán, sonaba como la sinfonía más bella.

Se permitió una pequeña sonrisa mientras levantaba la cabeza y susurraba.

–Isyx...

ψ-530 y ψ-532 se abrazaban fuertemente bajo las sábanas de satén. Siseos y tartamudeos eran absorbidos por sus besos fogosos mientras se agarraban con una pasión que rivalizaba con sus peores peleas.

Los gemelos suspiraron el nombre del otro al unísono.

–Hermano...

Detrás de las puertas del serrallo del Consejo, un gran grito surgió, expandiéndose como una marea de agonía. Era una canción de la mayor tristeza, cantada por una docena de voces trémulas.

Se filtró por debajo de la puerta y resonó por los pasillos, abandonados durante la noche, antes de morir como una ola en retirada.

C-165 sonrió a la bebida que tenía entre sus manos, evocando el recuerdo de un amante de antaño.

Levantó el vaso en un brindis en medio del bar vacío.

–A tu salud—

El trío de Eun-Ricks formaba un círculo alrededor de una pequeña figura, sus manos unidas.

–¿Es esto parte de la profecía? –preguntó el primero de ellos.

–E-es más hermoso de lo que nunca imaginamos –suspiró el segundo, al borde de las lágrimas.

El último Eun-Rick se arrodilló y presionó su frente contra la mano flácida de su conducto. –¿Ha comenzado realmente?

–Sí –dijo el Morty–. Ahora son uno.

θ-669 se inclinó hacia la caricia de su amante, saboreando la sensación de las robustas manos de λ en sus caderas mientras le follaban por detrás. Lo llamó, cogiendo la parte posterior del cuello de λ para guiar sus labios hacia los suyos. λ era delicado cuando arrebataba con su lengua la maltrecha boca de θ, moviendo sus caderas sensualmente como le gustaba a su amo.

–Ahora, ¿a quién amas? –preguntó θ, anticipando ya la respuesta consagrada.

–A ti...

–Buen chico.

Rick Subastador daba vueltas en su cama de matrimonio. Se levantó y se pasó una mano temblorosa por su pelo empapado de sudor, intentando averiguar qué lo había despertado. Todo lo que pudo comprender fue el repentino rencor por las frías sábanas que tenía a su lado y la incómoda tienda de campaña en sus pantalones.

Se quitó un mechón de pelo de la frente y levantó la cara hacia el ventilador del techo.

–Rickochet…

I-6 cayó de rodillas, estirando con la mano la parte delantera de su uniforme, intentando controlar su corazón. El sudor le llegaba a los ojos mientras miraba al resto de su unidad. Estaban igual de incapacitados, algunos ya arrancándose la ropa mientras otros simplemente lloraban en el suelo. I-6 intentó agarrar su comunicador, pero acabó sosteniendo su erección palpitante a través de sus pantalones en vez.

Cerró los ojos con fuerza mientras jadeaba.

–Capitán...

Chi se sentó rígidamente en el borde de la cama, con los dedos agarrados a la funda desconocida. Era de un estampado que nunca habría elegido él mismo. La habitación seguía estando oscura, haciéndole sentirse profundamente solo incluso mientras la figura dormida detrás de él se movía y murmuraba su nombre. Lo ignoró mientras recogía sus gafas de la mesilla de noche.

Chi miró al techo, cerrando los ojos.

–280...

Riq estaba pasando la noche trabajando en su escritorio, con una montaña de papeleo como su único compañero. Estaba revisando las actas de la reunión del día cuando una gota de agua suelta y aleatoria difuminó el texto.

Parpadeó y otra lágrima cayó en la pantalla digital, y luego otra. Una ola de náuseas se apoderó de él de repente, haciendo que su boca se inundara de saliva. Se arrojó al cubo de basura más cercano, agarrándose al borde mientras vaciaba el contenido de su estómago.

Con los ojos nublados, se limpió el vómito que se aferraba a sus labios. Miró hacia el cielo, abrumado por la necesidad de pronunciar el único nombre que podría darle consuelo. Pero cuando abrió la boca para hablar, fue invadido por otra arcada incontrolable, con su cabeza en la papelera de nuevo.

Muy por debajo del tumulto de la nostalgia y la lujuria, en las entrañas más profundas de la Ciudadela, dos amantes se entrelazaron en un abrazo tántrico. Susurraron los secretos y deseos del otro y el asombro que compartían. Pero sus secretos no eran suyos; sus deseos, más grandes de lo que la mera carne podía contener; y su asombro, nada comparado con el del cosmos que los presenciaba.

Una campana de alegría sonó en todo el universo, porque con la unión de Los Elegidos, la Simetría sería finalmente restaurada.