A tu lado
Autora: jagaimocchi (AO3) [Traducción autorizada]
Sinopsis: Jiang Cheng deja atrás el Muelle de Loto, renunciando a su posición, a su familia y a su hogar, para comenzar una nueva vida como cultivador errante. No obstante, no puede abandonar Yunmeng por completo, al menos no de momento, y mientras merodea por las afueras se encuentra con Lan XiChen, que claramente estaba huyendo.
Juntos, se preocupan por ellos mismos, por sus seres queridos y por el otro, a medida que se acercan los Wens y el peligro inminente.
Traducido por: Sthefynice
*Créditos de la portada a MstDragon~
¡Muchas gracias por tan maravilloso trabajo!
*Notas de autora (jagaimocchi): "Tenía planeada una serie para todo el evento del Xichengclipse 2020, con el prompt del día 1 "Protección", pero no terminé con los otros prompts a tiempo, así que vendrán siempre y cuando la vida lo permita ._."
*Notas de Traductora (Sthefy): Doncellas y cultivadores, sean bienvenidxs al comienzo de una de mis series XiCheng favoritas.
Feliz lectura :*
I.
Se encontraron por casualidad, en las mismas afueras de Yunmeng.
Jiang Cheng era ahora sólo A-Cheng, a las pocas semanas de su nueva vida como cultivador errante, sintiéndose extrañamente seguro, gracias a su anonimato, ahora que estaba lejos del Muelle del Loto. No se atrevía a abandonar la zona por completo, no todavía, así que viajaba a lo largo de la frontera, parando en ciudades en las que nunca había estado, viviendo junto a los ríos y pescando, durmiendo en los bosques para evitar gastar el escaso dinero que tenía sólo en alojamiento. Al principio, había tenido miedo de que le reconocieran, pero cuanto más avanzaba, menos discípulos de Yunmeng Jiang parecían haber y, además, nunca parecía que le buscaran realmente. Por lo que le resultaba fácil escabullirse.
Un día, mientras compraba verduras para su comida nocturna, se topó con Lan Xichen. El heredero de Lan, fatigado y vestido con una túnica que no le quedaba bien, intentaba comprar de manera sutil algo de comida. No obstante, dicha sutileza se veía difícil y afectada por las frecuentes miradas que lanzaba a su alrededor, lo que indicaba que desde luego, estaba buscando algo, mientras una mano buscaba de vez en cuando una bolsa que estaba anudada al cinturón de su cintura.
Cuando sus ojos se encontraron, la mano de Jiang Cheng instintivamente buscó a SanDu, oculta bajo una capa de la túnica exterior. SanDu era una espada distintiva (más distintiva que el mismo Jiang Cheng, en su opinión), por lo que era necesario esconderla mientras se mantenía relativamente accesible. Aunque no llevara mucho dinero encima, podía "permitirse" todas las túnicas que quisiera robándoselas a los cadáveres (una frase que no creía poder decir nunca), y aunque no estaba orgulloso de este hecho, ciertamente cumplía con su función y mantenía su aspecto "flexible", adaptable al cambio.
Aunque sabía que Lan Xichen no le haría ningún daño, igual le parecía peligroso que ambos estuvieran aquí de esta manera; como si fuera una coincidencia demasiado grande como para haber ocurrido de forma natural. Pero, por supuesto, tales coincidencias podían tener lugar.
Se saludaron con una inclinación de cabeza, incapaces de pasar de largo cuando la atracción de algo familiar, algo como el hogar, parecía insistir en unirlos. Jiang Cheng no estaba seguro de quién habló primero, pero cuando quedó claro que ninguno de los dos quería decir nada que delatara al otro, el puño dentro de su túnica se relajó y soltó el agarre de Sandu.
Intercambiaron acertijos y, de alguna manera, llegaron a un acuerdo para cenar juntos por una extraña obligación no expresada. Había pretendido ser sólo eso, una cena, un encuentro ambiguo entre dos jóvenes sin vínculos entre sí, al menos no en esta vida; pero luego no encontraron la manera para separarse.
Al caer la noche, se alejaron del pueblito, para salir al unísono a la carretera, conversando, como si Jiang Cheng no fuera un fugitivo, y como si Lan Xichen no huyera también de algo. Durante toda la cena habían estado así, manteniendo las apariencias, sin preguntar a los demás por miedo a ser escuchados, mientras intentaban descifrar toda la información posible:
Lan Xichen, —Me alegro de volver a verte. (Quiero decir, no esperaba verte en absoluto).
Jiang Cheng, —Sí, a mí también me alegra verte. (Bueno, yo tampoco.)
Lan Xichen, —Escuché que te habías ido de viaje. Perdona, no te envié mis buenos deseos antes de tu partida. (La noticia de que habías dejado el Muelle del Loto llegó a los Recesos de las Nube. Lamenté oírlo).
Jiang Cheng, —Está bien, no esperaba nada. ¿También has decidido viajar? (Prefiero que no le demos importancia. ¿También te fuiste? ¿Por razones similares?)
Lan Xichen, —Oh, no del todo. Mi tío me envió lejos. (No. Mi tío tenía un motivo para enviarme lejos).
Jiang Cheng, —Oh, bueno, espero que haya sido un viaje agradable, incluso si sólo viajas para dar un recado. (Espero que, sea cual sea el motivo por el que te alejaron, no haya sido malo).
Lan Xichen, —Bueno, siempre puede ser mejor, ¿no? Además, me está entrando algo de nostalgia.
(Ambos sabían lo que eso significaba: El motivo era malo y no podía regresar a casa).
A pesar de tener que encubrir y adornar sus palabras frente a los civiles, se entendían. No exactamente, pero sí lo suficiente como para que Jiang Cheng se diera cuenta que había pasado algo terrible.
Cuando llegaron al borde del bosque, se miraron, como para despedirse. No obstante, mientras observaba la manera en que Lan Xichen sonreía hacia el suelo, le escuchó decir con sinceridad y sin misterio: —Ha sido muy agradable haberme encontrado contigo. No me lo esperaba.
Jiang Cheng sintió como si una parte de él cediera.
—¿Por qué no pasamos la noche juntos? —Se escuchó en voz alta, y luego, al darse cuenta de que lo que había dicho podía ser malinterpretado, y no en el buen sentido, añadió de manera rápida: —Quiero decir, en lo personal no tengo suficientes monedas como para pagar una posada y si tú también vas a acampar esta noche, entonces, eh, podría ser más seguro si permanecemos juntos. Ya sabes, podríamos hacer turnos. Después de todo, hay muchos animales salvajes por aquí, y algunos cadáveres. (Y otros peligros. De lo que sea que estés huyendo.)
Lan Xichen pareció agradecer la sugerencia. Una sonrisa genuina iluminó su rostro, incomparable con la inclinación educada de sus labios cuando estaban en el restaurante. Apartando una rama que sobresalía de los arbustos que dividía el camino de tierra con el del bosque, Lan Xichen hizo un gesto a Jiang Cheng para que le guiara.
Una vez que encontraron un rincón ordenado en el que meterse, pudieron hablar con más franqueza, sintiendo que aquí, en el silencio de un bosque denso, no habría nadie que les pudiera espiar y al mismo tiempo podrían oír si alguien se acercaba. Fue entonces cuando Jiang Cheng se enteró del terrible incendio en el Receso de las Nubes, razón por la que habían enviado a Lan Xichen lejos para este "recado" – con el fin de proteger los tesoros de la secta Lan, y para proteger su vida.
Los pelos del brazo de Jiang Cheng se erizaron al escuchar el relato de Lan Xichen. La crueldad de los Wens era algo alarmante y aterrador. Habían estado compitiendo por más poder durante todo el tiempo que Jiang Cheng recordaba, ¿pero esto? Esto no era sólo ser políticamente turbio. Esto era destruir de manera activa otra secta: una de las cinco sectas grandes y prominentes, con miles de años de historia. Nada bueno podía salir de esto.
—...entonces conocí a un hombre amable, alguien llamado Meng Yao, un contador, en un pueblo no muy lejano. Cuidó de mí y me dio techo durante esta última semana después de que huyera, pero la verdad no podía quedarme más tiempo del necesario para curarme. Ya él había sido muy noble al apiadarse de mí, pero si los Wen se enteraran de mi paradero, me aterra pensar lo que podría pasarle. Si le ocurriera algo a un hombre inocente por mi culpa, bueno… no estoy seguro de poder vivir con eso.
Jiang Cheng asintió a medida que Lan Xichen continuaba en un susurro bajo. Debe haber estado deseando hablar con alguien abiertamente sobre esto durante algún tiempo, pensó Jiang Cheng. A medida que las palabras salían de la boca de Lan Xichen, aparentemente interminables, mientras expresaba de manera abierta sus preocupaciones por su padre, por su tío, por su hermano y por el resto de su secta, Jiang Cheng sintió que un peso ya nostálgico descendía lentamente sobre él, como un pesado manto sobre sus hombros.
Este era el peso de ser un heredero de una secta: los grilletes de la responsabilidad que había dejado de lado de manera egoísta, de los que había renunciado voluntariamente. Porque no era lo suficientemente bueno, porque nunca sería lo suficientemente bueno. No obstante, incluso aquí, semanas después de haberlo hecho finalmente, de haberse cortado "eso" como un miembro podrido, ahora de manera inesperada estaba soportando ese peso de nuevo, porque si compartir significaba que otro podía llevar la carga de tus problemas contigo, pues entonces ahora estaba soportando al menos parte de la carga de Lan Xichen.
Era una sensación extraña para Jiang Cheng, es como si hubiera extrañado esto y al mismo tiempo, como si quisiera otra vez desprenderse de aquello lo antes posible.
Siguió escuchando a Lan Xichen en silencio con sentimientos encontrados. Cuando el mayor terminó por fin de hablar, parecía cansado pero aliviado por haber podido expresar los acontecimientos con honestidad a alguien que creía que lo entendería; alguien que había estado en los Recesos de las Nubes y lo había visto, por lo que sabía exactamente lo que había perdido. Al ver la expresión marchita en el rostro del otro, Jiang Cheng consideró apropiado sugerirle que durmiera primero.
Lan Xichen aceptó agradecido la propuesta. Jiang Cheng no estaba seguro de lo que esperaba cuando el otro se durmió contra él, pero ciertamente no estaba preparado para que el hombre se acurrucara en el costado de la pierna de Jiang Cheng a medida que pasaban las horas, o para que acurrucara su nariz en el costado de su muslo. Después de todo lo que el heredero Lan había compartido con él esa noche, le parecía grosero alejarse de él.
Jiang Cheng sabía que no tenía derecho a sentirse así, pero al verlo dormir, no podía negar el impulso de querer protegerlo. Tal vez fuera sólo un remanente de lo que había sido una vez heredero de la secta, el deseo de proteger a alguien inocente. Jiang Cheng no podía estar seguro. En cualquier caso, no hacía daño a nadie (y Lan Xichen nunca lo sabría) si subía un poco el cuello de la túnica del chico para evitar que el viento le afectara, o si ponía su brazo alrededor del otro para mantenerlo cerca y compartir el calor de su cuerpo.
Después de esa noche, no se cuestionaron por qué decidieron permanecer juntos. Les parecía natural viajar en pareja. Hicieron todo lo posible por ser discretos; una tarea difícil, dado que ambos eran más altos y más guapos que la población media. Tal vez estando solos, cada uno por su cuenta, llamaran menos la atención, pero juntos, los vendedores a menudo les llamaban preguntando: —¡Jóvenes maestros! ¡Vengan, vengan! Tenemos justo lo que necesitan.
Al llamar tanto la atención, trataron de mantenerse alejados de los demás, por temor a ser reconocidos o a ser rastreados, por lo que entraron en aldeas y ciudades sólo para buscar cosas que realmente necesitaran; haciendo favores sólo cuando realmente necesitaban el dinero. En la medida de lo posible, seguían acampando en los bosques, turnándose por la noche para dormir y vigilar, atentos a las señales de peligro, ya fueran animales, cadáveres o de los Wen.
No era una manera fácil de vivir, ni mucho menos. Aparte de la pobreza, había momentos en los que Lan Xichen destilaba ansiedad, cuando parecía que ninguna distracción que le ofreciera Jiang Cheng, ya fuera una pequeña charla, un juego de palabras o cualquier otra actividad trivial, podía distraerle de sus pensamientos sobre su hogar. Jiang Cheng podía simpatizar con él: sólo estaba despreocupado porque confiaba en que Wei Wuxian protegería el Muelle del Loto. Confiaba lo suficiente en su hermano como para haberle dejado a su cargo.
Sin embargo, entre los días malos también había días buenos. Por un lado, eran cautelosos y tenían tanto éxito trabajando juntos, Lan Xichen era tan amable y fácil de llevar, que incluso había momentos en los que Jiang Cheng se reía viendo cómo Lan Xichen, (o sólo A-Huan, como habían acordado llamarle), intentaba lavar su ropa en el río sólo para rasgarla; o intentaba cocinar un guiso de verduras, sólo para prender fuego a la cuchara improvisada; o simplemente cuando contaba un chiste sobre alguna tontería con la que se habían topado, una rana inexplicablemente apilada encima de otra rana, o alguna otra cosa banal, y en esos momentos, Jiang Cheng soltaba una carcajada, desde el fondo de su estómago.
Sin embargo, como todas las cosas buenas en la vida de Jiang Cheng, debería haber sabido que esto no duraría. Todo empezó cuando un día, al pasar por una ciudad, vio un papel con la insignia de la secta Wen, clavado en el tablón de anuncios de la ciudad.
—Todas las sectas del reino deben enviar a los jóvenes maestros y doncellas a Qishan para un campamento de entrenamiento que será organizado por la estimada secta Wen...
A Jiang Cheng se le revolvió el estómago.
—¿Qué es? —Lan Xichen apareció detrás de él, con un manojo de nabos en la mano. Jiang Cheng no se giró mientras esperaba que el otro leyera él mismo el aviso.
A su lado, Lan Xichen respiró profundamente. Jiang Cheng los alejó del tablón de anuncios. Por alguna razón, hablar de la notificación justo delante de ella parecía peligroso, como si hablar mal de los Wen mientras se miraba su insignia tuviera el poder de convocarlos instantáneamente a su ubicación. Lan Xichen le siguió.
—¿Qué podrían estar planeando? —murmuró Jiang Cheng, lo suficientemente bajo como para que sólo Lan Xichen pudiera oírle. Su paso era tranquilo, pausado, incluso, desde la perspectiva de un forastero, pero Jiang Cheng podía sentir la rigidez de cada paso, el golpe de sus botas contra el suelo, una expresión apagada de rabia burbujeante.
—No lo sé, —respondió Lan Xichen sombríamente.
Sin embargo, sabía que, fuera cual fuera el próximo movimiento de los Wen, no podía ser un buen presagio. La sensación de inquietud de Jiang Cheng no hizo más que aumentar al pensar en que Wei Wuxian tendría que abandonar el Muelle del Loto, al tener que dejar atrás a su a-jie, a-niang y a-die. Se recordó a sí mismo que su a-die y su a-niang eran fuertes: a pesar de sus diferencias de personalidad y de temperamento, seguían siendo una de las mejores parejas de cultivo en la actualidad. Incluso sin Wei Wuxian, estarían bien. Estaba seguro de ello.
Mirando a su compañero, pudo ver que los ojos de Lan Xichen estaban fijos en el suelo frente a ellos.
—Yo... espero que mi hermano pueda ir, —dijo en voz baja. Jiang Cheng sabía lo que quería decir: esperaba que su hermano pudiera ir, porque entonces significaría que estaba vivo y lo suficientemente bien como para asistir. En su relato de los hechos, Lan Xichen había dicho que no tenía ni idea de si Lan Wangji estaba bien. Durante los ataques de ansiedad, especulaba sobre el bienestar de Lan Wangji, hasta el punto de que Jiang Cheng se había acostumbrado a detenerle de la trayectoria descendente de sus pensamientos con un atento: "A-Huan, lo estás haciendo otra vez".
Los siguientes días transcurrieron de forma incómoda para ambos. Un hechizo de letargo parecía caer sobre ellos, la fatiga de moverse de un lugar a otro sin rumbo finalmente se les metió en la piel.
Aunque se movían como medida de precaución ante una posible detección, no tenían ningún destino concreto. O más bien, Lan Xichen tenía un destino, los Recesos de Nube, aunque no podía volver allí todavía. Estando solo y por su cuenta, Jiang Cheng estaba esperando hasta que se sintiera preparado para ir más allá de Yunmeng, pero ahora... Jiang Cheng intentaba -quería- dar prioridad a las preocupaciones de Lan Xichen. Después de todo, Xichen era el que seguía siendo el heredero de una secta. Y era amable, amigable y de buen corazón. Y aunque ciertamente había mejores circunstancias para conocerse, en el poco tiempo que habían pasado juntos, habían pasado cada segundo de vigilia (y de sueño) al lado del otro y se habían unido de manera genuina. Jiang Cheng sentía que eran amigos.
Desde el anuncio del campo de entrenamiento de los Wen, ambos comenzaron a estar más atentos a los tablones de anuncios de la ciudad. Ninguna noticia era una buena noticia, le recordaba Jiang Cheng a Lan XiChen, incluso mientras él mismo ansiaba saber qué era lo que estaba pasando. Era un intento inútil de mantener el ánimo de XiChen, y aunque éste parecía agradecerlo, en sus momentos de ocio, cuando XiChen creía que nadie lo miraba, Jiang Cheng lo sorprendía mirando al espacio, sumido en sus pensamientos.
En esos momentos, Jiang Cheng estaba seguro de que XiChen estaba tratando de idear un plan, tratando de pensar en alguna manera, algo más aparte de esperar una señal de su tío, una señal para ayudar a su secta. A veces Jiang Cheng quería decir algo, quería sugerir que hablaran de ello, que planificaran y compartieran ideas juntos... pero entonces se acordaba de lo que él mismo había hecho, del hecho de que había renunciado a su posición, no, la había perdido, legítimamente, ante Wei Wuxian, que era mejor que él en todos los sentidos. Y entonces es ahí donde Jiang Cheng sentía que sería completamente inútil y que él mismo era poco útil de todos modos, así que se encerró de inmediato.
Tenían razón al tener presentimientos por lo que iba a suceder. Aunque nada podía prepararles para la magnitud de su alcance.
Acababan de comprobar el tablón de anuncios del pueblo por el que pasaban y, al no ver nada, se habían dirigido a los puestos para comprar algo de comida. Jiang Cheng estaba recogiendo melocotones cuando escuchó a dos tenderos hablando distraídamente:
—Ah, no sé cómo voy a hacer negocios así.
—¿Ah? ¿Qué sucede?
—El tipo que debía traerme mis semillas de loto, vino esta mañana con una gran bolsa sin nada, diciendo que había intentado entrar en el Muelle del Loto sólo para ser rechazado por un grupo de Wens. Al parecer, los Wens han tomado el Muelle del Loto o algo así.
A Jiang Cheng se le heló la sangre y agarró con fuerza la fruta que tenía en la mano. Los Wens han tomado el Muelle del Loto. Los Wens. Muelle Loto. Lo tomaron.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué ha pasado con el Muelle de Loto? —Soltó antes de poder contenerse. Se sintió a la vez familiar y extraño al pronunciar el nombre. No lo había dicho en voz alta desde que se fue.
El tendero parecía sorprendido por haber sido interrumpido de su charla tan bruscamente.
—¿No conoce a los Wen, joven?
—Por supuesto que conozco a los Wen. ¿Qué quiso decir con que han "tomado el Muelle de Loto"?
Era consciente de que debía estar hablando más alto de lo que creía. Algunos transeúntes miraban en su dirección. El propio comerciante parecía nervioso.
—Bueno, es lo que me dijo mi proveedor esta mañana, cuando mi pedido no llegó, —dijo el hombre rápidamente. —Había hecho un gran pedido justo el otro día, así que pregunté por una compensación, pero el tipo sólo dijo...
—¡No! —Jiang Cheng estaba temblando. —¡No me importa su pedido! ¡Háblame del Muelle de Loto! ¡Nunca se retrasan con los envíos o los pedidos! ¿Qué ha pasado con el Líder de la Secta Jiang? ¿Madam Yu? ¿Jiang Yanli? ¿Wei Wuxian?
El tendero estaba tenso, con los hombros rígidos y encorvados hasta las orejas. Balbuceó: —¡¿Cómo voy a saberlo?! ¡El tipo acaba de decir que no espere mucho por mi pedido porque los Wen han tomado Lotus Pier! ¡Sólo Dios sabe qué pasó con los Jiangs! ¡Y cuanto menos sepamos, mejor! ¡Los Wen son despiadados! ¡No quiero saber nada! ¿Por qué estás tan interesado, de todos modos?
Los dedos de Jiang Cheng se clavaron en la piel del melocotón que tenía agarrado, la fruta se enganchaba bajo sus uñas y las hacía pegajosas.
Qué gran pregunta. ¿Por qué estaba tan interesado? No tenía derecho: los había dejado. Los abandonó, los había dejado atrás, y ahora los Wens habían capturado a Muelle Loto y estaban –probablemente- estaban seguramente…
Jiang Cheng no podía respirar. Sus piernas cedieron mientras su visión se desvanecía.
.
Cuando se despertó en un techo blanco, con una manta hasta el cuello, durante un dichoso momento, no recordó lo que había pasado. Sin embargo, el momento duró poco: cuando aquellas palabras del tendero volvieron a su mente, un grito lastimero salió de sus labios. Las lágrimas inundaron su visión cuando escuchó el sonido de una ropa moviéndose cerca de él.
—A-Cheng.
El rostro de Lan Xichen apareció mientras miraba a Jiang Cheng, con los ojos llenos de preocupación.
—A-Huan, —su voz salió como un grito, distorsionado y feo, —A-Huan. Están muertos. Están todos muertos. ¡Muertos! ¡Muertos! Muertos…
Jiang Cheng apretó los ojos, lamentándose y gritando las palabras una y otra vez, como si decirlas las suficientes veces pudieran negar su verdad. Ante esto, Lan XiChen permaneció en silencio, extendiendo la mano de Jiang Cheng mientras lloraba.
Jiang Cheng no supo cuánto tiempo continuó, pero no se detuvo hasta que su voz quedó ronca y su respiración bastante agitada. Cuando se calló, había un vacío en la boca del estómago, sentía como si le hubieran arrancado su núcleo dorado. Se quedó mirando el techo blanco, sin parpadear.
Lan Xichen le acarició suavemente el cabello y fue entonces cuando Jiang Cheng se dio cuenta de que su moño se había deshecho. No le importó -no importaba, nada importaba- y siguió mirando fijamente hacia delante.
En silencio, Lan Xichen le pasó energía espiritual a través de sus manos unidas y a través de la palma de la mano que le rozaba el pelo, con movimientos relajantes. Jiang Cheng pudo sentir la fuerza de la energía, que lo arrullaba suavemente, persuadiéndolo a descansar. Sucumbió al impulso, agotado tras su despliegue emocional.
Cuando se despertó por segunda vez, el Primer Jade no se había movido, con la mano aún agarrada a la de Jiang Cheng. Estaba sentado junto a la cama de Jiang Cheng, con los ojos cerrados en meditación. Jiang Cheng aprovechó la oportunidad para observar su entorno.
Evidentemente, Lan XiChen había utilizado las últimas monedas para comprar una habitación en una posada. Jiang Cheng recordaba haberse derrumbado en la calle después de escuchar las noticias, lo que significaba que XiChen debía haberlo traído hasta aquí. Había visto la fuerza de los brazos de Xichen en acción -le habría resultado fácil levantar a otro hombre, incluso a uno tan alto como Jiang Cheng-, pero eso no le hacía sentirse menos culpable.
Culpa. Era la emoción que le embargaba entonces: culpa por haber abandonado el Muelle del Loto, culpa por haber dejado a sus seres queridos para que los Wens se metieran con ellos, culpa por haberlos abandonado y ahora, además, culpa por haberse convertido en una carga extra para Lan XiChen, que había estado sufriendo todo este tiempo, preguntándose también por el destino de su familia. Lan XiChen debió pensar varias veces en la muerte de su hermano, su tío y su padre durante estas últimas semanas -de hecho, Jiang Cheng había escuchado cómo especulaba-, pero no se había derrumbado ni había montado una escena en medio de la calle, llamando innecesariamente la atención sobre ellos y poniéndolos a ambos en peligro.
Jiang Cheng recordó lo débil que era.
—Es porque soy tan débil que los dejé, —se burló, —y ahora están muertos. Y yo sigo siendo débil. Yo debería haber muerto con ellos.
No había pretendido que el otro le oyera, pensando que debía estar en profunda meditación. Pero como en muchas cosas, Jiang Cheng se equivocó. Lan Xichen abrió los ojos.
—No digas cosas tan horribles, — dijo XiChen con suavidad, su pulgar rozando los nudillos de Jiang Cheng, —No eres débil. Y me alegro mucho de que no estés muerto.
Sus ojos se encontraron y se miraron por un momento. Jiang Cheng se dio cuenta de que, a pesar de que pasaban tanto tiempo juntos, nunca hubo un momento apropiado para mirar al otro. No era ningún secreto que el Primer Jade era guapo; una mandíbula cincelada, una nariz recta y unos ojos del color del ámbar. El cansancio no había hecho nada para contrarrestar esos rasgos y, sin embargo, los efectos eran evidentes en las ojeras y la preocupación aparentemente permanente grabada en ellas.
—Lo lamento, —dijo Jiang Cheng, demasiado agotado para sentirse cohibido al expresar sus sinceros pensamientos, —lamento haber causado una escena antes. Y lamento que hayas tenido que gastar las últimas monedas en esta posada para que yo pudiera descansar. Lamento que sea débil y estúpido, y que hayas tenido que cuidar de mí cuando soy yo quien debe cuidar de ti. Tú eres el que tiene verdaderas preocupaciones, el que ha estado pensando en tu familia todo este tiempo. Tú eres el que tiene que averiguar cómo traer prosperidad a tu secta y yo... yo sólo... los abandoné. Y no tengo derecho a estar tan molesto por lo que les haya pasado. Incluso si son... no, no tengo derecho. Y ahora nos he puesto en peligro y lo siento mucho, y soy tan estúpido -
—Jiang Cheng.
La voz de Lan Xichen era firme cuando lo interrumpió. Estaba seguro de que nunca había oído a Lan Xichen decir su nombre de nacimiento, ni en esta vida ni en la anterior. El mencionado tragó saliva y omitió un grito mientras las lágrimas volvían a brotar de la esquina de sus ojos. Lan Xichen utilizó su manga para limpiarlas.
—Mientras dormías, me tomé la libertad de preguntar a la posadera y a sus clientes si sabían algo sobre el Muelle del Loto. Tal vez debería haber pedido permiso antes, pero dadas las circunstancias, consideré que era importante que reuniéramos toda la información posible. Ahora voy a contarte lo que he aprendido de mi investigación. Pero no tienes que tomar todo lo que digo como si fuera la verdad absoluta, ya que que estas son sólo noticias que or casualidad han estado circulando a este lugar en particular. Todavía no hemos verificado ninguno de estos rumores. ¿Lo entiendes?
Xichen hizo una pausa, apretando la mano de Jiang Cheng. Jiang Cheng asintió.
—Los rumores dicen que uno de los hijos de Wen Ruohan asechó al Muelle del Loto después de un enfrentamiento con Wei-gongzi, durante el campo de entrenamiento de Wen.
Jiang Cheng hizo un ademán por levantarse, por salir de la cama y dar caza a Wei Wuxian. Si no estaba ya en la tumba, lo estaría pronto. ¡Cómo se atreve! ¿Cómo se atreve a traicionar su confianza y burlarse así de los Wen cuando, como futuro líder de la secta, su máxima prioridad debería ser protegerlos a todos? Si su comportamiento, habitualmente travieso y descuidado, había provocado la ruina de Yunmeng Jiang, entonces Jiang Cheng no podría perdonarle, nunca podría perdonarle mientras viviera.
—¡Pero! —Lan Xichen continuó, tratando a propósito de desviar los pensamientos de Jiang Cheng y evitando que éste se levantara. —También me enteré que Wei-gongzi salvó la vida de todos los jóvenes maestros y doncellas del grupo que fueron a Qishan después de que los dieran por muertos, en una cueva con una criatura peligrosa. De manera egoísta pregunté si había algún representante de Gusu Lan, y me dijeron que creían que sí, lo que significa que Wangji también pudo haberse salvado...
El alivio en el rostro de Xichen era evidente, incluso mientras miraba a Jiang Cheng, con culpabilidad a través de sus pestañas.
—Después de confirmarlo, me dijeron que creían que hubo otro enfrentamiento entre Madame Yu y la amante del hijo de Wen Ruohan. Había un subordinado allí llamado Wen Zhuliu, que... también es conocido como la "Mano Rompe Núcleos".
Lan Xichen hizo una pausa, como si esperara a que Jiang Cheng asimilara la información. Cuando éste no reaccionó, continuó.
—Dijeron que la gente vio al Líder de la Secta Jiang regresando de un viaje en barco cuando esto ocurrió. Y hubo testigos de que Wei-gongzi estaba allí, contando lo que le había sucedido. Nadie escuchó lo que se dijo entre ellos, pero aparentemente Wei-gongzi estaba muy angustiado y había sido atado con Zidian. Algunos vieron cómo el líder de la secta Jiang despedía a Wei-gongzi, aún atado, mientras él mismo se dirigía con los demás discípulos hacia el Muelle del Loto.
—…-li.
—¿Hm?
—Yanli. ¿Alguien mencionó a Yanli?
Los ojos de Jiang Cheng eran crudos y suplicantes, una de sus manos se aferraba a la manta que yacía encima de él, la otra se apoyaba en Xichen para estabilizarse. Xichen puso una mano en la espalda de Jiang Cheng, temiendo que de repente se desplomara sobre la dura cama de madera.
—Me temo que nadie mencionó a la doncella Jiang, —respondió con voz suave. —Las personas que me contaron estas cosas fueron las que habían estado viajando al Muelle del Loto y habían tenido que dar la vuelta debido al caos, pero se habían enterado de los acontecimientos en el camino de regreso, o conocían a gente que había escapado del Muelle, justo cuando la lucha se llevaba a cabo.
Jiang Cheng asintió mientras se sumían en el silencio. Había mucha información que asimilar y la mente de Jiang Cheng iba a toda velocidad para poder entenderlo todo: lo que había pasado y, lo que es más importante, lo que tenía que hacer al respecto.
—Entonces... lo que estás diciendo es que... aunque no lo sepamos todo... ¿es probable que Wei Wuxian siga vivo? —Jiang Cheng especuló en voz alta, sintiendo que debía estar malinterpretando algo.
Xichen parecía dudar si confirmar o negar algo, pero dio un pequeño asentimiento y dijo: —Sí. Creo que podemos asumirlo.
—Y si estaba envuelto con Zidian, significaba que mi madre lo había enviado lejos, —continuó Jiang Cheng.
—Sí, es una suposición probable, —confirmó Xichen.
—Bueno, si ese es el caso, no hay manera de que ella lo haya enviado lejos sin Yanli, —dijo Jiang Cheng con decisión, sus ojos grises mostrando resolución mientras imploraban a Xichen que estuviera de acuerdo con él. Lan Xichen sonrió con tristeza, mas volvió a asentir, añadiendo: —Tal vez podamos suponer eso también.
—Yo... tengo que encontrarlos, tengo que hacer algo, aunque no puedo simplemente... ya los dejé... y ahora...
—A-Cheng, — Xichen volvió a detenerlo, esta vez con el nombre que ambos se habían familiarizado a usar. —Aunque quizá podamos hacer estas suposiciones, no sabemos dónde está Wei-gongzi. Y tampoco sabemos dónde encontrar a la doncella Jiang, aunque supongamos que está a salvo en algún lugar. Además, puede ser más peligroso para nosotros buscarles, ya que, si están realmente vivos, entonces es probable que estén escondidos, y cualquier atención que podamos atraer accidentalmente hacia ellos acabaría haciéndoles más daño que bien.
—¿Entonces qué esperas que haga?
Jiang Cheng estaba frustrado. Ya era inútil, ya había sido inútil, había renunciado a todo sólo para descubrir que, aunque se había ido de manera física, a pesar de todo no había dejado atrás el amor por su familia, y ahora aquí se encontraba, seguro y sano mientras sus padres estaban seguramente muertos y sus hermanos desaparecidos. Jiang Cheng necesitaba saber que estaban a salvo antes de poder continuar; antes de poder alejarse más allá de Yunmeng y establecerse en algún lugar lejos de ellos. No los había dejado para que perecieran: al contrario. Los había dejado con la esperanza de que pudieran ser más felices sin que él fuera una carga para ellos. No estaban destinados a encontrar la desgracia, eso desde luego no había estado en sus planes de partida.
—Tengo... otra sugerencia sobre lo que podríamos hacer, —dijo Lan Xichen lentamente, diciendo cada palabra con mucho cuidado. —He estado pensando en lo que podemos hacer desde hace algún tiempo. Especialmente durante estos últimos días. Hemos corrido lo suficiente. Nos hemos escondido lo suficiente. Esto no puede seguir así. Los Wen no pueden salirse con la suya. No pueden salirse con la suya con lo que le han hecho a mi secta, ni con lo que le han hecho a la tuya. La masacre del Muelle del Loto debe ser la última atrocidad que veamos cometida por los Wen sobre personas inocentes.
Jiang Cheng asintió, escuchando atentamente.
—Pero, —continuó Xichen con cautela, —no podemos precipitarnos. Sabiendo esto, esperaba que no tuviéramos que involucrarlo, pero no se me ocurre otra opción.
Lan Xichen suspiró. Llevó sus dos manos para sujetar las de Jiang Cheng, haciendo que el chico más joven se girara en la cama hacia él. Mirando hacia abajo, Xichen dijo: —¿Recuerdas que mencioné a un hombre amable que me ayudó después del incendio? ¿Un hombre llamado Meng Yao? De hecho, es un hijo ilegítimo de Jin Guangshan. No había pensado en mencionarlo antes porque no era relevante. Pero cuando hablamos, parecía decidido a encontrar alguna forma de conocer a su padre y me había pedido ayuda. Pero, dado el estado en que me encontraba, y el estado de todo, no pude prometerle nada y entonces me fui por miedo a su vida. Creo... creo que si volvemos con él, tal vez pudiera ayudarnos.
Lan Xichen hizo una pausa, antes de proseguir:
—Es posible que Meng Yao no pueda acercarse directamente a los Recesos de las Nubes. Puede que todavía la secta no esté en condiciones de recibir a extraños como visitantes. Pero Mingjue-xiong y yo somos amigos desde hace mucho tiempo. Y sin duda ya se habrá enterado de lo que le ha pasado a los Recesos de las Nubes. Si Meng Yao puede llevar un mensaje a Mingjue-xiong, estoy seguro de que podrá llevar un mensaje a shufu.
—¿Y entonces? —Jiang Cheng insistió, queriendo alguna certeza de acción, algo más concreto que pasar mensajes. —¿Y luego qué? ¿Y luego le pedimos al líder de la secta Nie que encuentre a Wei Wuxian?
—Y luego... formamos una alianza, y luchamos juntos contra los Wens. Y encontraremos a Wei-gongzi en el camino.
Jiang Cheng dejó escapar un suspiro de alivio que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo. Asintiendo con la cabeza, más que nada para afirmarse a sí mismo, dijo de manera distraída: —Bien. Tienes que encontrar a Wei Wuxian. Él puede representar a Yunmeng Jiang para que Yunmeng Jiang también pueda luchar contra los Wens.
—A-Cheng, yo... sólo lo pregunto para estar seguro. ¿No te gustaría liderar a Yunmeng Jiang?
Era una pregunta que Jiang Cheng no había esperado. Se tomó un momento para considerarlo, pero negó con la cabeza. —No es una cuestión de si me gustaría o no. Yo... renuncié a eso cuando dejé la secta. Lo dejé todo. Eso no significa que no me importe lo que ocurra con ella. No significa que no quiera que estén a salvo, y felices, y sobretodo, vivos. Pero en mi cabeza, ya he perdido la posición ante Wei Wuxian. Él ahora es el líder legítimo de Yunmeng Jiang. Y yo sólo quiero ayudarle a conseguirlo.
Jiang Cheng no podía estar seguro, pero sentía como si Lan Xichen le entendiera. Asintiendo una vez más, el chico mayor suspiró profundamente antes de jalar repentinamente de Jiang Cheng hacia un abrazo. Sin saber cómo reaccionar, Jiang Cheng dejó que sus brazos cayeran a los lados mientras permitía que Xichen lo abrazara.
—Perdóname por esto, —la voz de Lan Xichen estaba tan cerca de su oído que hizo que un escalofrío recorriera la columna vertebral de Jiang Cheng, —pero siento como si debiera haberte dicho lo que había estado pensando antes. Como si... tal vez debí haberte consultado sobre este plan. Tal vez podríamos haber actuado antes, y entonces tal vez... tal vez esto no habría sucedido. Tal vez podríamos haber salvado a Lotus Pier.
—No seas estúpido, —murmuró Jiang Cheng, con la voz apagada al tener la boca cubierta por el hombro de Lan Xichen. —Los Wen... si tuvieran la intención de atacar al Muelle de Loto... habrían encontrado alguna excusa para hacerlo. Mira lo que le hicieron a tu hogar también. No es culpa de nadie, de nadie más que ellos.
—Gracias.
Jiang Cheng sintió que le apretaban, lo que le hizo levantar por fin las manos y devolver el abrazo. Cuando Lan Xichen se apartó finalmente, había pequeñas gotas en el rabillo de sus ojos.
—Supongo que también me disculpo porque, de manera egoísta, había demorado en decírtelo, con la esperanza de que pudiéramos seguir otro poco más de tiempo juntos como hasta ahora, —se rió Xichen, y si Jiang Cheng no lo supiera, diría que sonó amargo, —sé que hemos estado ansiosos, y sé que muchas veces yo mismo he causado esa ansiedad, pero... también ha habido momentos de paz. Y estar contigo me ha traído una sincera alegría. Esperaba... que pudiéramos ser A-Huan y A-Cheng por un poco más de tiempo.
Fue el turno de Jiang Cheng de burlarse entonces. Hizo para decir algo tranquilizador, como si estas pocas semanas le hubieran enseñado por instinto a calmar las preocupaciones de Lan Xichen antes que cualquier otra cosa.
—Haces que parezca que no vamos a estar juntos a partir de ahora, —dijo, antes de darse cuenta de la implicación de sus palabras. Lan Xichen le miró fijamente.
—¿Lo harás? —Le dijo finalmente, con los ojos vidriosos.
—¿Qué cosa? —Jiang Cheng balbuceó. No podía retirar sus palabras. No cuando las había dicho en serio.
—¿Lo harás? ¿Estarás a mi lado?
—Supongo. Quiero decir, no tengo otro lugar donde estar. Y además, no puedo dejar a Yunmeng hasta saber que Wei Wuxian y Yanli están a salvo, así que… Necesito estar contigo hasta que los encontremos. Al menos hasta entonces.
Fue lo más parecido a retroceder por instinto que Jiang Cheng pudo conseguir. Lan Xichen parecía molesto y aliviado a la vez.
—Bien entonces, —dijo, —al menos te tendré hasta ese momento.
Jiang Cheng sintió que algo en él cambiaba, al ver la pequeña y triste sonrisa que Lan Xichen le dirigía. Recordó el sentimiento de querer proteger a Lan Xichen, de querer ayudarle a reconstruir su secta. El sentimiento no había cambiado; sino que se envolvía en algo más fuerte, incluso, más ahora que al hacerlo también podría buscar a Wei Wuxian y ayudarle a vengar a sus padres y a reconstruir Muelle de Loto.
—Ah, hay una cosa más, —dijo Lan Xichen, aplaudiendo en un momento de comprensión. —Siempre me ha parecido curioso esto de que viajemos por ahí. Siempre parecías más preocupado por mí que por ti mismo, pero creo que hay tanto riesgo de que la gente te reconozca como de que me reconozcan a mí, si no más, porque todavía estamos en Yunmeng. Antes no era un problema tan grande, después de todo, los Wen no te perseguían, pero ahora... ¿Has pensado en llevar algo para cubrir tu rostro?
Jiang Cheng frunció el ceño, confundido. —Han pasado bastantes semanas desde que dejé el Muelle del Loto. Al principio me preocupaba que alguien me reconociera, pero no es que hayan enviado a un grupo para buscarme. Sólo soy un hijo desgraciado. —El pecho de Jiang Cheng se contrajo al decir esto, aunque sabía que era la verdad. —Si nadie me ha descubierto hasta ahora, entonces no veo por qué tendría que cubrirme la cara.
—Cuando pedí información, mucha gente me dijo que ahora hay muchas posadas en esta ciudad y en los alrededores que alojan a los habitantes del pueblo que huyeron de Muelle del Loto, —explicó Xichen. —Por supuesto, no tengo ningún problema en que te reconozcan los habitantes del pueblo como tal. De hecho, creo que eso podría hacer mucho por la moral y sería muy positivo para ellos, verte de manera tan inesperada, a salvo y vivo. Pero si los Wens te encontraran...
Se habían vuelto muy versados en leer al otro a medida que pasaron su tiempo en el bosque, en interpretar las palabras del otro cuando no podían expresarse con franqueza. Esto no era diferente. Jiang Cheng sabía lo que quería decir:
"Pero si los Wen te encontraran, podrían terminar lo que comenzaron."
—De acuerdo. — Respondió sin pensarlo mucho. El alivio que pasó por Xichen fue evidente, y valió la pena aceptar que se cubriera el rostro, aunque sólo fuera para provocar esa reacción. No estaba seguro de dónde sacaba esas ideas, pero como ahora tenía la costumbre de decir lo que le apetecía, las palabras le abandonaron antes de que pudiera pensar demasiado en ellas:
—Vale, me pondré una máscara. Pero quiero que elijas una para mí. Sólo me la pondré si tú la eliges.
Los ojos de Xichen se doblaron en arrugas mientras asentía: —Por supuesto.
Les quedaba un largo viaje por delante. En contraste del dolor que había sentido, Jiang Cheng también sintió un tinte agridulce de felicidad, sabiendo que tendría algo más de tiempo al lado de este chico que, de alguna manera, le tranquilizaba, y le hacía sentir seguro.
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Notas de autora (jagaimocchi): Tuve algunas dificultades con la línea de tiempo, así que por si no quedaba claro, el orden de lo que pasó es el siguiente:
*JC huye
*Los Wen incendian los Recesos de las Nubes
*Campamento de los Wen + Incidente de Xuanwu
*Masacre del Muelle de Loto
Además, apenas al entrar, LXC insonorizó por completo toda la habitación donde se hospedaban, intuyendo que JC no estaría en su mejor momento cuando despertara.
*Notas de Traductora (Sthefy): ¡Espero que les haya gustado! :D Como había comentado antes en mi página, este es el comienzo de la serie "Lan Furen", consta de 5 partes: 4 son Oneshots y la última parte es un long-fic de 10 capítulos. Comenta aquí para avisarte cuando se vayan publicando los demás.
Mil gracias por leer~
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Fin de la parte I de la Serie "Lan Furen"
