Día 1, mes abril. Primavera.

Querido amigo:

Es complicado el iniciar a escribirte justo después de tu partida, pero es una de las promesas que juré cumplirte, y, aunque compleja, sigue siendo la más fácil de todas. pero la palabra de un caballero es su valía.

Creo profundamente que el rey tuvo problemas con el Clero tras haberte desterrado, pues ellos consideraron que la "traición" que cometiste merecía la muerte; pero todos lo sabíamos, lo sabemos, que no eras capaz de hacer lo que se te culpa, aun con todas las pruebas que dicen tener. Eres incapaz de poner un dedo sobre la reina... y, sobre todo, ella lo sabe.

He tenido pocas oportunidades de salir en grupo, pues ahora me encargo de la seguridad personal del rey; el ambiente se volvió lúgubre después de tu destierro, sobre todo con la decisión del rey de encerrar a la reina en su habitación a manera de prisión. La gente piensa que está perdiendo la cabeza por la traición. Sin embargo, es claro que está siendo presionado por el Clero, para dar la apariencia de que todo está conforme a la ley antigua, esa que lucha aun por desterrar. Esperamos que todo se calme pronto, aunque nada será igual tras tu partida.

Tal como lo prometí, he estado más el pendiente de ella, como su maestro, aunque es extraño tras ya no considerarme como tal tras los años que pasaron desde que el rey aceptó que fuera parte de nosotros; ella se toma los entrenamientos con la calma de la costumbre, mientras yo intento deducir aquellas palabras que me dejaste antes de irte... ella no necesita que la cuiden, tiene la fuerza y la valía de cada uno de nosotros.

Te deseo lo mejor, mi buen amigo.

Mariscal B.