CAPÍTULO 1
PRESENTE
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La oscura risa de Karmek inundó sus oídos, estremeciendo el cuerpo de Vasili.
—Oh, Vasili, no hagas esa cara. —Los dedos del demonio tomaron su mentón, el filo de sus uñas rasgando la tersa piel de su mandíbula—. Piensa que tú mismo causaste esto. Obsérvalos luchar...
El demonio le hizo voltear su rostro, la mirada dorada de Vasili se enfocó en la secta aire, donde la mayoría de los discípulos estaban envueltos en la batalla, peleando contra la horda de demonios y fantasmas que Karmek había llevado para invadir la montaña.
—Ninguno de ellos va a salvarte esta vez... Tu compañero de cultivo está desaparecido, y ese chico al que proteges probablemente esté muerto... —El aliento de Karmek rozó su oreja, su tono bajo al susurrar—. Puedes detener esto si te unes a mí. Solo ven conmigo, y todo esto acabará.
Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Vasili, conforme ese roce y ese aliento tocaban su ser. Estaba exhausto, la batalla se había extendido más de lo esperado y sus antiguas heridas se abrieron de nuevo. A nada estaba Vasili de reemprender los ataques, una vez más, cuando un grito desesperado en su ayuda lo congeló.
—¡Vasili! —El pánico se estableció en el corazón del cultivador. No... ¡Qué hacía ahí, tenía que irse!
—Vaya... ¿entonces no murió? —El miedo se aferró con más fuerza en Vasili ante las palabras de Karmek. Él reía—. Arreglaré eso en un momento.
—¡No!
Lo siguiente fue una sucesión de situaciones en las que Vasili apenas podía visualizar, el agónico impacto de algo atravesando su corazón fue lo suficiente para despertarlo, su pecho latiendo alocado. Frente a él solo estaba la visión del pasto que crecía dentro de una de las criptas de las Cuevas Sagradas, donde había estado cultivando en reclusión el último año.
Un año. ¿En qué mes exacto estarían?
Se permitió romper la postura erguida, estirando las piernas cruzadas y recostándose sobre la piedra larga en la que estuvo. La paz que reinaba en las Cuevas era muy relajante. Le permitió reunir la suficiente paz para que su cerebro analizara aquella visión momentánea. Nunca antes, en los doce meses que estuvo recluido, experimentó una visión como esa. La voz de Karmek llamando su nombre de aquella forma tan desagradable. Contrario a las pocas veces anteriores, obtuvo nueva información.
Él tuvo un compañero de cultivo... y un protegido.
Una vez que tenía esas visiones, poco era los rostros que recordaba. Las voces, las palabras, el presentimiento de las acciones, eso sí lograba quedarse grabado en su mente. Lo demás, no.
Una vida pasada, hace quinientos años, donde él fue un reconocido cultivador que logró ascender como un inmortal celestial. En un mundo donde el cultivo se dividía entre el núcleo de elementos a base de energía espiritual y maná, su alma fue una anomalía creada por los dioses para dominar el cultivo en las cinco ramas existentes: aire, tierra, agua, fuego y alquimia.
Pocos eran los años, en esta nueva identidad, que le han permitido la oportunidad de ir aceptando su pasado e ir pensando en lo que será a futuro. Nacido en un cuerpo con un núcleo inicialmente alquímico, descubrir que podía cultivar los demás elementos fue un alivio. La alquimia era el único elemento neutro, destinado solo a la medicina y al forjamiento de armas espirituales. Habitando un mundo plagado de criaturas, en una pequeña isla con menos de cien habitantes y todos dedicados a la medicina, no tenían un guerrero que los defendiera. La naturaleza protectora, propia de su alma, lo instó a abandonar a su gente para forjarse en el cultivo de los demás elementos.
El día que abandonó su isla, que embarcó el barco que lo llevó lejos de casa, fue el más duro de todos.
Vasili suspiró, se incorporó e hizo una revisión de su núcleo actual.
Las Cuevas Sagradas eran conformadas por interminables cavernas en las que abundaba la energía espiritual del aire. Corrientes de aire viajaban sin descanso a través de las grutas, los cultivadores como él se internaban en ellas para meditar y colmar su núcleo interno una vez formado. El cultivo de elemento funcionaba como una vasija de barro: mientras más medites en el cultivo, mientras más entrenes, tu núcleo de barro tomará forma en la vasija que contendrá tu energía espiritual del elemento. Esa vasija puede endurecerse, evolucionar a un material incluso más resistente como el propio diamante. Ahí se logra alcanzar la inmortalidad.
Su núcleo actual tenía buena forma. Vasili estaba satisfecho, si bien aspiraba más. Él todavía no lo había comprobado, pero creía que habría reencarnado con su vieja anomalía y podría cultivar el resto de elementos. Los cultivadores solo tenían la posibilidad de cultivar dos elementos compatibles. Vasili aspiraba tratar con el resto de elementos, aspiraba volver a ser aquel guerrero de antaño y proteger a su gente.
—Ha pasado un año... —Su voz resonó un poco en la gruta donde se encontraba actualmente—. Creo que será mejor volver a casa un tiempo antes de continuar.
Poniéndose en pie, sacudió su túnica de uniforme. Las prendas de la secta aire eran túnicas ligeras, la interior era sencilla mientras que la exterior poseía un delicado bordado de espirales celestes y plateadas en los bordes. La ubicación donde estaba era la Secta Aire, establecidas en el este, una vasta tierra montañosa. Los pueblos se ubicaban en las costas, y la secta estaba dividida en una secta superior y dos inferiores. Él llegó hace un año a la secta superior Khalan, en el Pico de Khalan-E. Su antiguo hogar en aquella vida pasada. Tuvo que subir más de dos mil escalones, pues los habitantes se cultivaban mejor a muy grandes alturas.
Vasili salió de las criptas, establecidas en lo más alto del pico, y descendió con calma los escalones. Su largo cabello castaño flotaba tras su espalda a causa de los suaves vientos de la montaña. La secta Aire se conformaba por pequeños edificios y pagodas construidas en tres montañas conectadas a través de puentes. Una pagoda principal estaba construida en la montaña central, y era la residencia principal del líder de secta. Una cascada descendía por la misma.
Vasili apenas había alcanzado al área de entrenamiento cuando una voz lo llamó desde la lejanía.
—¡Vasili! —Estridente, animado, desvergonzado.
La figura que subía a su encuentro, saliendo del campo donde los discípulos entrenaban con sus espadas, pertenecía a Shaoran. Delgado, joven y cuyo cabello largo estaba atado en una cinta blanca, Shaoran era un nativo del clan Fuego, que vino de intercambio a cultivar el elemento aire.
Vasili lo consideraba un milagro de la perseverancia. Shaoran representaba absolutamente todo lo que un discípulo de la secta Aire no debería ser.
—¡Finalmente estás aquí! —De inmediato, un brazo de Shaoran rodeó sus hombros—. Kaled y yo ya llevamos unos días de haber escapado de las criptas. ¡Estaba a punto de apostar que te quedarías otro año ahí!
Vasili sonrió. Shaoran, Kaled y él eran discípulos de la misma maestra. A quien, claramente desde su posición, podía observar esperando por ellos en el campo.
—No está mal la idea. —Todavía con el brazo de Shaoran sobre sus hombros, descendieron lo que faltaba de las escaleras hasta pisar la hierba del campo—. Estar rodeado de tanta energía espiritual del aire se ha sentido bien. Es muy pacífico.
—Seh, seh. Y tan aburrido. —Shaoran por fin lo soltó, lanzando un suspiro en drama—. Decidí salir unos días antes que todos, ¡es todo lo opuesto al círculo volcánico de fuego! Estaba que moría si permanecía una semana más allí.
Supo a lo que se refería.
En el clan Fuego existía un área circular montañoso en la que se decía pudo haberse formado un volcán. El lugar estaba repleto de impactante energía espiritual de fuego, y era el lugar donde se cultivaba dicho elemento. Vasili tenía la esperanza de visitar dicho lugar pronto.
—Shaoran, tienes pensado regresar al clan Fuego una vez termine el tiempo de intercambio de estudio, ¿cierto? —cuestionó Vasili—. Eso será en cuatro semanas.
Los ojos del color de la miel de Shaoran miraron al frente, frunció un poco los labios.
—Es lo que se espera que haga, ¿no? —Pero, al voltear a ver a Vasili, Shaoran le dio una brillante sonrisa—. ¿Por qué? ¿Quieres que te acompañe? ¡Oh, oh! ¿Quieres venir conmigo? —Shaoran detuvo los pasos, parándose frente a Vasili—. Tengo tan buen amigo. Vas, ¿te gustaría hacer tan largo viaje conmigo al clan Fuego? —sugirió, tomando las manos del chico, sus ojos grandes esperando conmover al otro.
Un manotazo en su cabeza lo interrumpió.
—¿Qué demonios le estás diciendo tú? —Una voz más grave y la figura de Kaled se acercó.
Siendo parte de la secta Agua, Kaled portaba un característico tono de piel claro semi-bronceado e intensos ojos azules. Su musculatura también era igual de formado como Vasili y Shaoran, la diferencia radicaba en que Kaled era el más alto.
—No tienes reparo alguno —continuó diciendo—. ¿Le estás metiendo ideas raras?
—Kaled, ¡qué malo! —lloriqueó Shaoran, sobando el golpe. Realmente no dolió, pero nada le evitaba actuar como si le hubiera sacado el cerebro por la nariz—. No estoy haciendo nada esta vez. Vasili solo se ofreció a ir conmigo al clan Fuego.
—Bueno, en realidad yo... —intentó Vasili, sin éxito debido a la interrupción de Kaled.
—¿Ir contigo? ¿Quién quiere ir contigo? —Kaled se cruzó de brazos—. Ni siquiera es seguro que irás. ¿Quién dice que no te desviarás a algún burdel de mala muerte?
—¿Todavía recuerdas esa vez? Ni siquiera contratamos un servicio. —El recuerdo de ese pequeño escape causó que Kaled se sonrojara.
—¡Tú...! ¡No importa! Sé un cultivador decente. Nuestro método no permite los placeres carnales.
—Esa es la técnica de cultivo de la secta Aire. —Shaoran le guiñó el ojo, cruzando los brazos tras su cabeza a modo de apoyo—. Pero no somos de la secta Aire, ¿verdad?
—Bueno, somos discípulos...
—Qué desvergonzado —mordió Kaled. Vasili no estaba seguro si su sonrojo era de vergüenza o de ira.
—Está bien. Calmados, calmados los dos. —Vasili se apresuró a interponerse entre ambos. Suspiró—. No he decidido si ir al clan Fuego aún —dijo primero a Shaoran, quien se sintió un poco desanimado—. Pero tengo interés en ir. Probablemente primero visite a mi gente, y luego iré. Shaoran, podrías venir con Seth y yo a la facción Alquimia.
—¿Qué? —Kaled enarcó una ceja.
Contrario a Shaoran que lucía alegre en comparación.
—Jaja, Vasili, eres tan buen amigo, llevándote este pobre cachorro desamparado contigo. —Lo tomó del brazo, instando al joven a caminar—. Vamos. La maestra está esperando. Ah, y por cierto, tu amigo Seth aún sigue cultivando en reclusión.
—¿Eh? —Eso sorprendió a Vasili—. ¿Aún sigue en eso?
Eso lo preocupó un poco. Seth, como él, viene de la facción Alquimia. Le tomó mucho forjar su núcleo de aire, y aunque era un excelente espadachín, en todo ese tiempo presentó problemas en su cultivo. Contrario a Vasili, Seth fue aceptado como aprendiz por otro maestro de la secta.
Vasili, Shaoran y Kaled obtuvieron la, considerado un privilegio, instrucción de la única maestra en la secta Aire. Siendo la más joven, Sarai solía ser subestimada. Pero su nivel de cultivo era uno de los más altos, era extraordinaria en batalla y su conocimiento era absolutamente impresionante. El privilegio radicaba en que Sarai se consideraba una maestra estricta y reservada, fría e inalcanzable, por lo cual pocos discípulos se animaban a solicitar su instrucción.
La mujer siempre portaba un velo que cubría medio rostro, desde su llegada Vasili nunca ha podido ver sus facciones completas. También era casi tan alta como un hombre, su cabello rubio y ojos claros destacaban entre sus discípulos, donde todos portaban un cabello oscuro.
Los tres hicieron una reverencia, sus manos cruzadas.
—Vasili. Bienvenido. —Más allá de todo, la voz de Sarai era hermosa, melodiosa a pesar de su fiereza en batalla y enseñanza—. ¿Tu cultivo?
—Fluyó de manera fructuosa, maestra. Gracias por conceder a este discípulo el permiso para cultivar en las Cuevas Sagradas.
Sarai asintió. En la secta Aire los discípulos no podían acceder a las grutas sin un permiso previo de su maestro.
—Contamos solo con cuatro semanas. Su tiempo de permanencia en la secta está por expirar. —Sarai se giró, andando hacia el campo de entrenamiento—. Debemos aprovechar todo lo que podamos. Vasili, apenas has completado tu reclusión. —Sarai inclinó un poco la cabeza—. Toma un descanso por el resto del día. Mañana inicias la última fase.
El joven asintió. Estaba habituado a la forma corta, concisa y directa de Sarai. Casi plana. Era algo que solía incomodar a los demás discípulos. Vasili y sus compañeros se habían habituado lo suficiente al método de su maestra.
—Jeje. Maestra, en el clan Fuego nuestros maestros solían otorgarnos a los discípulos misiones para probar nuestro cultivo y ganar experiencia. —Shaoran se adelantó, ubicándose al otro lado de Sarai, dejando a Kaled atrás—. Hablo de, ¿no sería maravilloso hacer lo mismo? Porque la maestra también nos hará un examen final, ¿no? Maestra. —Shaoran le sonrió, esta vez parándose frente a ella—. ¿Cree que podamos tener la oportunidad?
Contrario a lo habitual que sería enfadarse, Sarai tan solo dio unos pocos parpadeos.
—El tiempo es limitado. Enfóquense en terminar su entrenamiento. —Sarai pasó a un lado de Shaoran, quien no se dejó desanimar y continuó tras ella junto a Vasili y Kaled—. Lograrán la experiencia por ustedes mismos. Vasili, cumple la instrucción. Shaoran, Kaled, su entrenamiento espera. —Y así, sin necesidad de añadir más, Sarai se volteó para regresar a su habitual posición en el campo de entrenamiento para observar el avance de sus estudiantes.
—Las cosas no cambian de la noche a la mañana —suspiró Shaoran, sintiendo luego la palmada de Kaled en su espalda.
Habiendo pasado un tiempo recluido, Vasili debía presentar sus respetos al líder de la secta y ante el templo de los ancestros de la secta, un lugar donde se veneraban a los antiguos líderes y maestros, a aquellos discípulos destacados que ya no estaban físicamente en aquel mundo, pidiendo por la iluminación de sus mentes, el fortalecimiento de sus cultivos y la bendición en los caminos que debían recorrer en el buen mundo de la cultivación.
Vasili permaneció una hora prendiendo inciensos y orando por las almas de los ancestros, agradeciendo el éxito en su entrenamiento, antes de presentarse en la residencia del líder, Sekmeth. Como la mayoría de los habitantes de la secta aire, el hombre portaba una larga cabellera rubia que igualaba los rayos del sol, mantenía su rostro ovalado libre de vello, luciendo mucho más joven de los cuarenta años que tenía.
Se hallaba sentado en una tarima similar a un trono, la decoración escasa y humilde solo limitándose a un par de ornamentos colgados en el medio del salón, una larga alfombra que iba desde la puerta a los primeros escalones, y suaves, ligeras, cortinas de seda que ondeaban con la fresca brisa. El lugar era muy iluminado con la luz natural del día gracias a los diversos ventanales estrechos que iban desde la mitad de la pared al techo. Una joven sirvienta servía una taza de té, al tiempo que Sekmeth escuchaba los comentarios de su segundo al mando. Un gesto de su mano lo detuvo al notar a Vasili.
—Ah. ¡Vasili! —Sekmeth apenas alcanzó a beber un sorbo del té, lo entregó de regreso a la sirvienta que lo sostuvo amablemente. El hombre se levantó—. No sabía que acabaste tu cultivación aislada.
—Acabo de salir. Saludos al líder de secta, —Vasili juntó las manos, una detrás de otra, frente al sujeto al tiempo que hacía una inclinación—. Este discípulo ha completado satisfactoriamente su nivel de cultivo básico y viene a presentar sus respetos al líder pasado el año de reclusión.
—Ya solo te quedan unas semanas en el pico de Khalan-E. Me gustaría, no, me honraría que permanecieras incluso un poco más de ese tiempo con nosotros —dijo, acercándose y posando una mano en el delgado hombro de Vasili.
El joven suspiró. Sekmeth, junto a su propia familia y su maestra, sabían de su vida anterior, sabían que él fue en algún momento del pasado el aclamado cultivador de los cinco elementos, Vasili. Su tío Rowan había informado a los líderes de secta sobre su regreso, luego de ser iluminado por los cielos sobre quién era, bajo la espera de que lo recibieran y ayudaran en su cultivo. Sin embargo, Rowan también le advirtió que, con gran probabilidad, podrían haber algunos líderes que desearan mantenerlo en sus sectas con el fin de establecer un vínculo mayor.
—Agradezco mucho su ofrecimiento, líder Sekmeth. Debido al tiempo que estuve en reclusión, no pude explorar mucho de este lugar que fuera mi antiguo hogar, y siento muchos deseos de hacerlo, pero también le doy una importancia mayor a mi familia. —Vasili retrocedió un paso, inclinándose ligeramente—. Tengo la intención de regresar a la facción Alquimia un par de días, antes de proseguir mi crecimiento en la cultivación.
Sekmeth emitió un suspiro que casi se escuchaba decepcionado. No pudo más que asentir.
—Así que, una vez que visites a tu familia, ¿partirás a la secta agua?
Vasili asintió. Por nacimiento, ya tenía control en el maná de alquimia. Ya forjó su núcleo espiritual de aire, Su siguiente viaje debería ser a las tierras de la secta agua para probar si podría, una vez más, usar dicho núcleo para cultivar el elemento de agua.
—Deseo hacer el intento. En dado caso, mi cuerpo sea incapaz contrario a antaño, volveré a la secta aire para seguir cultivando únicamente en el elemento de aire.
Sekmeth levantó dos dedos de la derecha, colocando ambos dígitos sobre el pecho de Vasili, muy cercano a su corazón donde se ubicaba su núcleo espiritual. Vasili no hizo movimiento alguno. Unos segundos transcurrieron para que Sekmeth apartara los dedos.
—Durante el asedio a la secta Aire hace quinientos años, se perdieron muchos registros sobre la anomalía que fue... que fuiste en tu vida pasada. Un cultivador cuyo núcleo podía soportar el cultivo espiritual y el maná de los cinco elementos. —Sekmeth se volteó, un gesto a la sirvienta fue suficiente para que ella llevara de vuelta la taza de té. La otra persona que quedaba ya hacía un tiempo que se marchó. Sekmeth dio un sorbo—. Por lo tanto, no queda mucha información sobre la magnitud de cómo fue tu núcleo en ese entonces... —Sekmeth pensó sus palabras un poco más—. Tu núcleo es un poco más fuerte de lo usual, Pero ¿es un indicio de que puede soportar otro cultivo de elemento, o solo una señal de cuan mayor alcance puede tener en el cultivo de tus elementos actuales, limitándose a ellos nada más?
Vasili estaba consciente de eso. Era la esperanza que mantenía.
Su objetivo era ser fuerte. Era poder proteger a su gente, a las personas que amaba. Dicha ambición solo se volcaba en esa razón; protección. No aspiraba la gloria o la fama de su vida anterior, quizá no tenía muchos recuerdos ahora, pero los pocos que iba desbloqueando estaban acompañados de un sentimiento de soledad y desdicha. Quería ser fuerte, pero también quería vivir tranquilo, en su pequeña isla, cosechando con su tío y haciendo medicina con su tía.
Si no podía aspirar al mayor poder que le conferiría el dominio de los cinco elementos, entonces se volvería el más fuerte cultivador de aire.
—Eso es algo que comprobaré una vez esté en la secta Agua. —Asintió, hizo una inclinación en despedida, y se marchó.
