Tormenta de verano
Se escuchan cantos extraños cuando la noche cae y las estrellas gobiernan en el cielo. Son suaves voces provenientes del mar que entonan canciones en un idioma desconocido y a la vez hermoso.
La gente grita que son sirenas cuando lo oyen y luego se esconden en sus casas; Hermione sabe que es el viento.
Los pescadores regresan al pueblo contando historias impresionantes y totalmente fantasiosas; ellos hablan de seres que son mitad humano y mitad pez. Hombres atractivos y mujeres hermosas que asoman sus cabezas por encima del agua e intentan atraerlos con sus encantos. Hermione los escucha, reprimiendo cualquier sonido escéptico que quiera escapar de sus labios. Tiene que agradar, debe caer bien...
Y así pasan los días, las semanas, los meses. Los cantos continúan, las historias se repiten y Hermione lentamente se acostumbra a su nueva rutina. Ella, al contrario que todos en el pueblo, no cree en las sirenas o tritones. Ella no teme a las voces que cree el viento, ella deja que la acurruquen en sus sueños.
Y pronto llega el verano.
El verano es extraño. En el día, el sol gobierna en lo alto, alzándose como un dios, glorioso e imponente, en el cielo, bendiciendo con sus rayos a propios y extraños. La gente de allí está acostumbrada a las altas temperaturas, saben cómo sobrellevarlas; los turistas se afligen con facilidad. Hermione observa.
En la noche, las nubes grises invaden el cielo y la lluvia implacable golpea la costa, las calles se transforman en ríos. Todos abandonan la playa; los naturales se refugian en sus propios hogares y los viajeros en sus cuartos de hotel, todo mientras las olas furiosas se estrellan en la orilla, aplacando el hermoso canto del viento. Hermione escucha.
Pero una noche, las nubes son más grises que nunca, el agua golpea con más fuerza, el cielo se ilumina por los relámpagos y los rayos se estrellan sobre el inmenso mar. Hay una tormenta eléctrica fuera y todos los servicios han sido suspendidos. Hermione espera.
Y cuando amanece, el sol se levanta más imponente que nunca y su brillo hace olvidar la catástrofe que la costa vivió la noche anterior. El cielo es de un azul, los pájaros cantan con alegría, las olas se amansan... y hay una mujer desnuda en la orilla. Dormida, inconsciente o quizá, muerta.
Hermione se arrodilla a su lado y comprueba su pulso. Le alegra saber que está viva, que respira y que no parece tener ninguna herida de gravedad. Se hace miles de preguntas mientras le examina el rostro. Ella es hermosa; su cabello es largo, ondulado e igual de negro que el ébano, lo que contrasta preciosamente con su piel blanca. Sus facciones son delicadas, preciosas; sus labios son rojos y carnosos, perfectamente acompañados por una nariz respingada. Le recuerda a los cuadros de las diosas antiguas, le recuerda a la bella Afrodita.
Suspira y coloca una mano en su mejilla sonrojada. Vive y está ilesa, desconcertando aun más a Hermione. ¿Por qué esa mujer tan guapa está tirada en la orilla? Busca a su alrededor algún rastro, una pista, huellas o marcas… algo que le entregue la respuesta que tanto anhela. Pero no encuentra nada, ni siquiera una fogata arruinada o las huellas de un auto en la arena. A su alrededor no hay nada más que el mar apacible y su solitaria casa, alejada del resto de viviendas del pueblo.
Otro suspiro escapa de sus labios. No hay nadie cerca, ni una sola alma, así que Hermione es la única que puede ayudarla. Suspira de vuelta mientras levanta uno de sus brazos, ruega porque se despierte, porque abra los ojos, pero ella no lo hace y Hermione tiene que cargar con su peso hasta la puerta de su casa. Le consuela escuchar la lenta respiración de la mujer, le garantiza saber que no está llevando un cadáver.
El gruñido bajo de Crookshanks las recibe cuando la puerta se abre. Su gato entrecierra sus pequeños ojos amarillos cuando ve a la mujer y se mantiene a una distancia prudente; Hermione, cansada como está, lo ignora y se dirige hacia su habitación. Deja caer a la mujer en su cama y la cubre con una sábana. Crookshanks maúlla desde el marco de la puerta, no se atreve a entrar.
—La encontré en la playa, creo que está perdida. —Tiene la inexplicable necesidad de explicárselo a su gato. Él maúlla otra vez, aunque ahora el sonido es mucho más amigable. Hermione sonríe—. No está herida, no me parece que lo esté. Tengo que hacer el desayuno, ¿quieres vigilarla mientras tanto?
Crookshanks se adelanta y sube al regazo de Hermione dando un gran salto. Ella le acaricia el lomo, disfrutando de la sensación de su pelaje bajo sus manos mientras se hace miles de preguntas sobre la mujer desconocida. Ella sigue profundamente dormida en la cama, ajena a todo lo que sucede a su alrededor.
Hermione deja a su gato en el suelo y se levanta. El día apenas acaba de empezar y ya ha tomado un rumbo extraño; necesita una gran taza de café y Crookshanks necesita comer.
—Cuídala —susurra. El gato maúlla en respuesta.
Abandona su habitación y se dirige a la pequeña cocina. El café que se prepara es más fuerte de lo habitual, pero funciona. Se lo acaba dando dos grandes tragos.
Es cuando llena el plato de Crookshanks que escucha un grito proveniente de su habitación. Tira el plato y las croquetas se esparcen por el suelo, pero ella no puede preocuparse por eso. En cuestión de segundos, Hermione está plantado bajo el hueco de su puerta.
La mujer se ha sentado en la cama y la sabana se ha escurrido hasta sus piernas, revelando sus amplios pechos. Pero a ella no parece importarle mostrar su desnudez y mucho menos que Hermione la vea, por el contrario, ella mira con terror al gato que está sentado sobre sus patas traseras.
—¿Qué es eso? —pregunta ella, apuntando a Crookshanks con uno de sus largos dedos. A pesar del miedo que la gobierna, Hermione nota que su voz es hermosa y melodiosa. Hechizante, diría, si creyera en la magia y los cuentos de hadas.
—Es mi gato —responde Hermione con tranquilidad, controlando exitosamente su tono desdeñoso. Está acostumbrada a que todos digan que Crookshanks es feo, pero eso no significa que lo tolere. Sin embargo, puede dejarlo pasar en esta ocasión.
Ella la mira sin comprender y luego sus ojos negros recorren a Hermione de pies a cabeza. Hermione siente que su mirada es demasiado intrusiva, pero no dice nada y se queda en silencio, dejando que ella la examine.
Pasados unos segundos, ella vuelve a mirarla a la cara, Ahora sus ojos negros brillan de emoción y todo asomo de miedo a desaparecido de su rostro. Se ve feliz, resplandeciente, absolutamente hermosa.
—¿Cómo te llamas? —pregunta ella con gran interés, inclinándose un poco hacia adelante. Hermione siente a sus mejillas escocer mientras ve como los senos de la mujer se mueven lentamente, ella no está dejando nada a la imaginación.
—Hermione —responde. Tiene la boca seca—. ¿Y tú, cómo te llamas?
—Bellatrix —dice la mujer y un mechón de cabello oscuro le cae por la cara.
—Bellatrix —repite Hermione. Obliga a su mente a pensar, pero no recuerda a nadie que se llame así y tampoco ha escuchado ese nombre en el pueblo antes, lo que es extraño porque ella los conoce a todos. Supone que es una turista extraviada—. Bellatrix. —Lo pronuncia por segunda vez, le gusta cómo suena—. ¿Qué estabas haciendo en la playa, Bellatrix?
—Mis hermanas me llaman Bella. —No es una respuesta, no es un comentario al azar. Es una súplica.
Hermione asiente con lentitud.
—Bien, Bella. ¿Qué estabas haciendo en la playa? ¿Cómo llegaste allí? ¿Viniste con conocidos, amigos, familiares? Podemos ir a la policía después de desayunar, seguro que están muy preocupados… ¿Tienes sus números de teléfono?
En su rostro hay una expresión de completo desconcierto. Ella no parece entender ninguna de las palabras que Hermione ha pronunciado y Hermione se pregunta si no está yendo demasiado rápido. Está segura de que la mujer ha vivido una experiencia traumática, no puede abrumarla con sus preguntas.
Entra a la habitación y camina hacia su ropero. Siente a los ojos de ella clavados en su espalda, observando con detenimiento cada uno de sus movimientos, Ignora la sensación electrizante que la recorre y toma una blusa de manga larga y unos pantalones cortos de tela de los cajones. Gira sobre sus pasos y comprueba que ella la ha estado mirando mientras hurgaba en sus cosas.
Hermione se acerca a la cama y le extiende la ropa. Bellatrix toma las prendas con indecisión y las mira detenidamente. Hay confusión y curiosidad en su pálido rostro.
—¿Qué es esto?
La examina con cuidado antes de responder, intentando encontrar algún atisbo de burla en sus delicadas facciones. No hay nada y eso la desconcierta. Le enfada el no saber si está siendo sincera o solo se está burlando de ella.
—Ropa —contesta Hermione con una tranquilidad que jamás habría empleado para una pregunta tan tonta como esa—. Creo que te gustaría estar vestida.
Bellatrix frunce el ceño.
—¿Por qué querría ponerme estas pieles?
—Estás desnuda, tienes que vestirte.
—¿Desnuda?
—Bellatrix… —dice Hermione sin poder controlar su irritación—. Vístete, por favor. ¿O prefieres usar otra cosa, quieres un vestido, un polo o pantalones largos?
—¿Qué?
Hermione bufa y Bellatrix la mira, aterrada. Eso la hace sentir un poco culpable. Está siendo demasiado dura.
—Voy a dejarte sola un rato para que te vistas —dice Hermione con suavidad—, puedes tomar lo que quieras del ropero, ¿bien? Estaré…
—No, no te vayas —la interrumpe Bellatrix. Hay pánico en su voz y la culpa que siente Hermione se duplica, como si fuera una enorme y pesada bala de plomo que la jala hacia abajo—. Yo… yo…
Hermione se siente aun peor al escuchar su voz entrecortada y se sienta en la cama. Quiere pedirle perdón, suplicárselo si es necesario.
—Está bien, está bien. Estoy aquí, no me iré a ningún lado. ¿Lo ves?
Bellatrix parece más aliviada ahora, aunque sus manos aprietan la ropa con mucha fuerza. Un anillo de oro brilla en el dedo corazón de una de sus manos. Después de unos segundos de mirarse fijamente a los ojos, Bellatrix suspira y toma la blusa. La levanta, la huele y a juzgar por su expresión contenta, le gusta.
—¿Quieres que me lo ponga?
Hermione asiente, perdida en sus ojos de ébano. Le gusta la forma, el color, su profundidad…
Bellatrix también asiente y extiende la blusa. La mira por unos segundos y luego empieza a ponérsela. Pero tiene problemas para hacerlo, no parece encontrar la manera, y Hermione ignora a propósito el hecho de que Bellatrix no puede hacer algo tan simple solo para tener una excusa para ayudarla.
Estira sus manos y toma la blusa, Bellatrix se detiene y la mira, Hermione traga saliva y jala la tela, pasándola por su cabeza y brazos, cubriendo con ella el pecho desnudo de la mujer y acariciando, conscientemente, su suave piel. Cuando termina, Bellatrix sonríe.
—¿Y esto? —Bellatrix levanta los pantalones de tela.
Hermione se sonroja y aparta la mirada.
—Es más fácil de poner, no creo que tengas problemas.
Sus ojos están clavados en la mano que aprieta la sábana. Escucha y siente a Bellatrix moverse, pero no tiene el valor para mirarla hasta que está segura de que está vestida.
—¿Tienes hambre? —pregunta Hermione.
Bellatrix responde después de haberlo pensado por unos segundos.
—Sí.
Hermione se levanta.
—Espera aquí. Te traeré algo para comer.
Crookshanks maúlla en protesta, Bellatrix da un respingo y Hermione recuerda que su gato está en la habitación.
—Discúlpalo, no es muy amable con las visitas.
—¿Qué es esa cosa? —pregunta Bellatrix.
Hermione apenas se da cuenta que Bellatrix la ha agarrado por el brazo y ha hundido las uñas en su carne. Le duele, pero no quiere que se aleje. Su calor, su olor, la suave textura de su piel… todo es tan embriagante.
—Es Crookshanks. Mi gato.
Él maúlla en reconocimiento.
—¿Gato?
Hermione finge que no la escucha.
—Te traeré algo de comer.
—No te vayas —ruega Bellatrix.
Su corazón se derrite, no sabe lo que le pasa.
—¿Vienes conmigo?
Bellatrix asiente.
Hermione lamenta tener que liberarse del agarre de Bellatrix, pero lo hace y se pone de pie. Bellatrix la mira por unos segundos y luego también lleva sus piernas hasta el suelo. Tiene los ojos abiertos de emoción.
Bellatrix se levanta y sonríe —iluminando toda la habitación—, pero su expresión se contrae instantes después y su cuerpo se inclina hacia el frente. El ruido sordo avisa que se ha estrellado en el piso.
Crookshanks maúlla mientras Hermione se agacha para ayudarla a levantarse.
—Quédate en la cama —dice mientras tira del cuerpo de Bellatrix.
—No quiero que te vayas —responde ella, demasiado cerca de su oreja. En esa posición, Bellatrix es un poco más alta que Hermione, aunque Hermione tiene el presentimiento de que su altura sería mucho mayor si se parara como es debido—. Solo es que… es la primera vez que…
Empiezan a preocuparle cada vez menos las cosas extrañas que salen de su boca.
—Da un paso y luego otro, yo voy a ayudarte. ¿Está bien?
Bellatrix es como un bebé que apenas está conociendo el mundo. Cuando salen de la habitación, sus ojos se abren de sorpresa mientras mira todo lo que hay a su alrededor, lo que alarga en demasía el trayecto hacia la cocina. Sin embargo, a Hermione no le importa y responde cada una de sus preguntas sin un gramo de escepticismo u hostilidad.
Cuando llegan a la cocina, Bellatrix se sienta en una de las sillas de la mesa de madera y Hermione rebusca en la refrigeradora. Supone que un par de huevos fritos, pan y café serán suficientes, así que toma lo necesario y se pone a trabajar.
Su gato entra a la cocina pocos segundos después y maúlla enfadado cuando ve que su comida está desparramada por el piso. Hermione le lanza un gesto de disculpa que rápidamente se transforma en sorpresa cuando ve lo que Bellatrix está haciendo.
—No te comas eso —advierte y Bellatrix la mira. En sus pálidas manos hay una croqueta en forma de pez.
—No iba a hacerlo —responde ella.
—Bien.
Hermione se vuelve hacia su trabajo y, cuando acaba, regresa hacia la mesa con un plato con huevos y pan en una mano y una humeante taza de café en la otra. Crookshanks maúlla más fuerte, está enfadado.
Bellatrix recoge sus brazos de la mesa y Hermione se da cuenta que ha estado ordenando las croquetas. Sonríe mientras deposita el desayuno en la mesa.
—Come.
Le entrega una cuchara a Bellatrix y ella la recibe con vacilación. No parece tener idea de qué hacer.
Hermione se sienta en la silla que está justo al frente después de haber rellenado el plato de Crookshanks y, al cabo de unos segundos en profundo silencio, Bellatrix toma un pan con manos temblorosas. Lo levanta, lo mira, se lo acerca a la nariz y lo huele, asiente y, finalmente, se lo lleva a la boca. Da una pequeña mordida, mastica y traga. El sabor le agrada y da una más grande.
Y luego es imposible pararla. Bellatrix se olvida de los cubiertos y los modales para comer; se acaba todo el pan y toma un trozo de huevo con las manos y, cuando comprueba que también le gusta, se lo lleva entero a la boca. Después, toma la taza con ambas manos y da un trago pequeño. Su expresión se contrae y Hermione quiere advertir que está caliente, pero antes de que pudiera abrir la boca, Bellatrix se lo ha bebido todo. Aunque un poco de la bebida se le escapa por las comisuras de los labios.
En otras circunstancias, Hermione habría comentado en voz alta su mala educación, pero está maravillada con la felicidad en el rostro de Bellatrix como para preocuparse por eso. Sonríe sin pensarlo y es entonces cuando recuerda que aun hay muchas preguntas que quiere hacerle. Ella casi ha conseguido que lo olvide.
Se aclara la garganta y Bellatrix la mira con curiosidad.
—¿Cómo llegaste a la playa, Bella?
Bellatrix se enfurruña y Hermione cree que se ve adorable.
—Tom es un idiota —masculla ella—. Tom y yo discutimos, pero fue una pérdida de tiempo porque yo tenía la razón. Pero él no quiso perder, no le gusta perder y me hizo enfadar. Peleamos y cada uno se fue por su lado; estoy segura de que él regresó a casa, pero yo no quería verlo, así que tome otro camino. El mar estaba furioso y me atrapó… no recuerdo nada más.
Hay tantas cosas que no entiende que no sabe por dónde empezar. Repite las palabras de Bellatrix en su mente, esforzándose por encontrarles sentido, pero eso es muy complicado.
—¿Por qué te metiste al mar después de pelear con tu amigo?
Las cejas de Bellatrix se juntan.
—No, eso no. Estábamos en el mar.
Hermione se muerde el labio.
—¿Estaban en una embarcación, un barco o quizá un yate? ¿Por qué saltaste al mar desnuda después de pelear con tu amigo?
—Estábamos en el mar —insiste Bellatrix.
Ella solo lo está haciendo más complicado. Hermione toma aire.
—Por supuesto. ¿Recuerdas el número de teléfono de tu amigo? Debe estar muy preocupado, seguro está buscándote por todas partes.
Para su sorpresa, una amplia sonrisa se dibuja en el rostro de Bellatrix. Hermione siente un extraño aleteo en el estómago.
—Por supuesto. Seguro que papá querrá matarlo.
—Y eso no es bueno. ¿Recuerdas el número de teléfono de alguno de tus familiares? ¿Vives aquí o estás de visita? ¿Tienes alguna dirección? Puedo llevarte.
—No te preocupes por eso —dice Bellatrix, restándole importancia—. Mis hermanas vendrán por mí pronto, ellas saben donde estoy… Eso es malo. Si regreso, papá no matará a Tom. Creo que puedo convencerlas de quedarse un poco más…
Se siente completamente perdida.
—¿Tus hermanas saben que estás aquí?
—Lo averiguaran pronto, ellas siempre saben como encontrarme —responde Bellatrix haciendo una mueca—. ¿Tienes hermanos, Hermione?
Es la primera vez que dice su nombre y ahora siente el aleteo con más intensidad. Como si alguien hubiera liberado un centenar de aves en su estómago.
—No, no…
—Qué suerte. ¿Cuántos años tienes? —La curiosidad hace ver a Bellatrix incluso más hermosa.
—Veintiocho… ¿y tú?
Se lleva otra sorpresa cuando ve a Bellatrix sonreír.
—Eres muy joven. —El comentario es raro y Hermione se extraña porque Bellatrix se ve incluso más joven que ella, pero se calla cuando Bellatrix vuelve a separar los labios—: Tengo casi doscientos cuarenta años. Eso es una amplía diferencia, ¿no?
Hermione no duda que le está tomando una broma, así que se ríe. Pero, cuando nota que Bellatrix la mira muy confundida, la risa se esfuma.
—¿Dije algo…?
—Dices muchas cosas extrañas —confiesa Hermione—. Estás jugándome una broma, ¿verdad?
Bellatrix parece repentinamente ofendida.
—No estoy mintiéndote.
Respira hondo para calmarse.
—No me crees —continúa Bellatrix.
—No entiendo lo que quieres decirme —miente Hermione. La realidad es que piensa que está loca, que se ha golpeado la cabeza en las rocas de la orilla y por eso dice tantas incoherencias, pero no quiere ser descortés.
—¿Qué es lo que no entiendes?
—Todo. Para empezar, no entiendo porqué saltaste al mar después de pelear con ese Tom. ¿No creíste que fuera peligroso?
—No salté al mar, estábamos en el mar.
—¿Nadaban juntos?
—Claro.
—¿Son turistas? ¿Recuerdas el nombre del hotel en el que se están hospedando?
—¿Qué? —Bellatrix está tan confundida como ella.
Se miran en silencio por eternos veinte segundos; Hermione intenta detectar alguna señal de burla en el rostro de Bellatrix, pero solo vislumbra la indignación en su pálido rostro.
Y, entonces, Bellatrix arruga la nariz y suelta un suspiro.
—Mis hermanas.
—¿Qué?
—Están viniendo… —murmura Bellatrix—. Y… ya… —Se escucha un ruido proveniente de la parte trasera de la casa, Hermione se levanta—. Ya… Están aquí.
Bellatrix se pone de pie y, ayudándose de las paredes y cuanto objeto se encuentre en el trayecto, camina hacia la puerta desde donde se asoman dos siluetas. Hermione la sigue, sintiendo un poco de miedo. No da crédito a lo que sus ojos le muestran, pero no puede controlar su curiosidad —que vence al temor— y finalmente abre la puerta.
Hay dos mujeres paradas afuera. Una tiene el cabello rubio y liso, la otra tiene el cabello marrón y ondulado. Las dos se parecen tanto a Bellatrix que Hermione no demora en adivinar que son las hermanas de las que hablaba.
Sin mencionar el hecho de que también están desnudas y no sienten ninguna vergüenza por ello.
—Te lo dije —murmura Bellatrix en su oído. Hermione ha bajado la vista, sintiéndose asustada y cohibida a partes iguales—. Te dije que mis hermanas vendrían.
Los recuerdos no son claros y Hermione lo agradece. Solo sabe que se apartó para dejarlas entrar y se apresuró en ir a su cuarto para regresar con un par de vestidos de tiras. Ellas, silenciosas y temerosas, recibieron la ropa y Bellatrix —demasiado emocionada— las ayudó a vestirse.
Hermione siente que está enloqueciendo.
Hasta agradecería que un equipo de grabación y un presentador emocionado salgan desde detrás de los muebles para decirle que está en un programa de cámara escondida. Todo es tan surrealista.
—Ella es Hermione —dice Bellatrix con alegría, señalándola con una mano. Las cuatro están sentadas en su pequeña sala, Crookshanks está acurrucada en su regazo, mirando con recelo a las tres hermanas.
La mujer rubia es la primera en hablar.
—Es una hembra humana.
—Soy una mujer.
—Cissy no quería ser descortés —dice la otra mujer, la que parece ser la hermana gemela de Bellatrix—. Solo que todo es… demasiado…
—Ella es Andrómeda —dice Bellatrix—. Y la otra es Narcissa.
—Hermione… un gusto. —La cabeza le da vueltas.
Andrómeda y Narcissa miran a su alrededor con curiosidad, examinando su casa con el mismo interés que Bellatrix mostró unas horas atrás. Hermione no sabe en que problema se ha metido.
—Papá y mamá están muy preocupado —declara Narcissa después de un rato de silencio. Se escucha a las olas romper en la orilla con suavidad, Hermione apreciaría mejor el sonido si no estuviera en una situación tan… extravagante, por decir lo menos.
—Comprendo. ¿Ya han pedido la cabeza de Tom?
—Ellos no van a matar a Tom.
—Un error allí, se lo merece, es un imbécil.
Andrómeda, ajena a la pelea de sus hermanas, mira a Hermione y sonríe. Hermione no sabe qué pensar.
—Tienes una bonita casa.
—Gra-gracias…
Crookshanks maúlla.
—Bonito. ¿Qué es? —pregunta Andrómeda.
Piensa que podría llevarse bien con ella, es la primera que no se espanta ni frunce el ceño al conocer a su gato.
—Es mi gato, se llama Crookshanks.
No sabe que responder, así que se queda en silencio. El mismo que es roto en el momento que Narcissa se levanta, tambalea un poco, pero consigue mantenerse en pie y ella parece muy satisfecha con eso.
Ella la mira directamente a los ojos.
—Te agradezco que cuidaras a mi hermana —dice Narcissa en un tono tan formal que Hermione siente que está hablando con un importante elemento de la realeza—, pero es momento de irnos. Nuestros padres están muy preocupados y odiaría que el sentimiento se extienda más. ¿Hay alguna cosa que podamos hacer para pagártelo?
—Pero si acaban de llegar —farfulla Bellatrix, abatida—. ¿Cuándo volveremos a tener una oportunidad como esta? Siempre he querido salir de ese lugar.
—¿Hiciste esto a propósito?
—¡Claro que no, el mar me arrastró!
—¿Cómo es que dejas que el mar te arrastre? ¿Qué eres, un camarón bebé?
Las mejillas de Bellatrix se pintan de rojo mientras mira con odio a Narcissa. Andrómeda, previendo problemas, se levanta del sofá.
—Seguro que tendremos otras oportunidades de volver luego, cuando nuestros padres no estén muertos de preocupación —dice, aunque parece lamentarlo un poco—. Ha sido un gusto, Hermione.
Ella se acerca a Bellatrix y tira de su brazo. Bellatrix cede y le lanza una mirada de disculpa a Hermione.
Luego, y después de varios intentos fallidos, Narcissa abre la puerta y pasa. Sus hermanas la siguen y Hermione se queda con la única compañía de su gato. Hay un pensamiento ilógico y estúpido pasando por su cabeza, no lo cree, no quiere creerlo, pero toma sentido mientras lo piensa más y más y…
Deja a Crookshanks sobre el sofá y sale corriendo de la casa. Bellatrix, Andrómeda y Narcissa están paradas en la orilla, mirando fijamente el mar.
Hermione se acerca a ellas.
Bellatrix la mira y sonríe.
Andrómeda también lo hace.
Y Narcissa pregunta:
—¿No deberíamos matarla?
No se espanta como debería, de hecho, está fascinada.
—Cissy… —advierte Andrómeda.
—Hermione no dirá nada —asegura Bellatrix. El viento le despeina el cabello. Es preciosa—. Y nadie tiene porqué enterarse. Solo… cierren la boca.
Narcissa se encoge de hombros y el vestido se desliza por su esbelta figura. Luego, toma la prenda y se la devuelve a Hermione.
—No necesito tus pieles donde voy —dice ella—. Fue un placer, supongo.
No le responde y tampoco parece que esperara que lo haga. Narcissa le sonríe con parsimonia y luego se mete al agua. El mar se la traga.
No puede creerlo.
Andrómeda también deposita el vestido en sus brazos y le sonríe con sinceridad.
—Hasta luego.
Ella también se mete en el agua y desaparece por completo.
Bellatrix, que ya se ha quitado la blusa, se acerca a Hermione con el torso desnudo.
—¿Volveré a verte?
—No creo que vaya a ningún lado —responde Hermione. Su voz es demasiado tranquila, como si no estuviera presenciando un evento fantástico.
El rostro de Bellatrix se ilumina por la alegría.
—Volveré —promete ella, ahora completamente desnuda.
Bellatrix le entrega la ropa y Hermione nota que un aro se desliza por su dedo corazón. De inmediato comprende que Bellatrix le está dando su anillo.
—Volveré —repite Bellatrix contra su boca. Están mucho más cerca ahora, casi respirando el mismo aire.
Y es entonces cuando ella se abalanza sobre sus labios, capturándolos en un beso que vacía todo pensamiento de su mente. Su corazón galopea con fuerza dentro de su pecho mientras los seres alados que gobiernan su pecho aletean con furia. Una felicidad inexplicable se apodera de Hermione, la misma que no desaparece aun después de que Bellatrix ha dejado de besarla.
Ella le sonríe una última vez antes de darse la vuelta y meterse al mar. Hermione no puede contenerse y deja caer la ropa, intenta seguirla…
Vislumbra una larga cola morada en las aguas y comprende que ellos siempre han tenido razón al respecto de los misteriosos cantos que se escuchan por las noches. Se hunde hasta la mitad en el agua mientras la observa alejarse.
Le reconforta saber que no será la última vez que verá a Bellatrix.
