Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto-baka digo Kishimoto-sama yo hago esto sin fines de lucro.
Historia original de Becca Fitzpatrick, la cual será tomada amablemente para convertirla en una adaptación ShisuHina.
Rated: M
By: Yoshida Kuragari.
Título: Hush, Hush
Pareja: Uchiha Shisui y Hyuuga Hinata.
Capítulo X
Desperté bruscamente cuando empezó a sonar mi móvil. Todavía dormida, me tapé la cabeza con la almohada y traté de aislar el ruido. Pero el teléfono insistía.
La llamada fue a parar al buzón de voz. Cinco segundos más tarde, el teléfono empezó a sonar otra vez.
Estiré un brazo hacia un lado de la cama, busqué a tientas hasta encontrar mis tejanos y saqué el móvil de uno de los bolsillos.
─ ¿Sí?-dije, al tiempo que bostezaba con los ojos cerrados.
Alguien bufó al otro lado de la línea.
─ ¿Qué ha pasado? ¿No ibas a comprar algodón de azúcar? ¿Por qué no me dices dónde estás y así voy a ahorcarte con mis propias manos?
Me palmeé varias veces la frente.
─ ¡Creía que te habían secuestrado!- continuó Temari ─ ¡Que te habían abducido! ¡Que te habían asesinado!
Traté de encontrar el reloj en la oscuridad. Derribé el marco de una foto que había sobre la mesilla de noche, y las de detrás cayeron en efecto dominó.
─Me entretuve mirando el Arcángel─ dije─. Cuando regresé al salón de juegos ya te habías marchado.
─ ¿Qué clase de excusa es ésa?
Miré el reloj de la mesilla. Eran más de las dos de la mañana.
─Estuve dando vueltas por el aparcamiento durante una hora─ dijo Temari─. Deidara se pateó todo el parque enseñando la única foto que tengo de ti en mi móvil. Te llamé al móvil tropecientas veces. Un momento. ¿Estás en casa? ¿Cómo llegaste a casa?
Me restregué los ojos.
─Me trajo Shisui.
─ ¿Shisui el acosador?
─No me quedaba otra opción─ dije secamente─. Te fuiste sin mí.
─Pareces exaltada. No, no es eso. Más bien agitada… aturdida y excitada. ─Podía ver como se le habrían los ojos de par en par─. Te beso ¿verdad?
No respondí.
─ ¡Lo hizo! ¡Lo sabía! He visto cómo te mira. Sabía que esto iba a ocurrir. Me lo vía venir.
Ahora no quería pensar en eso.
─ ¿Cómo fue? ─ insistió Temari.─ ¿Un beso de melocotón? ¿De ciruela? ¿O quizás un de al-fal-fa?
─ ¿Qué?
─ ¿Fue un piquito o un beso con lengua? Es igual. No tienes que responder. Shisui no es de la clase de chicos que se ocupa de los preliminares. Hubo lengua. Seguro.
Me cubrí la cara con la otra mano. Shisui probablemente pensaba que no tenía ningún control de mí misma. Me había derretido entre sus brazos como mantequilla. Antes de decirle que debía marcharse, había emitido un sonido medio suspiro de dicha y medio gemido de éxtasis.
Eso explicaba su sonrisa arrogante.
─ ¿Podemos hablar lo más tarde? ─pregunté, pellizcándome la nariz.
─De eso nada.
Suspiré.
─Estoy muerta de cansancio.
─No puedo creer que quieras dejarme con la intriga.
─Lo que quiero es que lo olvides.
─Por nada del mundo.
Intenté visualizar los músculos de mi cuello relajándose, contrarrestando el dolor de cabeza que sentía.
─ ¿Sigue en pie lo de ir de compras?
─Pasaré a recogerte a las cuatro.
─Creía que habíamos quedado a las cinco.
─Las circunstancias han cambiado. Pasaré más temprano, si es que puedo librarme de mi familia. Mi madre tiene una crisis nerviosa. Se culpa a sí misma por mis malas calificaciones. Aparentemente, la solución es pasar más tiempo juntas. Deséame suerte.
Cerré el móvil. Veía la sonrisa amoral de Shisui y sus relucientes ojos negros. Después de dar vueltas en la cama varios minutos, dejé de intentar consolarme. La verdad era que, mientras Shisui estuviera en mi cabeza, no habría consuelo posible.
Cuando era pequeña, el ahijado de Kana, Gaara, rompió uno de los vasos de la cocina. Barrió todos los trozos de cristales excepto uno, y me reto a lamerlo. Me imaginaba que enamorarse de Shisui era un poco como lamer aquel pedazo de cristal. Sabía que era una estupidez. Sabía que lastimaba. Después de tantos años, una cosa no había cambiado: me seguía atrayendo el peligro.
De repente me incorporé de la cama y cogí el móvil.
La batería estaba cargada.
Sentí un hormigueo inquietante en la espalda. Se suponía que mi móvil estaba muerto. ¿Cómo habían conseguido llamarme mi madre y Temari?
La lluvia golpeteaba los toldos coloridos de las tiendas del paseo marítimo y se derramaba sobre la acera. Las antiguas farolas de gas que flaqueaban la calle brillaban animadamente. Entrechocando nuestros paraguas, Temari y yo caminábamos a trompicones por la acera. Pasamos por debajo del toldo a rayas rosas y blanco de Victoria´s Secret. Sacudimos el paraguas al mismo tiempo y los dejamos fuera de la entrada.
El estruendo de un trueno nos precipitó a entrar. Yo tenía los zapatos mojados y temblaba de frío. Varias lámparas difusoras de aromas ardían en un expositor en el centro de la tienda, rodeándonos con un olor exótico e intenso.
Una mujer de pantalones negros y camiseta ajustada negra se acercó. Llevaba una cinta métrica alrededor del cuello.
─Chicas, ¿queréis tomaros las medidas gratis…?
─Aparta la maldita cinta ─le espetó Temari─. Ya sé cuál es mi talla. No necesito que me lo recuerden.
Le sonreí a la mujer a modo de disculpa mientras seguía a mi amiga, que se dirigía al fondo de la tienda, donde estaban los saldos y las ofertas.
─No tienes que avergonzarte de tu talla ─le dije a Temari. Cogí un sujetador de raso azul y busqué la etiqueta del precio.
─ ¿Quién ha dicho nada de avergonzarse? ─respondió─. No estoy avergonzada. ¿Por qué debería estarlo? Las chicas de dieciséis que tienen tetas como las nuestras están cargadas de silicona, y lo sabe todo el mundo. Dame una razón para estar avergonzada. ─Se puso a rebuscar en un cesto─. Creo que aquí no tienen un solo sujetador que pueda alojar a mis bebés.
No tendría que haber ido a miras lencería. Era obvio que me traía a la cabeza cosas relacionadas con el sexo.
Como los besos. Como Shisui.
Cerré los ojos y recordé su mano sobre mi muslo, sus labios recorriendo mi cuello…
Tema me pilló desprevenida lanzándome una prenda íntima de color turquesa con estampado de leopardo.
─Esto te quedaría bien ─dijo─. Todo lo que necesitas para rellenarlo es un trasero como el mío.
¿En qué estaba pensando? Había estado a punto de besar a Shisui. El mismo Shisui que podría estar invadiendo mi mente. El mismo que me había salvado de una caída mortal en el Arcángel, porque estaba segura de que eso había ocurrido, aunque no tuviera ninguna explicación lógica. Me preguntaba si él, de alguna manera, había detenido el tiempo durante mi caída. Si era capaz de meterse en mis pensamientos, tal vez fuera capaz de otras cosas.
O tal vez, pensé estremecida, ya no podía fiarme de mis pensamientos.
Todavía conservaba el papelito que Shisui había metido en mi bolsillo, pero por nada del mundo podía ir a esa fiesta. Disfrutaba en secreto de la atracción que había entre nosotros, pero el misterio y la rareza espeluznante se imponían. De ahora en adelante tenía que eliminar a Shisui de mi vida, y esta vez iba en serio. Sería como una dieta purificadora. El problema era el efecto contra-producente de las dietas. En cierta ocasión me propuse no probar el chocolate durante un mes entero, pero al cabo de dos semanas me di por vencida y me zampé más chocolate del que me hubiera comido en tres meses.
─ ¿Qué estás haciendo? ─pregunté, atraída por Temari.
─ ¿A ti qué te parece? Le estoy quitando las etiquetas de saldo a estos sujetadores para pegarlas en los que no están de oferta. Así puedo llevarme sujetadores sexis al precio barato.
─No puedes hacer eso. En la caja escanean el código de barra. Te van a pillar.
─ ¿Código de barras? Aquí nadie escanea ningún código de barras. ─No parecía muy segura de lo que decía.
─Pues sí lo hacen. Te lo juro. ─ pensé que mentir era mejor que ver cómo se llevaban a Temari a la cárcel…
─Bueno, a mí me parece una buena idea…
─Por qué no coges éste ─ le dije, arrojándole un retazo de seda con la esperanza de distraerla.
Sujetó las braguitas delante de sus ojos. La tela estaba bordada con cangrejos rojos en miniatura.
─No he visto cosa más repugnante ─dijo─. Me gusta esa negra que tienes. Deberías quedártela. Ve a pagar mientras yo sigo husmeando.
Fui a pagar. Después, pensando que sería más fácil dejar de pensar en Shisui si me fijaba en cosas más nimias, me acerqué a la sección de perfumes. Estaba oliendo un frasco de Dream Angels cuando percibí una presencia familiar. Fue como si alguien hubiera dejado caer un cubo de hielo dentro de mi camisa. Era la misma sensación escalofriante que experimentaba cada vez que Shisui se acercaba.
Temari y yo éramos las dos únicas clientas en la tienda, pero al otro lado del escaparate alcancé a ver una figura encapuchada debajo de un toldo de la acera de enfrente.
Nuevamente perturbada, me quedé paralizada un momento antes de recomponerme e ir en busca de Temari.
─Vámonos ─le dije.
Estaba rebuscando en un cesto de camisones.
─Uau. Mira esto, pijamas de franela al cincuenta por ciento. Necesito uno así.
Yo seguí sin quitar el ojo del escaparate.
─Creo que me están siguiendo.
Temari levanto bruscamente la cabeza.
─ ¿Es Shisui?
─No. Mira al otro lado de la calle.
Temari lo hizo.
─No veo a nadie.
Yo tampoco veía a nadie. Un coche pasó, tapándome la visión.
─Creo que ha entrado en la tienda.
─ ¿Cómo sabes que te está siguiendo?
─Tengo un mal presentimiento.
─ ¿Se parece a alguien que conozcamos? Por ejemplo… una mezcla de Pipi calza largas y la bruja mala del oeste, lo que obviamente nos daría una Karin Senju.
─No era Karin ─dije, sin dejar de mirar al otro lado de la calle─. Anoche, cuando salí del salón de juegos por el algodón de azúcar, vi a alguien que me observaba. Creo que es la misma persona.
─ ¿Hablas en serio? ¿Por qué me lo dices ahora? ¿Quién era?
No lo sabía. Y eso me aterraba mucho.
─ ¿Hay una salida trasera? ─pregunté a una dependienta.
Ella dejo de ordenar un cajón y levantó la vista.
─Sólo para empleados.
─ ¿Era hombre o mujer? ─quiso saber Temari.
─No lo sé.
─Bueno, ¿y por qué piensas que te está siguiendo? ¿Qué quieres?
─Asustarme. ─ Parecía una respuesta razonable.
─ ¿Por qué querría asustarte?
Una vez más, no lo sabía.
─Necesitamos distraer la atención─ le dije a Temari.
─Era exactamente lo que estaba pensando ─respondió ella─. Y sabemos que yo soy una experta. Dame tu chaqueta.
La miré fijamente.
─Ni hablar. No sabemos nada de esa persona. No voy a dejar que salgas vestida como yo. ¿Y si está armado?
─A veces tu imaginación consigue asustarme─ dijo Temari.
Tenía que admitirlo, la idea de que fuera un asesino era improbable. Pero con todas las cosas horripilantes que ocurrían últimamente, no tenía la culpa de estar con los nervios de punta y suponer lo peor.
─Yo saldré primero─ dijo Temari─. Si me sigue, tú le sigues. Subiré la colina hacia el cementerio, y allí lo abordaremos para pedirle explicaciones.
Un minuto más tarde, Temari salió de la tienda vistiendo mi chaqueta y con mi paraguas rojo. Aparte del hecho de que tenía unos centímetros y unos kilos más que yo, podía pasar por mí. Agazapada detrás de la mesa de los camisones, vi al encapuchado salir de la tienda de enfrente y seguir a Temari. Me acerqué al escaparate. Si bien la sudadera ancha y los tejanos que vestía le dan un aspecto andrógino, su andar era femenino. Definitivamente femenino.
Perseguida y perseguidora doblaron la esquina y desaparecieron, y yo salí a la puerta. La lluvia torrencial había devenido en un aguacero.
Sosteniendo el paraguas de Temari eché a andar, siempre por debajo de los toldos, esquivando la lluvia torrencial. Sentí cómo se empapaban las perneras de mi pantalón.
Me arrepentí de no haberme puesto botas.
A mis espaldas, el paseo marítimo se extendía paralelo al océano gris. La hilera de tiendas finalizaba al pie de una colina empinada y verde. En la cima apenas veía la alta valla de hierro forjado del cementerio de la ciudad.
Le quité el seguro al Cámaro y puse los limpiaba para brisas al máximo. Salí del aparcamiento y giré a la izquierda, acelerando en el tortuoso camino de ascenso de la colina. Los árboles del cementerio asomaban por delante, sus ramas cobrando vida en apariencia a través del limpia parabrisas frenético. Las lápidas de mármol blanco parecían surgir como puñales en la oscuridad. Las lápidas grises se disolvían en el aire.
Salido de la nada, un objeto rojo se estampó contra el parabrisas. Cayó justo en mi campo de visión, salió volando y desapareció por encima del coche. Pisé el freno y el Cámaro dio un patinazo hasta pararse encima del arcén.
Abrí la puerta y bajé. Fui hasta la puerta trasera del coche, en busca del objeto.
Hubo un momento de confusión mientras mi mente procesaba lo que veía: mi paraguas rojo tirado sobre la hierba. Estaba roto; destrozado de un solo lado como cabía de esperar después de estrellarse contra el parabrisas.
En medio de la intensa lluvia oí un sollozo entrecortado.
─ ¿Temari?─dije. Crucé al otro lado del camino, haciéndome visera con la mano y mirando en todas las direcciones. Había un cuerpo tendido y encogido justo delante. Eché a correr.
─ ¡Temari! ─ Caí de rodillas junto a ella. Estaba tumbada de lado, con las piernas replegadas contra el pecho. Gimió─. ¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien? ¿Puedes moverte?─ Eché la cabeza atrás, parpadeando bajo la lluvia. « ¡Piensa!», me ordené. El móvil. Tenía que llamar al 911.
─Voy por ayuda─ le dije a Temari.
Ella gimió y me aferró la mano.
Me incliné sobre ella, sujetándola. Las lágrimas ardían detrás de mis ojos.
─ ¿Qué te ha pasado? ¿Ha sido la persona que te seguía? ¿Ella te ha hecho esto? ¿Qué ha ocurrido?
Murmuró algo ininteligible que sonó a «mi bolso».
Sí, su bolso había desaparecido.
─Tranquila, te pondrás bien.─ me costó decirlo sin vacilar.
Un oscuro presentimiento se agita en mí, y trataba de mantenerlo a raya. Estaba segura de que la persona que me había seguido en el Delphic y en la tienda era la responsable, pero me culpé a mí misma por meter a Temari en aquello. Corrí hasta el coche y marqué el 911* en mi móvil.
Tratando de ahuyentar la histeria en mi voz, dije:
–Necesito una ambulancia. A mi amiga la han atacado y robado.
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Kuragari: estoy considerando seriamente mandar a la mierda la democracia y hacer una adaptación IzuHina, ¿por qué? Se preguntaran, la encuesta sigue como un empate entre Shisui y Madara y así no se puede.
En fin espero que disfruten este cap. En un principio había decido transcribirlo del pdf pero después de leer el cap.9 cuando lo subí me di cuenta que se pasó un nombre que no era así que para evitar eso mejor escribiré la historia viendo del libro físico mejor.
El 911 es la línea directa de emergencias de estados unidos. *
Matta ne
