Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto-baka digo Kishimoto-sama yo hago esto sin fines de lucro.
Historia original de Becca Fitzpatrick, la cual será tomada amablemente para convertirla en una adaptación ShisuHina.
Rated: M
By: Yoshida Kuragari.
Título: Hush, Hush
Pareja: Uchiha Shisui y Hyuuga Hinata.
Capítulo XI
El lunes lo pasé aturdida. Fui de clase en clase esperando el último timbre del día. Había llamado al hospital antes de ir al instituto y me dijeron que Temari estaba en el quirófano. Tenía fracturado el brazo izquierdo y necesitaba cirugía. No podría verla hasta la tarde, cuando se le hubiera pasado la anestesia y la hubiesen devuelto a su habitación. Era muy importante escuchar su versión de la agresión antes de que olvidara los detalles o los adornara. Cualquier cosa que recordara podría ayudarme a averiguar quién lo había hecho.
Mientras las horas se alargaban a la espera de la tarde, mi atención paso de Temari a su perseguidora, la mujer que espera fuera de Victoria´s Secret. ¿Quién era? ¿Qué quería? Quizá sólo fuera una coincidencia perturbadora que Temari hubiese sido atacada en aquella circunstancia, pero mi instinto me decía lo contrario. Ojalá hubiese tenido una imagen más clara de su aspecto. La sudadera con capucha y tejanos, además de la lluvia, habían hecho un buen trabajo de encubrimiento. Todo lo que sabía era que podía tratarse de Karin Senju. Pero presentía que no era la asociación correcta.
Abrí mi taquilla para coger el libro de biología, y me dirigí a la clase. Entré y me encontré la silla de Shisui vacía. Era típico de llegar en el último momento, justo cuando sonaba el timbre, pero sonó y el entrenador se dirigió a la pizarra y empezó a dar la lección.
Yo pensaba en la silla vacía de Shisui. Una vocecilla en mi cabeza especulaba con que su usencia podría estar relacionada con la agresión de Temari. Era un tanto extraño que desapareciera al día siguiente. Y no podía olvidar el escalofrío que sentí momentos antes de mirar fuera de Victoria´s Secret y darme cuenta que me estaban vigilando. Siempre que había tenido esa sensación anteriormente, era porque Shisui estaba cerca.
La voz de la razón rápidamente descarto la implicación de Shisui. Podía ser que se hubiese pillado un resfriado. O que se hubiese quedado sin gasolina camino al instituto. O quizás había una partida con apuesta alta en el Salón de Bo y creía que eso era más provechoso que pasarse la tarde aprendiendo las complejidades del cuerpo humano.
Al de la clase, el entrenador me detuvo antes de salir.
‒Un momento, Hinata.
Me di la vuelta y me descolgué la mochila.
‒La señorita Namikaze me pidió que te entrara esto —dijo.
Cogí la nota.
‒ ¿Namikaze? — No tenía ningún docente con ese nombre.
‒Es la nueva psicóloga del instituto. Acaba de remplazar al doctor Uzumaki.
Desdoblé la nota y leí el mensaje.
Querida Hinata:
Ocuparé el lugar del doctor Uzumaki como tu psicóloga en el instituto.
He notado que has faltado a las dos últimas citas con el doctor. Por favor, ven cuanto antes para ponernos al día. He escrito a tu madre para informarle acerca del cambio.
Cordialmente.
Señorita Namikaze.
‒Gracias —dije al entrenador, doblando la nota hasta que me cupiera en el pasillo.
En el pasillo me mezclé entre los estudiante. Ya no podía escaquearme, tenía que ir. Recorrí los pasillos hasta la consulta del doctor Uzumaki. Como era de esperar, en la puerta había una placa con un nombre nuevo: NAMIKAZE, PSICÓLOGA.
Llamé a la puerta. La señorita Namikaze tenía una piel pálida inmaculada, ojos color ámbar, una boca exuberante y un cabello azul claro fino y liso que le llegaba a los hombros y flor de papel azul pálido al lado derecho de su cabeza. En la punta de nariz descansaban una gafas mariposa de color negro, bajo el labio inferior llevaba un piercing, y vestía formalmente, con una falda tubo negro y una blusa de seda roja. Tenía una figura esbelta y femenina.
No parecía cinco años mayor que yo.
‒Tú debes ser Hinata Hyuuga. Estás igual que en la foto de tu archivo —dijo, dándome un apretón de mano. Tenía una voz fría que no resultaba grosera. Una voz de empresaria.
Retrocediendo, me invitó a entrar a su despacho.
‒ ¿Te apetece un zumo o agua?
‒ ¿Qué ha pasado con el doctor Uzumaki?
‒Cogió la jubilación anticipada. Yo tenía este puesto en la mira desde hace tiempo, así que aproveché la ocasión. Estaba en florida, pero crecí en Portland, y mis padres todavía viven aquí. Es bonito estar otra vez de mi familia.
Examiné el pequeño despacho. Había cambiado mucho desde mi última visita, hacía apenas una semana. Las estanterías de pared a pared ahora estaban llenas de manuales académicos, encuadernados en tapas duras de colores sobrios y letras doradas. El doctor Uzumaki usaba las estanterías para exponer fotos de su familia, pero no había retratos de la vida privada de la señorita Namikaze. El mismo helecho de siempre colgaba junto a la ventana, pero cuando estaba bajo los cuidados de Uzumaki solía tener un color más próximo al marrón que al verde. Namikaze llevaba unos pocos días aquí y todo parecía más vivo y atractivo. Había una silla azul cielo forrada de cachemira enfrente del escritorio, y varias cajas apiladas en un rincón.
‒El viernes fue mi primer día —me explico al ver que observaba las cajas—. Todavía estoy desembalando. Siéntate.
Deje la mochila en el suelo y tomé asiento en la silla. No había nada en el despacho que me diera una pista sobre la personalidad de Namikaze. Había una pila de archivos encima del escritorio, que no estaba ordenado ni desordenado, y una taza blanca que parecía contener té. No había rastros de perfume ni ambientador. La pantalla del ordenador estaba apagada.
Ella se inclinó sobre un archivador detrás de su escritorio, saco una carpeta de color manila y escribió mi nombre en la etiqueta con rotulador negro. Lo dejo sobre el escritorio junto a mi archivo anterior. Que exhibía algunas huellas de la taza de café de Uzumaki.
—Me he pasado el fin de semana revisando los expedientes del doctor Uzumaki —dijo—. Entre nosotras, su caligrafía me produce migraña, así que estoy introduciéndolos en el ordenador. Me sorprendió descubrir que no lo hacía. ¿A quién se le ocurre a estas alturas escribir a mano?
Tomó asiento en la silla giratoria, se cruzó de piernas y me sonrió amablemente.
—Bien. ¿Por qué no me cuentas un poco sobre tus sesiones con el doctor? A penas puedo descifrar sus notas. Al parecer hablabais sobre cómo te sentías con el nuevo trabajo de tu madre.
—No es nada nuevo. Ya lleva un año en ese trabajo.
—Antes, ella solía estar en casa, ¿correcto? Y después del fallecimiento de tu padre cogió un empleo a tiempo completo. —Echó un vistazo a una hoja de mi expediente—. Trabajaba para una casa de subastas, ¿correcto? Al parecer coordina subasta de propiedades en diferentes puntos de la costa. —Me miró por encima de sus gafas—. Eso le requiere pasar mucho tiempo fuera de casa.
—Queríamos conservar nuestra casa a las afueras —expliqué, casi a la defensiva—. No podíamos pagar la hipoteca si ella se quedaba a trabajar en la ciudad. — Mis sesiones con el doctor Uzumaki no me agradaban especialmente, pero empezaba a resentirme con él por dejarme en manos de aquella mujer. Percibía su deseo por escarbar en cada rincón oscuro de mi vida.
—Comprendo, pero debes sentirte muy sola ocupándote de todo en la casa.
—Tenemos un ama de llaves que se queda conmigo todas las tardes hasta las nueve o diez de la noche.
—Un ama de llaves no es lo mismo que una madre.
Lancé una mirada a la puerta. Ni siquiera me molesté en ser discreta.
‒ ¿Tienes una amiga? ¿Un novio? ¿Alguien con quien hablar cuando tu ama de llaves no es la persona más… apropiada? —Sumergió una bolsita de té en la taza, que luego levantó para beber un sorbo.
—Tengo una amiga. —Decidí ser escueta y cortante. Cuanto menos le contara, más pronto acabaría la sesión. Y más rápido podría visitar a Temari.
Enarco las cejas.
— ¿Un novio?
—No.
—Eres una chica muy atractiva y hermosa. Imagino que en el sexo opuesto debe haber algún interesado.
—Se lo explicaré —dije haciendo acopio de lo último de mi paciencia—. De verdad agradezco que trate de ayudarme pero ya tuve esta misma conversación con el doctor Uzumaki hace un año cuando murió mi padre. Repetirla con usted no me va ayudar en lo absoluto. Es como volver atrás en el tiempo y revivirlo todo otra vez. Sí, fue trágico y terrible, y sigo enfrentándome a ello cada día, pero lo que de verdad necesito es seguir adelante.
El reloj de la pared hacía tictac.
—Bien —dijo ella por fin, fabricando una sonrisa forzada—. Es muy útil conocer tu punto de vista, Hinata. Es lo que he intentado comprender desde el principio. Tomaré nota de lo que piensas. ¿Alguna otra cosa de la que quieras hablar?
—No. —Sonreí amablemente.
Ella pasó unas páginas más de mi expediente. No tenía idea de que podría haber anotado Uzumaki, y tampoco quería quedarme para averiguarlo.
Levanté la mochila del suelo y me desplacé hasta el borde de la silla.
—Me sabe mal suspender la sesión, pero tengo que estar en un sitio a las cuatro.
—Ah, ¿sí?
No me apetecía hablarle de la agresión a Temari.
—Para una búsqueda en la biblioteca.
‒ ¿Para qué clase?
Dije lo primero que me vio a la mente:
—Biología.
—Hablando de clases, ¿cómo lo llevas? ¿Algún problema con alguna asignatura?
—No.
Siguió pasando páginas.
—Excelentes notas —comentó—. Aquí dice que te estás ocupando de la tutoría de tu compañero de biología Shisui Uchiha. —Levanto la vista esperando una confirmación.
Me sorprendió que mi tarea de tutora fuese tan importante como para figurar en el expediente del psicólogo.
—Hasta el momento no hemos tenido ocasión para acordar un encuentro. Problemas de horarios. —Me encogí de hombros en plan «qué se le va hacer».
Dejo caer mi carpeta sobre la mesa y acomodó las hojas sueltas en una pila ordena, que luego introdujo en la nueva carpeta que había etiquetado a mano.
—Pienso hablar con el profesor Maito para que establezca algunos parámetros respecto a tus tareas de tutora. Me gustaría que los encuentros se produjeran aquí en el colegio, bajo la supervisión de un profesor u otro miembro decente. No quiero que le des clases particulares fuera del instituto. Sobre todo no quiero que os veáis a solas.
Un escalofrío me recorrió.
‒ ¿Por qué? ¿Qué ocurre?
—No estoy autorizada para hablar de ello.
La única razón que se me ocurría era que Shisui era peligros. «Mi pasado podría asustarte», había dicho en la plataforma del Arcángel.
—Gracias por tu tiempo —dijo la psicóloga. Caminó hasta la puerta, la abrió y se apoyó en ella con su cadera esbelta. Me dedicó una media sonrisa, pero parecía forzada.
Después de abandonar el despacho llamé al hospital. La cirugía de Temari había concluido, pero ella estaba todavía en la sala de postoperatorio y no podía recibir visitas hasta las siete de la tarde. Consulte el reloj del móvil. Faltaban tres horas. Fui hasta el Chevy nova, que estaba en el aparcamiento de estudiantes, y me subí, con la esperanza de que una tarde en la biblioteca haciendo los deberes me hiciera más corta la espera.
Pasé la tarde en la biblioteca, y antes de darme cuenta el reloj de pared anunciaba que ya era más de media tarde. Mi estómago rugía en el silencio de la sala, y mis pensamientos se dirigieron hacia la máquina expendedora de la entrada.
La última tarea podía esperar un rato, pero todavía me quedaba un trabaja que requería una consulta. En casa tenía un ordenador IBM antiguo con acceso a internet mediante llamada telefónica, y por lo general me ahorraba tener que desquiciarme en la sala de informática de la biblioteca. Tenía tiempo hasta las nueve para enviar una reseña de teatro de Otelo a la redacción de la revista digital, e hice un trato conmigo misma, prometiéndome que iría por comida después de terminarlo.
Tras guardar mis cosas me dirigí al ascensor. Pulsé el botón para cerrar las puertas, sin indicar de inmediato el piso. Saqué el móvil y llamé al hospital.
—Hola —dije a la enfermera que me atendió—. Tengo una amiga en la sala de postoperatorio. Antes he llamado y me han dicho que saldría esta noche. Su nombre Temari Sabuko. Hubo una pausa en que oí las teclas del ordenador.
—La llevarán a una habitación privada en una hora.
— ¿A qué hora termina el horario de visitas?
—A las ocho.
—Gracias. —Colgué y pulsé el botón de la tercera planta.
Una vez allí, me dirigí a la hemeroteca*, con la esperanza de encontrar reseñas teatrales en el periódico local que me inspirasen.
—Disculpe —dije al encargado—. Busco ejemplares del Portland Press del año pasado. Específicamente la guía de teatro.
—Aquí del año pasado no tenemos nada, pero yo diría que los archivos del Portland Press están disponibles en su página web. Sigue recto por el pasillo que tienes detrás y a tú izquierda veraz la sala de informática.
En la sala me conecté a un ordenador. Estaba a punto se sumergirme en mi tarea cuando de pronto me vino una idea. No podía creer que no se me hubiera ocurrido antes. Después de asegurarme que nadie estuviera mirando, escribí en la barra de Google: «Shisui Uchiha.»
Tal vez encontrara algún artículo que arrojase luz sobre su pasado. O quizás tenía un blog.
Miré con el ceño fruncido los resultados de la búsqueda. Nada. Ni Facebook, ni MySpace, ni un blog. Era como si no existiera.
— ¿Cuál es tu historia, Shisui? — murmuré—. ¿Quién eres en realidad?
Al cabo de media hora había leído varias reseñas y mis ojos se habían puesto vidriosos. Amplié mi búsqueda en internet a todos los periódicos de Maine. Apareció un enlace del colegio Suna. Pasaron unos segundos antes de que recordara de dónde me sonaba ese nombre. Deidara había sido trasladado desde el Suna. Decidí investigar. Si el colegio era tan de elite como Deidara afirmaba, probablemente tuvieran un periódico decente.
Hice click sobre el link, repasé la lista de archivos y escogí al azar el 21 de marzo del año anterior. Al instante ya tenía un titular.
ESTUDIANTE INTERROGADO POR ASESINATO
EN EL SUNAGAKURE
Acerqué mi silla, contenta de leer cosas más interesantes que reseñas de teatro.
Un estudiante de dieciséis años del colegio Suna, a quien la policía estaba interrogando por el denominado caso «El ahorcamiento de Suna», ha sido puesto en libertad sin cargos. Después de que el cuerpo de Sakura Haruno, de dieciocho años, fuera encontrado colgando de un árbol en el campus del colegio, la policía interrogó al estudiante de segundo año Deidara Iwa, quien fue visto con la víctima la noche de su muerte.
Mi mente tardaba en procesar la información. ¿Deidara fue interrogado como parte de la investigación de un asesinato?
Haruno trabajaba como camarera en Ichiraku. La policía confirmo que Haruno e Iwa fueron vistos caminando juntos por el campus la noche del sábado. El cuerpo de Haruno fue descubierto el domingo por la mañana, e Iwa fue libera el lunes por la tarde después de que se encontrara una nota de suicidio en el apartamento de Haruno.
— ¿Has encontrado algo interesante?
Di un respingo al oí la voz de Deidara detrás de mí. Me giré y lo vi apoyado en el marco de la puerta. Sus ojos estaban ligeramente entornados; su boca, formando una línea. Algo se extendió por mí rostro, algo así como un rubor, soló que todo lo contrario.
Moví la silla ligeramente a la derecha, tratando de colocarme enfrente de la pantalla.
—Sólo… sólo estaba terminando mi trabajo. ¿Y tú qué? ¿Qué andas haciendo? No te he oído entrar. ¿Cuánto tiempo llevas ahí de pie? —Mi voz se oía en toda la sala. Él entró en la sala. Busqué a tientas para el botón para apagar la pantalla.
—Estoy intentando inspirarme para escribir una reseña de teatro que debo enviar a la revista esta noche. —Seguía hablando demasiado rápido. ¿Y el botón? Deidara entorno los ojos.
— ¿Una reseña de teatro?
Mis dedos rozaron un botón y oí como el monitor se apagaba.
—Perdona, ¿qué decías que haces aquí?
—Pasaba caminando cuando te he visto. ¿Algún problema? Pareces nerviosa.
—Oh, es la falta de azúcar. —Apilé mis libros y papeles y los metí en la mochila—. No he comido nada desde el almuerzo.
Deidara agarró una silla y la acercó a la mía. Se sentó y se inclinó hacia adelante, invadiendo mi espacio personal.
—Tal vez pueda ayudarte con la reseña.
—Vaya, es muy amable de tu parte, pero por ahora me rindo. Necesito comer algo. Es un buen momento para una pausa.
—Deja que te invite a cenar. Hay un restaurante en la esquina.
—Te lo agradezco, pero mi madre estará esperando. Ha estado toda la semana fuera y regresa esta noche.
Me puse de pie y traté de pasar por su lado, pero él saco su móvil y extendió el brazo.
— Llámala.
Bajé la vista hacia el teléfono buscando una excusa.
—No me dejan salir por las noches entre semana.
—Se llama mentir, Hinata. Dile que la tarea es más larga de lo que esperabas. Dile que necesitas quedarte otra hora más en la biblioteca. No notará la diferencia.
Su voz estaba adoptando un tono de crispación que desconocía. Sus ojos azules se entrecerraban fríamente, su boca parecía más fina.
—A mi madre no le gusta que salga con chicos que ella no conoce —dije.
Deidara sonrió, pero sin calidez.
—Los dos sabemos que no haces caso a tu madre, ya que el sábado estas en Delphic.
Tenía la mochila colgada de un hombro y estaba ajustando la correa. No dije nada. Pasé por delante de Deidara y salí a toda prisa de la sala, sabiendo que si encendía la pantalla vería el artículo. Pero ya no había nada que yo pudiera hacer.
Camino de la hemeroteca me atreví a mirar por encima del hombro. Las paredes de cristal me permitieron ver que la sala de informática estaba vacía. Deidara no estaba por ninguna parte. Volví sobre mis pasos hasta el ordenador, atenta a si reaparecía. Encendí la pantalla; el artículo seguía allí.
Lo imprimí en la impresora más cerca, lo guardé en carpeta, salí y me apresure a marcharme.
Hemeroteca*: Edificio o dependencias donde se conservan ordenadas y clasificadas revistas, diarios y otras publicaciones periódicas para su consulta o estudio.
Hace algún tiempo me preguntaron que era o es él Jeshvan aquí les dejo la explicación.
Jeshván: El nombre otorgado al mes de Jeshván en la Biblia es simplemente "el mes octavo".
Un mes entero de cada año, donde se conmemora la creación del todo, absoluto.
Es, precisamente, el mes donde los ángeles caídos, pueden poseer cuerpos durante dos semanas, para poder experimentar las sensaciones físicamente. Es posible entonces, poseer cuerpos humanos y Nephilims, sin embargo, los caídos prefieren los Nephilims debido a que los cuerpos humanos son débiles para lograr contener dentro de él, a dos almas distintas.
El mecanismo de posesión consiste en encontrar un vasallo, comúnmente Nephilim, que prometa lealtad por siempre. Básicamente, el vasallo Nephilim es obligado a hacerlo. El ángel caído, entonces, podrá poseer su cuerpo durante dos semanas cada año, en el mes de Jeshvan, donde buscará el modo de sentir como un humano: el dolor, el placer. Ambas almas, Nephilim y Caído, vivirán en un mismo cuerpo, durante ese período de tiempo, y el vasallo sentirá cada una de las cosas que el Ángel haga con él. Se siente como una intromisión en tu mismo cuerpo. Pero si no es el jeshván no pueden durar mucho tiempo en un cuerpo humano
Usualmente, el Nephilim teme únicamente a su propietario.
Kuragari: Hola que tal están? Espero que bien quiero preguntarles sinceramente ¿disfrutan de esta historia o mejor la elimino y hago otra adaptación?
La otra adaptación será del libro hija de humo y hueso.
La adaptación será ShisuHina.
Dejen su comentario, o cualquier duda que tengan será respondida.
Matta ne.
