En mis sueños estás
Capítulo 1: No coincidas el sueño con la realidad.
A pesar de cualquier otro pronóstico, Nabiki se las arregló para llegar a tiempo al frente de la escuela (aunque muchos alumnos de la misma la miraron extrañados al verla venir corriendo). Después de tal carrera y sin tener realmente la práctica de hacer deporte, era obvio que se sentía bastante cansada, pero por lo menos con ello había no solo llegado en tiempo, sino también despejar de su mente aquel raro sueño de su mente. Inhaló y exhaló unas cuantas veces con tal de calmar su agitada respiración a causa de la carrera. Cuando por fin se recuperó por completo, prosiguió su camino hacia el interior de la escuela, ignorando las miradas aún curiosas y confusas de todo el mundo, después de todo, no le importaba cómo la vieran o qué pensaran sobre ella los demás, si ni conocía (realmente) a la gran mayoría de ellos. Sin embargo, aún después de haberse ¨calmado¨, su mente seguía todavía algo perdida entre las nubes, por lo que no es de extrañarse que, al caminar por los pasillos tan despistada, terminara chocándose (por suerte no muy bruscamente) con alguien. Pero lo más gracioso de todo, fue ver quién era ese alguien.
-Auch, lo siento-dijo instintivamente sin todavía ver siquiera hacia quién dirigía la respuesta.
-Disculpa aceptada, supongo…-respondió la persona en un tono algo seco y amargado, pero eso no impidió que su voz fuera rápidamente reconocida.
-A-Ah, h-hola, Kuno-chan-saludó ella nerviosa y apresurada, maldiciendo a la propia mala suerte que la había llevado a encontrárselo tan pronto en la mañana, no pudiendo evitar soltar una pequeña risa por sus nervios e incomodidad al final del saludo.
A pesar de que este le devolvió el saludo, el mismo fue dicho con algo de extraña mala gana. Al fijarse más detenidamente el él, pudo notar que tenía unas visibles ojeras bajo sus párpados inferiores, muestra efectiva de falta de sueño, lo cual explicaba casi a la perfección la razón de su humor de perros.
-Así que… ¿dormiste mal anoche, Kuno-chan? -indagó ella con simpleza mientras ambos proseguían el camino hacia el aula.
-Argh, sí, aunque me moleste tener que mencionarlo, Nabiki Tendo-expresó este todavía con aire irritado, aunque no pensaba en un inicio dignarse a responder dicha pregunta-No estoy muy seguro del por qué, pero ayer no pude dormir para nada en toda la noche. ¿Por qué preguntas? ¿¡ACASO ESTO ES CULPA TUYA!? –ante este pensamiento, se giró hacia ella con expresión iracunda, daba algo de miedo.
- ¿Q-Qué? –dice ella desconcertada por este razonamiento y también por…bueno…la repentina cercanía que el mismo impuso al girarse a acusarla- ¡Oh, no-no-no, que va, Kuno-chan! –negó con un rápido gesto de mano, aún inquieta-Por muy bruja que te parezca, no es como si realmente tuviera poderes mágicos para hacer esas cosas, ja, ja-continuó diciendo en un tono cómico, pero algo forzado, tras dar un par de pasos hacia atrás para recuperar la distancia entre los dos, debido a que…esa cercanía…la intimidaba, en varios y distintos sentidos.
Por un largo minuto, ella sintió sobre sí misma la mirada de él, mirándola de arriba para abajo una y otra vez, de forma seria, examinante y medio molesta. Esto era…realmente incómodo, y en cierta forma inexplicable, la ponía nerviosa, tanto que ni siquiera podía mantener contacto visual directo con el mismo. Aun sabiéndose completamente inocente, frente a la continua mirada acusante de él, casi que podía terminar creyéndose culpable. Para su suerte, al por fin quedar ¨convencido¨ de la verdad en sus palabras, este paró su mirada indagadora. Con un suspiro de cansancio, Kuno retomó su posición erguida y continuó tranquilo su camino por el pasillo.
-Puede que tú no tengas poderes, pero eres muy capaz de conocer a aquellos que sí los tienen, ¿no es así, Nabiki Tendo? –comentó con un tono y gesto vago-Aunque de ser así, de seguro ya me habrías dado el precio de la cura. Por lo que asumo que lo que dices es cierto en verdad, Nabiki Tendo.
-Ah… ¿Gracias? –correspondió ella algo confusa, retomando también el camino.
La verdad es que tenía razón con respecto a ello. Sin embargo, no sabía exactamente cómo debía sentirse o reaccionar ante esas frases. ¿Debería estar aliviada de que la conozca tan bien? ¿O más bien debería sentirse ofendida por la misma real y cruda visión que este tiene sobre ella? Al final, optó simplemente por ignorarlo todo y tratar de borrar todos los recientes hechos de su memoria, lo cual no pudo hacer. Arsh, genial, ¿por qué las cosas se le tenían que seguir complicando?
Por suerte para ella, en el resto del camino hacia el aula no surgieron más problemas ni imprevistos…bueno…al menos no de gran dificultad. Muy a su propio pesar, no pudo evitar dirigirle una mirada furtiva de vez en cuando (y fue realmente un milagro el que él no se diera cuenta de ello). En esos momentos que le daba una rápida mirada, pequeños recuerdos de los hechos pasados dentro del sueño volvían a su mente, y ello, la llevaba a desviar rápidamente su vista, con una ligera muestra de pena que crecía cada vez que el proceso se repetía. Cada vez que pasaba (que fueron bastantes), su expresión era de ¨ ¿¡PERO QUÉ DIABLOS HACES!? ¨ y se quejaba de misma. En serio, por un momento creyó que se volvería loca por ello.
Cuando ambos llegaron a su destino, fue por fin que ella pudo dejar atrás ese incómodo proceso. Como siempre, dejó su mochila en su puesto y saludó a sus amigas, retomando así algo de normalidad en su tan revoltosa y problemática mañana. A los pocos minutos, tocó el timbre de la escuela, dando así inicio al horario escolar. Según el horario del día, hoy su grupo tenía clase de educación física a primer tiempo. Vaya, que coincidencia. Quizás la ¨carrera¨ forzada de la mañana le haya servido como un inesperado entrenamiento previo. Sin más dilación, todos sus compañeros fueron a cambiarse a los vestuarios y al cabo de no más de diez minutos, ya estaban todos propiamente vestidos y reunidos en el gimnasio de la escuela. Después de hacer los ejercicios básicos, el maestro divide a los chicos de aula en dos grupos para jugar un partido de basquetbol, partido que las chicas también tendrían que llevar a cabo más tarde. Mientras que los chicos jugaban, algunas chicas los animaban y debía admitirlo, por muy tontos y molestos que estos pudieran resultar de vez en cuando, en momentos como este lograban parecer geniales (recalcando el ¨parecer¨).
A pesar de su aparente cansancio y mal humor debido a la falta de sueño, Kuno estaba cumpliendo relativamente bien su papel en el equipo que estaba, pero incluso los más despistados de sus compañeros, podían notar que a este le faltaba la energía que lo caracterizaba. ¡Y cómo no hacerlo! Después de todo, no es como si sus ojeras fueran algo imposible de notar a primera vista. Aunque algunos compañeros le resaltaron este punto de forma cómica, se arrepintieron inmediatamente de hacerlo, ya que como este le había demostrado esta mañana, hoy no estaba realmente de humor para nada. Puede que en verdad necesitara recuperar el sueño, pero él mismo parecía insistirse en permanecer despierto. Ciertamente estaba siendo terco, pero… ¿quién podría pararle de serlo? Pues al menos nadie de su salón, eso está claro.
Nabiki por su parte, no le estaba prestando atención al partido y solo se dedicaba a hablar con sus amigas sobre los próximos negocios que tendrían que llevar a cabo a lo largo del día. Después de darles sus respectivas instrucciones, ambas amigas fueron llamadas por una compañera del aula, por lo que dejaron momentáneamente sola a Nabiki, pero esto a ella no le molestó. Ahora ya ¨sola¨ en el lugar, Nabiki se dedicó a hacer una serie de cálculos mentales con respecto a los negocios planeados del día, viendo también las posibles extensiones y negocios alternativos en los cuales estos podrían derivar. Estaba tan pero tan concentrada en ello, que casi hizo oídos sordos de lo que pasaba a su alrededor.
- ¡CUIDADO! -gritó fuertemente uno de sus compañeros y ella, casi como por acto reflejo, levantó su mirada y por fin volvió a mirar la realidad, solo para ser rápidamente sorprendida por la vista directa de una pelota que estaba a punto de chocar con ella.
El impacto fue imposible de evitar, pero por verdadera suerte, no fue TAN fuerte como ella quizás lo hubiera imaginado en un inicio. Ante esto, resonaron los gritos dentro del gimnasio y todos se le acercaron preocupados (siendo sus amigas de las primeras en llegar a su lado).
- ¿¡Nabiki, te encuentras bien!? –preguntaron ambas angustiadas.
-Auch, s-sí, eso dolió, pero…c-creo que estoy bien…-respondió ella con algo de notada dificultad, todavía aturdida por el golpe.
- ¿E-Estás segura? N-No parece ser así…-comentó intranquila una de ellas.
-S-Sí-sí, no es nada. Estaré bien-expresó ella con fingido aire enérgico y normal, pero ello no convenció ni a sus amigas ni al preocupado profesor.
Era obvio que no estaba tan bien como quería hacerles ver. Trató de pararse para dejarlos a todos calmados, sin embargo, a pesar de poder levantarse no pudo evitar tambalearse un poco.
-Arsh, ¿por qué en momentos como este tienes que volverte tan testaruda? –dijo Kuno irritado entre la pequeña aglomeración, no lo exclamó, pero por la fuerza y tono de su voz podías estar seguro de que todo el mundo alrededor le escuchó.
Sin dar tiempo a cualquier otra acción, Kuno se hizo lugar entre la multitud hasta por fin quedar justo enfrente de ella y de un solo y rápido movimiento, la cargó en brazos como si fuera una princesa, dejando a todos (pero ABSOLUTAMENTE TODOS) sorprendidos (algunos hasta con la boca abierta).
-Con su permiso profesor, será mejor llevarla a la enfermería-fue lo único que expresó este, simple y serio, haciendo caso omiso de la muda perplejidad de los compañeros a su alrededor.
Tras recibir un entrecortado asentir por parte del también sorprendido profesor, este dejó el gimnasio, por lo que no estuvo presente para presenciar y oír el bullicio de frases de sorpresa, incredulidad y emoción ante lo hecho por él mismo. Uy, puede que él no se dé cuenta todavía de las consecuencias de su acto, pero tened por seguro que la noticia de lo aquí sucedido, se esparcirá por toda la escuela como pólvora.
- ¿¡P-Pero qué haces!? ¡Bájame, te digo que estoy bien, puedo caminar sola! –quejó Nabiki, forcejeando sin mucho éxito debido a la aparente diferencia de fuerza física.
-Jah, esa es de las peores mentiras que nunca antes has formulado, Nabiki Tendo-detalló Kuno impasible- ¡Argh, para ya de moverte, te vas a caer! –exclamó algo fuerte (pero no demasiado) y detuvo una de sus manos, anulando cualquier nuevo posible movimiento brusco y callándola en un momento- ¡Sabes muy bien que independientemente de cuanto protestes, tendrás que ir a la enfermería, así que deja de hacer esto tan complicado, ¿¡vale!?
La mirada fija, seria y determinada que este le mostraba hacía que su pena retornara y se agrandara aún más. A pesar de la calma que ella quería aparentar, su corazón latía con fuerza a causa de los nervios y la aún no pasada sorpresa. Si ya de por sí le resultó…complicado el lidiar con esa clase de sueño esa (todavía no pasada) mañana, ¿¡por qué demonios tenían que seguir ocurriendo esta clase de situaciones!? En serio, si las cosas seguían yendo por ese camino, probablemente…no aguantaría mucho más.
-…L-Lo siento…-pronunció ella suavemente bajando la mirada, apenada de su propio y algo exagerado actuar en esta situación.
-Disculpa aceptada-respondió este, soltando la mano que sostenía, aunque en comparación con cómo había dicho esta misma frase esa mañana, su tono de voz ahora era más tranquilo y conforme.
Sin ya más inconvenientes de por medio, Kuno retomó el camino hacia la enfermería, en un completo silencio, complementado solo por la seriedad de su expresión. Momentos después de ello, ella volvió a levantar su mirada y silentemente observó a detalle las ojeras que en su rostro se mostraban. Lucían tan…antinaturales, pero, aun así, no lograban darle un mal aspecto a su persona, ni siquiera un punto macabro. Mientras él seguía el camino, ella se perdió en el saber de un solo pensamiento…Así que…así era como se sentía ser llevada por él entre sus brazos…
Por un momento, su mente jugó con ella y entrelazó dicha realidad de escena con la soñada, dándole así el deleite de un sentir real en algo que hasta ese momento solo en sueños le había aparecido. Sin embargo, a los pocos instantes de esto, ella misma forzó a la ilusión a desaparecer, para no seguir hiriéndose sin saberlo, para no seguir confundiendo el sueño con la realidad. No podía permitírselo…No debía engañarse a sí misma solo por la estúpida incitación de un loco sueño. Esto era la realidad, SU realidad, y sabía perfectamente cuál era su lugar dentro de la misma, sabía sin duda alguna…cuál era la impresión que él tenía sobre ella. Bajó nuevamente la mirada y permaneció callada, solo…dejándose llevar.
- ¡Sanada-sensei! –exclamó Kuno entrando a la enfermería.
-Ay no…-se quejó por lo bajo el enfermero nada más de oír la puerta abrirse y encima reconocer inmediatamente la voz de la persona que había llegado.
Arsh, no había ya casi ni un solo día en el que él no pasara por la enfermería, por lo que ya estaba más que acostumbrado a su presencia, pero, aun así, era algo…fastidiosa. Y vaya momento para aparecerse, justo cuando estaba revisando en su teléfono unos mensajes importantes de parte de un amigo suyo. Con un aire cansado, el enfermero se gira en su silla para ver a su usual y quizás no tan querido paciente, pero cierra los ojos por un momento y empieza a decir en tono resignado:
-Oye Kuno, por un día que vienes consciente aquí, quisiera que por lo menos…-no pudo terminar su frase, pues al nada más abrir los ojos, la visión de la extraña realidad que tenía justo enfrente, lo dejó completamente mudo-…WOW…-fue lo único que salió de él tras medio minuto de fijarse en la curiosa escena.
Al instante siguiente, levantó su teléfono, y por el irrefutable sonido del flash de la cámara, ambos jóvenes presentes pudieron saber sin duda alguna que el profesor acababa de inmortalizar el momento en una foto (cosa que irritó a uno y que avergonzó a la otra).
-OYE-gruñó Kuno molesto.
-Ah, lo siento. Es algo tan raro de ver que me dieron ganas de hacerlo…Ups-se ¨disculpó¨ este, aunque era evidente el tono burlón en sus palabras.
Tras guardar su celular de vuelta a su bolsillo, el enfermero recostó su cara sobre una de sus manos (la cual estaba apoyada sobre el escritorio) y continuó diciendo con el mismo tono ladino:
- ¿Y bien…? ¿Cuál es vuestro problema, tortolitos?
Ante la pronunciación de tal broma sin escrúpulos, Nabiki no pudo evitar avergonzarse, y lo peor de todo era que ni siquiera podía hacer algo para defenderse, debido a la ¨situación¨ en la que se encontraba actualmente ¨atascada¨.
-Sensei, si en verdad no quiere perder su trabajo, le sugiero que mejor se calle-contestó Kuno en una forma muy ligeramente amenazante y con cara de póker, mostrándose para nada dispuesto en seguir escuchando las malas bromas de este.
- ¡OK, ya entendí, me callo! –dijo este rápidamente, agitando los brazos casi como si le estuvieran apuntando con una pistola. Después de todo, no estaba dispuesto a perder su querido empleo a causa de unas simples bromas.
Después de recibir una pequeña examinación, el enfermero le pidió a Kuno que la dejara en una de las camas de la enfermería para que descansara del golpe. Él asintió serio y ejecutó su labor.
-Ya oíste al enfermero, así que solo quédate aquí y descansa, ¿entendido? –expresó él decidido y serio, con cierto aire de advertencia en sus palabras en caso de que lo pedido no fuera cumplido.
-Vale-vale, ya entendí, lo haré-afirmó ella por enésima vez.
-Bien-asintió este antes de salir y cerrar la cortina que rodeaba la cama de la enfermería.
Cuando se disponía este a salir por fin de la enfermería, no pudo retener un bostezo, el cual fue efectivamente escuchado por el enfermero.
-Oh, ¿tienes falta de sueño, Kuno? ¿Quieres quedarte a descansar un poco tú también? –preguntó este, mezclando un sentido más burlón que profesional en el tono de sus frases.
-No es necesario, GRACIAS-respondió Kuno de forma muy seca y molesta, sobre todo la última parte. Su expresión era tan seria y sombría que atemorizó al mismo enfermero.
-E-Eh, v-vale, c-cualquier cosa…sabes a dónde venir-fue lo último que dijo este, aunque con algo de dificultad, pues entendió que, si quería mantener tanto su trabajo como su vida sin ningún conflicto, era mejor no seguir indagando más en ello.
Tras oír sonido de la puerta de la enfermería al cerrarse, todo el lugar volvió a su usual y ¨silenciosa¨ calma. Dejando por fin reposar su cabeza sobre la blanda almohada, Nabiki levantó la misma mano que él había sostenido apenas hace unos cuantos minutos y la miró a detalle. Por un momento, recordó aquella escena del sueño en la que su mano tocaba aquel rostro contrario y al desaparecer dicha visión, suspiró con frustración. Con el dorso de su mano, hizo sombra sobre sus ojos, tratando de dormir y recuperarse, tanto del golpe de la pelota como de la ola de conflictivas emociones. Debía y quería dormir, pero simplemente…no podía hacerlo. Era como si una fuerza invisible y más allá de su conocimiento, la estuviera obligando a permanecer despierta. Todo estaba resultando ser tan…problemático, tanto para mente y pensamiento como para…aquello siempre latiente que la mantenía viva, y, sin embargo, el pendenciero día, solo acababa de empezar.
-En otra parte de Nerima-
Un pequeño barco pesquero deja bajar en puerto a dos curiosos pasajeros: una mujer algo mayor (pero no pasada de los treinta años) y un joven. Sus ropajes no son tan nuevos y tiene un estilo chino con detalles simples pero hermosos. La señora hace una reverencia y agradece al señor marinero en un tono japonés que, aunque no es cortado, se nota a leguas que no es su idioma base. Por su parte, el joven solo se cruza de brazos y chasquea la lengua, molesto, a lo que la señora con sus propias manos lo obliga a hacer una reverencia y agradecerle al señor. Mosqueado por esto, el joven hace lo pedido (aunque a realmente duras penas) y tras una nueva despedida, el señor marinero se aleja del puerto. La señora sigue despidiéndose del barco hasta que este se pierde de vista y cuando por fin ello pasa, se vuelve hacia el joven y le da un golpe en la cabeza (el cual le causa inevitablemente un chichón). Mientras el joven se queja por el dolor, la señora sigue dándole un fuerte regaño (pero solo mediante palabras). Al final, suspira cansada y con aire conforme, ayuda al joven a levantarse y le explica unas cuantas cosas a la par que empiezan a caminar. El joven solo hace como que la escucha y de vez en cuando asiente, mientras apacigua su dolor y la sigue para no perderse. Después de dar unos cuantos pasos, ambas figuras desaparecen de vista. Es misterioso y extraño a la vez, el verlos desaparecer y moverse con tal agilidad, teniendo en cuenta la carga que cada uno lleva en sus mochilas, sin embargo, no hay de qué preocuparse, porque muy pronto…los volveremos a ver.
N.A: OK, no me gusta tener demasiadas series en publicación, pero en verdad tenía ganas de publicar esta historia y por fin ¡aquí está! Eso sí, al igual que las demás, puede que me tome mi tiempo para ir actualizando, pero como siempre, trataré de traerla lo más pronto posible. Como ya deberían saber, este ship es uno de mis favoritos de Ranma 1/2, y como hay TAAAAN pocas historias sobre ellos dos, puedo dedicarme sin miedo a escribir ideas y situaciones que sé que no estarán ya escritas por alguien más (creo que ya lo he mencionado antes, pero es por esta misma razón que no escribo prácticamente NADA sobre Ranma y Akane). En fin, como lo dice el sumario, esta historia es una secuela directa de ¨El poder de una reina¨, pero no es estrictamente necesario haberla leído para leer esta (aunque si es así es mejor). Sin más que decir, ¡espero nos leamos pronto!
