En mis sueños estás

Capítulo 3: Falta de sueño y de palabras.

El timbre que dictaba el final de la hora de almuerzo y el inicio de las clases de la tarde había sonado hace ya más de cinco minutos, pero, aun así, el kendoka más ¨famoso¨ de la escuela no había vuelto al aula, y de ello, todos estaban más que conscientes. Con semblante aburrido y cansado (aunque más bien parecía resignado), el profesor dio inicio a la clase de matemáticas, sin importarle para nada el hecho de que le faltaba un alumno, después de todo, estaba MUY acostumbrado a que dicha situación se repitiera. A pesar de que el aula aparentaba tranquilidad, todos estaban expectantes en sus asientos, contando con interés los minutos que pasaban. ¨Kuno no llegó a clase¨-todos sabían lo que eso significaba, y por eso, esperaban con ansias el revuelto que sabían que vendría pronto. Resulta bastante cómico el verlos así: aparentemente aplicados, tomando notas y escuchando con ¨atención¨ a la lección, pero listos para saltar en cualquier momento hacia las ventanas a ver la más reciente pelea del kendoka contra el joven artista marcial nada más se oiga el primer ruido.

Aunque ya saben de antemano quién terminará venciendo en cada pelea, no pueden negar que disfrutan verlas y, además, ¿por qué lo harían? Todos (incluyendo al resto de alumnos de las demás aulas y grados) están de acuerdo en que, comparado con los cansinos estudios de las diferentes materias escolares de la preparatoria, el ver luchar al loco dúo es definitivamente mucho más divertido.

(Aquí vamos otra vez…)-pensó Nabiki con aburrimiento y dejó escapar un suave y casi imperceptible suspiro.

Al igual que sus compañeros, Nabiki estaba segura de que pronto Kuno armaría un nuevo revuelto, pero a diferencia de estos, ella estaba impasible. La verdad es que hoy no se siente con ganas de presenciar otro predecible duelo entre su cliente número uno y el prometido de su querida hermanita, así que decide tratar de enfocar mejor su atención hacia la clase…hasta que un pequeño detalle sobre esto le roba toda su atención. ¿Por qué Kuno va a pelear con Ranma…si hoy este no le ha dado ninguna razón para buscar su furia? Aunque Kuno desprecia a Ranma y aprovecha cualquier ocasión para pelear con él, este casi nunca lo hace en horario de clases a no ser que crea que este le hizo algo terrible o que tenga algún artículo raro nuevo con el que piense enfrentarle. La segunda opción no puede ser, ya que de ser así él le habría presumido dicho objeto esta mañana. Entonces…quiere decir que…

(No me digas que en verdad cree que Ranma le hizo algo para que no pudiera dormir anoche…)-Nabiki soltó un suspiro más audible y pesado y se llevó una mano a la cara en busca de apaciguar un pequeño dolor de cabeza. Ugh, sabía lo tonto que podía ser, pero esto ya era pasarse de la raya. En serio, ¿qué tan increíblemente estúpido tenía que ser para ligar todos y cada uno de sus más mínimos problemas y culpar a Ranma por todos ellos?

- ¡Ey, ya empezó! –exclamó ¨suavemente¨ uno de sus compañeros, cuyo puesto era de los más cercanos a las ventanas.

Así, como si de una señal militar se tratara, todos acudieron rápidamente hacia las ventanas y se pelearon un poco por obtener los ¨mejores puestos¨ para mirar la batalla. El profesor los miró sorprendido por un momento y aunque estuvo a punto de regañarlos por su impertinencia, al final solo dejó escapar un largo suspiro cansado y resignado. En fin, otra situación a la que estaba muy acostumbrado.

-Bah, igual solo serán como máximo quince minutos-profirió el señor profesor y se acercó en busca de algún ¨puesto¨ libre por el que mirar.

Nabiki miró con neutralidad la actitud conformista del profesor y después se unió al grupo de espectadores, después de todo, aunque en realidad no tuviera ganas de ello, echar una miradita no la iba a matar.

- ¡YA TE DIJE QUE YO NO TE HICE NADA! –exclamó Ranma esquivando con rapidez un golpe hacia su cabeza- ¿¡PODRÍAS DEJAR DE ECHARME LA CULPA A MÍ POR TODO POR UNA VEZ, KUNO!?

- ¡SI EN VERDAD NO TIENES NADA QUE VER CON ELLO, ¿¡POR QUÉ ESQUIVAS MIS GOLPES ENTONCES EH!? ¡DE SER INOCENTE NO ESTARÍAS HUYENDO CON TANTA INSISTENCIA Y TE DEJARÍA PEGAR PARA DEMOSTRAR TU SINCERIDAD, RANMA SAOTOME! –le acusó Kuno vilmente, apuntándole con su bokken.

- ¡ESO NO TIENE SENTIDO! ¡NO ME PIDAS ALGO TAN ESTÚPIDO! –quejó Ranma y esquivó un nuevo golpe- ¡Argh, no tengo tiempo para esto! –gruñó el joven artista marcial antes de decidirse a proporcionarle a Kuno un golpe certero que lo dejaría K.O.

El golpe fue efectivo y dejó a Kuno de rodillas, lo cual desanimó un poco al público al ver que esta batalla había sido demasiado corta. Todos ya estaban regresando lentamente a sus asientos con un aire algo decepcionados y Ranma también estaba a punto de volver a su clase…pero el kendoka se levantó y le detuvo.

- ¿Qué pasa, Ranma Saotome? ¿Acaso huyes de nuestro combate…? –pronunció Kuno, con una sonrisa y mirada desafiante–…Esto aún no ha terminado…

Aunque estaba algo sorprendido de verlo levantarse después de un golpe que normalmente lo dejaba fuera de juego, Ranma sonrió confiado y le contestó:

-Claro, esto aún no ha terminado, ¡pero muy pronto terminará! –el joven Saotome le propinó un nuevo golpe al kendoka, seguro de que esta vez sí caería desmayado, sin embargo, quedó mudo al ver que este no solo lo recibió y no quedó fuera de combate…sino que también sus ojos se iluminaron de color rojo por un instante.

Por un momento, Ranma tuvo un mal presentimiento e instintivamente tomó distancia de Kuno, cosa que sorprendió al público que había vuelto, pues nunca antes el artista marcial había retrocedido en un combate contra el kendoka. Kuno regresó su mirada lentamente hacia el frente, sin desviarla ni un momento de su adversario y tras un minuto de solo estar así parado mirándole, este terminó mostrándole una sonrisa arrogante. La mirada de Kuno parecía que le decía: ¨ ¿Qué no dijiste que esto terminaría muy pronto? ¡Pues mira, aún sigo en pie! ¨. Sus palabras, aunque no eran dichas, resonaban claramente y de una forma muy extraña, tanto…que le hacían dudar a Ranma si realmente estaba peleando contra el mismo Kuno de siempre.

La escena había dejado embobados a todos sus compañeros de clase: ¡Kuno todavía no había perdido contra Saotome! Pero lo más curioso de todo, es que luchaba con mucha energía, como si en realidad no le faltara el sueño, y eso los dejaba a todos preguntándose sobre qué le había pasado. A pesar de que el kendoka estaba resultando dar más batalla de lo normal contra el joven artista marcial, se empezaba a notar más y más que cada nuevo golpe que recibía le afectaba mucho, sin embargo, este se negaba a dejarse caer y seguía peleando sin parar. Al pasar de unos cuantos minutos más, el verlos pelear ya no resultaba interesante, sino más bien triste, pues hasta el propio Saotome se sentía mal de ver a Kuno tan golpeado que ya tenía algunas manchas de sangre sobre sí mismo, pero por mucho que le insistía en parar de pelear, esto solo incitaba al otro a dar un nuevo golpe. Pronto, no solo Saotome le pedía que parara: todos sus compañeros empezaron a gritarle lo mismo, pero este hizo oídos sordos a sus peticiones.

-Maldición…-musitó Nabiki por lo bajo antes de salir corriendo del aula hacia el patio.

Sabía que esto que intentaba hacer era una locura, un impulso involuntario dado por la propia tensa situación…sin embargo, su cuerpo se movió antes de siquiera darle tiempo a pensar en una mejor solución. Ya por fin en el patio y frente a la penosa ¨batalla¨ que ya había durado más de lo que debía, un nuevo hecho dio lugar…

- ¡YA DETENTE, RANMA! –gritaron dos voces inesperadamente al unísono.

El mentado se quedó quieto por la imprevista frase y ubicó por un momento las figuras de las dos hermanas Tendo, quienes se miraban la una a la otra con algo de sorpresa (vaya, quién lo diría, habían tenido la misma idea). Aprovechando el momento de descuido de su oponente, Kuno se dispuso a darle un golpe final y…lo logró. No hizo que Ranma quedara inconsciente, pero consiguió tirarlo al suelo, algo nunca antes logrado por este. Respirando de forma pesada y sujetando en alto todavía su espada de madera, Kuno miró una última vez a Ranma y sonrió con orgullo.

-…Te he ganado, Ranma Saotome…-expresó este, aunque sus palabras sonaron muy bajas.

Akane se acercó a Ranma y le ayudó a levantarse (a pesar de las protestas de este) y le dirigió una mirada a Kuno entre confusa e incrédula. No sabía por qué, pero…el Kuno que veía en ese instante frente a ella…le parecía un completo desconocido. En silencio y despacio, Akane y Ranma regresaron al interior de la escuela y la tensión en el aire del patio se aligeró un poco.

Tras verles entrar, Kuno soltó un ligero suspiro, incómodo y cansado. Había ganado…le había ganado a Ranma Saotome en una batalla, ese sin duda era un gran logro…pero entonces… ¿qué era esa rara sensación de derrota que aún sentía? ¿Por qué tenía la impresión de que en vez de vencer como un héroe…había terminado siendo el villano de la película? Y por sobretodo… ¿por qué aún después de pelear y vencer…no sentía a su furia interior desaparecer?

Había peleado casi sin sentir lo que hacía, cegado por su propia furia hacia Saotome, la cual ahora que lo recapacitaba, era algo exagerada en comparación con el crimen que se le atribuía. Para colmo de todo lo sucedido, ahora sentía que no tenía fuerzas siquiera para mantenerse en pie, era como si de repente todo el cansancio que negaba tener lo había por fin alcanzado. Trató de caminar de vuelta al centro escolar, pero nada más dar unos pasos, se sintió a punto de caer.

- ¿Te ayudo? –preguntó Nabiki con una simpleza algo antinatural en ella.

Antes de que este pudiera responderle, ella ya había posado la mano sobre su espalda y colocado una mano sobre sus hombros. La diferencia de estatura entre los dos era tan notoria, que por un momento Kuno se preguntó si realmente ella podría ayudarle, aun así, se las arreglaron para proseguir sin demasiado problema.

-Así que… ¿me vas a cobrar por esto? –inquirió Kuno en el camino hacia la enfermería, cuando sintió que el silencio ya era demasiado incómodo.

-Debería. De hecho, vas a tener que pagarme el recibo de la tintorería. Aunque seguro la dueña se desmaya al ver las manchas de sangre-respondió ella con total neutralidad, sin desviar su vista del frente.

A pesar del tono de sus palabras y su expresión, Kuno tenía la impresión de que ella estaba enojada, pero no sabía exactamente por qué. Al verla así, él sentía por momentos el impulso de disculparse, pero…podía hacerlo. Sonaría muy fuera de lugar decir un ¨Lo siento¨ ahora, sobre todo cuando al no saber sobre qué se disculpaba, así que…no lo hizo y se resignó a pasar en completo silencio el poco camino que quedaba.

Tras ser recibidos nuevamente por el enfermero (cuya sorpresa fue innegable no solo por verlos dos veces en el mismo día, sino también por ver el estado de su paciente habitual) y ser tratadas las heridas del joven kendoka, un incómodo silencio se formó en la habitación. El enfermero, sintiéndose fuera de lugar, se excusó de la habitación diciendo que tenía que hacer una llamada importante, pidiéndole expresamente a Kuno que tratara de descansar.

Nabiki sabía que debía volver pronto a clase y que para ello primero debía ir a cambiarse a su uniforme de deportes, pero…simplemente…no se sentía con ganas de moverse. A pesar de la aparente falta de sueño de uno y la falta de palabras de la otra, ninguno parecía decidido a cambiar esa incómoda situación en la que ahora se encontraban.

Pasaron varios minutos así, en completo silencio, desviando las miradas hacia los alrededores de la tan conocida enfermería, hasta que por fin las palabras de ella le dieron un final a esa insoportable eternidad.

-Deberías dejar de buscar pelea por razones tan tontas, ¿sabes? –resonaron sus palabras con cierta dureza, pero sin perder su tranquilidad- ¿Acaso ese es tú objetivo ahora? ¿Terminar peor en cada nueva batalla?

-Esto no te incumbe-replicó Kuno inmediatamente, de forma seca-No es como si te preocupara exactamente bienestar, ¿verdad? –destacó sin pudor aquella verdad que ambos bien sabían entre sí. Para él era obvio que, si le daban a ella escoger a entre salvar a su persona o su dinero, ella elegiría sin dudar a su billetera.

Nabiki pareció sorprendida por un momento, pero pronto su expresión volvió a la normalidad y continuó diciendo:

-Ah, tienes razón, no me incumbe… Pero… ¿en verdad crees que disfruto verte así? –la firmeza en su mirada y sus palabras al preguntarle aquello, lo descolocaron de lugar.

Él creía que respondería inmediatamente que sí a su pregunta, pero…no pudo. Al igual que antes, se sentía incorrecto darle una respuesta, sin antes estar completamente seguro de la realidad que esta buscaba e implicaba. Tras un par de nuevos minutos de incómodo silencio y miradas fijas, Nabiki soltó un pequeño suspiro con resignación y se paró de su asiento.

-…Aunque no lo creas, no soy tan diabólica como crees que soy…-pronunció simple y suavemente en su camino hacia la puerta- (…Pero parece que tú sí eres más tonto de lo que pensaba…) –pensó para sí misma al salir y recostarse por un instante contra una de las paredes del pasillo.

Ella no necesitó de mucho tiempo para recomponerse (apenas medio minuto) y proseguir su camino; él en cambio, necesitó de varios minutos más para sacar los recientes hechos de su cabeza.

-En otra parte de Nerima-

La mujer y el joven sueltan sus pesadas mochilas sobre la tierra de un terreno limpio cuyo pasto no está muy crecido. El lugar solo tiene un par de árboles y unos materiales de construcción como ¨decoración¨, pero eso es más que suficiente para ellos. Los residentes de las casas cercanas y algunos transeúntes los miran con curiosidad, no solo porque les llama la atención sus ropas, sino también por el hecho de que parecen querer acampar en ese lugar. Al sentir las miradas fijas sobre ellos, estos se tensan un poco, pero para el alivio de ambos viajeros, el público pronto pierde el interés en ellos y retoman sus actividades.

-Uff, parece que en esta ciudad la gente es menos curiosa que en las anteriores-dice la mujer, dejando escapar un ligero suspiro de alivio.

-Bah, yo ya estoy contando los minutos para ver cuánto se demoran en preguntarnos que si somos del circo-comenta el joven con expresión fastidiada, colocando ambas manos detrás de su nuca y recostándose ligeramente sobre ella.

La mujer le dirige una mirada severa, la cual hace que el joven corrija su postura tras un pequeño escalofrío, pero su expresión se mantiene fastidiada. A pesar de que no le gusta verlo con esa cara, la mujer se conforma y suelta un cansado suspiro.

-Yo me encargaré de armar la tienda de campaña esta vez-expresa ella a la par que se agacha para rebuscar en una de las mochilas-Tú encárgate de inspeccionar el área.

-Vale-contesta secamente el joven, pues sabe que, aunque prefiera hacer otra cosa, no tiene opción.

Antes de que este consiga irse del lugar, la mujer lo vuelve a llamar.

-Por cierto…si te encuentras con uno de ¨esos¨, sabes bien lo que tienes que hacer, ¿verdad? –pregunta con seriedad, levantando su mirada hacia él y dejándole muy en claro la importancia que ello representa.

El joven solo le corresponde la mirada por un momento para después pasar incómodo una mano por su pelo.

- ¡Que sí, que sí lo sé! Rayos, que poca confianza le tienen a uno-responde con molestia y ligera pena-Nos vemos-se despide este con un gesto y tono aburrido a la par que empieza a caminar.

Al ver su figura desaparecer, la mujer regresa su atención a la tarea que tiene enfrente, sin embargo, no logra sacar completamente de su mente la preocupación.

-Ugh, ¿por qué será que sin importar cuánto crezca, siempre tengo el acertado mal presentimiento de que se va a meter en problemas? –comenta sin más al aire, deseando por millonésima vez en su vida que en realidad todo quede en solo un presentimiento.

Por otro lado, el joven recorre ágilmente el área de la ciudad, tratando de grabar lo mejor posible en su memoria las calles y lugares que les serán de importancia durante su indefinida estancia en ella. A pesar de haber iniciado el recorrido caminando normal, él ahora se transporta de salto en salto entre los tejados y algunos postes de electricidad, moviéndose con gracia, habilidad y cuidado para no romper nada, dándole un buen susto o sorpresa a todo aquel que lo mira. Aunque sabe que no debe llamar mucho la atención, eso ahora mismo le da igual, pues se siente genial ser admirado y por ello, no se cansa de presumir sus reflejos. Al caer equilibradamente sobre el muro de piedra de un pequeño parque, el joven siente de repente una tenue presencia maligna y hace que se detenga en seco. Hace tiempo que no había sentido una, pero le es imposible confundirla…Sí, definitivamente…es uno de ¨esos¨…

Parece estar algo lejos de él, pero con su velocidad sabe que puede llegar sin problemas hasta dónde está y ubicarlo antes de que su presencia se vaya fuera de su rango de percepción. El joven esboza una sonrisa altanera, orgulloso de haber encontrado uno tan rápido.

(Esto va ser una buena historia que contar)-piensa el joven a punto de ir en busca de su objetivo, pero se detiene en seco al oír una preciosa voz llamarle.

-Hey, chico lindo, ¿te apetecería regalarle un ramo de flores a tu afortunada novia?

El joven gira su cabeza rápidamente hacia la hermosa chica florista que lo llamó.

- ¡POR SUPUESTO! –responde este con energía y desciende con gracia frente a la chica-Aunque me gustaría mucho más que esa afortunada chica fueras tú-expresa este tomando una de sus manos de forma galante, mostrándole la mejor de sus sonrisas y regalándole un guiño.

La florista ríe adulada y divertida, lo cual le hace pensar que tiene esperanzas, pero pronto se da cuenta de su error al sentir un aura de batalla fría justo al lado suyo. Junto a la señorita florista (justo detrás del mostrador) había un hombre cuya mirada asesina y anillo en la mano (a juego con el de ella) le confirmaron inmediatamente que estaba coqueteando con una mujer casada. En su cara se queda congelada una sonrisa incómoda y su cuerpo inevitablemente empieza a sudar por montones.

(Ajá, sin duda…esto va ser una buena historia que contar…)-piensa avergonzado, tratando de idear un plan de huida lo más rápido posible y por supuesto, olvidándose por completo del tan importante objetivo al que debía seguir.

-En la residencia Kuno-

Kuno se dirigió a sus aposentos a paso rápido y furioso, apenas intercambiando palabra alguna con su fiel sirviente Sasuke (quien lo miró confuso y con algo de miedo, probablemente por la gran cantidad de vendas que su señor llevaba o quizás por la fuerte expresión que este mostraba). Le molestaba mucho el hecho de que el enfermero prácticamente le haya obligado a irse temprano a casa a descansar al negarse a hacerlo en la escuela. Aunque su enojo contra este todavía no cesaba, la verdad es que en el fondo se sentía agradecido. En serio necesitaba una siesta, pues el cansancio y la inexplicable furia ciega que sentía hacia todas las cosas y personas ya le estaban resultando insoportables.

Tras sacar su futón, recostarse, taparse y respirar profunda y suavemente un par de veces para calmarse, Kuno se relajó y dejó que el sueño viniera de forma natural a él. No tardó demasiado tiempo en caer rendido ante el sueño…sin embargo…su mente dormida le mostró algo que no esperó ni deseó nunca volver a ver…

…Estaba en una habitación de hospital…Todo era de matices de blanco y negro…excepto los símbolos de un curioso aparato cuyo constante sonido se hacía cada vez más y más lento…Él se sentía pequeño comparado con todo lo que lo rodeaba…Estaba solo…y tenía frío…mucho frío…

…Miraba a su alrededor…solo para confirmarse una vez más que sí…estaba solo…Apretó fuertemente sus pequeños puños y trató de no temblar ante el saber de esa innegable verdad…ÉL era el único ser junto aquel otro que permanecía inerte y pálido sobre la única cama de aquella penumbrosa habitación…

…Tenía un doloroso y fuerte nudo en la garganta que lo incitaba a llorar…Era un milagro que no lo hubiera hecho aún…sobre todo teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba…y el desenlace que presentía…

…El irritante sonido mecánico de aquel odioso aparato terminó por convertirse en otro sonido…uno siempre constante y mucho más molesto…el cual solo le afirmaba aquel final que no podía cambiar…

…A pesar de saberlo de antemano…su miedo y desesperación fueron igual…no…de hecho…quizás fueron aún más dolorosos que la primera vez…

…Por mucho que trataba de gritar y llamar a alguien…sus palabras no salían…no existía otro sonido en aquel lugar más que el del insoportable aparato…Y así…encerrado entre las cuatro paredes de aquella fría habitación…incesantes lágrimas cayeron de sus ojos…y sus gritos permanecieron mudos…hasta que todo el mundo frente a sus ojos…volvió a ser negro por completo…

Kuno se sentó bruscamente sobre el futón al por fin despertar de esa corta pero cruel pesadilla. Su respiración era entrecortada, su cuerpo sudaba mucho y su cuerpo todavía temblaba involuntariamente ante aquello que había visto. Miró a sus manos con impotencia y volvió a sentir un nudo en la garganta.

- ¿Por qué…? –pronunció con dificultad, apretando los labios con fuerza- ¿POR QUÉ…? –repitió de nuevo, ocultando su rostro entre sus manos.

Si antes ansiaba poder dormir y descansar en paz, ahora estaba totalmente seguro de que no podría hacerlo por un buen tiempo. Un escalofrío le recorre el cuerpo y una gota cae de su rostro, pero no podemos decir con exactitud si es una gota de su sudor…o una lágrima.

N.A: Je, je, capítulo largo en compensación por lo corto que quedó el anterior XD. Hey, ¿alguna vez les ha pasado que están jugando un juego, avanzan un buen tramo en él y po razón la partida se termina borrando y entonces te pones tan triste y furioso al mismo tiempo que no puedes volver a jugarlo por un LARGO tiempo? Pues precisamente eso me acaba de pasar. Estaba yo tranquila en mi casa jugando Harvest Moon: Sunshine Islands cuando de repente ¡SAZ! Apagón salvaje aparece justo en el momento en el que estoy guardando partida. Obviamente, ahora tengo que empezar desde cero TT_TT, ¡y ya iba por el cuarto año! Ugh, esto es muy frustrante (y yo aquí desahogándome con ustedes por algo que ni les interesa ni viene al cuento XD). En todo caso, como dice el dicho: ¨no hay mal que por bien no venga¨. A pesar de que tengo ideas y ganas de escribir, todo el tema de la cuarentena y las ¨vacaciones¨ me han vuelto MUYvaga y por eso apenas he escrito en todo este tiempo, pero gracias a este ¨empujón¨ de sentimientos frustrados que tengo ahora mismo, me impulsó a escribir este capítulo (espero que no haya sido demasiado confuso todo lo que narré en él, pues gran parte del mismo lo hice de noche, o sea, con algo de sueño encima O_O). En fin, sin más que decir y deseándoles salud a ustedes y sus familias donde quiera que estén, ¡espero nos leamos pronto!

P.D: Ah, por cierto: sí, lo sé, soy pésima para narrar escenas de pelea TT_TT, disculpen por eso.