Capítulo 37: Por Propia Voluntad

Marinette recordó lo que Annette le había contado cuando ella terminó de contarle sus dudas. También recordó en como la mujer la observó con algo de cariño y en como procedió a mirarle a los ojos.

—Sé que muy bien que es duro confiar en alguien y entre menos personas sepan tu secreto es mejor. La gente puede ser muy dura al juzgarte.

—Coincidimos en eso Annette —Marinette afirmó con bastante seguridad.

—Pero a veces es necesario que confíes en alguien, en alguien que sepas de todo corazón que no te traicionara, que no se le saldrá el secreto... eso puede hacer que tu secreto sea más llevadero.

Marinette se quedó mirando fijamente a la mujer, con una expresión que indicaba que pensaba que la mujer se había vuelto loca. Annette por su parte no pudo evitar soltar una sonrisita pues estaba segura que si ella se hubiera dado el mismo consejo no hubiera podido evitar pensar lo mismo que la muchachita que tenía enfrente.

—Lo sé, lo sé. Parece algo loco pero a veces es algo necesario.

—¿Pero que hay si me traiciona?.

—Por eso te estoy diciendo que confíes en alguien que no te pueda traicionar. Sé que puede ser difícil pero confío y estoy segura de que lo lograrás... por algo el viejo maestro Fu te eligió ¿no?.

Marinette no pudo evitar quedarse callada, en especial porque la mujer la había desarmado dándole su confianza pero su inseguridad le taladraba la cabeza, como si ella no pudiera encontrar la paz consigo misma.

—¡Ya sé! —Annette exclamó de repente— ¡Te voy a enseñar algo que te ayudará en un futuro, ya verás!

Marinette no pudo evitar sonreír al recordar lo que la mujer le enseño, también recordó un pequeño consejo que la mujer le dio.

—A parte de pensar sobre confiar en alguien, también debes tomar algo en cuenta.

—¿Qué puede ser Annette? —Marinette preguntó algo desconcertada.

—Yo sé que eres muy observadora, muy capaz... y antes que digas que estoy equivocada quiero que sepas que tengo razón.

—¡Pero Annette! —Marinette trató de refutarla.

Annette observó con delicadeza a la muchacha y negó de manera divertida. Por su parte Tikki ya tenía una vaga idea sobre cómo iba a reaccionar su anterior portadora por lo que las observó con algo de cautela.

—Eso es lo que quiero tratar, me refiero a que te menosprecias ya sea de manera consciente o inconsciente —Annette suspiró de manera profunda y le dirigió una mirada, una mirada de abuela, una mirada como las que le dirigía a Pablo—. Quiero que dejes de menospreciarte... créeme eso puede empeorar las cosas.

—Pero si soy una chica normal, sin nada interesante y nada de especial.

—En eso te equivocas Marinette. Tú eres muy capaz, muy bonita, muy inteligente... y también que eres muy especial, aunque tu dudes de ello.

—¿Pero cómo?

—Pablo y Gabriel me han contado algunas cosillas, también he visto algunas por mi propia cuenta —Annette la interrumpió sabiendo de antemano que le iba a preguntar.

—No soy nada especial, ni bonita, si ni siquiera puedo llamar la atención del chico que me gusta.

—Puede que no llames su atención pero eso no quiere decir que no seas, ni bonita, ni especial, si no ¿Quién sería la heroína no.1 de París?

Marinette se sonrojó por el cumplido. Annette también sonrió y procedió a darle unas pequeñas palmadas en la espalda.

—Está bien, está bien... lo intentaré.

—Creo en ti Marinette y sé que lo conseguirás.

En un pequeño restaurante de la cuidad un hombre caucásico de cabellos ondulados de color negro y una edad aproximada de 35 años observaba con nerviosismo a sus alrededores. Él esperaba con ansiedad a que su nuevo jefe fuera con él. Él esperaba que esto no lo terminara matando como casi lo hacia el trabajar con Volk, sabía que esto lo hacía por su familia pero que no era lo correcto y que si por él fuera ya estaría camino a Ucrania para reencontrarse con su esposa y sus hermanos.

—Perdón por la tardanza Viktor —se disculpó un hombre trajeado de cabello ondulado de color castaño y de barbas bien cuidadas.

—No hay problema señor —le respondió Viktor de forma educada pero remarcada por fuerte acento ruso.

—¿Sabes? Al menos eres más educado que los perros que mi compañero normalmente suele contratar, siempre dispuestos a hacer algo por dinero, sin importar lo que sea. Pero tú eres diferente, lo sé, tu motivación va más allá del simple dinero ¿no?

Viktor sintió como la mirada penetrante del hombre trajeado lo escaneó, como si le estuviera viendo el alma. Viktor esperó que fuera todo menos esa posibilidad.

—Supongo señor, parece que mis ideales coinciden con los de ustedes.

—¿Ah sí? ¿Supongo que no hay alguna otra motivación, no sé cómo familia? —el hombre le cuestionó a lo que Viktor se quedó callado.

—Es broma amigo mío, pero he incurrido en una falta de respeto terrible al no presentarme —el hombre observó al ucraniano con un "genuino arrepentimiento"— mi nombre es Avinatán Rosspier, mucho gusto.

—Espero que ese militar landavidés sepa lo que hace— Viktor pensó con algo de temor e incomodidad.

Al día siguiente Peter se levantó con algo de resequedad en su boca. Otra vez había tenido esa pesadilla pero esta vez era distinto, en esta vez su tío Ben había aparecido en él empujándolos a él y a Ladybug para salvarlos a cambio de su vida, siendo él, el muerto por mano de "Saulo". Peter se encontraba muy nervioso por lo que había visto pero se tranquilizó para no llamar la atención de May de forma innecesaria pero eso sí, no pudo volver a dormir en lo que restaba de la noche.

Al día siguiente Peter se levantó con algo de resequedad en su boca. Otra vez había tenido esa pesadilla pero esta vez era distinto, en esta vez su tío Ben había aparecido en él y empujándolos a él y a Ladybug para salvarlos a cambio de su vida, siendo él, el muerto por mano de "Saulo". Peter se encontraba muy nervioso por lo que había visto pero se tranquilizó para no llamar la atención de May de forma innecesaria pero eso sí, no pudo volver a dormir en lo que restaba de la noche.

Una vez que llegó al colegio se dirigió hacia su aula de clases.

Una vez que entró al aula fue directo hacia su lugar al lado de Nathaniel, quien notó lo acabado que se encontraba el muchacho. La primera acción del pelirrojo fue preguntarle si se encontraba bien, a lo que Peter le restó importancia y le indicó que estaba bien, que solo tenía algo de sueño pero que al transcurso del día se le pasaría.

Peter se encontraba perdido en sus pensamientos cuando la aglomeración de sus compañeros en frente del escritorio al centro del aula le llamó la atención. Peter observó como sus compañeros, Marinette incluida observaban algo con bastante interés (demasiado diría él). Sin perder más tiempo fue hacia ahí y observó como Max estaba interactuando con lo que parecía ser un pequeño robot con una garra metálica como mano y también tenía una especie de hélice en su cabeza.

—¿Qué sucede Mari? —Peter le llamó la atención a su amiga, la cual volteó a verlo.

Marinette estaba emocionada por el invento de Max y no pudo esperar para enseñárselo a su amigo.

—¡Verás Pete, Max nos está presentando a Markov, su amigo!

Tras explicarle brevemente lo que sucedia en ese instante, la peliazul tomó del brazo a su amigo y lo llevó hasta el pequeño robot, el cual lo observó con curiosidad. Peter quedó impresionado al verlo pero aún tenía algunas dudas.

—Hola, mi nombre es Markov ¿Cuál es el tuyo? —el robot se presentó con bastante ánimo, lo cual llamó la atención de Peter.

Peter se rascó la nuca con algo de nerviosismo pero rápidamente recobró la compostura.

—MI nombre es Peter Parker, mucho gusto Markov.

Tras la presentación del chico, el robot lo saludo usando la garra como si fuera su mano. Peter seguía impresionado con esa muestra de tecnología, tecnología que el señor Stark podría financiar y apoyar. Tras dejar esos pensamientos de lado Peter fue hacia Max y lo saludó.

—¿Qué tal Max?

—¡Ah! ¡Hola Peter! —Max le respondió el saludo a Peter con una sonrisa en su rostro— veo que ya conoces a Markov.

Peter miró al robot y esbozó una sonrisa en su rostro, la cual reflejaba algo de timidez.

—Sí, ya conocí a Markov —Peter observó a su compañero con una mirada discreta— y dime Max ¿Qué tipo de inteligencia artificial está utilizando?

Ante la pregunta de Peter, Max se acomodó los lentes y formó una sonrisa en sus labios.

—Es una inteligencia artificial creada por mí en un microprocesador que hace que Markov sea autoconsciente, literalmente tiene los sentimientos de una persona.

—¡Eso es genial Max! ¡Si le presentamos a Markov al señor Stark puede que te dé una beca al igual que a mí!

Ante la proposición de Peter, Max no pudo hacer otra cosa más que emocionarse pues podría conocer a uno de sus ídolos en cuestión de tecnología y también podría apoyarlo en otros proyectos que tenía en mente.

Momentos más tarde entró la profesora Mendeleiev acompañada por el señor Democles para dar un anuncio a la clase. El señor Democles quedó impresionado por Markov y después de interactuar con él le indicó amablemente a Max que lo guardara pero el chico le comentó que su amigo no causaría problemas y se quedaría en silencio por lo que el director aceptó de buena manera, o al menos fue así hasta que Chloé se metió provocando al pequeño robot, el cual se vio en la necesidad de responderle pues la muchacha no solo lo había insultado a él, sino que también había insultado a sus amigos.

Ante tal alboroto el director se vio obligado a recoger a Markov y llevárselo a su oficina.

Una vez que las clases terminaron Max y sus amigos fueron al parque que quedaba cerca del colegio para ver como recuperaban a su amigo. Peter por su parte se preocupó ante la posibilidad de que Markov fuera akumatizado pues recordó la parte en la que Max le contó que el pequeño robot podía experimentar sentimientos como una persona real.

—¿Y cómo han estado las cosas Pablo? —preguntó Mía con un tono alegre mientras iban hacia el hotel en donde se estaban hospedando ella y su familia.

—Bien, algunas akumatizaciones más otras menos, ya sabes, lo típico desde que mis padres tomaron el trabajo. Aunque mi madre ha estado rara desde que fuimos al restaurante en donde tuvimos que hacerle frente a un intento burdo de bruja, si sabes a lo que refiero.

—Sí, Pablo. Entiendo a lo que te refieres y espero que lo de mi tía sea temporal.

—Igual yo Mía, igual yo.

Instantes después Mía observó a Gabriel con una sonrisa burlona en su rostro.

—¿Y tú Gabu?

Gabriel se rascó la nuca algo incómodo pero hizo su mejor intento para disimular.

—Bien Mía, bien —contestó con una seguridad que ni él se creía.

—Demasiado bien que hasta consiguió una novia prima —Pablo comentó por lo bajo.

—Que no es mi novia Pablo —Gabriel trató de negarlo.

—Claro y yo me llamo Geroi I —respondió Pablo con algo de sorna.

—Que rompecorazones Gabu, sinceramente ya pensaba que morirías solo con un montón de gatos como mascotas —contesto Mía con un tono burlón para desgracia del joven príncipe.

Gabriel solo pudo negar con la cabeza antes de proseguir con su camino y unirse a la conversación nuevamente.

Mientras caminaban el trio de jóvenes se encontraron con Max y lo vieron decaído, por lo que Pablo y Gabriel fueron con sus amigos para averiguar que le sucedia y ver si podían ayudarlo. Por su parte Mía solo pudo observar a la hermana menor del chico con el que había conversado el otro día y no pudo evitar esbozar una sonrisa al recordar la música que ese joven tocaba.

—¿Qué pasó Max? —preguntó Gabriel con algo de preocupación en su voz, siendo secundado por Pablo.

—Tuve un problema con el director por culpa de Chloé y como resultado él me separó de mi amigo —el chico moreno le respondió con una voz apagada provocando que Gabriel empezara a vociferar en voz baja contra la rubia pero una mirada de Juleka lo tranquilizó y lo devolvió a su enfoque, cosa que Mía notó y provocó que ella sonriera para sus adentros.

—Hacen buena bina— Mía pensó bastante contenta.

—¿Y de casualidad no saben en dónde el director dejó a su amigo? —preguntó Pablo con un tono serio de voz.

Peter observó con cautela a su amigo y le preguntó qué era lo que tenía planeado, a lo que el muchacho landavidés le respondió que sería una sorpresa con unas expresiones que le recordaron bastante a Dante.

—Verán, Markov se encuentra en la oficina del director, por lo que es prácticamente imposible recuperarlo —Rose le respondió algo desanimada a lo que Pablo sonrió y les dijo que lo conseguirían.

—¿Cómo es él? —Gabriel preguntó apoyando a su primo aunque tenía unas dudas bastantes grandes sobre si eso era una buena idea.

Max observó a su amigo y se acomodó los lentes y le dirigió una mirada triste.

—Es un robot con unas hélices en su cabeza y como mano tiene una garra, además tiene una pantalla azul en la cual aparecen sus ojos.

Ante la descripción de Markov, Gabriel alzó una ceja con algo de curiosidad.

—¿Un robot?

—Sí, un robot, un amigo tan avanzado que tiene libre albedrío y las emociones de un ser humano.

La respuesta de Max, dejó a Gabriel gratamente asombrado.

—Da por hecho que lo recuperaremos Max —Pablo respondió pero cayó en cuenta que Mía había desaparecido sin dejar rastro.

Pablo negó de forma nerviosa con la cabeza y supuso que ella fue directamente al rescate del robot. El muchacho y Gabriel fueron directamente al colegio para despistar en lo que la castaña volvía a aparecer en el lugar.

Por su parte Mía se apareció directamente dentro del colegio, aprovechando que ya era mayor de edad en el mundo mágico. Ella avanzó lentamente hacia la oficina del director Democles intentando no ser descubierta por algún docente y esa situación le hizo sentir que se encontraba dentro de uno de sus juegos favoritos llamado Metal Gear Solid, si no mal me acuerdo.

Mientras ella rememorizaba las características que había escuchado de Markov, ella se dio cuenta de que el director Democles se encontraba dando un rondín alrededor del colegio antes de irse a su oficina para dedicarse de lleno a su pasatiempo favorito. Por lo que dedujo que debía apurarse si no quería ser descubierta pero de pura suerte pudo divisar como Pablo y Gabriel entraban al colegio, y con suerte distraería al director con algo ingenioso, o eso creía ella. Rápidamente cuando llegó a la oficina del director, Mía se dirigió hacia su escritorio y se dio cuenta que todos los cajones estaban cerrados con llave. Ella no perdió tiempo y tomó su varita para abrirlos con un Alohomora.

—¿Pablo tú crees que Mía ya esté con Markov? —Gabriel le preguntó a su primo.

—Lo más probable es que sí, ya sabes... ella siempre encuentra el modo para lograr sus objetivos.

—¡Pablo agáchate, ahí viene el director! —Gabriel le indicó a su primo.

Antes de hacer caso a la indicación de su primo, Pablo tomó una brillante moneda de euro de uno de los bolsillos de su pantalón y la lanzó hacia detrás del señor Democles, quien se giró al escuchar el retintineo de la moneda.

—Vamos Apúrate Mía, que ya no me quedan muchas monedas— Pablo pensó con algo de pesar.

—Alohomora —la castaña musitó en voz baja provocando que los cajones del escritorio se abrieran sin necesidad de forzarlas.

Sin perder más tiempo, Mía empezó a examinar cajón por cajón hasta que llegó a uno que se encontraba en la parte superior derecha del escritorio. Al abrir ese cajón, Mía encontró lo que buscaba... al pequeño robot de Max. Ella lo tomó y se dispuso a salir de la oficina hasta que cayó en cuenta que el director notaría la ausencia de Markov.

La castaña observó detalladamente y reflexionó sobre lo que podía hacer, y tras pensarlo un rato decidió usar una hoja de papel usada que encontró en el cesto de la basura. Mía hizo el hechizo de transformación y la hoja terminó convertida a imagen y semejanza del verdadero Markov. Una vez que hizo lo que debía, ella dejó todo a como estaba antes de que llegara ahí.

Cuando ella se disponía a desaparecerse para encontrarse con su primo, la puerta de la oficina se abrió abruptamente dejándola paralizada.

—Casi nos pilla Pablo —Gabriel se quejó antes de soltar un resoplido.

—Lo sé muy bien Gabriel por eso nunca debes menospreciar el cambio, en especial si te dan muchas monedas —Pablo comentó en alusión a las monedas que los había sacado de apuros, solo para después cerrar rápidamente la puerta.

—En eso te puedo dar la razón primo.

Gabriel se dispuso a observar la oficina, solo para terminar topándose con la mirada molesta de Mía, la cual causó que el joven príncipe apartara su mirada de la de ella.

—¡Par de tontos! ¡Me han dado un susto de muerte!

Pablo y Gabriel solo pudieron bajar la mirada ante los reclamos de Mía, quien parecía que se los quería comer vivos pero unos instantes después se calmó en pro de que no los descubrieran. Pablo y Gabriel suspiraron satisfechos pero no demasiado, pues sabían que ella después se las cobraría, quisieran o no.

—Vamos, sujétense de mí y no hagan ninguna estupidez si no quieren terminar con una despartición —Mía comentó con un tono de voz algo malhumorado.

Gabriel observó a Mía con cierto recelo, cosa que llamó la atención de la castaña.

—¿Mía, si encontraste a Max?

Mía relajó sus expresiones faciales al comprender el por qué se lo había preguntado, dado a la forma a que se dirigió a ella, la cual fue bastante tranquila pero con un deje de preocupación.

—Sí Gabu, aquí lo traigo.

Mía le enseñó al pequeño robot, el cual los observó con bastante curiosidad pero no dijo nada, al comprender que lo estaban rescatando.

—Tápale los "ojos" a tu amigo y sujétense de mí.

Instantes después los cuatro desaparecieron de la oficina sin dejar rastro. Casi de inmediato el señor Democles entró en la oficina creyendo que ese había sido su día de suerte al entrar alrededor de 10 euros en el patio, e inmediatamente fue a checar su escritorio por si las dudas. Al examinarlo concluyó que no había pasado nada, pues encontró todo en su lugar, incluso a Markov, el cual parecía estar apagado. Inmediatamente tomó un control y apretó un botón dejando su equipo de superhéroe a la vista. Aunque había jurado que dejó un documento en el cesto de la basura, pero le restó importancia al creer que eran imaginaciones suyas.

Mía, Pablo, Gabriel y Markov aparecieron en los límites de la escuela y para su buena suerte no había más que un par de despistados que no se dieron cuenta de lo sucedido.

—Bueno, hay que reunirse con sus amigos antes de que se empiecen a preocupar

Pablo y Gabriel asintieron y procedieron a destaparle los "ojos" a Markov antes de reunirse con sus amigos.

—¿Lo consiguieron? —preguntó Marinette algo ansiosa por lo que Peter le puso una mano en el hombro en un intento de tranquilizarla.

Marinette volteó a ver a Peter y no pudo evitar sonrojarse antes de apartar su mirada del chico.

Pablo no pudo evitar esbozar una expresión triste, causando que sus amigos se preocuparan un poco pero Markov salió de su espalda volando hacia Max para alegría de todos. Mientras todos observaban al pequeño robot una pregunta cruzó sus mentes de forma colectiva.

—¿Cómo lo hicieron? —preguntó Marinette en representación del grupo, como buen presidenta de la clase que era.

Pablo y Mía no pudieron evitar esbozar una sonrisa cómplice.

—Con algo de magia y unas habilidades que unos tíos británicos nos enseñaron —Pablo explicó refiriéndose a la magia como algo metafórico.

Mía decidió retirase del lugar al ver que su primo y Gabriel estaban pasando un rato agradable con sus amigos pero era claro que ella regresaría por ellos.

—Eh... Pablo, Gabu, tengo que irme. Creo que olvidé algo en el hotel y tengo que ir por él, espérenme aquí, no me tardo.

Una vez dicho eso, Mía se retiró rápidamente sin dejarle la oportunidad de responder a los chicos. Pablo aprovecho la ocasión para apartar a Peter y explicarle todo lo que había contado su abuelo con respecto a Avinatán y le indicó que le pasara la información a Ladybug nada más, ya que él se encargaría de contarle a Chat Noir. El par de primos disfrutó la convivencia con sus amigos y quedaron impresionados cuando Max le presentó en detalle al pequeño robot, el cual se había salvado por los pelos de ser akumatizado por su intervención.

Pero ellos nunca se dieron cuenta que una pareja los cuidaba, y la pareja se encontraba algo apartada. La mujer tenía el cabello rubio platinado y el hombre era pelinegro, y ambos no aparentaban tener más de 50 años.