Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, son de JKR. La historia es de Kyonomiko quien me dio la autorización para traducirla.

¡Disfrútenla!


Desamparados y Callejeros

"Waifs and Strays"

De Kyonomiko

Beteado por el dúo increíble: Emily y Bet


Bueno, esa fue una noche espantosa.

El pequeño cuerpo de Draco estaba rígido al haberse mantenido en la misma posición para Granger durante tanto tiempo. Supuso que pudo haber salido de su agarre en algún momento, sobre todo cuando por fin se quedó dormida, pero si su presencia le estaba ofreciendo consuelo, detestaba alejarse de ella.

Finalmente es de mañana y Granger está tarareando mientras hojea el Profeta de hoy, volviendo a actuar adaptada y feliz. Pero Draco lo sabe mejor. En particular después de la pesadilla que fue anoche. Pudo decir en el momento en que ella tropezó con la puerta que estaba lejos de estar lúcida, apenas capaz de ponerse de pie. La había visto mecerse e inclinarse, abriéndose camino por la casa y aferrándose a Weasley en busca de apoyo.

El mago en cuestión no estaba mucho mejor, aferrándose a ella a su vez y casi tropezando con sus propios pies torpemente grandes. Cuando se giró para besarla, prácticamente falló la primera vez, los labios golpearon extrañamente contra el costado de su boca mientras sentía su camino de regreso al centro. Granger había estado aturdida y apenas respondió una parte del tiempo, su sesión de besuqueo era más algo que le estaba pasando, que algo en lo que participaba.

No es que Weasley la hubiera forzado. Sólo que Weasley fue proactivo y Granger, como dice el refrán, salió a pasear.

Draco sabía que ella se arrepentiría. Había aprendido lo suficiente hace unos pocos días cuando le dijo que eso era un error y sólo podía terminar muy mal. Así que él la había chillado y jaloneado, pero ella pareció no darse cuenta. Muy probablemente, literalmente no lo hizo. Abandonando esa táctica, Draco Malfoy hizo algo a lo que jamás pensó que recurriría: corrió hacia Harry Potter.

Afortunadamente, el abarrotado desastre al que Potter llama su dormitorio estaba abierto, con el propio mago sentado en la cama mirando esquemas de movimientos de Quidditch. Draco se había subido a la cama y le había ladrado en la cara a Potter, luego saltó rápidamente y se dirigió a la puerta.

—Ey, ¿qué diablos, pequeña bestia?

Draco habría sonreído si, uno, la situación con Granger no fuera tan sensible al tiempo y dos, si su rostro aún pudiera formar una sonrisa. En cambio, había vuelto a ladrar, retrocediendo dos pasos hacia Potter y luego volviéndose hacia la puerta, tratando de hacer que el hombre lo siguiera.

Finalmente, el estúpido imbécil pareció sumar dos y dos y dar tres, lo suficiente para preguntar:

—¿Necesitas algo?

Entonces, Draco repitió sus acciones, volviéndose más insistente y chillando en voz alta todo el tiempo. Para cuando llevó a El-Chico-Que-No-Puede-Entender-Una-Maldita-Indirecta de regreso a la sala de estar, Granger se había desabrochado la blusa y Weasley se apretaba contra ella. Draco nunca había estado más disgustado.

En el corto tiempo entre la entrada de Draco y la interrupción de Potter unos momentos después, Granger pareció volver en sí misma y apartó a su antiguo amante.

El resto ha sido un borrón de lágrimas y ser abrazado tan fuerte que Draco no pudo respirar profundamente.

Ahora, Potter está dando vueltas en su cocina, volteando algo en una sartén mientras Granger se sienta a la mesa, como Draco mencionó antes, tarareando.

—Entonces, ¿gran día mañana?

Ella mira hacia arriba y sonríe.

—Supongo que lo es.

Una vez más, le sorprende que Potter esté comprando esta farsa. Oh, parece alegre, pero Draco puede sentir la inquietud y la tensión en su postura, la falsa calidad de su sonrisa.

—¿Llegó tu sastrería?

—Todavía no —responde ella, con una sonrisa vacilante—. Me pregunto si debería volver a la tienda.

—Puedo ir por ti si quieres —ofrece Potter.

—Oh, ¿entonces ibas a salir? —La expresión de Granger está un poco apretada. ¿Había esperado pasar el día con su amigo? En lo que respecta a Draco, Potter está perdiendo puntos de amistad día a día.

—Bueno, es solo que Ron me llamó por flu esta mañana...

—Déjame adivinar, ¿quiere saber si anoche significó que tiene una oportunidad?

Potter se encoge de hombros y se ve avergonzado y jodidamente ridículo. Draco engulle un arándano para no morder al idiota.

—¿Y qué le dijiste? —continúa su línea de preguntas, el hielo formándose en su voz.

—Dije que pensaba que tal vez deberíamos hablar en persona. Tal vez con una cerveza; para la resaca y todo eso.

—Sí, estoy segura de que se siente bastante desgraciado —comenta—. Sé que yo sí.

—Hermione... no hay ninguna posibilidad, ¿verdad? —Potter suena indeciso y Draco no puede creer que el imbécil tenga que preguntar. Por supuesto que no hay ninguna posibilidad. Ella no está tan desesperada.

Ella considera un poco más de lo que le gusta a Draco, pero se da cuenta de que solo está siendo cuidadosa con sus palabras.

—Realmente no lo hay. Harry, lo amo, de verdad.

Potter asiente.

—Lo sé.

—... pero no es el adecuado para mí. No somos el uno para el otro. Estábamos tan frustrados el uno con el otro al final y solo habíamos estado saliendo unos meses. No puedo verme casándome con alguien que no tiene ambiciones. No puedo imaginarme tener hijos con alguien de quien siento que ya soy madre. Simplemente... no funcionamos.

Él le suspira en respuesta y Draco piensa que es un idiota por parecer incluso decepcionado por sus elecciones.

—Me lo imaginé. Solo quería estar seguro antes de decírselo.

—Lo siento, Harry.

Oh, qué mierda, lo hace. Draco abandona su bocadillo y mete su nariz debajo de la mano de Granger, obligándola a dejarle acariciar su palma. No puede creer que se esté disculpando, o que Potter se lo esté permitiendo. Se vuelve a medias hacia Potter y resopla por su diminuta nariz, tratando de burlarse.

No sabe si tal vez Potter captó la señal. Probablemente Draco no tuvo nada que ver con eso, pero le gustaría pensar que está teniendo algunos efectos positivos en la vida de Granger antes de lastimarla. Independientemente de la razón, Potter niega su disculpa.

—No tienes que arrepentirte, Hermione, es tu elección. Ni siquiera estoy en desacuerdo contigo. Es sólo que odio verlos infelices a cualquiera de los dos y sé que lo estará.

Ambos se quedan callados por un momento hasta que Hermione rompe el silencio, sonando decisiva.

—Sabes, creo que iré a Twilfit. Agradezco la oferta, pero estar hoy, sentada aquí sola, no suena tan atractivo.

—Lo siento, Hermione, no quise dejarte sola…

—No, está bien —argumenta, ignorando su comentario—. Ron te necesita más hoy. No soy yo la que está desconsolada por toda esta cosa.

A Draco le gustaría comentar que ella parece estar encubriendo un corazón roto por otras cosas, pero, por supuesto, no tiene un voto.

Granger se levanta de la mesa y le da una palmada a Draco en la cabeza, luego le pasa la mano por la espalda.

—Dejaré a Benedick fuera si está bien, no parece molestar en nada.

—Claro, apenas sé que está aquí. Me aseguraré de que las puertas estén cerradas cuando me vaya. Aún no estoy seguro de cómo salió...

Draco la ve salir de la habitación y está a punto de seguirla, al menos para alejarse de Potter y de su extraña cocina doméstica, cuando el mago le da un codazo y le coloca un plato pequeño debajo de la nariz.

—No le digas a Hermione, ¿sí? Ella tendrá la idea de hacer esto todos los días, pero ¿qué tal un poco de atún?

Draco no tiene que pensar en esa oferta por mucho tiempo, complaciéndose con un poco de carne roja y permitiendo que Potter le pase la mano por la espalda. Malditamente humillante... pero es un pescado excelente.

—Lo hiciste bien anoche. Me alegro de que te tenga.

Maldita sea, si eso no se queda con Draco por algún tiempo.

Draco considera seguir a Granger hasta el Callejón Diagon una vez más, pero duda, preguntándose si podría comenzar a parecer sospechoso si cada vez que deja Grimmauld, él está allí. Finalmente, la decisión es tomada por él; para cuando Potter se va y Draco cambia de opinión un par de veces, ella ya está de regreso, con un paquete bajo el brazo. La sigue hasta su habitación, pero encuentra un pájaro interesante y agradable en una rama fuera de la ventana cuando ella comienza a cambiarse, solo captando el más mínimo indicio de su cintura suave cuando comienza a levantarse la parte superior.

¡Merlín! esto va a ser su muerte. Se siente como un canalla, incluso pensando en su estado de desnudez, pero la curiosidad lo está matando. Lo poco que ha visto ha sido muy tentador. Tiene suerte de que se haya criado como un caballero.

—Bueno, ¿qué piensas, Benedick?

Se gira ante a la señal de identidad de su familiar para encontrarla modelando el conjunto que eligió para ella, haciendo pequeñas vueltas frente a un espejo de cuerpo entero para verse desde diversos ángulos. Se ve deslumbrante, eso es lo que piensa, incluso mejor que en Twilfits cuando estaba nerviosa y rígida. No es de extrañar que Weasley todavía esté jadeando. Draco cree que él también lo estaría si alguna vez la hubiera probado.

Draco chilla un poco, esperando que suene a aprobación.

—Un poco formal para un primer día en un trabajo de escritorio, supongo, pero al menos no me acusarán de no tomarme en serio el puesto —Se mira a sí misma una última vez, pareciendo memorizarlo todo, luego comienza a quitarse la prenda—. No estaría bien arrugarlo antes de que lo haya usado —murmura, tirando de la cremallera lateral.

Draco se da la vuelta de nuevo, encontrando que el pájaro se ha ido, pero hay un escarabajo de aspecto aburrido en el alféizar de la ventana más allá del vidrio. ¿Escarabajo de pan? ¿Polilla? Potter debería ocuparse de su almacén de comida...

—Eres una cosa dulce, ¿no?

Draco se siente levantado del alféizar y acurrucado contra el pecho de Granger. Más específicamente, la piel del pecho de Granger, de suave encaje cortado bajo pero que no hace nada para ocultar la hinchazón de sus senos, la marcada cresta de su clavícula.

—Casi juraría que me estás dando privacidad, pequeña bestia querida —Ella le sonríe y Draco mira hacia atrás, sosteniendo su mirada con sus ojos brillantes. ¿Cuánto puede soportar un hombre? No se puede esperar que ningún mago supere tanta tentación. Merlín arráncale los ojos, esto es malditamente injusto.

Afortunadamente, ella lo vuelve a colocar en el alféizar después de un momento de apretarlo suavemente y se retira a su pila de ropa. Draco encuentra al escarabajo como si fuera su salvación y lo estudia obsesivamente mientras sus pequeñas orejas captan los sonidos de la tela al pasar sobre la piel, rezando a Circe por fuerza.

Cuando todo se calla, mira detrás de él para encontrar a Granger relajada en su cama, apoyada contra un montón de almohadas y escribiendo algo en un pergamino.

Draco se baja y se arrastra, acercándose silenciosamente para no distraerla. Parece bastante concentrada en la tarea, sea lo que sea.

Una vez lo suficientemente cerca, mira por encima del borde del papel para encontrar lo que parece ser una agenda semanal. Lunes, mañana, es simplemente "Primer día" escrito en el espacio de las ocho de la mañana. A las cinco, dice "Fin del primer día". El martes, anota "almuerzo con Harry" al mediodía y lo mismo al día siguiente. Viernes muestra "almuerzo con Luna aparentemente..." las elipses finales destacando que parece haberlo pensado mejor. Lo encuentra bastante divertido, pero sus cuerdas vocales no se ríen. La ve terminar de anotar "reunión con Kingsley" el miércoles a las tres, luego deja el pergamino a un lado y se echa hacia atrás con los ojos cerrados.

Lo que le sorprende de todo esto es que ella no tiene planes de almorzar en su primer día. El día en que probablemente esté más nerviosa ¿Dónde diablos está Potter prestando apoyo?

En la cena se entera de que Potter está trabajando en el campo los lunes.

—Lo siento, 'Mione. Odio que no tengas a nadie el primer día. La política de la cafetería en el ministerio es horrible, como una película de una escuela muggle. En mi primer día, todos estaban haciendo lugares en su mesa, mirando cuando me senté junto a Robards.

—Genial, otro lugar donde puedo sentirme condenada al ostracismo en mi primer día. Tal vez alguien pueda desatar un troll para que pueda hacer un amigo —Draco la ve rodar los ojos y sonreír, Potter riendo un poco en respuesta. ¿Fue así como se hicieron amigos? ¿Ese maldito troll de primer año? ¿Qué tan diferentes podrían haber sido las cosas si Hogwarts hubiera tenido mejores procedimientos de protección? ¿Potter podría haber sobrevivido a la guerra sin ella? ¿Vivirían todos en una pesadilla distópica?

Un aleteo de mariposa y todo eso.

Entonces Draco toma una decisión. De hecho, otra en una lista de decisiones estúpidas. Las martas no pueden reír, suspirar, burlarse o hacer cualquier otra expresión que Draco considere su caída, pero si pudiera hacer uno de sus sonidos habituales, ahora mismo gemiría.

El resto de la noche de Granger transcurre sin incidentes y regresa temprano muy responsablemente a las nueve en punto. Lee durante veinte minutos, luego apaga la luz y besa a Draco sobre su peluda cabeza antes de acurrucarse. Espera hasta después de las diez antes de colarse por la ventana, dejándola abierta lo suficiente como para volver a entrar y se aparece en la lechucería en Diagon.

El correo solo acepta mensajes hasta las once. Como tal, está silencioso, un empleado solitario barriendo una jaula de lechuzas. Draco se acerca al mago mayor, aclarándose la garganta.

—¡S-señor Malfoy!

Draco piensa que el hombre se ve un poco nervioso y eso lo hace fruncir el ceño, ni siquiera conoce a este mago.

—Necesito enviar una lechuza.

—C-correcto. Por supuesto, justo aquí —El mago es frágil y mueve los pies de una manera que dice que es el mejor ritmo que puede alcanzar.

—¿Necesita pergamino, señor?

Draco asiente y acepta el pergamino y la pluma, asegurándose de escribir un mensaje elocuente antes de enrollarlo y atarlo con una cinta azul marino, pensando con cariño en el vestido que usará mañana, todavía gustándole bastante que ella siguiera su consejo.

—Por favor envíe esto a primera hora de la mañana a la señorita Hermione Granger.

—¿Esta noche no, señor? Se lo aseguro, las lechuzas pueden hacer un último vuelo. No sería ninguna molestia...

Maldita sea, el hombre se retuerce las manos: está aterrorizado. Draco casi... casi... arrebata el pergamino a favor de abandonar Inglaterra en este mismo momento, con la esperanza de atrapar el primer traslador a las Islas del Pacífico.

Pero recuerda a Granger, acurrucada a su lado, probablemente murmurando mientras duerme, como suele hacer. Piensa en su rostro el día que se escapó, devastado y sin esperanza. Esto es lo mínimo que puede hacer, le debe mucho más.

—No, gracias —dice lo más educado que puede—. La señorita Granger se duerme temprano y no quisiera despertarla. Por favor envíela a las siete —Pone el pequeño pago por el correo con unos knuts extra como propina para el maestro lechucil.

Los ojos del anciano se agrandan y luego asiente.

—Sí, señor, a las siete en punto. Enviaré a Bessie; es la más rápida.

Unas pocas monedas, es todo lo que se necesita. No es de extrañar que Lucius pudiera sacar a la familia Malfoy del barro después de la caída de Riddle hace dos décadas. Será más difícil ahora con menos oro en sus arcas, pero Draco tiene suficiente para engrasar unas pocas palmas antes de desaparecer. Unas cuantas monedas de sobra para calmar el malestar de quienes se cruza.

Excusándose, Draco regresa a un punto de Aparición y se imagina a sí mismo en el mismo lugar apartado cerca de la casa de Potter que se está volviendo bastante familiar. Una rápida transformación y retrocede en el árbol, golpeando esa rama justo así, evitando una por su debilidad.

Se está volviendo bueno en esto, piensa, "pon eso en tu currículum." Draco Malfoy: Una excelente y furtiva marta de pino.

En la habitación, Granger todavía está dormida, acurrucada de costado, con un pie sobresaliendo debajo de las sábanas y colgando del colchón. Su cabello se extiende a su alrededor, ocupando tanto espacio que él no puede imaginar cómo podría estar acostada junto a alguien. Esa línea de pensamiento le da una pausa, tratando de creer que no tiene idea de dónde vino, pero también sabiendo que no es la primera vez que su mente se dirige a ella en un entorno más personal. Redirige sus pensamientos a su ridículo pijama a juego cubierto con diminutos kneazles bateando snitches doradas.

Con cuidado de no despertarla, se desliza sobre la cama y se acurruca justo detrás de su hombro, exhalando un pequeño suspiro de satisfacción. Está haciendo algo bueno, se dice a sí mismo. Todo esto podría haber sido... mal calculado... pero aún puede salvar algo de eso. No tiene por qué ser el villano de esta historia.


Hermione se estira cuando se despierta, arqueando la espalda y apretando los puños para luego abrir los dedos. Junto a ella, Benedick también se mueve. Ella se acerca y le da una pequeña caricia en el vientre. Parece disfrutarlo mucho, pero luego se acuerda de sí mismo, casi como si estuviera avergonzado, y se pone de pie, erguido y alto. Una cosita tan graciosa, su familiar. Tantas peculiaridades de una personalidad muy humana.

—Buenos días, mi pequeño amor. Gran día hoy, deséale suerte a tu mamá en el Ministerio.

Sentándose, se permite un tramo más indulgente antes de alcanzar su alarma y apagarla. Ella siempre la configura, por si acaso, pero casi siempre se despierta antes de que suene.

Sólo son las seis de la mañana, tiene mucho tiempo para arreglarse y vestirse tranquilamente. Una ducha tibia para empezar el día, recoge su bata, sus prendas íntimas y comienza su rutina diaria. La rutina es una excelente manera de no dejar que el estrés de un nuevo entorno le afecte los nervios. Apenas piensa en el Ministerio mientras limpia su cuerpo, sus dientes y lucha un poco con sus rebeldes rizos.

Es una hora antes de que esté satisfecha y regrese a su habitación solo para encontrar una lechuza tocando en su ventana. Benedick está sentado en el alféizar, mirándola.

—Sé amable, cariño. La lechuza no te hará daño.

Benedick la mira con una mirada que ella describiría como altiva, como si le hubiera hablado mal. Suponiendo que sea un familiar huérfano, tal vez sea condescendiente imaginar que no conocía la etiqueta de lechuza.

Hermione levanta el cristal de la ventana y permite que la lechuza salte de una rama que se encuentra fuera de la ventana y entre en su habitación. Le presenta la pierna para que extraiga el mensaje y ulula suavemente. Mira a su alrededor y descubre que, para su vergüenza, no le quedan golosinas de lechuza. Revuelve en su bolso de cuentas, encuentra una hoz en su lugar y la deja caer en un sobre muggle junto con una nota corta, lamiendo para cerrarlo.

—Llévale esto a tu administrador de correos y él te dará un regalo encantador por tu molestia.

Le ulula, pero no parece irritada. Qué extraño, cuánto entienden las criaturas mágicas. Es un poco como ser una princesa de cuento de hadas con sus amigos animales. Hermione se ríe.

Una vez que la lechuza ha saltado, cierra la ventana y desata la cinta del pergamino. Dentro, Hermione encuentra la letra más elegante que jamás haya visto. Sus padres sentirían envidia. Los garabatos de médicos siempre habían sido algo que deseaban mejorar, pero nunca lo lograron. Ella supone que hay muchas cosas a las que nunca llegarán ahora que probablemente hayan olvidado quiénes eran...

Niega con la cabeza... Basta de eso... y lee.

Granger,

Si la memoria no me falla, el primer día de una nueva e ilustre carrera se avecina hoy. Encuentro que tengo algunos asuntos que atender en el Londres Muggle, no lejos del Ministerio. ¿Puedo encontrarme contigo para un almuerzo rápido? Estaré en The Old Shades a las doce y media si deseas acompañarme.

Saludos,

DM

Bueno... eso ciertamente no es nada de lo que esperaba. Hermione mira fijamente, con los ojos un poco abiertos, el pergamino antes de dejarlo suavemente sobre la cama. Benedick aparece y parece mirarlo, luego a ella en cuestión.

—Una invitación a almorzar de alguien que, hasta hace poco, parecía despreciarme. ¿Qué piensas? ¿Debería aceptar?

Benedick chilla de una manera no discernible, pero Hermione finge tomarlo como una confirmación.

—Quiero decir, tengo que comer. Y él fue bastante amistoso las dos últimas veces que nos vimos; sería terriblemente grosero dejarlo plantado... aunque sería su propia culpa por no solicitar una respuesta —agrega, siempre consciente de todos los lados de cualquier debate.

Continúa hablando sola mientras termina sus preparativos para el día.

—Por supuesto, es mi primer día. Quién sabe si tendré la oportunidad de comer y a qué hora. Si llego tarde, ciertamente no debería castigarme por ello. ¡Ni siquiera tuve voz en los arreglos! ¿Cómo se atreve a asumir que estoy disponible exactamente en el momento que más le convenga? Pero, en aras de la justicia, no parece asumir que estaré allí, sin expectativa...

Ella parlotea así, retocando su lápiz labial y arrojando algunas cosas extrañas en su bolso de cuentas. Mientras tanto, Benedick está tan callado que casi se olvida de que está allí.

—Bueno, supongo que me has convencido. Bien podría aparecer y dejarlo que intente hacer funcionar su encanto o cualquiera que sea su juego. Probablemente quiera algo, dudo que el mago alguna vez haga algo sin esperar algo a cambio. Al menos puedo estar segura de que no es el acceso a mis bragas lo que está buscando —bufó para sí misma ante la sola idea.

Con una última mirada a su marta, que la mira fijamente, saluda con la mano y se dirige hacia la puerta.

—Dejaré un poco de salmón y bayas en estasis en la cocina. Te veré después de las cinco, amor.

Llega al piso de abajo y cree escuchar pasos desde arriba, cerca de donde estaría su habitación, pero Harry ya se fue y no hay nadie más aquí. Lo descarta y abre la puerta principal a un día soleado, descubriendo que está casi deseando comer, por extraño que sea.