Capítulo 39: Unos Duendes Bufones

—Yo... —Peter recordaba lo que había sucedido hace algunas horas.

Marinette observaba expectante, y claramente esperaba la respuesta de uno de sus amigos más importantes. Aunque el hecho que el Parker no mostrara una expresión molesta u hostil le daba esperanzas.

—Yo, no estoy molesto contigo... creo que sería injusto y estúpido molestarme por eso.

La respuesta de Peter hizo que la peliazul suspirara aliviada.

—Es más, me debería sentir alagado por tener ese honor —Peter comentó pero esbozó una expresión de confusión en su rostro.

—¿Qué es lo que sucede Pete? —Marinette preguntó al notar la expresión de su amigo.

Peter suspiró con delicadeza y observó detenidamente a su amiga.

—No es que no me agrade que confiaras en mí pero ¿Por qué no se lo dijiste a Alya o a Chat Noir?

Marinette forjó una sonrisa nerviosa en sus labios y no pudo ver a su amigo a los ojos, por lo que se puso a jugar con sus dedos en un intento de abstraer su atención. Peter, por su parte, esperó pacientemente a que la peliazul decidiera hablar, pues no le pareció una idea muy buena el presionarla.

—Tienes razón Pete —Marinette suspiró derrotada—, conozco a Alya y a Chat Noir algo más de tiempo que a ti pero puedo enumerar algunos motivos. 1-Alya no podría aguantar la emoción y muy probablemente se saldría sin querer. 2-Chat es muy buen compañero pero es muy indiscreto y no sé por qué pero siento que si le revelo mi identidad secreta algo muy malo puede pasar. 3-En el tiempo que te conozco me he dado cuenta que puedes guardar secretos, aunque a veces seas muy hablador. Y 4-Yo ya sabía tu secreto y quise compensarte.

Peter no quedó muy satisfecho con la respuesta pero no le quedó de otra más que aceptarla.

—Solo quiero pedirte un favor Pete —Marinette le imploró con una mirada suplicante mientras entrelazaba sus manos, como si estuviera haciendo una plegaria.

—Cuando estemos con Chat, quiero que finjas que no sabes este secreto.

—Está bien Mari, pero siento que algo puede salir mal si le guardamos el secreto. Incluso podría ser akumatizado.

Marinette esbozó una expresión de disgusto en su rostro pero al observar los ojos suplicantes de su amigo no pudo evitar suspirar.

—Lo pensaré Pete pero no prometo nada.

—Puedo vivir con eso, y una vez más, gracias por confiar en mí.

Marinette observó cómo se fue su amigo, no sin antes, detenerse y acariciarle la mejilla con cariño. Tikki le preguntó a la peliazul si creía que había hecho lo correcto y Marinette le respondió que no sabía pero que confiaba en su amigo. Tikki no pudo evitar aceptar que su amiga al menos le confió su secreto a ese muchacho que le caía tan bien.

—Espero que Annie sepa lo que hace— Tikki pensó para sus adentros.

Aún había luz de sol cuando Saulo y Sarah iban camino hacia la mansión de Gabriel Agreste y vigilarlo desde las sombras. Mientras la pareja caminaba, ambos lograron vislumbrar como lo que parecían ser pequeños diablillos hacían estragos por las calles. El matrimonio rápidamente se ocultó tras un auto estacionado y ambos se pusieron a comprobar la situación, la cual parecía ser crítica.

—Maldito Agreste, cuando te ponga las manos encima— Saulo pensó con algo de enojo.

Sarah le puso una mano en el hombro de su esposo y le dirigió una mirada que le transmitía tranquilidad. Saulo cerró los ojos y suspiró aceptando que su esposa tenía el control sobre él pero eso no era algo que le molestara, en especial con lo estoica y enfocada que era ella.

—¿Alguna idea cariño? —Sarah preguntó en voz baja.

—Podríamos avanzar hasta la entrada de la estación de Pernety y ahí emboscar a uno de estos diablillos para ver si podemos averiguar algo, porque tengo la sensación que Agreste akumatizó a un niño.

—¡Vamos!

Saulo tomó la mano de su esposa y salieron corriendo hacia la estación, la cual no estaba muy lejos (estaba como a unos 300 metros). Mientras el matrimonio hacía eso, algunos de los diablillos empezaron a perseguirlos con una velocidad que no era para nada normal. Saulo y Sarah alcanzaron a introducirse a la estación pero antes de que el capitán pudiera entrar un diablillo saltó a su cara en un intento de detenerlo. Saulo trató de mantener la calma y se llevó la mano hacia la cara y se quitó al duende para después arrojarlo con fuerza provocando que su sombrero se rompiera.

Por su parte Dante y Nathan se encontraban cerca de donde se encontraban sus padres. Ellos estaban vigilando que nadie los molestara mientras ensayaban, pues el Día de la Música sería pronto. Dante se dirigió a su primo dándole consejos sobre cómo declararse a su amiga cuando volvieran a su tiempo. Mientras ambos hablaban, Nathan vio a un pequeño ser de color rojo y ojos amarillos. Rápidamente el muchacho de 15 años fue hacia el lugar para ver de qué se trataba.

—¿Nathan, a dónde vas? —Dante preguntó con algo de fastidio.

—Creo que vi algo Dante.

Entonces Dante fue tras Nathan, dejando el lugar desprotegido ante cualquier cosa. Dante observó la zona en compañía de su primo. En un principio pensó que eran alucinaciones suyas, pero de repente y sin que él pudiera esperarlo, un pequeño duende de color rojo y ojos amarillos saltó hacia Nathan en un intento de hacerle travesuras.

Dante rápidamente fue hacia su primo y le quitó el diablillo de encima y lo alejó de ellos con sus poderes gravitatorios.

Por su parte Nathan observó, atónito, como el duende escalaba las paredes como tanta destreza como Spider-Man. En lo que los primos se reagrupaban, estos observaron como el duende hacia ruidos extraños para ellos, pero que sin duda parecía que estaba llamado a alguien.

—¡Qué demonios! —pensó Dante con algo de preocupación— ¡Esto aún no debe ocurrir! ¡¿Qué mierda pasé por alto?!

—¡Nathan¡ ¡Vamos con los demás! —Dante le indicó a su primo, el cual asintió antes de emprender el camino hacia donde estaban los demás.

Sarah y Saulo observaron cómo se desapareció el duende tras romperse el sombrero pero eso pareció llamar la atención de los demás. Sarah desenfundó su arma y empezó a apuntar hacia la entrada. Saulo, por su parte hizo lo propio.

—¿Alguna idea cariño? —Sarah preguntó sin apartar su mirada de la entrada.

Saulo al observar la cantidad de duendes que se acercaban se le ocurrió una idea un tanto peligrosa, peligrosa si no calculaba bien.

—¡Sarah, Agáchate!

Tras darle la indicación a su esposa, Saulo desenfundó su Colt e hizo unas piruetas como solía hacerlo su mentor y apuntó hacia un diablillo pero al último instante apuntó un poco más a la derecha y procedió a disparar tres veces, utilizando su mano izquierda para amartillar el revólver. Las balas rebotaron por las paredes de la estación pasando por los sombreros de los infernales seres rojos.

Después seguir rebotando un par de veces más, las balas quedaron incrustadas en una de las paredes. Instantes después los pequeños seres rojos desaparecieron y Saulo procedió a hacer piruetas con el revólver antes de enfundarlo en su cintura.

—¡¿Estás loco?! —Sarah le recriminó de forma exaltada.

Saulo solo alzó sus hombros restándole importancia, provocando que Sarah soltara un resoplido.

—Hay que ir hacia donde está Tony para que nos apoye —Saulo le indicó y la pelirroja murmuró malhumorada por lo bajo.

Instantes después Saulo le tomó el rostro con delicadeza e hizo que ella le mirara a los ojos, aunque le costó, pues Sarah apartaba su mirada de la de él algo molesta. Una vez que lo consiguió Saulo le observó tranquilizadoramente y le acarició la mejilla.

—Perdón por lo que hice pero fue lo más rápido se me ocurrió observando la cantidad de enemigos, aunque descuida, Shalashaska me enseñó bien.

Sarah alzó una ceja y negó con la cabeza.

—Tú nunca cambias, a veces creo que sigues siendo el mismo sargento imprudente que me encontré en los Balcanes —Sarah le indicó con un tono burlón.

—Yo también lo creo, aunque el imprudente y el gatillo alegre siempre fue Claude ¿sabes?

—Lo sé muy bien, yo lo llegué a conocer antes de... bueno ya sabes.

—¿Lo conociste? —preguntó Saulo bastante sorprendido.

—Claro, ambos éramos del mismo regimiento del ejército regular.

—Eso no lo sabía —Saulo respondió casi sin voz.

—Ahora lo sabes cariño, y ahora vamos con Tony —Sarah le indicó con tono de mando pero con una expresión burlona en su rostro.

—Sí, amor —le respondió Saulo antes de proseguir pero con una sonrisa en su rostro.

Por su parte Peter por su parte se encontraba haciendo unas encomiendas por parte de May y mientras iba a por unos documentos se topó con un verdadero desastre, pues, se encontró con unos seres con una expresión burlona que disfrutaban con el hecho de hacer travesuras y atacar a la gente. Unos minutos después se vio obligado a esquivar unas bolas color rojo, y cuando se giró para ver que eran, se dio cuenta de que eran los mismos seres rojizos con los que se había topado.

Mientras corría para poder ponerse su traje sin ningún problema, se dio cuenta de que el matrimonio Salazar parecía estar conteniendo a los diablillos a punta de disparos pero eso no parecía ser suficiente, pues los pequeños seres parecían invulnerables a las municiones Pacem, lo cual pareció descolocar al muchacho.

Una vez que se puso el traje vio como uno de los diablillos empezaron a comer en demasía, solo para terminar multiplicándose sin control.

—¿Qué demonios pasó?— el joven arácnido pensó antes de partir hacia donde estaba su mentor.

—¡Stark! ¡Ábrenos! —Saulo exigió mientras Sarah se vio forzada a utilizar su varita para utilizar varias veces el conjuro confundus.

—¡Ya voy! ¡Ya voy!¡Ya no molestes Capinator! —respondió Tony con algo de fastidio.

Pero con lo que no contó Tony es que Sarah y Saulo entraron a la fuerza antes de cerrar la habitación de un portazo, no sin antes de que Saulo utilizara la repulsión gravitatoria para alejar a los duendecillos.

—¡¿Qué diablos sucede ahí afuera?! —preguntó Tony mientras los observaba con el ceño fruncido.

—Hawk Moth, eso pasó —le respondió Saulo de forma fastidiada.

Tony no dudó en que Saulo ejecutaría al mariposón si lo tuviera enfrente.

—Si quieres saber qué diablos sucede afuera —Saulo le indicó mientras Sarah observaba por una de las ventanas—, pon las noticias en este instante.

Tony, ni lento, ni perezoso tomó el control del televisor de su apartamento privado y sintonizó las noticias. Lo que observó causó que alzara una ceja de forma sorprendida pero sin dejar de lado la picardía que lo identificaba, pues observó como un duendecillo de color rojo y ojos amarillos, con lo que parecía ser una peluca en su cabeza, empezó a "dar" las noticias.

—¿Quieren que les ayude? —Tony les preguntó.

Sarah y Saulo asintieron lentamente, pues la situación lo ameritaba. Sin darle más vueltas al asunto, el Stark se tocó dos veces el reactor de su pecho provocando que su traje empezara a aparecer en un santiamén. El matrimonio alzó una ceja y Sarah le lanzó una sonrisa burlona.

—¿Nanotecnología, eh? —preguntó la pelirroja—, parece que no perdiste el tiempo desde los tratados de Sokovia como pensé.

—Eso quise hacerles creer pero tú y Saulo son difíciles de impresionar.

—Créeme, después de pasar más 28 años en el ejército el impresionarse por cualquier cosa ya no es tan factible.

Tony iba a responderle algo a la pelirroja pero Saulo intervino, interrumpiéndolo de alguna manera.

—Tony hasta donde sabemos su único punto débil es el sombrero que tienen en la cabeza, trata de destruirlos si quieres tenerlos bajo control.

El multimillonario alzó una ceja y observó al matrimonio con algo de escepticismo.

—¿Y por qué no utilizan las Pacem en ellos?

—Lo hicimos pero ellos parecen ser invulnerables —Saulo respondió con simpleza.

—¿Pero cómo? Si hasta Hulk cayó bajo sus efectos cuando enfrentamos a Rogers en Alemania.

—No sé Tony, pero el chiste que debemos controlarlos hasta que los chicos se hagan cargo.

De manera simultánea Dante y Nathan habían podido poner bajo control la situación, pues no habían dejado que ningún duendecillo entrara en donde se habían encerrado. Marinette aprovechó el hecho de que sus demás amigos se habían distraído, Alya incluida. Juleka, Gabriel y Pablo cubrieron su salida evitando que los demás se dieran cuenta.

Ladybug, ya en el exterior, se encontró con Dante y Nathan. Dante le indicó que fuera a encontrarse con sus compañeros y que trataran de descubrir cómo poner la situación bajo control. Ladybug asintió comprendiendo lo que tenía que hacer, y por su parte Dante y Nathan siguieron utilizando sus habilidades gravitatorias para detener la oleada.

Mientras iba por los tejados de la ciudad, la heroína observó como Harcos y Annette hacían un buen trabajo colaborativo para ayudar a poner a salvo a la gente que se había topado con los infernales seres.

Después de varios minutos de desesperante búsqueda, la heroína moteada se topó con quien buscaba; Chat Noir. El héroe gatuno al verla esbozó una ancha sonrisa, como si se tratara del gato de Cheshire al ver a Alicia.

—¿Alguna idea bichito? —preguntó Chat Noir con los brazos cruzados.

—No Chat pero tenemos que impedir que sigan atacando a la gente —Indicó Ladybug con bastante seriedad.

Chat Noir esbozó una expresión confiada y le sonrió a la heroína de medio lado.

—¡Dalo por hecho mi Lady! —el héroe exclamó antes de tomar su bastón de la cintura y saltar hacia la acción.

—¡Chat! —gritó Ladybug pero se resignó al ver que el héroe gatuno no la escuchó.

Acto seguido Ladybug tomó su yo-yo y se columpió hacia donde estaban varios duendecillos atormentando a un enamorada pareja en su aniversario. Cuando uno de esos seres rojizos iban a lastimar a la mujer hecho bola, éste fue detenido por la heroína al último momento con ayuda de su infaltable herramienta.

—¡Gracias Ladybug! —le agradeció la pareja, a lo que la heroína les sonrió de forma tranquilizadora.

—¡De nada! ¡Vayan y pónganse a salvo!

Tras la indicación de la heroína moteada , la enamorada pareja salió corriendo hacia algún lugar seguro. Ladybug solo negó con la cabeza y fue hacia su infaltable compañero de batallas para darle apoyo en lo que llegaba Spider-Man.

Por su parte Spider-Man fue recibido por su mentor, el cual lo hizo pasar inmediatamente.

—¡Qué bueno que llegas mocoso! —Tony le agradeció muy a su manera—, ¡Llegaste en el momento oportuno para ayudarnos!

Spider-Man acompañó a su mentor y al matrimonio Salazar hacia donde parecía ser el centro de concentración mayor de esos molestos seres.

Cuando llegaron al lugar, Saulo le tomó el hombro al joven héroe e hizo que lo mirara a los ojos.

—Su punto débil es su sombrero Peter, si lo rompes, desaparecerá. Tómalo en cuenta cuando te enfrentes a ellos —Saulo le indicó con seriedad.

—Claro, ¿pero no debería decirle al señor Stark? —Peter preguntó.

—No te preocupes Peter, él ya lo sabe. Así que ve tranquilo.

Spider-Man lanzó una telaraña y fue hacia donde se encontraban esos seres. Cuando llegó planeó una forma de acorralarlos y destruir sus sombreros utilizando su telaraña.

Spider-Man silbó con algo de intensidad para que los monstruitos fueran a por él, cosa que consiguió sin más complicación y tras eso empezó a columpiarse con rapidez para alejarse de la zona y llevar a cabo su plan. Después de columpiarse por varios minutos llegó hasta donde estaba el puente de Saint-Michel y empezó a elaborar una trampa con el poco tiempo que le quedaba. Una vez que la terminó se giró para esconderse pero un duendecillo se lanzó contra él hecho una bola, y cuando estuvo a punto de golpearlo, un bastón plateado lo bateó lanzándolo lejos de ahí.

—¡Home-run! —exclamó Chat Noir mientras se ponía una mano sobre los ojos tratando de ver que tan lejos cayó.

—¡La casa anota! —respondió Spider-Man tras lanzar un silbido pero recobró la compostura cuando Ladybug llegó.

—¿Alguna idea para encargarse de los Sapotis? —preguntó la heroína mientras observaba disimuladamente a sus dos compañeros.

—¿Sapotis? —Spider-Man preguntó.

—Así los llamamos este gato tonto y yo, pues cuando los estábamos enfrentando no paraban de decir esa palabra.

Tras relatarle ese dato a Spider-Man, Ladybug observó la improvisada trampa de su amigo.

—¿Qué pensabas hacer Spidey?

—pensaba en emboscarlos aquí pero necesito ayuda para encerrarlos aquí y destruir sus sombreros de manera simultánea.

—¿Y para qué quieres destruir sus sombreros de manera simultánea? —Ladybug preguntó, tratando de comprender el plan de su amigo.

—Ese es su punto débil, si destruimos sus sombreros desaparecerán —Spider-Man hizo una pausa—, hasta podría apostar que su akuma se encuentra ahí... ¡Ah! ¡Se me olvidaba! ¡Tenemos que evitar que sigan comiendo!

—¿Y por qué tenemos que evitar que sigan comiendo Spidey? —Ladybug preguntó con bastante intriga.

—Porque si llegan a comer algo, se multiplicaran como si fueran gremlins al caer al agua.

—Entiendo.

Sin perder más tiempo Ladybug utilizó su amuleto encantado pero lo que no esperó, fue que éste le diera una aspiradora.

—¿Ahora qué hacemos cariño? —preguntó Sarah mientras observaba a su esposo.

—Debemos retenerlos hasta que Ladybug encuentre al akuma, es lo único que debemos hacer —respondió el capitán mientras se agachaba para evitar a uno de Sapotis.

Tony Stark estaba atacando a los Sapotis de forma precisa mientras formaba una especie de "pistolas" con sus manos, siendo el cañón de estas, los índices de ambas manos. Tony iba a hacer un comentario pero varios Sapotis saltaron hacia él de forma simultánea provocando que cayera. Saulo al ver a su amigo en apuros, activo la segunda fase de su poder ocular e hizo volar a los duendecillos provocando que sus sombreros cayeran al suelo, siendo incinerados por Sarah gracias a un conjuro.

—Parece que aún seguimos haciendo buenas combinaciones ¿eh? —Tony comentó con un tono de superioridad que no podía con él.

—Sí, sí, lo que digas Stark —Sarah le respondió restándole importancia al asunto.

—Eres cruel ¿lo sabes? —Tony le indicó.

—Claro que lo sé y estoy harta de fingir que no —la pelirroja le respondió con sorna.

Chat y Spider-Man atrajeron a tantos Sapotis como pudieron, y los guiaron hacia la trampa con la esperanza de que el causante de todo se encontrara entre ellos. Una vez que los reunieron a todos, Spider-Man cerró la entrada provocando que los Sapotis lo observaran con sorpresa.

Tras observar la sonrisa triunfante de Ladybug, los duendecillos intentaron salir desesperadamente pero los que lo intentaron salieron despedidos porque las telarañas que conformaban la trampa parecían estar electrificadas. Ladybug recorrió la zona con ayuda de Spider-Man para utilizar la aspiradora para arrebatarles los sombreros. Y una vez que tuvieron los sombreros, Ladybug se los pasó a Chat Noir para que los destruyera.

Sin perder más tiempo y tras lanzar un chiste de mal gusto, el héroe gatuno activó su cataclismo y lo pasó sobre las prendas, volviéndolas cenizas.

Casi al instante apareció una mariposa negra, la cual volaba con bastante prisa para poder huir, pero no contó con la audacia de Ladybug. La heroína aprovechó el momento oportuno para lanzar su yo-yo para purificarlo.

Tras hacerlo la heroína liberó a la pequeña mariposa, la cual salió volando, perdiéndose en el cielo parisino.

Saulo, Sarah y Tony se vieron acorralados por los Sapotis. Los tres adultos se estaban cuidando las espaldas simultáneamente y Saulo planeaba hacer algo que se podría considerar impulsivo pero Sarah sabía que no era así, pues ella sabía que él tenía un plan de respaldo. Tony empezó a cargar sus propulsores pero de un momento a otro los Sapotis desaparecieron, provocando que el matrimonio suspirara aliviado.

—¡Lo lograron! —exclamó Sarah bastante emocionada.

—Claro cariño, siempre lo hacen —le contestó Saulo con una sonrisa en su rostro.