Capítulo 41: Incertidumbres que Matan

Peter se encontraba caminando por el parque que había conocido a Marinette. El muchacho sentía que algo no estaba bien, sentía como le dolía el pecho y una especie de angustia se empezó a apoderar de él. Peter decidió sentarse en una banca para tratar de tranquilizarse, pues claramente eso no era normal.

El muchacho se encontraba sumido en sus pensamientos cuando notó un cuaderno en el suelo. Él pensó que el cuaderno se parecía mucho al de su querida amiga, y sin perder más tiempo lo recogió, solo para darse cuenta que el cuaderno era de Marinette. Peter empezó a tener mal presentimiento, que aunado a la sensación que ya tenía en el pecho, le hacía sentía una angustia bastante grande.

Peter decidió ir con Saulo y Sarah para tratar de calmarse, y de paso a ver si le ayudaban a tratar a localizar a su amiga en caso de que todo lo que sentía fueran alucinaciones suyas.

Marinette no podía dejar de ver con temor a los seis hombres armados que se encontraban adentro del vehículo (contando al que le estaba encañonando). La situación era bastante tensa pues el hombre que iba con el copiloto parecía nervioso, pues trataba de no llamar la atención de los policías. Marinette no pudo evitar recriminarse por haber confiado en el Osborn, el cual no paraba de verla con una expresión de arrepentimiento, como si realmente no hubiera querido hacerlo.

La chica tenía miedo por Peter, pues sabía que quién sea que hubiera contactado con Harry lo quería muerto. Ella se maldijo mentalmente por haberse quedado paralizada, ella pudo haberse transformado en Ladybug o haber gritado por ayuda pero inmediatamente se dio cuenta de que si hubiera gritado, el hombre que le estaba apuntando le hubiera disparado y esta vez no habría un Spider-Man que recibiera la bala por ella.

—¿A dónde me llevan? —preguntó Marinette con una voz temblorosa.

El hombre que la vigilaba apretó aún más la pistola contra sus costillas pero Harry lo tranquilizó, aunque el hombre no le obedeció.

—Aún lugar a cual nadie podrá encontrarte —le respondió unos de los hombres con una voz maliciosa.

Marinette trató de observar con detenimiento al hombre y se dio cuenta que tenía un tatuaje de un escorpión en el dedo medio. Marinette empezó a sollozar porque pensó que nunca volvería a ver a sus padres, a sus amigos o a sus abuelos. Ella empezó a imaginarse que la encontrarían muerta en alguna carretera cerca de la ciudad o por algún baldío. También se imaginó como se pondrían sus padres cuando se enteraran e incluso pensó que ni Saulo, ni Sarah y ni Iron Man la iban a encontrar. Solo podía esperar a que no se dieran cuenta de la existencia de Tikki o de su miraculous.

Peter tocó insistentemente la puerta de la residencia de los Salazar-Boissieu y después de varios segundos que le parecieron eternos Sarah abrió la puerta. Sarah observó con curiosidad a Peter y le preguntó que sucedió, pues la expresión que traía no era normal. Peter miró acongojado a la pelirroja y le pidió permiso para entrar, a lo que la francotiradora accedió al ver como estaba el chico. Saulo al ver a Peter fue directo a él para saludarlo pero se dio cuenta que no estaba bien, pues cargaba un aura bastante pesada de preocupación.

—¿Qué pasó Peter? ¿Te encuentras bien? —preguntó el capitán.

—Siento que algo malo pasó con Marinette —declaró el muchacho de forma directa.

Saulo observó de forma seria a Peter, pues el asunto se había vuelto bastante serio. Aparte estaba el hecho que probablemente le había pasado algo grave a una chica inocente, y eso era algo que no estaba dispuesto a permitir. El capitán compartió una mirada con su esposa y ambos asintieron en comprensión mutua. Sin perder más tiempo el matrimonio dirigió a Peter hacia la sala principal, cerca de la habitación que estaban usando como almacén de armas.

—Cariño, voy a pedirle a Stark que venga para ayudarnos para comprobar la situación —Saulo le indicó a Sarah con un semblante serio—. Y en caso que sea cierto lo que estoy pensando voy a hablar con mi padre por videollamada para pedir autorización para proceder por el rescate de la chica como algo prioritario.

Sarah asintió bastante conforme con el plan de su amado esposo.

—También quiero que trates de calmar a Peter para que nos indique con exactitud lo que sucedió.

—Entendido, y dalo hecho mi amor.

Tras separarse de su esposo, Sarah fue con Peter para tratar con él. En un principio fue algo difícil porque Peter parecía tener una especie de crisis nerviosa, fue entonces que la pelirroja abrazó al joven arácnido con bastante delicadeza y empezó a arrullarlo como solía hacerlo su madre cuando ella era una niña. Tras unos minutos de arrullarlo, Sarah observó cómo Peter se había calmado y parecía dispuesto a hablar.

—¿Qué sucedió Peter? —preguntó la pelirroja con bastante tacto, no como sola hacerlo uno de sus primos más jóvenes por parte de su madre.

—Estaba por Square Paul-Langevin cuando me encontré con el cuaderno de Marinette —Peter contó antes de mostrarle el cuaderno a la pelirroja.

—Fue entonces que empezaste a pensar que algo malo le pasó ¿verdad? —Sarah hizo una conjetura y Peter asintió en respuesta—. ¿Y qué hace pensar que algo malo le pasó, solo con ver el cuaderno?

Peter iba a reclamarle pero pensó en la posibilidad de que solo fuera alucinaciones suyas pero algo sabía con certeza y eso era que Marinette no dejaría eso tirado así como si fuera cualquier cosa. Aunque pensó que era alucinaciones suyas, algo en lo más profundo de su ser sabía que eso no era así.

—Porque Marinette nunca dejaría ese cuaderno tirado como si fuera cualquier cosa —Peter respondió de forma firme.

—¿Y por qué no dejaría eso tirado? —preguntó Sarah tratando de conseguir las pistas suficientes para proseguir.

—Porque en ese cuaderno están sus diseños, diseños a los cual valora bastante, ya que ella sueña con ser una gran diseñadora.

—Me hace sentido que no lo deje así pero debemos conseguir más información antes de hacer cualquier cosa —Sarah contestó y Peter expresó algo de disgusto, pero antes de que escalara a más la pelirroja lo calmó.

—No te pongas así Peter, tu sabes que no podemos proceder sin información... eso sería como ir a siegas, y sabes que eso sería mucho peor.

Peter asintió en comprensión pero antes que pudiera decir algo la voz de Tony lo interrumpió.

—"Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de la batalla" mocoso.

—¿A qué viene eso Señor Stark? —preguntó Peter al no entender.

—Es una cita del "Arte de la Guerra" mocoso y la mencioné por que la bruja está en lo correcto, no podemos actuar sin conocer la información correspondiente o podríamos poner en aún más peligro a tu novia.

—¿Y cómo vamos a conseguir más información? —preguntó Peter con algo de nerviosismo.

—Ya verás mocoso —Tony contestó con simpleza.

Sarah procedió a acercarse a su esposo y a su amigo, y ya con ellos procedió a contarles lo que Peter le había dicho, pues era un punto de comienzo en su investigación.

—Bienvenida Marinette Dupain-Cheng —Kingpin saludó a la peliazul con algo de sorna antes de indicarle a sus subordinados hacia donde llevarla—. Espero que disfrutes tu estancia aquí.

Harry observó con pena a la amiga de quien fue su mejor amigo, se cuestionó si valía la pena hacer lo que había hecho pero la imagen de su padre tosiendo sangre y convulsionándose le acabó de convencer y dictaminó que valía la pena si su padre se recuperaba de forma definitiva. Por su parte Marinette no pudo evitar a ver a Harry con desprecio.

Cuando sus hombres se llevaron a Marinette, Kingpin le puso una mano en el hombro a Harry y esbozó una expresión de orgullo.

—Eres un buen hijo, tu padre no pudo haber tenido uno mejor, que aquel que lo estuviera dispuesto a darlo todo por él. ¿Sabes? Quisiera que fueras mi hijo, no como el haragán que tuve antes de empezar en el mundo criminal.

Harry se retiró la mano del hombre bastante asqueado por el pensamiento de que ese obeso fuera su padre, su padre era un hombre bueno, el cual quería encontrar la cura definitiva contra todos los tipo de cáncer existentes basándose en los trabajos del Doctor Richtofen pero cometió un terrible error, el cual lo dejó en el estado que estaba actualmente. No como el mafioso que tenía en frente, el cual solo veía en su beneficio personal y en su ambición de poder, sin importar a quién y a cuantos tuviera que sacrificar para conseguirlo.

Unas horas más tarde, los padres de Marinette hablaron al teléfono de Peter y le preguntaron si había visto a su hija. Peter les dijo que no la había visto desde que salieron del colegio, tanto Tom y Sabine le agradecieron y le indicaron que ya le habían hablado a sus demás compañeros y amigos en búsqueda de su hija y que también dijeron lo mismo.

Tras la llamada Peter procedió a retirarse, no sin antes pedirle el favor a la madre de su amigo y a su mentor que si sabían algo que inmediatamente se lo indicaran, a lo la pelirroja y el Stark asintieron comprendiéndolo y afirmando que lo harían.

Tanto los militares landavideses como Tony empezaron a pensar que realmente le había sucedido algo, pues si algo sabían todos ellos, era que no era propio de ella preocupar a sus seres queridos.

Inmediatamente Saulo fue a su habitación para contactar con su padre para pedirle autorización para empezar la búsqueda de la peliazul sin intervención de la policía, ya que como dicen, "Si quieres que algo salga bien hazlo tú mismo". Tony empezó a hojear la libreta por mero impulso y Sarah se puso a reprenderlo pero antes de que la pelirroja le arrebatara el cuaderno, Tony le indicó que encontró como una especie de recado escrito sobre el boceto de un diseño pendiente de Marinette.

Rápidamente Sarah le arrebató el cuaderno y procedió a leer el recado, tras leerlo la pelirroja se esbozó una expresión preocupada. El recado era para Peter y le indicaba que debía entregarse para proceder a liberar a Marinette. Claramente alguien que sabía la identidad secreta de Peter la había secuestrado. El texto estaba escrito de una manera tan pulcra y en un inglés impecable que parecía que fue escrita por alguien con bastantes recursos y educación. Tanto Sarah como Tony acordaron no decirle a Peter para que no se pusiera peor.

—Creo que debo irme bruja, tenemos trabajo que hacer —Tony comentó mientras tomaba su saco y se disponía ir hacia la entrada.

—¿No vas a esperar a Saulo? —preguntó Sarah alzando una ceja.

—No, voy a ver si puedo hackear las cámaras cercanas al parque para ver si puedo encontrar algo, y si lo hago, que es obvio que lo haré, vendré hacia acá para avisarles.

Y tras esa Palabras Tony Stark se retiró, dejando a Sarah con bastantes dudas.

Mientras regresaba a su hogar, Peter seguía con el corazón pesado pero sabía, o más bien, esperaba que Marinette estuviera bien. Tras estar en un estado de negación constante desde que encontró el cuaderno, entró en un estado de ira, una ira consigo mismo por no poder proteger a su amiga. Cuando llegó a su hogar procedió a dejar sus cosas en su habitación, y tras pensar las cosas un rato decidió a hacer un rondín para ver si encontraba alguna pista.

En los cielos nocturnos de París, la luna había adquirido un color rojo sangre.

Mientras se columpiaba entre las calles de la ciudad no pudo evitar ir hacia la casa de su amiga en un intento desesperado por calmarse pero lo que vio lo puso peor, pues vio a los padres de su amiga con una expresión preocupada y con marcas en sus mejillas que indicaban que habían llorado. Peter se acercó lentamente hacia la ventana para que Tom y Sabine no lo vieran y pudo apreciar un poco de su charla.

—Tranquila cariño, ella estará bien —Tom comentó en un intento de parecer fuerte pero su expresión era todo lo contrario.

—¿Y cómo sabremos si está bien? ¡Si ni siquiera sus amigos saben dónde está! —respondió Sabine con algo de dolor.

—Y si vamos con la policía para levantar un reporte de desaparición —propuso el señor Dupain en un intento de encontrar soluciones.

—Sería inútil cariño, recuerda que tiene que pasar cierta cantidad de horas para que la policía pueda proceder —respondió Sabine tratando de mantenerse racional.

—¿Y si la secuestraron? ¿O sí se la llevaron para trata? —preguntó Tom poniendo peor a su esposa de manera inconsciente.

—¡Dios, no! —Sabine contestó poniéndose peor—. ¡Ella estará bien, ya verás que mañana aparecerá por la puerta como si nada hubiera pasado!

Tom hizo un burdo intento de sonrisa para poder tener el optimismo de su esposa pero simplemente no pudo. Mientras el panadero trataba de tranquilizar a su esposa el teléfono de la casa empezó a sonar de manera insistente. Tom, algo ilusionado, fue casi corriendo hacia él pero esbozó una mueca que demostraba decepción al ver que no era su hija, sino que en realidad era su madre.

—¿Cómo están hijo? —preguntó Gina con un tono alegre, ignorante de la situación.

—Mal —contestó el panadero con una voz quebrada, por lo que Gina se preocupó.

—¿Qué pasó Tom? —preguntó la mujer algo mortificada por lo que sea que le pudo haber sucedido a su hijo.

—Marinette está desaparecida.

Gina sé que quedó paralizada, tratando de comprender lo que su hijo le acababa de decir.

—¿Cómo que desaparecida? ¿No estará con alguno de sus amigos? —preguntó la mujer en estado de negación, no que creía que su amada nieta le hubiera ocurrido nada malo.

—Ya le preguntamos a todos sus amigos y conocidos, y ellos no han visto a Marinette desde que salieron de la escuela.

—No, mi nieta... —susurró Gina tratando de no pensar lo peor, tratando de no perder la compostura.

Tras un largo silencio incómodo, Gina Dupain volvió a tomar la palabra.

—Volveré para allá. Tal vez llegué mañana por la noche.

—Gracias mamá —contestó Tom antes de terminar la llamada.

Tom se giró hacia su esposa y ambos no pudieron evitar susurrar.

—Y ahora ¿quién podrá ayudarnos?

Peter no pudo evitar suspirar con impotencia pero debía mantener la esperanza de los padres de su mejor amiga, y él estaba más que dispuesto a cargar con ese peso.

—Yo les ayudaré, se lo debo a mi amigo —contestó Spider-Man mientras ingresaba en la residencia Dupain-Cheng.

—Spider-Man ¿cómo es que sabes que le pasó algo a Marinette? —preguntó Tom.

—Me lo contó un amigo mío, el cual es un amigo de su hija —les contestó el héroe arácnido.

—¿Y quién es ese amigo Spider-Man? —preguntó Sabine.

—Es Peter Parker, aunque no me dijo que le había sucedido con exactitud, me dijo que le había sucedido algo y me pidió ayuda para socorrerla —Spider-Man les indicó mientras los observaba para ver su reacción—. Y les juro que la encontraré y la traeré de vuelta.

Después de despedirse de los padres de Marinette Spider-Man fue hacia la torre Eiffel para ver la ciudad. Mientras el héroe arácnido seguía con sus pensamientos Chat Noir hizo acto de presencia y le preguntó a su compañero que si había visto a su lady, a lo que Spider-Man dijo que la había visto desde el día anterior. A Spider-Man se le hacía muy difícil mentirle a su amigo y compañero pero lo tuvo que hacer respetando los deseos de su amiga.

—¿Cómo ha estado la situación arañita? —preguntó Chat Noir algo expectante.

—Al parecer ha habido un secuestro gato pulgoso —respondió Spider-Man en un intento de aligerar la situación.

—¿A quién pudieron haber secuestrado, arañita? —preguntó Chat Noir con bastante curiosidad.

—A una chica llamada Marinette ¿la conoces, no? —indicó Spider-Man con una voz seria.

Chat Noir se quedó impactado por la revelación, pues la chica era su compañera de clases. Inmediatamente arremetió contra el héroe arácnido en busca de más respuesta. Spider-Man solo se limitó a escuchar, y una vez que el héroe arácnido terminó de hablar, Spider-Man le contó todo lo que sabía y que sus tíos ya habían tomado cartas en el asunto.

—No te preocupes gato pulgoso, si ellos encuentran algo me notificaran y yo te avisaré, y si resulta que encuentran su paradero ambos iremos a su rescate.

Aunque algo reticente, Chat Noir no tuvo de otra que aceptar el trato de su compañero. Después de hablar un rato Chat Noir se despidió de Spider-Man y procedió a hacer una búsqueda en un intento de encontrar pistas.

Spider-Man procedió a quedarse un rato más en la torre y procedió a cerrar los ojos para proferir una plegaria. A pesar de no ser abiertamente religioso, no podía evitar sentir que había alguien superior. Fue a él al que Spider-Man dirigió sus plegarias para que ese ser intercediera por ella. Mientras rezaba el héroe arácnido no pudo evitar sentir que le ponía una mano en el hombro, él sabía que no había nadie más con él pero no puedo evitar sentir la calidez que sentía cuando su tío estaba cerca, cuando él solía contar como le había ido en su día, o cuando solía pedirle consejo sobre cualquier cosa.

—Ayúdame a encontrarla, tío Ben —Spider-Man suspiró de forma melancólica, ante todo pronóstico un aire cálido le acarició el rostro.

El aire que sintió en su cara le infundió tranquilidad y algo de paz, brindándole esperanzas. A Spider-Man solo le quedó confiar en su mentor y los militares landavideses, confiar en su experiencia y criterio para encontrar a amada amiga.

—Gracias por darme ánimos, y gracias por cuidarme tío Ben —Spider-Man susurró para sí mismo antes de lanzar una telaraña para ir a su hogar.