Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, son de JKR. La historia es de Kyonomiko quien me dio la autorización para traducirla.
¡Disfrútenla!
Desamparados y Callejeros
"Waifs and Strays"
De Kyonomiko
Beteado por el dúo maravilla: Emily y Beth
Draco se desliza por el árbol junto a la habitación de Hermione solo para encontrarla mirando por la ventana con la ceja levantada.
—De verdad, Benedick, ¿necesito establecer barreras? —Ella lo empuja hacia adentro desde la rama que está tan cerca y lo acurruca contra sí—. Estaba segura de que cerré esa ventana —murmura y Draco piensa que podría necesitar buscar otras posibles formas de escapar de la casa en caso de que cumpla su amenaza de proteger la ventana. Tiene suerte de que a menudo la deje abierta para que ella misma disfrute del sol y la brisa.
Es una cálida tarde de miércoles y Draco acaba de regresar del correo preguntando por los mensajes.
Tenía cuatro esperando de su madre, dos en nombre de su padre, a quien se le ha prohibido comunicarse directamente a través de una lechuza; ella lo insta a que vuelva a casa, que lo necesitan, que Lucius necesita hablar con él… pero Draco descubre que no tiene mucho que decirle al hombre.
Han pasado dos semanas desde su primera cita con Granger y su relación solo se ha vuelto más atractiva. Sus planes de viaje (y realmente, cualquier plan fuera de "cuándo puedo ver a Granger") han sido archivados indefinidamente. Sí, es terriblemente inconveniente pasar la mayoría de las noches atrapado en su forma de marta, y sí, preferiría pasar las noches en su cama con sus brazos de mago para envolverla, con su boca para dejar un rastro de besos por su cuello...
Pero como alternativa, acurrucarse en su almohada y saber que ella está a su lado no es el peor destino que puede imaginar.
Sin embargo, la noche más difícil fue ayer: se habían vuelto a encontrar para cenar; era una noche corta y había expresado su preocupación por tener que levantarse temprano al día siguiente para trabajar. De modo que la había besado suavemente en los labios en la puerta de Grimmauld Place y se alejó.
Sin embargo, cuando trató de colarse en su ventana, encontró las cortinas corridas, bloqueando parcialmente su entrada. Casi nunca cierra las cortinas.
Entonces, por supuesto, sabía que algo andaba mal. Se había preocupado por haberla molestado; que tal vez no estaba contenta con su velada y estaba teniendo un momento de debilidad femenina...
Lo que no había anticipado fue escucharla gemir su nombre y la serie de tentadores improperios que siguieron.
Solo tuvo un vistazo, pero su mano haciendo susurrar las sábanas y su cabeza echada hacia atrás contra la almohada fue suficiente. Draco se había deslizado por el árbol maldiciendo sus circunstancias. Él es plenamente consciente de que ella le habría dado mucho más en sus últimas citas si no estuviera jugando al caballero, pero carajo, ¿cómo se suponía que debe hacer eso?
No seduces a una bruja como Granger en la habitación de invitados de su mejor amigo, tratando de no ser escuchados por el idiota. Tampoco se lleva a una mujer respetable y notable a una habitación alquilada, escondidos como si estuviera avergonzado.
Y ciertamente no haces esas cosas cuando ella PIENSA QUE ERES UNA MALDITA MASCOTA.
Draco tardó un poco en calmarse lo suficiente para regresar. Cuando lo hizo, ella estaba acurrucada sobre su costado, profundamente dormida, con una pequeña sonrisa en su rostro.
Esta mañana, se fue tarareando y Draco se transformó en un mago y se ocupó de su propio problema en el momento en que ella se fue, agradecido por la casa vacía y la privacidad de su habitación.
Ahora, se sorprende de verla en casa. Había asumido que tenía tiempo para visitar el correo y regresar; son sólo las tres y media.
—Parece un día corto, cariño. Control anual de plagas en el Ministerio. Creo que están tratando de sacar a los doxies de la sala del cerebro.
Ella lo lleva a través de la habitación y sale por la puerta, acariciando su pelaje mientras lo hace, su mano frotó ligeramente debajo de su mandíbula. Draco está recitando recetas de pociones para no pensar en lo de anoche: rizos sobre su almohada, la mano desapareciendo debajo de las sábanas, moviéndose en pequeños círculos y movimientos rápidos.
Cabello de Abraxan.
Acónito.
Fluido de acónito.
Veneno de acromántula.
Colmillo de víbor…
—Ya veo que también te enviaron a casa temprano.
Mucho más eficaz que las listas vacías, la voz de Potter aterriza a Draco y no necesita más distracciones.
—Doxies —dice ella—. ¿Y tú?
—Lo mismo. Los agentes de campo están fuera, pero yo estaba en reuniones.
—Pensé que eras un agente de campo —reflexiona—. Al menos, lo eras la semana pasada.
Potter se encoge de hombros y luego hace levitar una silla de un lado a otro de la habitación.
—Soy lo que Robards quiere en un día cualquiera, aparentemente.
—¿Y cuál prefieres? —pregunta distraída, mirándolo reorganizar el sofá para sentarse en la pared opuesta.
—¿La verdad?
Granger sonríe, esa sonrisa descarada que Draco ha llegado a amar y le dice:
—La verdad es todo lo que tú y yo intercambiamos, Harry Potter.
El imbécil se ríe y luego responde:
—Siento que hago mayor bien en el campo, lo que me hace sentir culpable porque prefiero el escritorio.
—¿Quizás estás destinado a la gerencia, entonces? ¿Estás listo para el trabajo de Robards en el futuro?
Una mesa auxiliar flota para encontrarse con el borde del sofá mientras que una silla se coloca en su lugar cerca de la chimenea.
—¿Puedes imaginarte? Tú, Ministra y yo, Auror Principal. Merlín, 'Mione, nos estamos haciendo cargo.
Ambos se ríen juntos de esa manera cómoda de amigos cercanos y Draco es golpeado por una punzada de celos por su comportamiento fácil. ¿Siempre está tan relajada con él? No está seguro de que ella no esté esperando que Draco "muestre sus verdaderos colores" o algo así, no pareciendo tan relajado la mayor parte del tiempo.
—¿Qué estás haciendo? —le pregunta finalmente a Potter, señalando la habitación.
—¿Hmm? Oh, la habitación —Es casi como si hubiera olvidado lo que estaba sucediendo a su alrededor, independientemente de que estuviera sosteniendo la varita—. Siempre odié esta habitación —murmura, mirando a su alrededor.
Hermione asiente con la cabeza y de repente la habitación es un poco solemne.
—¿Es aquí donde…?
—Sí —Potter está de acuerdo con cualquier conversación privada que estén teniendo. Señala donde estaba el sofá anteriormente—. Justo ahí.
—Era un viejo elfo tan desagradable —dice, pero suena extrañamente cariñosa. Potter simplemente asiente, luciendo bastante afectado.
Otro latido, y luego la bruja se anima y declara:
—Creo que necesitas un sofá nuevo.
—¿Qué? —Maldición si Potter no siempre suena confundido. Lo que Draco no daría por poder recitar la definición de un Chesterfield.
—Un sofá —repite y luego—, y sillas a juego. ¿Para qué más estás sentado en todo ese oro, Harry? Purga los recuerdos de quién solía vivir aquí... Haz de esta habitación algo que se sienta como un hogar…
—En realidad, nunca tuve un hogar adecuado. Supongo que no estoy seguro de cómo se sentiría.
Draco se horroriza al sentir el pecho de Granger subir y bajar, un resoplido y luego ella lo deja para correr hacia Potter, arrojando sus brazos alrededor de él.
—Estamos haciendo un hogar juntos —Draco la oye decirle, amortiguada por su hombro donde está enterrada su cara.
Potter envuelve sus brazos alrededor de ella y asiente con la cabeza en su cabello, un brazo sujeta la parte posterior de su cabeza para mantenerla cerca. Hola, Celos, mi viejo amigo.
—Entonces tienes que ayudarme a elegir las cortinas —murmura—, soy una basura en accesorios.
Ella se ríe y el idiota también y finalmente se separan el uno del otro. Más severa, Hermione señala con un dedo el pecho de su amigo.
—Y también tenemos que hacer algo con la habitación de Ogden. Su ventana es demasiado pequeña y creo que le gusta el espejo del pasillo. Deberías conseguirle uno en su habitación.
Poniendo los ojos en blanco y terminando su reordenamiento con un movimiento de la alfombra raída en el piso, cede.
—Y un espejo para Ogden. ¿Tal vez mañana? Después de que ambos salgamos del Ministerio.
—Oh... Bueno, no puedo mañana. ¿Quizás este fin de semana? ¿Sábado temprano? Bueno... no, quizás el domingo sea mejor. Puede que esté despierta el viernes por la noche, pero el domingo podría funcionar. Siempre que sea temprano y termine para las... No sé... ¿la una?
Potter la está mirando, divertido.
—¿Agenda completa?
Ella se sonroja y admite:
—Podría tener algunos planes.
—¿Malfoy?
Draco se alegra de escuchar un poco menos de malicia en el tono de su antiguo rival. Ahora, se está burlando de ella y es mucho mejor que juzgar. Si fuera un mejor hombre, podría admitir que Potter es un buen amigo, pero Draco es una marta, así que no tiene que admitir ni un comino, gracias.
—Draco y yo nos reuniremos para cenar, sí —responde ella con los hombros erguidos y una expresión que desafía a cualquiera a discutir.
—Mañana y viernes —aclara él, luego niega con la cabeza.
Ella se ríe y levanta a Draco una vez más.
—Sin cuestionar mis elecciones en esto, Harry. Lo prometiste.
¿Lo hizo? Draco debe haberse perdido esa conversación, pero es bueno saberlo.
—Lo hice. Sólo aclaro... Vamos, tomemos una cena temprano y veamos algo. Es mi turno de invadir tu noche, ése idiota te tiene casi todas las noches.
Curiosamente, así es exactamente como se siente Draco cuando ella lo deja en el escalón de la entrada, entrando en la casa de Potter.
—Nadie te reemplazará jamás, Harry —le dice ella a su vez. Sería un momento dulce, pero deja a Draco sintiéndose injustamente amargado. Escondido en el cuerpo de un pequeño mamífero, las cosas nunca pueden progresar con Granger.
¿Y si pudieran? ¿Entonces qué? ¿Quedarse en Inglaterra y considerar las lechuzas de sus padres sobre el negocio familiar y las obligaciones en casa? ¿Reintegrarse a la sociedad en medio de las miradas, los comentarios mordaces y la negativa absoluta a asociarse?
Hermione se rasca detrás de las orejas y sigue a Potter fuera de la habitación y su atención vuelve a ella justo a tiempo para captar:
—...un caballero. Quién sabía que Draco Malfoy podría ser tan considerado.
Potter se burla y hace un comentario sobre que nadie más está de acuerdo con ella y se ríen entre sí y se acomodan para la velada. Draco está acurrucado en el regazo de Granger, tratando de decidir cómo lograr el único objetivo que se ha vuelto casi obsesivo: Cómo retener a Hermione Granger. Parece bastante simple hasta que decide vivir su vida en paz sin romper el corazón de Granger. Hasta ahora, no ha podido encontrar la forma de evitar lo último.
Son más de las once cuando Draco se siente levantado, momento en el que se da cuenta de que ha estado dormido.
Están cuatro escalones arriba, Draco todavía adormilado en su agarre, cuando Potter los detiene.
—No debería decir nada...
Granger se vuelve para mirar a su amigo, prestándole atención.
—La solicitud se hizo por encima de mi puesto y ni siquiera debería saberlo... pero Narcissa Malfoy ha hecho una petición para que se vuelva a examinar la sentencia de Lucius.
De repente, no tan somnoliento, Draco posa sus pequeños ojos negros en Potter. ¿Qué haría pensar a su madre que a Lucius se le concedería un nuevo juicio?
Muy en esa misma longitud de onda, su bruja plantea la misma pregunta.
—¿Qué demonios la haría creer que el Wizengamot reabriría su caso? Tiene suerte de que no le hayan dado el Beso... como casi a todos los demás Mortífagos —agrega, enfatizando la oración con una entrega lenta y enfática.
Potter se encoge de hombros.
—No sé. Sólo pensé que te gustaría saberlo: por Malfoy. Sólo que... se supone que no debo saberlo, ¿así que tal vez no se lo menciones todavía?
—Harry —dice, reprendiéndole—, no me gusta guardar secretos de las personas que me importan.
Draco ignora el pequeño y feliz golpe en su estómago ante su admisión, tanto como la culpa muy aguda por sus propios secretos y trata de concentrarse en el asunto en cuestión.
—Yo tampoco, de ahí que te lo diga —bromea el tarado y Hermione le pone los ojos en blanco—. Pero los Malfoy... mira, sé que me dijiste que confiara en tu juicio con Malfoy, ¿de acuerdo? Y estuve allí para verlo dudar más de una vez... pero su padre... Hermione, simplemente no confío en esa familia y si estás involucrada con uno de ellos y los demás van a hacer un juego de poder o... o no sé qué.
Potter suspira y pasa su mano por su cabello perpetuamente despeinado. La nivela con la mirada y trata de encontrar su conclusión.
—Sólo quiero que tengas cuidado, ¿de acuerdo? Lucius Malfoy luchó por Tom Riddle hace veinte años y de alguna manera terminó en la junta de Hogwarts. Cualesquiera que sean sus planes, dudo que sólo quiera tener acceso a las lechuzas para poder escribir cartas alentadoras a los huérfanos. Quiere recuperar su libertad y la historia lo muestra haciendo cosas malas con ella.
Draco siente a Hermione asentir mientras reanuda su camino por las escaleras, sin gustarle el sentido que tiene todo ese pequeño discurso. En realidad, tampoco confía mucho en su padre. Seguramente, sin embargo, no hay razón para preocuparse. ¿Qué puede hacer el hombre?
Las viejas historias de los Malfoy revolotean como destellos en sus pensamientos: hijos errantes y herederos que juegan con Muggles solo para que sus amantes sean Avadeados por el problema. Una historia de pureza ganada por el derramamiento de sangre y la mentira.
Sacude su cabeza de marta. No, su padre ni siquiera sabe dónde está, menos probable con quién está. Pero entonces, ¿Cuáles podrían ser sus motivos? ¿Planea dejar la mansión sólo para rastrear a Draco hasta el fin de la tierra? ¿Forzarlo a volver a una servidumbre u otra? Industrias Malfoy, a pesar de estar casi destruida, siempre se esperó que fuera el futuro de Draco. Magos oscuros o magia oscura o tratos oscuros... Lucius Malfoy siempre ha sido esclavo de un maestro, aunque se imagina a sí mismo como un Señor.
Es por eso que Draco corrió. Aún podía correr, podía marcharse ahora y estar en Bermudas por la mañana.
Pero sabe que no lo hará. Mañana tiene planes con Granger y no está listo para irse. No está seguro de que esté listo durante mucho tiempo.
Ella lo está acariciando ahora, pasando sus dedos suavemente por su cabeza con una mano mientras frota su pelaje con la otra. Ella lo arrulla y le dice lo dulce que es; lo feliz que está con él, lo sola que estaba en Hogwarts.
Así que Draco se queda, como sabía que haría y deja a un lado los pensamientos de su madre, de su padre. Déjalos intentarlo. No lo encontrarán aquí.
Hermione descubre que Draco parece un poco rígido durante la cena del día siguiente, pero sabe que ella también lo está. Merlín, odia tener un secreto. Harry realmente le hizo un flaco favor al decir cualquier cosa.
Aunque, por supuesto, ella lo mataría si supiera que le estaba ocultando cosas, así que realmente es un callejón sin salida.
Finalmente, con la esperanza de romper la tensión, suspira y se inclina sobre la mesa para tomar su mano. Parece relajarse un poco.
—Cuéntame sobre tu día.
Se burla de ella un poco, pero con una cálida sonrisa.
—¿De verdad, Granger? ¿Mi día? Esta es una primera cita o llevamos cincuenta años casados.
Ella se ríe. Muy bien, sí, era una pregunta sosa para una... ¿cuántas ahora?... ¿novena cita? Ella ciertamente lo ha visto mucho en ni siquiera veinte días.
—Lo siento —responde ella a través de su sonrisa—. Pareces un poco callado.
—Discúlpame —Levanta la mano de la mesa y la presiona contra sus labios—. Tienes toda mi atención, Granger.
—Este fin de semana, Harry y yo vamos a hacer algunas compras de muebles. Sé que normalmente hacemos el brunch los domingos, pero ¿tal vez podríamos hacer un almuerzo tardío?
Él deja escapar un gemido que ella sabe que no es completamente sincero.
—¿Ya te pierdes con otro mago? Pero el brunch es lo nuestro, amor.
Se ríe un poco, le da mucha vergüenza decirlo. Él tiene un efecto tan profundo con tan poco que es enloquecedor.
—Hemos tenido el brunch dos veces —responde bromeando.
—Bien, pero estoy construyendo hábitos para que no te des cuenta de lo completamente que me he infiltrado en tu vida. No te darás cuenta hasta que de repente no puedes deshacerte de mí.
Ella sonríe un poco torcido, sintiéndose ridículamente golpeada.
—No tengo intención de librarme de ti, Draco —Su sonrisa de respuesta es casi tan cursi como se siente Hermione. Merlín, ¿qué demonios le está haciendo?
Arriesgándose, ella pregunta:
—¿Quizás el viernes, podríamos hacer algo diferente?
—Dímelo —le da un codazo, todavía sosteniendo su mano.
—Me gustaría cocinar para ti. Nada terriblemente elegante —dice rápidamente—, porque si vamos a seguir viéndonos, -lo que me gustaría mucho-, cenar en un restaurante todos los días de la semana podría empezar a hacer mella en mi bolsillo.
Ella sonríe, como si fuera una broma, pero también es muy cierto. Hermione gana un buen salario en el Ministerio, pero empezó sin nada después de la guerra. Todo lo que pudiera haber sido suyo se desvaneció con los recuerdos de sus padres cuando los envió a hacer las maletas a Australia con cada libra que pudo juntar. Sus ahorros, los ahorros de ella y los fondos que habían reservado para que comenzara su camino hacia la edad adulta. Las mudanzas son caras, al igual que las manos que tuvo que engrasar en el Ministerio de Australia para mirar hacia otro lado en la solución de sus papeles de residencia.
Sin mencionar que Draco ha admitido que las bóvedas de Malfoy están notablemente más vacías que antes.
—¿Quieres cocinar para mí? ¿En tu casa con Potter? —Arruga la nariz con disgusto, pero parece más de acuerdo que no.
—Le diré que se esfume por la noche. Estoy segura de que difícilmente lo verías.
Finge pensar en ello, finalmente cede con un gran suspiro.
—Supongo que hay cosas peores que una hermosa bruja preparándome la comida...
Ella se ríe y le advierte:
—Por favor, ten en cuenta que mis habilidades domésticas son deficientes. No soy Molly Weasley... La verdad, probablemente tendrías una mejor comida si Harry cocinara para nosotros, pero dudo mucho que eso esté en las cartas.
Apretando su mano con más fuerza, le asegura con dulzura:
—Estoy seguro de que cualquier cosa que hagas será excelente. Eres brillante, seguramente puedes seguir una receta —agrega con un guiño.
—Curiosamente, encuentro mucho más difícil cocinar que hacer pociones en ese sentido, pero me gustaría darle una vuelta; sería bueno hacer algo para ti.
Él sonríe y responde:
—Me invitas a cenar cada dos días, Granger, ciertamente no tienes ninguna razón para hacer más de lo que has hecho.
Agitando su mano libre, Hermione no está de acuerdo.
—Tirar algunas notas en un cheque está bien y todo, pero quiero darte algo... algo en lo que he trabajado —Ella mira hacia otro lado, sintiendo calidez en sus mejillas mientras admite—. Quiero que sepas lo que significa nuestro tiempo juntos para mí y no estoy segura de qué otra manera hacer eso.
Draco arrastra su mirada hacia atrás tirando de su mano, luego se levanta y camina alrededor de la mesa. De todos modos, la comida estaba prácticamente terminada y la noche se hace tarde. Ella acepta su ayuda para ponerse de pie.
Uno frente al otro en medio de un café muggle, se siente un poco expuesta pero no puede apartar los ojos de él.
—Estar contigo así… Hermione, esto es un regalo. Tu… —Hace una pausa, pareciendo buscar palabras. Es extraño encontrarlo perdido—. Tu perdón ya fue más de lo que merezco... Aún lo es, en realidad. Algún día, casi espero que lo retires —admite y sus ojos están inusualmente tristes.
Hermione se acerca para colocar una palma en su mejilla y él gira su rostro para dejar un suave beso allí.
—Vamos —le pide, sin gustarle el dolor en sus ojos—. Esta es la parte en la que me acompañas a casa y me dejas con ganas de más —Ella sonríe, tratando de hacerle saber que siempre querrá más, sin importar cuánto le dé.
La conduce hacia la noche cálida, del brazo como siempre.
—¿Entonces la cena?
Draco la mira y sonríe. Casi llega a sus ojos.
—Será un honor aceptarlo. Ninguna bruja me ha cocinado nunca.
—Entonces ya es hora —acepta y se acurruca más cerca. Caminan unos pasos, cuando ella se anima y agrega: —¡Oh, y tal vez finalmente puedas conocer a mi familiar!
Él solo tararea en respuesta. Ella lo toma como una señal de que está disfrutando de la tranquilidad de la noche.
