Capítulo 44: Chloé ¿Una Buena Persona?

—¿Qué demonios? —preguntó Sarah al reconocerse vestida con su antiguo uniforme militar, más precisamente cuando era una sargento primera, antes de entrar a la unidad de su esposo.

Sarah no pudo evitar sentirse mal, ella se sintió de la misma manera de cuanto tuvo que enfrentar a su querida amiga Agatha para proteger a su familia. Ella examinó el lugar en donde estaba, solo para darse cuenta que se encontraba en la casa de su suegra.

Sarah empezó a recorrer la vivienda para averiguar si había alguien, pues la sensación de soledad era muy fuerte en ese momento. La pelirroja llamó a su hijo pero no recibió respuesta, luego intentó con su sobrino pero tuvo el mismo resultado. Ella estaba desconcertada pero rápidamente recordó que ellos estarían practicando para el día de la música (que en sí faltaban como unos cuatro días).

—Tu decisión es importante hija —Sarah escuchó la voz cálida de un hombre—, la decisión que tomes decidirá si tienen éxito o si fallarán.

—¡¿Quién eres tú?! ¡¿Qué quieres de mí? —ella cuestionó con autoridad.

—Parece que David no te ha contado de mí —la voz respondió con un tono divertido— o tal vez sí pero tal vez ya me olvidaste.

—¡¿Mi padre que tiene qué ver?! ¡¿Cómo te llamas?! —Sarah cuestionó con el corazón pesado.

—Solo te diré que me llamó igual a tu hermano mayor y que mi esposa se llama Carmen —respondió la voz con algo de diversión.

—¿Abuelo Rafael?— Sarah pensó con sorpresa.

—Parece que ya te acordaste de mí pero ahora es momento de que me vaya hija —respondió la voz antes de chasquear los dedos y hacer que todo a alrededor de la pelirroja desapareciera y que ella quedara envuelta de oscuridad.

Sarah se levantó algo sobresaltada, no por el hecho de que su bisabuelo le hubiera hablado en sueños sino por lo que le había dicho. Le preocupó el hecho de no saber qué decisión sería la podría decidir si tenían éxito o no. Por su parte Saulo se levantó sin sobresaltarse y abrazó a su esposa en un intento de tranquilizarla, ella en un principio se mostró algo reticente pero el uso la "jugada sucia" que había usado cuando él tuvo esa pesadilla hace un poco más de dos meses.

Saulo le escuchó y comprendió lo que ella sentía, pues no fue muy diferente a cuando él se encontró a Claude en el otro mundo hace 21 años en el ministerio de magia británico. Tras hablar un rato ambos se volvieron a acostar pero nada pudo evitar que Saulo abrazara a Sarah desde la espalda y le dijera bastantes cosas agradables antes de darle un beso y conciliar el sueño nuevamente.

Un par de días había pasado desde que Marinette había sido rescatada por Saulo, Sarah, Rafael y Peter. La chica se encontraba bien, aunque había ocasiones en la no podía estarse quieta mucho rato sin empezar a observar hacia todos lados bastante nerviosa. Peter (quien se encontraba camino a la escuela justo al lado de ella) estaba haciendo su mejor esfuerzo para hacer que esas sensaciones desaparecieran.

Justo en al día siguiente de que rescataron a Marinette, Peter pensó que todo volvería a la normalidad pero lamentablemente eso no fue así pues sus amigos empezaron a ser un poco más recelosos y también estaba el hecho de que Adrien había vuelto a clases. Peter notó que su amigo se notaba algo más liberado pero no evitar notar un pequeño deje de tristeza en sus ojos verdes como esmeraldas.

Por su parte Marinette pensó que debía hacerse más fuerte y más habilidosa para evitar que cosas como lo sucedido hace unos días atrás, incluso en ese instante recordó que Annette la había empezado a enseñar nuevos modos de combate utilizando su yo-yo, incluso uno en el que quería hacer un enfoque especial, un estilo llamado el vuelo de la mariquita.

—¿Qué es lo que pasa Mari? —preguntó Peter con curiosidad.

—¿Eh? —Marinette volteó hacia su amigo solo para girar su cabeza rápidamente— ¡No es nada Pete, en serio!

—Claro y yo soy el joven becario de Tony Stark —comentó el castaño haciendo reír a la chica.

—Pero Pete, tú si eres el becario de Tony —respondió la chica tratando contener la risa, cosa que Peter empezara a reír.

—Tienes razón Mari, pero realmente me preocupa que estés bien.

Marinette observó a su amigo afablemente antes de sonreírle.

—Realmente no es nada Pete, solo estaba pensando en lo que me está enseñando la abuela de Pablo —Marinette respondió provocando que Peter alzara una ceja.

—¿Es algo muy especial, relacionado con cierta heroína de París, a la cual yo conozco bastante bien? —Peter preguntó de forma animada provocando que Marinette riera.

—Claro, pero es un secreto del cual tú serás el primero en enterarte cuando termine de dominarlo —Marinette le indicó a su amigo, provocando que este hiciera un puchero que a ella le pareció tierno.

Tras unos minutos de caminata el par de amigos llegó al colegio algo temprano pero no esperaron toparse con la sorpresa de que Chloé estaba esperándolos en la entrada.

—Oh no ¿Y ahora que querrá ella?— ambos amigos pensaron al unísono.

El par de amigos se acercó a la rubia, que si bien no mostraba hostilidad, aún tenía el aura de superioridad que la caracterizaba. Marinette rápidamente se puso a la defensiva al igual que Peter pero lo nadie espero fueron las palabras que la muchacha dijo.

—Lo siento.

Esas dos palabras causaron que todos los muchachos en el aula observaran a Chloé con una expresión sorprendida, como si se encontraran en un mal sueño.

Por su parte Marinette no pudo evitar observar con desconfianza a la hija del alcalde de París, pues Chloé usó el mismo tono de superioridad que usaba diario. Peter por su parte cruzó los brazos y esperó a que la chica terminara de decir lo que tenía que decir.

—¿Lo sientes?¿Qué es lo que sientes Chloé? —preguntó Marinette algo ofuscada y con algo de agresividad en su voz.

—Mira panadera, yo quiero disculparme por todo lo que te he dicho —Chloé giró su cara hacia Peter—. También te quiero pedir perdón perde... quiero decir, Peter.

Peter alzó una ceja algo incrédulo por la forma en que la rubia se había dirigido hacia él.

—¿Qué es lo que te hizo pedir disculpas Chloé? —preguntó Peter con tranquilidad.

—Alguien me hizo darme cuenta que estaba haciendo las cosas mal y quería empezar otra vez —Chloé dirigió su mirada hacia Marinette—, ser una mejor persona y esas cosas.

—¿En serio, Chloé? —Peter preguntó con franqueza.

—Sí, aunque sé que no será fácil —la rubia dirigió su mirada hacia sus incrédulos compañeros— o sencillo, ya que yo causé el 80% de las akumatizaciones ¿no?

—¡Sí lo hiciste! —respondieron todos a excepción de Rose, a quien realmente no le nació reclamarle.

—¡Bueno, ese no es el punto! —indicó de forma altanera.

Adrien observó a Chloé con una sonrisa y asintió aprobatoriamente.

—Te daré el beneficio de la duda Chloé, espero que no me decepciones —Peter indicó seriamente mientras le dirigía una mirada afilada.

—Claro perde... quiero decir, Peter.

—¿Y tú panadera? —preguntó Chloé algo ansiosa pero incomoda por hacer las paces con su mortal enemiga aunque sentía que era necesario para cerrar un ciclo, como se dijo ella.

—Yo... —Marinette volteó hacia Peter y ese asintió indicándole que hiciera lo que quisiera— ya veremos Chloé.

Tras eso Chloé se fue junto a Sabrina a buscar un asiento.

—¿Y eso que fue Pete? —preguntó Marinette pero Peter alzó los hombros.

—No sé, pero le daré el beneficio de la duda.

Unas horas más tarde Chloé se encontraba en su suite en compañía de Sabrina. Ella se encontraba pensando lo que ese muchacho llamado Pablo le había dicho, en un principio le pareció una estupidez pero entre más se explayaba más lo fue entendiendo. Sabrina observó extrañada a su amiga y se preguntó sobre qué era lo que había sucedido para que ella estuviera así de pensativa.

—¿Estará bien lo que hice? —preguntó Chloé en voz alta, de una forma en la que Sabrina se sorprendió de escuchar, como si eso no fuera propio de su amiga.

—Tal vez sí...

Chloé se giró para ver a su amiga, la cual se encontraba observándola con algo de timidez, como si tuviera el temor de que ella la reprendiera por haber contestado.

—¡Ash, esto es ridículo ¿cómo ese patético pudo haberme hecho dudar sobre quién soy?!

—A lo mejor tocó una fibra sensible.

—¡¿Pero cómo?!¡Yo soy Chloé Bourgeois, la hija del alcalde de París y la mayor admiradora de Ladybug!

Sabrina, aunque temerosa, le sonrió de forma tímida a su amiga en un intento burdo de tranquilizarla. La pequeña acción de Sabrina pareció funcionar de alguna manera que yo no podría explicar porque no lo sé.

—Tal vez si me cuentas que pasó podría ayudarte Chloé.

Chloé se sorprendió por la sugerencia de su amiga, quien por lo general no solía hacerlo. Por lo general era ella la quien era bastante dependiente de la rubia y esperaba sugerencias u órdenes de su parte.

El día anterior, aproximadamente a las cuatro de la tarde...

Chloé se encontraba sentada en una banca a las orillas del río Sena. La rubia se encontraba observando la pantalla de su móvil, probablemente viendo los comentarios sobre una foto que había subido a Instagram o a cualquier otra red social como Twitter o Facebook. Eso creería cualquier otra persona que la conociera pero lo cierto era que la muchacha se encontraba leyendo un mensaje enviado por su madre, en el cual ella indicaba que no iba poder ir con ella al festival de la música, lo cual hizo que la muchacha se desanimara.

—Si tú me lo prometiste y papá tampoco podrá ir ¿Qué haré?— pensó Chloé con algo de tristeza.

Mientras la hija del alcalde pensaba alguna cosa que la distrajera un muchacho con algo de parecido al amigo de Juleka pasó por ahí, pero éste al dirigirle una mirada se dio cuenta que la muchacha necesita hablar con alguien. Podría funcionar o tal vez no pero el muchacho ya había decidido lo que iba a hacer.

Chloé rápidamente cambio su expresión cuando ese muchacho se sentó a su lado, poniéndose rápidamente a la defensiva, el muchacho no pudo evitar soltar una risita de suficiencia.

—Yo sé por lo que pasas, puedo distinguir esa expresión de tristeza en prácticamente en todas las persona que veo.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? —Chloé preguntó con algo de fastidio mientras observaba al muchacho— de seguro debes ser tan arrogante para creer que eres el sabiondo que puede descifrarlo todo ¡Ridículo!

—Porque yo he pasado por lo mismo que tú.

—¿Lo mismo que yo?

—Claro, aunque hay una diferencia.

—¡¿Cual diferencia?!

El muchacho sonrió de forma discreta pero Chloé sintió como si se estuviera burlando de ella.

—Que yo no soy antipático con nadie, mi primo Adrien suele hacer algo similar pero en cierta manera le cuesta, en especial cuando trata con alguien que le desagrada pero suele tratar de forma satisfactoria con eso.

—¡¿Eres primo de Adrien?!¡¿Cómo es que nunca supe de ti?! —Chloé preguntó con algo de desconfianza.

—Porque su padre prácticamente nos sacó de su vida cuando él tenía más o menos diez años. Y le prohibió hablar de nosotros bajo cualquier motivo, situación o circunstancia —el muchacho indicó mintiendo sobre la prohibición, pues él no sabía si la rubia (a diferencia de Marinette, Peter o Juleka) podía mantener la boca cerrada, más que nada por estatuto del secreto de Landavidis, el cual era distinto al francés.

—Bueno, eso lo explica —comentó la rubia con una mano en la barbilla, como si estuviera pensativa.

—Aunque eso no es de lo quiero hablar —Indicó el muchacho con una sonrisa afable.

—¡¿Entonces de qué quieres hablar?! —Chloé preguntó con algo de fastidio.

—Quiero hablar contigo sobre tu trato con los demás, supongo que es debido a que sientes la ausencia de tus padres ¿Verdad?

Chloé observó al muchacho de manera dubitativa, como si quisiera confiar en él pero una cuestión se lo impedía.

—¡Antes de responder, exijo que me digas tu nombre!

El muchacho alzó los brazos, como si le dijera que lo había atrapado de forma absoluta.

—Mi nombre es Pablo Salazar —indicó el muchacho con tranquilidad.

Chloé al ver que muchacho había accedido a su demanda no le quedó de otra que acceder a contestar su pregunta.

—¡Sí!¡Lo admito!¡Me siento sola, siento que solo puedo confiar en Sabrina y en Adrien! —Chloé confesó para contento de Pablo.

—Bueno ese es el primer paso para mejorar, créeme yo también he sentido eso.

—Pero pareces ser tan feliz, como si realmente no te faltara nada, como si tus padres siempre estuvieran contigo —contestó Chloé algo confundida.

—Verás... mis padres son militares, los mejores que mi país posee, y eso implica que hay muchas ocasiones en las que ellos me han dejado solo en momentos clave de mi vida.

—¡Eso es ridículo!¡Pareces ser tan feliz que pareciera que me estás mintiendo! —Chloé reclamó a la defensiva.

Pablo le sonrió a Chloé afablemente en un intento de tranquilizarla. La rubia se encontraba reticente pero algo en la mirada del chico hizo que ella prestara atención. Ella se preguntó qué demonios hacia escuchándolo pero prefirió seguir hablando con él, pues pensó que el mejor de los casos podría hacerse amigo de él.

—Yo no soy como tú porque yo decidí no aislarme en una actitud arrogante como la tuya. Yo decidí que trataría a todos con respeto, porque mis padres y mis abuelos me enseñaron que si respetas a los demás, muy probablemente termines siendo bastante querido y los amigos vendrán solos, consecuentemente —Pablo respondió con simpleza—. Además yo sé que tus padres te quieren mucho y pienso que la forma que te consienten es la forma en la que te lo dicen.

Chloé observó a Pablo con incredulidad, pues él la había leído como un libro abierto, aunque no le dio importancia a los ojos morados del chico.

—¡¿Cómo sabes eso?! —preguntó la rubia algo exaltada.

—Lo he visto con mis ojos, sabes, yo suelo acompañar a mi primo Gabriel casi siempre y he visto la forma en la que te comportas, por lo tanto sé de lo que hablo.

—Si te pidiera ser tu amiga ¿aceptarías?

—Claro.

—Gracias —Chloé esbozó una expresión arrogante inmediatamente después de agradecerle a Pablo— ¡Pero no le digas a nadie de lo que hablamos!

—Tienes mi palabra.

Tras aceptar la propuesta Pablo abrazó a la rubia y le dijo las siguientes palabras en el oído:

—Tú eres alguien maravillosa y por eso debes ser mejor, yo sé que puedes ser mejor que esto y reconciliarte con tus compañeros, ya verás que antes de lo que cante un gallo ya no te sentirás sola y tendrás varios amigos.

Volviendo a la suite con el par de amigas...

—Este... Chloé, creo que ese chico tiene razón —comentó Sabrina con algo de temor.

—¿Por qué piensas eso? —preguntó Chloé en un tono fuerte pero sin llegar a ser hostil.

—Este... Verás... —Sabrina no sabía cómo iniciar, lo cual provocó que la rubia suspirara.

—Déjalo —Chloé indicó provocando que la pelirroja la observara— ni yo sé bien pero trataré de ser mejor y de no ser tan... tan...

Sabrina al ver que su amiga no podía decir la palabra decidió apoyarla.

—¿Antipática?

—¡Eso! ¡Oye!

—Lo siento Chloé

Horas más tarde Pablo, Gabriel y todos sus amigos se encontraban por ensayar la canción cuando llegó Rose con un tono de piel algo pálido. Todos observaron a la chica amante del rosa con bastante preocupación, incluso notaron cómo la mirada de la chica parecía algo más opaca.

Rose trató de explicar que se encontraba bien y que solo era un contratiempo pero cuando las primeras palabras salieron de su boca se dieron cuenta de que no era así.

—En serio, me encuentro bien —Rose indicó pero lo hizo con una voz algo grave e irritada.

—Vamos Rose, no queremos que te sobrepases y te termines lastimando más —indicó Gabriel mientras dejaba el teclado e iba hacia su amiga.

—Bueno... creo que no puedo cantar por hoy... —la chica admitió con bastante pena.

—Entonces tendremos que cancelar en ensayo de hoy —indicó Juleka de forma apacible y bastante preocupada por el bienestar de su amiga.

—No es necesario Juleka... que tal si tú y Gabriel hacen un dúo para cantar la canción... bueno para no perder el día —Rose propuso y recibió algo de apoyo de sus amigos.

—Me halaga pero ¿quién va a tocar el teclado? —Gabriel trató de alegar— además no sé cantar.

Pablo rió algo divertido, lo cual provocó que todas las miradas se posaran en él.

—Claro que sabes cantar primo, del teclado se puede encargar Adrien... al fin y al cabo la partitura de la canción ahí, incluido los tiempos y las pausas en pequeñas notas —Pablo observó a su primo de forma taimada— ¿o acaso le tienes miedo al éxito?

—¡Claro que no! Solo, solo... tengo algo de vergüenza —Gabriel indicó con algo de nerviosismo y bastante rojo como un tomate—. Además no sé si mi voz se adecua a la canción.

—Mentiroso, yo creo que tú y Juleka pueden hacer un buen trabajo. Además ya lo dijo Rose: hay que hacerlo para no perder el día, ya que falta muy poco para tocarla en vivo.

Tras esas palabras Gabriel suspiró derrotado pues sabía que cuando su primo se ponía a discutir ni el político más experimentado podía ganarle, bueno a excepción de Nadia, aunque el joven príncipe creía que él la dejaba ganar. Adrien observó sorprendido a su primo, pues no sabía cómo estaba al tanto de que sabía tocar ese instrumento.

Pablo le sonrió a su primo y le explicó lo que tenía que hacer y en los tiempos en los que tenía que tocar.

El joven Agreste tocó un par de veces la canción intentando apropiársela para poder tocarla con sentimiento. Pablo aprovechó y lo apoyó guiándolo con su violín, Iván fue integrándose apoyándolos con la batería, Luka los apoyo consecuentemente como guitarra rítmica y Juleka siendo la guitarra solista, así hasta que llegó el momento en que tenía que empezar a cantar, siendo Gabriel el que empezaría.

—Dante, ¿estás seguro de hacer esto? —preguntó Nathan mientras observaba a su primo interrogante.

—Claro Nathan, con los cambios que ha habido es necesario convencer al señor Fu de hacerlo... porque de lo contrario diecinueve de los veinte miraculous caerán en las manos de Avinatán.

Nathan observó interrogante a su primo captando la seguridad de este, que a su vez se la terminó transmitiendo.

—¿Cuál fue el único miraculous que no cayó en sus manos? —preguntó.

Dante observó con tranquilidad a su primo.

—El miraculous del gato, el miraculous de Chat Noir.

Tras esa declaración la puerta del consultorio del maestro Fu se abrió y tras ella apareció el viejo maestro.

—Buenas tardes, ¿qué es lo que necesitan? —preguntó de forma amable el Maestro Fu, provocando que Dante sonriera.