Capítulo 45: La Disputa de Saulo y Gabriel

El maestro Fu observó con cuidado a los dos jóvenes que tenía enfrente de él, si bien consideraba que tenían una imaginación envidiable, le preocupaba el hecho que ellos supieran que él era el guardián de los miraculous. Dante le había contado al viejo maestro sobre su estrategia de repartir los miraculous para que así estos no cayeran en manos de Avinatán.

—Saben, Harcos me comentó sobre la idea de repartir los miraculous entre portadores que yo considerara dignos. Si bien podría parecer una buena idea hacerlo, está el hecho de que eso expondría a los miraculous y consecuentemente haría mucho más fácil su captura —comentó tranquilamente el viejo maestro.

—¿Sabe, maestro Fu? —comenzó a hablar Nathan en apoyo a su primo— de dónde venimos usted está muerto.

—Sé que ese momento llegará eventualmente, nadie puede escapar de la muerte... y estoy que seguro que mi sucesora podrá hacerse cargo de los miraculous —el maestro Fu le contestó a Nathan de forma tranquila.

—Ese es el problema que queremos tratar con usted Señor Fu, lo que sucede es que su sucesora también murió en el tiempo del cual venimos —indicó Dante de forma seria.

El viejo guardián de los miraculous y portador de Wayzz observó a ambos muchachos algo sorprendido por esa revelación. Era como si le hubieran dicho que los miraculous cayeron en manos equivocadas.

—Eso no es posible...

—Verá señor, ella en teoría será asesinada en al menos unos diez días si no me equivoco. Ella murió al tratar de recuperar los dieciocho miraculous que usted tenía cuando le fueron arrebatados de sus frías y muertas manos por mi abuelo, quien será akumatizado por Hawk Moth si todo sale mal —indicó Dante con una voz seria y prolija.

—Ya veo... Entonces lo que me quieres decir es que reparta los miraculous para evitar que todos ellos caigan en malas manos tras mi muerte y de la muerte de mi sucesora —el maestro Fu observó a Dante con suspicacia— ¿Y cuáles miraculous siguieron a salvo?

—Solamente el miraculous de Chat Noir. El miraculous de Ladybug tuvo el mismo destino que los demás una vez que su portadora fue asesinada.

El maestro Fu observó a ambos muchacho fijamente, lo cual provocó la incomodidad de estos. Wayzz escuchó la historia de los muchachos y creyó que era factible pero también se cuestionó sobre lo grave de la akumatización que mataría a su portador

—Ya veo, tal vez considere la idea pero como le he dicho al esposo de Annette... Esto tampoco podría funcionar —comentó el maestro Fu, lo cual causó el resoplido de los muchachos.

—Lo tomamos pero es muy importante que lo considere, su decisión podría proteger al mundo de un futuro infeliz y desastroso —advirtió Nathan mientras lo observaba fijamente.

Tras esa charla los jóvenes se retiraron dejando bastante pensativo al anciano guardián.

—Touché —Kagami indicó mientras Adrien trataba de bloquear su estocada pero este falló por casi nada.

—Eres muy buena Kagami —Adrien le alagó mientras se preparaba para empezar otra vez.

—Tú también Adrien —Kagami le indicó mientras se ponía en posición—, pero puedo intuir que estás algo distraído.

—¿Por qué piensas eso? —preguntó Adrien mientras bloqueaba una embestida por parte de la chica.

—Porque caíste en una treta mía hace unos segundos —Kagami evitó por casi nada una embestida por parte de Adrien—, una treta en la que no hubieras caído si estuvieras totalmente enfocado.

Adrien se sorprendió y se preguntó si realmente debía contárselo, pues realmente no quería fastidiarla con sus problemas. Kagami notó eso y no quiso seguir presionándolo de esa manera, así que se centró en distraerlo a través del duelo que estaban teniendo. El duelo en sí parecía ser bastante desafiante, e incluso podría decir que aún más que él que tuvieron cuando conocieron, en el cual ella destilaba un aura arrogante.

—No quiero agobiarte con mis problemas Kagami, son cosas sin importancia —comentó el joven Agreste mientras daba una voltereta hacia atrás para abrir una brecha contra su oponente—. Aunque recuerdo que eras más insistente, y sé que no aceptarías un no por respuesta.

Kagami sonrió detrás de su careta, satisfecha por la deducción de su compañero.

—No quiero presionarte, solo que me sorprende que estés distraído cuando generalmente eres muy centrado en lo que haces.

Adrien negó con la cabeza, cosa que provocó la chica se sorprendiera.

—Casi siempre soy algo distraído, aunque a veces doy impresión que no. Además suelo ser algo juguetón, en especial cuando entro en confianza.

—Ya lo creo —Kagami indicó al notar que el último par de minutos, en los cuales ambos tenían su charla, el chico Agreste había estado jugando con ella.

La japonesa estaba a punto de tocar a Adrien cuando sintió como la espada de este la tocaba en el abdomen.

—Fue un buen duelo Adrien, a pesar de estar distraído pudiste mantener tu nivel y eso es digno de respeto.

—Tú también eres buena. Tú eres de las pocas personas que me desafiado a tal grado.

Kagami levantó su careta para poder observar a Adrien directamente a los ojos, aprovechando que él ya lo había hecho cuando terminaron el duelo.

Adrien se quedó pasmado al observar los marrones (aunque pudo jurar que tenían un toque amarillento) ojos de la chica. Él observó su expresión seria y pudo concluir que eso era una especie de cascarón, el cual ocultaba a la verdadera Kagami, a esa Kagami que era a la que él quería descubrir. Saber lo que era más allá de su apariencia estoica.

Por su parte la chica japonesa apartó su mirada, como si no quisiera que él viera más allá de donde ella le permitía ver.

—Tal vez en una próxima ocasión te pueda ganar Adrien —la chica le indicó de forma seria pero Adrien no notó que ella esbozó una pequeña sonrisa en su boca—. Pero por ahora tengo que irme, tengo que encontrarme con mi madre para atender negocios familiares con mi abuelo.

—Está bien Kagami —Adrien le indicó antes de inclinarse.

La chica apreció el gesto e hizo lo propio.

—Nos vemos después Adrien.

—Adiós Kagami, que te vaya bien.

Después de que la muchacha se fue Adrien se dispuso a ir por sus cosas y mientras acomodaba sus cosas notó una pequeña foto que tenía de Ladybug. Plagg al notar los pensamientos de su portador decidió a picarle un poco la espina.

—¿Qué piensas Adrien? —preguntó el pequeño kwami mientras salía de improviso—. ¿Acaso ya te rendiste con Ladybug?

Adrien frunció el entrecejo de forma acusatoria mientras observaba al pequeño kwami, el cual siguió con la charla que estaba teniendo con su portador. Plagg al ver que había captado la total atención de Adrien, decidió seguir con su charla.

—¡¿Por qué dices eso Plagg?! —Adrien le increpó a su compañero algo alterado, lo cual provocó que el pequeño gato negro observara con pesar a su portador actual.

La reacción del kwami sorprendió de sobremanera a Adrien, quien prefirió guardar silencio a pesar del malestar que sentía.

—Porque no quiero que termines como el adicto al té, y cuyos pies olían más fuerte que mi precioso Camembert que tuve como compañero.

Adrien observó con curiosidad a Plagg el cual lo observaba fijamente.

—¿Cómo terminó él?

—Muerto.

Adrien parpadeó un par de veces antes de seguir escuchando a su amigo.

—Lo siento...

—No te disculpes Adrien. Aún me duele hablar de él, aunque no lo parezca —indicó Plagg mientras observaba a su portador—. Él al igual que tú estaba perdidamente enamorado de Ladybug, y creo que yo tuve algo que ver con eso.

—¿Por qué crees eso? —preguntó Adrien.

—Verás Adrien, yo he sentido atracción por el kwami de Ladybug desde tiempos inmemoriales, ya sabes polos opuestos se atraen, creación y destrucción van de la mano... Y muchas otras cosas por el estilo. Cuando mi portador se transforma le traspaso de manera inconsciente esa atracción y eso se agrava cuando Ladybug está presente.

Adrien no supo que responder y cuando Plagg estuvo a punto de continuar su relato uno de los compañeros de Adrien entró en los vestidores, provocando que el kwami se ocultara en la ropa de Adrien de su portador.

—¿Estas bien Adrien? —preguntó el compañero de Adrien mientras pasaba su mano izquierda sobre su nuca.

—Estoy bien Chris —Adrien respondió con una sonrisa—. ¿Por qué la pregunta?

—Es que pensé que estaba pasando algo porque estabas hablando solo.

Adrien se sorprendió por la respuesta pero mantuvo su expresión tranquila, lo cual pareció calmar a su compañero. Chris no pudo sostenerle la mirada por lo nervioso que se encontraba, ya que él era su admirador por lo bueno que era en el esgrima. Adrien sonrió amablemente para tranquilizar al joven, lo cual pareció funcionar. También notó cómo el joven se había sonrojado.

—Lo que pasa es que estaba practicando una líneas para un proyecto que tengo entre manos — indicó de manera tranquila—. ¿Qué es lo que necesitas Chris?

—Tu tíos te esperan afuera —respondió Chris con bastante sinceridad.

Adrien le sonrió a su compañero bastante agradecido antes de salir de ahí con sus cosas en la espalda. Cuando Adrien salió, Chris tomó su teléfono y observó detalladamente una foto en el cual aparecía una chica pelinegra, de ojos cafés increíblemente vivos, de tez ligeramente morena y nariz fina.

—Espero que te guste tu regalo Luna —suspiró el esgrimista mientras salía del vestidor para dirigirse directamente a su casa posteriormente.

Mientras Adrien se dirigía hacia la residencia Salazar-Boissieu, Sarah observó a su sobrino con una sonrisa en su cara, lo cual hizo que el joven modelo se tranquilizara. Adrien aún se preguntaba como su tío le había hecho para hacer que su padre accediera a dejarlos vivir con ellos, aunque una cosa sabía bien... y esa era que no debía haber sido para nada fácil, en especial conociendo a su padre.

—¿Te has acercado a Kagami, Adrien? —preguntó la pelirroja en su mejor tono de madre provocando que Adrien se sonrojara.

Sarah sonrió al saber que su querido sobrino había cambiado nada, en especial por la metida de pata que tuvo cuando selló sus recuerdos.

—¿Por qué lo pregunta?

—Porque me dio curiosidad, en especial después de los últimos días pero descuida, sé que ella te hará bien.

—¿Cómo sabe eso?

—Intuición femenina —comentó la pelirroja con una sonrisa, lo cual provocó la carcajada de Saulo.

—Te sorprendería la cantidad de veces que ella le ha atinado a sus intuiciones Adrien —comentó el capitán mientras conducía.

Mientras veían las edificaciones pasar mientras los tres se dirigían por el Boulevard Raspail hacia su hogar, Adrien no puedo evitar sacarse a Kagami y de su expresión cuando ella lo observó a los ojos. Ella lo cautivaba a su manera, ella le transmitía una sensación de misterio que él quería descubrir. Además sabía que ella era una buena persona, aunque era bastante reservada.

—Oye tío —Adrien le hablo a Saulo con algo de nerviosismo.

—Dime —contestó Saulo sin apartar su mirada de la calle.

—¿Cómo le hiciste para que mi padre no exigiera que me quedara en la mansión Agreste?

Saulo sonrió con suficiencia antes de empezar.

Hace varios días atrás...

—¿Debería hacerlo de forma directa, cariño? —preguntó el capitán mientras observaba a su esposa.

—Claro mi amor, haz todo para que Adrien esté bien... me preocupa su integridad, en especial desde que me contaste lo que viste y captaste cuando fuiste a la mansión por él.

—Dalo por hecho, Adrien estará aquí le guste a Gabriel o no —respondió el capitán mientras se ponía una chaqueta de cuero color café, que a su vez hizo juego con una camisa de cuadros de tonalidades moradas.

Sarah miró con incredulidad a su esposo, pues parecía ser una especie de presagio el hecho de que no vistiera con prendas predominantemente oscuras. Saulo le sonrió con suficiencia antes de que ambos salieran hacia su auto en dirección hacia la mansión Agreste.

Cuando ambos llegaron a la residencia Agreste, Saulo fue directamente hacia el timbre para que le abrieran. Después de que una cámara saliera para ver quién era las puertas de la mansión se abrieron para darle paso al matrimonio. Sarah tomó el hombro de su esposo y le dedicó una última mirada antes de encontrarse con el Agreste mayor.

Saulo, por su parte, hizo un esfuerzo sobrehumano para no desenfundar su M1911 y acribillar al modista con alevosía y ventaja.

—¿Qué los trae de nuevo hasta aquí? —preguntó Gabriel Agreste de forma seca.

—Venimos a por Adrien y ni tú ni nadie lo va impedir —Saulo contestó mientras le dirigía una mirada de fuego, de fuego infernal.

—¡¿Y quién te crees tú para venir por Adrien y llevártelo de mi lado?! —espetó el modista con una mirada cargada de odio.

—¡La familia que tú le arrebataste a tu hijo! —Saulo inhaló y exhaló antes de continuar—. ¡Mi tía Cosette no pudo ver por última vez a su nieto! ¡Y todo por tu puta culpa¡ ¡Agradécele a la deidad de tu preferencia que mi madre pudo convencer a mi padre de no darte tu merecido, porque de haberlo hecho tú ya estarías muerto! ¡Me oíste! ¡Muerto!

—¡¿Y quién te crees tú para venir a mi hogar, alejar a mi hijo de mí y más aparte amenazarme?!

—Un hombre que ama con locura a sus seres queridos, y que iría hasta el mismísimo infierno si eso evita que uno de los suyos sufra... y créeme, Adrien está sufriendo por la estupidez que tú mismo hiciste.

—Tranquilo, no te alteres... Adrien podría oír nuestros gritos —Sarah le susurró a su esposo.

—¿Eso es todo? —preguntó Gabriel Agreste de manera altanera a modo de provocación, pero gracias a su esposa Saulo había puesto los pies sobre la tierra.

—Si estuvieras dispuesto a cooperar con nosotros Emilie ya estuviera aquí, pero en tu maldita arrogancia decidiste hacer las cosas por ti mismo y cuando no pudiste, gracias a los héroes de París, decidiste aliarte con Avinatán y con Kingpin —Saulo hizo una pausa y observó al esposo de su prima—. Porque sí... ambos sabemos tu secreto, al igual que mi padre.

Decir que el modista de Hierro, Gabriel Agreste se había quedado sin habla era poco, pues el más que callado se había vuelto pálido, tanto que parecía un fantasma. El modista trato de negarlo pero notó los ojos plateados del primo de su esposa y él sabía que cuando los usaba no podía ocultarle nada, pues parecía que esos ojos penetraban en lo más profundo de su alma.

—Ya fue suficiente cariño, y que caso de que este idiota no esté dispuesto a cooperar con nosotros... estoy más que segura que toda la fuerza del orden público francés si lo hará.

—Cooperaré pero prométanme que Adrien estará bien —Gabriel Agreste suplicó a regañadientes, pues sabía que si decía que no todos su planes se irían al demonio. Además él ya sabía cómo haría pagar al estúpido capitán y la insolente teniente.

—Lo tomaré Agreste, pero cuando llegué el momento vendré por ti. Además estoy seguro de que Emilie estaría muy avergonzada de ti —Saulo observó de forma despectiva al modista—. Iremos por Adrien y por el momento te dejaremos en paz, pero no te duermas en tu laureles porque vendré por ti, lo juro por mi palabra ante Dios y ante ti.

Tras eso el matrimonio se dirigió hacia la habitación del joven modelo, dejando a Gabriel Agreste bastante contrariado pero con una idea potencialmente peligrosa en su cabeza.

Volviendo a la actualidad

—¿Entonces mi padre pensó que sería lo mejor para mí sí me quedaba con ustedes? —preguntó Adrien bastante contrariado.

—Claro, y está dispuesto a enmendar su error... creo que eso debió contribuir que habláramos sobre Emilie —Sarah mintió sintiendo el corazón pesado, pero pensó que aún no era el momento de que supiera la verdad.

—Eso es bueno. Mi padre suele ablandarse un poco cuando recuerda cosas que él vivió con ella, espero que vuelva a ser el mismo que era cuando estaba mi madre.

Saulo observó con tristeza a su sobrino, pues le dolía mentirle y tristemente creía que Gabriel Agreste no volvería a ser el mismo de antes, pero no tuvo el valor necesario para comentarlo, pues había observado su expresión soñadora a través del retrovisor. Sarah notó eso y lo consoló hablándole al oído, recitando algunas palabras de aliento que ella sabía que funcionarían.

Cuando llegaron a la residencia Salazar-Boissieu, Adrien observó con atención cada detalle, aunque no era la primera vez que estaba ahí, pues ya había visitado el lugar siendo Chat Noir. Mientras Adrien seguía con lo suyo, Plagg salió flotando desde la camisa del joven modelo, observando con nostalgia el lugar.

Adrien siempre tuvo la duda de cómo fue que su kwami adquirió su obsesión con el camembert, el observó de reojo al kwami y pudo notar que este estaba observando el lugar con nostalgia.

—¿Conoces este lugar Plagg? —preguntó observando las fotos del lugar, hasta que se detuvo en una en la que estaban una joven rubia y de ojos verdes, vestida con ropa un tanto casual para la época en el que fue tomada, un hombre pelinegro y de ojos negros vestido como militar, y por ultimo estaba un joven pelinegro y de ojos de color café, vestido con una camisa blanca y un elegante pantalón negro en conjunto con unos tirantes. Las tres personas iban armadas; la joven llevaba un fusil Garand M1927, el joven llevaba un fusil MAS-36 y el que estaba vestido como militar llevaba un fusil Kar98k y en su espalda tenía una espada.

Adrien deparó en que Plagg también observaba la foto, más precisamente, observaba al joven que llevaba el MAS-36.

—¿Lo conoces Plagg?

—Él fue el que me presentó al amor de mi vida, él era el adicto al té de que te hablé —comentó el kwami de forma burlona pero que a su vez estaba cargado de nostalgia.

—¿Él fue tu anterior portador?

—Así es Adrien, él fue el anterior portador de Plagg... se llamaba Belmont d'Arc y fue mi mejor amigo —indico Annette mientras lo observaba con una cajita en sus manos, en la cual se encontraba el Miraculous del Dragón.