Capítulo 48: La Calma Antes de la Tempestad (El Festival Musical de París - Parte II)
Tras terminar el evento que Juleka y sus amigos había hecho, Peter y Marinette se dirigieron hacia la orilla del Río Sena, en un lugar algo alejado de sus amigos pero que sin embargo se podían distinguir a la distancia. Peter observó a su querida amiga iluminada por las luces de los fuegos artificiales. Se preguntó si era el momento pero sabía que nadie respondería por él, esa era una batalla que él tenía que pelear solo. Él se quedó viéndola para tomar valor pero le costaba bastante, era cómo si su antigua timidez quisiera volver.
Marinette observó a su amigo y se mordió su labio inferior, pensando que sería lo que él le comunicaría. Ella se recargó en el pequeño muro de la orilla y le sonrió.
—Yo... yo no sé por dónde empezar —Peter indicó con algo de vergüenza.
—Creo que lo mejor sería por el principio Pete —Marinette indicó de forma apacible.
—Tienes razón Mari.
Peter tomó valor y observó fijamente a su amiga, inhaló todo el aire que sus pulmones le permitieron solo para soltarlo lentamente. Marinette observaba con atención lo que estaba sucediendo, pues sabía que esto era aún más grande que sus sentimientos por Adrien aunque quisiera negarlo.
—Verás... cuando yo llegué aquí no sabía nada, ni siquiera si iba a funcionar el traductor que me dio el señor Stark. Yo llegué aquí con la esperanza de pasar desapercibido pero me encontré contigo en el parque en el primer día que estuve en la ciudad. Tu estabas haciendo un diseño que me pareció bonito, por lo que decidí elogiártelo ¿recuerdas?
Marinette esbozó una expresión alegre y sonrió de una manera que a Peter le pareció hermosa.
—Sí, lo recuerdo como si fuera ayer.
Peter asintió antes de continuar con su relato.
—Desde ese momento sentí que tú eras especial, que tú eras diferente a cualquier otra chica que hubiera conocido. Desde ese momento empecé a sentir algo pero no sabía que era exactamente, por lo que decidí callármelo.
—¿Por qué decidiste callártelo Pete? —Marinette preguntó interrumpiéndolo, pero Peter no se inmutó.
—Porque pensé... ¿qué tal si te equivocas y terminas perdiéndola? Al fin y al cabo eres el gran perdedor —Marinette quiso decir algo pero Peter no la dejó—. Pablo tuvo una charla conmigo sobre eso y trató de convencerme de hacerlo pero nunca encontraba el valor para hacerlo, al fin y al cabo siempre fui malo para este tipo de cosas. Con el paso del tiempo me fui dando cuenta de lo especial que eras, por lo que me propuse en ayudarte con Adrien pero no funcionó tan bien como quería. Así siguieron las cosas hasta que llegó el momento en el descubriste mi identidad secreta, y para serte sincero sentí mucho miedo en ese momento.
Marinette le puso una mano en su mejilla e hizo que la observara a los ojos.
—¿De qué tenías miedo?
Peter suspiró con pesadez pues nunca creyó decírselo a alguien, pero la ironía del destino hizo que terminara contándoselo a la persona involucrada en ese día.
—Tenía miedo a que te alejaras, a que te enfadaras conmigo por ocultarte ese secreto, a que me odiaras por no confiar en ti.
—Admito que si me enfadé un poco, pero después recapacité y me di cuenta de que era estúpido hacerlo. Más que nada fue por la sorpresa, pues no esperaba que Spider-Man entrara por la ventana de tu habitación solo para que se quitara la máscara y rebelara que eras tú —Marinette admitió, cosa que hizo que Peter sonriera con algo de diversión.
—Yo me propuse cuidarte cuando me di cuenta de que tú eras Ladybug. Y antes de que digas algo, no me propuse eso porque fueras débil, sino que fue porque quería estar a tu lado, porque quería que supieras que tienes a alguien en quien confiar —Peter confesó mientras se recargaba en la pequeña barda.
Marinette no supo que decir, solo atinó a tomar a Peter de la mano y a empezar a caminar. Ambos amigos iban caminando por la orilla del Río Sena, en donde podían vislumbrar los diferentes eventos del día de la música. Ambos se mantuvieron callados, como si no quisieran arruinar el momento, como el simple sonido de una palabra fuera a arruinar el momento. Peter no sabía hacia donde se dirigían pues solo se estaba dejando guiar por su amiga, pero a medida que avanzaban más se daba cuenta hacia donde lo estaba llevando.
—Aquí fue donde nos conocimos —pensó con sorpresa.
Marinette sostuvo la mano de su querido amigo.
—Tú eres alguien preciado para mi Pete. ¿Creerás que cuando descubrí tu identidad secreta pensé que te harías amigo de Chloé para despistar? —confesó con algo de vergüenza.
Peter rió sabiendo como era su amiga, la risa fue tan contagiosa que ella terminó riendo también. Peter observó la tersa piel de su amiga, sus bellos ojos, su linda cabellera y no pudo evitar suspirar con anhelo. Marinette notó cómo la estaba viendo Peter, por lo que esbozó una expresión coqueta en su rostro e hizo que él se sentara a su lado.
—Ya lo creo —Peter contestó mientras se acercaba lentamente a ella—. Yo no dudaría en arriesgarme por ti. Yo siempre te protegeré.
Marinette se sonrojó por la declaración de su amigo. Ella nunca creyó que llegaría a sentir algo más que una amistad por él pero en ese momento sentí como su corazón palpitaba como loco en su pecho, nunca creyó sentir eso por alguien que no fuera Adrien.
—Yo también te protegeré, ambos somos un equipo ¿recuerdas? —Marinette indicó con una sonrisa burlona.
—Claro... —Peter indicó antes de juntar sus labios con los de su querida amiga.
Ese hecho tomó por sorpresa a la peliazul. Lo que ella sintió en ese momento fue más intenso que lo que sintió cuando él la besó en la Torre Eiffel tras vencer a los hombres de Volk. Peter nunca pensó algo así pasaría, en especial desde el fiasco que tuvo en su relación con Liz después de meter a su padre en la cárcel. En ese instante todas sus dudas se fueron, él ya estaba listo y determinado a lo que iba a hacer.
Una vez que se separó de ella esbozó una tierna sonrisa y procedió a tomarle las manos.
—Ya es el momento Nathan —Dante indicó al ver que solo quedaban sus abuelos, Juleka, Anarka, Gabriel y Geroi e Irina.
Ambos chicos se acercaron al grupo y notaron que estaba hablando sobre algo. Más precisamente, sobre quiénes eran los padres de Gabriel.
—Mi nombre es Irina Dolohov y mi esposo se llama Geroi Salazar Villarán —Irina indicó con tranquilidad una vez que Anarka les cuestionó quiénes eran—. Somos los padres de Gabriel.
Una vez que los padres de Gabriel se presentaron Juleka les pidió permiso para decirle a su madre quienes eran exactamente y la procedencia de Gabriel, a lo cual, tanto Geroi como Irina no tuvieron más problema en decirle que sí. Anarka se sorprendió cuando Juleka le contó que Gabriel era el príncipe de Landavidis, por lo cual dedujo que la pareja que tenía en frente eran los mismísimos reyes de ese país. Ella iba a preguntar algo cuando de repente intervinieron Nathan y Dante. Juleka los reconoció como los primos de Pablo y Gabriel pero no contó con lo que sucedería más adelante. Saulo y Sarah ya sabían que iban a hacer y no evitaron que lo hicieran, es más, ellos los iban a apoyar en convencer a Geroi e Irina.
—Hola, Juleka —Dante saludó a su futura tía.
—Hola —ella respondió de forma tímida.
—Hay algo que Nathan quiere decirte pero no te preocupes, no es nada romántico o algo por el estilo.
Al decir eso, Dante se hizo a un lado para abrirle paso a Nathan, quien se veía algo retraído pero no demasiado, lo cual provocó que Juleka alzara una ceja por la curiosidad. Nathan observó a su futura madre, tomó valor, y procedió a empezar una charla que lo cambiaría para bien.
—Hola mamá, hay tantas cosas que quisiera hablar contigo y mi papá... aunque como diría Dante, primero hay que empezar con el principio.
Juleka observó con extrañeza al chico, pues tan solo la idea la hizo sentirse incómoda. Aunque, por otro lado, el color de sus ojos -ese peculiar color naranja- hizo que se replanteara si en algo tenía de razón. Por otra parte, tanto Anarka, como Geroi e Irina no se lo tomaron muy bien, por lo que Saulo y Sarah tuvieron que intervenir y apaciguar los ánimos pera evitar que el desgraciado de Hawk Moth akumatizara, ya sea a Anarka, o ya sean a Geroi o a Irina. Una vez que se calmaron los ánimos, Nathan pudo empezar a hablar nuevamente.
—Emmm se preguntarán, ¿Qué hago aquí? Pues la verdad es que vine del futuro. 27 años para ser exactos.
—¿Vinieron del futuro? Debes estar bromeando, no existe una manera de viajar en el tiempo —Respondió Geroi algo impresionado.
—No existe como tal, pero fue gracias a mi primo que estoy aquí.
—¿Pero cómo?
—Fue gracias a una habilidad del ojo ilusorio de mi primo.
Geroi Se quedó impresionado, pues no sabía de nadie que tuviera esa habilidad. Todo le pareció tan irreal, pero no sólo hay como tal, sino también a Irina y Anarka. Juleka no sabía qué pensar pues había visto lo que Pablo y Gabriel podrían hacer. Tanto Sara y Saulo sonrieron internamente, pues ellos habían tenido ese mismo pensamiento. Dante al ver en el apuro que se había metido su primo decidió intervenir.
—Me sorprende que no lo crea Majestad, o más bien debería decir, tío abuelo —sonrío con astucia a la vez su expresión confundida—. Usted sabe tanto del ojo ilusorio, pero a la vez no sabe lo que me pasó. Pues yo nací con él, y ese fue el motivo por el que me secuestraron antes de la guerra.
—¿Guerra? —preguntó Geroi sin comprender nada.
—Sí, guerra. Nathan se encargará de explicárselo más adelante —Dante respondió con algo de seriedad.
—¿Cuál es tu nombre muchacho? —Geroi preguntó con curiosidad.
—Me llamo Dante y seré el hijo de Pablo, su sobrino.
Juleka observó a Nathan con curiosidad y sintió lo mismo que había sentido cuando él la salvó de esa akumatizada y no pudo evitar preguntarse, ¿por qué me había mentido? pero cuando lo pensó más detenidamente se dio cuenta que ella no le había creído en primer lugar.
—Disculpa Nathan. ¿Pero qué es lo que quieres hablar con nosotros? —ella preguntó con algo de timidez.
—Hay tantas cosas que quisiera hablar contigo, con mi papá, con mis abuelos. Son tantas cosas de las que quiero hablar, que no sé por dónde empezar —Nathan respondió con algo de seguridad.
Anarka estaba impasible, pues no comprendía nada de que estaba ocurriendo. Para ella todo eso es tan extraño, tan irreal, como el hecho de que su hija se hiciera amiga del príncipe de Landavidis. Nathan notó eso, por lo que se acercó a ella para hablar de algunas cosas de manera privada para poder tranquilizarla. Juleka se mostró un poco más tranquila, pues al menos sabía que su madre podría ser alguien muy racional a pesar de no ser muy muy fanática de las reglas. Nathan hablo sobre cosas que solo ella conocía. Ella se sorprendió por ese hecho, pues ni siquiera Juleka sabía nada de eso. Nathan le explicó que ella se lo había dicho una vez que sus padres le habían dejado con ella. Y también que ella le había dicho que él era su nieto favorito.
—Primero voy a empezar con lo que le ocurre a mi papá —él indicó con una expresión apagada.
—¿Qué le pasó a él? Dime que está bien, por favor —Juleka le suplicó con algo de preocupación.
—Cuando Dante y yo nos venimos él estaba bien. Demasiado bien, diría yo —Nathan indicó con algo de tranquilidad—. Pero cuando yo y mi hermana éramos más pequeños él estaba en coma.
Geroi e Irina se preocuparon, pues pensaron que algo horrible le debió haber pasado a su pequeño para que terminara así. Geroi pensó que tal vez la guerra que Dante le había mencionado tuvo algo que ver. Dante observó con pena a ambos monarcas pero sabía que Nathan debía hacerlo -no por jactarse o por gusto personal- porque él debía dar información, pues él sabía algo que Nathan no.
—¿Qué sucedió para que terminara así? —Geroi preguntó con una expresión seria.
—Verás abuelo... mi papá se encontraba dando un recorrido en compañía de mi tío Pablo en Henacipla tras varios días de duro combate. Él se encontraba charlando con él porque mi tío quería hacer que se tranquilizara, pues tú habías muerto en compañía de mi bisabuelo Saúl y de mi tío Harcos —Nathan contó algo nervioso.
Geroi se encontraba anonadado, para él era algo complicado digerir el hecho que iba a morir en compañía de su padre y de su tío. Irina le puso una mano en el hombro y le dirigió una mirada tranquilizadora. Él respiró profundamente, y procedió a observar a Nathan con la misma expresión seria que tenía antes.
—¿Cómo morí? —preguntó con bastante franqueza.
Nathan tartamudeó un par de veces antes de responder.
—Tú te encontrabas con mi bisabuelo y ambos le dijeron a todas las tropas que emprendieran una retirada mientras ustedes distraían a los invasores. Mi abuelo Saúl fue el primero en caer tras haber arrasado con varias unidades mecanizadas con la ayuda de un RPG. Luego cayó mi tío Harcos, él murió combatiendo al comandante en jefe de los americanos, Ernesto Venegas. Y por último caíste tú, después de haber arrasado con alrededor de 250 hombres de infantería con la ayuda de un STR, el STR que le perteneció a mi tío Saulo —Nathan narró con pesar.
—Si yo morí, eso quiere decir que Gabriel se convertiría en el siguiente rey —Geroi indicó mientras tenía una de sus manos en la barbilla.
—Sí, pero mientras hacían el recorrido un francotirador le iba a disparar a mi tío Pablo, fue entonces que mi papá lo cubrió con su cuerpo. Según lo que él me contó una vez, él pensó que moriría y fue cuando él le dijo a mi tío que se convertiría en el siguiente rey.
Gabriel estaba muy callado, pues él ya sabía eso. Incluso se dio cuenta que eso fue lo que Pablo les contó el día que estaban hablando sobre los sueños que habían tenido. Juleka le sujetó el brazo e hizo que la observara. Gabriel sonrió para sus adentros, él sabía que ambos habían cambiado en todo el transcurso de su estancia en la ciudad. Ella estaba preocupada, él sabía eso, ella estaba preocupada por lo que sucedería más adelante.
—¿Y cuándo fue que volvió? —Geroi preguntó con un tono de voz bajo pero firme.
—Fue después de que mi tío y mi mamá hicieron un ritual, ese ritual expulsó lo que sea que lo mantenía así —Nathan hizo una pausa para tomar aire—. Yo y mi hermana teníamos 13 años cuando él salió del coma.
Tras terminar el relato Geroi no tenía más preguntas, simplemente se retiró para pensar mejor las cosas. Nathan se acercó a sus futuros padres y tomó el hombro de Gabriel.
—Papá, júrame por lo que más quieras que en caso de estalle la guerra siempre llevarás puesto un chaleco nivel 8-SB —le hizo jurar con una expresión bastante triste.
—Te lo juro hijo —Gabriel le aseguró, sabiendo cual chaleco era.
Nathan posteriormente carraspeó y fue hacia donde estaban Anarka e Irina. Saulo le dirigió una mirada a Sarah y ésta asintió antes de ir hacia donde estaba Nathan. Tras despedirse de su esposa, rápidamente fue hasta estaba donde estaba su primo. Geroi se encontraba bastante abatido, saber todo eso fue duro para él, incluyendo el hecho de que no estaría ahí para proteger a su hijo. Geroi le contó todo su pesar, a lo que él solo mantuvo silencio. Una vez que él terminó, Saulo le dijo todo lo que Dante le había contado sobre su futuro, incluyendo el cómo moriría y tras terminar le dijo que estaban haciendo todo lo posible para que eso no ocurriera, para que la guerra nunca ocurriera.
Anarka nunca pensó que Luka tendría una especie de entrenamiento militar, pues ella sabía cómo era su hijo; un alma libre. En ese instante le vino el recuerdo de su difunto esposo, alguien capaz de sacrificar lo que más ama con tal de proteger a sus seres queridos. Irina se sorprendió cuando le contó varias cosas sobre las precauciones que debía tomar, también que Geroi se despidió de ella a través de una carta, en la cual él le expresó todo lo que le había dicho cuando la conoció en Estonia. Nathan los reunió a todos de nuevo para seguir dando información importante, la cual debían grabar a fuego en su cabeza.
—Saulo, quiero que mañana vayan a por Kingpin y que le apliquen la directiva CTN-027. Después de eso quiero que vayan por Gabriel Agreste para arrestarlo y juzgarlo en Landavidis por terrorismo —Geroi indicó con una voz firme y autoritaria.
—También quería hablarte de eso —Saulo esbozó una sonrisa depredadora en respuesta a la indicación de su primo—. Mañana a las 2300 va a iniciar el operativo en Neuilly-sur-Seine, al parecer ese hijo de perra tomó control de la ciudad como en Santa Rosa hace un año.
Unos minutos después Geroi fue hacia donde estaba su esposa, su hijo, su nieto y todos los demás. Saulo se reunió con Sarah para hablar un rato con ella.
—¿Entonces Geroi e Irina se quedarán hasta pasado mañana? —Sarah pregunto con bastante curiosidad.
—Sí, ellos quieren pasar un tiempo de calidad con Gabriel y conocer bien a sus amigos —Saulo contestó con una sonrisa en su rostro—. ¿Y cómo le fue a Rafael con su torneo de duelo?
Sarah sonrió con diversión y negó con la cabeza, consciente de que había ganado por lo menos 350 Reales.
—Le fue muy bien, es una pena para Ron que haya subestimado a su primo mayor.
—Me lamento por él pero se lo buscó al apostarte.
Tras decir eso, Saulo le preguntó que si cuánto tiempo más Rafael se iba a quedar. Sarah suspiró sospechando más o menos las intenciones de su esposo. Ella le respondió que se iba a quedar unos cuatro días más por sugerencia de Amelia en colaboración con Mía, a lo cual, él no pudo negarse. Saulo respondió que eso era perfecto, porque necesitaría de su ayuda para el día siguiente. La teniente le observó con extrañeza sobre el porqué de necesitar su ayuda, a lo cual él le indicó que mañana terminarían con lo de Kingpin y que para pasado arrestarían a Gabriel Agreste.
—Entonces, pasado mañana podré darte una gran noticia —ella comentó contenta.
—¿No podría ser hoy o mañana? —Saulo le preguntó de varias formas a su esposa, solo para no tener éxito.
—No, solo te lo diré pasado mañana.
Saulo hizo un intento de puchero para convencerla pero al no tener experiencia con eso, falló estrepitosamente.
—¿Entonces, quieres salir conmigo Mari? —Peter preguntó con bastante nerviosismo.
—Creo que valdrá la pena intentarlo, claro que quiero salir contigo Peter —Marinette declaró muy contenta pero igual de nerviosa que su amigo, ahora novio. También estaba el hecho que se dio cuenta de que lo que sentía por Adrien no era amor, sino que era obsesión.
Ambos no sabían lo que estaba por venir...
