Trilogía
Amores Inesperados
I
Buscando Amor
Por Mayra Exitosa
Capítulo I
Elroy y la maldición de los Andrew
En el pasado la mujer era parte de un comercio quizás ser pieza fundamental de una transacción, pero no para la familia Andrew, ahí la mujer era una combinación de liderazgo discreto, poseían estudios en todos los sentidos para apoyar fervientemente a su pareja, conocían el poder tras un hombre, la mujer Andrew era de quien por instinto de supervivencia se debía cuidar, custodiar a su dama era una cualidad con la que desde infantes se les inculcaba, gracias a su encanto natural las féminas podían llegar a realizar maravillas en los negocios, también obtener un buen matrimonio si lo elegían con la cabeza y no con el corazón, así una unión conveniente para la familia era ser y formar parte de ella, el amor que ellas profesaban cuando formaban unidad con sus parejas era tal que apenas aceptaban los tratos ellas al ser quienes aceptaban de buena manera, las adoraban por solo brindar seguridad con su palabra, que para una Andrew eso era su sagrada ley.
Los Andrew tenían un poder cultural que se les daba como si este fuera heredado por sangre. Las mujeres siempre tuvieron una gran parte de la historia en sus manos, desde los comienzos de la familia en Escocia de donde originalmente iniciaron y que con sus firmes raíces era la base de los valores, la lealtad y el honor, por lo que los Andrew nacían de mujeres fuertes, poderosas, sobre todo de bellezas únicas y genuinas.
En Lakewood, mansión Andrew desde hacía años adquirida por la familia, una dama de unos treinta y tantos años de cabello obscuro, con cierta rigidez en su rostro, nostálgica meditaba sentada en su silla, viendo hacia los valiosos ventanales que podían dejarle de fondo el bosque llevándola en sus cavilaciones a sus remembranzas, los jardines y todo aquello que la hizo la mujer más feliz luego de llegar a américa y rehacer su vida como una joven prominente, con una herencia que cada día crecía como la espuma. Rememoraba la alegría de tener a su hermano Wallace,
- ¡Ah! - ¡Espera Elroy! no te vayas a caer preciosa. - Desconfías de mi Wallace, no sabes como puede una mujer de menor peso darle velocidad a un corcel. La sonrisa de Elroy era la alegría de su hermano, verla tan ligera y segura en lomos del caballo lo hacía sentir el hombre más feliz, su pequeña hermanita sería una dama capaz de domar a un corcel si se lo propusiera.
Un suspiro y esos recuerdos hacían que Elroy recordara cómo había tanto pasado familiar, historias escondidas tras esas paredes y sobre todo familia por añorar, cada miembro del Clan le daba un paseo mental por los jardines de la mansión, con solo cerrar sus ojos podía visualizarse en otra época y cada que caminaba por los pasillos ir viendo las pinturas de quienes fueron un día personas que estuvieron a su lado, recordaba a sus amorosos padres, había tenido una familia hermosa en otro continente, con un abolengo consanguíneo generoso, porque se destacaba de grandes líderes y ella siempre anhelaba ser una, su ambición no tenía limites en aquel tiempo, una ráfaga de viento la hacía sonreír y recapitulaba pensando que tal vez si los tenía, su hermano Wallace había sido siempre su límite, era un hombre ágil, impulsivo, libre y sabía que en él había algo que nadie de la familia tenía, no solo la belleza de un hombre auténtico y atractivo sino también la astucia al ser un ser envidiado por otros, todas las damas darían lo que fuera por una sola de sus miradas azueles, parecía romper corazones solo con su presencia, recordaba como su amigo entrañable aun siendo mayor que el por diez años no se le notaban al ser Wallace tan alto y que poseía en su rostro una madurez que lo hacía verse interesante aunque era joven, su amigo Walter sonreía porque no podía evitar que las damas suspiraran y desearan solo unas palabras de él, más que un galán en el teatro, Wallace, era el hombre apasionado y traía a todas las mujeres deseosas de que William VI su padre, lo obligara a casarse con una de ellas, había tenido tórridos romances, era apasionado, poseía un cuerpo alto y esbelto resaltaba e imponía con su simple llegada, solo había una cualidad más distinguida en él, no creía en el matrimonio, lo consideraba la cárcel de toda la libertad y pasión. Se le conocía que al lugar que fuera siempre tenía amoríos con las mujeres que lo intentaban seducir, el no se comprometía en nada, lo evitaba como parte de su naturaleza.
Elroy era la cuarta descendiente hija de William Andrew VI, cuando William VII, Wallace y Marie eran sus tres hermanos mayores, a quienes no podía sino admirar en todos los sentidos. Había nacido en 1851 y su hermano mayor le llevaba dieciséis años, su padre desde muy joven fue casado de manera obligada para tener herederos al Clan y así había cumplido con sus hijos mayores.
Para ella recordar a Wallace era revivir su libertad, aplomo y más que eso, sus convicciones acertadas que parecían convencerla de vez en cuando, al verlo en la pintura que yacía en uno de los pasillos de la mansión, pasaba por su mente viajara hasta aquellos bellos recuerdos cuando se encontraba comentando que el amor no se medía en los brazos de una mujer, sino en la vida que llevases día a día, frente al mundo con la cara radiante de orgullo porque has hecho algo mejor que dedicarte a una familia, para él era hacer grandes negocios y poseer territorios no solo en Europa, sino en América, donde su padre William VI ya había iniciado las inversiones más grandes de toda la familia al fundar los Bancos Andrew en gran parte del país norteamericano y Wallace sería el directivo que a pesar de todas las dificultades el aseguraba que sacaría adelante naciones y países enteros. Elroy compartía ese sentimiento con él porque ante sus ojos su hermano era tan diferente a cualquier Andrew, ella era su hermanita menor, apenas resaltaba un poco, pero copiaba e imitaba a Wallace porque quería gozar esa libertad que él siempre confirmaba, lo imitaba en muchas cosas que ella pudiera intentar, con tal de sentir lo que su hermano la hacía meditar constantemente en sus palabras.
Walter Montgomery, el mejor amigo de Wallace, se había enamorado irremediablemente apenas había visto a su hermana mayor Marie, quien poseía una belleza diferente a la de ella, era blanca y de cabello rubio castaño lacio, con una nariz respingada y su rostro alargado ovalado, así Walter había rechazado la posibilidad de libertad que le vendía con sus palabras su casi hermano entrañable Wallace, porque Marie arrancaba el corazón de un solo tajo con su mirada celeste que poseía al igual que Wallace, su belleza nívea, distinta completamente a la estilizada Elroy que era pequeña de cabello castaño obscuro, de piel trigueña y mirada marrón tal como su padre y su hermano mayor William VII, ambos poseedores según su madre de mayor inteligencia y perspicacia en los negocios, tal como su Padre, eso lo aseguraba constantemente.
En ese tiempo Walter era un hombre mayor, tendría casi treinta años, mientras Elroy era una niña de diez años, con una hermana joven pero ya en edad casadera, ella pronto la alcanzaría, ya que todas las mujeres se casaban siendo apenas señoritas de presentación y listas para el matrimonio. Los hombres recorrían mundo y las mujeres apenas llegaban a la adolescencia eran casadas y entregadas a un hombre que viera por ellas tras una dote, una negociación o mejor todavía una inversión con más poder de capitalización y fondos para incrementar los negocios.
William Andrew VI contento por el interés de Walter en Marie, prestigiaba buenos augurios ya que su futuro yerno poseía ingresos exuberantes, además de nobleza de ascendencia en su sangre, por tener en su haber título nobiliario Duque de Stanford, heredado por su familia, sería el primero de muchos futuros Andrew, al aceptarlo como parte de la familia. Elroy recordaba como su padre y sus hermanos lo habían recibido con los brazos abiertos, ella sentía un amor por él como un hermano al casarse con Marie y a ella la miraba como su hermanita pequeña a la que pronto tendría el privilegio de casar con alguien que valiera la pena para unirse a todos los hombres importantes de la familia, pero en ese tiempo Elroy se congelaba al escuchar aquella mujer, que le puso la piel erizada ante ese comentario tan horrible y acercado a la realidad.
- Walter hijo, esta familia esta maldita, puedes casarte con quien quieras, ¿Por qué no elegir a otra mujer?, los Andrew no son buenos, todos huelen a muerte. Elroy se quedaba en silencio sin salir del pasillo por el que se había detenido para ingresar al salón donde se encontraba la familia de su futuro cuñado Walter, quien era hijo de padre norte americano y madre inglesa. Su cuñado silenciaba a su madre y refutaba, - Mamá siempre creyendo en tonterías, si Marie me rechazara, no querría a ninguna otra mujer. Aseguraba Walter con una pasión exagerada, como si no hubiese mujer en la tierra que pudiera existir que no fuera su hermana.
Marie apenas era una señorita alta y delgada, con apenas quince años ya estaba siendo comprometida. Sin embargo, esa mujer de cabellos blancos y mirada exigente era por mucho una mujer noble que había heredado un título y ahora lo poseía su hijo Walter, - Hijo me huele a problemas, esta familia tendrá mucho dinero, pero todavía no ha podido ahuyentar esa dichosa maldición en la que los hombres de esta familia heredan, pues ningún descendiente pasa la edad de la vejez. - Estas mal informada, verás que todos llegaremos a ser unos prominentes ancianos y me encargaré de que Fran Mc Coy conozca a Elroy, la hermanita de Marie, seremos una familia poderosa y Wallace es un genio en los negocios. La madre de Walter con cierta sorna confirmaba, - El único genio que conozco en esta familia es a William Andrew VII el hijo mayor, pero ni eso hará que la maldición de esta familia deje en paz a mis futuros nietos, nos estas condenando a todos, eres el único hijo que tengo, aléjate de ellos, todos están predestinados a morir, ningún hombre de esta familia ha rebasado los cuarenta años.
Elroy se regresaba por el pasillo ya no quería seguir escuchando a la madre de su cuñado, iba hasta sus libros familiares, se hallaba muy segura de que esa mujer se equivocaba, sus antepasados tenían pinturas e imágenes de cuando eran ancianos, ella estaba mintiéndole a Walter, todavía se encontraba pensando en presentar a un conocido para casarla con ella, leía el libro y en los últimos años, ningún hombre de la familia pasaba de cierta edad, William cuarto había fallecido a la edad de treinta y cinco, luego William quinto a la edad de veintiocho, su padre tenía treinta y nueve, se había casado joven con su madre por ser el heredero familiar y los había tenido a los cuatro hijos, dos hombres y luego dos mujeres, donde era todavía muy joven para saber si había una maldición en la familia o no.
Con el tiempo en su contra y una enfermedad en Europa, su padre moriría ese año en el que apenas había casado a Marie y la madre de Walter quien era una anciana mayor también había fallecido, ambos por la gripe.
Continuará...
Deseando sea de su agrado, Esta historia se irán actualizando semanalmente hasta finalizar.
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Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
