Tetralogía

Highlanders

Por Mayra Exitosa

Un escocés en primavera

Prologo

La historia es ficticia, los personajes de Candy Candy son moldeados a la historia y no poseen los caracteres que se les conoce con originalidad. Estamos suponiendo un año eventual en el que Escocia aun no era parte de Gran Bretaña, una época en la que los Clanes se disputaban tierras y legados, en los que las batallas extremas y quienes perdían podían llegar a ser vendidas como esclavas, si no juraban lealtad a un Clan, así como un tiempo alterno para los fines de fantasía e historia. Los Clanes no se manejan con apego a la realidad a los nombres, son completamente alternos, si algunas situaciones se parecen a la historia será solamente coincidencia.

Los clanes se establecieron en territorios determinados por los hombres del lugar que decidieron aceptar la autoridad del grupo dominante en las cercanías. Tomando el nombre del clan como el de todos los que vivían dentro de estas tierras. Se consideraba que los clanes eran una incorporación a la nobleza, pues las armas portadas por un jefe del clan las concedía o las reconocía lord Lyon como representante de la Corona, otorgándole por tanto el reconocimiento del rey al clan al completo. A los clanes con jefes reconocidos se les considera, por tanto, una comunidad de la nobleza según las leyes escocesas. De la misma manera, un grupo sin jefe reconocido por el soberano no disfruta de reconocimiento oficial según estas leyes. Se espera de aquellos que se postulen como jefe del clan que los reconozca como herederos de pleno derecho ante las armas del antepasado del clan de quien el postulante busca que se le reconozca como jefe. Un jefe del clan es la única persona con la potestad de portar las armas del antepasado fundador de este. Se considera al clan como heredad del jefe y su escudo de armas es el blasón del clan como sociedad nobiliaria. Según las leyes escocesas se reconoce al jefe del clan como su dirigente y sirve como representante legítimo de su comunidad.

Los clanes terminaban por estar compuestos por un gran número de miembros sin relación de sangre entre ellos y con distintos apellidos. Aquellos que vivían en las propiedades de jefe acababan por adoptar el apellido del clan; también era habitual que el jefe aceptara adoptar a otras familias, derecho que también le permitía exiliar a cualquiera, incluidos los miembros de su propia familia. Se considera automáticamente que cualquiera que lleve el apellido del jefe es miembro de su clan, pertenencia que también se otorga a quien jure lealtad a dicho jefe a menos que este decida no aceptarla. La pertenencia al clan se transfiere mediante el apellido, a excepción cuando una mujer casada toma como suyo el apellido de su marido y se lo transmite a sus hijos. Los niños que reciben el apellido de su padre forman parte del clan de este y no del de la madre. A pesar de esto se ha dado un notable número de casos en los que un descendiente por línea materna cambia su apellido para poder reclamar la jefatura de un clan.

Capítulo 1

El hijo del Laird

Desde los comienzos de los clanes escoceses, su elite guerrera, conocida como los fine, había peleado por convertirse en terratenientes además de señores guerreros territoriales, de ahí la importancia de las leyes escocesas de los clanes al establecer que se le concedieran títulos de propiedad a los fine y al asegurar la continuidad de la sucesión hereditaria, existía una vinculación eran las alianzas matrimoniales, que reforzaban los lazos con los clanes vecinos además de con familias dentro del territorio del clan. Estas alianzas mediante matrimonio eran también un contrato comercial que incluía el intercambio de ganado, dinero y tierras mediante pagos o dotes en el caso de la novia.

Un par de hombres mayores tomaban su copa sentados en el gran salón del castillo del Clan Mc Brown, uno de los más prestigiados por su gente, su riqueza y poderío, el castillo era una belleza para todo aquel que pertenecía a dicho clan, vivir y ser parte de este era algo que agradecían, sus murallas altísimas y la preciosa fortaleza daba la sensación de ser protegido de todo mientras estuvieras dentro, así las familias que pertenecían al clan disfrutaban de esa seguridad proliferándose en pequeños nuevos miembros. En la Escocia de 1820 se disfrutaba del honor de algunos jefes guerreros y este era el caso de Andreas quien hablaba con Vicent el jefe del Clan de una situación de su vida, al haberse robado hacía muchos años a su mujer de Gran Bretaña, tendría el karma que pagar y su preciosa hija Sara fue casada con un inglés ladino que se colara por esas tierras y apreciara la belleza de su hija, eso ya hacía mucho tiempo por lo que contaba la historia solo como remembranza y Vicent escuchaba a su jefe de guerreros ya retirado, para ayudarlo a sufrir menos al beber del whisky del que eran merecedores.

- Vamos amigo, ya lo hecho, hecho está, tengo entendido que tu hija ya le dio dos hijos a ese hombre y es feliz. - Si mi Laird, vaya que es feliz que no ha regresado, pero tengo un pendiente, de mis dos nietos, un varón que ya goza de los placeres de ser aceptado en aquellas tierras, más mi nieta tiene el aire de mi madre, es pelirroja y allá las consideran mujeres de todos, hechiceras y hasta la tachan de ser una mujer sin honor, así que me la han enviado a mi clan y ahora yace en mi casa sin salir, temerosa de que la juzguen por esas horribles palabras. - ¡No puede ser!

Vicent se negaba si algo proliferaba en Escocia eran las bellezas pelirrojas de sus mujeres y algunos varones, jamás se les hubiera imaginado que para esas tierras no aceptaran a una mujer tan bella. De solo recordar a su hermosa esposa que ya gozaba de los placeres de vivir en el paraíso, habiéndole dejado a su heredero, pues Rosemary era la reencarnación de una Diosa pagana, rubia y divina, había cedido su belleza genuina a su único hijo, que al complicarse pasado el parto su salud se vio desmejorada y ni con todos los curanderos y matasanos de la región evitaron que el gran Dios de los cielos se la llevara. Sin pensar más se tomaba de una, el botecito de whiskey celebrando que Andreas Mc Brown haya traído a sus tierras a una dama bella.

Lejos de ahí, corriendo por los bosques, Anthony Mc Brown correteaba a una mujer a la que ayudaba a bajar de un árbol seco leños, la viuda Sheena era pequeña y menuda, siempre atendía a los jóvenes guerreros que pedían algo de beber en su taberna, solo que algunos se pasaban en tocarla y darle buenas cobijadas, al haber perdido hacía años a su marido y dejarla encargada de su deber, entregar a todos los hombres de beber. Sheena había salido a buscar leños y tenía una carriola de maderos para trasladarlos, pero alguien la había descubierto y ahora sabían cómo ella arrojaba un lazo y jalaba las ramas de los árboles secos para juntar más rápido los leños.

El travieso heredero hijo del Laird del Clan, la había descubierto y al lazar una gruesa rama, la ataba de brazos y cintura, cobijándola con su cuerpo y besando sus orejas y cuello, - ¡Te atrape! Si me dejas ayudarte, solo será algo rápido, - ¡Eres un travieso Kelipe! ¿Me harás pagar lo que provoque hace seis noches? - ¡Lo recuerdas! Me disté un masaje entre las piernas y no pude salir bien librado de esa ocasión, pero no te hare eso, solo te daré lo que buscas de mi desde hace tiempo, ya sé que a todos los traes locos en la taberna, que sales temprano para no ser vista, así continuar con tu rutina de darle a todos alborotes y solo a unos cuantos los pasas para darles servicio completo tras la barra. Ella cerraba los ojos al sentirse descubierta, el tremendo Eanraig se había colado por lo bajo del mostrador mientras ella servía y le levantaba las faldas, luego le hacía con su boca que ella se desequilibrara, ahora todos esos traviesos hombres que antes eran unos jóvenes se vengaban con ella por darle preferencias a unos y no a todos, lo cierto es que ella lo disfrutaba, no podía tener hijos, pero amantes de todas las tallas le llegaban.

El listo hijo del Larid, parecía haber tomado a mal el masaje manual que le había dado una noche mientras estaba bebido, el muy condenado se hacía el ebrio, y ahora todo lo recordaba le ataba de la cintura y los brazos con las enaguas y ahí con sus dedos le hacía estragos como lo había hecho ella cuando lo había creído dormido, el muy listo la había atrapado, era de madrugada cuando se había escapado a traer suficientes leños, resultaba que el apenas llegaba de sus andadas cuando la había visto salir, ahora ya era un hombre fuerte, musculoso y le estaba provocando cosas que vaya que dominaba con maestría, sus dedos le hacían lo que otros años no podía creer y llegar a tales cosas entre la obscuridad del bosque, para que el hombre solo se levantara el kilt y le diera empujones que la mecían de los lazos donde colaba, ahora se empotraba en ella al ir y venir columpiada de las ramas cada que hasta él llegaba luego de pasear colgada en esos lazos y ver que el madero era muy grueso y no se soltaba. El muy ladino jugaba y se dio un buen revuelo, para finalizar dándole con todo recargándola en el árbol y dándole sus embestidas tan fuertes que ni el Dios Eros sabría que ese muchacho le había aprendido esas mañas.

Se seguía así no solo tres o más veces porque perdió la cuenta, el hombre tenía un aguante que no conocía, ella estaba deshecha de las ocasiones que ya había alcanzado su máximo y el brioso heredero si era venganza tenía sabor a premio, porque le dio masaje no solo entre sus piernas sino a sus pechos y a su cuerpo entero. La viuda estaba feliz al sentir que después de ver salir el sol ya el hombre había culminado por fin.

Al joven hacendoso, juntaba los leños, gustoso y la subía a ella encima de todos esos troncos, llevándose la carriola hasta la taberna donde sin que lo vieran la dejaba bajo el techo trasero de su casa y ella agotada solo levantaba una mano y movía levemente unos dedos diciéndole adiós al bendito hombre que le había dado el mejor, buenos días que había recibido en toda su preciada existencia.

Vicent lucía orgulloso de su hijo, se había excedido en fortaleza, habiendo sido un niño debilucho ahora era el mejor de sus guerreros y sabía blandir la espada y también otras cosas que le había heredado, al haber perdido a su madre, el Laird del clan Mc Brown, gozaba de una mujer que lo atendía a todas horas, el niño fue cuidado por ella, ahora hecho un hombre, sabía que Ayla era la mujer que lo cuidaba y su madre había fallecido cuando era pequeño dejándolos solos a ambos y él ya no se había vuelto a casar, teniendo su edad tan avanzada, lo que era tener un heredero era lo ideal.

El joven era un hombre letal a la hora de pelear, se defendía y sabía que algún día podían retarlo a vencer para quitarle su lugar como el fututo jefe del Clan, de pequeño había sufrido los desaires de todos los altos y fuertes hijos de los otros guerreros, mientras que su padre lo protegía por ser débil y delgado, más ahora se había esforzado y sabía que no había uno solo del Clan que pudiera desafiarlo sin salir mal parado. Había otros que lo superaban pero ellos pertenecían a su propio Clan y aunque eran familia, no se retaban entre los mismos, solo entrenaban y ahí siempre había salido doblando la rodilla porque no quería lastimar a los suyos, sus primos Alistar y Archivald eran más delgados pero tenían otras habilidades y ni qué decir del hermano de su madre, que ocultaba su fortaleza en esa amabilidad que mostraba ante todos, siempre bien portado, sin mostrar a la verdadera fiera que en una pelea no podía dar tregua cuando ya lo habían comenzado y lo había visto en acción que para defender no había quien le ganara, por lo que su altura y su cuerpo completo le beneficiaba a la hora de un ataque, siempre salía vencedor y a la fecha no le conocía un desafiante sobreviviente.

Su padre se preocupaba siempre por verlo sentar cabeza, ya era tiempo y muchos de los hombres de su edad ya tenían familia, más él deseaba encontrar a una mujer como su madre, un ángel de mirada radiante, que pudiera provocar en él no querer a otra mujer jamás, mientras tanto gozaba de los placeres que damiselas viudas o dedicadas a los menesteres de tener hombres cautivos y complacidos con sus artes amatorias dieran calma a su tan habido cuerpo que ansiaba a su mujer, mientras ensayaba con las que se podía y vencía ese deseo enorme de encontrar a la perfecta dama que sería su compañera de vida.

CONTINUARA...


El comienzo de una nueva historia, que trae un enlace diferente, esperando sea de su agrado

y la puedan comentar al leer, me interesan muchos sus puntos de vista

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa