*ADVERTENCIA POR TEMAS DE ABUSO EN EL CAPÍTULO, TE PIDO QUE SI ERES SENSIBLE A ESTE TEMA SALTES EL CAPÍTULO. HABRÁ UN RESUMEN EN EL CAPÍTULO 3 SIN ESTE CONTENIDO*
Después de la cena mi nuevo jefe me pidió que le llamara por su nombre mientras me tomaba por el brazo
-Esta casa es lo que resta de la familia Hatra. La guerra se lo llevó todo, Enyd- negó lentamente- todos mis sobrinos murieron, ellos son los que deberían de haber traído gloria de regreso a estas tierras, pero murieron defendiendo a unos patéticos mortales.
Esas eran las primeras palabras desagradables que escuchaba de aquel hombre, pero al ver su semblante y sus ojos cristalinos, decidí no decir nada.
-Claro que no te pediré que concuerdes, niña. Sé que eres la mezcla de ambas especies, pero a juzgar por esa cicatriz en tu hombro, no creo que te queden muchas ganas de defenderles- no respondí, solo pase un trago amargo por mi garganta- eso pensé, las heridas de fresno pueden sanar, pero siempre dejan marca.
-No hay un lugar en el que encaje- me aventure a decir- el muro pudo haber caído hace 100 años, pero ningún lado parece amable con el otro, solo esperando a que algo malo pase y por siempre, los que son como yo, quedaremos en medio, para ayudar a desahogar esos viejos prejuicios.
-Te diré, una cosa. En esta casa, tu parte mortal no importará, así fuera una sola gota de sangre fae que estuviera en tus venas, no vale la pena desperdiciarla.
Sonreí y llegamos a la habitación que debía compartir con Lynette.
-Espero que te quedes con nosotros por mucho tiempo, Enyd- Fue lo último que dijo. No me gustaba la manera en la que decía mi nombre o en la que tomaba mi brazo, casi demasiado fuerte. Pero no podía dejar que mi mente me jugara de esa manera, la actitud y palabras de Lin son corteses y amables.
Entré a la habitación, era pequeña como todos los cuartos de servicio en las casas. De paredes pintadas de rosa, con dos camas, dos roperos y dos burós. No había manera de saber que alguien más ocupaba la habitación, no había dibujos, zapatos o prendas. Todo estaba bien ordenado.
Lynette no tardó en entrar a la habitación, sin querer mirarme directamente y tomó la cama del fondo. Eso dejaba la que estaba cerca de la puerta. Dejé la poca ropa que tenía todavía en el ropero y saqué la rosa blanca del bolso.
De todo el tiempo que había estado conmigo, nunca la había visto tan opaca, pero seguía siendo hermosa. El hechizo que la mantenía con vida debía provenir de la corte de la primavera y ahora, aunque estaba justo a unas pocas millas de ella, ya no era su hogar.
Lynette, miró curiosa la rosa. Pero no preguntó nada, solo apagó su vela y se acostó a dormir.
Al día siguiente me levanté antes del amanecer, para preparar el desayuno. En otra pequeña nota estaba el menú de todos los días, supongo que Lin o el mayordomo se habían tomado la molestia de poner la agenda de la semana.
Entre fogones y compota de frutas, terminé.
-El desayuno se sirve en el jardín- me orientó Lynette y la seguí hacia una pequeña mesa en la parte posterior.
El jardín no contenía flores o estaba ordenado de manera ostentosa como las casas de los Lords de la primavera, aquí solo era pastizal verde que se topaba con rocosas montañas.
-¿Qué más podría pedir un hombre en esta vida?- Escuché al señor Lin decir- Más que estas dos bellas joyas que me sirven el desayuno.
-Buen día, Señor- Sonreí y entré de vuelta a la casa. Al mirar hacia atrás vi como Lynette miraba hacia mí, con ojos bien abiertos y como a punto de decir algo. Pero al chocar con el mayordomo no tuve oportunidad de regresar, ya que el solo salió y le pidió a la chica que entrara a mostrarme dónde estaba el mercado local, para comprar todo lo necesario de la semana.
A pesar del tono cortante en que se lo ordenó, pude ver como Lynette sonreía débilmente.
El mercado era bullicioso y había algunos niños corriendo entre los puestos. Aquí, la tímida Lynette era saludada por todos y ella sorprendentemente contestó con gran entusiasmo, platicaba y preguntaba por las demás doncellas que no estaban presentes, cotilleaba y se movía como alguien acostumbrado a las multitudes. Era difícil asociarla con la persona que era dentro de la casa del fondo de la calle.
A pesar de todo esto, prefería seguir ignorándome. Así que me excusé, para ir hacia la florería y comprar algunas hierbas para cocinar que se pudieran mantener en una maceta dentro de la casa, un poco de vida.
Tal vez simplemente no le agradaba a mi compañera, había personas que eran así. Pero no podía sacar de mi cabeza esa sonrisa amable y un nudo se empezó a formar en mi garganta, quería agradarle.
De regreso, el semblante de Lynette cambió, encogiéndose al ser que era dentro de la casa.
El resto de la semana transcurrió de manera pacífica, hasta el domingo. Por la mañana acompañé a Lynette a la panadería de una de sus amigas; Alis. El olor a pan recién hecho era calmante y mientras esperaba vi como las dos amigas hablaban.
-No debes regresar para esta noche- Escuché a la señora, mi acompañante negó con la cabeza.
-No tengo otro lugar al que ir.
No tuve el valor de preguntarle lo que le pasaba o porqué parecía más triste que de costumbre.
La noche llegó y con ello una demora de Lynette para llegar a la alcoba. Al cabo de las tres de la mañana, su cama seguía vacía. Así que salí a los pasillos, con una vela en mi mano para iluminar el camino.
La cocina, la sala y el patio estaban vacíos. Así que con sigilo subí a la segunda planta. Dónde empecé a escuchar chillidos, gritos de horror. Sabía perfectamente quién era y me temía lo que encontraría.
Dejé la vela en el corredor y tomé un candelabro de metal. Abrí lentamente la puerta, el dolor y agonía llenaban el bello rostro de Lynette. Era algo doloroso de ver. Si ella se dió cuenta de mi presencia no se lo hizo saber al señor Lin que se cernía sobre ella.
Con furia y determinación, tomé el candelabro con más fuerza y lo estrellé en su nuca. Pero no me aferré lo suficientemente fuerte.
Lin se volvió enfurecido y me tomó por el cuello.
-Te iba a dejar descansar una semana, Mestiza. Pero parece que te gusta jugar rudo, vamos a jugar entonces- y comenzó a romper mi vestido de noche, traté de safarme de salir corriendo, de gritar.
Lynette seguía en la cama, llorando. Sin querer mirarme y comprendí todo su silencio.
La rabia me invadió y con ella algo que no había sentido en mucho tiempo. El fuego saliendo de mis manos, incontrolable. Que empezó a consumir al señor Lin, que se retorcía y gritaba, mientras prendía fuego a más cosas.
Lynette salió corriendo de la habitación y mientras le dí un último vistazo al señor Lin en el piso. Cerré la puerta con seguro.
Una vez más debía irme, antes de que descubrieran el cuerpo. Había matado a alguien y las maneras de los Lords de saldar cuentas eran retorcidas.
