Resumen sin triggers.
Después de prender en fuego a Lin, que no era quien aparentaba. Lynette y Enyd se ven en la necesidad de salir huyendo de la casa.
Temblando bajé las escaleras. El fuego no tardaría en expandirse. Entré a la habitación que compartía con Lynette y cambié mi vestido, tomé mi bolsa, pero la rosa no estaba por ningún lado. Estaba segura de que estaba sobre la mesa de noche.
La puerta trasera sería mi mejor oportunidad de salir. Al abrir la puerta me encontré a Lynette con ojos bien abiertos, pero sin una pizca de remordimiento o pánico.
-Sígueme- murmuró antes de darse la vuelta y guiarme por callezuelas poco transitadas. Entre la oscuridad y el aire tibio de la noche terminamos en la parte de atrás de la panadería, donde la amiga de Lynette, Alis nos abrió. Si estaba sorprendida, no lo demostró. Parecía que no era la única vez que la chica llegaba de noche en busca de consuelo, la abrazó y en seguida prendió el fogón para calentar un poco de té.
-No pensé que traerías a la otra chica contigo- Habló por fin Alis.
-No es lo que piensas
-Nettie…
-Lyn está muerto- antes de que Alis pudiera replicar le expliqué lo que pasó.
- Las buscarán a ambas, matar a un señor Fae no es cualquier cosa, por más insignificante que sea el malnacido.
-Tienes que irte- Respondió mi compañera- pocas personas notarán que tu eras sirvienta de Lyn, llevas tan solo una semana aquí y no salimos mucho.
-Nettie, ambas tienen que irse, te buscarán por todos lados y sabes bien que el castigo por esto es la muerte.
-Si no se queda alguien, seré perseguida por toda mi vida, no volveré a ver el mar cálido de la corte del verano o sentir sus noches tibias en el pastizal, no puedo irme y jamás volver.
-Volverás y podrás vivir en la corte del verano una vez más, pero tienes que marcharte hasta que todo se calme- intentó razonar Alis con la chica, pero tres golpes a la puerta la interrumpieron, era el Mayordomo de la casa de Lin, con mi rosa en la bolsa del saco.
-Tienen que irse ahora los primeros vecinos se están despertando por el fuego- dirigió su mirada a Lynette y tomó su mano- lamento no haber hecho algo más por ti, pequeña brisa de mar- y besó sus nudillos, después extendió su mano para darme la rosa blanca que resplandecía- y usted, señorita. Una rosa encantada sin dudas es un objeto que levantará sospechas en una escena como la casa de Lyn.
Alis, se quedó viendo la rosa por unos segundos para más tarde analizar mi rostro y llevarnos con la única persona que podría sacarnos en segundos de la corte: Aida la nómada.
No era difícil de identificar de la multitud, era una de las pocas fae que había conocido que tenían alas, tan blancas como el algodón.
Al entrar en su carpa se veía imperturbada.
-Vengo a cobrar el favor que me debes- ordenó Alis.
-Por supuesto que lo harías hoy, ¿bien?
-Necesito que lleves a ambas chicas a la corte de la primavera, a la casa del Alto Lord- Aida pasó su mirada de Alis hacia Lynette y por último se fijó en mi. Levanté el rostro y traté de borrar toda emoción de él.
-Bien, pero me deberás otro favor, la casa de ese alto lord está maldita.
Lynette tembló.
-Oh, ¿no les has dicho?- Se acercó a nosotras y tomé la mano de Lynette- en esa casa habita una bestia, primitiva que se alimenta de todo lo que encuentra en su camino, temida por todos. Un ser de instintos que ha consumido por completo a Tamlin, el Alto Lord de la Primavera, después de perder lo que más amaba- relató como quien desea asustar a unos niños con una leyenda escalofriante, pero antes de que pudiera añadir algo más, Alis la interrumpió.
-Esas son tonterías. Ahí vive el Alto Lord, que no le haría daño a inocentes, no les puedo ofrecer más garantía que esa casa para permanecer ocultas; lo que sí les diré es esto: no deben confiar en él.
Después escribió una nota rápida y la metió dentro de un sobre.
-Esta carta deben dejarla bajo la puerta antes de entrar, no deben pasar si la puerta no se abre. Esperen lo que deban, no dejen que la desesperación hable por ustedes- y me la entregó- no está de más enseñarle la rosa también.
Aida nos ordenó tomar sus manos y la miré con desconfianza.
-No tenemos la fuerza para volar solo tomadas de tus manos- Aida se echó a reír.
-Niña tonta, no sabes mucho de magia. Los voy a transportar. Ahora no suelten mis manos.
Y nos disolvimos en aire fresco.
Al llegar al castillo del Alto Lord no había más que naturaleza salvaje cubriendo cada camino y muro. La fuente y entrada estaban rodeadas por rosales con grandes espinas del tamaño de mis palmas, pero no se veía ningún capullo a la vista.
Era un lugar infinitamente bello, pero triste, débil y en agonía.
Aida se marchó tan pronto como nos dejó y mientras deslicé la carta por debajo de la puerta. Lynette y yo nos sentamos en los escalones de la entrada.
Pasaron las horas y no había signos de que esta se fuera abrir. Recogimos agua y cosechamos algunas fresas silvestres que estaban al borde de la fuente y por todo el resto del día descansamos a la sombra de los árboles de la primavera.
Por la noche la puerta se abrió.
