Disclamer: Todo todito de Horikoshi. Yo sólo quiero usar sus personajes un ratito.
Nadie podía verlo, se podía arruinar la sorpresa si alguno de sus compañeros se enteraba. «Por All Might, que no haya más nadie fuera de sus habitaciones». Midoriya subió escaleras arriba tan pronto vio a Todoroki y Kacchan irse a presentar su examen remedial.
«Tengo un par de horas nada más». Pensó saltando los escalones hasta llegar al quinto piso. «Espero que no se moleste mucho de que entré a su cuarto sin su permiso». Se asomó al pasillo antes de empezar a caminar de puntillas.
Empujó la tercera puerta y la cerró tan pronto él estuvo dentro. «¿Y si vuelve a reprobar?». Agitó la cabeza de lado a lado para poner el pensamiento de lado. Escaneó la habitación con la mirada después de dejar su mochila en el suelo. «Mejor me pongo manos a la obra».
Midoriya decidió no perder tiempo así que se agachó repitiéndose el plan en su mente. Sacó bolsas de serpentinas y se sentó para separar los colores. «Primero quería sólo usar su color favorito pero ni él mismo logra decidirse».
Acomodó las verdes cerca de la entrada. «Tenía que haber sido un tono más oscuro pero sólo conseguí este». Con las azules intentó escribir su nombre cerca de la cama. «Aunque no sea el color que más le gusta, lo representa bastante bien». Usó las amarillas para desviar atención al escritorio. «Es una buena forma de hacerlo ir hacia allá». Colocó las rojas sobre la cama. «Este es el que me da miedo… Podría asociarlo a su padre y eso sería un problema».
Infló un par de globos que le había pedido a su mamá que comprara. «Es la única persona a la que le he hablado de esto». Los ató con un trozo de pabilo y amarró uno a la manilla de la puerta que daba al balcón y el otro lo intentó pegar al piso, al lado de las cintas verdes. «Espero que queden igual hasta que llegue Shoto».
Buscó dentro de la mochila los papeles que había sacado de su carpeta y su cartuchera de marcadores, y fue hasta el escritorio. «Hubiese sido mejor poner las serpentinas al final». Pensó cuando se dio cuenta que no tenía casi nada de espacio libre. Colocó todo en la esquina que estaba vacía y comenzó a escribir sobre ellos.
En uno dibujó un rectángulo en el medio del papel y alrededor hizo su mejor esfuerzo para retratar a All Might. «Podría proponerle que nos anotásemos a una clase de arte, quizás acepte». Recortó el interior del pequeño rectángulo y le colocó unos trocitos de cinta detrás de la cabeza y brazos de su héroe favorito. Lo pegó encima del interruptor de la luz. «Puede que no sea tan bonito como la mercancía oficial pero igual podrá tenerlo mientras me da tiempo para comprarle el original».
Regresó al escritorio con una sonrisa en el rostro. «Sólo espero que sí le guste». Tomó otro de los cartelitos y lo situó sobre la cama, justo en el centro del corazón que había formado con las serpentinas rojas. «¿Esto será muy meloso? ¿Lo asustaré con tantas cosas?». Sus miedos hicieron que se tardara unos minutos en acomodarlo exactamente dónde quería.
La emoción, y los nervios, iban en aumento con el paso de los segundos mientras Midoriya seguía en la habitación de Todoroki. «Ojalá no me tome por loco». Ya habían pasado casi dos horas desde que había entrado y Midoriya, bastante estresado, volteaba a cada rato a ver la pantallita del reloj que tenía su amigo sobre la mesa.
Sólo le quedaba poner la caja de chocolates, que había puesto en la nevera para que no se derritiera, y las velas que había comprado hace unos días. «La expresión en su rostro cuando olió la de Mandarina… No pude negarme a comprarla».
Colocó el vasito transparente sobre la mesita y el encendedor a un lado. «Puede que ni lo usemos pero mejor tenerlo… No quiero tener que pedirle a él que la encienda». Sacó el potecito de brillantina de su mochila luego de guardar los marcadores que ya había terminado de utilizar, y sopesó la idea que tenía en la mente.
«Un poquito alrededor de la vela y otro para decorar el cartel que no he pegado». Volvió a la mesita mientras abría la tapa y comenzó a dejar caer la purpurina sobre la madera, rodeó el vaso con la mezcla destellante de colores y se alejó unos centímetros para ver si le había quedado bien. «No está mal… Para lo mucho que me tiembla el pulso, se ve bonito».
Dio un par de pasos hasta el escritorio y abrió la barra de pega, escribió su nombre con ella y volcó un puñado de brillantina sobre el papel. «Por favor, que salga bien lo que quiero hacer. Internet dice que a veces se complica y se pega todo donde le da la gana». Levantó el papel y, sorprendentemente, la escarcha sí se pegó bastante bien y no tuvo que repetir el proceso. «¡Fiu! Menos mal». Se pasó una por la frente.
Lo dejó secar mientras volvía a guardar el potecito en su mochila y la cerraba. Volvió al escritorio y pasó un hilo blanco por los dos huequitos que había cortado en la hoja e hizo un nudo a cada lado. «¿Dónde pongo este? Tiene que ser un lugar que sí o sí, él use… Ajá, ya sé». Fue hacia el perchero donde Todoroki colocaba su chaqueta siempre que regresaban de clases, lo movió un poco para alejarlo de la puerta y guindó el cartelito ahí.
Escaneó todo el cuarto para ver que no se le hubiese escapado nada. «Todo parece estar en su sitio». Volteó a ver la hora antes de oír unos gritos provenientes de los pisos inferiores. «Deben ser ellos. ¿Les habrá ido bien?». Sacó una botella negra de uno de los bolsillos laterales de su mochila y una cajita gris del otro lado.
Entró al baño, se secó el sudor con una servilleta y se quitó el suéter que tenía puesto, se metió en la ducha para no hacer un desastre y abrió la botella. «Escarcha corporal en roll-on. ¡Qué buena idea!». Se pasó la bolita por encima de la piel, dejando un trayecto débilmente centellante por dónde pasaba, hasta que estuvo conforme con la cantidad de brillo que irradiaba su cuerpo.
Puso la botellita sobre el escritorio y se sentó en el piso, con la pequeña caja escondida en el hueco que se creó entre él y la puerta del balcón cuando se recostó. «Que no se tarde mucho allá abajo». Ahora sólo le quedaba esperar a que Todoroki entrara al cuarto y viera su sorpresa. «Me estoy arriesgando mucho, bien puede no entrar solo pero no importa. Quiero felicitarlo de una forma diferente, espero que sí le guste… Con una de sus escazas sonrisas me conformo».
Vio girar al pomo de la puerta y respiró hondo para intentar calmar sus nervios. El silencio llenó la habitación cuando sus ojos se encontraron. «Al menos está solo… Así me ahorro una parte de las explicaciones». Todoroki cerró la puerta lo más rápido que pudo y se quedó estático, observando a todos lados antes de volver a posar su mirada en los orbes verdes de Midoriya.
La sorpresa, y el nerviosismo, estaba reflejada en su rostro. Todoroki bajó el rostro y se fijó en las cintas verdes que formaban un trébol, no pudo dejar de curvear ligeramente la comisura de sus labios. «No parece que me odie». Midoriya seguía sobre el suelo, con las manos entrelazadas sobre sus piernas, esperando a que su amigo procesara toda esa locura.
Todoroki saltó por encima del trébol y se agachó a un lado de su nombre escrito con serpentina azul. «¿Verá que las cintas no son de colores planos?». Observó a su amigo acercando una mano al papel cuando se dio cuenta de los pequeños puntitos rojos y blancos que lo decoraban, y subir el rostro de regreso a Midoriya.
—¿Por qué? —susurró anonadado, levantándose del suelo.
—Porque te lo mereces luego de trabajar tan duro. —Midoriya le dedicó una sonrisa y esperó a ver qué iba a ver luego su amigo.
—¿Cuándo pensaste en hacer todo esto? —preguntó en un hilo de voz.
—Cuando me contaste sobre el movimiento que estabas perfeccionando para tenerlo controlado y usarlo durante el examen —murmuró sin separar la vista de sus ojos bicolores.
Todoroki, juntando su fuerza de voluntad, giró el rostro hacia la izquierda y se percató de que su escritorio estaba cubierto con cintas amarillas y un par de fotos sobre ellas. En una salía él solo con una de sus paredes de hielo a sus espaldas y su lado izquierdo ardiendo en llamas, era del día de su encuentro en el festival deportivo. En la otra estaban ellos dos abrazados, cada uno vestido y peinado como el otro.
«Espero que sí lo lleve mentalmente a esa cita que tuvimos». Distinguió como, sin poder evitarlo, los labios de su amigo imitaban los suyos y se curveaban con el recuerdo que tuvo que haberle traído la fotografía que tenía entre sus manos.
Midoriya ensanchó su sonrisa cuando percibió la felicidad reflejada en el rostro de Todoroki. «¡Lo logré! Eso era todo lo que quería». Pensó emocionado poniéndose de pie y yendo a su encuentro.
—Te fascinan las fotos y tienes muchas alrededor del cuarto —susurró llegando a su lado—, pensé que te podría hacer falta una nuestra.
—Izuku, es lo más bonito que me han regalado en la vida. —Todoroki dejó ambas fotografías como las había encontrado y agarró la botellita negra que estaba en una esquina—. ¿Y esto qué es?
—¿Me dejas? —preguntó Midoriya señalando sus propios brazos, refiriéndose a los detalles centellantes que cubrían su piel, y recibió un asentimiento por parte de su amigo.
Quitó la tapa y se la tendió a Todoroki antes de pasar la bolita suavemente sobre sus mejillas. «No puedo presionar muy fuerte para que no terminen siendo manchones brillantes, además, podría hacerle daño… No, no. Con delicadeza». Distribuyó la purpurina con los dedos, rozándole los cachetes con las yemas y aguantándose el deseo de besarlo cuando terminó.
Todoroki se arremangó la camisa y estiró sus brazos frente a él, haciéndole entender que le pusiera purpurina ahí también. «No pensaba que él quisiera que le cubriera el cuerpo con escarcha». Pensó acariciándole el antebrazo antes de pasar la brillantina por donde él pasaba. «Se ve tan guapo». Suspiró sin poder evitarlo.
—Gracias —musitó Todoroki después de rodearle la muñeca con los dedos—. Todo está muy bonito.
—Aún no lo has visto todo. —Lo animó tendiéndole la botella de nuevo. «Me gusta que a veces sólo se deje hacer».
Todoroki la cerró y volvió a poner en la esquina del escritorio. «Me encantan los momentos así». Volteó el rostro de regreso a su amigo y lo abrazó, no parecía importarle que se le llenara de brillantina su traje de héroe, y Midoriya no iba a rechazar una muestra de cariño como esa, menos si venía de él.
Se separó de él unos segundos después, el azul de su camisa cubierto de escarcha de colores y sus mejillas sonrojadas que, junto a la purpurina corporal, le daban un toque angelical a su expresión. «Me alegra que le esté gustando la sorpresa». Midoriya le hizo señas para que terminara de ver el resto de su habitación.
Todoroki dio un par de pasos hacia dónde estaba él sentado hacía unos minutos pero Midoriya lo detuvo antes de le agarrara la cajita entre sus manos. «Se me olvidó que la había dejado ahí… Esa es la última parte, no la puede ver primero». Así que se dirigió a su mesita de noche, dándose cuenta, sin tener que abrir el vaso, que esa era la vela que él había deseado comprarse pero su amigo se había negado rotundamente.
—Ya entiendo… —Todoroki se giró soltando una suave y corta risa—. Me la ibas a dar tú.
—Sí… —Midoriya se llevó una mano a su nuca—. Supe que te encantó el aroma y bueno… Lo siento.
—Me recuerda a ti —susurró Todoroki tomando la vela entre sus manos y regresando cerca de su amigo—. Se parece mucho a tú olor, Izuku.
—¿Es por eso que te gustó tanto? —Midoriya sintió sus mejillas arder y las mariposas de su estómago revolotear como locas.
—Sí —musitó asintiendo—. Así, aunque no esté contigo, puedo sentirte cerca. —Todoroki colocó el vaso frente a la foto de ellos dos juntos.
Enseguida acercó su índice izquierdo a la mecha y la prendió con cuidado. «Wow, sí que ha mejorado bastante. Me alegra mucho». Midoriya apreció el aroma a mandarina tan pronto la vela comenzó a derretirse y cubrió cada rincón de la habitación de Todoroki con la esencia agridulce.
Todoroki volvió a la mesita y levantó el pequeño cartel que había visto, pero no detallado, cuando se trajo la vela. «Dije que iba a ser fuerte pero se me están aguando los ojos, ugh». Midoriya tomó, con los ojos cerrados, todo el aire que sus pulmones le permitieron para tragarse las lágrimas. «Aún no».
Tú lo puedes lograr todo, Todoroki. Espero que el olor de esta vela te relaje y te ayude a concentrarte para que algún día seas un héroe genial. ¡Yo confío en ti!
Vio a Todoroki abrazar el papel contra su pecho y volver a colocarlo sobre la mesa. «Por ahora, todo ha salido bien». Pensó agachándose a agarrar la cajita y esperando que su amigo viera lo que había sobre la cama. «Ahora es que viene lo difícil».
Midoriya giró el rostro al mismo tiempo que Todoroki. «¡Por All Might, los chocolates!». Soltó un bufido rezando que nadie se los comiera hasta que terminaran aquí. «Algo se me tiene que olvidar siempre, ¿verdad?». Mentalmente, se dio un golpe en la frente por su descuido e intentó dejarlo de lado, enfocándose en la expresión en el rostro de su amigo.
Todoroki estaba boquiabierto y pasaba la mirada, repetidas veces, de él a la cama. «No sabe qué hacer… ¿Cómo me tomo e…?». Midoriya casi se cae al suelo por la fuerza con la que Todoroki llegó a abrazarlo.
—¡Izuku! —Escuchó el grito de su nombre cerca de su oído—. Sí, sí. Me encantaría ser tu novio.
Midoriya suspiró con tranquilidad al oírlo terminar la frase y lo abrazó mucho más fuerte de lo que había imaginado que era posible. «Salió bien… Al menos aceptó». Intentó separarse pero Todoroki se lo impidió; no parecía estar listo para dejarlo moverse. «Debo ser la persona más afortunada del mundo».
Luego de unos segundos logró alejarse un poco y recogió la cajita. «Espero que no se haya roto». Se fue a sentar al borde de la cama y palmeó a su lado para indicarle a Todoroki que se pusiera a su lado. «Entendería que no lo usara». Le entregó el cubo gris mientras soltaba el aire que tenía contenido. Todoroki levantó la tapa y la volvió a cerrar apenas vio lo que había adentro.
—No debiste… —susurró observando a Midoriya—. Ay, ¡Izuku!
—No sé si quieras hacerlo público… —Bajó la mirada al suelo—. No te preocupes si prefieres no usarlo.
—Pónmelo —musitó acercando hacia él la cajita abierta—. Que se entere todo el mundo.
—¿Estás seguro, Todoroki? —preguntó sorprendido.
—Sí. —Sonaba convencido—. Me hace ilusión.
—Está bien —murmuró sacando la pulsera y tomando la muñeca de su novio.
Enganchó la lengüeta del cierre en la argolla que correspondía para que no le quedara grande. «Menos mal la pudieron tener lista para hoy». Acomodó la placa en la parte superior de su muñeca.
—¿Y la otra dice Shoto? —interrogó tomándola entre sus dedos y dejando la caja a un lado de ellos.
—Todoroki… —musitó Midoriya sonriéndole—. Sé que no te gusta mucho que yo te llame así pero, es que Shoto también es tu nombre de héroe y no quería usarlo si todo el mundo te va a llamar de la misma forma.
—¿Qué pusiste? —preguntó tomando la mano derecha de Midoriya y colocándola sobre su pierna para que se le hiciera más sencillo cerrar el ganchito.
Pasó la pulsera por debajo de su muñeca y la acomodó un su lugar tal como había hecho Midoriya y acercó el dorso de su mano a sus labios cuando leyó la plaquita: My King. «Parece que sí le gustó». Ladeó el rostro cuando su novio lo acunó con la misma mano.
—Te adoro —musitó Todoroki con los ojos cerrados.
—Yo más —respondió imitándolo.
—¿Podemos quedarnos aquí el resto de la tarde, verdad? —Todoroki sonaba cansado.
—Claro. —Su tono denotaba felicidad— Toda la noche si quieres.
El brazo que Midoriya tenía apoyado sobre la cama desistió, haciéndolo caer de lado sobre las cintas rojas y Todoroki lo siguió, acostándose frente a él. «Este es uno de los momentos más bonitos que he vivido».
Sólo habían pasado un par de segundos cuando ambos acercaron sus rostros al mismo tiempo y soltaron una suave risa por la sincronicidad. Todoroki terminó de juntar su nariz con la de Midoriya y la rozó con delicadeza. «Él me encanta». Admitió para sus adentros antes de rodear de la cintura a su novio y plantarle un sonoro beso en la comisura de los labios.
Todoroki observó sus ojos verdes, perdiéndose momentáneamente en ellos, y movió un poco el rostro para imitarlo, haciéndolo ensanchar la sonrisa que adornaba su expresión.
Ambos cerraron los ojos y se mantuvieron abrazados unos minutos. «Ojalá no nos pase nada malo nunca». Midoriya tuvo un mal presentimiento cuando ese pensamiento cruzó por su mente pero decidió ignorarlo; no quería dañar el ambiente del que estaba disfrutando.
Acercó su mano libre a la de Todoroki y entrelazó sus dedos con los de él, presionando ligeramente antes de atraerla a su pecho y volver a cerrar los ojos. «Por favor, que nadie me quite este sentimiento». Cayó rendido unos minutos después, seguido de su novio, quién les había colocado una almohada debajo de la cabeza para estar más cómodos, y terminó por entregarse a los brazos de Morfeo cuando sus corazones comenzaron a latir simultáneamente.
Primero que nada, les tengo que agradecer enormemente a Nea Poulain y a Hitzuji por meterme de cabeza a este fandom, y me gustaría dedicarle esta historia a ambas pero más que todo a Hitzuji porque hoy es su cumpleaños y yo le quiero dar un regalito :)
Segundo, espero que no les hayan sangrado mucho los ojos... Intenté que no tuviese tantos errores pero seguro que fracasé y algunas cosas se me habrán escapado.
Tercero, la foto de portada es de JustVrit en Twitter.
Eso es todo... Ahora sí, me siento a esperar más tomatazos que comentarios, los leo :)
