Enyd
Despertó para ver una rosa en su buró. La fragancia era más dulce y fuerte que las demás, de un color rosado que la hacía resaltar entre las otras dos de color blanco.
La primera reacción de la chica fue alarmarse por Nettie, no sabía si ella podría soportar imaginar que un hombre había entrado a su habitación. Pero la chica no estaba por ningún lugar.
Salió a la cocina, alarmada. Tratando de buscarla por todas partes. Al final la encontró al lado del huerto cosechando zanahorias en una canasta de mimbre. Podía ver la paz que el rostro de la joven tenía, la certeza de que podía tomar todo el tiempo que necesitara para sanar.
Sintió la cercanía de su compañero, se había colocado a su lado. Se había movido con la intención de ser escuchado, con pasos más fuertes de los que acostumbraba. Ella lo volteó a ver, él también parecía mirar hacia Nettie, un poco perdido, pensando.
El sol parecía atraído por su cabello dorado, sus ojos brillaban a diferencia de la noche anterior, algo había cambiado en ellos; parecían resueltos.
—Enyd—dijo suavemente, su voz hipnotizante le quería hacer permanecer a su lado todo el tiempo, aun no entendía cómo funcionaba el lazo. Pero la abrumaban las ganas de jamás querer separarse de su lado, de abrazarle y besar sus labios, algo que nunca había deseado en su vida— me disculpo por la discusión que tuvimos anoche, yo— Tamlin suspiró—tengo algunos problemas controlando mis emociones, la ira, es complicado.
La chica levantó las cejas ante su disculpa.
—Disculpa aceptada, pero le aconsejo que le deje en claro a sus emociones quién está al mando. De lo contrario siempre será una herramienta de estas—ni en sus más alocados sueños se habría dirigido así a una persona de tan alto rango, pero presentía que él no necesitaba a alguien complaciente, necesitaba a alguien que le dijera la verdad.
—¿Recibiste mi rosa? —le preguntó cauteloso.
—Sí.
— ¿Y bien?
—Le agradezco por ella, pero si piensa que eso disipará mi molestia se equivoca.
El Alto Lord murmuró por lo bajo, pero su expresión era de asombro. No era desafiado con frecuencia y estaba segura que pocas veces había tratado de cortejar a alguien. Porque eso estaba haciendo ¿no? No había otra razón por la que habría cambiado el color de las rosas que dejaba para ella.
En su vida había recibido pocos regalos, no iba a decirle que aunque su vida dependiera de ello jamás perdería esas rosas.
Se sorprendió cuando Tamlin tomó su mano entre las suyas, la miró directamente y la besó.
—No esperaba que fuera suficiente— y sonrió de manera tenue.
Su corazón se saltó un latido, hace mucho que había querido dejar de creer en el amor. Pero en ese momento, quería creer con todas sus fuerzas que él podía dárselo y que entrelazarían sus almas por toda la eternidad.
Quiso decir algo ingenioso, pero el se alejó con rapidez y le informó que saldría por unas horas. Les indicó que no salieran de la propiedad, al menos no desarmadas. Había armas a su disposición en una de las habitaciones colindantes con la cocina.
A sus espaldas Nettie la llamaba. Cuando por fin la escuchó, esta la miró con diversión ligeramente sonrojada y se empezó a reír.
La risa de la chica era envolvente y fresca como la brisa del mar. Solo había una manera de responder a tal expresión y era darla de vuelta. Con que así se sentía tener una amiga.
Tamlin
Al salir de la casa lo que escuchó fue la melodía de la risa de su compañera. Ella no lo sabía, pero eso le estaba dando fuerza para enfrentarse a lo que debía a continuación, la posibilidad de que ella pudiera reír de esa manera por mucho tiempo, a su lado.
El lazo dorado que los unía era embriagante y un recordatorio de que no podía seguir siendo quien era. La advertencia de Lucien no era lo único que lo mantenía al margen.
Con un último vistazo a Enyd y su piel morena se transportó al borde norte de las Corte de la Primavera.
Eris lo esperaba en el claro que dividía los territorios. Esperando bajo un roble, abrigado por la sombra de este.
—La bestia se ha dignado a volver a ser Fae.
—Siempre es bueno verte, Eris—le contestó entre dientes al heredero de la Corte del Otoño.
—Quieres algo de mi.
—Lo mismo que tu deseas.
—Dudo que sea así, deseo muchas cosas. Entre ellas estas tierras—Avanzó a la primavera y todos sus sentidos se agudizaron. Pero detrás de Eris había una docena de sabuesos entrenados y letales, esperando la orden de atacar, podía luchar contra ellos, pero sabía que no sería fácil y podría salir muy herido.
—Me refiero a la parte en la que tu padre yace frío al borde de su trono y tú aplastando su cabeza—especificó. La mirada del heredero de la Corte del Otoño tenía fuego en su interior.
—Oh, esa sin duda es una imagen preciosa. Pero tu no tienes nada que aportar a ese maravilloso plan, en cambio tu Feyre querida sí, ella si es muy útil—dijo tratando de sacarlo de sus casillas.
—Te recuerdo que no eres el único hermano Vanserra que quiere el trono—advirtió de vuelta. Sabía que la mención de Feyre era solo para molestarlo, pero después de tantos años, después de ver a Enyd por primera vez ya no sentía la necesidad de destruir en su nombre.
—Es un gusto tenerte de vuelta, Tamlin—lo miró directamente. Como si se hubiera dado cuenta exactamente de lo que sucedía— 150 años son un largo tiempo para volver a ser quien eras. Te contactaré cuando por lo menos tengas dos partes de tu corte unidas.
Los canes retrocedieron, así como su dueño.
Regresó así, a la mansión. De vuelta a su querida.
Enyd
Nettie estaba más que curiosa por saber lo que se sentía tener un compañero, no dejaba de hacerle preguntas y de reír junto con ella. Eran como dos niñas hablando de algo prohibido, sonrojadas y mirando en cada esquina por si alguien estaba mirándolas.
Así habían pasado la mañana, recogiendo flores en los jardines. Comiendo naranjas en la sombra de los árboles.
Dos mujeres que se habían olvidado por fin de servir a alguien más y disfrutar de su vida.
De vez en cuando su mente se preguntaba por Tamlin, por lo que estaba haciendo. Hasta que lo vió cruzar por el portón de la entrada. No sabía la razón por la que se había puesto de pie. Todo su cuerpo quería bajar corriendo a sus brazos y fundirse con él, en vez de eso se abrazó a sí misma. Contando cada paso que él daba hacia ella.
Sonrió cuando llegó a su altura y extendió una mano hacia ella, pidiendo permiso de tomar la suya. Ella se la dió y una vez más la llevó hasta sus labios.
—He regresado a ti—la risa de Nettie se escuchaba en el fondo. Pero solo sirvió para que sus mejillas se tornaran más rojas y que él sonriera más—me preguntaba si les gustaría ir conmigo al pueblo.
Ella volteó a ver a su amiga. Por si esta se encontraba intimidada por la presencia de su compañero, pero no había duda en el rostro de Nettie que asintió con ganas. Enyd dió un paso hacia él.
—Sí.
