Habían pasado siglos desde que una patética guerrera Fae la había confinado a un pequeño bosque, perdiendo todo su poder, incapaz de moverse a ningún otro lado. Los días de consumir almas de damiselas para mantenerse jóven eran nada más que un dulce recuerdo y una anotación de venganza en la mente de la Tejedora.

Pero un día un aroma distinto entró a su territorio, una suave fragancia de melocotón y una muy rancia como pan enmohecido.

El portador de la segunda se marchó tan pronto como lo percibió, pero el aroma dulce permaneció. Entonces Stryga salió a comer.

En las afueras del bosque escuchó el llanto de una bebé, un Fae. Sostuvo el bulto entre sus brazos y tuvo ganas de terminar con esa pequeña vida.

Pero la bebé rió, esfumando ese pensamiento de su mente; alguien había tomado serias molestias en dejar un bebé que seguro moriría del frío o a sus manos, lo mejor que podía hacer era dejarlo vivir, tener una aliada que la ayudara en su venganza, alguien que sí pudiera salir, entonces el mundo perecería a sus pies.

Los años pasaron y la bebé se convirtió en una hermosa joven de cabello castaño y unos ojos rosados, inusuales incluso en los altos Fae, piel tostada y labios rojos como el rubí.

Stygra la mandaba a espiar a los Fae, pero pronto resultó obvio que no había mucho que ambas pudieran hacer por atormentar a esas criaturas que las habían olvidado a su conveniencia. Así que la rutina cayó. Hasta el día del pacto.

Beltaine lo recordaba muy bien. Elios uno de los Altos Lores de Prythian se acercó a la puerta y Stygra le ordenó ocultarse, pero permanecer alerta, ser sus ojos.

Debían ir a la guerra, entonces ella sería libre. Una vida juntas, fuera del frío bosque. Esto le devolvía la esperanza a Beltaine y Sygra sin pensarlo dos veces aceptó, se le esperaba al siguiente día en el campo.

Pero su madre jamás volvió. Había muerto por gente que la había arrumbado. Y el rostro de Beltaine perdió vida y tomó una expresión de amargura.

Azriel

Azriel tenía la sensación que "el Medio" no estaba bien. No que hubiera pisado muchas veces el territorio, pero incluso cuando la Tejedora estaba con vida, parecía menos amenazador.

Caía una constante lluvia y a pesar de ser mediodía, todo estaba en penumbras. Esto era fuerza de alguien muy poderoso, alguien que estaba dentro de la cabaña de Stryga y que mantenía el fuego de la chimenea vivo.

Se movió por las sombras y avanzó hacia la cabaña, entrando con sigilo. Pero del otro lado de la puerta alguien se abalanzó hacia él y trató de pegarle en la cabeza, fallando completamente.

En un pequeño movimiento tenía a la persona acorralada de espaldas contra la pared. Era una mujer, Fae. Con una silueta llena, y cabello castaño muy largo, debía ser muy joven. Aun inmovilizando le dió vuelta y vió a la mujer más hermosa de todas, con ojos rosa intenso, que lo miraron con rabia, la luz de un rayo iluminandolos y seguido un trueno, que retumbó en la habitación. La había encontrado. Ella era su compañera.