Beltaine
Beltaine había sentido la presencia de alguien distinto en el bosque, una sombra. Probablemente se trataba de otro ladrón, tratando de robar lo que su madre había acumulado, los tesoros que sus antiguos creyentes le dejaban en las afueras, cuando todavía había recuerdo de su existencia.
A estas alturas sería muy obvio si apagara las luces o el fuego, el ladrón ya sabía que había alguien en la casa.
De todas las cosas que detestaba, el combate cuerpo a cuerpo, no era su fuerte, su madre Stryga no necesitaba de eso, sus poderes eran más que suficientes, por lo que le había enseñado a pelear de la misma manera.
Cuando entró el intruso, ella trató de noquearlo, pero falló. Ahora estaba frente a un hombre, no conocía bien a los de su tipo, era un guerrero ilyrio, uno poderoso y guapo.
Estaba envuelto en sombras mientras paseaba de un lado a otro. Descartó que fuera un ladrón, no parecía interesado en todos los tesoros, solo la miraba fijamente, tratando de descifrar la razón por la que estaba ahí.
-¿Quién eres?- Dijo el extraño con voz calmada.
- Podría decirte lo mismo, tú eres el que irrumpe en mi casa.
-Esta no es tu casa
-Lo es, era de mi madre y ahora es mía- si había sorpresa en el semblante del guerrero, no lo demostró, su cara era una escultura de mármol rígida y hermosa.
-No puedes ser hija de Stryga
-Lo soy y cree lo que quieras.
El silencio cayó en la habitación. Era la primera vez en un siglo que hablaba con alguien que no fuera su madre y porque solo alguien muy desesperado, valiente o idiota se atrevería a entrar al bosque.
-¿Qué hace un guerrero Ilyrio en mi bosque?- preguntó.
El invasor permaneció en silencio unos pocos segundos antes de responder. Se dió cuenta de que estaba calculando bien sus palabras, cualquiera que fuera su misión ahí se veía obstaculizada por ella.
-Vengo de parte del Alto Lord de la Corte de la Noche- Había escuchado muchas cosas de él, pero solo sabía una cosa de él por experiencia propia.
-La última vez que alguien vino en su nombre a estas tierras, Stygra hizo un trato con él y ella jamás volvió. No veo la razón por la que deba mandar a un sirviente aquí- el semblante del extraño no cambió mucho, su mandíbula parecía más rígida al escuchar "sirviente", pero no sería alguien fácil de provocar, pensó la chica.
Azriel
La hija de Sygra parecía cada vez más hostil y determinada a irritarlo. Pero él apenas era capaz de contener las preguntas que invadían su mente. ¿por qué ella? ¿por qué ahora? ¿quién era ella? Pero tantos años de ocultar sus reacciones no habían sido en vano. Jamás había pensado que encontraría ese vínculo con nadie, pero pensaba que cuando lo hiciera sería algo que vería venir.
Había estado enamorado con anterioridad, tenía amantes. Pero no sabía por dónde empezar, tal vez por el hecho de que ella parecía ajena a la situación y eso le intrigaba.
-Le preocupa el porvenir de estas tierras y los posibles conflictos que pueda desatar- mintió. Rhys solo había expresado una pequeña preocupación por el territorio. De lo que Azriel en realidad quería huir era de Elain.
-Estas me pertenecen y su lord no debe de preocuparse por eso. El arreglo será el mismo de siempre. Además de que la corte de la noche se encuentra al menos dos territorios más arriba del medio.
Podía ver la falla en la respuesta que le había inventado, pero no quedaba otro camino más que seguir con el mismo argumento.
-Me temo que ninguno de los dos puede determinar lo que le concierne a mi lord y lo que no. Tendré que informarle a él de la situación y a partir de ahí se tomará una decisión.
-Entonces, puede ir a decirle todo lo que descubrió. Pero le advierto que esta es la última vez que alguien entra a mi territorio sin anunciar sus intenciones, no soy una Alta Señora, pero demando que se me trate con respeto- con un golpe de aire frío lo empujó lejos de la casa, justo donde termina el camino y Azriel volvió a las sombras, directo a la Corte de la Noche.
