Velaris, corte de los sueños

El corazón de Azriel seguía acelerado después de su encuentro con la hija de Stygra, ni siquiera sabía su nombre. Pero no podía sacar su rostro de su cabeza, su cuerpo y sus ojos llenos de rabia y resentimiento.

Su trabajo era calcular el nivel de amenaza que representa, pero su mente lo llevaba a otro tipo de pensamientos. Tenía que estar mejor antes de ver a Rhys, sus sentimientos le pertenecían solo a él, la información y los hechos puros son lo que le debía a su Alto Lord y hermano.

Al entrar en la oficina de la casa del viento. Vió a Rhys trabajando sobre las peticiones escritas de los habitantes de Velaris. Cuando este levantó la mirada para darle la bienvenida, sonrió, agradecido de tener una pequeña distracción.

-¿Y bien?- Se levantó del asiento y se recargó sobre el escritorio, pero Azriel no se movió.

-Surgió algo inesperado- esa no era la respuesta que su hermano esperaba- alguien más tomó el Medio: una mujer que se hace llamar hija de Stygra.

Los ojos del Alto Lord se llenaron de dudas, pero al final solo concluyó que debía hablar con Feyre, ya que ella fue la última que pasó a la casa de la Tejedora y le encargó otra misión, que no era ningún problema para el "cantor de sombras": tenía que averiguar quién era exactamente la hija de Stygra.

Al cabo de un mes Azriel estaba convencido que la mujer que vió en el medio era un espectro. No había ningún registro de ella o un rumor en general.

Los cercanos a la zona habían escuchado cuentos de horror sobre la malvada mujer que comía infantes para la cena y dejaba a las jóvenes como un simple caparazón sin belleza o ganas de vivir. Una criatura letal a la que nadie sobrevivía.

En la corte del invierno escuchó a una anciana decir que el lugar estaba maldito y que el espíritu de Stygra atormentaría por siempre esas tierras.

Solo un comentario de un lord menor de la corte de otoño captó su interés: "Hace mucho tiempo, una joven habitó en el bosque, pero solo fue un espejismo de Stygra, nada más que su sombra" y se marchó.

Rhys y Feyre estaban igual de frustrados que él. No sabían lo que debían de hacer con la hija de la Tejedora. Nesta que regresó de las montañas Ilyrias tras entrenar con Mor sugería dejarla en paz y lidiar con ella solo cuando se "saliera de raya" pero fue al final Elain quien propuso invitarla a Velaris "como una muestra de buena voluntad y respeto".

Feyre estaba convencida de que la idea de Elain era la más "diplomática y adecuada", pero Rhys y Cassian estaban de acuerdo con Nesta. Amren se mantenía neutral ante la situación y Mor estaba con Feyre. Él tenía la última palabra y en un intento de averiguar, por lo menos el nombre de la Hija de Stygra accedió a la idea de Elain, sin ser capaz de mirarla.

Beltaine

Tras un mes y medio de la visita del guerrero llyrio llegó una invitación. Firmada por el Alto Lord y Alta Lady de la Corte de la Noche para visitar la antigua ciudad de Velaris.

No sabía cómo reaccionar a las noticias. En otro tiempo la idea de salir del bosque le habría entusiasmado y habría hecho un vestido especial para la ocasión, con capullos de rosa eternos e hilo de estrellas. Habría imaginado mil escenarios en los que bailaría con un apuesto extraño y encontraría ese sentimiento que la llenaría por el resto de su vida.

Pero los años cambian la perspectiva que se tiene de las cosas. Stygra jamás le prohibió salir del bosque o la protegió de los demás, hubo un tiempo en el que se paseaba por las cortes del invierno y otoño. Aprendió al final que nadie se quedaría con ella o la querría como Sygra, su madre, llena de canciones de otro mundo y poder durmiente.

Ahora no tenía ganas de volver a ser ella, o de ser la nueva Tejedora. No volvería a perder el control como hace un mes y medio, la rabia no la consumiría, ni desbocaría su corazón como enfrente del guerrero. Tenía que dejar en claro que esa era su casa y no estaba dispuesta a abandonarla.

Sacó del armario un pesado vestido de terciopelo verde de su madre, que tuvo que modificar para que le quedara mejor y un chal hecho de hilo de noche y estrellas.

Así partió a Velaris.

Al llegar a las afueras de la ciudad, no le sorprendió ver un montón de ruinas, era de esperarse que habría magia antigua en el lugar, podía sentirla, llamando su nombre.

Enmascaró cada una de sus emociones y volteó a ver al mismo guerrero que había entrado al bosque, que debía ser su escolta.

-Hija de Stygra- saludó el Ilyrio

-Sirviente- respondió Beltaine.

Y avanzaron a través de las protecciones.

Azriel

Tomó toda su capacidad de concentración esperar y escoltar a la desconocida que es su compañera. No quería un saludo frío e impersonal. En su mente quería acercarse a ella y besarla hasta el cansancio, que lo llamara por su nombre mientras la sostenía en sus brazos.

Había esperado tanto tiempo por ese vínculo que esperar un poco más, lo hacía sentir que moriría en ese mismo instante. Pero lo soportó.

La mujer miraba con atención la ciudad, pero no hizo ninguna pregunta. Su expresión no cambió al ver la exquisita noche estrellada de Velaris. Entonces llegaron a la casa del Viento. Dónde Rhysand y Feyre esperaban en las puertas

Beltaine

-Te damos la bienvenida a Velaris, Hija de Stygra- dijo la mujer que debía ser la Alta Lady, la primera.

-Y por supuesto lamentamos su pérdida y agradecemos el servicio que Stygra le hizo a Prythian. Ella es mi compañera y Alta Lady Feyre y yo soy Rhysand - añadió el Alto Lord.

-Agradezco su invitación- dejó que su voz más cortés respondiera por ella, una voz que no correspondía a sus sentimientos, cálida y amigable al igual que el cambio de su semblante. No recordaba la última vez que había sonreído y se sentía extraño tener que recordar como hacerlo - y acepto sus condolencias. Yo soy Beltaine, la dama del medio.

-Me temo que no tiene una buena impresión de nosotros, ya que mandamos a mi hermano, Azriel a su territorio sin ningún aviso- eso sí era interesante.

Azriel. Había insultado a un príncipe. Debía de haberlo imaginado antes, el porte y precisión en cada movimiento del hombre que estaba a su lado, la belleza que lo acompañaba y las sombras ligeras que danzaban en su aura. Así que se volteó a verlo y elaboró una disculpa rápida y consternada.

- Debe disculparme por mi actitud, no sabía que tenía el honor de conocer a un príncipe.

Casi sentía náuseas por la actitud que había tomado frente a esos extraños, cálida, sonriente y educada. Pero al ver un ligero rubor en el rostro del príncipe Azriel le dijo que la había perdonado, faltaba llegar a encantarlo a él también, él conocía su verdadero carácter.

Azriel

Su nombre era Beltaine y ella pensaba que era un príncipe.

Se iba a apresurar a corregirla, pero fue interrumpido por Rhys que los hizo pasar al interior de la casa. Por el guiño que le dirigió, sabía que se estaba divirtiendo con la situación y que más tarde sería burla de él y Cassian.

Pero eso podía dejarlo para más tarde. Lo que realmente le causaba curiosidad era la rapidez en la que Beiltaine había cambiado de actitud, pasando de fría e indiferente a un ser cortés y sonriente.

Aunque su sonrisa era algo magnífico de contemplar, no se sentía bien, después de ver al ser destruido y ermitaño de un mes anterior, ella tramaba algo. Podía sentir su rencor, como una sombra que deambulaba a su alrededor.