Beltaine
Durante la cena todos parecían tensos. Había conocido a las hermanas de la Alta Lady: una mujer desagradable y calculadora de nombre Nesta y una dama que le costaba mirar a los ojos, Elain. También había conocido a Cassian otro hermano de Rhysand, Morrigan la guerrera legendaria cuyo don era la verdad y Amren una alta fae de mirada inquietante que no paraba de verla a los ojos.
Cada movimiento, palabra o gesto era analizado con precisión por todos los presentes. Pero ella los analizaba de vuelta, tratando de no dejar que su mente fuera muy ruidosa. Sabía que Rhysand tenía el poder de entrar en las mentes de los demás, no podía arriesgar a hacer sus conjeturas al instante.
La Alta Lady hacía su mejor esfuerzo por conversar, pero al final la única que no la veía con intención de matarla era Elain. Ella se limitaba a preguntarle lo que opinaba de la cena o como encontraba el cielo de Velaris.
Agradecía el esfuerzo de ser cortés, porque le permitía dar las respuestas ensayadas que ya se sabía, ella no trataba de descifrar su carácter. Hasta que una pregunta de Rhysand la tomó por sorpresa, le preguntaba por su chal.
—Fue un regalo que recibió mi madre— explicó— Aunque debo admitir que no sé la historia de primera mano, ya que durante esa época me la pasaba todo el tiempo en la Corte de Otoño. Pero según me dijo la esposa de un alto lord se lo obsequió a cambio de que le ocultara algo—Rhysand le ofreció una media sonrisa.
—Eso suena mucho como mi madre ¿me permitiría verlo de cerca?—ella le pasó el delicado chal—siempre es grato ver algo que ella hizo.
Pasó la mirada por todos los demás y pudo ver la tristeza en los ojos de Cassian, Azriel y Mor. Además de la preocupación en el rostro de Feyre. Había escuchado historias atroces de cómo habían asesinado a la esposa e hija del antiguo Alto Lord de la Corte de la Noche, un conflicto que ocasionó un distanciamiento de la Noche y la Primavera.
—Lamento mucho su pérdida—susurró, esta vez con su voz. Un poco más ronca y afectada. Todos en esa mesa sabían el dolor que representa perder a alguien querido.
Casi se arrepentía de lo que pensaba de ellos, el ardor que subía por su garganta casi parecía devolverse a su estómago. Pero no podía permitirse seguir siendo empática, ya había caído presa de sus sentimientos con anterioridad.
No se dió cuenta, pero Azriel seguía pensando en las últimas palabras de Beltaine. Inseguro de cómo percibirla.
Al finalizar la cena la escoltaron a una habitación de huéspedes, dónde una bañera con agua de rosas la esperaba. Lavó su cuerpo con extrema lentitud, como alguien que no está plenamente consciente del tiempo transcurriendo a su alrededor y permaneció en la tina hasta que el agua estaba fría.
Era la primera vez en 100 años que salía de su hogar. Era la primera vez tras la muerte de su madre que salía del medio. En una habitación lujosa y fría que no le recordaba su vida en la cabaña. Envolvió su cuerpo en una bata de seda y se recostó sobre la cama, abrazando el antiguo vestido de su madre y lloró, porque estaba sola, bajo las estrellas de un cielo extraño.
Cuando por fin se durmió, la lluvia cayó sobre Velaris.
Azriel
Tras la cena Amren, Cassian, Mor y Azriel se retiraron a la oficina de Rhys. Para compartir las primeras impresiones de su peculiar invitada. Pero en cuanto Rhys mencionó que Beltaine creía que Azriel era príncipe, todos se echaron a reír.
Incluso a él le costaba imaginar que alguien lo considerara como tal, cuando toda su vida tenía que enfrentarse a los rumores, por ser bastardo, por ser un guerrero temible y por que era visto solo como el espía de Rhys.
—Creo que no tiene mucha idea de lo que ha pasado fuera del medio, tiene nociones de algunas cosas. Pero parece ajena a los detalles, es difícil saber lo que puede pensar—dijo Mor una vez que las risas se aplacaron.
—No creo que sea alguien en quién podemos confiar—añadió Rhys con seriedad—no pude leer sus pensamientos por más que lo intenté, creo que tiene bien resguardada su mente.
—Tiene mucho rencor—dijo Azriel casi en automático—la manera en la que actuó aquí fue muy distinta a como la ví por primera vez. Parecía herida, capaz de atacar a quien se acerque.
—Como Nesta—comentó Feyre, mientras entraba a la oficina—la diferencia es que mi hermana jamás ha podido esconder lo que siente— ante el comentario de la Alta Lady se escuchó a Cassian reír amargamente por lo bajo—Beltaine no sabe todo lo que ha pasado en Prythian, ni siquiera estoy segura que sepa cómo murió su madre, tenemos que asegurarnos de ser los primeros en ofrecerle la verdad. Si alguien más, que no esté de nuestro lado, le cuenta otra versión, podría llegar a ser peligrosa.
—O simplemente podríamos utilizar al Príncipe Azriel para que le saque más información—se burló Cassian.
A lo que el espía no respondió. Solo salió de la oficina.
En su camino pasó fuera de la habitación de huéspedes y apoyó su cabeza en la puerta, necesitando todo su autocontrol para no mandar sus sombras a ella, para respetar su privacidad. Antes de irse, escuchó un ligero sollozo y salió de la casa del viento.
Beltaine
Al día siguiente se despertó antes del amanecer, como era su costumbre. Le gustaba ver como el cielo cambiaba del azul marino al incandescente naranja, para después abrirle paso al cielo diurno- Se perdía en las siluetas alargadas que la luz del sol reflejaba en el suelo.
Solo había dos ocasiones en las que se sentía plena, al amanecer y al atardecer. Le hacían sentir que estaba en el lugar correcto, no importaba dónde estuviera, siempre que mirara hacia el cielo. El solo pensar en la eterna oscuridad le helaba la piel, prefería no pensar en eso.
Se arregló con tranquilidad y bajó a la cocina. Dónde encontró a la Elain con lo que parecían ser dos cocineras que se movían en sintonía con las sombras que quedaban del amanecer.
Ambas la voltearon a ver con curiosidad, pero sus miradas no eran como las de sus acompañantes en la cena, eran genuinas.
Ahí se permitió ser ella, no caer en el acto de una noche atrás, les ayudó a montar los platos y a partir las frutas que se servirían en el desayuno e incluso, se sorprendió tarareando una de las canciones de su madre.
Seguía la melodía mientras entraba al comedor, para acomodar en la mesa unas delicadas tartas de fresa. Solo paró de golpe cuando notó que en una esquina estaba Azriel, casi pensó que él le sonreía, pero cuando se detuvo a mirarlo de frente esa expresión bien podría haber sido un fantasma de los que se inventan con el rabillo del ojo.
El silencio llenó la habitación, sentía que debía decir algo, aunque no le debía nada a ese extraño. Pero en la parte de atrás de su mente algo le decía que él esperaba sus palabras, que deseaba saber más.
—Buen día, ¿debería llamarle alteza?—trató de sonar juguetona, pero esa no era su actitud.
—En realidad, no. No soy un príncipe—la voz de Azriel sonaba ronca, como si estas fueran las primeras palabras que decía en el día.
—Ahora si estoy confundida, usted debe tener ese título al ser hermano del Alto Lord, estoy segura que la etiqueta así lo dicta—unas ligeras sombras danzaban alrededor de Azriel.
—El Alto Lord y yo no compartimos sangre, nuestro lazo es parecido al de hermanos, pero me temo que a Rhysand la idea le pareció divertida y no corrigió su suposición—su tono no guardaba ningún rencor del que ella pudiera torcer la situación, era verdad, no le importaba.
—Entonces, cómo me debo dirigir a usted—se acercó sonriendo al guerrero, tratando de lucir seductora, tenía que hacerle olvidar su actitud en el medio.
—Siempre puede regresar a decirme sirviente—Azriel respondió sonriendo a Beltaine, que esta vez sintió la sangre subir a sus mejillas y el corazón de ambos se aceleró. El de Azriel por la cercanía y el de la Dama del Medio por rabia y una sensación que la hizo retroceder un paso.
Durante todo el desayuno respondió de manera automática a las preguntas de cortesía de Feyre y Elain. Pero no podía sacar de su mente la sonrisa irónica de Azriel y del calor que le provocó su cercanía.
