Beltaine

Al terminar el desayuno Feyre solicitó una audiencia con ella. No tenía de otra más que aceptar con una sonrisa. Pero la mente de Beltaine estaba tratando de hacer una recapitulación de todos los caminos que podía tomar esa conversación.

En tantos años no había olvidado como actuar propiamente, pero la impaciencia la llenó una vez más, la maldita diplomacia era lenta y nunca iba directo al punto.

Nesta, la otra hermana de Feyre, nunca le dirigía la palabra. Pero a Beltaine le daba la impresión que si alguien podía descubrir su fachada de sonrisas y palabras educadas era ella.

Le sorprendió al entrar a la oficina de Feyre, encontrar pintura en todos lados. Pinceles a medio lavar y una infinidad de lienzos en proceso.

—¿Cuánto sabes exactamente de la guerra con Hybern?—preguntó la Alta Lady, mientras destapaba una pintura.

—Algunos rumores que el viento y los Suriel me han querido decir, pero estoy segura que conoces sus medias verdades—recordó a las criaturas que merodeaban su bosque y siguió—es por uno de ellos que me enteré que mi madre no volvería.

En realidad había acudido a esas hadas antiguas en busca de una confirmación. Lo primero que notó, fue que el espejo que colgaba en la habitación de su madre se había empañado y al cabo de unos días, algunos de los hechizos menores que había en la casa se esfumaron, las luces, el fuego eterno y el reloj de arena se detuvieron.

Después lo único que hizo fue tender en el claro una capa y un venado como sacrificio. La atendió otro Suriel distinto al usual, solo adivinó que su destino fue el mismo que el de su madre.

—Al principio, no lo creí—continuó su relato para la "Rompehechizos"—la magia de mi madre era muy fuerte, pero el viento susurraba que el Rey de Hybern poseía poderes de los antiguos dioses y caí en la resignación.

No había necesidad de decirle que sumió el medio a una tormenta que causó fuertes nevadas en la frontera con la corte del invierno, ni que el viento de esta estremeció los bosques de la corte del Amanecer, hasta que su poder la agotó y se desmayó en la cabaña. Los meses siguientes solo fue una lluvia constante.

Feyre logró entender que la Dama del Medio ocultaba lo que sentía.

Trató de entrar en su mente, de manera sigilosa, como le había aconsejado Rhys, pero en cuanto sintió entrar a la fortaleza de hielo, pudo divisar un abismo que conducía hacia una tormenta marina. Entrar a su mente, sería aventarse a ese remolino de agua salada sin conocer si podría salir algún día.

La sangre de la Alta Lady de heló, la alta fae que estaba frente a ella, era poderosa e inquebrantable. Optó por ofrecer lo único que podía, la verdad.

Así Beltaine se enteró de como Stryga dejó correr su poder en el campo de batalla, como consumió las almas de miles de soldados, para después ser asesinada a manos del Rey. Entendió más sobre lo que condujo a la guerra y la fragilidad de paz que había entre Prythian y las reinas mortales.

Al término del relato. Juró que si el Rey no estuviera muerto ya, lo habría vuelto a matar, quería hacer sufrir a todo su reino, quería congelar todo a su paso. Pero se cruzó de brazos, agradeció por la información y salió de la casa.

Se sentó sobre el balcón contiguo al jardín de la Casa del Viento y dejó que sus pies cayeran, deseo sentir la caída. Pero en vez de eso, tomó una rosa y la congeló, descargando en ella toda esa ira.

Pudo escuchar que alguien se acercaba, alguien cuya esencia era de begonias, Elain. La hermana de la Alta Lady se sentó cerca de ella y observaron juntas el horizonte. Fue ella la que le hizo soltar la rosa, que con sus espinas había astillado sus manos, le vendó las heridas, más por costumbre que por necesidad y en su silencio Beltaine entendió que no debía subestimar a esa mujer. Se había equivocado en sus conjeturas, Nesta era abiertamente hostil, Feyre era gentil y poderosa; Elain era la calma que planeaba en silencio, como ella.

Se retiró a su cuarto, conmovida por ese sentimiento positivo. No podía verse reflejada en esa extraña, no podía tener compasión por ella.

Al paso de las horas siguió pensando en ella y esos ojos tristes que trataban de iluminarse falsamente en compañía de sus hermanas, sabía que había detrás de ellos y le aterraba.

Azriel

Quería hablar con Beltaine, pero al llegar a la casa después de acompañar a Cassian y a Nesta a Iliria. No la encontró, pero sí pudo ver a Elain sosteniendo una rosa congelada, observando con detenimiento.

Ella levantó la vista y lo encontró, no podía retrasar más aquella conversación. Se acercó, a pesar de que sus sombras querían seguir buscando a su compañera, las obligó a quedarse a su lado.

—Lo siento—murmuró Elain. No lo vió a los ojos, no lo miraba en absoluto.

No había mucho que decir entre los dos. Estar a un lado de ella le causaba un dolor comparable a una astilla de fresno. Pequeña, causando malestar, debilidad, casi invisible para quien no pone atención.

Un beso había cambiado todo. Hace dos meses, en el solsticio de invierno.

Tenían una amistad silenciosa. Solo a él le había revelado sus pesadillas y parecía que el corazón de la antes humana se abría por fin. Entre los arbustos del jardín, se sentaban a conversar.

Sus sentimientos le convencieron de que estaba enamorado de esa mujer. Llegó a entender su mente y cada una de las razones por las que alejaba a Lucien. Se mintió, pensando que lo podía manejar.

La belleza de Elain, lo había cautivado desde el principio. Considerando que ella aun era humana era mucho decir. Había crecido rodeado de belleza, pero nada le había movido como esos ojos bien abiertos que aun con miedo los recibieron en su hogar.

Fue por la mañana, mientras todos dormían aún. Le pidió que cerrara los ojos y ella con fe ciega confió en él. Pero al sentir sus labios en los de ella, lo alejó. Se reprimió por no preguntar, había dado por sentado los sentimientos de ella.

De manera casi inaudible ella murmuró—no soy yo la que esperas—y lo dejó con sus dudas.

Por la noche, cuando no estaba trabajando. Se permitía recordar ese beso y lo que hubiera pasado si ella no lo hubiera alejado. Llegó a preguntarse si cargaba alguna maldición que lo había marcado como incapaz de ser amado.

—Soy yo el que se disculpa—dijo con firmeza.

Hoy por fin entendía las palabras que ella le dijo, tras el beso. Ella no era la elegida para él ¿o lo era y el caldero de burlaba de ellos destinándolos a un lazo sin corresponder a ambos?

Beltaine

Podría haberse quedado en la habitación lo que restaba de los días que extendía la invitación. Pero con un gran esfuerzo tomó otro vestido de tela rosa que hace mucho tiempo había comprado en la corte de la primavera y se lo puso para la cena.

En esta se discutiría el porvenir del medio, al menos de su bosque. Estaban como invitados los Altos Lords del Invierno, Amanecer y el Día.

Al entrar sintió que tal vez su elección de vestido había sido incorrecta. Pero al ver el rostro de alivio de la acompañante del Lord del Invierno y la sonrisa lujuriosa de Helion. Vió que había acertado, no parecía más que una alta fae indefensa y sin mucho poder.

—Me alegra que lo de hija de Stryga, no sea más que en sentido figurado—Dijo Helion, mientras le besaba la mano, ella respondió con una encantadora sonrisa y una risa cantarina.

—Se me ha pasado explicarles que no comparto sangre con ella—todos los presentes se tensaron al escuchar sus palabras. Pero ella siguió sonriendo—Fui abandonada en el bosque hace mucho tiempo, justo cuando Stryga se disponía a matarme una risa mía la hizo cambiar de parecer—tuvo mucho cuidado de lucir como una damisela indefensa y nostálgica—ella me crió como suya y por siempre le estaré agradecida.

—¿Alguna vez investigó sobre su origen?—le preguntó un fae de tez oscura que se sentaba al lado de Amren, sus ojos brillando con algo que no pudo identificar.

—Hubo un tiempo que lo hice, pero mi búsqueda no dió resultado—recordó a la adolescente que no paraba de buscar a alguien con sus mismos ojos, algún parecido—algunos de mis poderes le hacían creer a mi madre que soy de la corte del invierno, pero no encajo en la descripción de los suyos, por otro lado puedo escuchar algunas cosas que dice el viento, pero nada es seguro, es un misterio que no pienso resolver. Solo quiero regresar a mi hogar y retirarme en paz.

Una descripción detallada de sus poderes levantaría muchas sospechas. Sabía muy bien cual era su origen, pero jamás se armó con el valor necesario de decirle a su madre.

—Sus ojos—dijo la mujer que acompañaba a Kalias—son algo inusual, incluso entre los fae—Beltaine sonrió en respuesta.

—Así como los ojos del Alto Lord de la Noche lo son—señaló a Rhysand—pero ni con esa peculiaridad la verdad ha sido más fácil de desentrañar.

Azriel

La cena se había tornado tensa, todos analizaban las palabras de Beltaine, pero ella evadía las preguntas de todos con respuestas cortas. Seguían elaborando teorías sobre su origen, menos Helion; que parecía más interesado en las suaves curvas de su compañera, mirando discretamente hacia su escote en la cena.

Beltaine le dedicaba algunas sonrisas mientras tomaba su copa de vino. Estaba jugando con todos y lo disfrutaba.

Pero a él solo le irritaba el comportamiento del Lord del Día, quería olvidarse de esos juegos de diplomacia, tomar a Beltaine fuera de ese comedor y no volver a ser visto por nadie, quedarse con ella entre sus sábanas por la eternidad sería suficiente. Dió otra respiración y se fijó con indiferencia en la cena.

La resolución de todos fue, a pesar de la resistencia al principio, que ninguno de los Lords eran capaces de tomar el medio y que si ella quería permanecer en el bosque de la Tejedora era libre de hacerlo, no sin antes recibir una invitación por parte de Helion de visitar la corte del día, cuando quisiera.

Al terminar la cena vió desaparecer a Beltaine en el pasillo hacia su habitación, no sin antes darle una mirada sugerente a Helion.

En ese momento olvidó que estaba ocultando el hecho de que ella era su compañera, se levantó rápidamente y la siguió al pasillo lleno de sombras.