Capítulo 9 Un Cómplice
Lo veía dormir, ya era su novia. Eso nunca pensé que pasaría, pero aquí estaba él, había vuelto a ser mío después de todos estos años lejos. Esta vez sí lo cuidaría y no dejaría que lo lastimarán.
— Te gusta verme dormir? — Lo dijo bostezando
— Si, hablas dormido
— No es cierto — Estaba asustado
— Tienes razón no hablas dormido —, Pero no era cierto
Su rostro se relajó. Me gustaba verlo así sin esa arruga en la frente; su rostro lindo no tenía que tener imperfecciones.
— Bella quiero que vivas conmigo — Me dio un casto beso en los labios
Esto me había pillado desprevenida no esperaba algo así, podría ser peligroso, pero igual podía llevar casi una vida normal.
— Ya veremos Edward — Le dije devolviéndole el beso
— ¿Pero lo pensaras? — Me abrazaba mientras hablaba
— Si — lo dije en un susurro
— Eso es todo lo que necesito — Me besó como si no hubiera un mañana.
Nos levantamos sin querer hacerlo, ya anoche estuvimos haciéndolo hasta que salió el sol, fue una verdadera maratón.
Mi padre estaba bastante sorprendido de que mi viaje lo fuera a realizar con Edward, mi hermano estaba enojado, él quería venir, pero tenía clases así es que no lo pude traer.
— ¿cómo estás? — Dijo Edward preocupado
— Me duelen partes que no sabía que podían doler
— sí, anoche creo que nos excedimos un poco, pero no me arrepiento de haberte tenido toda la noche.
— Ni yo — Nos abrazamos y salimos a caminar por la isla. Habíamos ido al puerto para ver que podíamos hacer, agarramos una papeleta de turismo y decidimos hacer deportes acuáticos. Arrendamos una moto de agua y paseamos, me aferré a la cintura de Edward en algunos momentos, otras veces levantaba las manos cuando la velocidad se hacía excitante.
Nos quedaba solo un día en Hawái. Luego regresaríamos a nuestra vida habitual; habían sido unas buenas vacaciones.
— Ya nos queda un día en este lugar pasado mañana volvemos a trabajar — Dije Aburrida y melancólica
— Si se acaba la buena vida, pero no hablemos de eso disfrutemos de lo que nos queda — Respondió Edward
Así lo hicimos disfrutamos de eso todo el día estuvimos pasándola bien. No había nada que pudiera evitar que fuéramos felices en estos días.
Terminamos en un restaurante del centro a eso de las seis de la tarde, ignorando todo lo que pasaba a nuestro alrededor éramos solamente él y yo. Como venía siendo desde que estábamos juntos. Yo lo monopolizaba por completo.
— Eres hermosa Bella, ¿en qué estás pensando?
— En estos momentos en secuestrarte y que nadie te mire como esa camarera
— ¡Oh! no pensé que fueras tan sincera
— Rara vez miento Edward, y siempre que lo hago es por una razón, cuando no tengo razón para eso nunca miento.
Pagamos la cuenta y nos fuimos al hotel. Al llegar al cuarto lo primero fue ir al jacuzzi necesitábamos sacarnos el agua del mar. Dejamos el agua correr para llenarlo, Edward llamó para que nos trajeran champagne.
Cuando llegaron con nuestro pedido, yo estaba adentro esperando a Edward, al cabo de un momento él apareció desnudo con todo su esplendor y con él dos copas y una botella.
Se metió al jacuzzi, jadeo con el toque del agua en su pene, su mirada era oscura y atrayente, pase mi lengua por mis labios que los sentía secos.
Sirvió una copa y me la paso. No había delicadeza en mí en estos momentos y de un solo trago la bebí, necesitaba algo para apagar el calor que sentía en estos momentos. Mis movimientos eran seguidos por Edward, él también dio un largo trago a su copa.
— Ven a mí, Bella,
Me levanté, con mi piel húmeda y mi cuerpo con espuma en algunas partes de mi cuerpo. Llegué a él como me lo estaba pidiendo. El levantó la mano para recibirme, al tocarlo mi cuerpo se estremeció por completo.
— Siéntate en mí, Bella.
Busqué la forma de acomodarme en él, abrí mis piernas y las coloqué en los costados de las suyas perfectamente abiertas. Podía sentir todo duro en mi intimidad moviéndose por mis costados, buscando un lugar donde adentrarse, podía jurar que tenía vida propia.
Lo tomó en sus manos y lo guio al lugar que él quería tener, al estar dentro en el lugar perfecto, comenzó nuestra danza. Podíamos escuchar el sonido del agua cuando nuestras intimidades chocaban, haciendo el agua chapotear en todas las direcciones.
Nuestras respiraciones eran agitadas, estábamos agotados y extasiados. Descansamos en la misma posición que empezamos todo.
— Creo que tenemos que salir de aquí o nos enfermaremos, Bella.
— Si, pero no me puedo mover — me sentí desfallecer, realmente estaba agotada.
Tomó mi cintura, me levanto junto con él, quedando de pie desnudos y nuestros cuerpos rozándose. Nos besamos apasionadamente. Nunca habíamos sido tan apasionados… bueno en mi adolescencia siempre nos controlábamos, aunque tres veces por semana estábamos juntos.
— Así nunca saldremos de aquí — dije sonriendo
— Eres mi droga Bella, no puedo saciarme de ti, son muchos años deseándote, buscándote, porque te busqué Bella, pero no te encontré.
Sus palabras me confundieron ¿me había estado buscado?, ¿cuándo? había muchas cosas que pasé por alto, tantas que pensé que lo tenía todo controlado, esto no me gustaba nada. Mi trabajo era protegerlo, para eso necesitaba saber todo de él, me encargaría de eso luego.
— Soy algo difícil de encontrar, pero no tanto, no me ando escondiendo simplemente no coincidimos
— Algunas veces te vi por ahí, pero cuando llegaba donde estabas ya habías desaparecido de mi vista —. Me miraba mientras lo decía con el ceño fruncido.
Eso no era bueno, ¿en que momento me habría visto? eran muchas las oportunidades que estaba cerca de él, demasiadas, pero no ha hecho ningún comentario de nada perturbador y sus ojos están claros como el alba.
— Vamos a secarte mi Bella —, me sacó de mis pensamientos. Agarró una de las toallas y la fue pasando delicadamente por mi cuerpo; pasando por lugares sensibles todo eso sin dejar de mirarnos, paso la toalla por mis piernas, luego una hasta mi muslo, pero se burló de cierta parte y fue la otra, su cara de pícaro no se la podía quitar nadie. Siguió por mi intimidad haciendo un pequeño masaje con esta.
— Creo que me toca a mí —. Lo dije cogiendo la toalla.
— No señorita porque si me lo haces a mí, te tomaré en esa pared de azulejos
— Me pregunto… ¿qué es lo que te detiene?
Eso fue el detonante para que se perdiera y me llevará donde prometió a aquellos azulejos, la pared estaba fría pero mi cuerpo caliente y anhelante.
Pasé mis piernas por su cintura, de una sola estocada entró en mi cuerpo, se movía rápido y sus besos estaban en mis senos, perdía su cabeza en el camino que separaba uno del otro.
— Joder Isabella
— Eso Edward, jódeme
Nuestro alcance esta vez fue demasiado fuerte, tuve que afirmarme a él para no caer al suelo desvanecida.
— Espérame en el cuarto, terminaré de secarme
Obedecí no estaba con las energías para discutir y tampoco tenía sentido, así es que salí del cuarto de baño.
Fui por ropa, no iba a propiciar un resfriado; odiaba enfermarme tampoco sabía cuánto eso iba a durar.
Opté por unos pantalones y una blusa sin manga, no quería provocar a Edward, ya habíamos tenido demasiado, prendí la televisión para ver que estaba pasando, después de todo era necesario en mi trabajo saber que era lo que estaba pasando allá fuera.
Llegó con su cabello desordenado, vistiendo un short tipo bermudas, tenía deseos de admirar su trasero, pero toda esa ropa lo impedían.
Nos acostamos juntos a mirar la televisión, no íbamos a estar todo el día haciéndolo como conejos; aunque no me oponía para nada.
Pero algo paso, la imagen que jamás pensé en volver a ver en mi vida estaba ahí, un chico de color negro llamado Tyler Crowley estaba en la televisión después de once años, venía aparecer el "asesino" se había declarado culpable. La imagen estaba pegada en él, igual que Edward no despegaba la mirada del televisor, tomé el control y la apagué, giré mi cuerpo para tomar mi celular.
— Hola, con el señor Demetri Vulturi
— ¿Quién habla? — Preguntó la secretaria, no estaba para estos juegos
— Con la agente Isabella Swan, pásamelo ahora — eso lo dije en forma urgente.
Esperé unos segundos, hasta que por fin pudo contestar.
— Hola, habla Demetri
— Hola, ¿Qué está pasando? — lo dije sin rodeos
— Nada de qué preocuparse
— Lo quiero, quiero ese caso para mí
— No podemos lo tiene el inspector Witherdale
— Hemos hecho esto muchas veces Will, recuerdas que una vez me dijiste que te podía pedir lo que quisiera cuando paso lo de California. Ahora me lo estoy cobrando.
— Lo tienes —. yo sabía que no me negaría nada
— Bien… para mañana quiero en mi oficina, todo lo que tenga el inspector.
— Nos vemos mañana entonces—… no lo deje terminar y tranqué la llamada.
En mi mente pasaban muchas cosas, tenía que terminar lo que no hice hace once años atrás, era demasiado joven para ver las implicancias, el caso estaba por prescribir, es por eso que apareció el asesino para que no se cerrara; quería que se siguiera investigando. Pero ese tipo no sabía con quién estaba jugando.
— Supongo que terminó nuestra estancia en Hawái — lo dijo en tono melancólico.
— Si, el trabajo llama, lo siento — lo dije acariciando su mejilla.
— Yo también — se notaba que realmente la estaba pasando mal.
Su rostro estaba perdido y triste en alguna parte, me imaginaba que, en sus recuerdos, odiaba todo esto. Pero era culpa mía por no haber dejado un culpable esa vez. Esa niña la pude haber responsabilizado y los recuerdos llegaron a mí, pero los desecho, Edward era más importante.
Estaba estático en la cama mirando el techo de esta, como siempre llegué a Edward, lo abracé no reaccionaba, pero no me aleje, simplemente lo empecé acariciar en su cabello, un gesto dulce y sincero.
— Iras a vivir conmigo? — me dijo mirándome a los ojos.
— iré a vivir contigo, pero no estaré en Los ángeles por unos días, me voy de viaje
— ¿Cuándo? — Dijo Edward
Esta vez tenía toda su atención en mi
— No lo sé, tengo que tener toda la información y ver
— ¿Dónde iras? — Dijo Edward
— A Chicago es el lugar donde murió, como odio esa maldita ciudad. A los ocho años me pasó algo horrible y juré nunca más en la vida volver
— ¿Qué te pasó? — Dijo Edward
— Prefiero no hablar de eso, no quiero recordar.
Aun esta en mi menté todo ese infierno en que estuve en vuelta, cuando solo era una pequeña niña y tuve que desatar mi monstruosidad.
Fue al baño aproveché para comprar dos pasajes a Los Ángeles, en primera clase, lo mejor para Edward y para mí. No quería que nuestras últimas horas fueran así, quería un lindo recuerdo así es que me levanté me puse buena ropa.
Dejé una nota a Edward para que supiera donde estaba.
Lo esperé un tiempo en el bar, pero ya había pasado mucho tiempo y mi paciencia tenía un límite; en vista de que no vendría, yo no lo iba a ir a buscar. Salí de ahí después de todo eran mis vacaciones y las terminaría bien. Recorrí la ciudad en un taxi, saqué mi cabeza por la ventana mientras el auto corría a la velocidad que había pagado.
Me baje del taxi, para pasear por la playa, quería sentarme con Edward para disfrutar de la noche y las estrellas, pero él no había llegado lo que no me extrañaba. En lo absoluto.
Estuve mirando la noche estrellada, escuchando las olas. Mi vista estaba en el mar, sentí como si alguien se sentara a mi lado.
— Te busque en el bar — lo dijo abrazándome por los hombros.
— Te demoraste mucho, decidí salir a pasear en mi última noche ¿Cómo me encontraste?
— Recuerda que yo también soy detective y uno de los buenos —. Lo dijo de forma engreída.
— Si, uno muy bueno — estaba totalmente de acuerdo
Estuvimos abrazados un rato escuchando el mar, y con templando la noche, el ambiente era demasiado cálido, esta sería nuestra última noche juntos por un tiempo.
En qué momento paso… no lo sé, pero nos estábamos besando, el me llevo con su cuerpo al suelo arenoso posándose encima mío, mientras sus manos delicadas tocaban mi cuerpo por encima de mi ropa con respeto, él estaba venerándome.
— Estarás de ahora en adelante siempre ahí
— Siempre que tú quieras que este Edward — Susurré
— No habrá día que no quiera que te acerques a mí.
— No habrá día que no te pida que no te acerques a mí.
Con esas palabras nos quedamos mirando esa noche con el leve reflejo que nos daba la luz cercana. No desaprovechó la oportunidad para apretar mis senos y estrujarlos a su antojo.
— Creo que te gustan más que yo — Dije coqueta
— Podrían competir, son perfectos en mis manos y debo agregar que también en mi boca.
Terminamos esa noche con un gran beso. Amarnos en el hotel fue algo que debía darse en nuestra despedida de Hawái, el sol tan grande y majestuoso.
Nos separamos al llegar a Los ángeles, me estaban esperando; una pequeña comitiva para recibirme y que me hiciera cargo, al parecer la situación era bastante grave.
Llegamos a la estación, estaban todos esperando que interrogará al sospechoso.
— No se declaró culpable — Hablé
— Si es cierto, pero no hay ninguna prueba, no hay evidencia alguna — Hablo Demetri
Por supuesto que no hay nada
— Entonces no tiene sentido que lo interroguemos hasta que tengamos las pruebas que se necesitan —. Dije claro y fuerte
— ¿Entonces qué haremos? — El agente William interrumpió
— Dame una semana para buscar lo que necesitamos, ustedes busquen cualquier requerimiento legal para mantenerlo aquí, o podría darse a la fuga.
— Eso haremos entonces agente Swan — Dice el agente Williams
Mi jefe me había dado luz verde para poder viajar a chicago y hundir a Tyler y su supuesto asesino después de todo necesitaba uno.
Caminé directo a mi oficina y llamé a mi asistente para que tomara nota y consiguiera toda la información que necesitara.
— Toma asiento — Ordené
— Si agente Swan — Mi asistente respondió preocupada
— Toma nota: necesito que consigas todas las demandas que pueda tener en todos los estados del país a nombre de Tyler Crowley, incluso si hay multas de tránsito no pagadas. Todo eso lo necesito para hoy. Además, reserva dos pasajes en avión a Chicago y una habitación de hotel.
— Si agente Swan me pongo en eso
Salió de mi oficina, empecé a investigar sobre este tipo, su nombre era Laurent en realidad, perfectamente podía ser el tipo que había matado a Tyler. Tenía numerosas denuncias solamente en Los ángeles, nada comprobado realmente, todas las causas quedaban en punto muerto, mi trabajo era encontrar todo lo relacionado con él.
Podía escuchar los gritos de protestas de ese sujeto al ser tomado prisionero, esperaba que lo dejarán ir al no tener pruebas de lo que hizo, pero había muchas maneras de retenerlo por una semana al menos. Favores especiales a los jueces.
Estuve todo el día investigando y recibiendo información de mis contactos, mi asistente estaba con Tyler. Estuve tentada en llamar a Edward, pero me contuve tenía mucho trabajo por delante.
Para cuando término el día tenía todo lo que quería, la información para mañana a esta hora estaría en Chicago. Cansada y estresada me fui a New Moon a tomar un trago.
Esta vez no estaba Sam en la barra sino Miriam, la chica era agradable, pero no me gustaba mucho entablar conversación con ella, así es que pedí lo siempre.
— Tequila
— En seguida.
Unos segundos después me dejo en la mesa unos vasos, limón y sal. Comencé a beber y se sentó alguien a mi lado.
_ Hola, Bella.
— Hola, Francis, ¿Cómo has estado?
— Bien, no me has vuelto a llamar…
— la verdad ya no te necesito Francis
— Quiero estar esposado en tu cama sirviéndote mi ama.
Lo quedé mirando, en otros momentos de mi vida, estaría dando una dirección donde me esperara y poder jugar con él, pero ahora era novia y no podía hacerlo.
— Tendrás que buscar a otra persona ya sabes dónde encontrar.
— Permiso
— Adelante
Se fue furioso al no conseguir lo que quería, pero ya no era un material atrayente para mis fantasías, ahora quería a Edward esposado, pero eso era un sueño, no creía que me dejara jugar con él.
— Así es que ese es su estilo ''Ama''— Lo dijo James Witherdale con sarcasmo y con su mirada desafiante. Seguro su furia era porque me impuse en su caso que, lo más probable ha estado trabajando en eso toda su vida, un tipo incompetente si fuera el caso.
— Mi vida privada es asunto mío y de nadie más
— ¿Esta gustosa de quitarme el caso?
— Ese caso estaba muerto en su oficina, no había avances, el domingo daré con el culpable.
— He estado once años tras de esto y ¿en una semana lo descubrías todo tu? ya quiero verlo — lo dijo con voz burlona.
— tuvo mal enfoque inspector, si se hubiera enfocado en la victima y no en el criminal, tal vez hubiera llegado a la respuesta más rápido.
— ¿Qué quieres decir? — Me respondió James
— Vea las noticias mañana y sabrá — Hablé
Dejé unos dólares en la mesa de la barra y me fui de ahí. No quería más confrontaciones, no me convenía tampoco.
En la noche llamé a Edward cuando estuve más relajada, lo normal era que lo fuera a ver, pero se supone que no sé dónde vive. Estaba bastante casada, había sido un día muy largo.
Estaba durmiendo cuando escuché que alguien golpeaba, miré la hora ¿quién será a estas horas? Me levanté y fui abrir para encontrar a Edward en pijamas. Y su rostro tenía un extraño carmesí.
— No podía dormir — Me dijo Edward asustado
— Pasa — Dije — Ven vamos a la cama
— Solo quiero dormir Bella — Me dijo somnoliento
— Es lo que estoy haciendo… dormir — Respondí, no estaba de humor para algo más
Mi cuarto estaba ordenado o al menos una parte porque la otra había ropa por todos lados mientras escogía que iba a llevar.
— ¿Tuviste pesadillas? — Pregunté
— Si, no quiero hablar de eso — Me dijo asustado
— Está bien. Duerme entonces. Dije condescendiente
Nos acostamos abrazados, su cabeza estaba en mi pecho, su respiración estaba acelerada, como odiaba verlo así y más si estaba llorando.
— Debes pensar que soy un llorón — Hablo Edward triste
— En lo absoluto. No es que me guste verte llorar, pero me siento más humana.
A la mañana siguiente, Edward me acompaño al aeropuerto, nos despedimos con un gran beso de esos que servían para recordar por varios días. El vuelo fue tranquilo no hubo grandes problemas. Todo estaba bien por el momento.
Al aterrizar el avión, estaba saliendo de la cabina de embarque cuando la imagen de Tyler Crowley aparecía en pantalla, causando la indignación de todas las personas: su historial delictivo había sido expuesto, ya no era el pobre chico que murió de forma cruel y despiadada, de hecho, por lo que escuchaba muchos estaban contentos por su muerte.
Me regocijaba de la alegría, había arruinado la imagen de ese sujeto, lo arruiné en la vida y ahora lo hacía en la muerte. Estaría en la televisión por mucho tiempo, sería la comidilla de todos, incluso su asesino ya no tenía tanta importancia.
El taxista me dejó en el hotel. No tenía tiempo que perder, dejé mis cosas en la habitación. Fui a uno de los departamentos que estaban en la periferia de Chicago y era horrible el lugar, caminé por varios departamentos, subí un montón de escaleras, hasta que llegué a un lugar que según mis investigaciones estaba abandonado y pertenecía a Tyler.
Abrí la puerta, todo estaba desordenado y mal oliente, había comida que tenía vida, latas de cervezas de mucho tiempo y un sin fin de otras cosas asquerosas. Pero lo que hizo que lanzara una pequeña rabieta fueron fotos de Edward, en situaciones vergonzosas. Mi odio a ese tipo crecía mucho más; se había dado el lujo de fotografiar a mi Edward. Ahora comenzaba a registrar con mayor minuciosidad, tenía que encontrar más cosas donde se viera implicado Edward.
Había un video. Lo empecé a mirar, pero solo vi la primera parte, no pude seguir viéndolo. Hasta que encontré el vínculo con el sospechoso que necesitaba. Eran amantes, había fotografías muy interesantes, Tyler no discriminaba a nada.
Por primera vez en mi vida, no pude controlar mis impulsos cuando salí de ese departamento, se me devolvió todo y vomité. No lo hice cuando maté, ni siquiera cuando tenía cuerpos descompuestos en mi camilla. Pero esto de ver a Edward así de esa manera no pude. Lo que tenía claro que había que cazar a un tal Diego; él ayudó a Tyler, ese tipo no sabe con el chico de quien se metió.
Ya había anochecido, ahora tenía que terminar otro trabajo. Llame por teléfono a mi papá.
— Charlie, ¿ya estás en Chicago? — Hable a mi padre urgente
— Si Bella, estoy en la dirección que me apuntaste
— Estoy por llegar, que no te vea nadie —Respondí
Había arrendado una camioneta hoy, irrumpiremos en la casa de Edward, para sacar algo que dejé guardado hace unos once años atrás.
Mi padre me esperaba vestido de negro oculto entre los árboles, éramos unos verdaderos delincuentes policiales.
— Hola papá, ¿tuviste un buen viaje?
— Si, todo está bien y ¿tu? — Dijo Charlie
— Todo bien, cansada he trabajado todo el día, ¿encontraste las llaves?
— Si, aquí las tengo — respondió
Me pasó las llaves de la casa que una vez se las robé a Alice. Estaba contando que no hayan cambiado las cerraduras, gracias a dios cedieron. Abrimos los portones de la casa. Nos montamos a la camioneta para pasar, luego cerramos las puertas para no despertar sospechas, la llevé al estacionamiento.
— Recuérdame, ¿por qué hago esto Bella?
— porque me amas y no quieres verme en prisión
— Si definidamente — Me dijo sin duda alguna
Nos cubrimos el rostro con el pasa montañas y abrimos las puertas, estaba todo tal cual lo recordaba, aquí se había realizado uno de los crímenes más grandes de la historia de Chicago.
En el fondo estaba lo que buscábamos, un frigorífico cubierto con una manta, caminé hasta donde estaba, saqué la manta que lo ocultaba; lo miraba con ansiedad, hace mucho tiempo que quería venir por esto. Pero las circunstancias de la vida no lo habían permitido. Con ayuda de mi padre lo empujamos.
— Espera, si quieres te puedes voltear tengo que comprobar algo.
Mi padre gira su cuerpo el no soporta ver muertos.
Abrí el frigorífico y ahí estaba el cuerpo de esa pequeña rata, su nombre era Bree, ella se encargó de llevar a Edward a ese tipo. Estaba bien muerta con esos ojos de rata. Cerré la puerta todo estaba bien, mi muerto estaba en su lugar.
Con la ayuda de una rampa que había conseguido logramos meter el frigorífico a la camioneta. Cerramos todo y salimos de ahí.
El cuerpo de Bree oculto en el frigorífico fue lanzado al lago de Chicago. Borrando con ella muchas de las evidencias que me inculpaban en el crimen.
— ¿Eso es todo Bella? — Hablo mi padre
— Si papá. Gracias por ayudarme eres el mejor
— Espero nunca arrepentirme por esto, pero eres mi bebé y no quiero que nada malo te pase.
— Todo saldrá bien, ¿vamos a cenar? — Respondí apresurada
La cena con mi padre era en silencio; él estuvo conmigo en casi todos mis momentos de la vida, era mi cómplice, mi amigo. Él sabía más de mí que cualquier persona. Por eso y más estaba muy agradecida con él.
Amaba a mi papá.
Continuara...
