— ¿En verdad hace menos de un año que se ha convertido? No lo parece.
— De hecho, no pasaron ni 6 meses. Yuuji tiene un control excelente.
— Pareces orgulloso de él.
— Lo estoy.
Itadori oyó la conversación amortiguada sin importarle realmente lo que estaban hablando aquellos dos. Una vez los tres se subieron al amplio y lujoso carruaje que Nanami había dispuesto para ellos, Itadori no pudo mantener los párpados abiertos por más de cinco minutos y, apenas había comenzado un trayecto tranquilo pero en silencio, el traqueteo del carro le sirvió para arrullar un sueño que no sabía necesitaba con urgencia.
Y más temprano que tarde, se quedó dormido apoyado en el hombro de Satoru.
De repente, algo lo había despertado; un sonido demasiado brusco, una piedra en el camino, no sabía bien qué había sido. De hecho, aquel pequeño y sutil despertar le permitió darse cuenta de que su cuerpo había cambiado de posición dentro del carro. Aún seguían viajando, eso era seguro...pero ya no estaba sentado, estaba acostado. ¿En dónde estaba recostado si allí dentro, por muy espacioso que fuera, no había lugar…?
— Yuuji es especial.
— Lo mismo dijiste de Okkotsu hace años, y mira.
— Su caso fue diferente...no me mires así, Nanami.
— ¿En qué fue diferente? Ya la veo venir.
Satoru rió y en ese momento, la vibración de su risa profunda pero suave le dio a entender a Itadori que se encontraba acostado sobre sus piernas. Inhalando profundamente, percibió el aroma del mayor de lleno en sus fosas nasales. Acomodándose un poco mejor, notó los muslos ajenos debajo de su cabeza, la mano de largos dedos sutilmente sobre su hombro.
¿Quién era Okkotsu?¿Otro amigo de Satoru? Estaba lo suficientemente adormilado como para que su cerebro no entendiese muy bien las referencias…¿él era especial, por qué?
— Oye, Yuta quiso quedarse contigo, no fui yo el que lo dejó aquí.
— Podrías haber insistido un poquito más.
— No quería estar conmigo, Nanami. ¿Ya te has olvidado? ¡Me odiaba!
— Baja la voz, vas a despertarlo.
— Ajá.
La mano de Satoru se presionó sobre su hombro en forma suave, pero firme. Luego, sus dedos se deslizaron en una caricia sutil sobre su brazo hasta su codo, luego de nuevo al hombro. Probablemente sabía, sentía que estaba despierto, más Itadori tampoco tenía las fuerzas ni las ganas suficientes para confirmárselo, sus párpados aún pesados como el resto de su cuerpo.
Allí estaba cómodo, no tenía deseos de pensar ni de empezar a hacerse ideas extrañas, ahí no…
Y quizás fue el cansancio o tal vez el mismo Satoru, pero Itadori volvió a caer en la inconsciencia.
Qué cómodo estaba...podría seguir durmiendo horas, días...recién allí se había dado cuenta lo poco que había descansado en ese viaje de mierda, con todo el estrés…¿por qué había estado tan estresado, por el barco? Ya no…
— Yuuji, despierta. Ya llegamos.
— ¿Mmh?
— Arriba, vamos.
Itadori bufó, resopló y se estiró. Ya no estaba sobre la falda de Satoru sino sobre el asiento mismo. El carruaje se había detenido y se podían oír claramente varias voces afuera e incluso alejadas de allí. Cuando pudo enfocar su mirada, lo primero que distinguió delante suyo fueron los cabellos despeinados de Satoru, la venda en su lugar. Le sonreía tranquilamente y, por la posición en cuclillas frente a él, parecía ser que había estado observándolo bastante rato. Itadori volvió a estirarse e intentó sentarse, fastidiado por la interrupción de su sueño.
— ¿Dónde estamos?
— En Transilvania. Hace un poco de frío afuera, así que ponte el chaleco.
— No tengo frío.- mientras Satoru lo ayudaba a colocárselo rió despacio.
— Eso no importa. De hecho, afuera está nevando. Hay humanos desperdigados por allí ayudando con el equipaje, no quiero que te vean desabrigado. Van a sospechar.
— Ah.
— Tienes que empezar a aprender a fingir algunas cosas, Yuuji. Recuerda: los humanos son tontos, pero no tanto. El más mínimo detalle que se te pase por alto, ellos lo notarán y empezarán a dudar.
— Anotado.
— Vamos, Nanami se fue corriendo a esconderse, le teme al sol.
— ¿Es de día acaso?
Itadori había formulado aquella pregunta en son de broma porque sabía perfectamente que Satoru jamás hubiese estado tan tranquilo y animado si ese hubiese sido el caso. Sin embargo, cuando el mayor salió del carruaje e Itadori lo siguió, percibió dos cosas instantáneamente: primero, tenía razón: estaba nevando de una manera que...de casualidad y lograba distinguir la gran estructura de piedra que se levantaba a unos 50 metros de ellos, majestuosa y seguramente más vieja que Satoru.
Lo segundo era que, de hecho, era de día.
Jadeó, sorprendido y atemorizado por el descuido de Satoru; escondiéndose en la espalda del otro aprovechando la ventaja de su altura, intentó calmarse preguntándose por qué estaba tan tranquilo si…
— Tranquilo. Sí, es de día, pero no representa un problema para nosotros. La tormenta de nieve es tan fuerte que tapará el sol al menos por 48 horas, así que despreocúpate.
— ¿Existen lugares así?
— Ajá. Gente como Nanami a la que le gusta socializar un poco más que a mi se sienten más cómodos en zonas así. Personalmente intento evitarlas, me arruinan la piel.
— Claro.
— ¡El clima aquí es muy seco! .— Satoru volteó y se inclinó hacia él, sus rostros peligrosamente cerca.— Mira nada más como ya tengo el cabello.
— Igual que siempre.— el mayor hizo un mohín fastidiado y suspiró, resignado.
— Vamos.
El camino iba en ascenso e Itadori estaba seguro de que si hubiese sido humano jamás podría haber atravesado aquel trayecto solo. Mientras seguía a Satoru, su capa negra ondeando por el viento suave que comenzaba a levantarse y arremolinaba la nieve que seguía cayendo en gruesos copos, Itadori divisó a los dueños de las voces que había escuchado en el carruaje; hombres forzudos luchando contra un equipaje que Itadori no sabía llevaban…¿qué eran esas cajas gigantescas que parecían pesar toneladas? Lo cierto es que aquellos sujetos sí parecían estar teniendo serios problemas para transportar todo aquello hacia una entrada lateral oculta a la vista y, por un momento, por un breve instante, Itadori se preguntó si ellos no podrían haber hecho aquello en menor tiempo y con mayor facilidad.
Luego recordó las palabras de Satoru. Tenía que aprender a fingir, ¿no?
Aún así…
Envalentonado, dios dos zancadas hacia delante para ponerse a la altura de Satoru; éste apenas giró el rostro en su dirección brindándole una leve sonrisa que flaqueó sutilmente cuando Itadori tomó su mano y entrelazó sus dedos a los del mayor, presionando. La sonrisa volvió a aparecer segundos después, más amplia y acompañada de un apretón en su mano.
— ¿Sucede algo?
— No.
— ¿Seguro?
— Claro.
— Yuuji…
— Dime.
— ¿Hay algo que te incomode?
Itadori guardó silencio mientras percibía aquel fuego extraño y nuevo surgiendo dentro de él nuevamente. Tragó saliva dispuesto a enterrar las cosas por la paz, pero parecía tan difícil hacerlo, incluso mucho más que cuando había sido humano…
— ¿Yuuji?¿Te encuentras bien?
— ¿Quién es?
— ¿Quién es quién?
— La persona de la que hablabas con Nanami en el carruaje.
— Así que de hecho si estabas despierto, ¿eh?
Era en esos momentos que Itadori agradecía ya no poder sonrojarse como antes. Su mirada intentaba parecer seria y enfocada hacia delante, pero no sabía si estaba consiguiendo la expresión de indiferencia que quería demostrar.
— Un poco, sí. No te desvíes, te hice una pregunta.
— ¡Pero…! Dios mío, Yuuji, ¡qué celoso te has vuelto!
— ¡No estoy celoso!
— No grites.
Satoru detuvo sus pasos y volteó hacia Itadori; se inclinó hacia él colocando el dedo índice sobre sus labios. El menor tragó saliva cuando se percató de que no sonreía.
— Primera regla: aprende a fingir. Segunda: no des excusas para que desconfíen de ti.
— Pero…
— Guarda silencio y escúchame. No vuelvas a gritar así. Tu voz es un hipnótico potente para los humanos, ya lo notarás. Si la usas con mayor sentimiento del usual frente a ellos se verán atraídos o como mínimo van a sospechar del efecto que les provoca.
— No...no lo sabía.
— Si lo sabías, sólo que no me oyes cuando te hablo. No hemos venido a causarle más problemas de los necesarios a Nanami, ¿estamos de acuerdo?
Increíblemente, Satoru parecía realmente molesto con tan poco...sorprendido, Itadori se amedrentó ante el tono cortante de su voz y asintió con la cabeza, la tensión entre ellos disolviéndose parcialmente; el mayor se irguió cuan alto era, lo observó por unos segundos y volvió a sonreír, posando su mano en el hombro de Itadori.
— Muy bien, continuemos entonces.
Comenzaron a caminar en silencio nuevamente. Itadori ahora podía visualizar bien la construcción: era un castillo gigantesco pero elegante, sus puertas al parecer cada paso más lejanas mientras las voces de los humanos se oían cada vez más lejanas en medio de la tormenta que empeoraba minuto a minuto…
— Yuta es un vampiro joven. No tanto como tú, tiene sus años ya. Yo lo convertí, harán unos...bueno, no lo sé, no me acuerdo. Pero diez años, seguro.
— ¿Por qué lo convertiste?
Satoru guardó silencio y por alguna razón, a Itadori le dio la impresión de que estaba intentando ocultarle algo. Aguardó pacientemente algún tipo de respuesta más impelido por la curiosidad que por los celos una vez llegaron al gran portón de madera de aquel castillo un tanto siniestro.
— En realidad...no lo sé. Me pareció...correcto, sí. Esa es la palabra. Yuta estaba enfermo, pero muy enfermo, ya en el lecho de muerte. En esa época yo acostumbraba a visitar una morgue y…
— ¿Una morgue?
— Ajá. Tenía otros motivos, Yuuji, no me comía los cadáveres.
— No, es que…¿qué hacía...bueno, eh...Yuta ahí?
— Ah, eso. Bueno, lo dieron por muerto. Aún respiraba débilmente, así que...lo intenté. Nunca antes había intentado transformar a nadie, así que era toda una aventura.
— Una aventura.
— ¡Claro! Pero salió mal.
— ¿Cómo? ¿No es un vampiro, acaso?
— Sí, esa parte sí salió bien. Pero Yuta...vamos a decir que él prefería morirse.
— Ah.
— Sí. Le costó bastante y yo fallé en contenerlo y aconsejarlo. Nanami me ayudó muchísimo, por eso estamos aquí.
— Pero yo no estoy arrepentido, Satoru. Yo sí quiero estar contigo.
Al escuchar aquello, Satoru volteó hacia él, acercándose. Tomó el rostro de Itadori con ambas manos y acercó su rostro, besándolo suavemente. Las ansias por mayor contacto fueron tales que Itadori se aferró al cuello de su túnica y profundizó el beso sin que Satoru se lo impidiera, éste abrazándolo por la cintura.
— Gojo.
Itadori gruñó al oír la voz de Nanami y Satoru rió contra sus labios, sin soltarlo. Ambos voltearon a ver al hombre en la puerta observándolos con una expresión nefasta cercana al asco. Itadori torció el gesto y se aferró más a Satoru mientras éste apoyaba una mejilla sobre su cabeza, aún riendo.
— ¿Sí?
— Se puede saber qué hacen en plena luz del día.
— Técnicamente, está nublado. Ah, y hay mucha nieve.
— Sabes a qué me refiero.
— Yuuji.— Itadori alzó las cejas ante el cambio de tono de Satoru, volviéndose más serio de lo normal.— No te lo dije porque me daba un poco de pena, pero Nanami es virgen. Le molesta que el resto no lo sea y…
— Cierra la boca, estúpido.
El tránsito al interior del castillo fue...siniestro. Itadori no se sentía cómodo quizás no sólo porque aquel lugar era totalmente inmenso y desconocido sino porque todo, desde la piedra del suelo hasta los muebles e incluso los candelabros tenían el aroma de Nanami incrustados en ellos. Subieron escaleras, caminaron corredores, subieron más escaleras. Y todavía más hasta que llegaron a un sector del castillo que no olía tanto a Nanami; fue recién allí que Itadori pudo respirar un poco más tranquilo mientras la voz de Satoru seguía retumbando contra los techos altos.
— ¿Entonces?
— ¿Entonces, qué?
— ¿Has encontrado pareja?¿Algún jovencito que aguante tu mal humor, quizás?
— No te proyectes en mí.
— ¡Pero mírate, Nanami! No has sonreído siquiera una sola vez desde que nos vimos. Una sola te pido, nada más.
— Pides demasiado, no me dan ganas de sonreír contigo siendo tan molesto.
— Yo no soy molesto, ¿verdad que no, Yuuji?
El aludido estaba entretenido admirando las pinturas antiguas, las cortinas de seda y las alfombras costosas cuando oyó su nombre en medio del corredor, aún caminando tras ellos.
— ¿Eh? No, claro que no.
— Pobre muchacho. No es necesario que le mientas en la cara, tiene que conocer la verdad.— la voz de Nanami había sonado diferente, incluso más distendida e Itadori increíblemente notó el tono de sorna divertida en sus palabras, sonriendo.
— Se va a poner triste si lo hago.
— Yuuji, ¿qué estás diciendo, sí soy un amor contigo?
— Sí, Satoru, pero...a veces hablas demasiado.
Nanami soltó un sonido extraño, un tanto estrangulado. Ambos, Itadori y Satoru lo observaron sonriendo. ¿Aquello había sido una risa?
— Bueno, si quieres dejo de hablar y ya.
— No era para que…
— Y me dedico a hacerte otras cosas, ¿te parece bien? .— Itadori rodó los ojos empujando a Satoru mientras Nanami bufaba, deteniéndose finalmente al final del corredor.
— Ya llegamos.
La voz de Nanami sonó alta y molesta.
— Bien, pueden usar éste sector del castillo como les plazca. Lo único, no me ensucien las alfombras, son originales. Y no quiero molestias. Bueno, Itadori, tú sí puedes molestar, para eso estás aquí.
— Con ese argumento mejor me quedo callado. Descuida, no causaré problemas.
— Claro.
Nanami los esquivó luego de abrir una gran puerta de madera que conducía a otro sector del castillo. Mientras Itadori asomaba la cabeza y fisgoneaba, Satoru agradeció a Nanami por los buenos tratos.
— Otra cosa. No quiero ruidos molestos a deshoras.
— Yuuji, te he dicho que es virgen, ¿no? Es por eso que…
— Quiero dormir, maldita sea. Aquí todo resuena mucho más, así que si se te ocurre comenzar a fornicar a las 3 de la tarde te voy a escuchar.
— ¿Cómo fornicar? ¿Qué soy, un perro? Bueno, si lo pones así...
Itadori gimió avergonzado, escapándose de la pelea que seguramente Satoru iba a iniciar con aquel tema. ¿Acaso no sentían vergüenza alguna? Probablemente se les había disuelto con los años, como todos los demás sentimientos negativos.
Mientras se introducía en la primer gran habitación que Nanami había abierto para ellos y las voces de la discusión quedaban un tanto amortiguadas, Itadori no pudo más que asombrarse al traspasar una, y otra, y otra puerta más; aquel lugar no sólo era inmenso sino también extremadamente lujoso. Entre las alfombras, los muebles tallados, las pinturas de las paredes, los candelabros y las cortinas pesadas apenas abiertas en los grandes y altos ventanales...ni siquiera podía llegar a valorar la antigüedad y el costo de aquel mobiliario. ¿Todo aquello ya había venido con el castillo cuando Nanami lo compró o…? Era más probable que hubiese sido aquel vampiro el que había mandado a construir aquella edificación y el que había llenado los cuartos con aquellos muebles, porque todo ahí se parecía mucho a él: elegante, pero aburrido. Todo llamaba la atención, pero al mismo tiempo Itadori no quería acercarse ni tocar nada por temor a contrariar al otro a quien aún no conocía de nada y…
— Tú eres Itadori, ¿verdad?
Joder, puta madre.
Itadori inspiró aire bruscamente intentando no dar un respingo histérico en su sitio, deteniendo sus pasos al oír una voz suave y un tanto insegura proveniente de la mismísima oscuridad. Sus ojos no necesitaban adaptarse a la penumbra para distinguir una silueta humana proyectándose desde la esquina del cuarto al que acababa de ingresar Itadori.
¿Qué carajo estaba haciendo ahí? Parecía incluso temeroso de la presencia de Itadori, pero...aquel tipo era un vampiro, no le cabía ninguna duda. Si bien despedía un ligero aroma a sangre fresca, no le pertenecía. Sin embargo, ¿por qué parecía tan inseguro, siendo que probablemente también vivía allí? Nanami no les había mencionado la presencia de otro habitante en aquel castillo, pero tampoco le hubiese extrañado que Satoru se hubiese olvidado de mencionarlo, por lo que…
— Ah...sí, soy yo. ¿Tú eres…?
— Yuta. Okkotsu, Yuta. Ah, un gusto.
Mientras Itadori intentaba recordar cómo se respiraba, el famoso Yuta avanzó finalmente desde las sombras hacia él y, si bien estaba en guardia esperando cualquier tipo de reacción por parte del otro, Yuta lo sorprendió con movimientos suaves y al mismo tiempo algo torpes mientras se aproximaba y extendía una mano vacía hacia él; Itadori lo observó de reojo procurando no parecer grosero y, a los pocos segundos, decidió que no representaba un peligro y se adelantó, extendiendo el brazo y estrechando la mano que se le ofrecía.
Carajo, qué frío estaba, qué…
Yuta jaló con fuerza de su brazo haciendo que Itadori trastabillara. ¿Por qué había bajado la guardia? Aún así, Itadori estaba más que listo para romperle la cara si…
Si Yuta intentaba algún tipo de agresión hacia su persona, cosa que no sucedió. Cuando Itadori había sido propulsado hacia delante y por la poca distancia que los separaba, había terminado literalmente chocando contra el otro; sin embargo, lejos de recibir algún tipo de golpe y daño, Yuta lo había abrazado y su nariz ahora se hallaba enterrada en su cuello, olfateando con tanta fuerza que Itadori sentía vergüenza por sus actos. Apoyó ambas manos en los hombros ajenos para apartarlo, pero aquel tipo tenía mucha fuerza, sus brazos firmemente cerrados en torno a su cintura.
— ¿Qué haces? ¡Suéltame!
— Espera un momento, sólo... qué aroma tan llamativo tienes, ¿de verdad eres un vampiro, Itadori? Hueles muy bien.
— Y-Yo...claro que lo soy, soy lo mismo que tú.
— ¿De veras?
— Ahora, déjame ir, no quiero golpearte.
— Sólo estoy oliéndote, ¿por qué me golpearías, sino te estoy haciendo nada malo?
— Porque es incómodo, me da vergüenza, yo…
— ¿Esto te da vergüenza?¿Cuántos años hace que Gojo te convirtió?
— ¿Eh?
Itadori se había resignado a luchar contra el otro porque era imposible. No sabía si se debía a la diferencia de edades, el tiempo que hacía que ambos eran vampiros o simplemente Itadori se había topado con alguien con mayor fuerza física que él, pero no podía quitárselo de encima; Yuta se había limitado a aferrarlo firmemente, pero en ningún momento había dado muestras de agresividad, al contrario. Parecía más bien ansioso, inseguro y deprimido por el tono de voz monocorde y bajito que usaba al hablar.
— ¿Años? Hace apenas unos meses que…
— ¿Meses…?¿De...de verdad hace tan poco?
— ¿Qué tiene de malo, por qué todos se sorprenden de eso?.— Yuta rió quedamente sobre su cuello, erizándole cada vello del cuerpo.
— Porque es raro que te comportes tan bien. Cuesta mucho.
— A mi me...bueno, me cuestan algunas cosas aún.
— Lo normal. ¿Ya te has acostado con Gojo? Conociéndolo, no lo…
— Yuta.
Ambos saltaron en su sitio al oír el tono severo, la voz profunda de Satoru a unos pasos de ellos. ¿Cómo es que ninguno lo había oído llegar? Itadori aprovechó el momento de distracción y se separó de Yuta, empujándolo y por el mismo envión del golpe, chocando de espaldas contra Satoru. Sus manos se posaron sobre sus hombros suavemente y, cuando Itadori elevó la mirada hacia él, notó que la venda había desaparecido, sus ojos carmesí enfocados en Yuta con algo parecido a la cautela. Pese a ello, sonreía.
— G-Gojo, no sabía que...no te oí llegar.
— ¿Qué estabas haciendo antes de que yo llegara?
— N-Nada. No hacía nada. Sólo quería conocer a Itadori, es todo.
— ¿Acosándolo?
— Satoru…
Itadori volteó hacia Satoru y se aferró a su camisa intentando llamar su atención; lo consiguió parcialmente porque el más alto inclinó el rostro hacia él, pero sus ojos en ningún momento se despegaron de Yuta, poniéndolo más ansioso. No sabía qué carajo estaba sucediendo, pero incluso podía olfatear en el aire el nerviosismo del otro a unos metros, alterándolo a él mismo pese a que también se había sentido incómodo con el escrutinio al que Yuta lo había sometido.
— ¿Yuta?
— No lo estaba acosando, yo...no pensé que...lo siento, ¿está bien?
— ¡No pasa nada!
Cuando Satoru casi gritó aquello, el ambiente pareció relajarse de nuevo haciendo suspirar a Itadori, quien apoyó la frente en el pecho del mayor apunto de golpearlo.
— Sólo no te acerques mucho a Yuuji mientras yo no ande cerca, ¿sí? Me pongo celoso.
— ...Está bien, no lo haré.
— Perfecto. Yuuji, él es Yuta. Nanami me dijo que no se encontraba en el castillo, por eso no te lo advertí, lo siento.
— No hay problema, yo…
— No soy un animal del que le tengas que advertir, ¿sabes?
El tono de Yuta había cambiado completamente e Itadori notó cierto rencor en su voz. Cuando volteó hacia él, ahora sí percibió una postura defensiva y sabía que iba en contra de Satoru, quien apenas le dirigía la mirada. En ese momento se preguntó si aquel cambio repentino tenía algo que ver con lo que Satoru le había comentado a grandes rasgos minutos atrás acerca de que Yuta no quería aquel tipo de vida.
— Lo sé, lo sé. Pero no confío tanto en Yuuji como para saber que no va a romperte la cara si intentas algo raro como lo de recién.
— ¡Oye!
— Lo siento, cariño...pero estás muy agresivo desde que nos subimos a ese barco, ¡como si yo fuese a ver a otro que no seas tú!
El tono lastimero y falso hizo enojar a Itadori; sin embargo, Satoru no le dio chances ni siquiera a poner mala cara porque sus labios ya estaban sobre los suyos, sus brazos alrededor de su cintura atrayéndolo posesivamente...y si bien Itadori no podía acostumbrarse a aquellas demostraciones públicas, no rechazó a Satoru sino que profundizó el beso delante del otro. De un momento a otro, sin embargo, las cosas escalaron a otro nivel cuando la mano de largos dedos se introdujo por debajo de su camisa y luego por debajo de los pantalones de Itadori, tanteando su trasero y...
— Yuta, ¿no tienes algo más que hacer…?¡Ah! Quieres mirar, ¿no es así?
— ¡Satoru, qué dices!
— Lo siento, no pensé que mi presencia los incomodara.
— Conmigo no, pero Yuuji aún es un poco tímido.
— ¿Qué estás diciendo?.— Itadori sabía que si bien estaba susurrando, Yuta podía oírlo.
— Ya, ya te lo explico...Ah, se fue.
— ¿Eh?
Itadori volteó y en efecto, Yuta ya no estaba allí. Una especie de vacío se dejó sentir pese a que la incomodidad de la situación se había disipado parcialmente. Aún así, la mano de Satoru seguía firmemente sobre su trasero pese a que Itadori intentaba apartarse un poco, sin éxito.
— Qué lástima.
— ¿Cómo no va a irse con las cosas que le has dicho? Está bien que tú no tengas nada de vergüenza, pero él…
— Yuuji.
Finalmente, Satoru lo soltó un poquito sólo para poder sentarse en el apoyabrazos de un sofá y atraer a Itadori hacia él, sus manos entrelazadas.
— Los vampiros no...cómo lo digo sin que suene tan feo...no sólo no tenemos pudor de ese tipo de prácticas, sino que nos llama la atención verlas. Que no te extrañe que incluso alguien como Nanami se sienta atraído por algo así y no se mueva si nos ve fornicando.
— Por Dios...no sé si voy a poder acostumbrarme a esto.
— Lo harás, no te preocupes. Y por Yuta tampoco te preocupes, él es así. Le has generado la suficiente curiosidad para que se dignara a acercarse, así que quizás hasta quiere tener algo contigo.
— Bueno.
— ¡De verdad!.— Satoru rió y al parecer no parecía para nada molesto con esa idea.— No confundas sexo con...bueno, con amor, Yuuji.
— ¿Eres capaz de acostarte con alguien más delante mío?
— Probablemente.
— ¿Qué? Pero…
Itadori se zafó del agarre de sus manos, bufando y alejándose de Satoru en forma dramática. No estaba del todo molesto porque podía llegar a entender que aquella era su naturaleza y que el paso del tiempo iba a lograr que Itadori también lo terminara de comprender, pero aún así ¡podía tener un poco más de tacto!
Satoru se levantó y lo siguió por el recinto con los brazos extendidos hacia delante, el horror falso en su rostro mientras Itadori aceleraba el paso hacia otra habitación, huyendo de sus manos.
— Tampoco me molestaría verte, ¿sabes? Ahora que lo pienso…
— ¡Cállate, ni lo digas!
— ¡Espera, Yuuji, no me dejes!
Itadori aceleró el paso luego de lanzar un improperio al aire, sonriendo por lo estúpida de la situación antes de desaparecer en la penumbra de otro corredor.
