¡Buenas!

Primero que nada, quiero pedir disculpas por el exabrupto de la nota anterior...en ese momento me vi un poquito afectada y bueno, xD pasó eso. Pero gracias al apoyo, al gran apoyo que me han dado los voy a publicar, qué c*rajos. Nunca subestimen el poder de las buenas palabras, porque tienen tanta intensidad como las malas :)

Así que voy a hacer la advertencia pertinente:

AL QUE NO LE GUSTA LEER A YUUJI Y/O SATORU CON ALGUIEN MÁS PESE A LA ACLARACIÓN DE LA NOTA, NO LO LEA. No es necesario que sufran si ese tipo de cosas no les agrada, de verdad. Para esas personitas que no disfrutan de ese tipo de lectura, les recomiendo seguir leyendo a partir del capítulo 10. Ahí ya la cosa repunta en GoYuu puro y duro xD pero repito, SINO LES GUSTA, NO LEAN NI ESTE CAPÍTULO NI EL SIGUIENTE, POR FAVOR.

Ah...también advertencia de sangre y bueno, muerte de un humano X. Aviso por si las dudas.

El que avisa no traiciona, asi que...VAMOS.


Si Itadori pudiese describir la situación que estaban viviendo con Satoru en esos instantes, podría haber afirmado que ambos estaban borrachos, porque eso era lo que parecían; la noche ya había caído en los alrededores del castillo y, como se encontraban en la zona más alejada a cualquier civilización, por muy pequeña que fuera, los pinos altos e inmensos del bosque rodeándolo todo y la tormenta de nieve sin amainar ni siquiera un poquito...sí, Itadori ahora sí se sentía a gusto en la penumbra sólo interrumpida por la luz mortecina y titilante de una vela gruesa a punto de apagarse por el viento, la puerta abierta y los rayos moribundos y amarillentos proyectándose por el camino nevado, perdiéndose en la oscuridad hacia donde miraban tanto Itadori como Satoru.

— Vamos, ¡hazlo! No te va a costar nada, te lo aseguro.

Satoru recargó su peso en la espalda de Itadori, sus brazos rodeando su cuello de manera juguetona. Éste ladeó el rostro hacia él con una sonrisa un tanto insegura, más no nerviosa. Itadori estaba ansioso, casi desesperado por hacer aquello...más no sabía bien cómo.

Como el lugar estaba tan alejado, como había tantas horas desde allí hasta el primer poblado y como el clima estaba tan inestable y salvaje aquella noche, el camino tan oscuro y lleno de peligros…¿cómo no iba a ser posible que algún pobre trabajador se hubiese perdido y muerto en medio de aquella tormenta de nieve? ¿O tal vez dos, quizás hasta tres de ellos?

Porque ya habían asesinado a uno, si es que aún no estaba agonizando. Apenas el sol había desaparecido del todo en el horizonte, Satoru le había advertido a Itadori que era momento de "cenar algo decente"; ilusionado por la perspectiva y con las ansias inmensas una vez más renovadas, Itadori no había siquiera puesto una sola objeción, sonriéndole y asintiéndole como el tonto que era.

Por supuesto, Satoru aparentaba una calma que en realidad no había estado sintiendo y eso se había notado en la velocidad con la que había atraído a aquel pobre sujeto que había quedado rezagado en las tareas del jardín de rosas que poseía Nanami y en la ferocidad con la que había perforado su cuello, más sangre derramándose que ingresando en su boca. Impelido por la necesidad y el aroma cautivante de la sangre tan fresca, Itadori había terminado alimentándose del mismo humano y eso había conllevado a literalmente dejarlo seco.

Pero no era suficiente, no después de tantas semanas de abstinencia.

Sin embargo, semejante cantidad de sangre repentinamente ingresando en sus sistemas había sido un tanto perjudicial, o así lo veía Itadori; estaban repletos, pero parecía como si de repente alguna droga extraña se hubiese filtrado hacia su cerebro, atontándolo y haciéndolo feliz al mismo tiempo; se sentía como en una nube, tranquilo pero al mismo tiempo confundido, feliz pero al mismo tiempo insaciable.

Y Satoru parecía estar igual que él, o peor.

Ahora, era el mayor quien insistía, los roles invertidos. En un principio siempre había sido Satoru el encargado de conseguir al humano en cuestión, pero ahora que se encontraban bajo el amparo de Nanami y la seguridad que las circunstancias les daban, Satoru había insistido abiertamente en que fuese el mismo Itadori quien intentara "atraer" al segundo sujeto que incluso podían olfatear cerca de allí, perdido entre los rosales. ¿Era posible que eso se diera con frecuencia?¿Era casualidad...o Satoru o incluso Nanami tenían algo que ver? Quizás era el mismo Nanami quien les tendía alguna especie de trampilla sólo para alimentarse sin asesinarlos...en ese momento, Itadori recordó vagamente las lagunas mentales que había sufrido cuando…

Claro, ahí estaba la explicación más coherente. Y ellos estaban asesinando a la fuente de alimento del otro, perfecto.

— Satoru...espera, ¿Nanami sabe de esto?

— ¡Pero sí! No te preocupes por él...créeme, si tuviese algún problema, ya lo tendríamos aquí jodiendo. Vamos, Yuuji. Tengo hambre.

Itadori rió y su risa se vio contagiada en Satoru, ambos abrazados y tambaleándose débilmente en medio de la semipenumbra.

— Tú no tienes hambre, sólo eres un glotón.

— Ajá.— la lengua de Satoru se introdujo en su oreja, sus brazos presionando el cuerpo de Itadori mientras éste sufría un escalofrío placentero.— Y luego me toca comerte a ti. El mejor plato para lo último.

— Mmh.

Con la intención de buscar sus labios, Itadori ladeó el cuello y justo en ese momento, el sonido de una pisada un tanto lejana le advirtió que el humano estaba relativamente cerca. De nuevo, la ansiedad se renovó cuando el viento le llevó el aroma suave, cálido de la vida a sus fosas nasales.

— Bueno, a ver cómo sale esto.

— Confío en ti.— Satoru le dio un último beso y lo soltó, Itadori alejándose de él entre la nieve.

Encontrar al humano en cuestión había sido tan sencillo, tan rápido. Era un muchacho relativamente joven y casi sin abrigo; Itadori lo vio tiritando y absolutamente perdido. Si tan sólo supiera que la salida de aquel jardín estaba a tan solo un par de metros detrás suyo…

— Hey.

El muchacho dio un respingo mirando hacia uno y otro lado hasta que Itadori se dejó ver a un par de metros de distancia; al principio, aquel humano parecía sorprendido por no haber oído ni visto a Itadori hasta ese momento, pero luego la expresión embobada de su rostro le indicó que, mal que mal, ya estaba hipnotizado, como le gustaba llamarle a aquella reacción.

— ¿Estás perdido?

— S-Sí…¿usted...de dónde…?

— ¿Me permites ayudarte a salir de aquí?

El chico tartamudeó y sus labios temblorosos no emitieron más sonido luego de su última pregunta. Como le había dicho Satoru aquel mismo día, su voz parecía ser un aliciente fuertísimo al que no podían resistirse, algo así como una nota mental que los obligaba a sucumbir. Por eso, como lo esperaba, dio uno, dos, tres pasos hacia él. ¿Tan fáciles eran? ¿Tan fácil había sido él con Satoru?

— Por favor, se lo suplico, estoy dando vueltas hace horas, yo…

— Tranquilo.— el muchacho terminó trastabillando y cayendo sobre él, entre sus brazos. Las manos frías y temblorosas se aferraron casi con desesperación a su camisa, su rostro parcialmente escondido en su pecho.— Todo estará bien.

— Gracias, muchas gracias…

Cuando Itadori acarició su cabeza suavemente y tomó su mano para guiarlo hacia donde sabía se hallaba Satoru, no experimentó culpa alguna por lo que estaba haciendo ni por lo que sabía iban a hacer. Aquello lo horrorizó un poco…¿acaso ya había perdido toda su humanidad?

De hecho, cuando sus ojos divisaron a Satoru delante suyo, sonriéndole con cierto orgullo por algo que a Itadori no le había costado nada, no sólo no sintió culpa sino que sí experimentó cierta felicidad por la emoción del otro.

¿Qué clase de monstruos eran?

Frunció el ceño cuando se percató de que Satoru se alejaba de él hacia el castillo. Itadori presionó un poco más la mano de aquel muchacho y murmuró algunas palabras de consuelo, luego otras de cariño; increíblemente, incluso cuando ingresaron al castillo por aquel pasaje un tanto escondido donde la vela ya se había apagado...el chico lo seguía incondicionalmente sin oponer resistencia, totalmente enajenado mientras Itadori no dejaba de parlotear.

¿Adónde rayos quería ir Satoru ahora?

No siguió su imagen, sino su aroma por las escalinatas que llevaban por un atajo a la zona del castillo que Nanami les había cedido. Un poquito nervioso por lo que intuía el otro quería hacer, aceleró el paso esperando no toparse con Nanami o con Yuta en medio del camino.

— Aquí, siéntalo aquí.

La voz queda y suave de Satoru lo recibió una vez ingresó en una de las amplias habitaciones. De hecho, era una de las pocas bien amuebladas, cama incluida. Sin comprender demasiado pero sopesando las posibilidades, Itadori guió al pobre muchacho hasta el borde de la cama, obligándolo a sentarse allí. La figura de Satoru apareció delante de los dos y, como si eso hubiese roto alguna especie de encantamiento que Itadori había mantenido durante todo el viaje, el muchacho pareció reaccionar.

De repente, jadeó y los observó a ambos, asustado y confundido a partes iguales; intentó incorporarse de la cama y correr, pero Itadori se lo impidió sentándose a su lado y apoyando una mano en su brazo y otro en la pierna del chico. Acercó su boca a su oído y murmuró un par de palabras condescendientes mientras parecía perder resistencia al tiempo que Satoru se aproximaba a él, tomando asiento del otro lado y…

— Oye, me tocaba a mí primero.

— Mmh…

Itadori soltó el brazo del muchacho cuando notó que ya no oponía resistencia alguna luego de que Satoru había perforado su cuello con un poco más de delicadeza que con el sujeto anterior; por escasos segundos, se dedicó a admirar el perfil perfecto de Satoru, sus cabellos blancos desparramados por su rostro y sus labios que parecían besar el cuello blanco de manera amorosa, un hilo de sangre escapándose y deslizándose sobre la piel. Luego, Satoru recostó el cuerpo del chico y se separó de él, sus labios apenas teñidos del líquido carmesí.

Con el dedo índice le indicó a Itadori que se aproximara a él; el aludido se trepó a la cama y gateó incluso pasando por encima de las piernas del humano que yacía recostado sin signo alguno de conciencia. Al estar frente a frente, Satoru se arrimó y besó a Itadori obligándolo a separar los labios; el menor gimió aferrándose a los hombros del otro cuando la sangre pasó de aquella boca a la suya, el torrente tibio empapando su lengua, deslizándose luego por su garganta. Sus lenguas se enroscaron mientras los colmillos de Itadori se alargaban y sin poder evitarlo rozaban la piel sensible del otro, la comisura de los labios ajenos curvándose hacia arriba en una sonrisa que Itadori conocía perfectamente.

— Muérdelo a él, no a mi, Yuuji.

— Cállate. No iba a morderte a ti, no te creas tanto tampoco.

— ¿Ah, no?

Itadori chasqueó la lengua mientras se apartaba de Satoru, su concentración fija ahora en el cuello del humano. Al tiempo que se agachaba para aprovechar los dos orificios que Satoru ya había hecho en la piel y que no había cerrado, sentía las manos del otro quitándole la chaqueta, desprendiendo cada botón de su camisa incluso cuando Itadori le estaba dando la espalda, refunfuñando mientras se alimentaba a gusto. Las manos atrevidas y desvergonzadas luego retiraron la camisa blanca, sus dedos acariciando la piel de su abdomen y descendiendo, desabrochando el cinturón.

Al final, una cosa había llevado a la otra e Itadori aún no se sentía completamente saciado cuando ya se encontraba totalmente desnudo, recostado al lado del pobre muchacho inconsciente y con Satoru entre sus piernas.

— Deja de...mirarlo, no se va a despertar.

Satoru jadeó cuando logró penetrarlo completamente, ganándose un gemido profundo y ahogado de Itadori quien seguía mirando al chico a unos centímetros de distancia, ni siquiera a un metro. Con un brazo se aferró al hombro de Satoru mientras éste comenzaba a embestirlo con firmeza y con el otro, estiró la mano hacia el cuello del muchacho en apariencia dormido, sus dedos tocando la sangre que ahora fluía en menor cantidad pero que aún así estaba manchando el acolchado. Cuando aquel líquido ya un poco frío tocó sus labios, su lengua lamiendo sus dedos empapados gimió por el placer que estaba recibiendo por partida doble, sonriéndole a Satoru cuando éste se rió y alzó las cejas, sorprendido.

— ¿Quieres que te folle mientras le sacas lo poco que le queda? .— susurró Satoru con voz tomada contra su oído, enardeciéndolo un poco más.

— Podría ser, eh…

Ambos rieron ante la idea e incluso Satoru se había apoyado en sus codos para levantarse y cambiar de posición, cuando Itadori lo oyó silbar de repente, luego reír.

No fue hasta ese momento que Itadori comprendió que no estaban solos.

— Te dije que nos gusta mirar.— el murmullo mezclado con la risa mientras Satoru buscaba sus labios de nuevo no lograron distraer del todo a Itadori, aunque correspondió el beso.— ¿Quieres que sigamos como estábamos, o…?

— No, ahora tengo hambre.

Satoru estalló en carcajadas y aplaudió una, dos veces mientras asentía con la cabeza; Itadori se sentía repentinamente envalentonado y, sin mirar hacia la parte en penumbras del cuarto desde donde sabía Nanami los estaba observando, aceptó la mano que Satoru le extendía, se arrodilló y volvió hacia el cuerpo aún con vida; ladeó el rostro del chico hacia el otro lado y perforó el costado sano de su cuello, succionando con fuerza cuando los latidos de su corazón no bombeaban ya la sangre con la suficiente presteza.

Soltó un quejido amortiguado contra sus labios cuando Satoru volvió a penetrarlo lentamente, sus dedos hundidos en la piel de su cintura; rápidamente, la velocidad de las embestidas aumentó de nuevo y a Itadori se le dificultó un poco la coordinación de sus caderas y la de sus labios. Aún así, no se arrepintió, aquello era fabuloso y ahora, la idea de saberse observado le daba otro toque más a la excitación que ya sentía.

— ¿Qué te parece?¿Te gusta? Yuuji es hermoso.

Hasta que mencionó su nombre con la respiración agitada y un poco congestionada, Itadori creyó que Satoru estaba hablándole a él. Sin dejar de succionar y lamer la sangre que se derramaba ahora con mayor ímpetu, el menor percibió la presencia de Nanami un poco más cerca de la cama.

— ¿Quieres…?

— ¿Podrías guardar silencio un momento, por favor?

Satoru calló abruptamente cuando la voz suave y el tono pausado de Nanami sonaron muy cercanos a su posición. Una embestida certera obligó a Itadori a soltar el cuello del muchacho porque el quejido había quedado atascado en su garganta...pero sobre todo porque Satoru había jalado de sus cabellos hacia atrás, su cuello ahora estirado en una posición un tanto incómoda; fue recién en ese momento que su mirada un tanto desenfocada por el placer que Satoru le estaba dando registró la habitación. Nanami, de hecho, estaba en frente suyo. Suspirando, elevó los ojos para hacer contacto visual con el otro quien, de hecho, se había quitado aquellas gafas anticuadas y lo observaba seriamente. A Itadori igualmente no se le escapó el brillo ansioso de sus ojos y, sonriéndole, estiró la mano hacia él en un acto impulsivo que nada tenía que ver con un pensamiento coherente.

Nanami clavó la mirada en la mano que se le tendía y dudó; Itadori se enterneció al ver que sus ojos se desviaban a Satoru y luego de nuevo a su mano tal y como si temiera que el mayor pudiese ponerse celoso. Itadori no estaba tan seguro de la dinámica que manejaban aquellos dos, pero si lo que Satoru le había comentado antes era cierto...no tendría por qué estar sintiendo pena de su ofrecimiento, salvo que…

— Vamos, ven.— la voz de Itadori había sonado un tanto ronca y la risa de Satoru la secundó, soltando luego un bufido.— No le prestes atención a él, ven conmigo.

— Oye, que yo sigo aquí, eh.— Itadori jadeó cuando Satoru lo penetró con cierta violencia contenida obligándolo a separar más las piernas para hacerle lugar.

— ¿Seguro?

Itadori tenía que admitir que la voz de Nanami funcionaba como un hipnótico atrayente bastante poderoso; un sonido medio estrangulado que intentaba parecer un afirmación más el asentimiento suave de su cabeza parecieron ser todo lo que Nanami necesitaba para hincar la rodilla en el colchón y subirse finalmente a la cama. Itadori no iba a mentirse a sí mismo en aquel momento, estaba un poco nervioso. No sólo era la primera vez que estaba con dos hombres al mismo tiempo, sino que era la primera vez que se animaba a ser él mismo "el anfitrión" de aquel encuentro. Lo cierto es que Nanami parecía incluso más inseguro que él y eso le daba cierta confianza, aunque no sabía si el otro sentía pena, inseguridad o desconfianza de Satoru.

De hecho, era Itadori quien ahora parecía haber perdido la vergüenza; cuando Nanami llegó hasta él, fue el mismo Itadori quien lo atrajo aferrándose al cuello de su camisa en un beso ansioso procurando capturar los labios del otro con cierta dificultad; Nanami parecía dividido por sus propios sentimientos...entre salir corriendo de allí, y quedarse a hacerlo todo. Itadori suspiró intentando ganar una paciencia que no sabía necesitaba con un vampiro en apariencia tan antiguo y amainó la intensidad de su abrazo y la fogosidad de sus labios. Satoru también pareció darse cuenta de la reticencia que el otro sufría y también descendió un poquito la fuerza y firmeza de sus embestidas.

Hasta que finalmente, Nanami se animó a actuar. Itadori no sabía si era la ansiedad por su pasividad o realmente aquella corriente eléctrica se debía literalmente sólo al contacto de sus manos, pero se sintió especialmente bien cuando las yemas de aquellos dedos acariciaron sus hombros, su torso desnudo, aventurándose a caricias más atrevidas al oír la aprobación en forma de gemidos que Itadori le regalaba. Pronto, sus labios también inflamaron la excitación del menor cuando se pusieron repentinamente serios en ello, la lengua vacilante rozando la suya al tiempo que una de aquellas manos acariciaba su erección tan necesitada…

— Más rápido.— Itadori posó su mano sobre la de Nanami y marcó un ritmo más firme y veloz apoyándose en su hombro y gimiéndole prácticamente sobre su oreja mientras intentaba desprender los botones de su camisa con presteza, fallando un poco en el proceso.

— ¿Así?.— joder, qué buen tono de voz.

— Sí, sí, así...así está más que bien…

— Yuuji puede ser exigente, yo no tanto.

Satoru rió por lo bajo cuando Itadori bufó, su respiración agitada y su frente aún apoyada en el hombro ajeno; cuando sus oídos captaron un sonido húmedo que reconoció como un beso, ladeó el rostro y su visión se enturbió un poco al ver a Satoru y Nanami besándose descaradamente frente a él. A ese punto, Itadori se sorprendió de no sentirse celoso de Satoru, sino de Nanami; soltando la mano que ya había aprendido el ritmo que Itadori necesitaba, sus dos manos se pusieron serias deshaciéndose de los botones, del cinturón. Cuando Itadori comenzó un camino húmedo de besos y lamidas por el torso de Nanami, nunca esperó que aquello se sintiera tan bien...al final de cuentas, como siempre, Satoru había tenido toda la razón.

Por muy concentrado que estuviese besando el torso de Nanami en un camino descendente, no podía despegar los ojos de la interacción entre aquellos dos.

A fin de cuentas, también le gustaba mirar.

— Itadori...espera…

Déjalo...concéntrate en mí...

Nanami había tomado el rostro de Itadori probablemente para apartarlo cuando éste había llegado al borde de sus pantalones, desprendiendo los botones y bajándolos de un tirón, sus dedos jugueteando ahora con el botón de su ropa interior. Satoru había tenido a bien soltar aquello en un tono caprichoso y casi en el acto, las manos perdieron vigor sobre las mejillas de Itadori cuando Satoru lo distrajo nuevamente, Itadori deshaciéndose también de aquella prenda molesta.

Se ganó el gemido más erótico que la garganta de Nanami posiblemente podía emitir en aquella situación cuando la lengua de Itadori no dudó en barrer toda la extensión de su erección, sus labios también haciendo lo suyo; cuando alcanzó un ritmo satisfactorio para su boca, Satoru se aferró a sus caderas y comenzó a embestirlo con mayor agresividad y velocidad obligando a Itadori a aferrarse de la ropa interior de Nanami, aún en sus caderas. No pudo evitar gemir y algunos gritos quedaron amortiguados por la actividad que estaba realizando mientras llegaba a un orgasmo bastante intenso y ruidoso, su boca degustando y tragando toda la extensión de aquella carne palpitante sólo por él, los dedos de Nanami enterrándose en su cabello y jalando suavemente, sus gemidos también entremezclándose con los de Satoru entre sus labios, entre sus lenguas.

— ¿Yuuji?

— Mmh…— Itadori suspiró quedamente cuando Satoru abandonó su interior, sus manos acariciando su espalda.— ¿Quieres continuar?

Como Itadori tenía la boca ocupada, se limitó a elevar la mirada hacia un costado desde donde provenía la voz de Satoru; el mayor estaba inclinado hacia él, los cabellos revueltos y los orbes celestes brillosos, la sonrisa siempre en su lugar. Asintió con la cabeza porque, como con la sangre, Itadori no encontraba la saciedad aún en aquello.

Y la cuestión cambió; Satoru obligó a Itadori a separarse de Nanami y sentarse entre sus piernas; su espalda quedó recostada en el torso de Satoru y, cuando éste le separó las piernas y se inclinó hacia atrás, comprendió qué era lo que buscaba hacer; al entenderlo, Itadori se reclinó sobre el pecho de Satoru y separó aún más sus piernas usando las de Satoru como soporte y ofreciéndose abiertamente a Nanami, quien los observaba a ambos de nuevo en una mezcla de incertidumbre y excitación.

— Vamos, ven.

Volvió a repetir Itadori estirando la mano hacia Nanami. Éste no dudó en tomarla y finalmente, se acomodó entre sus piernas. Como Satoru se había recostado sobre las almohadas no terminaba de recibir todo el peso, por lo que el más aplastado y sin aire era Itadori, entre los dos.

¿Acaso...aquello podía convertirse en su paraíso personal? Recostado sobre Satoru y con Nanami entre sus piernas aplastándolo con su peso, las manos de ambos recorriendo su cuerpo suavemente y el miembro del rubio al fin haciendo presión en el lugar indicado...Itadori no pudo más que gemir placenteramente cuando aquella extensión dura y firme se abrió paso en su interior lenta, muy lentamente. Poco a poco fue ganando confianza y aumentó el ritmo, la velocidad y dureza de sus embestidas; mientras Itadori se aferraba al cuello de Nanami para no perder estabilidad, Satoru buscó sus labios y el menor no era quien para rechazarlo, no pudiendo coordinar muy bien ambos…

— S-Satoru, espera…

— ¿Mmh?.— Itadori buscó sus ojos cuando una segunda presión se dejó sentir entre sus glúteos haciéndole perder algo de su confianza.

— No...no voy a poder…

— Claro que sí. Tú lo puedes todo.

— Pero…

Itadori enterró las uñas en la espalda de Nanami presa de los nervios cuando éste disminuyó la velocidad de sus penetraciones y la otra presión se volvió más constante y sólida; poco a poco el ardor se hizo presente cuando la distensión que Itadori creía imposible comenzó a suceder. Al cabo de unos minutos donde Itadori pensó que iba a partirse en dos...Satoru lo había logrado, había logrado penetrarlo junto con Nanami.

La sensación de plenitud era absoluta, pero la idea de tener a ambos en su interior al mismo tiempo era algo para lo que la mente de Itadori no estaba lista. Cuando comenzaron a penetrarlo y alcanzaron una coordinación satisfactoria para ambos mientras la entrada de Itadori se acostumbraba a semejante invasión…

— ¡Más rápido!

— Yuuji, ¡te vamos a lastimar! ¡No seas ansioso!

— Por favor…

El lloriqueo pareció surtir efecto en ambos hombres; Itadori se aferró como pudo tanto al hombro de Nanami como al torso de Satoru cuando las embestidas se volvieron más rápidas y certeras, los gemidos y gritos llenando la habitación. Cuando la mano de Satoru se hizo cargo de su erección, Itadori no aguantó mucho tiempo más, sintiendo sus colmillos de nuevo alargándose y raspando la parte interna de sus labios.

— Si lo deseas, puedes morderme a mí.— la voz de Nanami se oía ciertamente congestionada y agitada mientras daba sus últimas embestidas en el interior de Itadori.

— ¿...Seguro?

Como reafirmando aquello, Itadori buscó la mirada de Satoru. Éste le asintió con una sonrisa mientras acababa en su interior casi al mismo tiempo que Nanami, el líquido caliente rebasándolo todo y ensuciando los glúteos de Itadori. No dudó demasiado y terminó perforando la piel del otro, justo en el hueco entre su cuello y su hombro; procuró no beber nada de lo que surgiera, aunque en realidad no había salido nada, aquel hombre era diferente a Satoru a muchos niveles…

— ¿Te has dormido?

— Mmh...no.

En efecto sí se había quedado dormido sobre el revoltijo de frazadas, sus párpados pesados; sólo respondió al susurro de Satoru porque éste le había hablado en el oído. Sus ojos buscaron su mirada y lo que recibió fue un beso suave, haciéndole sonreír.

— ¿Te sientes bien?

— Maravilloso.

La risa traviesa de Satoru no se hizo esperar, sus dedos peinando los cabellos de Itadori, el mayor recostado a su lado en la cama. En ese momento, Itadori recordó al pobre muchacho. No percibía latido alguno, la vida...Dios, la vida probablemente lo había abandonado mientras ellos…

— Luego, limpien ese desastre. Por la frazada no hay problema, pero no ensucien la alfombra.

Nanami estaba de pie a un lado de la cama, los pantalones en su sitio, la camisa siendo abrochada tranquilamente. Incluso hasta se había peinado en el breve lapso en el que Itadori había perdido la conciencia, que...rápido.

— Hay otro abajo, pero ese está ya para tirar.— Itadori golpeó a Satoru cuando habló tan despectivamente del hombre que habían asesinado antes que al muchacho, ganándose un quejido doloroso.— ¿Qué? Lo mataste tú, no yo.

— ¡Satoru!

— No me importa quién mató a quién. Sólo les pido que se controlen un poco. No me quiero quedar sin empleados. ¿Estás bien, Itadori?

La voz de Nanami se suavizó al hacer esa pregunta; finalmente volteó hacia él y con el dorso de la mano acarició la mejilla de Itadori, haciéndolo suspirar. Satoru bufó a su lado y un codazo lo hizo callarse abruptamente.

— Por supuesto que sí.— Itadori le sonrió y su gesto se vio reflejado sutilmente en el rostro de Nanami. En esos momentos no parecía el sujeto rígido y malhumorado que había conocido, sino un hombre amable y cálido.

— Me alegra mucho.

— ¿Repetimos?

Itadori volteó bruscamente hacia Satoru cuando soltó aquello en tono divertido y esperanzado. Nanami rió por lo bajo y luego suspiró, apartándose de ellos.

— Cuando quieran. Pero primero limpien esto.