DULCES BESOS


11| DOS NARUTOS


Hinata rechinó indignadamente mientras salía del arbusto, arrancando hojas espinosas de su pelo. Allí estaba ella, menos de doce horas más tarde, sobre sus manos y rodillas en el maldito umbral otra vez.

Encolerizada, tiró hacia atrás su cabeza y gritó:—¡Déjame entrar!

La puerta permaneció firmemente cerrada.

Se sentó sobre sus talones y golpeó con un puño la puerta. La discusión que había brotado dentro del castillo era tan fuerte que supo que nunca la oirían con tal alboroto.

Hizo una respiración profunda y reflexionó en lo que había hecho, pensando que un cigarrillo podría aclarar sus intenciones, y una buena taza de café podría restaurar su cordura.

De acuerdo, admitió, eso fue absolutamente estúpido. Había dicho de manera sobresaliente la peor cosa que podría haber dicho, lo que garantizaba disgustarlo mucho. Pero ella había pasado a través de una gran cantidad de cosas en las pasadas veinticuatro horas, y exactamente la lógica no había sido el planeta gobernante en su pequeño universo cuando Naruto le había vuelto la espalda.

La emoción, ese enorme e inexplorado planeta, había estado ejerciendo un tirón irresistible en su juicio. No tenía suficiente práctica con las emociones para manipularlas con delicadeza, y por Dios, el hombre la hacía sentir tanto, que simplemente era desconcertante.

Cuando lo había visto primero, se había detenido en lo alto de las escaleras por varios instantes, contemplándolo con su corazón en los ojos, apenas oyendo la conversación debajo.

Él era devastador en cualquier siglo. Aún cuando lo había creído mentalmente desequilibrado, lo había encontrado peligrosamente atractivo. En su elemento natural, era veinte veces más irresistible. Ahora que sabía que era un genuino lord del siglo dieciséis, se preguntó cómo podría haber creído lo contrario alguna vez. Él derramaba autoridad regia tan palpablemente como ostentaba su sexualidad. Era un hombre que disfrutaba a fondo ser hombre.

Eufórica de que él estuviera sano y salvo y que ella hubiera llegado a tiempo de salvarlo, había bajado rápidamente las escaleras. Luego el padre de Naruto, Minato, había mencionado algo acerca de que estuviera embarazada, pasmándola. Enfrentada a un posible embarazo antes de siquiera acercar a sus labios una taza de Starbucks, ella se había quedado de pie, alelada.

No es suficiente comprar condones, Hinata; tienes que usarlos.

Y luego Naruto había lanzado su melena sedosa sobre su hombro y la había mirado, y aunque sus ojos habían dado una llamarada como si la hubiera encontrado atractiva, no había habido ni una chispa de reconocimiento.

Ella lo había esperado.

Había sabido que él no la reconocería. Aún así, su corazón no había entendido qué tan horrible iba a sentirse cuando él volviera esa sexy mirada azulada en ella, tan distante y fría como un desconocido.

Racional o no, había dolido, y luego él había hecho ese comentario arrogante acerca de las mujeres que competían por el placer de su cama. Luego, como si no hubiera atizado cada uno de sus nervios al rojo vivo, le había dado la espalda, despachándola.

En ese punto ella había reaccionado ciegamente. Había expresado impulsivamente la única cosa que sabía lo haría volverse y mirarla otra vez. Había sacrificado metas de largo plazo por la gratificación instantánea.

Estaba consternada por lo que había hecho. No era extraño que su madre tan estridentemente la aconsejara en contra de ser emocional. La emoción aparentemente hacía tontos aún a los genios.

Necesitaba que la escuchara, y él no iba a estar de humor para oírla ahora. Diciendo que habían sido amantes antes de contarle la historia completa, lo había irritado y provocado.

—Déjame entrar— dio golpes a la puerta—. Necesito decirte la historia completa—. Pero todavía discutían tan ruidosamente que ella bien podría estar murmurando.

Sacudiendo hojas de su vestido, se levantó. Miró ceñudamente la puerta. Ya que nadie le respondía y la discusión no daba señales de menguar, ella echó la cabeza hacia atrás, ansiosa de ver el castillo a la luz del día, pero estaba demasiado cerca. Se sintió como una pulga tratando de obtener un buen vistazo de un elefante mientras se encaramaba en su frente. Curiosa, decidió que bien podría dar un corto paseo.

Remetiendo su flequillo detrás de la oreja, ella dio la vuelta. Y se congeló.

Su corazón se estrelló contra su garganta. Imposible, su mente gimió. Pero allí estaba, tan claro como el agua. Pecadoramente sexy, guapo... Naruto.

Tranquilamente subiendo las escaleras hacia ella, vestido con trews de cuero y una camisa de lino, casualmente desenlazada, revelando una cantidad esplendorosa de pecho duro y bronceado. Aunque el brillante sol matutino estaba detrás de él, oscureciendo sus rasgos, su sonrisa era deslumbrante.

No obstante, detrás de ella, en el castillo, Naruto gritaba. Podía oírlo.

Según su noción de física, los dos no podían existir al mismo tiempo. Pero obviamente lo hacían. ¿Qué pasaría si se interceptaban? ¿Uno de ellos simplemente se apagaría como un punto de luz fuera de la existencia?.

Si el Naruto detrás de la puerta era el que no la conocía, razonó, entonces el Naruto en los escalones que se veía tan feliz de verla debía ser su Naruto.

¿Qué iba a hacer con dos Narutos?

Una salvaje parte suya propuso algo inmencionable... y más bien fascinante. Realmente, si fuesen ambos él, entonces no sería como si ella lo engañara.

Ruborizada, lo miró fijamente de pies a cabeza. Su Naruto no le frunció el entrecejo. Él arqueó una ceja de esa —oh, así— manera familiar y sonrió abiertamente, abriendo de par en par sus brazos.

Ella no vaciló.

Con un chillido de deleite, se lanzó sobre él. Él la atrapó a mitad del salto y jaló sus piernas alrededor de su cintura, igual que en el siglo XXI.

Él se rió cuando ella cubrió su cara con besitos. Hinata no tenía idea de qué haría con dos de ellos, o cómo podía ser posible; sólo sabía que lo había perdido más en las pasadas doce horas de lo que alguna vez hubiera perdido a alguien en su vida entera.

—Bésame— dijo ella.

—Och, inglesa, claro que te besaré— él ronroneó contra sus labios. Sujetando la cabeza de la joven entre sus manos, inclinó su boca ávidamente sobre la de ella.

Hinata se derritió contra él, separando sus labios. Sin lugar a dudas, el hombre era un experto besador. Su beso era exigente, agresivo, sedoso, caliente, y hambriento... y de un momento a otro ella sentiría que chisporroteaba.

De un momento a otro, pensó, besándolo a su vez con todo su corazón.

Él sabía a canela y vino, y la besó con la intensidad de un solo propósito, y a pesar de eso... no chisporroteaba.

—Mmph— dijo ella contra su boca, queriendo decir Espera un momento, algo no está bien. Pero si él la oyó, entonces no prestó atención e hizo más hondo el beso.

La cabeza de Hinata dio vueltas. Algo estaba seriamente mal. Algo acerca de Naruto era diferente, y su beso no la impresionaba como usualmente lo hacía. Lejanamente, oyó la puerta abrirse detrás de ellos y trató de echarse para atrás, pero él no la dejaba.

Luego oyó un rugido y fue arrastrada fuera de Naruto por el otro Naruto, con un brazo acerino rodeando su cintura, otro alrededor de su cuello.

Ella pasó la mirada rápidamente entre ellos, parpadeando y esperando que su visión doble se desvaneciera. Se miraban furiosamente uno al otro. ¿Pelearían? Si ella viese a su doble, probablemente estaría tentada a darle de puñetazos un par de veces. Especialmente el día de hoy. Por ser tan estúpida.

—¿Qué está mal contigo?—. La pasión y la irritación brillaban intensamente en los ojos del Naruto con trews de cuero.

—¿Qué está el mal conmigo?— el Naruto con kilt contestó bruscamente—. ¡Lo que está mal conmigo es que esta chica aquí, quien te besaba tan vorazmente, me acusó de haber tomado su virginidad!— el Naruto con kilt se deshizo de ella parándola sobre sus pies, entre ellos—. Trato de salvarte, antes de que ella te atrape en su trama engañosa.

—A mí me gustó su trama engañosa. Era caliente y atrevida, y todo lo que una muchacha debería ser— expresó con un gruñido el Naruto de pantalones de cuero.

El Naruto de kilt se lanzó a una diatriba con un acento tan grueso que ella apenas podía entender una palabra de lo que él decía, y el Naruto de trews empezó a gritar a su vez, mientras Minato sacaba bruscamente su nariz del castillo para observar la gresca.

Ella había perdido el juicio, pensó, observando con ojos enormes. Estaban parados nariz a nariz, discutiendo, mientras ella tiraba nerviosamente de su vestido, retrocediendo unos pocos pasos, y oyendo, esperando percibir una o dos palabras que pudiera entender.

Observa. Hay una explicación lógica para esto, el científico insistió.

—Naruto. Menma— dijo Minato con reprobación—. Dejen de discutir en este momento.

¡Menma! Un rayo de iluminación perforó su confusión.

Las ventanas de su nariz se dilataron y sus ojos se estrecharon. Era una cosa más que Naruto no se había molestado en decirle: que él y su hermano era gemelos idénticos. Parecía que había montañas de cosas que había pasado por alto. Casi le había dado un ataque al corazón por eso. Ciertamente, él no había hecho su misión de salvarlo nada fácil.

Ella le metió al Naruto real una patada la espinilla.

—No me dijiste que tú y tu hermano fueran gemelos.

Él continuó riñendo con Menma como si ella apenas lo hubiera tocado, y no se maravillaba, con esas pequeñas y frágiles zapatillas. Lo que no daría ella por sus botas de excursionismo.

Y ahora tengo dos problemas, pensó. Menma estaba todavía vivo, lo que significaba que tenía que impedir su muerte también. Estaba eufórica por tener la chance de salvar a Menma, pero comenzaba a sentirse un poco abrumada. Descubrir la fecha era una prioridad seria, y tenía que colocar sus manos en el itinerario de Menma. No habría manera de que él pudiera ir a alguna parte cerca del territorio de Elliott.

Ahora que estaban de pie uno al lado del otro, ella podía discernir las diferencias y no confundirlos otra vez. No eran muy idénticos, probablemente medio idénticos; gemelos polares de cuerpo, con cerca del setenta y cinco por ciento del mismo ADN.

Si el sol no le hubiera dado desde atrás tan brillantemente cuando él había subido andando, ella no podría haber errado en primer lugar. Menma era ciertamente una pulgada o dos más pequeño, lo que todavía lo hacía al menos de seis pies y cuatro pulgadas de alto. Su pelo, que ella no había podido ver cuando había estado caminando, estaba sujeto hacia atrás por una correa, era mucho más largo, cayendo hasta su cintura, y era negro.

Wow. Considerando todo, eran dos de los hombres más gloriosamente bien parecidos que ella alguna vez había visto.

Naruto dejó de maldecir y la miró furiosamente.

—¿Quién eres tú?— demandó, finalmente frotando su espinilla.

—He estado tratando de decírtelo, pero en el momento que oyes algo que a ti no te gusta, ¿haces preguntas para tratar de aclararlo?— replicó ella, las manos en sus caderas y mirándolo furiosamente a su vez—. No. No, señor. Te comportas como un bárbaro—. No es que ella lo hubiera hecho mucho mejor, pero era más sabio ir a la ofensiva que justificar sus fallas—. Pensé que tú eras más listo que eso.

Naruto abrió su boca y la cerró otra vez. Ja, pensó ella con aire satisfecho, la ofensiva había surtido efecto.

Las cejas de Menma se levantaron y él se rió.

—Debo decir, para ser una tan pequeña...

—No soy una nyaff— dijo ella defensivamente.

—... muchacha, ciertamente tiene fuego.

—Y es un fuego que no puedes conservar en tus manos— Naruto contestó bruscamente. Pareció desconcertado por sus palabras y agregó precipitadamente—: No quiero que caigas en su trampa. Es evidente que anda buscando que alguien se case con ella.

—No ando buscando que alguien se case conmigo— dijo Hinata firmemente—. Ando buscando a alguien con una mínima cantidad de intelecto.

—Ejem. Ese sería yo, mi querida— dijo Minato suavemente, levantando una mano manchada de tinta.

Naruto miró con ceño a su padre.

—Bien, lo sería— dijo Minato, cruzando los brazos sobre su pecho huesudo y recostando su espalda contra la jamba de la puerta—. Tú no me ves saltando por allí dando gritos cuando unas cuantas preguntas simples podrían aclarar las cosas bastante bien.

—Diría que eso califica— dijo Hinata, remetiendo su brazo a través del de Minato. No iba a lograr terminar nada tratando de dirigir la palabra a Naruto esos momentos. Lo dejaría enfriarse afuera por algún rato. Se dirigió derecha al castillo, remolcando a Minato consigo, y pateando la puerta para cerrarla con su talón.

.

.

—No puedo decirlo— dijo Hinata a Minato por tercera vez, ya lamentando haber ido adentro con él. Desde el momento que habían entrado al castillo la inquisición había comenzado, y hasta que no pudiera hablar con Naruto, no se atrevía a decirle nada a Minato. Ya había cometido un error esa mañana. No iba a cometer otro. Se lo diría a Naruto y sólo a Naruto. Él después podía decírselo a cualquiera en quien confiara.

—Bien, ¿qué me puedes decir? ¿Algo? ¿Cualquier cosa?

Hinata suspiró. Le había tomado un instante encariñarse con Minato MacNamikaze, con otro de esos sentimientos instintivos y desconcertantes desde el momento que ella lo había visto de pie en el vestíbulo interrogando a su hijo, con tanto amor en sus ojos.

Había sentido una punzada de envidia, preguntándose lo que debía sentirse ser el foco de tal preocupación paternal. Era un hombre bastante inteligente además de que era un hombre mayor, era bastante guapo.

Sentada al borde de la chimenea en el Gran Hall, ella dirigió la mirada a la puerta, esperando que Naruto entrara. Enojada o no, necesitaba desesperadamente hablar con él.

—Le dije mi nombre— contestó ella evasivamente.

—Pamplinas. Eso me dice nada excepto que eres una inglesa con antepasados irlandeses, y un maldito acento extraño. ¿Cómo conoces a Naruto?

Ella lo evaluó, sombría.

—¿Cómo se supone que pueda ayudarte, mi querida, si te rehúsas a decirme algo? Si mi hijo tomó tu virginidad, entonces él debe casarse contigo. Pero no lo puedo obligar si no me dices quién eres y un poco acerca de lo que sucedió.

—Señor MacNamikaze...

—Minato— él interrumpió.

—Minato— enmendó Hinata—, no quiero que obligue a Naruto a casarse conmigo.

—¿Entonces qué quieres?— exclamó él.

—¿Más que nada ahora mismo?

—Sí.

—Me gustaría saber qué fecha es— odió preguntarlo tan francamente, pero necesitaba saberlo. La única posibilidad de que Menma estuviera todavía vivo significaba que ella había llegado con tiempo. Pero no se sentiría enteramente segura hasta que supiera con exactitud, hasta el minuto, con cuánto tiempo contaba.

Minato se quedó muy quieto, sus ojos azules se estrecharon, la cabeza erguida en ángulo. Ella repentinamente tuvo el presentimiento extraño de que él oía con más que sus orejas, y observaba con más que sus ojos.

Y supo que estaba en lo correcto cuando él murmuró suavemente:

—Och, mi querida, eres de un lugar muy lejano, ¿verdad? No, no hay ninguna necesidad de contestar. No entiendo lo que siento, excepto que sé que eres una extraña para esta tierra.

—¿Qué está haciendo, leyendo mi mente? ¿Puede hacer eso?—. Ella podría creer en cualquier cosa de un hombre que había criado un hijo que podía manipular el tiempo.

—No. Pero escucho un poco las palabras, en la antigua forma, algo a lo que ninguno de mis hijos son adeptos, aunque haya tratado de enseñarlos. Entonces es la fecha lo que tú necesitas— dijo él lentamente—. Intercambiaré respuestas, ¿qué me dices, Hinata Hyûga?

—¿No voy a conseguirlo de cualquier otra manera?

Él negó con la cabeza, una sonrisa débil jugando en sus labios.

—Contestaré sus preguntas tan honestamente como pueda— concedió ella—, pero hay cosas a las que no puedo dar contestación aún.

—Es justo. Mientras no mientas, mi querida, nos llevaremos muy bien. Si no me puedes decir lo que aconteció última víspera, entonces dime por qué no puedes.

Eso era razonablemente seguro.

—Porque debo hablar con Naruto primero. Una vez que hable con Naruto, y si él lo desea, puede decirle todo.

Minato sostuvo su mirada, midiendo la verdad en sus palabras.

—Es el decimonoveno día de julio— dijo él finalmente.

Alrededor de un mes, Hinata pensó, aliviada. Cuando Naruto había descubierto que estaba en el futuro, había dicho, Cristo, no he perdido una mera luna. He perdido siglos. Traducción: inicialmente él había pensado que había estado en la caverna por un mes o poco más o menos, lo cual quería decir que había sido secuestrado en alguna parte de mediados de agosto.

También había dicho que Menma había muerto "recientemente". Ella no había tenido idea de qué tan reciente su pena había sido y había asumido que él había querido significar varios meses o aún un año. Pero aparentemente Menma moriría en algún punto en las siguientes pocas semanas. Ella necesitaba saber exactamente cuándo Menma tenía intención de salir hacia lo de Elliott; tenía que advertirle de no ir en absoluto.

—¿Mil quinientos dieciocho?— odió desaprovechar una pregunta, pero tenía que estar segura. En vista de que Naruto había errado el mes y el día, supuso que era posible que hubiera equivocado el año también.

Los ojos de Minato evidenciaron una pronunciada fascinación. Se inclinó hacia adelante, los codos en sus rodillas, y la miró fijamente.

—¿De dónde eres?— alentó.

Ella suspiró y evitó su mirada fija, medio asustada del hombre cauto que podía leer las respuestas en sus ojos. Parpadeó, momentáneamente distraída por su primera mirada real al Gran Hall. Cuando había bajado la escalera, Naruto había sido lo primero que había visto. El vestíbulo era elegante y precioso como su cámara, el piso modelado de piedras inmaculadamente gris pálidas fregadas, las paredes revestidas con tapices brillantes.

Dos perros de caza roncaban suavemente debajo de una mesa que parecía una gran obra maestra. Las cortinas pesadas de terciopelo estaban movidas hacia atrás de las ventanas altas, y la doble escalera rosada de mármol brillaba a la luz de la mañana. Un panel de vidrio con dibujos coloreados estaba encastrado por encima de la puerta maciza, y los escudos de plata y las armas adornaban las paredes de cada lado.

—Es un país del que nunca ha tenido noticias— ella objetó, casi a punto de decir los buenos y viejos Estados Unidos. Eso iniciaría otra conversación completamente nueva que podría durar indefinidamente.

—Dime, o no obtendrás respuestas de mí. Realmente, decirme de dónde eres no puede ser demasiado revelador, ¿verdad?

Ella resopló un resuello frustrado.

—América. Lejos a través del océano.

Otra vez, él la evaluó con su mirada inalterable.

—Mil quinientos dieciocho— él estuvo de acuerdo—. Y sé de las Américas. No le llamamos así, pero nosotros los escoceses lo descubrimos hace siglos.

—No lo hicieron— ella se mofó—. Fue Cristóbal Colón.

—Meramente siguió el camino de Sinclair, después de que llegaran a sus manos los mapas viejos de los templarios.

—Oooh. Ustedes los escoceses son de lo más arrogantes.

—Algo que tú pruebas.

—¿Habla siempre tan directamente de las personas? Él bufó de risa.

—Eso lo haces más adecuadamente tú— dijo él, sonriendo y palmeándole a ella la mano—. Pienso que vas a gustarme bastante, muchacha. Entonces, ¿cuándo tienes intención de decírselo todo a Naruto, así puedo oír la historia completa?

—En el minuto que él entre. Y gracias por hacerme una pregunta fácil.

—Eso no es justo, esa no fue una...

—Uh-uh. No hay forma de que se eche atrás ahora. Esa fue una pregunta.

—Sí, pero no realmente, y tú lo sabes—se quejó Minato. Levantó la nariz, con un parpadeo de admiración en sus ojos—. Eres una muchacha lista, ¿verdad? ¿Entonces?— dijo secamente.

—¿Tiene Menma intención de hacer algún viaje pronto?

—Qué pregunta tan extraña—comentó Minato, acariciando su barbilla—. Debo decir que has picado mi curiosidad realmente. Sí, él debe ir hasta Elliott pronto. ¿Tomó Naruto tu virginidad?

Ella suspiró lentamente.

—Es una historia muy complicada— se evadió ella—, y debo hablar con Naruto tan pronto como sea posible. Su hijo corre peligro. Creo que él confía en usted completamente; sin embargo, él debe decidir lo que le diga. No puedo decir más que hasta que él y yo hablemos. Por favor, respete eso— ella agregó suavemente.

Él arqueó una ceja, pero asintió con la cabeza.

Cuando tomó su mano entre las suyas y la palmeó, ella se sintió curiosa por dentro. No podía recordar que su padre alguna vez hiciera algo así. Él se detuvo por unos pocos momentos, sus ojos se estrecharon, su expresión pensativa. Ella tuvo una sensación distinta, inquietante, de que él miraba con atención en su propia alma. ¿Era eso posible?, se preguntó.

—Bien, mi querida— dijo Minato—. Tú ganas. Ninguna pregunta más hasta que hables con Naruto. Pero si conozco a mi hijo, entonces él no cooperará.

—Él debe hacerlo, Minato— dijo Hinata desesperadamente—. No tenemos mucho tiempo.

—¿Está verdaderamente en peligro?

Hinata cerró sus ojos y suspiró.

—Todos ustedes lo están.

—Entonces lo haremos escucharte. Hinata abrió los ojos y lo miró con ceño.

—¿Y cómo tiene la intención de lograr eso? ¿Encerrándolo en un cuarto conmigo? Minato sonrió débilmente, haciendo más honda las líneas alrededor de su boca.

Aunque era muy mayor, era un hombre bien parecido con gran carisma. Ella se preguntó por qué él nunca más había otra vez... bueno, seguramente no por falta de mujeres que tuvieran interés.

—No es una mala idea, mi querida. ¿Harás lo que te diga?.

Después de vacilar un momento, ella asintió. Y él dobló su cabeza cerca de la de ella y empezó a cuchichear.


Continuará...