DULCES BESOS
15| SENTIMIENTOS OCULTOS
Iba a seducirlo. Esa era la solución.
Cuando la había besado el día anterior, ella había vislumbrado un pedacito diminuto de su Naruto en sus ojos. Simplemente iba a tener que besarlo hasta que recuperara sus sentidos. Quizá, con cada caricia, él rescataría un fragmento oscuro de memoria.
A ella le gustaba esa idea.
¿Y su prometida?, su conciencia murmuró.
En el amor y la guerra todo está permitido, su corazón gruñó. Lo siento, Sakura, añadió con aire de disculpa. No soy realmente una chica que roba hombres, pero me he enamorado de él y no me rendiré sin una pelea.
Viéndose en el espejo, se alisó el vestido de seda y se examinó. El vestido de índigo profundo hacía que sus ojos resaltaran mas de lo usual. Con su bolsa de cosméticos en sólo Dios sabía qué dimensión (el pequeño científico consideró breve y cuidadosamente esas dimensiones como una especie de terreno con altibajos y pequeñas variaciones de elevación, ¿no sería eso alucinante?), estaba agradecida de que sus pestañas fueran gruesas y oscuras y su piel suave. Pero daría mucho por su lápiz de labios Chapstick, su cepillo de dientes, e incluso un par de bragas.
No está mal, decidió, girando para verse desde todos los ángulos. Esponjó su flequillo con los dedos, desgreñándolos. Se sentía más bien... suave y curvilínea y bonita. No se había dado cuenta de que llevar puesto un sedoso vestido largo podría afectar la actitud de una mujer.
La hacía sentirse mucho más inclinada a ser femenina que con el mono de laboratorio que alguna vez había tenido. Acentuaba todas sus curvas y enfatizaba su cintura delgada. El corpiño sacaba gran provecho de su escote.
Naruto había adorado sus pechos, y ella tenía intención de asegurarse de que él pudiera ver bastante de ellos ese día. No importaba cuáles fueran sus sentimientos por su prometida, no parecían haber disminuido su atracción hacia ella ni un poquito.
Inclinándose sobre la cintura, ahuecó su mano bajo un pecho, luego el otro, mulléndolos más alto dentro de la ajustada chemisse. Cuando dio un paso hacia atrás y se miró en el espejo, se sonrojó.
Uno debe trabajar con lo que tiene, se recordó a sí misma. Él había dicho eso justamente el día anterior.
—Buenos días, Minato. ¿Dónde está Naruto?— preguntó Hinata radiantemente mientras se deslizaba en un asiento al lado de él en la mesa.
Con la nariz enterrada en un libro, Minato no miró hacia arriba, solamente terminó de tragar de un mordisco sus gachas de avena, luego refunfuñó:
—Estaré contigo en un momento, mi querida.
Hinata esperó pacientemente, sabiendo cuánto ella misma odiaba ser perturbada cuando estaba leyendo. Esperando que Naruto entrara pronto, tiró la cabeza hacia atrás y admiró la elegante balaustrada que rodeaba el piso alto del Gran Hall, luego dejó caer su mirada para rozar los tapices brillantes que adornaban las paredes.
El castillo era precioso e igual de esplendorosamente sobresaliente como cualquiera de los castillos modernos que había visto en las excursiones. Cada pieza de mobiliario que había visto —desde la mesa del comedor hasta el surtido de cuberterías y sin pasar por alto los armarios de altura imponente, las cómodas, y las camas— estaban modelados de madera de cerezo bruñida y cuidadosamente embellecida con diseños intrincados.
Las sillas eran altas, con brazos esculpidos y respaldos elevados, coronadas con brillantes almohadas y cojines luminosos trenzados con lanas suaves. Las alfombras eran pieles de cordero sedosas y tapetes tejidos. Las flores fragantes y las hierbas estaban cosidas en paquetes atadas con listones, y esparcidas en los antepechos.
Cuando había bajado, ella había pasado a docenas de criadas corriendo a toda prisa a través de los corredores, aireando los colchones y batiendo alfombras. El castillo Namikaze estaba eficazmente en marcha y adecuadamente mantenido.
A pesar de todo eso, era asombrosamente acogedor y agradable. La única diferencia importante que podía ver era la falta de plomería y luces, y en el invierno, claro, la falta de calefacción central, lo que sería una molestia persistente.
Pero, reflexionó, con tantas chimeneas —la mayoría de ellas lo bastante altas para entrar de pie— y un Highlander grande y fornido en su cama, una mujer podía perdonar un montón de cosas.
Borró la sonrisa soñadora de su cara cuando Kushina entró y colocó una bandeja de suaves huevos escalfados y las tiras de tocino en la mesa, al lado de un tazón de rebanadas de melocotón, bayas y frutos secos en un lago de crema dulce. Después, dejó caer una bandeja de miel y tortas de harina de avena calientes.
El estómago de Hinata gruñó mientras observaba la mesa repleta. Si tuviese cinta Scotch, podría privarse de comer y simplemente pegar las cosas directamente en sus caderas y sus muslos, cediendo a lo inevitable. Su diario tazón de salvado con pasas de uva de antes del trabajo nunca había inspirado apetito, ni había inspirado las balanzas para que señalaran un aumento de peso.
—Baje el libro, Minato— Kushina regañó—. Tiene una invitada en la mesa.
Hinata se mordió los labios para esconder una sonrisa. Todo lo que Naruto le había contado sobre su padre y el ama de llaves era verdadero. Tenían una relación única, donde Kushina no medía las palabras o se amedrentaba por su posición. Cuando Kushina la recorrió con la mirada, Hinata sonrió y preguntó esperanzadamente:
—¿Hay café otra vez esta mañana?
Minato bajó su libro y recorrió distraídamente con la mirada a Hinata. Su mirada se dejó caer hacia su escote, y una sola ceja subió rápidamente. Él parpadeó varias veces.
—Ciertamente hay— dijo Kushina, rodeando la mesa. Se detuvo detrás de Hinata y dejó un lienzo sobre su hombro, así se volcaba de su cuello como un babero.
—Arranque sus ojos de los pechos de la muchacha— dijo Kushina dulcemente a Minato.
Hinata se ruborizó con veinte tonos de rojo, deslizó una mano bajo el babero, y tiró de su corpiño, tratando de subirlo un poco. Mortificada, dedicó su atención a atisbar los platos medievales de loza del comedor y las copas hechas de plata pesada, una cuchara gorda y un cuchillo ancho, y los pesados tazones azules.
—Ella es quien los muestra— protestó Minato indignado—. No tenía la intención de mirar, pero estaban... tan... allí. Como probar no ver el sol en el cielo.
Kushina arqueó una ceja y dio vueltas alrededor de la mesa otra vez.
—No creo que ella los exhibiera para usted, ¿verdad, muchacha? Hinata miró hacia arriba y dio una sacudida avergonzada de su cabeza.
Kushina se inclinó sobre el plato de Minato, cambiando su jarro vacío por otro lleno, y su corpiño se abrió en un boquete. Cuando Minato miró con atención en él, Hinata casi se rió, pero la risa murió en su garganta cuando vio el instantáneo cambio de los ojos de Minato.
Oh, caramba, pensó, quedándose muy quieta. Minato podría haber mirado sus pechos, pero los había mirado como un hombre podía observar una flor bonita o una yegua bien criada.
Ahora, recorriendo la mirada bajo el corpiño de Kushina, él tenía una expresión de hambre pura, una mirada al mismo tiempo tierna y feroz.
La sonrisa de Hinata se desvaneció y se quedó con la mirada fija, llena de una tristeza que no estaba segura aún de entender. Pero tenía algo que ver con un hombre deseando pechos que ya no eran jóvenes y firmes, por la mujer a la que pertenecían, no por los pechos en sí.
Minato MacNamikaze tenía sentimientos profundos hacia su ama de llaves.
Hinata robó una mirada furtiva a Kushina, que pareció inconsciente de lo que Minato estaba haciendo mientras ella llenaba su jarro y volvía a la cocina.
Minato debía haberla sentido mirarlo fijamente, porque se sacudió ligeramente, como al salir de un trance, y llevó la mirada hacia ella.
—No estaba mirando sus pechos— él empezó defensivamente.
—Guarde eso para alguien que no haya visto la mirada en su cara. Y si no hace ningún comentario chistoso acerca de mí exhibiéndome, no haré ningún comentario acerca de lo que siente por Kushina.
—Lo que yo... lo que siento por...— él barbotó, luego asintió con la cabeza—. De acuerdo.
Hinata fijó su atención en la bandeja de comida, preguntándose por qué la comida sabía mejor en el siglo dieciséis. ¿Era la falta de conservantes? ¿El sabor a humo de turba de la carne? ¿La crema y mantequilla genuinas? Resbaló un cuchillo bajo un huevo escalfado y lo transbordó a su plato.
—Entonces, ¿por qué hiciste... er...?— Minato gesticuló hacia su babero de lino. Ella suspiró.
—Porque pensé que Naruto podría estar en el desayuno y esperaba que él me advirtiera.
—¿Te advirtiera, o te arrastrara afuera para poseerte?
—Podría haber hecho cualquiera de los dos— dijo ella sombría, sirviéndose otro huevo.
Minato bufó con diversión.
—¿Eres siempre, mi querida, tan honesta?
—Trato de serlo. La deshonestidad aumenta el desorden exponencialmente. Es lo suficientemente duro comunicarse cuando dices la verdad.
Minato hizo una pausa, su boca a medias cerrada alrededor de un poco de huevo escalfado. Sacó el tenedor lleno de su boca cuidadosamente.
—¿Qué acabas de decir?— preguntó suavemente.
—Las mentiras— dijo Hinata, su mirada en la gruesa loncha de jamón que trataba de atravesar con un tenedor deformado. Lo perforó con una punta, pero se resbaló—. Aumentan el desorden. Es difícil predecir todas las variables cuando se continúa lanzando más variables adentro—. Ella lo recorrió con la mirada—. ¿No lo cree usted?— preguntó, con una inclinación para enfatizarlo.
—¿Exponencialmente?— preguntó él, sus cejas encontrándose en un solo punto.
—Cualquier cifra positiva elevada a una potencia— dijo Hinata, acorralando el jamón contra el borde de la bandeja—. Es una función de matemáticas, usada para expresar un número grande. Como el número de Avogadro, 6.023 X 1023, y representa el número de átomos en un mol de cualquier sustancia...
—¿El átomo?
—El componente menor de un elemento que conserva las propiedades químicas del elemento, constando de un núcleo, con combinaciones de neutrones y protones y uno o más electrones... ¡oiga, tal vez no debería contarle todo esto!
Minato bufó.
—Sé de lo que hablas. Es una partícula hipotética de materia tan pequeña que no admite división.
¡No, no, no, no física durante el desayuno!
—Sí, ¿pero a quién le importa? Mire esta comida maravillosa.
Él sonó tenso cuando preguntó:
—¿Juegas ajedrez, mi querida?
Ella se aclaró y, finalmente asegurando el jamón, sonrió.
—Por supuesto. ¿Le gustaría jugar?
—En la terraza. En dos horas, si quieres.
Hinata resplandeció. El padre de Naruto quería pasar tiempo con ella y jugar una partida. No podía recordar que alguna vez su padre hubiera hecho tal cosa. Todo había sido orientado al trabajo, y la única vez que lo había persuadido para jugar al Pente, él se había marchado a calcular cada resultado posible...
Ella negó con la cabeza, empujando ese recuerdo lejos, hacia el fondo de su mente, y contempló a Minato especulativamente. Tal vez, si Naruto le había contado la historia que ella le había relatado, podía trabajar con él. Quizá él podría estar más inclinado a oír. Ganarse su apoyo definitivamente ayudaría.
Todo mientras estaban sentados al sol y jugando...
—Usualmente no muestro tanto escote, Kushina— Hinata asomó su cabeza en la cocina y dijo con aire de disculpa a la espalda de Kushina. Tenía un poco de tiempo antes de encontrarse con Minato y quería familiarizarse con Kushina.
Sospechaba que el ama de llaves probablemente sabía todo lo que pasaba en el castillo y podría ser una inestimable fuente de información acerca de quién podría desear dañar a los MacNamikaze. Además, no quería que Kushina pensara mal de ella. La siguiente vez que dejara tanto al descubierto, se aseguraría de que era para Naruto y sólo para Naruto. Sus pechos estaban ahora tímidamente remetidos bajo su corpiño.
Kushina miró por encima de su hombro. La harina espolvoreaba su mejilla y su frente, y tenía sus manos en una montaña de masa.
—No pienso que lo hagas, muchacha— dijo ella con una sonrisa tierna—. A pesar de lo que muestras arriba, eres como un bebé. Sé que a menudo una muchacha siente que tiene pocas opciones. No necesitas canjearte a ti misma por refugio y comida. Sospecho que tienes más opciones de las que piensas.
—¿Qué tipo de opciones?— preguntó Hinata, entrando en la cocina.
—¿Sabes algo acerca de hornear, Hinata?—. Kushina sacó sus manos de la masa. Hinata se mordió el labio, incierta.
—No realmente, pero soy audaz para probar—. ¿Qué quería decir Kushina acerca de "opciones"? ¿Iban a ofrecerle un trabajo en la cocina? Una visión deprimente de sí misma cocinando para Naruto y su esposa la hizo fruncir el entrecejo.
—Tienes dos buenas manos y, si no te importa, yo podría empezar con el cordero.
Simplemente mete las manos allí dentro y amasa. Límpiate primero.
Hinata se lavó y se enjugó las manos antes de atizar tentativamente el montículo. Una vez que había hundido sus manos en eso, decidió que era más bien entretenido. En cierto modo, como el Play Doh, que por supuesto ella no hubiera tenido permiso de tener.
Ningún Silly Putty tampoco. Sus tiras cómicas dominicales (pulcramente removidas del periódico antes de que ella alguna vez las atrapara) habían constado de dibujos agudos de su padre de agujeros negros absorbiendo obscenamente a todos los Demócratas que preferían destinar fondos a la conservación del ambiente por sobre los proyectos de investigación del Departamento de Defensa.
—Eso es, muchacha— la animó Kushina, supervisándola, mientras ensartaba un asado grande en un pincho—. Ahora, ¿tienes deseos de hablar acerca de ello?
—¿Acerca de qué?— preguntó Hinata incierta.
—Lo que sucedió la noche que llegaste. Si no deseas hablar, no curiosearé, pero tengo una oreja y un hombro si los necesitas.
Las manos de Hinata se aquietaron profundamente hundidas en la masa y guardó silencio un momento largo, pensando.
—¿Cuánto tiempo has estado aquí, Kushina?
—Cerca de doce años— contestó Kushina orgullosamente.
—¿Y has advertido alguna vez cualquier cosa... er, inusual acerca de Naruto? O cualquiera de los MacNamikaze— agregó, preguntándose cuánto sabría Kushina. Una parte suya deseaba confiar en Kushina; no había dudas de cuán leal el ama de llaves era para sus hombres. A pesar de eso, era más seguro adquirir más información antes de revelar cualquiera.
Kushina terminó de golpear duramente el asado, luego lo deslizó por encima del fuego antes de contestar. Enjugándose las manos en una tela, contempló a Hinata.
—¿Te refieres a sus métodos mágicos?— dijo ella a secas.
Magia. Eso era exactamente lo que la inteligencia inusual y los conocimientos de cosmología de Naruto parecerían a una mujer del siglo dieciséis. Córcholis, era exactamente lo que le parecía a ella. Aunque sabía que había una teoría científica detrás de su uso de las piedras, no podía siquiera comenzar a comprender cómo lo había hecho él.
—Sí, a eso quiero llegar. Como la voz que Naruto puede usar...
—¿Lo has oído?— dijo Kushina, asombrada, haciendo una nota mental a pasar ese bocato di cardinali a Minato—. ¿El que suena como muchas voces?
—Sí.
—Él no la usó contigo, ¿verdad?—. Kushina frunció el ceño.
—No. Bien, una vez, más o menos, cuando me ordenó que lo dejara solo por un poco de tiempo—. Y en otra oportunidad, pensó ella, recordando lo que había dicho él después de que hubieran hecho amor, pero decírselo a Kushina definitivamente revelaría demasiado.
—Estoy sorprendida. Son extremadamente cautelosos de ese hechizo. Más a menudo usan la cicatrización y los hechizos "protectores".
Hinata miró estúpidamente.
—Si has oído a Naruto usar la voz, entonces no debes estar demasiado sorprendida. Los druidas tienen muchas habilidades inusuales—. Kushina lo dejó deslizar casi casualmente.
¡Druidas! ¡Los míticos alquimistas y astrónomos, que habían estudiado la geometría sacra de los antiguos! ¿Realmente habían existido?
—Pensé que el Druidismo había desaparecido hacía mucho tiempo.
Kushina negó con la cabeza.
—Eso es lo que desean los druidas que las personas crean, pero no. Los MacNamikaze provienen de la línea más vieja de druidas que sirvieron a los Tuatha De Danaan.
—¿Las hadas?— chilló Hinata, recordando que Naruto había afirmado que eran uno y el mismo.
—Sí, las fae. Pero las fae hace mucho tiempo se han marchado a alguna otra parte y ahora los druidas nutren la tierra. Sirven a la Tierra y atraen las estaciones con sus rituales. Honran las viejas costumbres.
» Restriegan la tierra después de las tormentas y cicatrizan a las criaturas perjudicadas por la tempestad. Protegen los pueblos, y las leyendas cuentan que si una amenaza grave se abate contra la Tierra, tienen poderes de los que ni siquiera hemos oído murmurar.
—Oh, Dios Santo— murmuró Hinata, cuando las piezas comenzaron a colocarse calladamente en su lugar. Un Druida. Poseído de alquimia y magia y matemáticas sacras.
No existe la magia, el científico protestó.
Bien, no existen los viajes por el tiempo tampoco, ella replicó mordazmente. Lo que fuere que era, él tenía conocimientos más allá de su comprensión. Los druidas existían, y el hombre que había tomado su virginidad era uno.
—¿Quieres decir, muchacha, sabiendo que él es un Druida, que todavía sientes cariño por Naruto MacNamikaze?
Hinata asintió con la cabeza sin titubear.
Kushina limpió sus manos en su delantal y las sostuvo en su cintura.
—Tres veces hasta ahora el hombre se ha prometido, y tres veces la mujer lo ha abandonado antes de los votos formales. ¿Sabías eso?
La mandíbula de Hinata se dejó caer.
—¿Éste es su cuarto compromiso matrimonial?
—Sí— dijo Kushina—. Pero no porque él no sea un buen hombre— dijo ella defensivamente—. Es porque las muchachas le temen. Y aunque él desea que sea de otra manera, sospecho que Sakura Elliott no será diferente. La muchacha ha estado protegida toda su vida—. Su labio se rizó desdeñosamente—. Och, pero arregló las cosas muy pulcramente esta vez.
» En el pasado, él se prometió en handfasted(Compromiso matrimonial de un año y un día antes de los votos formales, donde la pareja tiene todos los deberes y derechos de un matrimonio) primero, y cada una de las tres, después de pasar un tiempo en el Castillo Namikaze, al oír sin intención algo que ellos "transmitían", empacaba las valijas y salía con apenas un adiós. Y tan espléndido y rico en monedas y tierra como ese hombre es, déjame contarte que todo eso lo ha dejado considerablemente inseguro de sus encantos. ¡Imagínate!
—Imposible de imaginar— Hinata estuvo de acuerdo, con los ojos muy abiertos. Repentinamente, un buen número de cosas tuvieron sentido. Se había preguntado por qué Naruto no le había dicho toda la verdad mientras estaban en su siglo.
Ahora lo sabía. Su sabio y poderoso guerrero había temido que ella lo abandonara. Él no podía haber sabido que ella era una de las pocas personas que lo podrían haber entendido; después de todo, ella le había escondido mañosamente el alcance de su inteligencia. En los años de trabajar en Allstate, se había vuelto algo instintivo. Uno no hablaba con entusiasmo acerca de quarks y neutrones y agujeros negros durante la hora feliz en Applebee con los vendedores de seguros.
Tres compromisos matrimoniales fracasados también explicaban que Naruto estuviera tan agresivamente determinado a casarse con su cuarta prometida. El Naruto que ella había llegado a conocer no era un hombre que aceptara el fracaso, y le había dejado en claro que era un hombre que quería casarse y tener niños.
—Esta vez él hizo preparativos para casarse en una ceremonia cristiana, y Sakura estará aquí solamente unas dos semanas antes de la boda. Temo que él tendrá éxito en esconder su naturaleza hasta después de los votos. Luego ella no estará capacitada para dejarlo. Sin embargo...— ella hizo una pausa y suspiró—, a lo mejor, no le impedirá despreciarlo más tarde en el matrimonio.
—¿Se le ha ocurrido que no es bonito engañar a una mujer de esa manera?— dijo Hinata, agarrándose a un clavo ardiendo. Tal vez ella pudiera regañarlo furiosamente por sus métodos poco limpios y apelar a su sentimiento de culpa para cancelar el compromiso matrimonial.
No obstante, pensó, ella podría ser poco limpia, y una vez que Sakura llegara, lo podría engañar para revelar algo de su magia delante de su prometida, para conducirla por la misma ruta por la que las tres primeras habían salido. Sería poco justo, pero todo se valía en nombre del amor, y eso tenía que contar para algo, ¿verdad?
—Sospecho que él prefiere creer que no está engañándola, esperando que ella algún día se enamore de él. O tal vez piensa que puede esconderse por siempre.
Hinata removió la masa por un tiempo.
—¿Desde hace cuánto tiempo la conoce?— finalmente preguntó. ¿La ama él muchísimo?, era la pregunta que se enrollaba en la punta de su lengua.
—Él nunca ha visto a la muchacha— dijo Kushina rotundamente—. El matrimonio fue arreglado entre Naruto y Elliott a través mensajeros que llevaban la oferta de la novia.
—¿Él nunca la ha visto?— gritó Hinata. Su corazón echó a volar; los sentimientos de culpabilidad acerca de tratar de romper el compromiso matrimonial desaparecieron en una bocanada de humo. Él no había mencionado a Sakura porque amara a Sakura; ¡no la había mencionado porque ni siquiera la conocía! ¡No era como si ella tratara de romper una relación real!
Kushina sonrió débilmente.
—Och, tienes profundos sentimientos por él. Es simple de ver. Sintiéndose repentinamente eufórica, Hinata dijo impertinentemente:
—Hablando de sentir algo que es fácil de ver, ¿qué hay acerca de Minato y tú?
La sonrisa de Kushina se desvaneció instantáneamente y su expresión se hizo hermética.
—No hay nada entre ese viejo cauto y yo.
—Bien, puede no haberlo de tu parte, pero ciertamente lo hay en la de él.
—¿De dónde sacas esas ideas chifladas?— contestó Kushina bruscamente, lanzándose de un salto a una oleada de actividad, cerrando ruidosamente cazuelas y moviendo platos—. Déjame terminar ese pan, porque francamente será la mañana antes de que lo amases de verdad.
Hinata no se sintió desconcertada. La reacción de Kushina le dijo todo.
—Él miró a hurtadillas abajo de tu corpiño cuando tomaste su jarro.
—¡Él no hizo nada de eso!
—Lo hizo. Y confía en mí, a él no le gustó lo mío ni una décima parte. Kushina, Minato tiene sentimientos profundos por ti.
Kushina hizo una pausa en su amasado frenético y se mordió los labios. Cuando miró a Hinata, sus ojos estaban doloridos.
—No digas cosas así— dijo ella quedamente.
—En doce años Minato y tú nunca...
—No.
—Pero a ti te importa él, ¿verdad?
Kushina dejó escapar una respiración lenta.
—Amé a un laird una vez. Me costó mis bebés y casi mi vida.
—¿Qué sucedió? No tengo la intención de curiosear...— Hinata se interrumpió completamente, dudosa.
—¿Qué sucedió? ¿Verdaderamente tienes el deseo de saber lo que sucedió?—. La voz de Kushina ascendió. Perforó el montículo de masa varias veces antes de amasar de nuevo furiosamente.
—Er... sí— dijo Hinata cautelosamente.
—Fui una tonta, eso es lo que sucedió. Amé a un laird que tenía su propia esposa, sin embargo no había amor entre ellos. Un encuentro arreglado, hecho en base a tierra y alianzas. Me resistí por años, pero el día que mi mam murió, aturdida de dolor, me debilité. No era lo que creía correcto, pero... och, cómo amaba a ese hombre—. Ella hizo una respiración profunda y cerró sus ojos—. Sospecho que la muerte de mi madre me hizo comprender que nosotros no tenemos la eternidad.
Qué verdadero, pensó Hinata. Ella ciertamente no había tenido la eternidad. Siempre había pensado que sus padres y ella enmendarían las cosas; nunca había soñado que no vivirían otros veinte, treinta, cuarenta años más.
—Fuimos discretos; a pesar de todo, su mujer se enteró de nuestro enredo. Gritó y se enfureció, pero ella no le había dado herederos, y para esa fecha yo le había dado dos hijos—. Una sombra cruzó sus rasgos—. Luego, una tarde, él fue asesinado mientras cazaba. Esa misma víspera, ella se llevó a mis niños y envió a sus parientes sobre mí. Me dejaron dándome por muerta cerca de Konoha.
—Oh, Kushina— Hinata susurró, con los ojos llenos de lágrimas.
—Perdí al que habría sido nuestro tercer niño en el polvo. Minato me encontró. Nunca olvidaré estar mirando hacia arriba en el sol, esperando morir, deseando morir, sólo para verlo— una sonrisa agridulce curvó sus labios— como un ángel feroz, sosteniéndome. Él me acogió y se mantuvo al lado de mi cama y me exigió que viviera, en tal voz que tuve miedo de morir y desafiarlo—. Su sonrisa se hizo más honda—. Él me cuidó por semanas...
—¿Qué hay acerca de tus niños?— Hinata preguntó con vacilación. Kushina negó con la cabeza.
—Como ella no había tenido ninguno, los reclamó como suyos. Me dijo que ella es yerma, y mi hijo un día será laird, como su único heredero.
—¿Nunca los has visto otra vez?
—No, pero ocasionalmente oigo algunos chismes. El mayor está criado fuera de Edimburgo. Puede que cuando ella ya no viva los vea otra vez, pero ellos no me conocen. Tenían uno y dos años cuando fui echada. Creen que ella es su mam verdadera.
—¿Minato no trató de recuperarlos para ti?
—¿Y qué les podría dar?— espetó Kushina. Luego suspiró y masculló—: Nunca le dije lo que sucedió. Y ese condenado tonto nunca ha preguntado. ¡En doce años! Imagínate.
—Tal vez tuvo miedo de curiosear una vez que habías cicatrizado— sugirió Hinata—. Él podría no haber querido traer a colación recuerdos dolorosos. Tal vez ha estado esperándote para mencionarlo.
—Tal vez— dijo Kushina rígidamente, soplando un mechón de pelo de su cara— pones un matiz rosado en las cosas que hasta convierten a la arena en rosado. Sigue tú, ahora— dijo ella malhumoradamente—. Hay algunas cosas para las que es demasiado tarde. sobre mí. He pasado un buen número de días tranquilos aquí. Si tienes el deseo de hacerme más feliz, enamórate de uno de esos muchachos y dame un niño para abrazar con suavidad otra vez.
—Humm... ¿qué ocurre si es Naruto?— dijo Hinata nerviosamente—. ¿Pensarías que sería terrible si tratase de hacerlo interesarse por mí antes de que se case con su prometida?
Kushina irguió su cabeza y encontró la mirada fija de Hinata.
—Sospecho que tengo algunos trajes de noche especiales que podría alterar para ti, muchacha. Él tiene afecto al púrpura, ¿sabías eso?
Hinata resplandeció.
—Ahora ve— Kushina la ahuyentó, lanzando una tela hacia ella.
La muchacha comenzó a caminar pero volvió la espalda abruptamente, apretó el hombro de Kushina, y besó su mejilla enharinada. Luego salió disparada, avergonzada por su impulsiva demostración de afecto.
Kushina parpadeó y sonrió, mirando el corredor vacío. Sí, a ella iba a gustarle mucho la chica. Ella y Minato se habían estado preocupando por meses de que Naruto se casara con la muchacha Elliott.
Ninguno de los dos tenía mucha esperanza en esa unión. Ambos sentían la callada desesperación de Naruto y sabían que él se zambullía ciegamente en algo que podía convertirse en una vida desgraciada. El deber ponderaba en él; necesitaba herederos.
Sakura Elliott tenía veinte años de edad, y Naruto MacNamikaze ciertamente la aterrorizaría. Oh, él podría tener un niño o dos de ella, pero pagaría con toda una vida de sufrimiento. Como lo haría la inocente Sakura. Naruto necesitaba a una muchacha educada, una muchacha con fuego y temple y curiosidad.
El día anterior, Minato le había pedido un favor (sin mirarla, claro, como si advertir el cambio en su pelo antes hubiera sido un pecado imperdonable), y ella había hecho su parte como se lo había pedido. Hinata Hyûga ahora sabía que Naruto era un Druida.
Apenas podía esperar para decirle a Minato cómo Hinata había reaccionado: con una amplitud de ideas y corazón imparcial, como Minato había predicho. No había vislumbrado signos de locura en la muchacha; och, era extraña, pero eso no la hacía una persona loca, o el excéntrico Minato sería el más loco de todos.
Su sonrisa se desvaneció al pensar en Minato, mientras recordaba lo que había dicho Hinata acerca de que él sentía algo por ella.
¿Podía ser? Minato y ella apenas hablaban, excepto por la conversación acerca de los muchachos, los cultivos o el clima. Hacía mucho tiempo, había pensado que él había tenido interés, pero se había retirado y ella había tratado de olvidarse de eso.
Entrecerró sus ojos atentamente y bajó la mirada sobre su pecho. Era todavía
mullible.
¿Él verdaderamente había recorrido con la mirada lo que había bajo su corpiño? Ella no estaba nunca a gusto mirándolo cuando estaba de pie frente a él. El hombre podría mirar a hurtadillas dondequiera que él quisiera y ella no lo advertiría.
Tal vez, reflexionó, al coser a Hinata algunos modelos tentadores, podría hacer más hondo el corpiño de su vestido nuevo que estaba casi acabado.
Minato esperaba en la terraza, en una mesa centrada en un charco de sol, bajo robles crujientes.
Hinata tomó asiento frente de él y derramó su mirada alrededor con deleite.
—Es tan hermoso aquí— dijo ella con un suspiro de contento. Una brillante mariposa amarilla se abalanzó sobre el tablero, demorándose un momento antes de revolotear otra vez.
—Sí, nuestra montaña es la mejor en toda Alba— dijo Minato orgullosamente, mientras acababa de acomodar las piezas.
Cuando terminó, Hinata volvió el pesado tablero, poniéndolo al revés. Él la recorrió sospechosamente con la mirada.
—Tengo que ser negro. No me gusta ir primero— explicó ella, manoseando las figurillas de ébano. Un verdadero juego de ajedrez medieval, pensó maravillada. Valdría una fortuna en su tiempo.
Las piezas estaban modeladas de colmillos de marfil y madera de ébano. Las torres eran hombrecitos solemnes, los alfiles tenían barbas largas y pequeñas caras sabias. Los caballos eran guerreros vestidos de kilt montados en caballos haciendo cabriolas, la realeza lucía túnicas fluentes adornadas con pieles y se levantaban varias pulgadas por encima del resto. El tablero mismo estaba modelado alternando cuadrados de marfil y ébano. El perímetro circundante era un rectángulo sólido de ébano, esculpido con un diseño complicado de knotwork céltico que representaba el infinito.
¿Cómo diablos el siglo veintiuno había sostenido la idea de que los hombres medievales eran ignorantes?, se preguntó. Comenzaba a sospechar que quizá ellos estaban más conectados con el mundo de lo que su siglo alguna vez lo estaría.
Minato frunció sus labios y entrecerró los ojos.
—¿Por qué pienso que podría ser algún truco?
—¿Por qué pienso que podría ser mejor comprobarlo?— contrarrestó ella.
—¿Cuánto tiempo has estado jugando?
—Toda mi vida. ¿Usted?
—Toda mi vida. Que ha sido considerablemente más larga que la tuya— dijo él secamente mientras movía un peón con certeza veloz.
Dos juegos más tarde —uno ganado por Minato, uno por Hinata— introdujeron una variación más interesante. El ajedrez normal era demasiado nivelado entre ellos, así que Hinata había sugerido jugar ajedrez progresivo, en donde los peones no se convertían en reinas; aumentaban su poder con cada cuadrado que adelantaban. En el ajedrez progresivo, un peón en la quinta línea tenía el poder de juego de un caballo, en el sexto de un alfil, en el séptimo de una torre, y en el octavo de una reina.
Cuando ella declaró jaque mate, con sus dos reinas, un alfil, y tres caballos, él aplaudió ruidosamente y la felicitó.
—Y Naruto piensa que eres poco lista— él murmuró, sonriendo.
—¿Él le dijo eso?— preguntó ella, sintiéndose herida—. Olvídelo— agregó precipitadamente—. Es igual. Simplemente cuénteme algo: ¿conoce a alguien que pudiera desear el daño del clan, Minato?
—Nadie. Esta es una tierra tranquila, y los Namikaze no conocen enemigos.
—¿Ninguno de los clanes tienen el deseo de conquistarlos?
—Ja— Minato se mofó—. Ninguno se atrevería a hacer un intento.
—¿Qué hay acerca de... um... el rey?— Hinata se agarró a un clavo ardiendo. Minato puso sus ojos en blanco.
—No. A l rey le simpatizo. Realicé trucos mágicos para él cuando era niño, la última vez que estuve en Edimburgo. Su concejo no busca batalla en nuestras Highlands.
—¿Tal vez Naruto enojó a algún marido?— sugirió no demasiado sutilmente.
—Naruto no se enreda con chicas casadas, mi querida. Ella sonrió, contenta por ese bocado de conocimiento.—O las vírgenes— dijo él con mordacidad.
Ella frunció el entrecejo.
—¿Le puedo contar mi historia entera?
—No—. Ante la expresión herida de la muchacha, él añadió—: Las palabras no cuestan nada, no compran nada. Las acciones hablan con la verdad. Me diste una admirable paliza en el ajedrez progresivo. Si sospechara algo de ti, no pensaría que estás loca, sino que creería que eres algún tipo de Druida. Tal vez llegaste a espiarnos...
—Primero Naruto piensa que estoy chiflada— Hinata interrumpió sombría—, ahora usted piensa que soy una espía.
—...O, en el futuro, las muchachas están mejor educadas. Si le permitieras a un hombre terminar, mi querida, verías que simplemente enumeraba posibilidades. Parecen no tener fin. El tiempo tendrá su parte. Estoy interesado en tu corazón, no en tus palabras.
—No tiene idea de cuán agradable es oír a alguien decir eso. Una ceja rubia se levantó.
—Hasta que conocí a su hijo, Minato, incluso no estaba segura de tener corazón. Ahora sé que lo tengo, y ese cabeza de chorlito va a casarse con alguien que nunca ha visto siquiera. Ella nunca será tan adecuada para él como yo lo soy.
—Cabeza de chorlito— él repitió, sonriendo débilmente. Su otra ceja se levantó—. Dijiste que no deseabas que lo hiciera casarse contigo— dijo él suavemente.
—No quiero que lo obligue. Quiero que él quiera. De verdad, somos perfectos el uno para el otro. Él simplemente no recuerda eso. Si mi historia es cierta— ella agregó traviesamente—, entonces puedo estar llevando a su nieto. ¿Ha pensado en eso, oh, sabio?
Minato estalló de risa. Se rió tanto tiempo y tan ruidosamente que Kushina asomó su cabeza, con una sonrisa también, para ver qué estaba pasando. Cuando él finalmente se detuvo, palmeó la mano de Hinata.
—Nadie excepto Naruto alguna vez, me habló en ese tono. Eres irreverente, lista y atrevida. Sí, Hinata Hyûga, le daré un codazo o dos en tu dirección. Había tenido intención de hacerlo de cualquier manera.
Hinata remetió su flequillo detrás de sus orejas y le sonrió.
—¿Otra vez?— preguntó ella.
Mientras volvían a acomodar las piezas, Kushina salió a la terraza, depositando dos jarros de cerveza caliente.
—Únete a nosotros, Kushina— dijo Minato. Kushina miró dudosamente a Minato, hasta que Hinata palmeó el asiento al lado de ella.
Durante las siguiente horas, Hinata observó a Kushina y Minato en lo que estaba segura era un ritual perfeccionado con el tiempo: si la cabeza de Minato se levantaba, la de ella no lo hacía. Si era la cabeza de Kushina la que se levantaba, la de él se quedaba hacia abajo. Lograban mirar al otro sólo si el otro no miraba. Ni una vez la pareja mayor hizo un contacto directo de miradas.
En cierta forma, estaban tan armonizados que Minato podía sentir cuando la mirada de Kushina vagaba hacia arriba para contemplar la subida vertiginosa de un águila calva fuera del castillo, y Kushina podía sentir cuando Minato estaba tan atento en el juego que no la advertiría mirándolo.
Era asombroso en verdad, se percató Hinata. Estaban tan enamorados, y ni ellos lo sabían. Tal vez su propia vida estaba hecha un caos, pero seguramente podría hacer algo para juntar a esos dos.
Cuando el sol casi completaba su perezoso gateo a través del cielo, embadurnando vetas de oro rosado y líquido a través del horizonte, Kushina se levantó de un empujón y se marchó para preparar la comida de la noche.
Ella lanzó una mirada sobre su hombro a Hinata e hizo un movimiento de esponjado indicando su corpiño.
—No te olvides vestirte para la cena— dijo con un guiño—. Él nunca se pierde una comida, y le hice su favorita: cerdo asado, neeps, y tatties.
Oh, ella se vestiría, claro que sí.
Pero Naruto no llegó a la cena esa noche. De hecho, el hombre terco logró esconderse de ella por casi una semana.
Continuará...
