DULCES BESOS


19| MARAVILLOSO FUTURO


Mikoto Uchiha se sentó inmóvil, una mano agarrando firmemente sus varas de tejo, la otra su Biblia. Hizo una mueca ante su propia tontería. Sabía cuál era más útil, y no era el tomo lleno de grasa.

Había tenido su visión otra vez. Itachi, la sangre chorreando de sus labios, la mujer llorando, Naruto MacNamikaze ceñudo, y esa cuarta presencia anónima que parecía también estar preocupada por la muerte de su hijo.

¿Qué podía hacer una vieja para desafiar al destino? ¿Cómo podía evitar ella, con demasiados años en sus huesos y muy poco vigor en sus venas, la tragedia inminente?

Itachi no prestaría atención a sus súplicas. Ella le había rogado que dejara su puesto y regresara a Edimburgo, pero él se había rehusado. Había fingido estar penosamente enferma, pero él había visto el trasfondo de sus tácticas. Algunas veces se preguntaba si el muchacho había crecido dentro de su propio vientre, tan implacable era su fe en Dios, tan renuente era a su visión.

Itachi había forzado una promesa de ella de que no dañaría a Naruto MacNamikaze. En verdad, Mikoto no tenía deseos de dañar a nadie, sólo quería a su hijo vivo. Pero había comenzado a darse cuenta de que iba a tener que dañar a alguien o perder a Itachi.

Permaneció sentada, meciéndose por un tiempo inconmensurable mientras la mañana se transformaba en tarde y hacía juego con el crepúsculo, oponiéndose a la oscuridad abismal en su mente.

Fue en el crepúsculo, con las Highlands vivas con el zumbido de las ranas y el suave ulular de los búhos, cuando oyó las campanas tintineando, las voces gritando, y el trueno de caballos acercándose a la granja.

Mikoto se empujó a sí misma de su silla, corrió a toda prisa hasta la puerta, y abrió una grieta.

Cuando vio la caravana gitana, la cerró rápidamente, pues los salvajes gitanos la asustaban. Contó diecisiete carromatos en la caravana, alegremente decorados y jalados por caballos cabrioleros adornados en sedas. Pasaron con gran ruido hacia Konoha.

Itachi le había dicho tiempo atrás que los gitanos acampaban cada verano cerca de la propiedad MacNamikaze, donde nutrían una feria comercial en Konoha, leían las fortunas y se entremezclaban con las personas del pueblo. Había hogueras y bailes salvajes y, al año siguiente, bebés con piel y ojos oscuros.

Mikoto se estremeció, cerró la puerta, y se apoyó contra ella.

Pero a medida que una posibilidad tomaba lentamente forma en su mente, luchó para sobreponerse a sus miedos. Con las artes oscuras de los gitanos, ella podría derrocar la amenaza sin dañar a nadie. Bien... sin dañar a nadie realmente.

Los gitanos realizaban ventas de hechizos poderosos y sortilegios lado a lado con sus mercancías ordinarias. Costaban una fortuna, pero ella sabía dónde encontrar un tomo iluminado con hojas de oro que cubriría sobradamente el precio de cualquier cosa que buscara.

Mientras más tiempo lo consideraba, más atractiva la solución parecía. Si pagaba a los gitanos para encantar al laird, entonces realmente no lo dañaría; ella simplemente... lo suspendería. Indefinidamente. A fin de que Itachi pudiera experimentar su vida a salvo y en paz.

Querría decir que tendría que salir a buscar a esas criaturas salvajes, enfrentarse a su campamento obsceno y pecaminoso, pero por su amado Itachi, ella se enfrentaría a cualquier cosa.

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Minato y Kushina habían huido de su lugar de vigilancia en el momento en que Hinata había liberado a Naruto del garderobe.

Kushina no había necesitado esperar a ver qué iba a ocurrir después. Durante la conversación íntima de Naruto y Hinata, se había asombrado de que la puerta misma no hubiera estallado en llamas.

Había seguido a Minato en una ciega carrera hacia su torre, donde se habían derrumbado en su cama, lanzando resoplidos por la falta de respiración de su carrera alocada por los cien escalones.

Cuando su corazón finalmente dejó de golpear, ella se percató, con mucha consternación, dónde estaba encaramada. ¡En la cama del laird! ¡Al lado de él! Kushina se tensó para levantarse.

Con las manos firmes en su cintura, él la atrapó antes de que ella pudiera escapar y volvió su cara hacia la de él con una mano firme bajo su barbilla. Los ojos rebosaban de emoción a medida que él buscaba la mirada de Kushina. Hondo, en sus profundidades gris violetas. Ella no podía apartar la mirada. Lo contempló silenciosa.

Entonces lentamente, tan lentamente que él le dio una vida para cambiar de dirección, él bajó sus labios hacia los de ella. La respiración de Kushina quedó atrapada en su garganta. Habían pasado doce años desde que había besado a un hombre. ¿Recordaría aún cómo hacerlo?

—Ha pasado mucho desde que la última vez que besé a una muchacha, Kushina— él dijo con voz ronca, como sintiendo sus miedos—. Te ruego tengas paciencia. Podrías necesitar recordarme los matices más finos.

La respiración de Kushina emergió en un torrente, al final en un gemido pequeño. Su admisión quebró con violencia sus miedos. En todos sus años en Castillo Namikaze, ni una vez había visto a Minato cortejar a una mujer. Ella había pensado que él simplemente era discreto acerca de sus necesidades viriles, que tal vez fuera al pueblo para satisfacer sus deseos, ¿pero era posible que él hubiera estado tan solo como ella lo había estado? Quiso preguntar cuánto tiempo, pero no podía expresar la pregunta. No importaba, pues él la leía en sus ojos.

—Desde que mi esposa murió, Kushina. Ella se quedó sin aliento.

—¿Besarías a un hombre tan inexperto?— preguntó él suavemente. No confiando en sí misma para hablar, ella inclinó la cabeza.

Su primer ligero roce fue suave y tentativo, igual a cómo se sentía ella. Y él no trató de zambullirse directamente, no; Minato la besó como si ella fuera hecha de fina porcelana china. Besó sus labios, rozándolos levemente, besó su nariz, su barbilla, luego sus labios otra vez. Besó las esquinas de su boca.

Luego se retiró y la contempló llanamente. Ella probó una sonrisa tentativa.

Su segundo beso fue caliente y alentador. Hacia el tercer toque de sus labios contra los de ella, una parte de Kushina se sentía bailar una giga escocesa. Y recordando cómo besar como si nunca hubiera dejado de hacerlo. ¡Él ciertamente no se había olvidado!

Su quinto beso fue profundo y hambriento de pasión.

Cuando él finalmente rompió ese beso, ella estaba dispuesta a prometerle cualquier cosa, pero Minato se echó hacia atrás y dijo suavemente:

—Och, Kushina, hay una pregunta que he deseado hacerte. Y si curioseo, pues bien, entonces curiosearé. Ha pasado el suficiente tiempo para poder hablarnos libremente. ¿Me dirías, muchacha dulce, qué demonios te ocurrió la noche que te encontré?

Cuando las lágrimas empañaron los ojos de Kushina, él envolvió sus brazos alrededor de ella y la abrazó fuertemente.

—Ah, muchacha— él murmuró—. He sido un maldito tonto por demasiado tiempo. Tantas cosas que debería haber dicho, pero estaba asustado.

—¿Asustado?— Kushina murmuró incrédulamente—. ¿Qué puede temer Minato MacNamikaze?

—Och, las posibilidades parecen no tener fin, miríadas de miedos. Que no pudiera hacer que todo tu dolor desapareciera. Que pudiese hacer un desastre contigo, y tú te fueras... y mis muchachos te amaban tanto. Que pudieses pensar que soy extraño...

—Eres extraño, Minato— dijo Kushina en serio.

Él suspiró.

—Que no me amaras, Kushina.

Las palabras que ella no se atrevía a decir temblaron en sus labios. Palabras que la asustaban, palabras que harían su corazón vulnerable otra vez. Así que ella le ofreció esas palabras silenciosamente, presionando sus labios contra los de él, esperando que pudieran imprimirse en el beso y descubrir el camino a su corazón.

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Docenas de candelas brillaban tenuemente en el dormitorio del laird.

Naruto le había hecho el amor otra vez, tantas veces, que ella había perdido la cuenta. El cuerpo de Hinata se sentía deliciosamente inflamado por los besos y minuciosamente amado de pies a cabeza. A la luz de la vela, la piel oscura del hombre brillaba tenuemente dorada, su pelo rubio y sedoso destellaba. Ella lo contempló, maravillada. Había recuperado a su Naruto. Todavía no podía creerlo.

—Realmente lo decías en serio cuando dijiste que cuando salieras ibas a hacerme el amor hasta que mis piernas no me sostuvieran, ¿verdad?— bromeó, preguntándose si podría caminar por la mañana.

—¡Por Amergin, Hinata, me mataba observándote pasear alrededor del castillo! Estaba obsesionado contigo. Tanto como tú me espiabas, yo te observaba. Y si te hubieras detenido, a lo mejor habría empezado a acecharte yo.

—Una lástima que no lo hiciera, entonces. Me hartaba más bien de sentirme humillada.

Él se sobresaltó y se estiró encima de ella, sosteniendo su peso en sus codos. Alisando un mechón de pelo oscuro detrás de su oreja, murmuró:

—Och, cariño, perdóname.

—¿Por qué? ¿Por ser un hombre medieval terco y rehusarte a creer en mí de inmediato?— bromeó ella.

—Sí, por eso y muchas otras cosas— él dijo tristemente—. Por no prepararte mejor. Por tener miedo de confiar en ti completamente...

—Entiendo por qué no lo hiciste— ella lo interrumpió afectuosamente—. Kushina me contó sobre tus tres prometidas. Dijo que tuvieron miedo de ti, y me di cuenta de que la razón por la que no confiaste en mí era que pensabas que te dejaría.

—Debería haberte conocido mejor.

—Por el amor de Dios— protestó ella—, habías despertado cinco siglos en el futuro. Además— admitió— no confié en ti tampoco. Tiendo a esconder mi inteligencia. Si hubiera sido más honesta, entonces tú lo podrías haber sido también.

—Nunca la escondas de mí— él dijo suavemente—. Esa es una de las muchas cosas que adoro de ti. Pero, Hinata, hay más cosas por las que debo buscar tu perdón.

—¿Casarte conmigo sin decírmelo?— ella dijo ligeramente—. ¿Tienes idea de cuán halagada me siento? ¿Estamos realmente casados?— presionó—. ¿Podemos casarnos en una iglesia también? ¿Formalmente, con un vestido largo y todo?

—Och, estamos más casados de lo que la iglesia puede decretar, pero sí. Me gustaría que nos casáramos en una iglesia— estuvo de acuerdo él—. Tú llevarás un traje digno de una reina, y yo me pondré la Regalía Namikaze completa. Festejaremos durante días, invitaremos al pueblo entero. Será la celebración del siglo.

» Él hizo una pausa, sus ojos azules titilando en las sombras—. Pero hay todavía algo más por lo cual debo buscar tu perdón. Es el asunto sin importancia de secuestrarte y atraparte en mi siglo.

Ella extendió sus dedos cariñosamente bajo su mandíbula cincelada, luego resbaló sus manos en su pelo sedoso, frotando su cuero cabelludo con las uñas. Casi se tocaban, nariz a nariz, y su pelo caía en rededor de su cara, enmarcándola. Ella le inclinó la cabeza para un beso rápido. Luego dos. Tres.

—No sé si lo imaginas— murmuró ella algunos minutos más tarde— pero cuando realizaste tu ritual en las piedras, al principio pensé que habías regresado a tu siglo y me habías dejado atrás en el mío. Estaba furiosa. Estaba tan herida porque me hubieras dejado. Pensé que habías comenzado a enamorarte de mí...

—¡Lo hice!— exclamó él—. ¡Lo hago!

—Mi punto es que si me hubieras dicho todo esa noche en las piedras, y me hubieras preguntado si vendría contigo al siglo dieciséis, lo hubiera hecho. Quiero estar contigo dondequiera o aún cuando quiera que tenga que ser.

—¿No me odias por no poder regresarte?— él hizo una pausa para darle énfasis—.Nunca, Hinata. No te puedo regresar nunca.

—No quiero regresar. Nos pertenecemos. Lo sentí desde el momento que te conocí, y eso me aterrorizó. Seguí intentando encontrar excusas para dejarte, pero no podía hacerlo. Sentí como si el destino nos hubiera juntado porque se suponía que debíamos estar juntos.

Su sonrisa relampagueó, blanca en su cara bronceada.

—Sentí lo mismo. Empecé a enamorarme de ti desde el momento en que te vi, y mientras más aprendía acerca de ti, más intensos se hacían mis sentimientos. Esa noche en las piedras, cuando me honraste con tu virginidad, cuando te ofrendaba mis votos de druida, supe que prefería tener una sola noche contigo aún si quería decir que estaría condenado a estar amarrado a ti, sufriendo por ti para siempre que no conocer tu amor.

» Juré que si recibiera la oportunidad de tener una vida contigo, te trataría como a una reina. Que dedicaría mi vida para que perdonaras lo que había tomado de ti. Y quise decir eso, Hinata. Cualquier cosa que tú quieras, cualquier cosa en el mundo... solamente tienes que mencionarlo.

—Ámame, Naruto, simplemente ámame, y no querré nada más.

Más tarde ella dijo:

—¿Por qué no puedes pasar a través de las piedras? Dijiste que nunca podrían ser usadas por razones personales. ¿Para qué las usas entonces?

Él se lo dijo todo, sin retener nada. La historia entera, desde sus antepasados, los druidas que había servido a los Tuatha De Danaan, y acerca de la Guerra, y cómo se había seleccionado y adiestrado a los Namikaze para sanar en nombre de todos los Druidas que habían dejado una cicatriz en Gaea(planeta tierra).

—La última vez que las piedras fueron usadas, enviamos dos flotas de Caballeros Templarios, llevando el Santo Grial, veinte años al futuro para que pudieran esconderlo otra vez.

—¿Dijiste El Santo Grial?— chilló Hinata.

—Sí. Nosotros lo protegemos. Habría sido una guerra que acabaría con todas las guerras si el rey de Francia, entonces Philip the Fair, hubiera puesto sus manos en él.

—Oh, Dios Santo— Hinata suspiró.

—Las piedras pueden ser usadas sólo para el mayor bien del mundo. Nunca para propósitos de un solo hombre.

—Entiendo—. Ella hizo una pausa un momento, luego se obligó a continuar—. Tuve que encarar una situación parecida una vez.

Él la besó en la punta de la nariz.

—Cuéntamelo. Quiero saber todo acerca de ti.

Ella rodó a su lado, y él se desperezó, de cara a ella. Sus frentes se tocaron en la almohada blanda, el pelo dorado enmarañado con la seda negra azulada. Él enlazó sus manos, palma contra palma. Y Hinata le contó todo, cosas que nunca había dicho a otra alma viviente. Confesó su Gran Ataque de Rebelión.

Había habido un tiempo cuando, como sus padres, ella había adorado investigar. La presión de sus expectativas paternales no había parecido una carga para ella entonces. Desde el momento en que había empezado a hablar, habían dejado en claro que esperaban que fuera su logro máximo, con un genio que sobrepasara el de ellos y realzara su reputación.

Y hasta que tuvo veintitrés años de edad, ella había seguido obedientemente la línea que cariñosamente habían definido. Su amor al conocimiento, de estirar su imaginación hasta el límite más remoto, había parecido una compensación justa por una infancia extraña.

Ella prosperaba en la prisa de descubrir una manera de ver las cosas distintas. Y por un tiempo glorioso en su adolescencia, se deleitó en la aprobación de sus padres y se había comprometido a asociarse con ellos en Los Álamos y trabajar a su lado algún día.

Pero a medida que había madurado y había aprendido más, Hinata empezó a comprender el peligro de ciertos conocimientos. Y una noche, mientras estaba trabajando en el laboratorio, había tenido una comprensión aterradora.

Por años, había estado trabajando con un conjunto de teorías, esforzándose hacia una hipótesis que, si tuviera aplicación, haría que el agua cambiara la forma en que el mundo lo miraba todo. Sus padres habían estado encantados con sus progresos, constantemente exigiendo actualizaciones, empujándola más y más duro.

Tan fascinada había estado Hinata probando su hipótesis por la pura alegría de probarla, que no había considerado todas las ramificaciones posibles hasta que había sido casi demasiado tarde. En un momento de claridad deslumbrante, repentinamente vislumbró todos los potenciales que se desprenderían si completaba su trabajo.

Los fundamentos de esa teoría harían posible armas que excederían todas las armas conocidas hasta entonces. Las posibilidades eran infinitas, no sólo de destruir la Tierra, sino de alterar el mismo tejido del universo. Demasiado poder para que el hombre lo poseyera.

Tarde esa misma noche, el laboratorio de la Corporación Tritón había sido devorado por el fuego. Todo quedó destruido.

El investigador en jefe de Bomberos y de Incendios Premeditados pasó semanas recogiendo indicios a través de los escombros antes de redactar un informe que declaraba el fuego como accidental, a pesar del calor indescifrable que había causado que la construcción explotara.

Había habido también muchos productos químicos almacenados en el sitio para probar cualquier cosa, y los patrones de incendio habían sido raramente aleatorios. Un estudio auténtico de aleatoriedad, su padre había comentado fríamente cuando ella le había informado que toda su investigación había sido destruida en las llamas y había olvidado guardar los discos Zip auxiliares en la caja de seguridad del banco como él le había enseñado.

Cinco días más tarde, Hinata había dejado la universidad y se mudaba a su pequeño y árido apartamento. Su padre se había rehusado a advertir su partida, como si se hubiera tratado de una pieza del mobiliario.

Ella nunca había mirado hacia atrás.

—Prendí fuego al laboratorio en el que había estado trabajando y quemé todo. Me di de baja del mundo de mis padres y tomé un trabajo tranquilizador en... er, querellas.

Los ojos de Naruto brillaban intensamente cuando ella terminó. Estaba aturdido por lo que ella le había confiado. Doblemente estupefacto porque el destino le hubiera traído a esa mujer que era su equivalente en todos los aspectos. La inteligencia, la pasión, el honor, el coraje para desafiar y hacer lo que sabía era correcto.

¡Qué niños tendrían, qué vida tendrían!

—Estoy orgulloso de ti, Hinata— él dijo quedamente. Ella sonrió radiantemente.

—¡Gracias! Sabía que entenderías. Y por eso entiendo acerca de las piedras.

Se besaron lenta y apasionadamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.

Luego, dijo Naruto suavemente:

—Se dice que si un Namikaze usa las piedras por razones egoístas, las almas de los Druidas perdidos —los malignos que murieron en la Guerra— esperan para tomar posesión de semejante tonto. Están atrapadas en una especie de lugar intermedio, ni muertos ni vivos. No sé si es cierto, ni me arriesgaré a comprobarlo.

» Para volver a despertar tal violencia, tal locura y tal furia...— él se interrumpió—. Hay mucho acerca del Druidismo que aún nosotros no entendemos. No manipulamos indebidamente lo desconocido. Cuando Menma murió en la otra realidad, no podía romper mis juramentos—. Él parpadeó y pareció alarmado—. Menma— masculló, levantándose.

Hinata se incorporó con él.

—Él está vivo, ¿recuerdas? Enviaste a doscientos guardias con él. Él frotó su frente.

—Och, este obstáculo maldito de tener dos realidades aquí dentro. Puedo ver que mi mente instintivamente la resiste. Mantengo toda la pena de su muerte aún sabiendo que él no lo está— resopló, frunciendo el ceño—. Aún.

Hinata exploró sus ojos.

—Estás preocupado por él.

—No— dijo él velozmente—, tengo a mi esposa amada...

—Estás preocupado por él— ella dijo secamente. Él pasó una mano a través de su pelo.

—¿No ha ocurrido la batalla aún? Tú nunca me dijiste en qué fecha murió.

—Dos días desde hoy. El segundo día de agosto.

—¿Podrías llegar para entonces?— presionó ella.

Él asintió con la cabeza, claramente desgarrado.

—Pero sólo si monto sin pausa.

—Entonces ve. Tráelo a casa sin ningún daño, Naruto— ella dijo suavemente—. Estaré bien aquí. No puedo soportar pensar que él podría morir si tú no estás allí. Vete.

—¿Me echas de tu cama tan pronto?— gruñó él en broma, pero ella vislumbró un rastro de vulnerabilidad en sus ojos. Se maravilló de que un hombre tan inteligente, atractivo, apasionado y sexy, pudiera sufrir inseguridad.

—No. Si fuera por mí, nunca te dejaría ir, pero sé que si Menma no viene a casa a salvo, me odiaré a mí misma. Tenemos tiempo. Tenemos el resto de nuestras vidas— ella dijo, sonriendo.

—Sí, lo tenemos—. Él se estiró sobre ella, suspendiendo su peso en sus palmas, y la besó con sólo sus labios tocándose. Por mucho tiempo, despacio y deliciosamente. La seda ardiente de su lengua formó remolinos lánguidamente contra la de ella.

Cuando él se echó hacia atrás, sonreía abiertamente.

—¿Qué?

—Sakura. Puedo al mismo tiempo cerciorarme de la seguridad de mi hermano y poner en orden ese pequeño asunto. Ninguna muchacha debe poder tolerar la 'magia' adecuadamente. La induciré a romper el compromiso matrimonial, traeré a casa a mi hermano, y te haré el amor hasta que no puedas moverte. Por una semana, no, unas dos semanas por lo menos.

—Regresarás, me amarás, y luego pensaremos en quién planea secuestrarte, porque todavía tenemos un gran problema, ¿sabes?— lo corrigió Hinata mientras un escalofrío de preocupación estropeaba su satisfacción de ensueño.

Tan eufórica por tener a su Naruto de regreso, y tan perdida en su forma de hacer el amor, que el peligro en que estaba él se había deslizado de su mente. Jaló la colcha alrededor de su cintura y se sentó con las piernas cruzadas, mirándolo.

—¿Quién te secuestró, Naruto? ¿No recuerdas nada en absoluto?

Sus ojos azules se ensombrecieron.

—Te dije todo lo que podía recordar acerca del secuestro en tu siglo. Nunca alcancé a ver a mis secuestradores. Hacia el momento en que me acercaba al claro, cualquiera haya sido la droga que me hubieran dado, me había dejado casi inconsciente. Incluso no podía abrir los ojos. Oí voces, pero no las podría identificar.

—Entonces la primera orden en la agenda es que yo personalmente prepararé toda tu comida y tu bebida durante el mes entrante— anunció Hinata.

Él arqueó una ceja.

—No creo que te permita salir de mi cama tanto tiempo.

—No habrá manera de que bebas o comas nada que no haya sido preparado por mí o probada por alguien primero.

—Es una idea— reflexionó él—. Después de todo, es sólo una droga, no un veneno. Se ha sabido que nuestros guardias ejercían esas funciones en tiempos de peligro.

—Pregunté a Minato quién podría tener el deseo de dañarte. Él dijo que no tienes enemigos. ¿Tú puedes pensar en alguien?

Naruto consideró cuidadosamente su pregunta.

—No. La única posibilidad en la que puedo pensar es que a alguien se le haya ocurrido robar nuestra tradición, pero eso, no obstante, no explica por qué alguien me encantaría. ¿Por qué no me habrían matado? ¿Por qué hacerme dormir?—. Él negó con la cabeza—. Pensé que una vez que regresara aquí, vería algún indicio de amenaza. Pero aún así, no puedo imaginar quién podría ser.

—Bien, cuando el mensaje llegue, tú no irás. Podemos enviar a los guardias al claro. ¿Qué día fuiste secuestrado?

—El decimoséptimo día de agosto. Unas dos semanas después de que Menma fuera... — él se interrumpió, la preocupación grabada en su cara.

—Ve ahora— lo urgió ella. Él parecía tan preocupado—. Podemos hablar más de esto cuando regreses. Ve a traer a casa a tu hermano. Minato y yo pensaremos y haremos una lista de posibles sospechosos mientras no estás: entonces cuando Menma y tú regresen, llegaremos a alguna conclusión.

—No quiero dejarte.

Hinata suspiró. Ella no quería que la dejara tampoco. Apenas acababa de recuperarlo. Pero sabía que si ella tuviera un hermano, y si su hermano hubiese muerto en alguna otra realidad, ella necesitaría estar allí para asegurarse de que él no muriera esa vez. No podría soportar que algo saliera mal. Naruto necesitaba estar allí, y necesitaba que ella lo animara a ir.

—Debes hacerlo— ella insistió—. No puedo cabalgar lo suficientemente bien aún, y te retrasaría. No podrías llegar a tiempo si me llevas.

Pasando una mano a través de su pelo, él se deslizó de la cama, luciendo imposiblemente desgarrado. Su mirada se derramó sobre ella; su piel sonrojada de hacer el amor, sus labios inflamados de besos. Estaba sentada con las piernas cruzadas en medio de las colchas de terciopelo violeta, una diosa cremosa levantándose de un mar púrpura.

—La imagen más preciosa que nunca he visto— él dijo con voz ronca. Hinata le dirigió una sonrisa resplandeciente a su espléndido Highlander.

—Regresaré, Hinata. Habría ordenado que no movieras un músculo para poder encontrarte igual que ahora, pero temo que pasarán cuatro o cinco días antes de que regrese.

—Me podría tomar cuatro o cinco días comenzar a andar bien otra vez— ella dijo, sonrojándose.

Él le dirigió una sonrisa de pura satisfacción masculina, se vistió velozmente, la besó una docena de veces, y luego se marchó de la cámara.

Entonces asomó su cabeza hacia adentro otra vez.

—Te amo, Hinata.

Hinata cayó hacia atrás en la cama, suspirando soñadoramente. Amor. Hinata Hyûga tenía un corazón, y era amada.

—Dilo— él dijo ansiosamente.

Ella se rió con gran deleite.

—Te amo también, Naruto—. Su necesidad de oír las palabras era adorable. Su musculoso Highlander tenía una vulnerabilidad tan encantadora.

Él sonrió brillantemente y se fue.

En la ausencia de Naruto, Hinata, Minato y Kushina hicieron una lista de sospechosos potenciales: todos los ocupantes del castillo, ciertos personajes dudosos del pueblo de Konoha, las exprometidas de Naruto, y varios clanes vecinos. Después de muchos debates, cada uno fue exonerado completamente por falta de posibles motivos.

—¿Es posible que los Yakushi tuvieran algo que ver en esto?— preguntó Hinata—.Porque mataron a Menma en la otra realidad— aclaró.

Minato negó con la cabeza.

—No veo que los dos acontecimientos se relacionen, mi querida. Colin Yakushi nunca ha arremetido contra nosotros, y sus tenencias son lo suficientemente vastas para que incluso tenga dificultades protegiendo su territorio. Además, está el asunto del sortilegio. Lo que nos lleva a otro Druida o una bruja para hacerlo. Los Yakushi no tienen tales artes.

Hinata suspiró.

—¿Entonces qué vamos a hacer?

—Lo único que podemos hacer es tomar todas las precauciones. Triplicaremos las rotaciones de guardia. Los enviaré fuera para recorrer el campo. Y esperaremos. Ahora que sabemos que hay una amenaza, no debería ser demasiado difícil evitarla. Naruto no irá en ninguna parte solo. Shikamaru, nuestro capitán de guardias, hará las funciones de catador.

—Y mientras tanto— dijo Kushina, tomando la mano de Hinata—, nosotras las mujeres nos dedicaremos a cosas más felices, como tal vez seleccionar el cuarto que quieras usar cuando tengas un niño.

Minato derramó una mirada beatífica en ellas. Hinata no perdió su mirada demorarse demasiado tiempo en Kushina. Ni se perdió la mirada encendida que pasó entre ellos.

Hmmm, pensó. Parece que finalmente entraron en razones sin mi ayuda. Se podría haber sentido avergonzada si supiera precisamente cómo los había ayudado ella.

—Sí, ahora hay un plan lógico— dijo Minato—. Y duerme tranquila, mi querida. Evitaremos la amenaza.

Durante los siguientes pocos días, Hinata se metió de lleno en sus planes para el futuro. Naruto era un hombre fuerte y listo y su castillo estaba bien fortificado. Ahora que sabían de la amenaza inminente, ciertamente desenmascararían al enemigo, y la vida sería todo lo que ella nunca había soñado que podría ser.


Continuará...


Glosario:

- Gaea: Es un nombre de origen griego que significa "Planeta Tierra". En la mitología, el nombre de Gaea significa "Diosa griega de la Tierra". Sus variantes son Gaia, Gaiea y Gaya.

- Philip the Fair: llamado felipe el hermoso, Felipe IV de francia rey desde 1285 a 1314